15 Dec
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"A mi abuelo José no llegué a conocerlo, pero hay una anécdota suya que define muy bien quiénes somos los Fuentes fuertes", cuenta Carla Fuentes, que el 18 de diciembre, a las 19,00 horas, inaugura la exposición Los conductores en la galería Río & Meñaca, de Madrid.

Su abuelo se sacó el carnet de conducir con 50 años, y su primer coche fue un 600 que le robaron apenas una semana después de estrenarlo. Cuando ahorró para comprarse otro, eligió un  Seat 133 amarillo cadmio, y decidió cambiarle los parachoques por unos de madera.

"Era carpintero. A veces lo imagino conduciendo aquel coche nuevo, orgulloso, atravesando la ciudad con los parachoques hechos por él mismo. Esa imagen siempre me hace reír. Él es sin saberlo el origen de muchos de los gestos que todavía repetimos en la familia: esa manera de creer que todo puede mejorar si lo tocamos con nuestras manos, si lo transformamos un poco. Somos así. Nos gusta intervenir. cambiar y dar nuevo sentido a lo cotidiano siempre a través del arte", explica la artista.

En el proyecto 'Los conductores',   "y siguiendo la tradición familiar, he querido ofrecer mi propia visión del retrato clásico en óleo y rendir homenaje a todo lo que ocurre cuando uno conduce o es llevado. A esas sensaciones íntimas de avanzar hacia un  lugar donde algo está a punto de suceder".

"He pensado en el coche como un pequeño escenario donde las luces y las sombras caen de una manera sugerente para ser pintadas minuciosamente. También en las geometrías curvilíneas de los vehículos, que aquí aíslo, recorto y saco de contexto para descubrir en ellos nuevas posibilidades", cuenta Carla Fuentes.

'Los conductores' es una exposición de "formas, colores y nostalgias". "Color que los coches y nuestras calles han ido perdiendo con los años". Las obras recogen recuerdos y anécdotas vividas dentro de un vehículo. También viajes, amores, sueños, amigos y desconocidos retratados junto a los coches de su vida,

"Cuando despedí a mi Micra negro del 2004, lloré muchísimo. Con él se iba mis 20, miles de kilómetros, y una versión de mí que ya no volverá. Fue un amigo fiel durante quince años. Cuando me cruzo uno igual por la calle no puedo evitar sonreírle igual que sonrío a los perros", reconoce Carla Fuentes.

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