17 Mar
17Mar

Aspen Institute España y el European Council on Foreign Relations (ECFR) analizaron los desafíos regulatorios, económicos, éticos y estratégicos a los que se enfrenta Europa en su camino hacia una soberanía tecnológica sólida y coherente con los valores democráticos en un diálogo titulado “Soberanía tecnológica europea: valores humanos y retos geopolíticos”, celebrado en el bufete Pérez-Llorca.

El encuentro marcó la sesión final de un programa que exploró en profundidad la soberanía tecnológica europea, los retos regulatorios y geopolíticos, y el impacto de la innovación y el poder de mercado de las grandes plataformas sobre la seguridad y resiliencia del continente.

El diálogo contó con la participación de José Ignacio Torreblanca, Senior Adviser y Distinguished Policy Fellow del ECFR y profesor en el Departamento de Ciencias Políticas de la UNED, y José M. de Areilza Carvajal, Secretario General de Aspen Institute España, y fue moderado por Ignacio Gomá Garcés, socio de Asuntos Públicos en Kreab.

José Ignacio Torreblanca avisa que “la soberanía tecnológica europea no solo es un imperativo económico, sino una condición esencial para garantizar que nuestras democracias puedan tomar decisiones estratégicas sin depender de actores externos. Europa debe equilibrar innovación, ética y seguridad para mantener su influencia global”.

Por su parte, José M. de Areilza Carvajal, destaca que en este tipo de programas "hemos mostrado cómo la integración de la regulación digital, la protección de derechos y la competitividad económica es clave para que Europa proyecte sus valores democráticos en el ámbito tecnológico global”.

Durante las sesiones del programa se debatió la relación entre regulación digital, competitividad económica y posicionamiento geopolítico europeo. El programa contó con expertos como Anu Bradford (Columbia Law School), Carissa Véliz (Universidad de Oxford), Mehreen Khan (The Times), Angela Zhang (Universidad del Sur de California) y Anna Wojtas (Women in Defense Tech). 

La primera sesión analizó el “Omnibus Package” de la Comisión Europea, cuestionando si esta propuesta reduce burocracia o si, por el contrario, representa un riesgo de desregulación de normas clave como el Digital Markets Act, Digital Services Act, GDPR o la futura legislación sobre inteligencia artificial. Los expertos coincidieron en que el desafío real no es la sobrerregulación, sino las debilidades estructurales que limitan la integración del mercado digital, entre ellas la fragmentación legislativa y de mercados, sistemas financieros poco desarrollados para el capital de crecimiento y la limitada movilidad de talento cualificado. Se subrayó la importancia de mantener marcos regulatorios sólidos para garantizar la influencia normativa global de Europa y su resiliencia democrática frente a presiones externas.

La segunda sesión abordó el poder de mercado de las grandes plataformas digitales y sus efectos sobre la gobernanza democrática. Se discutió cómo la concentración económica y el control de datos por parte de unos pocos actores, principalmente con sede en EEUU, plantea desafíos políticos y estratégicos para las democracias liberales. Los participantes coincidieron en que las políticas tradicionales de competencia enfrentan dificultades para abordar la escala, velocidad e influencia global de estas corporaciones, y que la gobernanza tecnológica es clave para la estabilidad institucional y la protección de derechos fundamentales. Además, se debatió el papel de los estados en equilibrar la promoción de la innovación con la limitación del poder excesivo de estas plataformas y la protección de una competencia justa.

La tercera sesión se centró en el vínculo entre innovación tecnológica, defensa y autonomía estratégica en Europa. Se analizó cómo la competencia en inteligencia artificial y sistemas digitales avanzados impacta directamente en la capacidad militar, la resiliencia industrial y la seguridad nacional. Se destacó la fragmentación de los sistemas de adquisición de defensa, que limita la adopción rápida de tecnologías disruptivas, y la necesidad de reforzar la industrialización de capacidades tecnológicas punteras. Además, se subrayó la importancia de mantener marcos éticos sólidos ante la creciente presión geopolítica, especialmente en el uso de tecnologías autónomas en contextos militares.

Este diálogo final profundizó en cómo Europa puede proyectar sus valores democráticos, proteger los derechos humanos, garantizar el Estado de derecho y promover la competencia justa en la gobernanza tecnológica global, al tiempo que afronta la tensión entre regulación y flexibilización normativa, la capacidad de exportar estándares regulatorios y la estrecha relación entre innovación tecnológica y seguridad geopolítica.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.