En un mercado laboral en constante evolución, la formación continua se consolida como uno de los principales pilares para mantener la empleabilidad y mejorar el rendimiento profesional. Entre los objetivos de la Década Digital 2030 se incluye promover las capacidades a través de la formación y el aprendizaje permanente, necesarias en entornos cada vez más digitalizados en los que se requiere trabajar eficazmente con herramientas como la IA. Sin embargo, la realidad muestra una preocupante desconexión entre la relevancia que los trabajadores otorgan a la formación y el acceso real a la misma. Según una encuesta realizada por la plataforma de empleo InfoJobs, el 40% de los profesionales no ha recibido ningún tipo de formación en 2025.
Las habilidades personales (como la comunicación o el trabajo en equipo) y las competencias técnicas específicas del puesto se sitúan como las más relevantes para los trabajadores: tres de cada cinco las posicionan en primer y segundo lugar –ambas con una valoración media de 7,1–, seguidas de las habilidades digitales, especialmente valoradas entre quienes teletrabajan y entre mujeres y perfiles TIC. En general, ellas muestran una mayor concienciación sobre la importancia de la formación continua y la actualización de competencias.
Si se compara la importancia que dan los trabajadores con la formación que han recibido, las habilidades más valoradas quedan rezagadas: las personales se sitúan en tercer lugar (18%), por detrás de las técnicas (32%) y las digitales generales (20%). Las habilidades de gestión y liderazgo, que también son importantes para los empleados (6,4 de media), quedan en último lugar en términos de formación ‘efectiva’, con un 12% de las menciones. En general, son los mandos intermedios quienes reciben más formación en casi todas las áreas, y los hombres acceden en mayor medida a las de habilidades de gestión y liderazgo de equipos, lo que refleja una tendencia histórica en la asignación de roles directivos, a pesar de que estas competencias son especialmente valoradas por las mujeres.
La comparativa entre relevancia y realidad muestra, por tanto, una brecha bastante amplia en habilidades personales: de 47 puntos entre su importancia (65%) y la formación recibida (18%). En las habilidades de gestión y liderazgo la diferencia alcanza los 39 puntos (51% vs. 12%). Además, las habilidades técnicas específicas del puesto (64% de importancia vs. 32% de formación recibida) y las digitales (58% vs. 20%) presentan también diferencias significativas, aunque algo menores.
Si el foco se pone entre quienes consideran esencial una formación concreta (la valoran con 9 y 10) y está accediendo a ella, en general, menos de un tercio de los profesionales la está recibiendo. Solo en el caso de las competencias técnicas específicas del puesto se alcanza un 43% de formación efectiva entre quienes la consideran clave, mientras que en liderazgo esta cifra desciende hasta apenas 1 de cada 5 profesionales.
Para Mónica Pérez, directora de Comunicación y Estudios de InfoJobs, “los datos reflejan una desconexión clara entre la importancia que los profesionales conceden a la formación y las oportunidades reales para desarrollarla. Especialmente preocupante es el caso de las habilidades personales y de liderazgo, que son clave para la evolución profesional y, sin embargo, son las que presentan mayores carencias. Apostar por una formación más alineada con estas necesidades será fundamental para mejorar la empleabilidad y la competitividad de las organizaciones”.
Cuestión de corresponsabilidad
En lo relativo a la formación y a la actualización de competencias, predomina una visión de corresponsabilidad. El 45% de los trabajadores considera que esta tarea debe recaer tanto en la empresa como en el propio profesional, frente al 34% que la atribuye principalmente al trabajador y al 21% que la sitúa en la empresa. No obstante, esta percepción no es uniforme y varía según el perfil. Las mujeres y quienes trabajan en modelos híbridos muestran una mayor inclinación a entender la formación como una responsabilidad compartida. Por el contrario, los perfiles de dirección, gerencia o Consejo de Administración muestran una mayor inclinación a situar esta responsabilidad en la persona: el 57% considera que recae principalmente en el profesional, lo que podría condicionar la inversión estructural en formación dentro de las organizaciones.
La formación por iniciativa propia tampoco logra compensar completamente la falta de acceso a formación estructurada. Más de la mitad de quienes han recibido formación han dedicado menos de 10 horas de su tiempo libre, mientras que casi un 25%asegura no invertir tiempo personal en su desarrollo, especialmente entre los mayores de 35 años. En este contexto, la inteligencia artificial y los idiomas se posicionan como dos de las habilidades con mayor dedicación (16% en ambos casos). También destaca la gestión y liderazgo como área para formarse por cuenta propia.
Además, la inversión económica en formación sigue siendo reducida. Solo el 23% de los trabajadores que han recibido formación ha invertido dinero en ella, frente a un 77% que no ha realizado ningún desembolso. Entre quienes sí invierten, el gasto más habitual se sitúa entre 50 y 199€(37%), aunque el 32% supera los 500.