El glaciar de Monte Perdido, además de ser una auténtica joya natural, es uno de los últimos que existen actualmente en el Pirineo. Su medición y preservación es una tarea de vital importancia, a la que contribuye Fundación Ibercaja, a través de su colaboración con Alfredo Serreta, miembro de la Escuela Politécnica Superior de Huesca (Universidad de Zaragoza), del grupo Cryopyr, quien ha llevado a cabo detalladas tareas de medición que documentan la imparable desaparición de este glaciar pirenaico y advierten de la transformación que el cambio climático causa en los paisajes de alta montaña.
La contribución de Fundación Ibercaja a esta actuación realizada por el grupo Cryopyr ha sido a través de la adquisición de un dron de última generación con un peso reducido y con una cámara de mayor resolución, y con capacidades de toma de datos térmicos que permite mejorar esta tarea.
La monitorización y la medición de los glaciares combina técnicas de campo clásicas con otros métodos que han ido cambiando con el tiempo. En este sentido, a partir de vuelos de dron y fotografías terrestres se generan modelos digitales de elevaciones que permiten comparar, año a año, cambios en la superficie del hielo y en la forma del glaciar. La gran ventaja es su reducido peso y la velocidad de la toma de datos, ya que en algo menos de 1 hora se puede hacer el trabajo que antes costaba más de un día.
Este conjunto de técnicas, aplicado de forma regular por Cryopyr y diferentes colaboradores, ha convertido a Monte Perdido en uno de los glaciares mejor conocidos del Pirineo en la última década. Sus datos se integran en informes periódicos sobre el estado de los glaciares pirenaicos y en proyectos internacionales sobre cambio climático en alta montaña.
La comunidad científica considera que los glaciares pirenaicos se encuentran ya en su fase final porque el clima de la cordillera ha dejado de ser compatible con la existencia de hielo glaciar a largo plazo. En este contexto, el glaciar de Monte Perdido se ha convertido en un símbolo de la vulnerabilidad de la alta montaña al calentamiento global y en un recurso clave para la educación ambiental.
Los registros disponibles muestran que el glaciar de Monte Perdido ha experimentado un retroceso muy acusado desde finales del siglo XX, que se ha acelerado en las últimas décadas. En poco más de un siglo habría perdido del orden de dos tercios de su volumen de hielo, y su lengua se ha retraído decenas de metros ladera arriba.
Las últimas campañas de monitorización han sido especialmente preocupantes debido a años muy cálidos y con escasa acumulación nival invernal que han provocado balances de masa fuertemente negativos, con pérdidas de espesor que, en algunos sectores de los glaciares pirenaicos, superan los 3–4 metros en un solo verano. En el caso de Monte Perdido, Cryopyr ha documentado que la masa de hielo se fragmenta, aparecen islas desconectadas de la zona de acumulación y se multiplican las zonas de hielo fósil muy degradado.
Fundación Ibercaja contribuye de esta forma, y como parte de su compromiso medioambiental, a las diferentes tareas de medición que reconstruyen la historia reciente del glaciar del Monte Perdido y que a su vez transmiten la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero con el objetivo de preservar, al menos, el legado científico y cultural de estas masas de hielo, tratando de que esta joya natural pirenaica no se apague ni desaparezca.