Andrés Rodríguez-Pose, director del Cañada Blanch Center de la London School of Economics (LSE), avisa en la Fundación Ramón Areces que “las regiones marginadas acaban vengándose del sistema que las abandonó”. En la conferencia ‘La venganza de los lugares que no importan’, insiste en que "esas regiones que han sido olvidadas por parte de todos aquellos que toman decisiones se han rebelado. Y, rebelándose, han transformado un mundo, que era bastante estable, en un mundo en el que el futuro es cada vez más incierto”.
Esa inestabilidad puede llegar bien a través de revueltas visibles como las protagonizadas por los 'chalecos amarillos' en Francia o en las urnas, votando las opciones más radicales que después desestabilizan el sistema (Brexit, populismos…).
En su intervención, ha intentado responder a tres preguntas clave: porqué ha crecido el malestar, por qué los lugares olvidados se han rebelado, y cuáles son las posibles soluciones. "En Europa hoy en día hay 60 millones de habitantes que viven en zonas en las que la renta per cápita es inferior a la que teníamos en el año 2000”, asegura. “El malestar social y político en Europa se refleja en un 35% de voto antisistema y un 33% a partidos euroescépticos”.
Este fenómeno está vinculado a "la trampa del desarrollo, a la desigualdad territorial y a factores como el envejecimiento, el bajo nivel educativo y la alta inmigración extracomunitaria”, explica Rodríguez-Pose, que ocupa la Cátedra Princesa de Asturias en la LSE y centra su investigación en el crecimiento regional, la desigualdad, la descentralización fiscal y política, el descontento y populismo, la migración y las estrategias de desarrollo. "Cuanto mayor es el estancamiento económico, mayor es el descontento que se genera. Y a mayor descontento, más se va a los extremos. Y cuanto más se va a los extremos, los resultados y las consecuencias conllevan un menor dinamismo económico", añade.
“Las políticas tradicionales de subsidios, las transferencias fiscales y el empleo público han fracasado en revertir el estancamiento, generando conflictos y polarización. Ejemplos como la concentración del empleo público en Córcega o infraestructuras sobredimensionadas en España y Portugal ilustran la ineficacia de estas estrategias”, explica.
En este sentido, ha propuesto políticas sensibles al territorio, adaptadas a las características locales y basadas en la participación de actores locales. También ha recordado cómo se puede fomentar la creación de ecosistemas de innovación, con ejemplos como ASML, BioNTech, Inditex, Spotify y Skype, radicados en regiones periféricas, lejos de las grandes urbes de sus respectivos países.
Cambio de paradigma
Pero también ha dejado claro que “el desarrollo regional inclusivo requiere un cambio de paradigma hacia estrategias adaptativas, participativas y orientadas al potencial local, superando la trampa de desarrollo y reduciendo la desigualdad territorial”. "Las grandes innovaciones no siempre van a surgir en las grandes actividades y éste es un potencial que se pierde”, ha añadido.
“Es necesario implementar políticas que intenten favorecer el emprendimiento, la formación, la solución de innovación, que creen los ecosistemas adecuados para que se produzca desarrollo en todos sitios", resalta. En este sentido, ha explicado que la concentración urbana, lejos de ser una solución universal, perpetúa la desigualdad territorial y fomenta la polarización, evidenciando la necesidad de repensar las estrategias de desarrollo para evitar el estancamiento y promover la cohesión social.
Se ha apoyado en casos ilustrativos como el de su colega Tim Leunig, cuyo informe de 2008 concluyó que “el dinero que se había invertido durante prácticamente 60 años en el desarrollo de determinadas regiones de Reino Unido había sido malgastado”. Leunig animó entonces a invertir en “aquellas zonas que tienen mayor oportunidad”, como Londres, Cambridge y Oxford, al mismo tiempo que reconocía las barreras reales de acceso: “Si ustedes venden su casa en Middlesbrough, con lo que les den, solo van a poder comprar un armario o una caja de zapatos en Londres”.
Rodríguez-Pose ha advertido que los enfoques de “invertir donde hay potencial” y “crear ciudades vibrantes” descansan en supuestos discutibles: “Que todas nuestras grandes ciudades van a crecer, que todos no podemos o no queremos desplazarnos hacia las grandes ciudades y que el crecimiento de los polos dinámicos se difunde hacia el resto del país”. El resultado es una fractura política y territorial visible en mapas electorales, con bajas tasas de apoyo a opciones antisistema en Londres y Cambridge frente a mayorías contundentes en el norte y noreste de Inglaterra durante el Brexit, y patrones equiparables en EEUU, Polonia, Rumanía, Brasil y Tailandia.
Sobre las causas, ha identificado factores culturales, geográficos y económicos, enfatizando que “lo que más funciona es el declive económico”, anclado en deterioros de empleo, productividad, renta y densidad poblacional.
También introduce el concepto de “trampa del desarrollo”, que define el estancamiento de un territorio que crece menos de lo que crecía antes, menos que sus vecinos y menos que el promedio de la Unión Europea, tanto en PIB como en empleo y productividad. En este punto, ha subrayado la importancia de medir el riesgo, la intensidad y “la duración de la trampa, cuánto tiempo lleva atascado en esa situación”. “El crecimiento del norte de Italia desde el año 1991 en términos reales ha sido cero”, ha recordado, señalando que el dinamismo se concentra en enclaves como “la ciudad de Milán, solo la ciudad de Milán, la ciudad de Turín, Verona y Trento”, mientras “el resto está peor de lo que estaba”.
En Francia, la situación se repite con la capital. “París actúa como una pequeña isla rodeada de regiones en las que vive gente que está muy cabreada, principalmente porque lleva ya décadas sin crecimiento”. Así, ha identificado patrones similares en Grecia, Croacia, Bulgaria, Eslovaquia, además de EEUU y en países asiáticos como Kazajistán.
“Cuando se cae en una de esas trampas de desarrollo de forma permanente, de manera estructural, se pierde toda la esperanza”, ha explicado Rodríguez-Pose, para quien la situación es distinta al otro lado del Atlántico: “En Europa, cuando una región cae en esa situación, se convierte en un factor estructural y vemos regiones atrapadas con un mínimo de 20 años. Cosa distinta sucede en EEUU, donde uno cae en una trampa de desarrollo y se puede recuperar más fácilmente”.
A la luz de este diagnóstico, Rodríguez-Pose ha cuestionado las respuestas tradicionales basadas en transferencias y empleo público, que han generado dependencias, tensiones políticas y proyectos improductivos. “Podemos hacer subsidios a transferencias, que es lo que llevamos haciendo durante mucho tiempo”, ha advertido citando la polarización en España por las balanzas fiscales y la fractura entre Londres y el resto del Reino Unido. También ha mencionado Córcega, donde uno de cada dos trabajadores está en el sector público, como ejemplo de economía dependiente y de representación dominada por opciones populistas pro-independencia.
Las grandes infraestructuras mal planificadas no han revertido el declive y han generado costes insostenibles. Portugal llegó a tener una de las mayores dotaciones de autopistas del mundo en relación con su PIB y población sin que ello se tradujera en un crecimiento sostenido. En España, la extensa red de alta velocidad, las autovías radiales, los aeropuertos fallidos y el caso emblemático de Ciudad Real. Para ilustrar la desconexión entre inversión e impacto real, ha recordado cómo ese aeropuerto, “que había costado 1.000 millones€, salió a subasta y la persona que hizo la propuesta más alta fue un ciudadano chino que ofreció 10.000”.
Como alternativa, Rodríguez-Pose ha propuesto políticas ajustadas al territorio, basadas en evidencia y con liderazgo local, evitando respuestas que profundicen la brecha entre los grandes focos dinámicos y los territorios en declive. Ha reclamado soluciones que atiendan a la movilidad real e incentivos para reactivar las ciudades intermedias y esas áreas rezagadas. Ha defendido para ello el aprovechamiento del potencial endógeno, la creación de ecosistemas de emprendimiento e innovación.
“Tenemos un mundo con imperfecciones, un sistema con imperfecciones, pero es mucho mejor de lo que hemos tenido jamás. Hay que hacer una llamada a actuar con pragmatismo y ambición para corregir ineficiencias institucionales y encender el desarrollo en todo el territorio”, concluye.