18 Jan
18Jan

Miguel Ángel Valero

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, planea disolver la Cámara Baja del Parlamento el 23 de enero para convocar elecciones anticipadas en febrero. Su objetivo es reforzar el control del Partido Liberal Democrático (PLD), cuya coalición con el Partido de la Innovación presenta una mayoría muy ajustada en la Cámara Baja del Parlamento: 233 escaños de 465.

Takaichi busca aprovechar sus elevados índices de popularidad, cercanos al 70 %, para obtener un mandato más sólido que le permita impulsar su agenda económica expansiva y políticas de estímulo fiscal. Una victoria electoral facilitaría la aprobación de medidas clave, como el presupuesto récord de 783.000 millones de dólares para el ejercicio fiscal 2026, del cual casi una cuarta parte se financiará mediante emisión de deuda.

En los mercados, el anuncio provocó una subida del índice Nikkei, impulsada por la expectativa de que una mayoría más amplia permitiría mantener políticas de gasto que favorecen a las empresas exportadoras. En paralelo, también generó presión a la baja sobre los bonos y el yen, debido a la preocupación de que unas elecciones anticipadas retrasen la aprobación del presupuesto y aumenten la incertidumbre fiscal. 

The Trader: ojo a la subida de tipos

La subida de tipos del Banco de Japón (BoJ) ha pasado relativamente desapercibida para muchos inversores, pero es uno de esos movimientos que conviene no infravalorar. No tanto por el nivel del tipo (que sigue siendo bajo) sino por lo que representa: el abandono definitivo de la política monetaria ultra expansiva que ha definido a Japón durante décadas.

El BoJ ha elevado el tipo oficial hasta la zona del 0,75% y, lo más relevante, ha dejado claro que el proceso de normalización no ha terminado. Aun así, insiste en que los tipos reales siguen siendo claramente negativos. El mensaje es deliberado: subir, sí, pero sin asustar al mercado. Y, de momento, el mercado ha comprado ese discurso.

Para la economía japonesa, el impacto es ambivalente. Por un lado, sube el coste de financiación para familias y empresas, algo especialmente sensible en un país muy endeudado y con una población envejecida. Por otro, el BoJ confía en que el ciclo salarios-precios ya esté suficientemente asentado como para absorber ese endurecimiento gradual. El gran riesgo está en el frente fiscal: con una deuda pública gigantesca, cada punto adicional de tipos eleva el coste de financiación del Estado a medio y largo plazo. 

Y aquí entra la renta fija. El tramo corto queda anclado por la decisión del banco central, pero el tramo medio y largo ha reaccionado con fuerza. El bono japonés a diez años ha superado el 2%, niveles no vistos en décadas. No es solo una apuesta por más subidas de tipos, es también una prima adicional por incertidumbre: inflación, emisión futura y sostenibilidad fiscal.

Lo curioso es que, pese a la subida de tipos, el yen no se ha apreciado. Esto nos dice mucho. El mercado interpreta que el BoJ seguirá siendo extremadamente gradual y que Japón no está dispuesto a tensar demasiado las condiciones financieras. Mientras esa percepción se mantenga, el yen seguirá siendo una moneda “financiadora”.

Y ahí está la clave global: el “carry trade”. Durante años, el mundo se ha financiado en yenes baratos para invertir en activos con mayor rentabilidad. Cada subida del BoJ encarece ese modelo, reduce el diferencial y aumenta el riesgo. No porque hoy sea dramático, sino porque cambia la dirección del viento. Cuando el yen deje de ser estructuralmente débil y empiece a apreciarse de verdad, el deshacer de esas posiciones puede ser rápido y doloroso.

La reacción de la Bolsa japonesa también encaja en este contexto: no hay problema porque la subida de tipos ya estaba descontada y porque el BoJ no ha endurecido el tono en exceso. Además, un entorno de tipos algo más altos beneficia a bancos y aseguradoras, mientras que un yen todavía débil sigue apoyando a las exportadoras. El problema llegará si el tramo largo de la curva sigue tensionándose o si el yen cambia de tendencia.

Fuera de Japón, las implicaciones son claras. Menos yen barato, significa menos liquidez global. Parte del ahorro japonés puede empezar a quedarse en casa si la rentabilidad local resulta atractiva, afectando a los mercados de bonos internacionales. Y, como siempre, cuando el “carry trade” empieza a doler, el contagio suele ir más allá de Japón: sube la volatilidad, sufren los activos de riesgo y se ajustan divisas y spreads.

"La subida del Banco de Japón no es un shock, pero sí una señal. Japón deja de ser el ancla absoluta de tipos cero del sistema financiero global. El proceso será lento, probablemente más lento de lo que muchos esperan, pero el cambio estructural ya está en marcha. Y cuando el gran financiador barato del mundo empieza a retirarse, conviene estar preparado para un entorno mucho menos complaciente", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

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