02Mar

Por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial. Y la inflación subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico.

Miguel Ángel Valero

Aurelio García del Barrio, director del Global MBA con especialización en Finanzas del IEB, recuerda que el conflicto entre EEUU e Irán se remonta a la Revolución Islámica de 1979, que derrocó al Shah bajo el liderazgo del ayatolá Ruhollah Jomeini. Durante los últimos años, los principales puntos de fricción han sido el programa nuclear iraní. La preocupación estadounidense por la posibilidad de que Irán obtenga armas nucleares ha sido un factor constante en la política de Washington. Las administraciones estadounidenses anteriores han reforzado sanciones para limitar la economía iraní y su influencia en la región, el apoyo de Irán a grupos en Líbano (Hezbolá), Gaza (Hamás) o Iraq.

En junio de 2025, EEUU bombardeó instalaciones nucleares en suelo iraní, pero esto sólo fue una escaramuza, ya que los ataques del 28 de febrero, coordinados con Israel, han marcado una escalada mayor en el conflicto. En ese ataque murieron Alí Jameini,líder supremo del régimen de los ayatolas, el jefe del Estado Mayor Abdolrahim Mousavi y elministro de Defensa Aziz Nasirzadeh, entre otros.

Ante esta situación, Irán ha respondido con ataques a Israel y las bases americanas en la región (Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Bahréin) y Jordania, Irak, Siria y Arabia Saudí también se han visto afectados por el contraataque iraní. Ahora habrá que ver si otros países, como Francia, Alemania, Reino Unido, Arabia Saudí o Emiratos, podrían actuar contra Irán también.

El, históricamente inestable, equilibrio en la región, es ahora mucho más volátil e incierto, ya que puede desatar un caos en Oriente Medio.  Irán es el país de referencia chiita en el mundo musulmán. El régimen de Teherán está en modo supervivencia; la única forma en que pueden sobrevivir es exportando rápidamente esta guerra a toda la región, desestabilizar tantos países como sea posible y hacer que esta guerra tenga consecuencias para todo Oriente Medio. 

Es un conflicto que tiene evidentemente, consecuencias económicas clave para los mercados internacionales. La incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, punto crítico por donde transita un 20% del crudo mundial y una gran cantidad de gas natural licuado, ha empujado a los inversores hacia activos refugio, mientras las materias primas energéticas registran subidas verticales.

Como era de esperar el mercado energético ha reaccionado con virulencia. El barril de Brent se disparaba más de un 7%, respecto al cierre del viernes, alcanzando los 78,5$, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) avanzaba un 7,5% hasta alcanzar los 72$. Esta escalada responde a la paralización del tráfico marítimo. Más notoria ha sido la subida del gas, desbocado un 25%.

El dólar ha vuelto a demostrar su hegemonía. Actuando como activo de aversión al riesgo por excelencia, se ha fortalecido frente al euro y otras divisas principales. Su condición de valor líquido y el hecho de que EEUU sea un exportador neto de energía refuerzan su atractivo en este escenario de shock de oferta. También el oro ha visto incrementado su precio un 3%, como activo refugio.

Si el precio del petróleo experimentara un repunte fuerte y sostenido, las consecuencias se trasladarían rápidamente al conjunto de la economía mundial. La energía es uno de los principales componentes de los costes de producción y transporte, por lo que un encarecimiento prolongado del crudo podría elevar la inflación en Europa, EEUU y buena parte de Asia. Este escenario complicaría además la estrategia de los bancos centrales, que en los últimos años han intentado contener la inflación mediante políticas monetarias restrictivas. Una nueva subida energética podría retrasar posibles bajadas de tipos de interés y frenar la recuperación económica. Una escalada del conflicto podría tener efectos sobre el comercio internacional; Oriente Medio es un nodo estratégico para numerosas rutas marítimas y cualquier alteración de la seguridad en la región podría afectar al transporte de mercancías y encarecer los costes logísticos.

Los líderes iraníes ya han amenazado con represalias, pero aún está por verse cómo se desarrollará. La economía de Irán es lo suficientemente frágil como para no ser capaz de sostener un conflicto prolongado tanto con EEUU como con Israel. Irán enfrenta un colapso económico sistémico con hiperinflación, devaluación extrema del rial y escasez crítica de productos básicos, agravado por sanciones internacionales y conflictos internos. 

A principios de 2026, el rial iraní ha perdido prácticamente todo su valor, alcanzando niveles de 1,47 millones de riales por dólar en el mercado libre. La moneda nacional ha dejado de ser útil como reserva de valor, y el dólar se ha convertido en la principal moneda de transacción para aproximadamente el 90% de las operaciones privadas. Esta devaluación ha sido acelerada por la reactivación de sanciones de la ONU y la eliminación de subsidios para la importación de productos básicos, lo que ha generado aumentos drásticos en los precios de alimentos y medicinas. La inflación general supera el 42%, y la de alimentos alcanza un 75%. El aumento de precios se ha visto intensificado por la implementación de un sistema de precios escalonados para la gasolina, que elevó el combustible a 50.000 riales por litro sin subsidio.

Estas presiones han reducido drásticamente el poder adquisitivo de la población y han generado descontento social masivo. El país enfrenta escasez de productos esenciales, incluyendo alimentos y medicinas, debido ala combinación de sanciones, devaluación y problemas logísticos internos.

Pero teniendo una visión estratégica y un poco más amplia, lo que subyace aquí, es lo siguiente:

  • Por ahora, con la captura de Maduro, EEUU ya controla alrededor del 30% de todas las reservas de crudo del mundo. Ahora, si en Irán se estableciera un nuevo Gobierno aliado de EE.UU., el país norteamericano controlaría casi el 50% de todas las reservas mundiales de petróleo.
  • China, principal comprador del crudo iraní, podría ver como su factura energética se incrementa.
  • Si cayera el actual régimen iraní, Putin perdería otro aliado, después de Maduro.

Un problema muy complejo con diferentes aristas y la pregunta es, si este evento se sumará a las grandes crisis históricas (1973, 1990, 2022) o si será un golpe temporal que permita una desescalada rápida bajo la influencia de la administración estadounidense.

Banca March: la economía mundial tiene resiliencia

Por su parte, Banca March destaca que una escalada militar sin precedentes entre Irán, por un lado, y EEUU e Israel por otro, ha provocado víctimas en varios países de la región, además de protestas en Pakistán e Irak en apoyo a Irán. El conflicto también ha afectado infraestructuras civiles, con interrupciones de vuelos y daños en ciudades del Golfo, elevando las tensiones geopolíticas a nivel global.

En reacción a los acontecimientos, la respuesta de los diferentes activos de riesgo ha sido más bien racional, pero vigilante, concentrándose el mayor ajuste en energía. La referencia Brent se sitúa a las puertas de los 80$/barril, en niveles similares a los vistos en junio de 2025 (con el anterior ataque a Irán de EEUU e Israel). También se ha disparado la referencia europea de gas (TTF), hasta niveles de 39,7 €/MWh, igualando precios de finales de enero de 2026.

Las Bolsas se sitúan en mínimos de un mes. Los bonos descuentan aparentemente una rápida conclusión del conflicto militar en Irán. El rendimiento del bono estadounidense a 10 años sube 3 puntos básicos (pb), hasta el 3,97% tras haber caído previamente a un mínimo de 11 meses, 3,92%.El dólar gana posiciones hasta niveles de 1,174€ sin actuar como activo refugio sino más bien como consecuencia del encarecimiento del crudo y el reajuste del riesgo energético. 

La eliminación fulminante del ayatolá Jameneí –líder supremo desde 1989– y otros altos mandos en un solo día provoca la desarticulación abrupta del núcleo del régimen iraní, algo que en conflictos anteriores como en la Irak de Saddam Husein llevó nueve meses, limitando la cohesión estratégica del país. Si bien intenta extender el conflicto a lo largo de la región presionando a aliados y milicias, su posición política internacional es relativamente aislada, careciendo de un respaldo político sólido de potencias regionales para una guerra a gran escala. Pese al cese temporal de operaciones de transporte de crudo y gas en el estrecho de Ormuz, no tiene grandes incentivos para un cierre permanente, dado que también afectaría las relaciones energéticas con sus propios aliados.

Desde la perspectiva estadounidense, y en un año electoral, no existe un interés claro en una contienda muy larga ni en una invasión terrestre que pudiera conllevar grandes pérdidas humanas. Esto favorece una presión militar controlada en lugar de una escalada total. 

En cuanto al petróleo, a diferencia de episodios anteriores, este ataque se produce en un mercado caracterizado por un elevado superávit, con EEUU y la propia OPEP como protagonistas. En el caso estadounidense, el fuerte aumento reciente de la producción –acelerado tras la llegada de Trump– ha consolidado al país como exportador neto de crudo. Para 2026, la producción de petróleo y otros líquidos de la primera potencia rondaría los 20,5 mb/d en promedio, de los cuales 3,1 mb/d estarán destinados a exportaciones frente a 2,8 mb/d registrados en 2025.

La OPEP, por su parte, ha adoptado una estrategia de incrementos sucesivos en sus cuotas de producción: el cártel aprobó este domingo un aumento de 206.000 b/d a partir de abril, un 50% superior al ajuste realizado en diciembre. En este sentido, Irán desempeña un papel clave dentro de la organización, con una producción de 4,7 mb/d (equivalentes a un 5,6% de la oferta global), situándose solo por detrás de Arabia Saudí (11,8 mb/d) y Emiratos Árabes (4,8 mb/d)

El mercado registrará en 2026 un superávit en torno a los 2,8 mb/d, lo que amortiguará parcialmente el impacto del conflicto y evitará escenarios similares a los observados durante la invasión rusa de Ucrania, en donde el mercado presentaba un déficit de 1,1 mb/d. El mayor riesgo se concentra en un potencial cierre del estrecho de Ormuz. Hasta el momento, las interrupciones en el tráfico responden a decisiones preventivas de las propias compañías, motivadas por dos factores principales. En primer lugar, varias aseguradoras han comenzado a cancelar coberturas y a encarecer las pólizas –en algunos casos hasta el 50%– para buques que operan en la zona. Segundo, algunos exportadores –entre ellos Arabia Saudí e incluso Irán– aceleraron sus envíos en los días previos al ataque: las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico fueron casi un 10% superiores en febrero, lo que implica que una parte significativa de esos cargamentos ya se encuentra el tránsito hacia sus destinos finales.

Ante un eventual cierre de Ormuz, Asia sería la región más perjudicada, al concentrar el 84% del petróleo y el 83% del GNL que transitan por esta ruta. Tan solo China –principal socio energético de Irán– absorbe el 38% del petróleo y el 23% del GNL que cruza este punto estratégico. Europa, por su parte, afrontaría un impacto moderado en el suministro de gas, dado que solo adquiere el 13,5% del GNL que circula por el corredor, en un contexto en el que las reservas de gas en la región se sitúan en niveles inusualmente bajos para esta época del año. 

El conflicto en Oriente Medio y la fuerte subida de los precios de la energía impactará el crecimiento, pero la economía mundial tiene elementos de resiliencia que deberían evitar una fuerte contracción. El principal canal de contagio proviene del previsible encarecimiento del precio del crudo. Ahora bien, aunque el riesgo es muy elevado dado que la disrupción total del tráfico marítimo de petróleo por el estrecho de Ormuz conllevaría a que casi un 20% de toda la oferta de crudo se viera afectada, por el momento no ha habido importantes ataques contra la infraestructura petrolera de la región. 

El aumento de los costes energéticos, si se mantuviera en el tiempo, tendría un efecto negativo directo en el crecimiento económico mundial: por cada 10$ de incremento del precio del barril, se reduciría en cerca de una décima el PIB mundial

Pero también habría productores de energía fuera de Oriente Medio, como Rusia, Canadá, Noruega y algunas economías latinoamericanas que saldrían beneficiadas. Frente a ello, economías como la europea y en particular China e India que son los grandes importadores de crudo iraní saldrán más castigadas.

Por el lado de la inflación, el impacto sería más intenso. En un escenario en el que se elevara en 10$ el precio promedio del barril de petróleo durante todo el año, la inflación prevista subiría entre 0,3-0,5 puntos a ambos lados del Atlántico. Una situación que en un primer momento pondría mayor presión sobre la política monetaria dado que conllevaría a que la inflación se alejara temporalmente de los objetivos de los bancos centrales. Sin embargo, consideramos que las autoridades monetarias no se precipitarían girando la política monetaria, dado que el principal riesgo para la economía mundial proviene ahora de un mayor tensionamiento de las condiciones financieras, algo que los bancos centrales tratarán de evitar a toda costa

Aunque la geopolítica vuelve a agitar los mercados, la historia demuestra que los periodos de conflicto no suelen ser momentos adecuados para tomar decisiones de inversión precipitadas. Más allá del corto plazo, es fundamental analizar el impacto estructural a medio y largo plazo, con una visión más profunda que el mero temor asociado a la guerra. Si analizamos el comportamiento histórico, observamos que en los primeros meses suelen producirse retrocesos. Sin embargo, tras tres o cuatro meses, en la mayoría de los episodios el mercado recupera la caída inicial y, doce meses después del punto de partida, el S&P 500 ha mostrado retornos positivos en la mayor parte de los casos, con una mediana en torno al +5%. Las excepciones se han producido cuando el conflicto ha tenido un efecto real sobre la economía, provocando una recesión o, más recientemente, una respuesta contundente de los bancos centrales ante presiones inflacionistas crecientes. En este caso, todo apunta a ver cierta volatilidad en el corto plazo que genere oportunidades de compra en las próximas semanas, con unos mercados sobre reaccionando ante un choque geopolítico que no debería tener un impacto profundo ni sobre la actividad económica ni sobre los precios.

"Conservamos nuestro posicionamiento, destacando el valor de los sectores defensivos —como salud e infraestructuras—, que actuarán como puntos de estabilidad en un entorno marcado por la volatilidad. Por otro lado, la evolución de los tipos de interés a largo plazo continúa sorprendiendo, ya que todos los factores parecen alinearse en contra de los bonos de mayor duración: el repunte de las presiones inflacionistas derivadas de los precios energéticos, el incremento del gasto público y una economía que vuelve a ganar tracción. Habitualmente, tras un buen comportamiento en las fases iniciales de un conflicto, la tendencia suele invertirse. Por ello, mantenemos una postura prudente respecto a la duración.  En paralelo, se pone de manifiesto el valor de la protección en metales preciosos, que vuelven a mostrar un comportamiento positivo ante el incremento del riesgo geopolítico. Mantendríamos las posiciones actuales, aunque no incrementaríamos la exposición a estos niveles. En cuanto al dólar, estas tensiones deberían favorecerle, ya que el repunte de los precios de la energía incrementará los costes de importación de los países dependientes, proporcionando soporte adicional a la divisa estadounidense. Mantenemos nuestro rango objetivo en 1,15 – 1,19€", subrayan los analistas de Banca March.

Lombard Odier: escenario de escalada limitada

Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, explica que "hemos modelizado dos escenarios para el conflicto entre EEUU-Israel e Irán. El primero, que consideramos que se está materializando en la actualidad, es un escenario de escalada limitada y de incremento limitado del precio del petróleo. El segundo, que no es nuestro escenario principal, es un choque petrolero global, con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una fuerte confrontación militar, lo que llevaría a un aumento de hasta 50$ por barril en el precio del petróleo. Es importante destacar que, "en ambos casos, esperamos que el precio del petróleo vuelva a sus rangos recientes tras seis meses".

En el escenario base de "escalada limitada", se espera un aumento de la inflación general media en EEUU del 2,5% al 2,6% en 2026, con el crecimiento real del PIB sin cambios en el 2,2%, y se mantiene sin cambios el escenario de tres recortes de tipos de interés por parte de la Reserva Federal, "ya que esperaríamos que la Fed pasara por alto cualquier aumento moderado de la inflación general".

En el escenario de riesgo de un choque petrolero global, los efectos incluirían un aumento de la inflación y una disminución de diversas medidas de actividad, especialmente la producción industrial, donde los precios de la energía son un insumo importante. El crecimiento real del PIB en EEUU disminuiría y la tarea de la Fed de equilibrar su doble mandato se volvería más difícil. Si las expectativas de inflación a largo plazo se mantuvieran ancladas, como ocurrió durante la pandemia y durante las incertidumbres arancelarias, "esperaríamos que la Fed considerara los efectos sobre la inflación como temporales". Si el aumento del desempleo fuera relativamente contenido, "esperaríamos que priorizara la estabilidad frente a recortes agresivos. Sin embargo, si la tasa de desempleo superara el 5,5 % —un nivel mucho peor de lo que indica nuestro modelo—, entonces la Fed pasaría a una estrategia agresiva de recorte de tipos hacia el 2,5% o menos".

"Para otras economías, especialmente en Asia y en los mercados emergentes de Europa, Oriente Medio y África, el segundo escenario justificaría una mayor revisión a la baja del crecimiento real del PIB y revisiones al alza de la inflación debido a a su elevada dependencia de las importaciones energéticas procedentes del exterior”, advierte el experto de Lombard Odier.

"Mantenemos una postura moderadamente favorable al riesgo en nuestra estrategia de inversión, con una exposición infra ponderada a los bonos soberanos globales, una exposición sobre ponderada a los activos de mercados emergentes y al oro", concluye.

Columbia Threadneedle: el bloqueo prolongado de Ormuz, clave

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, coloca el foco en si se desarrolla un conflicto regional más amplio y si existe la posibilidad de un bloqueo sostenido del transporte de energía a través de Ormuz, punto estratégico marítimo clave frente a la costa sur de Irán. Un repunte de los precios del petróleo plantea el riesgo de que aumente la inflación, lo que impactaría sobre las trayectorias tanto de la inflación como de los tipos de interés.

Un cierre total de la vía navegable, algo que Irán nunca ha decretado, tendría un impacto significativo en el transporte de crudo y productos refinados. Un cierre significativo y prolongado de Ormuz, junto con los ataques iraníes a las instalaciones de refinado y exportación de petróleo de la región, probablemente llevaría al precio del petróleo hasta los 100$ por barril. Puede producirse una mayor escalada en el conflicto si Irán intentase atacar centros de procesamiento de petróleo y terminales de carga en la región. Irán puede carecer de los recursos para mantener un cierre prolongado del estrecho, pero, aun así, podría generar un impacto la reducción del tránsito debido al aumento delos costes de los seguros de transporte, o la decisión de las navieras de no operar esta ruta.

La OPEP ha señalado que aumentará la producción de petróleo en abril en 206.000 barriles diarios en un movimiento para contener los precios. Irán en sí no es crítico para la producción mundial de petróleo, ya que produjo alrededor de 3,45 millones de barriles diarios en enero, lo que equivale a menos del 3% del suministro global. El excedente de capacidad de la OPEP podría compensar todas las exportaciones iraníes perdidas. Además, EEUU y otros países de la OCDE cuentan con alrededor de 4.000 millones de barriles de crudo y productos refinados almacenados, que podrían actuar como colchón a corto plazo. EEUU es en gran medida autosuficiente en energía, pero no sería inmune a los aumentos globales del precio del petróleo, que se trasladarían a los precios de la gasolina y a la inflación. Un coste del petróleo a 100 dólares probablemente llevaría el IPC de EEUU más cerca del 4% desde el 2,4% registrado en enero, según estimaciones de ING. Por su parte, Asia se vería impactada significativamente por el cierre de Ormuz, dado que la mayoría del petróleo (84%) y del GNL (83%) tiene ese continente como destino.

Por el momento, los mercados financieros se mantienen relativamente tranquilos y esperarán a observar cómo evoluciona la situación. El apetito por el riesgo se ha mantenido positivamente frente a los desafíos recientes. La historia indica que, aunque los shocks geopolíticos pueden producir movimientos en los mercados, los fundamentales deberían cambiar para que el impacto sea prolongado. La mayor parte del tiempo, los mercados financieros suelen demostrarse ser bastante hábiles para “ver más allá” de los conflictos geopolíticos. Los fundamentales siguen siendo benignos - tanto en términos de beneficios corporativos como de crecimiento económico - y, como resultado, los mercados han mostrado resiliencia. Pero debemos estar pendientes de cómo evolucionan los acontecimientos

DWS: un conflicto prolongado presiona a Trump en año electoral

La presencia militar estadounidense “carece del tamaño y las capacidades necesarias para operaciones de combate importantes o un cambio de régimen”, lo que requeriría fuerzas terrestres. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales informa de que, basándose en la presencia actual, se espera que la operación dure aproximadamente una semana. Trump también insinuó este plazo al anunciar que “los bombardeos... continuarán sin interrupción durante toda la semana o durante el tiempo que sea necesario para lograr nuestro objetivo de paz en todo Oriente Medio y, de hecho, en todo el mundo”. 

Aunque el cambio de régimen es uno de los objetivos anunciados por Trump, puede que no sea una condición necesaria para poner fin al ataque. La mayoría de los estadounidenses no apoyaba ninguna acción militar en Irán y temía un conflicto prolongado, lo que ejerce una presión significativa sobre el presidente de EEUU en un año de elecciones intermedias. En cambio, Trump ha pedido al pueblo iraní que tome el control del Gobierno.

Las tensiones geopolíticas tienden a afectar poco o nada a los mercados, siempre y cuando no tengan repercusiones en los fundamentos económicos. El precio del petróleo ha sido tradicionalmente un importante mecanismo de transmisión de los conflictos a los fundamentos económicos y los mercados. Un ejemplo clásico de este tipo de evolución fue la invasión de Kuwait por parte de Irak el 2 de agosto de 1990. El precio del petróleo, que hasta el 31 de julio de 1990 había sido de 18$ de media, subió a 36. En EEUU comenzó una recesión y el S&P 500 cayó de 369 a mediados de julio a 295, cumpliendo así por poco la definición de mercado bajista (una caída de al menos el 20%). Aunque la recesión continuó hasta abril de 1991, el mercado bursátil tocó fondo en octubre de 1990 y superó su nivel anterior a la guerra en febrero de 1991.

Además del precio del petróleo, las cadenas de suministro se han convertido en otro importante mecanismo de transmisión de los acontecimientos geopolíticos en la economía y los mercados. Sin embargo, en el caso de Irán, la dependencia de la cadena de suministro mundial es muy baja, por lo que el principal impacto debería provenir del precio del petróleo.

Para el precio del petróleo, lo más importante es si el conflicto provoca una interrupción prolongada del suministro o solo una perturbación a corto plazo. Tanto Venezuela como el ataque del año pasado en Irán fueron perturbaciones a corto plazo y su efecto sobre el precio del petróleo se disipó con bastante rapidez. Ahora hay que ver el impacto sobre el suministro iraní y cualquier perturbación del comercio en el estrecho de Ormuz.

Irán produjo 3,13 millones de barriles diarios (mb/d) en enero de 2026, lo que equivale aproximadamente al 4% del crudo mundial. Dada la muy baja elasticidad de la oferta y la demanda a corto plazo, cualquier disminución de esa oferta podría provocar importantes subidas del precio del petróleo, aunque parte de ese movimiento ya se había producido antes de la huelga. La posterior recuperación del precio del petróleo también dependería de la rapidez con la que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) pudiera compensar la pérdida de suministro. 

“La capacidad excedentaria de la OPEP es aproximadamente la mitad de la producción total de Irán”, afirma Darwei Kung, director de materias primas de DWS.

Irán controla la parte norte del estrecho de Ormuz y podría interrumpir el tráfico marítimo mediante minas, submarinos, misiles y embarcaciones. Ya ha advertido a los barcos que eviten el estrecho de Ormuz. Algunos operadores ya han suspendido o reducido los tránsitos por el estrecho, dada la deteriorada situación de seguridad.

Hay muy pocas alternativas para transportar petróleo desde cualquiera de los Estados del Golfo si se bloquea el estrecho. Solo Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que evitan el estrecho, pero su capacidad es limitada. Kung señala: “Si el ataque hundiera un barco en el estrecho de Ormuz, por ejemplo, este quedaría bloqueado durante meses, lo que provocaría una interrupción prolongada del suministro. Una invasión terrestre también sería mucho más perjudicial para el suministro que los ataques aéreos”.

Cualquier interrupción supondría una presión significativa para los mercados energéticos. Dada la producción de esquisto y GNL de Estados Unidos, el impacto se sentiría más en Europa y Asia que en EEUU

DWS dibuja tres escenarios operativos de interrupción del suministro de petróleo:

  • Las fricciones logísticas de corta duración moderarán la interrupción de las exportaciones (sin obstáculos al tránsito). Este escenario supone que la acción militar estadounidense evita la infraestructura energética y que el estrecho de Ormuz permanece abierto, con Irán respondiendo de manera calibrada para evitar una escalada importante. Aunque cualquier interrupción comenzaría como fricciones logísticas de corta duración —principalmente breves retrasos en los buques cisterna que durarían entre una y tres semanas y reducirían el suministro en hasta 0,5 mb/d—, un ataque más amplio dirigido a activos estratégicos adicionales podría provocar interrupciones temporales en las terminales de exportación y cortes de energía o comunicaciones a corto plazo. Como resultado, las exportaciones de crudo de Irán podrían disminuir de forma más significativa, entre 0,8 y 1,5 mb/d durante 4-10 semanas, dependiendo de la rapidez con la que se normalicen las operaciones. Los precios del oro y del petróleo aumentarán, pero volvieran a niveles ligeramente inferiores a los anteriores al conflicto, ya que los mercados anticipan el fin de la interrupción.
  • Deterioro del tránsito: Este escenario describe un ataque importante de EEUU y una fuerte respuesta iraní, en la que Irán aumenta la presión marítima en el Golfo, pero evita cerrar completamente el estrecho de Ormuz para no perjudicar su propia economía y la de China, que depende del petróleo iraní. Irán emplearía tácticas como el acoso con lanchas rápidas, la incautación selectiva de petroleros y demostraciones con drones o misiles para aumentar el riesgo. El transporte marítimo se ralentizaría, con la retirada de algunos buques, el aumento de los costes de los seguros y la posible necesidad de escoltas navales, lo que reduciría la productividad de la flota. Stephan Werner, director de estrategia de inversión en renta variable de DWS, avisa que "esta pérdida de productividad se traducirá en una reducción efectiva del suministro de aproximadamente 2,5 mb/d durante varias semanas. Esto podría provocar un aumento de los precios del Brent y un ensanchamiento de los diferenciales, al igual que a principios de 2022, ya que los participantes en el mercado competirían por el suministro inmediato de petróleo». Al igual que en el escenario anterior, se espera que los precios bajen una vez que se vislumbre el fin de la interrupción.
  • Bloqueo del tránsito en el estrecho de Ormuz: Este escenario supone un cambio sustancial. El impacto en los precios de las materias primas será más prolongado y sostenido. El precio del petróleo puede dispararse y mantenerse elevado hasta que el estrecho se reabra y vuelva a estar plenamente operativo. Además de la pérdida de barriles iraníes, las exportaciones de otros Estados del Golfo también podrían verse interrumpidas hasta que el estrecho vuelva a estar libre para el tráfico marítimo. Es probable que el precio del oro alcance nuevos máximos. Los precios de otras materias primas también podrían subir, especialmente los de las que se exportan desde el Golfo. El GNL de Irán, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar se vería afectado por interrupciones, aunque algunos flujos podrían desviarse a través de gasoductos. Dado que Irán es el tercer exportador mundial de urea, es probable que los precios de este producto aumenten, lo que elevaría los costes de los fertilizantes y los productos industriales y podría provocar un aumento de los precios de los alimentos. Frank Kelly, fundador y socio gerente de Fulcrum Macro Advisors LLC, señala que, además del posible cierre del estrecho de Ormuz, también está siguiendo de cerca si se produjeran ataques contra infraestructuras petroleras críticas del Golfo, lo que “podría ser tan o más perjudicial para las exportaciones de petróleo del Golfo”. Sin embargo, Darwei Kung, director de materias primas de DWS, señala: “EEUU ha demostrado un fuerte deseo de mantener la producción de petróleo. Durante la Guerra del Golfo de 1990-91, las fuerzas estadounidenses y aliadas hicieron todo lo posible por proteger los yacimientos petrolíferos con tropas terrestres. Durante los conflictos más recientes, EEUU e Israel han demostrado una intención muy clara de evitar la destrucción de las infraestructuras petroleras tanto de Irán como de Venezuela. Irán podría intentar interrumpir la producción de petróleo, y cabría esperar que EEUU aplicara toda su fuerza para proteger las infraestructuras petroleras”.

Swisscanto: efectos limitados sobre economía y mercados mundiales

Nicola Grass, Senior Portfolio Manager en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos de Swisscanto, también cree que los efectos sobre la economía mundial y los mercados globales deberían seguir siendo limitados: "Por lo tanto, por el momento, mantenemos los ajustes en nuestra asignación de activos decididos para marzo". 

La escalada en Oriente Medio y el posible bloqueo del Estrecho de Ormuz están provocando un aumento de los precios de la energía (precio del petróleo +35% en lo que va del año, +10% hoy), lo que dificulta nuevas bajadas de los tipos de interés. Los mercados bursátiles globales registran pérdidas de alrededor del 2%.El oro y el dólar estadounidense son buscados como refugios seguros, y la volatilidad se mantiene alta. El aumento de la producción anunciado por la OPEP+ contrarresta el alza de los precios de la energía. Los vínculos económicos globales con Irán son limitados. El principal riesgo sigue siendo una escalada del conflicto y precios de la energía elevados a largo plazo.  

Aunque la escalada en Irán tiene el potencial de cambiar el equilibrio de poder en la región, "consideramos que los riesgos para los mercados financieros globales son limitados". A medio plazo, incluso es posible una relajación de las tensiones. El ataque no ha sido completamente inesperado. Están especialmente amenazadas la producción y el suministro de petróleo y gas natural que se exportan a Extremo Oriente (por ejemplo, a Corea e India). Sin embargo, "esperamos que otros productores puedan cubrir al menos parcialmente posibles cuellos de botella en la oferta. Por lo tanto, suponemos que se repetirá el patrón histórico de las crisis geopolíticas y que el aumento del precio del petróleo será temporal".

A nivel macroeconómico, la dependencia de la economía mundial del petróleo ha tendido a disminuir y la diversificación regional ha aumentado. En una primera reacción, los refugios seguros típicos como el oro, el franco suizo, el dólar estadounidense y, dentro de las acciones, las empresas defensivas de consumo o farmacéuticas, se verán beneficiados. En general, los mercados financieros globales están respaldados por la caída de los tipos de interés y los sólidos y crecientes beneficios empresariales, lo que hace que la economía sea más resistente frente a un choque exógeno limitado. 

"En conjunto, no esperamos un efecto significativo, ya que hemos creado posiciones compensatorias mediante la compra de materias primas, dólares estadounidenses y acciones del sector de materiales básicos, así como con los sobrepesos existentes en oro e inversiones alternativas. A corto plazo, nuestra táctica de inversión, con un beta superior a 1, sufrirá bajo el actual sentimiento risk-off. Es probable que reaccionen negativamente, en particular, los valores secundarios y los mercados emergentes, ya que ambos segmentos han tenido un buen desempeño recientemente y, por lo tanto, son más susceptibles a la toma de beneficios. Además, son sensibles a un aumento del precio del petróleo. Los bonos soberanos muestran actualmente pocos movimientos, por lo que el efecto en la parte de renta fija probablemente será limitado", explica.

"Estamos convencidos de que los riesgos geopolíticos suelen estar sobreestimados y rara vez tienen efectos duraderos en los mercados financieros. La economía mundial es sólida y no esperamos un efecto negativo significativo en los beneficios empresariales. Por ello, seguimos siendo constructivos y mantenemos una sobre ponderación en acciones. Sin embargo, si el precio del petróleo superara los 100$, contrariamente a nuestras expectativas, reconsideraríamos una reducción del riesgo".  

Franklin Templeton: incertidumbre sobre duración, desenlace e impacto

Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, avisa en un análisis que el conflicto en Irán "conlleva una incertidumbre significativa en torno a su duración, el desenlace para el propio país y las repercusiones en la región y más allá". Trump ha sugerido que la actividad militar podría prolongarse hasta un mes, con el objetivo declarado de degradar de forma drástica las capacidades militares de Irán y, potencialmente, propiciar un cambio de régimen. La respuesta inicial de Irán ya ha incluido ataques de amplio alcance en toda la región, dirigidos no solo contra bases militares estadounidenses, sino también contra infraestructuras civiles e instalaciones petroleras. La evolución de estos acontecimientos determinará el impacto económico y sus efectos en los mercados financieros.

A corto plazo, el aumento de los precios del petróleo debería elevar las expectativas de inflación y llevar a los inversores a anticipar una postura menos acomodaticia por parte de los bancos centrales. Es probable que el dólar estadounidense se fortalezca temporalmente, reflejando tanto una revisión a la baja de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Fed como el hecho de que la economía estadounidense es mucho menos vulnerable a un shock petrolero que el resto del mundo.

Los bonos del Tesoro de EEUU podrían recibir flujos hacia activos refugio, "aunque, dado el riesgo inflacionario, no espero un rally sostenido en el tramo largo de la curva". Los mercados emergentes se verán puestos a prueba, especialmente aquellos países importadores de petróleo, que son más vulnerables.

"Los riesgos para el crecimiento global se intensificarán cuanto más se prolongue el conflicto; no obstante, sería necesario un shock sustancial y prolongado en la oferta y los precios del petróleo para desencadenar una recesión global, siendo EEUU, de nuevo, menos vulnerable que el resto del mundo", explica.

Ebury: Los activos refugio cotizan al alza tras los bombardeos a Irán

Los primeros indicios sugieren que las repercusiones de los ataques conjuntos de EEUU e Israel contra Irán en los mercados financieros "serán moderadas, en parte porque los inversores ya habían anticipado en cierta medida un recrudecimiento de las tensiones", señala el je de Estrategia de Mercados de Ebury, Mattheu Ryan. Además, el hecho de que el ataque se produjera con los mercados cerrados ha ayudado a contener las reacciones iniciales: los índices saudíes solo retrocedieron un 2% durante el fin de semana. Aunque al inicio de la sesión bursátil del lunes 2 de marzo en Asia se observó una compra de divisas refugio como el dólar y el franco suizo, los movimientos han permanecido contenidos hasta el momento. 

En cambio, el precio del petróleo ha experimentado un alza más pronunciada, superior al 10%, tras conocerse que el estrecho de Ormuz, vital para el suministro de crudo hacia los mercados asiáticos, permanece cerrado a efectos prácticos en el corto plazo. En los próximos días, la atención de los inversores se centrará en la evolución del conflicto. Los aspectos clave serán si la guerra se resuelve con rapidez o se prolonga, y si el estrecho de Ormuz continúa cerrado al tráfico marítimo. 

Paralelamente, los operadores seguirán de cerca el informe de empleo de Estados Unidos, que se publicará el viernes, ya que resulta poco probable que la Reserva Federal implemente nuevos recortes de tipos si no se produce un deterioro sostenido del mercado laboral. 

  • EUR: El informe preliminar del IPC del martes debería confirmar que el BCE ha logrado devolver la inflación a su objetivo. El riesgo geopolítico podría presionar a la baja al euro a corto plazo, aunque cabe destacar que la mayor parte del crudo que transita por el estrecho de Ormuz se dirige a Asia y no a Europa. Sin embargo, un aumento sostenido de los precios del petróleo tendría un impacto negativo en la moneda común, dada la condición de Europa como importadora neta de energía y el consiguiente deterioro de sus términos de intercambio. La duración del conflicto será determinante. El presidente Trump ha señalado que las operaciones en Irán van "por delante de lo previsto", aunque por ahora no hay indicios de negociaciones ni de alto el fuego. Además, ni Rusia ni China parecen dispuestas —o capaces— de brindar apoyo significativo a su aliado iraní, lo que representa una señal positiva para los mercados. 
  • USD: En circunstancias normales, la atención esta semana se habría centrado principalmente en el informe de empleo del viernes. Se espera que continúe mostrando una creación de puestos de trabajo moderada, escasos indicios de despidos masivos y un crecimiento salarial saludable pero no excesivo, en línea con la tendencia reciente. Los datos de precios al productor de la semana pasada confirmaron la ausencia de una desinflación, con el índice de precios al consumidor aún por encima del objetivo. El repunte de los precios del petróleo no ayudará en este sentido, aunque el rol de EEUU como exportador neto de crudo convierte este factor, en términos generales, en positivo para el dólar. Dado que el dólar tiende a fortalecerse como activo refugio en periodos de conflicto geopolítico, es previsible que su tendencia bajista se interrumpa en las próximas semanas. La intensidad de esta recuperación dependerá en gran medida de la duración y la escala del conflicto. Aunque varios líderes clave de la Guardia Revolucionaria Islámica han sido eliminados, aún no está claro si esto marca el inicio de un cambio de régimen histórico o si sus sucesores simplemente llenarán el vacío de poder. Cualquier indicio de que se esté produciendo este segundo escenario reforzaría el respaldo al dólar. 
  • GBP: Es probable que la libra esterlina se deprecie en las próximas semanas. El conflicto con Irán ha elevado las primas de riesgo en todos los activos, lo que suele perjudicar especialmente a monedas como la libra. A ello se suman riesgos políticos internos crecientes. La reciente pérdida de un escaño (tradicionalmente poseído por el Partido Laborista) a manos de los Verdes ha fortalecido a las corrientes más izquierdistas dentro de la formación de Starmer, incrementando la incertidumbre sobre la disciplina fiscal y augurando un peor desempeño para el mercado de bonos soberanos y la libra. Como factor positivo, el respaldo de los tipos de interés elevados se mantiene sólido y los últimos datos económicos han superado las expectativas. Aunque se anticipa que el Banco de Inglaterra recorte nuevamente los tipos en su próxima reunión del Comité de Política Monetaria a finales de mes, las sorpresas alcistas recientes en indicadores de actividad, especialmente el informe de ventas minoristas de enero, sugieren que el comité podría adoptar una postura algo más cautelosa de lo previsto.
27Feb

Tras las quiebras de First Brands Group o de Market Financial Solucions, Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase & Co, avisa que “cuando aparece una cucaracha, lo normal es que haya más escondidas”.

Miguel Ángel Valero

La reciente calma en el mercado de crédito se ha visto alterada en las últimas semanas. Las vulnerabilidades en el sector del software, la suspensión de reembolsos en los fondos retail de crédito privado de la gestora estadounidense Blue Owl y la reciente quiebra de Market Financial Solucions en Reino Unido empiezan a generar presión, no solo en los mercados privados, sino también en el crédito cotizado. Este impacto es especialmente visible en los préstamos sindicados negociados en mercado y en la deuda corporativa de menor calidad crediticia (High yield), donde los diferenciales se han ampliado desde los mínimos en 25 puntos básicos (pb) en Europa y 32 pb en Estados Unidos. 

Aun así, los analistas de Banca March consideran que las insolvencias observadas hasta ahora son casos aislados, y los temores relacionados con el software todavía no se reflejan en los fundamentales. De hecho, diversas compañías privadas del sector, como McAfee o Rocket Software, han publicado sus resultados de forma anticipada con el objetivo de tranquilizar a los inversores.

Por otra parte, a nivel agregado, el endeudamiento corporativo no muestra signos de excesos: en EEUU se sitúa en el 73% del PIB —su nivel más bajo en una década— y en la Eurozona alcanza el 104%, cifras comparables a las de 2011.

"Ante el aumento del riesgo de crédito, nos reafirmamos en nuestra preferencia por la deuda de mayor calidad dentro del segmento corporativo cotizado, mientras que canalizamos la parte más arriesgada a través de mercados emergentes. No obstante, consideramos que es prematuro hablar de un contagio generalizado y mantenemos una postura vigilante. Por ello, seguimos confiando en la mejora del ciclo económico y entendemos que los episodios recientes son idiosincráticos y, en general, vinculados a entidades financieras fuera del sistema bancario tradicional, como evidencia el caso en Reino Unido", insisten en Banca March.

The Trader: el riesgo no ha desaparecido, se ha desplazado

El analista Pablo Gil aporta en The Trader otra visión. Durante más de una década, el mercado de crédito ha vivido instalado en una anomalía. Tipos de interés excepcionalmente bajos, liquidez abundante y una presión constante por encontrar rentabilidad llevaron a financiar empresas cada vez más endeudadas y con modelos de negocio poco probados. El crédito fluía con facilidad y el riesgo parecía diluirse. Hoy empezamos a comprobar que no había desaparecido. Solo se había desplazado… y camuflado.

El golpe de realidad llegó cuando First Brands Group se declaró en bancarrota tras años de crecimiento alimentado exclusivamente por deuda. Lo relevante no fue solo el tamaño del agujero, cercano a los 10.000 millones$, sino el perfil de los prestamistas: grandes fondos y entidades de primer nivel que, en muchos casos, desconocían el verdadero estado financiero de la compañía. El aviso fue tan gráfico como inquietante. Como señaló Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase & Co, “cuando aparece una cucaracha, lo normal es que haya más escondidas”.

El problema es estructural. En 2025 se concedieron más de 1,4 billones$ en deuda a empresas estadounidenses por debajo del grado de inversión. El universo del llamado 'leveraged finance' (bonos basura, préstamos sindicados y crédito privado) supera ya los 4 billones. Muchas de estas compañías no cotizan en Bolsa, lo que reduce drásticamente la transparencia. Además, buena parte del riesgo ya no está en los balances de los bancos, sino en fondos de crédito, planes de pensiones y aseguradoras, empujados ahí por la regulación posterior a 2008. El sistema parece más seguro porque los bancos están mejor capitalizados. Pero el riesgo no ha desaparecido: se ha desplazado hacia zonas menos visibles.

El crecimiento del crédito privado es paradigmático. Ha pasado de unos 500.000 millones$ en 2020 a más de 1,3 billones en apenas cuatro años. Se trata de un mercado poco líquido, con valoraciones que se revisan trimestralmente y que, en muchos casos, dependen del propio prestamista. No existe una referencia diaria de precios como en el mercado de bonos cotizados. Esa estabilidad aparente ha sido uno de sus grandes atractivos. Y también uno de sus mayores engaños.

Hay otro elemento preocupante: la erosión de las protecciones tradicionales para los acreedores. Durante el auge del dinero fácil, muchas compañías (respaldadas por fondos de capital privado) lograron flexibilizar cláusulas que antes permitían a los prestamistas vigilar el deterioro financiero. En los últimos años hemos visto reestructuraciones en las que los acreedores asumían pérdidas significativas mientras los accionistas mantenían el control. Es una señal clara de que la disciplina crediticia se ha debilitado.

Además, la opacidad no solo afecta a los inversores. También inquieta a los reguladores. El número de empresas cotizadas en Estados Unidos se ha reducido a la mitad en dos décadas, mientras miles de compañías han migrado a los mercados privados. El Banco de Inglaterra, el Banco Central Europeo o el Consejo de Estabilidad Financiera han advertido de “lagunas de datos” que dificultan identificar dónde se está acumulando el riesgo. Es un problema serio: no se puede mitigar lo que no se ve. El sistema puede parecer estable… hasta que deja de serlo.

En este contexto entra en juego el factor que acelera todos los riesgos latentes: la inteligencia artificial. La carrera por la IA está reconfigurando sectores enteros. En Bolsa ya hemos visto el impacto: el sector software ha sufrido correcciones relevantes mientras el índice general se mantiene fuerte. Muchos modelos tradicionales, especialmente los vinculados a tareas administrativas o de back office, están perdiendo atractivo a gran velocidad. Las empresas intentan adaptarse incorporando IA a sus productos, pero no siempre es suficiente ni llega a tiempo.

El verdadero foco de vulnerabilidad está en el crédito que financió esas compañías en el pico de valoración tecnológica de 2021 y 2022. Durante esos años, el crédito privado llegó a cubrir entre el 40% y el 70% de las operaciones de compra apalancada en el sector tecnológico. Hoy, una parte relevante de esas carteras está expuesta a negocios que pueden volverse obsoletos más rápido de lo previsto.

Las estimaciones apuntan a que entre un 25% y un 35% de las carteras de crédito privado podrían estar especialmente expuestas a la disrupción provocada por la IA. Algunos escenarios contemplan tasas de impago que podrían acercarse al 6%, e incluso escalar más si la disrupción es agresiva. Y aquí aparece un riesgo adicional que suele pasar desapercibido. Cuando quiebra una empresa industrial, el acreedor puede recuperar parte del dinero vendiendo activos físicos. En el software, los activos son intangibles: código, licencias, talento. Difíciles de valorar y aún más difíciles de liquidar. Las recuperaciones pueden ser mínimas.

Pero la IA no solo tensiona el crédito de baja calidad. También empieza a afectar al mercado de bonos de alta calificación. Los grandes “hyperscalers” tecnológicos están embarcados en una carrera de inversión histórica en centros de datos e infraestructura. Eso implica mayores emisiones de deuda en un mercado donde los diferenciales ya cotizan en niveles históricamente ajustados. Si la expectativa de retorno sobre esas inversiones se recalibra o si el crecimiento no cumple lo prometido, incluso el crédito de mayor calidad podría verse presionado.

Hay además prácticas que pueden retrasar el reconocimiento del problema. El uso creciente de instrumentos como los préstamos con pago en especie (PIK), que permiten diferir el pago de intereses, puede maquillar temporalmente la tensión financiera. Las valoraciones trimestrales, al no reflejar precios de mercado en tiempo real, suavizan la volatilidad. Todo ello contribuye a una sensación de estabilidad que puede ser engañosa.

Y todo esto sucede con una economía estadounidense que todavía crece. Si el ciclo se deteriora, el ajuste puede acelerarse. El riesgo no parece tanto un colapso inmediato al estilo 2008. Es algo más silencioso. Un “slow burn”: pérdidas que tardan en aflorar, valoraciones artificialmente estables y rentabilidades que decepcionan cuando el polvo se asienta.

El crédito privado no es, por definición, un mal activo. Ha cubierto necesidades reales de financiación y ha ofrecido rentabilidades atractivas durante años. Pero en un entorno de disrupción tecnológica profunda, exceso de deuda, protecciones debilitadas y menor transparencia, el margen de error se reduce drásticamente.

La inteligencia artificial no es un ciclo más. Está redefiniendo qué empresas serán relevantes dentro de cinco o diez años. En ese contexto, financiar modelos fácilmente sustituibles puede convertirse en un error muy caro.

"Si hablamos de invertir en Private Equity o en estrategias de crédito asociadas, la diferencia entre hacerlo bien o mal no está en el cupón prometido ni en el relato comercial. Está en la capacidad del gestor para analizar a fondo la viabilidad del negocio subyacente, anticipar cambios tecnológicos y mantener disciplina cuando el mercado se deja llevar por la euforia. Porque en épocas de disrupción, el mayor peligro no siempre está en el balance. Muchas veces está en la obsolescencia del modelo de negocio que ese balance financia", advierte este experto.

El CEO de JPMorgan Chase & Co. asegura que empieza a ver paralelismos en el momento actual con 2005, 2006 y 2007. La misma dinámica que precedió a la crisis financiera: Competencia agresiva, crédito fácil y una carrera por inflar el ingreso neto por intereses (INI). “La marea creciente elevaba todos los barcos y todos ganaban mucho dinero”, ha recordado ante inversores esta semana… Hasta que dejó de hacerlo.

Dimon afirma que JPMorgan no está dispuesto a relajar estándares para maquillar resultados, pero reconoce que ve competidores haciendo “cosas tontas” para generar más margen. Y deja una advertencia clave: el ciclo crediticio siempre termina deteriorándose. La única incógnita es cuándo… y dónde aparece la primera grieta.

El año pasado cayeron Tricolor Holdings y First Brands Group, entonces Dimon utilizó una metáfora clásica en Wall Street sobre las cucarachas. 

En paralelo al riesgo crediticio, varias industrias viven una “operación de susto” vinculada a la inteligencia artificial. “Esta vez podría ser el software por la IA.” Si la IA reduce barreras de entrada y altera modelos de negocio tradicionales, algunas valoraciones (especialmente en tecnología) podrían tensionarse. Y cuando coinciden una competencia financiera intensa, deuda elevada, innovación tecnológica disruptiva y expectativas extremadamente optimistas, la volatilidad suele aumentar.

El mensaje de fondo es claro: No estamos en 2008, pero cuando la competencia se intensifica y el crédito se relaja, la historia suele empezar a rimar. Si Dimon, que sobrevivió a la última gran crisis, advierte… conviene escuchar.

Guía estratégica para integrar la IA en las organizaciones

En un momento en el que muchas empresas hablan de inteligencia artificial, pero pocas saben cómo integrarla estratégicamente, Cómo transformar el enfoque de tu organización hacia la IA con marcos probados de líderes mundiales, de Michael Lewrick, experto en metodologías de innovación y diseño estratégico, y Omar Hatamleh, asesor jefe de IA en la NASA (Deusto),  aporta un marco claro y estructurado.

Propone una guía estratégica para integrar la inteligencia artificial en organizaciones que buscan innovar de forma estructurada y sostenible y convertir la IA en una ventaja competitiva real. Recogen marcos ya aplicados en compañías como Siemens, GE o Microsoft y los traducen en herramientas prácticas para diseñar una hoja de ruta de cambio.

El mensaje central es contundente: la ventaja en IA no depende solo de la tecnología, sino de la capacidad organizativa para adoptarla con coherencia, rapidez y visión de futuro. Una lectura recomendable para directivos, responsables de estrategia e innovación que quieran pasar del entusiasmo a la ejecución estructurada.

DWS: evita los campos de batalla, concéntrate en los cuellos de botella

La inteligencia artificial (IA) está desafiando los modelos de negocio y la capacidad de análisis de los mercados. Las opiniones sobre a quién afectará negativamente y quién se beneficiará cambian casi cada semana. "No vamos a dejar que este nerviosismo creciente nos afecte. Suponemos que la euforia por la IA continuará, dentro de un entorno general positivo para los mercados de renta variable. Pero también creemos que es difícil invertir en una amplia cesta de IA, la selección de valores es obligatoria", afirma Vincenzo Vedda, Chief Investment Officer de DWS.

El buen comienzo del año en los mercados bursátiles oculta el hecho de que bajo la superficie hay turbulencias considerables. Muchas acciones individuales están experimentando fuertes oscilaciones, y algunas caen un 10% o más en un solo día. Los sectores defensivos están superando a las acciones de crecimiento en un grado que no se veía desde períodos como el del COVID, la crisis financiera o la burbuja puntocom. Tras siete semanas, los productos básicos de consumo del S&P 500 han subido más de un 10%, mientras que el sector del software ha caído más de un 20%. El sector de la IA no suele ser lineal. Las supuestas certezas se desvanecen en un abrir y cerrar de ojos, y los ganadores y los perdedores cambian de posición. Los inversores están nerviosos. Aun así, estos movimientos del mercado concuerdan con nuestra convicción de que no estamos viviendo una burbuja de IA, sino un auge de la IA, al que el mercado se enfrenta con “exuberancia racional”.

El contexto económico favorable sigue beneficiando a las acciones, especialmente a las relacionadas con la inteligencia artificial. Esperamos un crecimiento económico sólido y un incremento aún mayor de los beneficios empresariales, con una probable subida de dos dígitos en el beneficio por acción de las empresas estadounidenses en los próximos años. Tanto en EEUU como en Europa, la política fiscal expansiva y las perspectivas de tipos de interés estables o más bajos proporcionan apoyo a los mercados. Consideramos que el riesgo de que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se sitúen por encima del 4,5% es muy bajo, lo que supone un importante impulso para las acciones de crecimiento. La temporada de resultados del cuarto trimestre de 2025 mostró que las empresas de IA siguen registrando un fuerte crecimiento de sus beneficios.

El impulso de la IA continuará en 2026. Se espera que los cinco principales 'hyperscalers' aumenten sus inversiones en más de un 50% interanual, superando una vez más las expectativas. Muchos lanzamientos de productos de IA también han superado las expectativas, y un número cada vez mayor de grandes empresas están informando del éxito en la implementación de la IA. La IA ya no es un tema nicho, sino un motor intersectorial de crecimiento de los ingresos y/o reducción de costes. A diferencia de lo que ocurrió durante la era puntocom, vemos casos aislados de sobrevaloración, pero no una burbuja en todo el mercado.  A esto lo llamamos "exuberancia racional", porque no hay signos de exceso de capacidad en el mercado ni de niveles peligrosos de endeudamiento en el sector.  La reciente venta de bonos por valor de 32 000 millones$ de Google, completada en 24 horas, ilustra la facilidad con la que se sigue obteniendo financiación para la IA.

Desde principios de 2026, los mercados han castigado duramente a sectores completos tan pronto como han surgido dudas sobre la resistencia de sus modelos de negocio frente a la disrupción provocada por la inteligencia artificial. Esto incluye a empresas de software, suministro y procesamiento de datos o mercados digitales. Como resultado, las valoraciones del software han caído con una rapidez y severidad inusuales. Seguimos manteniéndonos al margen de este campo de batalla, aunque algunos proveedores específicos de software empresarial esencial para la actividad puedan haberse estabilizado. Seguimos prefiriendo las empresas que operan en áreas de escasez estructural, en particular los fabricantes de semiconductores (asiáticos), especialmente en el ámbito de la memoria, los proveedores de infraestructuras que permiten la IA, como la electrificación, y los productores y distribuidores de energía. Estos cuellos de botella tienen otra ventaja: también ayudan a limitar el riesgo de exceso de capacidad.

A lo largo de la cadena de valor ampliada de la IA, pueden coexistir cuellos de botella y exceso de oferta. Por lo tanto, el bajo rendimiento del mercado no se limita a las empresas directamente amenazadas por la disrupción de la IA, sino que también puede afectar a sectores en los que la oferta crece más rápido que la demanda, lo que puede ocurrir incluso en un contexto de fuerte crecimiento. Dado el ritmo de desarrollo de la IA, la escasez actual puede convertirse rápidamente en un exceso de oferta mañana, lo que puede hacer tropezar incluso a los pioneros.

"Recientemente hemos rebajado la calificación de la renta variable estadounidense y hemos mejorado la de Japón y Europa. Creemos que los nuevos flujos de renta variable ya no serán una vía de sentido único hacia el mercado bursátil estadounidense, dado el temor a la disrupción de la inteligencia artificial, que se espera que limite una mayor expansión múltiple del S&P 500, con gran peso del sector tecnológico. Los inversores globales seguirán mostrando una preferencia creciente por la diversificación de las carteras de renta variable entre las distintas regiones", argumenta.

Desde la perspectiva de los inversores, es probable que el año 2026 esté menos condicionado por factores macroeconómicos y más por los fundamentos de los sectores y las empresas. Cabe esperar períodos de retrocesos y mayor volatilidad, tanto dentro de los sectores como entre ellos, pero esto no socava los argumentos a favor de las inversiones en IA, siempre que se sigan tres principios:

  • 1.    Dejar actuar a los ganadores: cuando el crecimiento y la creación de valor son claramente visibles, tiene sentido permitir que el impulso continúe. No creemos que los mercados de valores vayan a empeorar, siempre y cuando se mantenga el ciclo económico actual.
  • 2.    Evitar campos de batalla poco claros: mantenerse alejado de los sectores en los que aún no está claro hasta qué punto la IA puede alterar o dejar obsoletos los modelos de negocio existentes.
  • 3.    Centrarse en los cuellos de botella: dar prioridad a las áreas de escasez en las que la oferta limitada respalda el poder de fijación de precios y crea una visibilidad más clara de los beneficios.

En la configuración de la cartera, seguimos un enfoque claro en tres partes. Participamos en la innovación tecnológica a través de la renta variable, pero mantenemos deliberadamente una amplia diversificación en lugar de centrarnos únicamente en la inteligencia artificial en sentido estricto. Al mismo tiempo, mejoramos la estabilidad de la cartera mediante la diversificación entre clases de activos y regiones. Este enfoque permite a los inversores beneficiarse del potencial alcista estructural, al tiempo que se mantiene la resistencia ante posibles perturbaciones, que no pueden descartarse dado el actual entorno geopolítico.

UBS: preocupación por ir demasiado rápido

Por su parte, en el UBS CIO Monthly: ¿Demasiado, demasiado rápido?, Mark Haefele, Chief Investment Officer de tUBS Global Wealth Management, analiza las preocupaciones sobre un crecimiento demasiado rápido del Capex en IA, la continua elevada emisión de deuda pública y otros riesgos, así como cómo afrontarlos: "Creemos que los fuertes movimientos de mercado de los últimos meses deberían servir como catalizador para revisar las carteras. Nuestra estrategia consiste en utilizar nuestro marco de análisis de escenarios para rebalancear, diversificar y cubrir riesgo".

"Un gasto en capital mayor de lo previsto y el aumento de la competencia han elevado la incertidumbre en el ámbito de la IA, lo que hace que la selectividad y la diversificación sean aún más importante", señala.

En cuanto a la asignación de activos, afirma: "Calificamos la renta variable como Attractive y nos gustan EEUU, Europa, Japón, China y los mercados emergentes en general. También favorecemos bonos de calidad y el oro".

"La temática de energía y recursos sigue intacta pese a las dudas sobre un pico en el crecimiento del capex en IA. Mantenemos nuestra convicción en la temática de Power and resources y creemos que ofrece oportunidades atractivas para inversores que buscan ampliar su exposición más allá de la tecnología estadounidense”, añade.

"Mantenemos nuestra visión Attractive sobre la renta variable global. Nuestra confianza en una recuperación cíclica se mantiene, impulsada por la reducción de los vientos en contra arancelarios, los recortes de tipos previstos por la Fed y políticas fiscales cada vez más favorables. En este contexto, recomendamos una asignación diversificada por regiones y sectores”, aportan Fabian Deriaz, Strategist, y Ulrike Hoffmann-Burchardi, Chief Investment Officer Americas y Global Head of Equities.

"Calificamos la Eurozona como Attractive en nuestro universo global de activos. Vemos un potencial adicional moderado al alza en la renta variable de la Eurozona, respaldado por 

  • 1) una mejora del ciclo económico,
  • 2) un entorno estructural más favorable
  •  y 3) valoraciones razonables

”, apuntan Matthew Gilman, Strategist, y Rolf Ganter, Head Equities Europe, UBS Global Wealth Management

Renta variable suiza: "Neutral en nuestra estrategia global. La selección de valores y la diversificación siguen siendo clave. En general, preferimos centrarnos en compañías de calidad y líderes en rentabilidad, así como en determinadas mid-caps y valores cíclicos”, señala Stefan R Meyer, Strategist.

Renta variable británica: "Neutral en nuestras preferencias regionales. Favorecemos beneficiarios estructurales y cíclicos en la región. Seguimos prefiriendo los sectores bancario, industrial, IT e inmobiliario como beneficiarios de cambios estructurales globales, una mejora del ciclo y políticas favorables”, resalta Matthew Gilman, Strategist.

Renta variable estadounidense: “Mantenemos una visión Neutral en todos los segmentos por tamaño y estilo”, recalca David Lefkowitz, Head of US Equities.

Renta variable de mercados emergentes: "Attractive en nuestras preferencias globales. Dentro de emergentes, mantenemos nuestras preferencias por tecnología china, China, India, Brasil e Indonesia, y añadimos Malasia a esta lista”, precisan Laura Smith, Analyst, y Alejo Czerwonko, Chief Investment Officer Emerging Markets Americas.

Divisas: “Dado que el EURUSD ha alcanzado nuestro objetivo de 1,2, pasamos tanto el USD como el EUR a Neutral. Mantenemos una visión Attractive sobre AUD, NZD, NOK y CNY, y favorecemos posiciones largas selectivas en divisas de alto rendimiento”, explica Dominic Schnider, Head Global FX & Commodity. "Cambio en previsiones: introducimos estimaciones para marzo de 2027. Preferimos mantener posiciones largas en divisas pro-crecimiento que ofrezcan rendimiento y en aquellas con componente de materias primas. A nivel regional, creemos que las divisas asiáticas presentan la relación riesgo-recompensa más asimétrica, dado su peor comportamiento en 2025", explica.

Materias primas: “El oro y el cobre destacan entre las materias primas individuales. El aumento de precios beneficia estrategias orientadas a rentas y ayuda a diversificar carteras”, remarcan Giovanni Staunovo y Wayne Gordon, Strategists.“Nuestras oportunidades de la semana siguen centradas en el JPY. Favorecemos una posición corta en SGDJPY y, además, vemos atractivo en utilizar el JPY y las divisas escandinavas para estrategias de venta de volatilidad”, añade Dominic Schnider. Sobre el cobre, "orientación hacia precios más altos hasta 2027. Nuestra perspectiva de precios a corto plazo es prudente, pero esperamos que el precio del cobre suba de forma anual y hemos incrementado todas nuestras previsiones en 500$/tonelada métrica (proyectando 15.000$/tonelada a finales de marzo de 2027). En consecuencia, seguimos siendo positivos y sugerimos mantener posiciones largas en cobre”.

Renta fija: “Mantenemos nuestras recomendaciones Attractive en bonos high grade, investment grade y de mercados emergentes, y seguimos Neutral en high yield”, subraya Frederick Mellors, Strategist.

22Feb

Otras opciones son invertir en los facilitadores que hacen que los centros de datos funcionen; en los servicios públicos regulados; en la tecnología y hardware; en las materias primas vinculados a estas infraestructuras clave.

Miguel Ángel Valero

En la última década, los centros de datos han pasado de ser una infraestructura secundaria a convertirse en un pilar fundamental de la economía global. Los hiperescaladores, los grandes actores del cloud y la inteligencia artificial (IA), han liderado esta transformación, ya que el número de grandes centros de datos a hiperescala casi se ha duplicado, pasando de menos de 600 a alrededor de 1.189 a principios de 2025, lo que representa aproximadamente el 44% de la capacidad global de éstos.

La rápida expansión de los centros de datos se perfila como uno de los cambios más importantes en la infraestructura mundial. Su creciente huella energética está remodelando las trayectorias de la demanda de energía, especialmente en EEUU, algunas partes de Europa y otros puntos calientes emergentes. A medida que se acelera la intensidad del procesamiento de datos, las empresas de servicios públicos y los operadores de redes se ven presionados para suministrar electricidad confiable a una escala sin precedentes, mientras que los responsables políticos de determinadas jurisdicciones luchan por conciliar este aumento con los objetivos de descarbonización.

Sin embargo, este crecimiento se ve limitado por una compleja serie de obstáculos que van mucho más allá de la electricidad. Entre ellos se encuentran las dificultades para obtener permisos y la disponibilidad de tierra y agua, que determinan dónde y con qué rapidez se pueden construir nuevas instalaciones. Estos retos están catalizando una nueva ola de innovación, desde tecnologías avanzadas de refrigeración y generación in situ hasta una gestión más inteligente de la red. 

Al mismo tiempo, la huella de la economía digital está repercutiendo en los mercados mundiales de materias primas, ya que la construcción y el funcionamiento de los centros de datos están intensificando la demanda de materias primas como el cobre, el aluminio, el acero y los metales de tierras raras.

Para los inversores, estas fuerzas entrecruzadas están creando tanto retos como oportunidades. Comprender cómo las restricciones energéticas, la modernización de la red, la demanda de materiales y la orientación de las políticas están configurando el futuro de la economía digital será esencial para identificar dónde está más expuesto el capital y dónde puede beneficiarse de la que probablemente sea una de las transformaciones de infraestructura más importantes de la década. 

Un informe de DWS detalla las oportunidades para los inversores:

  • 1. Servicios públicos regulados: Las redes eléctricas se han convertido en una infraestructura habilitadora para dar cabida a la electrificación y a las crecientes necesidades de demanda de energía de los Data Center. Se prevé que esta demanda de energía sin precedentes provoque un aumento de las necesidades de inversión de las empresas de servicios públicos, especialmente en EEUU. Según las estimaciones del sector, las empresas de servicios públicos gastarán en los próximos cinco años tanto en inversiones de capital como en los últimos diez años. Esto ofrece a los inversores una serie de opciones para aprovechar esta ola de inversión en capital, incluida la exposición a servicios públicos regulados y propietarios de redes a aquellos con generación baja en carbono con compras tecnológicas a largo plazo. Los inversores también deben posicionar sus inversiones donde exista un entorno regulatorio y de permisos favorable. Para resolver la congestión y los cuellos de botella a corto plazo, los operadores de sistemas y los responsables políticos están recurriendo a un conjunto de medidas para mejorar la red existente. Esto podría incluir tecnologías de mejora de la red, acuerdos de conexión flexibles y por fases, generación y almacenamiento in situ, y una orientación más firme sobre la ubicación para dirigir los nuevos proyectos hacia zonas con capacidad disponible. A largo plazo, la planificación integrada de los clústeres de centros de datos y la expansión de la red, junto con las reformas de las colas de interconexión y los marcos reguladores, serán fundamentales para alinear el crecimiento de la infraestructura digital con el ritmo intrínsecamente más lento de las inversiones en transmisión.
  • Los REIT de centros de datos se han convertido en una forma habitual para que los inversores del mercado público obtengan exposición a la infraestructura digital. Un REIT (Real Estate Investment Trust) es una sociedad de inversión inmobiliaria que cotiza en Bolsa y que posee o financia activos inmobiliarios (lo más parecido en España es la Socimi, la sociedad cotizada de Inversión en el mercado Inmobiliario). El sector ofrece algunas características atractivas, como la demanda plurianual de los hiperescaladores, los arrendamientos a largo plazo y la ocupación resistente. Una característica distintiva de este mercado es la sostenibilidad, que es una parte fundamental del modelo de negocio de los hiperescaladores. Esto ha dado lugar a programas de incentivos para los centros de datos energéticamente eficientes o ecológicos. Estos programas ofrecen apoyo a condición de que se cumplan criterios de rendimiento, como una alta proporción de energías renovables o el cumplimiento de las normas de construcción ecológica. Entre los ejemplos de programas de incentivos se incluyen las desgravaciones fiscales y la amortización acelerada de los equipos de ahorro energético. Otra opción son las subvenciones específicas y los programas de certificación para centros de datos 'ecológicos', como ha ocurrido en Singapur. Esto ha significado que los centros de datos energéticamente eficientes y respaldados por energías renovables se están convirtiendo en el segmento premium del universo REIT. Esta oportunidad no está exenta de riesgos, dada la sensibilidad del sector a los tipos de interés, su dependencia de un conjunto concentrado de inquilinos tecnológicos y los cuellos de botella en el suministro de energía. Un enfoque posiblemente más prudente podría serla exposición a operadores de coubicación multitenant (MRDC), especialmente aquellos con bases de clientes diversas y ecosistemas de interconexión sólidos. Esto podría proporcionar una forma más táctica de abordar el tema de los centros de datos, ya que el perfil de demanda de los MRDC debería estar menos vinculado a los ciclos de inversión de los hiperescaladores.
  • Los facilitadores de centros de datos son las tecnologías, la infraestructura y los servicios que hacen que los centros de datos funcionen. Mientras que los REIT de centros de datos proporcionan exposición física al sector inmobiliario, los facilitadores suministran la energía, la refrigeración y la resiliencia necesarias para el funcionamiento de los centros de datos. En lo que respecta a la energía, los desarrolladores están recurriendo cada vez más a las microrredes, la generación in situ y el almacenamiento para evitar los cuellos de botella de la red y garantizar un suministro eléctrico fiable. Al mismo tiempo, los fabricantes de equipos de refrigeración líquida y distribución de energía se beneficiarán del cambio de la refrigeración por airea la refrigeración líquida para los clústeres de IA de alta densidad. Más allá, los inversores también podrían apostar por las soluciones de energía limpia emergentes que se están promocionando cada vez más en los grandes campus de centros de datos. Entre ellas se incluyen los reactores modulares pequeños, la geotermia avanzada y las turbinas de gas de última generación. Aunque se encuentran en una fase inicial de desarrollo, podrían convertirse, con un entorno normativo y de permisos favorable, en importantes proveedores de energía baja en carbono para los hiperescaladores.
  • Tecnología y hardware. El crecimiento de los centros de datos también ofrece oportunidades de inversión en los componentes, sistemas y arquitecturas que hacen que la computación de IA searápida, eficiente y escalable. Por lo tanto, el hardware y la tecnología pueden considerarse como la maquinaria habilitadora de la era de la IA, que se sitúa aguas arriba de las plataformas en la nube y aguas abajo de los servicios públicos y los bienes inmuebles. Este tema de inversión está creando un viento de cola estructural para las empresas que suministran el hardware especializado que permite el cálculo de IA de alto rendimiento. En el centro de todo ello se encuentran los sistemas informáticos avanzados, como las GPU. Mientras tanto, la demanda energética de los centros de datos está acelerando la adopción de electrónica de potencia de alta eficiencia. Además, también está aumentando el papel de la robótica y la automatización, que mantienen los entornos hiperescala estables, optimizados y rentables.
  • Minerales y metales críticos. La expansión de los centros de datos depende en gran medida de los minerales y metales incorporados en la infraestructura para construir y alimentar los centros de datos, así como de los materiales habilitadores necesarios en los componentes clave. Esto crea un impulso estructural para los mineros y procesadores de estos insumos clave. Por ejemplo, los inversores corren el riesgo de subestimar la contribución de los centros de datos y las mejoras de la red eléctrica al déficit de suministro de cobre durante varios años y las posibles implicaciones alcistas en los precios y la volatilidad. Los principales beneficiarios de esto podrían ser los mineros con opciones de expansión de terrenos industriales abandonados de alta calidad. Por lo tanto, los inversores deberían fijarse en aquellos mercados con restricciones de suministro existentes o potenciales y en los que existen largos plazos de desarrollo.

Los centros de datos se han convertido en un nuevo motor de crecimiento para la demanda de energía: su demanda de energía representa el 1,5% de la mundial total y se prevé que esta proporción aumente hasta situarse entre el 3% y el 4% en 2030. Sin embargo, EEUU ya es un punto caliente en cuanto a la demanda de energía de los centros de datos, ya que representa más del 15% de la demanda estatal de energía en Virginia, Dakota del Norte, Oregón, Wyoming, Nebraska y Iowa.

Los centros de datos amenazan los objetivos climáticos: incluso con el aumento de la demanda de energías renovables, los hiperescaladores están viendo cómo aumentan sus emisiones, mientras que sus compromisos climáticos para 2030 exigen recortes drásticos. Para salvaguardar el suministro eléctrico, las empresas de servicios públicos de todo EEUU están posponiendo el cierre de las centrales decarbón.

Los proyectos de Data Center se enfrentan a una compleja red de limitaciones: La falta de capacidad de generación o transmisión de las empresas de servicios públicos, la disponibilidad de tierra y agua. El 52 % de las instalaciones de Microsoft se encuentran en regiones clasificadas como de escasez de agua alta o extrema.

Las restricciones amenazan con retrasar el desarrollo de los centros de datos: en varios centros maduros, como Dublín y Singapur, el transporte y la distribución de electricidad ya se han convertido en restricciones vinculantes, que determinan dónde y con qué rapidez se puede suministrar la nueva capacidad de los centros de datos. Los responsables políticos están recurriendo a un conjunto de medidas para ampliar la red existente. Esto podría incluir tecnologías de mejora de la red, acuerdos de conexión flexibles y por fases, y generación y almacenamiento in situ.

El acceso a materias primas clave se ha vuelto esencial para el desarrollo de infraestructuras y la producción de componentes: los centros de datos están añadiendo una nueva y persistente fuente de demanda estructural de materias primas como el aluminio, el cobre, el acero y las tierras raras.

Acciones de los inversores

  • Asignar a las empresas de servicios públicos donde los vientos favorables de la regulación están apoyando el desarrollo de los centros de datos: las empresas deservicios públicos se están embarcando en sólidos planes de inversión. Para aprovechar esta tendencia, los inversores deben considerar aquellas empresas de servicios públicos cuyos planes de inversión se centren en la transmisión, junto con estrategias integradas de energía limpia. Los inversores deben buscar oportunidades en aquellos mercados en los que exista un entorno regulatorio y de permisos favorable.
  • Los REIT de centros de datos han ganado atractivo: los inversores pueden beneficiarse de los REIT centrados en la hiperescala con disponibilidad de energía y un fuerte poder de fijación de precios, especialmente relevante en un entorno en el que puede haber escasez de energía.
  • Para los inversores más prudentes, la exposición a los centros de datos de coubicación puede resultar atractiva: los operadores de coubicación multitenant (MRDC), especialmente aquellos con bases de clientes diversificadas y sólidos ecosistemas de interconexión, son una forma optimista pero táctica de aprovechar el tema de los centros de datos, ya que su perfil de demanda debería estar menos vinculado a los ciclos de inversión de capital de los hiperescaladores.
  • Comprender las limitaciones regionales y específicas de cada emplazamiento para el desarrollo de centros de datos: las limitaciones energéticas, la escasez de agua y el riesgo climático físico varían considerablemente según la región, lo que crea una posible divergencia en cuanto al valor, la viabilidad y el riesgo a largo plazo. Esto significa que el valor de la «calidad de la ubicación» está aumentando.
  • Oportunidades de inversión para los facilitadores de centros de datos: Para abordarlos problemas de disponibilidad de energía y agua, los inversores podrían considerar la posibilidad de explorar la exposición a microrredes, energía solar y almacenamiento in situ, así como a fabricantes de refrigeración líquida. Podrían surgir oportunidades adicionales en nuevas tecnologías energéticas, por ejemplo, en reactores modulares pequeños, geotermia avanzada y turbinas de gas de próxima generación.
  • Aumento de la atención prestada a los fundamentos físicos de las materias primas clave: Posición ante un déficit de suministro de cobre durante varios años y las posibles implicaciones alcistas para los precios y la volatilidad. Los principales beneficiarios de esta situación podrían ser las empresas mineras con opciones de expansión de alta calidad en terrenos industriales abandonados. Los inversores también deberían considerar una exposición diversificada a factores clave como los minerales críticos.

Marsh amplía límites y coberturas de aseguramiento de centros de datos

Por otra parte, ­Marsh Risk, el corredor de seguros y asesor de riesgos, resalta que Nimbus proporciona ahora límites de hasta 2.700 millones$ –incluyendo coberturas por retraso en el inicio de operaciones e interrupción de negocio– para proyectos de construcción de centros de datos en Europa, el Reino Unido, EEUU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda.

Lanzada en junio de 2025, como la primera solución de segurospara proyectos de construcción de centros de datos, Nimbus proporciona una mayor protección para los clientes de Marsh Risk y sus proveedores de capital. Nimbus ya se está implementando en numerosos proyectos en Europa, EEUU y Reino Unido.

Además de ofrecer una amplia capacidad a través de un panel de aseguradoras con calificación A, el equipo Global Digital Infrastructure de Marsh aporta una sólida experiencia sectorial —que abarca construcción, ciberseguridad y operación—. Esto permite a los clientes de todo el ecosistema de centros de datos proteger su capital, gestionar activos críticos y crecer con mayor seguridad y eficiencia.

Mike Mathews, líder global de Infraestructura Digital de Marsh, destaca la última mejora de Nimbus y afirma: “La demanda creciente de centros de datos más potentes y eficientes está acelerando la innovación tecnológica, en torno a la inteligencia artificial, que revolucionarán la forma en que vivimos y trabajamos, y transformarán nuestro entorno durante la próxima década. Marsh está ayudando a las empresas de este sector a colaborar con las comunidades para desarrollar estrategias empresariales que les permitan crecer de manera sostenible”.

Santiago Manglano, Managing Director, Líder de Construcción en Marsh Risk, comenta: “España continúa consolidándose como uno de los países con mayor inversión en Centros de Datos en Europa, de hecho, en 2024, la inversión en proyectos para la construcción de centros de datos se incrementó exponencialmente en nuestro país. Marsh acompaña activamente en el desarrollo de este tipo de infraestructuras mediante soluciones aseguradoras especializadas, diseñadas para proteger infraestructuras críticas desde su fase de construcción hasta su operación. La experiencia adquirida nos permite ofrecer coberturas adaptadas a la complejidad de estos proyectos, garantizando la correcta gestión del riesgo y la continuidad de la cobertura en cada etapa del proyecto”.

11Feb

La sucesión de elecciones este año (Brasil, Colombia, EEUU, Perú, Hungría, Suecia, Argelia, entre otras) dispara el riesgo político mundial a niveles récord.

Miguel Ángel Valero

Donald Trump no puede, ni debe, olvidar que su destino depende del votante 'doméstico'. El 3 de noviembre se celebrarán las elecciones legislativas –se renovará la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado–, un evento clave porque determinará el grado de control sobre el Congreso y la capacidad del presidente para sacar adelante su agenda legislativa. 

En estos momentos, el presidente de EEUU parte con un lastre significativo de cara a las elecciones de medio mandato: su índice de popularidad es del 36%, el más bajo desde 1950, únicamente por encima del 30% registrado por Nixon tras el escándalo Watergate. Aunque no existe una regla escrita entre popularidad y los resultados electorales, lo cierto es que no hay precedentes de un mandatario con menos del 50% de aprobación popular que haya logrado mantener el control de ambas cámaras. 

En las elecciones midterm del pasado mandato de Trump (2022), su partido sufrió una estrepitosa derrota en la Cámara de Representantes, perdiendo el control de ésta. 

Ante este escenario, la estrategia de la Casa Blanca ha empezado a girarse hacia medidas centradas en la asequibilidad, con el objetivo de aproximarse al votante medio: la aprobación de la extensión de los subsidios de atención médica (Obamacare) –el punto de fricción que provocó el cierre gubernamental más prolongado de la historia de EEUU; otros anuncios orientados a aliviar el coste de vida, como reducir las tasas hipotecarias –mediante compras de bonos hipotecarios– o imponer un límite del 10% a los intereses de las tarjetas de crédito, aunque su aplicación efectiva aún está por determinar. 

Otro factor clave para atraer el respaldo de los hogares será la materialización de los estímulos fiscales a lo largo de 2026. Hay deducciones y exenciones de la Big Beautiful Bill que tienen carácter retroactivo: las horas extra y propinas imputadas a lo largo de 2025, que fueron objeto de retención, se compensarán en la declaración de la renta mediante devoluciones. Estos reembolsos se ingresarán a los contribuyentes en la primera parte del año –el 80% se abonará antes de junio– y aumentarán los ingresos promedio en 450$ por persona. 

Dado que, en el corto plazo, lo prioritario es impulsar el crecimiento, es muy probable que el cometido del DOGE de recortar los gastos fiscales pase a un segundo plano, al menos durante los próximos meses. 

Por su parte, la reforma fiscal contribuirá positivamente al PIB durante los próximos tres años, lo que permitirá ejercer un papel neutralizador sobre el efecto perjudicial de los aranceles. Sin embargo, a partir de 2028, el efecto conjunto será negativo, pero ahora lo determinante para Trump es el impacto inmediato sin considerar las consecuencias futuras. 

En medio de esta situación, Bangladesh y EEUU han firmado un acuerdo que elimina los aranceles aplicados a los textiles bangladesíes fabricados con algodón y fibras estadounidenses. Hasta ahora, el país asiático afrontaba un arancel recíproco del 20%, que tras el pacto se reduce ligeramente hasta una tasa general del 19%. La verdadera novedad es la exención total para las prendas exportadas por Bangladesh que utilicen materias primas estadounidenses, lo que reforzará su competitividad en un sector en el que ya figura como tercer proveedor del país norteamericano, por detrás de China y Vietnam, y por delante de India. Las autoridades de Daca prevén que sus compras de algodón procedente de EEUU puedan duplicarse, pasando de 1.000 millones a 2.000 millones$.

Por otra parte, las ventas minoristas en EEUU se estancaron inesperadamente en diciembre. La tasa mensual fue del 0%, inferior al +0,4% esperado, con ocho de las 13 categorías registrando descensos, incluidos retrocesos en tiendas de ropa. También presentaron retrocesos las ventas del grupo de control –utilizadas en el cálculo del PIB– un -0,1%. Sin embargo, al tratarse de periodo de compras navideñas, estas cifras débiles de diciembre podrían significar que las ventas se adelantaron, más que una muestra de menor demanda, dado que en noviembre la tasa escaló al +0,6%. A ello hay que sumarle el clima invernal extremo en gran parte de EEUU, de hecho, el gasto en restaurantes y bares –única categoría de servicios– cayó un -0,1% tras el fuerte aumento del mes anterior (+0,7%). 

El sentimiento entre los empresarios de pequeñas empresas en EEUU se debilitó ligeramente en enero, registrando su primera caída en tres meses. El índice de la NFIB retrocedió 0,2 puntos hasta 99,3, por debajo del 99,8 previsto. En el desglose, las expectativas sobre el mercado laboral apuntaron a una moderación en los planes de contratación y a un descenso en el número de vacantes, mientras que también se redujo el indicador que mide las perspectivas de mejora económica. En contraste, las expectativas de ventas repuntaron 6 puntos, alcanzando su nivel más alto en un año.

El UBS CIO Daily aporta que es probable que la debilidad del dólar estadounidense continúe tras unos datos decepcionantes de ventas minoristas en EEUU: "Creemos que la debilidad del dólar debería continuar en un contexto de nuevos recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, que deberían seguir erosionando la ventaja de tipos del dólar frente a otras divisas. Los esfuerzos de los inversores globales por diversificar podrían añadir más presión en contra. Vemos oportunidades tácticas en divisas de mayor rendimiento".

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Con la debilidad del dólar probablemente prolongándose, los inversores deberían revisar sus asignaciones en divisas y considerar los beneficios de la diversificación. Para quienes tengan afinidad por el oro, consideramos adecuada una asignación de hasta un porcentaje de un dígito medio dentro de una cartera diversificada".

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, señala que, a principios de este año, los mercados laborales nos dieron una sorpresa importante. El informe de enero muestra un aumento espectacular de 130.000 puestos de trabajo. Una vez más, el sector sanitario lideró la contratación, con 82.000 puestos de trabajo nuevos. Las categorías potencialmente afectadas por la IA tuvieron resultados dispares: la información (-12.000) y los servicios financieros (-22.000) registraron descensos, mientras que los servicios empresariales registraron un sólido aumento de 34.000. La construcción también mostró fortaleza, con un incremento de 33.000 puestos de trabajo, y la industria manufacturera cumplió lo que sugerían los datos sobre pedidos y la confianza: un modesto aumento de 5.000 tras meses de pérdidas. La fuerte contratación también se reflejó en la tasa de desempleo, que bajó del 4,4% al 4,3%.

En combinación con un repunte de la tasa de participación del 62,4% al 62,5%, el informe envía una señal muy clara. La sólida cifra principal viene acompañada de las revisiones finales para 2025, que indican que el año pasado solo se crearon 181.000 puestos de trabajo, en lugar de los 584.000 comunicados anteriormente. En general, el informe sugiere que los mercados laborales siguen en una posición firme por ahora, con pleno empleo o cerca de él, aunque la calidad de los datos sigue planteando retos.

Para la Fed, el informe respalda su postura de mantener los tipos sin cambios, probablemente hasta que la inflación se recupere por completo de los efectos de los aranceles. Se espera que esto ocurra a mediados de 2026. 

Riesgo político y social en niveles récord

Las elecciones de medio mandato en EEUU se acercan con el riesgo político y social global está en niveles récord. Según Coface, el índice de riesgo político mundial alcanzó el 41,1 % en 2025, elevando la incertidumbre para este año y dejando sobre la mesa tres grandes retos que marcarán la economía mundial en 2026: un calendario de elecciones especialmente sensible, el creciente descontento popular y una geopolítica volátil, con conflictos que se intensifican y cambios en la política estadounidense.

Lejos de ser temporal, esta tendencia forma parte de una dinámica estructural, impulsada por dos factores principales: por un lado, los conflictos armados cada vez más intensos (la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania y las tensiones en Oriente Medio se están agravando); y, por otro lado, el aumento de los disturbios internos violentos, destacando las protestas sociales que están sacudiendo a los poderes establecidos.

Esta nueva realidad exige que las empresas que participan en el comercio mundial incorporen el riesgo político como un parámetro a largo plazo en sus estrategias de desarrollo, políticas de cobertura y decisiones de inversión.  

“El año 2025 terminó en un estado intermedio, con planes de resolución circulando, pero sin producir una paz real y duradera. El 2026 comienza en un mundo en el que la geopolítica ya no es un ruido de fondo, sino un factor estructurante en las estrategias de las empresas”, destaca Anna Farrugia, economista de Coface.

A partir de este diagnóstico, los expertos de la firma de gestión integral del riesgo comercial analizan los tres principales riesgos políticos y sociales de 2026 y sus implicaciones para la economía y las empresas con actividad internacional.

El primero es la acumulación de elecciones este año. La inestabilidad estructural encontrará su principal manifestación en las urnas. En EEUU, tras un año marcado por el regreso de Donald Trump, las elecciones de mitad de mandato de noviembre de 2026 serán cruciales. La renovación completa de la Cámara de Representantes, 35 escaños en el Senado y 36 gobernaciones, podría reestructurar el equilibrio de poder.

En América Latina, los próximos meses prometen ser igual de decisivos. En Brasil, las elecciones presidenciales de octubre pueden marcar un punto de inflexión, ya que el presidente Lula ve cómo su popularidad decae mientras busca un cuarto mandato. En Colombia, las elecciones presidenciales de 2026 se celebrarán en un clima igualmente tenso, ya que el presidente saliente de izquierdas, Gustavo Petro, no puede presentarse a la reelección. En Perú, las elecciones generales están previstas para abril de este año, tras la destitución de la presidenta Dina Boluarte en octubre de 2025.

Por otro lado, Europa entrará en un contexto de reajuste político marcado por varias elecciones decisivas que redefinirán efectivamente el equilibrio político dentro de la Unión Europea. En Hungría, la reducción de la diferencia en las encuestas entre Viktor Orbán y la oposición liderada por Péter Magyar abre la posibilidad de un cambio tras quince años de continuidad política, lo que ilustra de manera más amplia el debilitamiento del centro político europeo ante el auge de las fuerzas populistas. Esta tendencia se repite en Francia, donde las elecciones municipales de marzo servirán de barómetro de cara a las presidenciales de 2027, en un contexto en el que el RassemblementNational (extrema derecha) tiene una fuerte influencia en el debate público. En Suecia, las elecciones generales de septiembre confirmarán (o no) la posición de los Demócratas Suecos como segunda fuerza política, lo que simboliza el crecimiento del voto protestatario en la región.

En África, la tendencia hacia el declive democrático sigue siendo marcada. Se celebrarán elecciones nacionales en Argelia, Etiopía, Marruecos, la República del Congo, Uganda y Benín, que se vio sacudido por un intento de golpe de Estado en diciembre de 2025. Varios países liderados por presidentes de edad avanzada reelegidos en 2025, como Camerún, podrían entrar en una fase de transición.

En Asia, Bangladesh será uno de los principales focos de atención. Dos años después del levantamiento estudiantil que puso fin a quince años de poder, el país celebrará elecciones legislativas junto con un referéndum constitucional en febrero.

“Desde hace varios años se viene observando una tendencia común, tanto en las economías avanzadas como en las emergentes: una creciente frustración por las condiciones económicas y sociales, que se perciben como en declive, y un profundo desencanto de la población con la clase política en el poder”, constata Ruben Nizard, jefe del Sector de Investigación y Análisis de Riesgos Políticos en Coface.

El malestar social pone a prueba al poder

El segundo riesgo del que advierte el análisis de Coface se centra cuando el malestar social pone a prueba al poder. Los jóvenes y las poblaciones agotadas por sucesivas crisis podrían volver a ser el motor de la movilización social. Los datos del índice de riesgo político y social de Coface revelan un aumento del riesgo de fragilidad política y social en los países donde los jóvenes desempeñan un papel importante en las protestas. 

En los países asiáticos, las protestas y el malestar social van en aumento. En Nepal, solo hicieron falta dos días para conseguir la dimisión del primer ministro. En Indonesia y Filipinas, los jóvenes se manifestaron contra unas reformas consideradas impopulares y contra una clase política percibida como corrupta.

En África, el colectivo GenZ212 de Marruecos se ha convertido en un actor clave en las protestas contra el deterioro de los servicios públicos, lo que pone de manifiesto una profunda frustración socioeconómica. En Madagascar, varias semanas de protestas condujeron a un golpe militar, lo que ilustra la persistente inestabilidad política en determinadas regiones del continente. En Irán, la nueva ola de protestas desde principios de 2026 confirma la creciente presión sobre un régimen debilitado. La represión sigue siendo especialmente severa, pero ya no es capaz de contener el movimiento de protesta arraigado en las crisis económicas, sociales y políticas de los últimos años. El país se ha visto sacudido en varias ocasiones por manifestaciones a gran escala, ya sean movimientos contra el alto coste de la vida, las protestas de 2019 o el levantamiento «Mujer, Vida, Libertad» de 2022-2023, lo que revela un movimiento de protesta estructural más que cíclico. 

“El indicador Coface clasifica a Irán como el segundo país más frágil política y socialmente del mundo en 2025 (86 %, por detrás de Sudán), un nivel que refleja la acumulación de tensiones internas y la incapacidad del régimen para satisfacer las expectativas de una población joven, precaria y cada vez más movilizada”, afirma Anna Farrugia.

En muchas economías avanzadas, el malestar social también está ganando terreno, y el acuerdo de libre comercio entre la UE y Mercosur está provocando importantes tensiones. En Francia, la oposición de los agricultores ha dado lugar a protestas en las que se denuncia lo que consideran una competencia desleal y distorsiones relacionadas con las normas medioambientales y sanitarias. El malestar social, ya evidente en el movimiento «Bloquons tout» («Bloqueemos todo») de septiembre de 2025, ha lastrado la confianza y la inversión. Bulgaria se vio sacudida por la movilización de la Generación Z contra la corrupción, un movimiento que provocó la dimisión del Gobierno de Rossen Jeliazkov cuando el país se acercaba a su entrada en la zona euro. Italia tampoco se ha librado: a finales de 2025, los sindicatos lanzaron una huelga nacional contra la propuesta de presupuesto del Gobierno de Meloni para 2026. Al otro lado del Canal, los debates sobre la inmigración y las manifestaciones a favor de Palestina mantienen un clima social frágil.

En EEUU, la política arancelaria pesa mucho sobre el mercado interno, ya que el 80% de los derechos de aduana recae sobre las entidades estadounidenses (empresas o consumidores), un factor que probablemente alimentará el descontento.

El tercer riesgo oscila entre los desafíos a la hegemonía estadounidense, las rivalidades de poder y los conflictos persistentes. La captura de Nicolás Maduro a principios de enero demostró, por si hiciera falta más pruebas, que el año comienza en línea con la volatilidad geopolítica que se ha convertido en la norma en los últimos años. Esta postura estadounidense se produce en un contexto de inestabilidad mundial que está redefiniendo los equilibrios geopolíticos y comerciales. Los aranceles anunciados por Washington en abril de 2025 han llevado la incertidumbre comercial a niveles sin precedentes. El reto será tanto jurídico como político: el Tribunal Supremo debe pronunciarse sobre la legalidad y el alcance de las competencias arancelarias del ejecutivo.

A esto se suman los conflictos de larga duración. La guerra entre Rusia y Ucrania entra ahora en su cuarto año, sin perspectivas reales de resolución a pesar de los esfuerzos diplomáticos europeos y estadounidenses. En Oriente Próximo, la situación sigue siendo igual de precaria: la región sigue caracterizándose por una gran fragilidad, a pesar del alto el fuego acordado entre Israel y Hamás.

Para las empresas que se dedican al comercio mundial, este contexto requiere un enfoque proactivo y medidas específicas, como reforzar el seguimiento político, diversificar geográficamente las operaciones, flexibilizar las cadenas de suministro e integrar el riesgo país en las decisiones estratégicas. 

08Feb

Para los inversores, la conclusión clave de los acontecimientos recientes es que las grandes caídas forman parte del paquete cuando se trata de metales preciosos.

Miguel Ángel Valero

La última venta masiva ha supuesto un dramático recordatorio de que los metales preciosos pueden moverse en oleadas. En la historia reciente, los precios ajustados a la inflación siguen estando en niveles poco habituales. El oro puede moverse rápido, y luego puede hacerlo aún más rápido.

El gráfico aportado por DWS muestra los precios ajustados a la inflación del oro y la plata en el largo plazo. El objetivo es recordar, sobre todo a los lectores de menos de 50 años,  cómo han sido históricamente estos mercados durante determinados episodios. Cada pocas décadas se han producido repetidas subidas, fuertes retrocesos y, especialmente en el caso de la plata, grandes excesos, seguidos de largos periodos de relativa tranquilidad. Y, a menos que las compras y ventas se hayan realizado en el momento oportuno, la protección deseada contra la inflación, medida por los precios al consumo de Estados Unidos, ha sido irregular.

El periodo previo a finales de enero tuvo las características propias de una operación masiva: ganancias rápidas, búsqueda del impulso y un papel cada vez más importante de los fondos cotizados en Bolsa (ETF). Las participaciones de los ETF en oro se dispararon durante la pandemia, retrocedieron durante años y han vuelto a subir desde 2024, aunque siguen por debajo del máximo alcanzado en 2020, pero lo suficiente como para ser relevantes en el margen.

Entonces llegó el catalizador. Después de que el oro casi alcanzara los 5.600$, se produjo una ola de ventas que lo hizo caer 1.000 antes de que pareciera encontrar un suelo. El nombramiento de Kevin Warsh como candidato a presidente de la Reserva Federal se interpretó ampliamente como una señal de mayor estabilidad en esta institución, tras el insistente asalto por parte de Donald Trump, y eso fue importante porque parte del repunte había llegado a reflejar la desconfianza en el dólar estadounidense.

Cuando cambió el estado de ánimo, la salida se saturó. Otros posibles culpables son las Bolsas de EEUU y de China, que aumentaron los requisitos de margen para el comercio de metales preciosos, y una ola de ventas estacionales antes del Año Nuevo lunar. El apalancamiento y la escasa liquidez hicieron el resto.

Los movimientos más amplios de la plata se ajustan a sus patrones históricos, aunque es cierto que de una forma inusualmente amplificada. Se trata tanto de un recurso industrial como de un metal precioso, por lo que tiende a fluctuar más, sobre todo porque parte de la demanda industrial de plata es bastante sensible al precio. Para los inversores, la conclusión clave de los acontecimientos recientes es que las grandes caídas forman parte del paquete cuando se trata de metales preciosos. 

Una vez que se hayan calmado los ánimos, también conviene tener en cuenta que los bancos centrales han sido importantes compradores de oro desde 2022, y es difícil que una semana violenta revierta esa preferencia de la noche a la mañana. Pero nada de esto es un argumento particularmente bueno para realizar inversiones independientes en activos que no producen ingresos. 

Como sostiene Johannes Müller, director de investigación de DWS, “el oro es una cobertura de cola. Tiene más sentido como parte de una cartera bien diversificada”.

07Feb

Los rendimientos superiores al 4% de los bonos gubernamentales a 30 y 40 años parecen alarmantes, especialmente con una ratio deuda/PIB cercana al 237%.

Miguel Ángel Valero

"En vísperas de las elecciones del 8 de febrero, es sobre todo la retórica de Sanae Takaichi la que genera preocupación", advierte Vincenzo Dedda, director de Inversiones (CIO) de DWS. "Consideramos la reciente turbulencia en el mercado financiero japonés como un punto de inflexión, que podría tener repercusiones que se extiendan mucho más allá de la reacción del mercado a corto plazo", insiste. 

La volatilidad se desencadenó por una potente combinación de oportunidad política, retórica fiscal y cambios estructurales en el mercado de bonos del gobierno japonés (JGB). Desde que la primer ministro Sanae Takaichi asumió el cargo en octubre de 2025, los inversores han comenzado gradualmente a descontar una política fiscal (significativamente) más expansiva. Esta reevaluación se aceleró abruptamente cuando Takaichi convocó, a mediados de enero, inesperadamente elecciones anticipadas para el 8 de febrero de 2026, al tiempo que anunciaba una reducción de impuestos, en particular una suspensión de dos años del impuesto al consumo del 8% sobre los alimentos. 

En un país con la tasa de deuda pública más alta entre las economías desarrolladas, esta combinación fue suficiente para aumentar drásticamente la sensibilidad de los mercados a los riesgos fiscales. Sin embargo, "si bien los recientes acontecimientos deben tomarse en serio, es poco probable que constituyan una amenaza sistémica grave, ni para el ámbito fiscal ni para el sistema bancario japonés", matiza el experto de DWS.

En el centro del actual debate fiscal en Japón se encuentra la propuesta de la primera ministra Sanae Takaichi de suspender por completo el impuesto al consumo del 8% sobre alimentos durante dos años. Esta medida se anunció junto con la decisión de convocar elecciones anticipadas para el 8 de febrero de 2026. Según el gobierno, la suspensión del impuesto busca aliviar la carga de los hogares que enfrentan un mayor costo de vida. Se aplicaría a todos los alimentos actualmente sujetos al tipo reducido del impuesto sobre el valor añadido y costaría al gobierno alrededor de 5 billones de yenes (aproximadamente 32.500 millones$) en ingresos anuales, lo que generaría un déficit de financiación considerable.

Paralelamente a la suspensión fiscal prevista, el gobierno ya había adoptado un amplio paquete de estímulo por un valor aproximado de 21,3 billones de yenes en noviembre de 2025, que incluye subsidios energéticos y medidas de ayuda a los hogares. En conjunto, la combinación de ingresos fiscales no percibidos y una expansión fiscal adicional ejercería una presión considerable sobre las finanzas públicas, y la ratio de deuda pública de Japón ya supera el 230 % del Producto Interior Bruto (PIB).

La perturbación del mercado, con el aumento repentino de los rendimientos de los bonos gubernamentales japoneses a ultralargo plazo, reflejó que la cuestión de cómo se financiarían las medidas quedó totalmente sin resolver. Sin embargo, Takaichi recalcó repetidamente que la suspensión fiscal propuesta no resultaría en un endeudamiento público adicional. El primer ministro indicó además que se revisarían los subsidios y las partidas presupuestarias existentes y que se realizarían ahorros estructurales para compensar la pérdida de ingresos. Sin embargo, una vez más, no se identificaron fuentes de financiación específicas, y hasta el momento no existe una proyección fiscal detallada que muestre cómo se cubrirían los déficits presupuestarios previstos. 

Los partidos de la oposición japonesa se mueven en gran medida en la misma dirección que la primer ministro, pidiendo una reducción del impuesto a los alimentos. Un bloque opositor recién formado incluso aboga por la abolición permanente del impuesto a los alimentos y ha propuesto la creación de un nuevo fondo soberano de inversión que podría generar ingresos continuos para financiar futuras desgravaciones fiscales. Por lo tanto, la cuestión fiscal no solo forma parte de la agenda del gobierno, sino que es un tema de campaña transversal.

A pesar de la tensión fiscal prevista, los funcionarios gubernamentales enfatizan que Japón, debido a su gran reserva de ahorro interno, sus superávits estables en cuenta corriente y el continuo predominio de los tenedores nacionales de bonos del gobierno japonés (JGB), debería ser capaz de absorber los desafíos financieros, al menos a corto plazo. Sin embargo, estos factores estructurales, si bien podrían prevenir una crisis de liquidez inmediata, no fueron suficientes para evitar una revalorización sustancial a lo largo de la curva de los JGB.

Niveles récord de los bonos soberanos

La tensión inmediata estalló en el segmento de bonos del gobierno japonés a largo y ultralargo plazo. En cuestión de días, los rendimientos de los bonos del gobierno japonés (JGB) a 30 y 40 años se dispararon a niveles récord, y el rendimiento a 40 años superó temporalmente el umbral del 4%.

Por momentos, parecía que se estaba consolidando una dinámica autocumplida, impulsando los rendimientos aún más al alza. Una subasta débil de JGB a 20 años actuó simultáneamente como catalizador adicional y expuso lo que ya se venía desarrollando bajo la superficie: una brecha estructural de demanda en el extremo largo de la curva. Aunque el mercado volvió a la calma tras algunas sesiones caóticas, los rendimientos se mantuvieron elevados, lo que refleja la preocupación de los inversores. Algunos inversores consideran ahora atractivo el segmento a ultralargo plazo tras el aumento de los rendimientos, pero no parece que la mayoría de los participantes del mercado estén convencidos.

El fuerte predominio de los inversores nacionales entre los tenedores de JGB desempeña un papel clave en la estabilidad a largo plazo del mercado: menos del 7% de todos los bonos del gobierno japonés están en manos de extranjeros. Esto limita las salidas de capital externo o los efectos de contagio internacional, incluso en períodos de tensión, y la dinámica del mercado está condicionada predominantemente por inversores nacionales estructuralmente estables. Además, el Banco de Japón posee aproximadamente la mitad de todos los JGB en circulación, lo que actúa como un importante amortiguador contra las turbulencias del mercado. 

Dado que una parte significativa del stock de deuda no se negocia libremente, se reducen tanto los riesgos de refinanciación/refinanciación como la probabilidad de ventas que se retroalimentan. El Banco de Japón puede gestionar sus tenencias de forma que ayude a amortiguar los picos repentinos de rendimiento. 

Las aseguradoras y los fondos de pensiones —tradicionalmente grandes compradores de bonos del Estado a largo plazo— mantienen sus carteras de JGB principalmente por razones de ajuste de balance y duración, y tienden a actuar de forma menos procíclica que los fondos internacionales. Si bien recientemente han reducido su presencia en el extremo largo debido a la disminución de los requisitos de duración, siguen siendo participantes importantes y comparativamente estables del mercado, cuyo comportamiento tiende a suavizar la volatilidad en lugar de amplificarla.

Los bancos concentran sus inversiones en JGB a corto plazo, que suelen conllevar un riesgo de precio mínimo cuando aumentan los rendimientos a largo plazo. Esta estructura limita las posibles pérdidas de valoración y ayuda a garantizar que las perturbaciones de los tipos de interés simuladas en las pruebas de estrés más recientes mantengan las ratios de capital de todos los grupos bancarios dentro de los umbrales regulatorios.

Aunque los inversores extranjeros poseen solo una pequeña proporción de JGB, su importancia en el volumen de negociación ha aumentado, impulsada en particular por la actividad de los fondos de cobertura. Mediante posiciones apalancadas, estos inversores contribuyen a una mayor volatilidad a corto plazo, pero debido a sus reducidas tenencias totales, es poco probable que desencadenen inestabilidad estructural. Por lo tanto, el riesgo es de naturaleza más táctica: los episodios de volatilidad en el mercado pueden amplificarse, pero no se convierten fácilmente en una crisis sistémica.

El problema de la brecha de duración

Otro factor que puede haber impulsado la reciente ola de ventas —aunque no era realmente nuevo en el momento en que subieron los rendimientos— es el problema de la "brecha de duración". Tradicionalmente, las aseguradoras de Vida japonesas son las compradoras naturales de JGB con vencimientos ultralargos (40 años). Sin embargo, este mismo grupo inversor ha reducido drásticamente su demanda desde 2024 e incluso se ha convertido recientemente en vendedor neto en ocasiones.

La razón radica menos en consideraciones tácticas que en la mecánica del balance. A medida que suben los rendimientos, la brecha de duración negativa entre el activo y el pasivo de los balances de las aseguradoras se reduce. Cuanto mayor sea el nivel de rendimiento, menor será la presión para añadir duración mediante bonos de largo plazo. Este efecto puede retroalimentarse: el aumento de los rendimientos reduce las necesidades de cobertura, lo que a su vez frena la demanda y facilita nuevos aumentos de los rendimientos. 

El Ministerio de Finanzas japonés ha respondido a estas tensiones reduciendo notablemente la emisión de bonos con vencimientos ultralargos. Sin embargo, estos ajustes de la oferta no han sido suficientes hasta el momento para compensar por completo la disminución estructural de la demanda de las aseguradoras. A esto se suma un aumento de la prima de riesgo y de plazo. En un entorno en el que la inflación y los tipos de interés de Japón, por primera vez en décadas, ya no son claramente bajistas, los inversores exigen una mayor compensación por la incertidumbre, especialmente en los vencimientos muy largos.

Por lo tanto, la reciente disminución de las presiones del mercado debería interpretarse menos como una señal de que todo está en orden y más como una estabilización temporal. La comunicación del Banco de Japón —que señala una senda de ajuste gradual, pero sin un cambio brusco de política monetaria—, así como factores técnicos como los ajustes de posiciones, han contribuido a esta estabilidad. Sin embargo, las fuerzas subyacentes que impulsaron el aumento de los rendimientos no han desaparecido.

La pregunta central que surge de la reciente turbulencia se refiere a la sostenibilidad de la deuda japonesa. A primera vista, los rendimientos superiores al 4% de los bonos gubernamentales a 30 y 40 años parecen alarmantes, especialmente con una ratio deuda/PIB cercana al 237%. Sin embargo, lo que importa no es solo el nivel actual de mercado de los vencimientos individuales, sino la interacción entre el crecimiento nominal y el tipo de interés medio efectivo de toda la deuda pública.

La carga financiera del gobierno japonés se ajusta lentamente al aumento de los rendimientos del mercado, ya que una gran parte de los bonos en circulación se emitieron con cupones extremadamente bajos y vencimientos largos. Por lo tanto, incluso un aumento brusco de los rendimientos a largo plazo solo se refleja gradualmente en los gastos financieros. Al mismo tiempo, el fin de la deflación y el retorno de una inflación moderada han impulsado el crecimiento nominal, lo que ha provocado que la ratio de deuda haya registrado recientemente una ligera tendencia descendente.


05Feb

Aplaude la capacidad de resistencia de la economía europea, apoyada en el bajo nivel de pareo, la solidez de las empresas, la ejecución gradual del gasto público en defensa e infraestructuras y los efectos favorables de las anteriores bajadas de los tipos.

Miguel Ángel Valero

Como se esperaba, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) decidido mantener sin variación los tres tipos de interés oficiales. Su evaluación actualizada vuelve a confirmar que la inflación debería estabilizarse en el objetivo del 2% a medio plazo. La economía sigue mostrando capacidad de resistencia en un entorno mundial difícil. El bajo nivel de desempleo, la solidez de los balances del sector privado, la ejecución gradual del gasto público en defensa e infraestructuras y los efectos favorables de las anteriores bajadas de los tipos de interés están respaldando el crecimiento. 

"Al mismo tiempo, las perspectivas son aún inciertas, debido especialmente a la actual incertidumbre referida a las políticas comerciales globales y a las tensiones geopolíticas", subraya el Consejo de Gobierno, que tiene la determinación de asegurar que la inflación se estabilice en su objetivo del 2% a medio plazo y aplicará "un enfoque dependiente de los datos, en el que las decisiones se adoptan en cada reunión, para determinar la orientación apropiada de la política monetaria". En particular, las decisiones del Consejo de Gobierno sobre los tipos de interés se basarán en su valoración de las perspectivas de inflación y de los riesgos a los que están sujetas, teniendo en cuenta los nuevos datos económicos y financieros, la dinámica de la inflación subyacente y la intensidad de la transmisión de la política monetaria. El Consejo de Gobierno no se compromete de antemano con ninguna senda concreta de tipos. 

Los tipos de interés aplicables a la facilidad de depósito, a las operaciones principales de financiación y a la facilidad marginal de crédito se mantendrán sin variación en el 2,00 %, el 2,15 % y el 2,40 %, respectivamente.

El tamaño de las carteras del APP y del PEPP está disminuyendo a un ritmo mesurado y predecible, dado que el Eurosistema ha dejado de reinvertir el principal de los valores que van venciendo. El Consejo de Gobierno está preparado para ajustar todos sus instrumentos en el marco de su mandato para asegurar que la inflación se estabilice en su objetivo del 2% a medio plazo y preservar el buen funcionamiento de la transmisión de la política monetaria. Además, el Instrumento para la Protección de la Transmisión está disponible para contrarrestar dinámicas de mercado no deseadas o desordenadas que constituyan una seria amenaza para la transmisión de la política monetaria en los países de la zona del euro, lo que permite al Consejo de Gobierno cumplir con mayor efectividad su mandato de estabilidad de precios.

Lagarde: cinco recetas para impulsar Europa

En su comparecencia, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, defiende que la inflación "está en un buen lugar", alejando por tanto la posibilidad de una bajada de tipos; admite que el Consejo de Gobierno trató la fortaleza del euro frente al dólar, pero recuerda que no existe un mandato de colocar a éste en una determinada posición, y deja muy claro que no renuncia ser una divisa con mayor peso en el mundo. Además, le gusta Kevin Warsh (a quien "conoce bien" porque coincidieron en Nueva York durante la Gran Crisis Financiera de 2007) como relevo de Powell en la Fed.

El principal mensaje de la presidenta del BCE no fue monetario, sino el anuncio de cinco medidas para impulsar Europa que llevará a la cumbre europea del 12 de febrero: frenar el crecimiento de la deuda pública; fomentar las inversiones estratégicas y las reformas estructurales; aprovechar al máximo las capacidades del mercado único, suprimiendo o reduciendo los aranceles internos; lograr una mayor integración de los mercados de capitales, la Unión del ahorro y la inversión y la Bancaria; y acelerar la puesta en funcionamiento del euro digital.

Ebury: no habrá cambios en los tipos este año

Lagarde reiteró que la política monetaria se encuentra en un "buen momento" y que los riesgos para las perspectivas de inflación y crecimiento siguen siendo "en términos generales equilibrados". Sus comentarios sobre la reciente apreciación del euro, que se ha revertido parcialmente desde la nominación de Warsh para la Fed, sugieren que aún no han sonado las alarmas en el BCE. Aun así, la fortaleza de la moneda es claramente un punto que merece una estrecha vigilancia.

"La reafirmación de Lagarde de que el BCE no tiene como objetivo un tipo de cambio específico no sorprende a nadie. Sin embargo, su observación de que una mayor apreciación del euro podría empujar la inflación por debajo de las expectativas actuales justifica las expectativas del mercado de que el próximo movimiento de política probablemente sea una reducción de tipos que una subida. Seguimos esperando que los tipos de política monetaria del BCE se mantengan sin cambios durante todo 2026", opinan los analistas de Ebury.

Creand: la divisa importa

Miguel Ángel Rico, director de inversiones de Creand Asset Management, pone el foco en la apreciación del euro: "La divisa importa". Cree que el BCE no se encuentra en disposición de cambiar el mensaje ni de indicar claramente cuándo se producirían nuevas bajadas, ni de señalar que se inclina hacia subidas. Los tipos se mantienen en el 2%. Además, su comunicado permanece prácticamente sin cambios respecto al de diciembre. El actual nivel de tipos permite al BCE situarse en una posición cómoda por si, en el futuro, hubiera que hacer frente a eventuales shocks económicos.

De hecho, Lagarde ha mencionado la presión que, potencialmente, podría provocar sobre la economía la actual incertidumbre comercial. Vuelve a reconocer que la inflación está totalmente controlada y que harán que se acerque al 2% que tienen como objetivo. De este modo, el mercado sigue estimando que durante todo el año 2026 no habrá cambios en los tipos de interés.

La apreciación del euro en el último año y su impacto desinflacionista sí podrían aumentar la probabilidad de bajadas de tipos del BCE, que actuarían como freno potencial a la apreciación del euro, pues mantener la estabilidad de la divisa sí les importa. "Lo más interesante de la rueda de prensa ha girado en torno a las preguntas sobre la divisa y, efectivamente, reconoce que lo están monitorizando", señala.

Fidelity: el BCE se puede ver obligado a actuar a lo largo de 2026

Salman Ahmed, responsable global de macro y asignación estratégica de activos en Fidelity International, insiste en que el BCE ha mantenido sin cambios los tipos de interés y la orientación futura, tal y como se esperaba, con pocos cambios respecto a su narrativa de que, desde su perspectiva, la situación actual es satisfactoria. En cuanto a las perspectivas económicas, el BCE se ha apoyado en los sólidos datos de crecimiento del cuarto trimestre para reafirmar su mensaje de resistencia del crecimiento, pero "vemos algunos riesgos de que la reciente lectura de enero, con una inflación por debajo de lo previsto, pueda mantenerse. Aunque es probable que los tipos se mantengan en el corto plazo, seguimos viendo riesgos claros de que esta inflación inferior a la prevista pueda resultar persistente, lo que podría impulsar al BCE a actuar a lo largo del año". 

La reciente caída de la inflación en servicios es coherente con la esperada desinflación salarial, mientras que la desviación comercial respecto a China también sigue siendo un factor relevante que "refuerza nuestra visión de riesgos a la baja para la inflación, junto con una mayor apreciación del euro". En el lado contrario, el BCE vigilará cualquier persistencia en las subidas de los precios de las materias primas. 

Además, "vemos riesgos en la transmisión de la política monetaria a través de un endurecimiento de las condiciones de financiación, ya que las recientes encuestas del BCE y los datos de tipos de interés bancarios apuntan a condiciones de financiación más estrictas para las empresas. Esto podría llevar al BCE a plantearse si es necesario actuar para evitar que el entorno financiero general se vuelva excesivamente restrictivo", apunta.

Swisscanto: tipos altos durante más tiempo

Vincent Lagger, Senior Portfolio Manager Multi-Asset en Zürcher Kantonalbank, gestora de los fondos Swisscanto, considera que el BCE ha reforzado "su compromiso con una política monetaria restrictiva que, por ahora, parece sostenible." Esta decisión subraya una prudente filosofía de “tipos altos durante más tiempo”, ya que el Consejo de Gobierno sigue siendo cauteloso ante las persistentes presiones sobre los precios. A pesar del decepcionante bajo crecimiento en la mayoría de las economías de la zona euro y del aumento de la incertidumbre (geopolítica y comercial), el foco principal del BCE continúa firmemente anclado en su mandato de inflación del 2%.

El mantenimiento de los tipos se apoya en la resiliencia de la inflación subyacente, especialmente en el sector servicios, mientras que la inflación general ha retrocedido. Los responsables de política monetaria temen que una relajación prematura pueda deshacer los avances logrados durante el último año y siguen considerando que la política actual se encuentra en una posición adecuada. Además, la persistencia de un fuerte crecimiento salarial exige un periodo de observación para garantizar que los factores inflacionarios internos estén plenamente contenidos.Al mantener el statu quo, el BCE está, en la práctica, ganando tiempo para evaluar el impacto del euro fuerte y de las tensiones comerciales sobre la economía real. El mensaje es claro: el camino hacia la normalización será gradual, basado en los datos y sin prisas.

Robeco: riesgo sesgado hacia tipos más bajos

Los expertos de Robeco, por su parte, subrayan que el BCE expresa confianza en la resiliencia de la economía, en un entorno internacional incierto, y menciona el “despliegue gradual del gasto público en defensa” como un factor que respalda el crecimiento. El comunicado no mencionó la fortaleza del euro, pese a comentarios recientes de algunos responsables del BCE. 

Lagarde señala que los riesgos para las perspectivas económicas están, en términos generales, equilibrados. Admite la fortaleza del euro como una fuerza desinflacionaria, pero subraya que este efecto ya se había incorporado en las previsiones del personal técnico de diciembre. Resta importancia a la reciente caída de la inflación y apunta a las proyecciones a medio plazo, afirmando que “no está cambiando nada en absoluto en el escenario base”. "En conjunto, la visión del BCE parece equilibrada, aunque Lagarde podría haber sonado más dovish (más acomodaticia) en las respuestas a algunas preguntas", señalan.

"Esperamos que el BCE se mantenga a la espera en las próximas reuniones. Más adelante, nuestro escenario base sigue siendo de tipos estables, pero con un riesgo sesgado hacia tipos más bajos en el actual entorno internacional incierto", concluyen.

Pictet: creciente malestar por un euro más fuerte

“El umbral para que cambie su postura monetaria sigue muy alto”, opina Frederik Ducrozet, director de análisis macroeconómico en Pictet WM. “Si la UE logra poner en marcha parte de la agenda, incluyendo la Unión del Mercados de Capitales, un euro fuerte puede ser el precio a pagar”, argumenta.

Que no quepa duda, el BCE sigue firmemente en pausa. Los tipos de interés se mantienen sin cambios, siendo la decisión unánime. Su presidenta Lagarde ha concluido que los riesgos para las perspectivas económicas son en general equilibrados, aunque la situación es algo menos cómoda. 

Pero, en la rueda de prensa, por lo demás aburrida, hay un par pequeños cambios que indican creciente malestar en el BCE respecto a un euro más fuerte: La declaración indica "un euro más fuerte que el último año" como riesgo para la actividad económica, además de los aranceles. El BCE señala que un euro más fuerte puede reducir la inflación "más allá de las expectativas actuales", en comparación con "más de lo esperado" en diciembre.

Lagarde ha dedicado mucho tiempo a las interacciones de apreciación de la moneda con la actividad económica y la inflación, así como las implicaciones financieras de un "euro global". Ha intentado restar importancia a los recientes movimientos de tipo de cambio, señalando que el euro se revaloriza desde marzo del año pasado, pero confirmó que se han discutido y que el BCE "vigila de cerca" los mercados de divisas. Normalmente el BCE responde que no apunta al tipo de cambio, pero el mensaje hoy es que una mayor apreciación de la moneda nos acercaría más al umbral de dolor.

En la medida en que la apreciación del euro es resultado de la diversificación de los inversores fuera de EEUU, de la depreciación dólar, como de mejores perspectivas para la Eurozon,  el BCE puede hacer poco al respecto. Es la típica situación en que es poco probable que una bajada de tipos de interés solucione el problema. Además, hay razones para estimar que la repercusión del tipo de cambio en actividad y la inflación han disminuido gradualmente a lo largo de la última década. 

En un discurso reciente, el gobernador Philip Lane asocia "una apreciación del 10% del euro a lo largo de varios años con una desinflación de hasta 0,6% tras aproximadamente un año y una inflación notablemente baja tres años" Con esa elasticidad, una apreciación del 5% del euro ponderado por comercio desde marzo pasado puede reducir la inflación en 0,3%. Así que una apreciación de aproximadamente 1% desde la reunión del BCE en diciembre solo añadiría un impacto des inflacionario de 0,05%.

Lagarde ha indicado que los responsables políticos de la eurozona deben centrarse más bien en futuras reformas estructurales para potenciar la integración económica y financiera. Si la UE logra poner en marcha al menos parte de la ambiciosa agenda, incluyendo la Unión del Mercados de Capitales, una moneda más fuerte puede ser el precio para pagar por el éxito, lo menos preocupante.

Mientras, los últimos datos de inflación de enero introducen cierto riesgo a la baja a corto plazo. La subyacente bajan al 2,2% frente a la previsión del BCE de 2,4% para el primer trimestre. "Con todo seguimos esperando que el BCE permanezca en pausa en 2026. El umbral para que el BCE cambie su postura monetaria sigue muy alto", insiste.

DWS ve el tipo en el 2% durante todo 2026

Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, cree que el mensaje de la reunión de del BCE volvió a ser claro: la política monetaria se encuentra en una posición adecuada y, por ello, el tipo de facilidad de depósito se ha mantenido sin cambios en el 2,0 %. En un contexto de desafíos globales, los riesgos para las perspectivas económicas se consideran, en términos generales, equilibrados. También crece la confianza en que el objetivo de inflación del 2% seguirá cumpliéndose a medio plazo, ya que los datos publicados en las últimas semanas confirman cada vez más el escenario base actual del BCE. No deben sobreinterpretarse datos aislados —como la inflación de enero, que descendió hasta el 1,7 %—.

Aunque el tipo de cambio fue objeto de debate en la reunión, la mayor parte de la apreciación se produjo el año pasado y, por tanto, ya está reflejada en las proyecciones de crecimiento e inflación. En este contexto, da la impresión de que el escenario base tendría que cambiar de forma sustancial para que el BCE ajustara su orientación de política monetaria. "Por ello, esperamos que el tipo de la facilidad de depósito se mantenga en el 2% durante 2026", apunta.

Uno de los mensajes clave de la presidenta del BCE, Christine Lagarde, fue la llamada a impulsar el tan necesario fortalecimiento de la zona euro y de su economía. Se esperan propuestas relevantes en los próximos días. Más allá de fomentar un mayor crecimiento y mejoras de la productividad en Europa, el debate también incluye el gasto conjunto en defensa y la emisión de eurobonos, un aspecto que, en particular, será seguido muy de cerca por los mercados de capitales.
 

04Feb

En la reunión de mañana del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo nadie espera cambios, más allá del enfoque "reunión a reunión, dependiente de los datos”.

Miguel Ángel Valero

Cristina Gavín Moreno, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión, descarta sorpresas en lo que a movimientos de tipos se refiere en la primera reunión del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) de este año: "El mercado, y nosotros coincidimos, da por hecho que la facilidad de deposito seguirá en el 2%, y que no veremos cambios en todo el 2026".

Tampoco se esperan novedades en cuanto al enfoque que plantee su presidenta, Christine Lagarde, y que seguirá siendo 'data dependent'. En materia de crecimiento la Eurozona sigue avanzando, y el apoyo fiscal aleman deberia favorecer esa tendencia, pero los fundamentales todavia son frágiles. Por el lado de los precios, es cierto que la inflacion general se mantienen por debajo del 2%,  pero la subyacente se sitúa por encima y los salarios siguen siendo elevados, lo que da argumentos al BCE para ser prudente.

La fortaleza del euro con respecto al dólar que estamos viendo en las últimas semanas está empezando a generar ruido sobre el efecto que puede tener sobre los precios, "pero es pronto todavía para llevar al Banco Central a tomar medidas en ese sentido. No obstante, es cierto, que si la tendencia continúa podría afectar a la política monetaria de cara a la segunda parte del año, no sería descartable que sea un tema que surja en la reunión de este jueves".

Con estos mimbres, la opción de “esperar y ver” que está llevando a cabo el BCE parece ser la más lógica en un entorno donde las incertidumbres geopolíticas están lejos de desaparecer y pueden seguir condicionando el sentimiento de mercado.

Ebury: la fortaleza del euro siembra dudas

"El repunte del euro puede haber sobresaltado a algunos miembros del BCE. Es poco probable que el BCE modifique su política monetaria en el corto plazo, pero la fortaleza del euro ha sembrado dudas sobre la dirección del próximo movimiento de tipos", aporta un análisis de Ebury.

Las últimas noticias económicas de la zona euro han confirmado, en términos generales, que la economía tiene un pulso palpable y que está creciendo en línea con su potencial o cerca de él. Los PMI han bajado desde sus máximos recientes, situándose en 51,5 a finales de año. Mientras tanto, el crecimiento sorprendió al alza en el cuarto trimestre(+0,3 % intertrimestral), con Alemania, España e Italia emitiendo señales alentadoras. Existe la esperanza de que el estímulo fiscal alemán dé un nuevo impulso a la mayor economía de la zona euro, pero es probable que las tensiones comerciales globales y algunos problemas estructurales lastren la actividad.

El panorama inflacionario apunta a unas presiones sobre los precios, en gran medida, contenidas. De hecho, el riesgo de que la inflación se sitúe por debajo del objetivo parece haber aumentado tras la rápida apreciación del euro. El efecto de transmisión de dicha apreciación no es tan elevado como en otras economías de peso, como es el caso de Suiza, pero un euro más fuerte podría reducir los precios de las importaciones de forma considerable. Además, también afectaría negativamente a la competitividad de las exportaciones europeas, que son sumamente importantes para la Unión. 

En este contexto, los mercados, que hace tan solo unas semanas se inclinaban por una subida de tipos, ahora estiman que existe una probabilidad del 25% de que se produzca un recorte antes de finales de año.

Algunos miembros del BCE han abordado el tema del tipo de cambio, lo que sugiere que una facción del Consejo de Gobierno está siguiendo de cerca su evolución. La semana pasada, el gobernador del Banco Central de Francia, François Villeroy de Galhau, declaró que el tipo de cambio será uno de los factores que orientarán la política monetaria del BCE. El gobernador del Banco Central de Austria, Martin Kocher, afirmó que, si el euro se sigue apreciando, en algún momento podría ser necesario adoptar medidas en el ámbito de la política monetaria. Estos comentarios se suman a los realizados el año pasado por el vicepresidente de Luis de Guindos, quien señaló que la cota de 1,2 podría ser el límite de tolerancia del banco. 

Aunque es probable que se muestre reservada, las reflexiones de la presidenta Lagarde sobre la apreciación del euro serán uno de los aspectos clave a seguir en la reunión del jueves. "No esperamos declaraciones contundentes, pero sí que será muy relevante la medida en la que se reconozca la importancia de la cuestión. Por lo demás, creemos que las comunicaciones serán muy parecidas a las de diciembre. Seguramente, la presidenta Lagarde resaltará que la política monetaria está en un 'buen lugar'. La principal diferencia con respecto a la anterior reunión es que no habrá nuevas proyecciones económicas, ya que se publicarán el mes que viene. Por lo tanto, nada nuevo bajo el sol", concluyen en Ebury.

Pictet: una apreciación del euro del 10% puede reducir la inflación un 0,6%

Por su parte, la economista para Europa en Pictet WM, Nadia Gharb, también se centra en la apreciación del euro. Los datos macroeconómicos han estado en general en línea con las previsiones del BCE de diciembre, sin cambios significativos. Es probable que su presidenta Lagarde reitere que la política monetaria actual es adecuada.  Tampoco espera cambios en la reunión, con el tipo de interés de depósitos bancarios en el 2% y enfoque "reunión a reunión, dependiente de los datos”. De hecho, a lo largo de 2026 el BCE puede mantener la tasa de depósitos bancarios en el 2% actual con la inflación en 1,8 %.

La cuestión más relevante es el posible obstáculo para la política monetaria de la apreciación del euro frente al dólar. Puede llegar a reforzar el argumento de mayor flexibilización monetaria. De momento, desde la reunión de diciembre el euro se ha apreciado alrededor del 1% frente al dólar. Martin Kocher, gobernador del banco central austríaco, ha señalado que una apreciación persistente y significativa puede tener implicaciones para las perspectivas de inflación y justificar una respuesta de política monetaria.  Lagarde puede reiterar que el BCE no se fija en un tipo de cambio del euro aunque lo tenga en cuenta al evaluar las perspectivas de inflación e implicaciones de política monetaria.

Las estimaciones basadas en modelos del propio BCE sugieren que una apreciación de 10% nominal del euro puede reducir la inflación en torno a 0,6% en aproximadamente un año. Si el sigue fortaleciéndose para la reunión del 19 de marzo, cuando el BCE presente proyecciones macroeconómicas actualizadas, puede provocar revisiones a la baja de las perspectivas de inflación, que en diciembre estaban en 1,9 % para 2026 y 1,8 % para 2027, en ambos casos ya por debajo del objetivo de 2 %

"Nuestra previsión de crecimiento de PIB en la Eurozona en 2026 es 1,3%. A ello debe contribuir el masivo plan fiscal alemán centrado en infraestructura y defensa, que debe compensar la consolidación en Italia, España y Francia -en este último puede ser menor por su incertidumbre política-", vaticina.

Efectivamente, Alemania puede impulsar el crecimiento de su PIB a cerca de 1 % tras dos años de contracción y uno de crecimiento débil. Además, con la presión de EEUU hay voluntad de avanzar en el mercado único en la UE. Hay que tener en cuenta que las barreras entre economías tienen impacto mucho más negativo que el aumento de aranceles de EE. UU. Por eso la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y el exprimer ministro italiano Enrico Letta han fijado 2028 como fecha clave para el mercado único, sobre todo en energía, finanzas y telecomunicaciones.

En España el crecimiento en 2026 puede ser 2,2 %, por encima de la media de 1,3 % de la euro zona, con algo más de inflación, 2% y menos déficit fiscal, 2,3 %. Se debe al turismo, dinámica del mercado laboral, sector inmobiliario y menor exposición a aranceles. Además, España está en transformación estructural, con servicios de más valor añadido, como actividades financieras, seguros, y comunicación.

Columbia Threadneedle: el euro sube por las dudas sobre la Fed

Gary Smith, Head de EMEA Client Portfolio Manager Fixed Income en Columbia Threadneedle Investments, también espera que el BCE mantenga los tipos de interés sin cambios, por quinta reunión consecutiva, a pesar de que el euro ha alcanzado recientemente los 1,2$, su nivel más alto en cuatro años y medio. La apreciación de la moneda única podría reabrir el debate sobre un posible recorte del tipo de depósito, actualmente situado en el 2%, aunque ese movimiento no se contemplaría hasta más adelante en el año. "No obstante, conviene subrayar que la fortaleza del euro se debe en gran medida a un debilitamiento generalizado del dólar estadounidense, motivado por cuestiones como la preocupación sobre la futura independencia de la Reserva Federal. Cabe señalar que, aunque un euro más fuerte supone un desafío para las industrias exportadoras, también impulsa el poder adquisitivo de los hogares", señala.

DWS: la fortaleza del euro no cambia la narrativa de la política monetaria

Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, discrepa de sus colegas y defiende que la fortaleza del euro no cambia la narrativa de la política monetaria: "No es probable que cambie su comunicación en materia de política monetaria, especialmente porque, en el actual entorno de incertidumbre política, la dependencia de los datos sigue siendo el principio rector clave". 

Entre los temas probables de la reunión se incluyen la incertidumbre en la política comercial, la renovada apreciación del euro y la esperada caída de la inflación de enero por debajo del umbral del 2%. El euro se apreció un 7,6% el año pasado en términos ponderados por comercio, y esto ya ha sido incorporado en las proyecciones de crecimiento e inflación del BCE. En consecuencia, pese a la fortaleza reciente del euro, no existe necesidad de que el BCE ajuste su orientación de política monetaria. 

Los indicadores de sentimiento, como el índice de gestores de compras (PMI), se mantienen por encima de 50, y los mercados laborales siguen estables. Se espera que los recortes de tasas del BCE den un nuevo impulso al sector de la construcción este año. Además, Alemania está incrementando de forma significativa la inversión pública. Por lo tanto, el entorno económico tendría que cambiar de manera sustancial para que el BCE abandone su evaluación de que “estamos en una buena posición”.

La inflación de la zona euro cayó al 1,7% en enero de 2026, su nivel más bajo desde septiembre de 2024. Además, la inflación subyacente también bajó ligeramente hasta el 2,2%, lo que ofrece nuevas pruebas de que las presiones sobre los precios están disminuyendo. Es probable que estas cifras confirmen la opinión del BCE en la reunión de mañana de que la política monetaria se encuentra en una buena situación.
La caída de la inflación general se debió en gran medida al fuerte descenso de los precios de la energía, que bajaron un 4,1%. Por el contrario, la inflación de los alimentos se mantuvo estable, con un aumento de los precios del 2,7%. Los alimentos no procesados registraron el mayor aumento, con un incremento del 4,4%. Esto supone el tercer aumento mensual consecutivo y probablemente refuerce una queja habitual de los consumidores: que los productos básicos cotidianos siguen encareciéndose incluso cuando la inflación general se modera.

También hubo noticias positivas en el sector servicios, donde la inflación se moderó hasta el 3,2%, la primera desaceleración en cuatro meses. Por su parte, los precios de los bienes de consumo registraron un ligero aumento del 0,4%. En los próximos meses, es probable que la apreciación del euro y los descuentos en los precios de las importaciones chinas contribuyan a la tendencia desinflacionista de los precios de los bienes.

En general, las cifras de hoy confirman la política monetaria del BCE. Parece que el típico efecto enero —el aumento de los precios al comienzo del año— ha sido más débil que en los últimos años. En los próximos meses, es probable que la inflación de los servicios se modere aún más a medida que se enfríe el crecimiento de los salarios. Aunque la inflación puede caer temporalmente por debajo del objetivo del 2,0 %, la economía sigue siendo resistente, como muestran los datos del PIB del cuarto trimestre de 2025. "En este contexto, esperamos que los tipos de interés oficiales se mantengan sin cambios este año", concluye la experta de DWS.
 

01Feb

Japón tiene cerca de cinco billones$ invertidos en activos extranjeros. Pero el creciente atractivo de la deuda pública de ese país hará que buena parte de ese dinero vuelva a casa.

Miguel Ángel Valero

La venta masiva de bonos japoneses a muy largo plazo ha sido tan espectacular que ha reavivado una vieja pregunta: ¿podría la deuda de Japón llegar a ser insostenible? Desde que la primera ministra, Sanae Takaichi, asumió el cargo en octubre de 2025, los inversores han tenido que descontar una política fiscal más expansiva. La revalorización se aceleró cuando convocó elecciones anticipadas para el 8 de febrero de 2026, junto con las conversaciones sobre nuevas medidas de desgravación fiscal, lo que provocó la última crisis de los rendimientos.

El rendimiento de los bonos del Estado japonés (JGB) a 40 años subió por encima del 4% y el de los bonos a 30 años aumentó aproximadamente un cuarto de punto en una sola sesión, un ritmo que habría sido casi impensable durante la era del control de la curva de rendimientos. La deuda pública de Japón sigue rondando el 230% del producto interior bruto (PIB), por lo que, según los expertos de DWS, es comprensible que los mercados reaccionen con nerviosismo cuando la prima de plazo pasa a ser el centro de atención, al menos temporalmente.

El gráfico aportado por DWS ayuda a traducir ese drama del mercado en cálculos aritméticos sobre la deuda. El eje izquierdo muestra los rendimientos de los bonos del Estado japonés a 10, 30 y 40 años, reflejando cómo los plazos largos se han revalorizado considerablemente y se han vuelto más volátiles. Sin embargo, el puente crucial hacia la sostenibilidad de la deuda se muestra en el eje derecho: los pagos netos de intereses del Gobierno como porcentaje del PIB, donde el área sombreada en azul marca el período de previsión hasta finales de 2027 por parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). 

Incluso con unos rendimientos que han subido considerablemente, el gráfico implica que la carga de los intereses solo aumenta de forma gradual y con un desfase. El coste de financiación soberana de Japón es una cuestión de stock, no de spot: la factura media de intereses se ajusta con un gran retraso a medida que se renueva el stock de deuda existente con cupones bajos, por lo que los gastos por intereses siguen mostrando inercia.

En este punto es donde el debate sobre la sostenibilidad de la deuda debería perder su dramatismo: la deuda acumulada de un país se considera sostenible, siempre que el crecimiento nominal se mantenga por encima del tipo de interés efectivo de la deuda pendiente (suponiendo que el presupuesto primario siga equilibrado). Esa lógica también es coherente con las evaluaciones externas: la agencia de calificación Fitch señala que la reflación puede respaldar la dinámica de la deuda a corto plazo, ya que el tipo de interés efectivo solo aumenta gradualmente y se ha mantenido por debajo de la inflación, incluso cuando los rendimientos se normalizan.

“La dinámica de la deuda de Japón ha sido bastante buena en los últimos años. Debido al retorno de la inflación y, por lo tanto, al mayor crecimiento nominal, la ratio deuda/PIB ya ha entrado en una senda descendente. Dadas nuestras perspectivas positivas tanto para el crecimiento real como para la inflación, la situación fiscal de Japón también parece estable”, señala Lucas Brauner, economista especializado en Japón de DWS.

Brauner añade además que el caso de riesgo es la imagen reflejada: "Si la inflación cayera de forma decisiva mientras los tipos de interés se mantuvieran elevados, el crecimiento nominal podría dejar de superar los tipos de interés efectivos, lo que en última instancia conduciría a una ratio deuda/PIB más alta y potencialmente insostenible". La incertidumbre en torno al alcance de la expansión fiscal es otro factor de riesgo. El mercado de bonos japonés puede seguir siendo volátil durante un tiempo, pero la sostenibilidad sigue dependiendo del crecimiento y la inflación, y no solo de los rendimientos de los bonos del Estado japonés a largo y ultralargo plazo.

The Trader

Japón se ha convertido en el principal foco de tensión de los mercados financieros globales. El yen vuelve a estar bajo presión y, esta vez, el aviso desde Tokio es explícito. Cuando el Gobierno japonés habla de movimientos “anormales y especulativos” en el mercado de divisas y la Reserva Federal de Nueva York contacta directamente con las mesas de trading para interesarse por el tipo de cambio, el mensaje es claro: el problema ya no es técnico, es político y sistémico.

El yen llegó a deslizarse hacia la zona de 160 por dólar, un nivel que Japón ya ha señalado en el pasado como línea roja. El posterior rebote fue uno de los más violentos desde agosto y el mercado lo interpretó como una advertencia directa de posible intervención, incluso coordinada con Estados Unidos. Cuando Washington entra en escena, ya no hablamos solo de la moneda japonesa, sino de estabilidad financiera global.

Pero el verdadero núcleo del problema no está en el yen. Está en la deuda. Los llamados JGB no son otra cosa que los bonos del Estado japonés, es decir, la deuda pública de Japón. Durante décadas fueron el mercado más estable del mundo. Pagaban tipos cercanos a cero, apenas se movían y servían como ancla de tranquilidad en los momentos de turbulencias globales. Esa estabilidad no era casual. Se sostenía sobre un pilar clave: el propio Banco de Japón.

Durante años, el banco central fue el gran comprador de deuda japonesa. El Gobierno emitía bonos, y más del 50% de toda la emisión la compraba el propio Banco de Japón. Gracias a eso, Japón pudo acumular una deuda gigantesca sin que subieran los tipos de interés. De hecho, durante mucho tiempo los inversores privados japoneses no eran los principales financiadores del Estado. No hacía falta. El mercado estaba, en la práctica, anestesiado.

Eso explica algo que a primera vista parece contradictorio. Cuando la deuda japonesa no pagaba casi nada, los inversores japoneses financiaban al resto del mundo. Bancos, aseguradoras y fondos de pensiones preferían comprar deuda de Estados Unidos o Europa, donde sí había rentabilidad. El yen era estable, cubrir el riesgo de divisa era barato y en casa el banco central garantizaba que todo permanecía bajo control. Ese equilibrio se ha roto.

La inflación ha regresado a Japón y se ha consolidado. La inflación subyacente cerró 2025 en el 3,1%, cuarto año consecutivo por encima del objetivo del 2%. Al mismo tiempo, el Banco de Japón ha puesto fin a los tipos negativos y ha comenzado a retirarse, lentamente, del mercado de deuda. Ya no compra bonos como antes. Y justo cuando ese comprador desaparece, el nuevo Gobierno ha apostado por más gasto público y estímulos fiscales de cara a las elecciones anticipadas de febrero.

El resultado es un mercado que pasa de no moverse nunca a moverse de forma brusca. Las rentabilidades de los bonos japoneses se han disparado, especialmente en los tramos largos. El bono a 40 años ha superado el 4%, algo impensable hace apenas dos años. Movimientos que antes tardaban meses ahora se producen en una sola sesión.

¿Quién está comprando ahora esos bonos? Aquí aparece el segundo gran cambio. Los primeros en entrar han sido los inversores extranjeros. No porque posean la mayor parte de la deuda, sino porque son quienes más operan en el mercado. Hoy representan alrededor del 65% del volumen mensual negociado. Son inversores rápidos, tácticos, que entran y salen con facilidad y que amplifican los movimientos cuando hay incertidumbre.

Y aquí surge la pregunta clave: ¿por qué los inversores japoneses no están comprando en masa ahora que la deuda sí paga una rentabilidad atractiva? La respuesta es menos intuitiva de lo que parece. No es que no quieran. Es que no pueden hacerlo de golpe. Bancos, aseguradoras y fondos de pensiones japoneses son inversores estructurales. Necesitan estabilidad, no volatilidad. Durante décadas delegaron la función de estabilizar el mercado en el Banco de Japón. Ahora el banco central se retira, pero los inversores domésticos no han ocupado aún ese vacío. Esperan a que el mercado se calme y los tipos encuentren un equilibrio más claro.

Mientras tanto, los extranjeros se adelantan. Eso explica la volatilidad actual. No es falta de interés local, es un desfase temporal entre la retirada del banco central y la vuelta progresiva del comprador doméstico.

El problema es que ese proceso tiene consecuencias globales. Japón tiene cerca de cinco billones$ invertidos en activos extranjeros. Durante décadas fue uno de los grandes financiadores silenciosos del mundo. Si una parte de ese capital empieza a regresar porque la deuda japonesa vuelve a ser atractiva, no hace falta un movimiento masivo para generar tensiones. Basta con que una fracción vuelva para presionar al alza las rentabilidades en Estados Unidos y Europa.

Además, el yen ha sido durante años uno de los pilares del “carry trade” global: pedir prestado en yenes baratos para invertir en activos más rentables fuera. Y no hablamos de cantidades menores, porque la última estimación cifra ese “carry trade” en 450.000 millones$. Si los tipos japoneses siguen subiendo, ese mecanismo empieza a romperse y obliga a deshacer posiciones en todo el mundo.

Aquí está el dilema imposible para Japón. Subir tipos ayuda a estabilizar el yen, pero encarece el servicio de una deuda pública que ronda el 230% del PIB. Intervenir en el mercado de divisas, como ya ocurrió en 2024, con cerca de 100.000 millones de dólares, solo compra tiempo. No soluciona el problema estructural si el gasto público sigue creciendo y el banco central se ve obligado a apagar fuegos constantemente.

"Lo que estamos viendo en Japón no es un episodio aislado de volatilidad ni un simple ajuste en el yen. Es el inicio de un cambio profundo en uno de los grandes pilares del sistema financiero global. El mundo se acostumbró a que Japón financiara el exceso de deuda ajeno gracias a tipos cero y a un banco central omnipresente. Ese modelo se está agotando. Si Japón empieza, aunque sea de forma gradual, a priorizar su propio mercado y a repatriar capitales, el impacto se sentirá en las curvas de tipos, en el dólar y en el coste de financiación global. El riesgo no es lo que Japón haga hoy. El riesgo es que el mundo siga actuando como si Japón pudiera seguir sosteniendo indefinidamente un sistema que ya ha empezado a resquebrajarse", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

31Jan

En un mundo donde el comercio se utiliza cada vez más como instrumento de poder, apostar por acuerdos a largo plazo con India o con Mercosur no es solo una decisión económica. Es una declaración de intenciones sobre el lugar que Europa quiere ocupar en el nuevo orden global. Lo que también beneficia a sus bonos.

Miguel Ángel Valero

El intento de anexión de Groenlandia, que pertenece a Dinamarca, ha sido el punto de no retorno para las complejas relaciones entre la Unión Europea y Donald Trump, especialmente desde el pomposo Día de la Liberación Arancelaria de principios de abril de 2025. A una inicial política de apaciguamiento y de no enfrentamiento, que llevó a un acuerdo comercial que suponía pagar muchos más aranceles que antes, le sucede ahora una estrategia de diversificación y de reducción de la dependencia respecto a EEUU y también a China, que se ha concretado en acuerdos con India y con Mercosur. También cuentan aquí los estrechamientos de relaciones con Canadá (hasta el punto de que ya no parece una utopía plantear su incorporación a la Unión Europea) y con Reino Unido, especialmente en seguridad. Y los acercamientos a China, todavía sin grandes resultados.

En un mundo cada vez más fragmentado, la Unión Europea ha cerrado uno de los acuerdos comerciales más relevantes de su historia reciente. La UE y la India han alcanzado un pacto de libre comercio de dimensiones históricas que conectará a casi 2.000 millones de personas y concentrará cerca de una cuarta parte del PIB mundial. No es un tratado más. Es una decisión estratégica marcada por la geopolítica, la urgencia y, en buena medida, por Trump.

Durante años, las negociaciones entre la UE y la India avanzaron lentamente, bloqueadas por aranceles, estándares regulatorios y, sobre todo, por la movilidad laboral. Pero la vuelta de Trump a la Casa Blanca cambió el ritmo. Sus amenazas arancelarias, el uso del comercio como arma política y la sensación de ruptura del viejo equilibrio atlántico actuaron como catalizador. Bruselas entendió que debía acelerar la diversificación de sus alianzas, y Nueva Delhi llegó a la misma conclusión tras constatar que, pese a la aparente cercanía entre Trump y Narendra Modi, EEUU no estaba dispuesto a ofrecer un acuerdo comercial estable ni respetuoso.

Ese doble desencanto explica la velocidad final del pacto. En apenas un año, y tras casi dos décadas de negociaciones intermitentes, la UE decidió cerrar lo que desde la propia Comisión se ha bautizado sin complejos como “la madre de todos los acuerdos comerciales”. El simbolismo fue claro: el viaje conjunto del presidente del Consejo Europeo, António Costa, y de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, a Nueva Delhi, como invitados de honor al Día de la República india, escenificó que Europa ve a la India como un socio estratégico de largo plazo, no como un simple mercado de oportunidad.

Para Europa, el contexto no podría ser más delicado. La relación con EEUU atraviesa uno de sus momentos más tensos, la dependencia de China se percibe cada vez más como un riesgo estratégico, y las cadenas de suministro siguen expuestas a shocks geopolíticos. En ese escenario, la India aparece como la gran alternativa: una economía que crece por encima del 6% anual, que ya ha superado al Reino Unido como quinta potencia mundial y que todo apunta a que será la tercera antes de que termine la década.

El acuerdo permitirá reducir hasta 4.000 millones€ anuales en aranceles para los exportadores europeos, con recortes muy significativos en sectores como el vino, el aceite de oliva, la automoción, la maquinaria industrial o los productos químicos. Para una industria europea castigada por la pérdida de competitividad y por un entorno global cada vez más hostil, el acceso preferente a un mercado de 1.400 millones de personas no es menor. Al mismo tiempo, la India se consolida como alternativa real a China como plataforma manufacturera y tecnológica, atrayendo inversión extranjera y creando empleo industrial para una población joven que sigue creciendo.

Desde el punto de vista geopolítico, el pacto refuerza el papel de la India como potencia bisagra. Nueva Delhi mantiene relaciones con Rusia, China, EEUU y Europa sin alinearse plenamente con ninguno, y esa autonomía estratégica es precisamente lo que la hace atractiva para Bruselas. Para la UE, el acuerdo es una forma de ganar margen de maniobra en un mundo donde las reglas del comercio global se están reescribiendo a golpe de arancel y presión política.

El contraste con Mercosur es inevitable. Mientras el acuerdo con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay sigue atrapado en resistencias internas, vetos cruzados y bloqueos políticos tras más de 25 años de negociaciones, el pacto con la India avanza con menos oposición interna y con una lógica más claramente geoestratégica. Mercosur se ha convertido en el símbolo de la lentitud y las contradicciones europeas; la India, en cambio, representa una apuesta pragmática por diversificar riesgos, aunque eso implique asumir concesiones incómodas, como una mayor apertura a trabajadores cualificados indios en un continente envejecido y con escasez estructural de talento.

Este acuerdo entre la Unión Europea y la India dice mucho más de Europa que de la propia India. Revela hasta qué punto Bruselas ha entendido, quizá tarde pero con claridad, que su futuro económico y político pasa por diversificar alianzas y reducir dependencias peligrosas. También refleja un cambio de mentalidad: frente a la parálisis de Mercosur y al deterioro del vínculo con EEUU, Europa ha optado por moverse. En un mundo donde el comercio se utiliza cada vez más como instrumento de poder, apostar por un acuerdo amplio, complejo y a largo plazo con la India no es solo una decisión económica. Es una declaración de intenciones sobre el lugar que Europa quiere ocupar en el nuevo orden global.

Mercosur, la historia interminable

Mientras tanto, el acuerdo de la UE y Mercosur es la historia interminable. Después de firmarse tras más de 25 años de negociaciones, el Parlamento Europeo ha solicitado al Tribunal de Justicia de la UE (TUE) opinión sobre su legalidad, un proceso que podría prolongarse hasta dos años. No se avanzará en la ratificación hasta que el TUE emita su opinión. En el peor escenario, si detectara incompatibilidades con los tratados de la UE, sería necesario renegociarlo.

Las condiciones actuales contemplan la eliminación gradual durante 10 años de los aranceles a los bienes industriales, lo que beneficiaría principalmente a los exportadores de automóviles europeos, actualmente gravados con un 35%. En cuanto a los productos agrícolas, se eliminarían los tributos al 93% de este tipo de exportaciones europeas y se liberalizaría el 82% de estas importaciones procedentes de Mercosur. El acuerdo también establece cuotas para productos sensibles como la carne vacuna, el pollo o el azúcar, además de una cláusula de salvaguardia. La Comisión monitorizaría estos productos y, en caso de alterar sus precios en un 5%, lanzaría una investigación. Si determinase que hay perjuicio a los ganaderos europeos, podría revertir la eliminación de los aranceles.

A pesar del debate político y del potencial impacto en algunos sectores específicos, la relevancia del acuerdo para la UE es relativamente limitada: el comercio con Mercosur representa únicamente el 2,2% del total extracomunitario.

En cualquier caso, la aprobación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur llega en un momento de toma de conciencia estratégica. Europa empieza a asumir algo que durante décadas evitó afrontar: ya no puede depender de EEUU ni para su seguridad, ni como socio comercial central, ni como garante último del orden internacional.

La guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania dejó al descubierto la fragilidad del paraguas defensivo europeo. Y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca ha terminado de romper cualquier ilusión residual. EEUU ya no actúa como aliado previsible, sino como una potencia que prioriza su interés inmediato, utiliza los aranceles como arma política y no distingue entre competidores, socios o aliados. En ese contexto, Europa entiende que diversificar riesgos no es una opción ideológica, sino una necesidad estratégica.

Durante años, la UE miró hacia otro lado cuando se trataba de América Latina. Ese vacío lo ocupó China con una estrategia paciente y coherente: inversiones masivas en infraestructuras críticas (puertos, ferrocarriles, carreteras y energía) a cambio de acceso preferente a materias primas y mercados. Una relación útil para muchos países latinoamericanos, pero profundamente asimétrica. Mucho comercio, sí, pero poca industrialización local y escasa transferencia de valor añadido.

China no solo ha hecho eso en América Latina. Ha replicado el modelo en África y en buena parte de Asia, construyendo una red de dependencias económicas que le permite reducir su exposición a Estados Unidos, asegurar suministros estratégicos y ampliar su influencia política. Mientras Washington amenaza y sanciona, Pekín ofrece financiación, obra pública y acceso a su mercado. No impone reglas democráticas, pero sí genera dependencia estructural.

Frente a ese tablero, el acuerdo entre la UE y Mercosur representa una apuesta distinta. Europa no ofrece coerción ni cheques a cambio de lealtad, sino integración bajo reglas compartidas. Un espacio de libre comercio que, si se ratifica plenamente, será el mayor del mundo y que se regirá por estándares comunes en materia laboral, medioambiental y regulatoria. Para América Latina, abre la puerta a atraer inversión productiva y avanzar en industria y empleo de mayor calidad. Para Europa, supone acceso a mercados clave, diversificación comercial y un ahorro inmediato de miles de millones en aranceles.

El coste interno es real y no menor. Sectores como la agricultura y la ganadería europeas, especialmente en países como Francia o España, perciben el acuerdo como una amenaza directa. Pero aquí aparece una diferencia clave frente a otros modelos de poder: la Unión Europea asume el conflicto dentro de su propio sistema político, lo debate y trata de compensarlo con salvaguardias y fondos comunitarios. Eso no elimina la realidad de fondo: habrá ganadores y perdedores. Muchos profesionales del sector verán cómo su modelo de negocio deja de ser viable, explotaciones familiares quedarán por el camino y proyectos de vida construidos durante décadas se verán truncados. Como en toda gran negociación, se cometerán injusticias y no todos los costes se repartirán de forma equitativa. La diferencia es que Europa, al menos, reconoce ese daño, lo discute abiertamente y trata de amortiguarlo, aunque no siempre lo consiga.

Mercosur no es un acuerdo perfecto. Tiene riesgos, genera fricciones y exige sacrificios. Pero encaja en una lectura más amplia del mundo que viene. EEUU se vuelve imprevisible y utiliza el comercio como arma. China expande su influencia comprando dependencia. Europa, con todas sus limitaciones, intenta construir alianzas estables basadas en normas, no en la fuerza.

En ese contexto, Mercosur no es solo un tratado comercial. Es la constatación de que Europa ha entendido que el mundo ha cambiado y que su supervivencia geopolítica pasa por dejar de depender de un único socio y empezar a tejer su propia red de alianzas. Más lenta, más incómoda y menos espectacular, pero probablemente más sostenible.

El acuerdo con Mercosur refleja mejor que ninguna otra iniciativa la encrucijada en la que se encuentra Europa. Puede optar por replegarse, proteger a corto plazo a sectores concretos y aceptar un papel cada vez más irrelevante en el nuevo orden global, o asumir costes internos para defender una visión de largo plazo basada en diversificación comercial, reglas compartidas y autonomía estratégica. No es un camino cómodo ni popular, pero sí el único coherente con la realidad del mundo que viene. 

"En un entorno donde unos imponen por la fuerza y otros compran lealtades con cheques, Europa empieza a asumir que integrarse, tejer alianzas y reducir dependencias no es una elección ideológica, sino una condición para seguir jugando la partida", subraya el analista Pablo Gil en The Trader. 

DWS: los bonos europeos ganan atractivo

Dentro de este contexto, un análisis de DWS muestra que, cada vez más, la reducción de los diferenciales de la Eurozona dice menos sobre las virtudes europeas y más sobre las inquietudes en muchos de los otros mercados de bonos del mundo

En los primeros días del euro, la reducción de los rendimientos de los bonos del Estado se consideraba una prueba de que la moneda única estaba surtiendo efecto. En 2007, Italia, España y Francia podían obtener préstamos a tipos de interés muy similares a los de Alemania. Luego llegó la crisis de la zona euro y, con ella, el doloroso recordatorio de que la convergencia de los tipos de interés nominales no siempre es sinónimo de estabilidad futura.

Como muestra el gráfico de DWS, los rendimientos de los bonos italianos, españoles e incluso franceses han vuelto a situarse en los niveles previos a la crisis, en términos de sus diferenciales relativos con respecto a los bonos alemanes. Esto refleja años de dolorosas reformas internas, junto con los esfuerzos europeos por mantener intacta la transmisión monetaria y evitar la fragmentación. La declaración de Mario Draghi en 2012 de “haremos todo lo que sea necesario” sigue proyectando una larga sombra. Irlanda y Grecia, que en su día fueron sinónimo de disfunción a los ojos de los inversores en bonos del Estado, tienden hoy en día a cotizar a niveles comparables a los de Austria y Bélgica.

Pero esta última oleada de convergencia se debe tanto a la turbulencia en otros lugares como a la calma política en el Banco Central Europeo (BCE). La crisis soberana más espectacular de los últimos años, tras un minipresupuesto para 2022 que fue mal acogido, se produjo en Londres, no en Lisboa. EEUU y Japón luchan ahora con sus propios demonios fiscales, lo que hace que el drama político europeo se vea bajo una luz más indulgente.

La saga presupuestaria de Francia es un buen ejemplo de ello. La parálisis política, un Gobierno que impone medidas y la perspectiva de múltiples votos de censura podrían haber provocado un aumento vertiginoso de los diferenciales. Esta vez, los mercados apenas se inmutaron, y no solo porque parece probable que el Gobierno sobreviva y evite unas elecciones anticipadas. Fundamentalmente, ¿por qué entrar en pánico por las tácticas de procedimiento en la Asamblea Nacional cuando el rendimiento a 30 años de Japón está fluctuando y Washington está jugando con la idea de comprar Groenlandia?

Las mejoras estructurales también han contribuido. Italia y España son los mayores beneficiarios de los fondos de recuperación pospandémicos de la UE, lo que ayuda a estabilizar la deuda pública en los niveles actuales. Últimamente, ambos países tienden a cotizar con diferenciales más ajustados que Francia. “Los compradores extranjeros también han vuelto”, señala Ulrike Kastens, economista senior de DWS. “Según los datos del banco central, la proporción de bonos soberanos franceses e italianos en manos de extranjeros se ha ido recuperando en los últimos años. Hoy en día, la estabilidad es un concepto relativo, y Europa se está beneficiando de los dramas de los demás”, subraya.

29Jan

Los mercados avisan de los frentes abiertos que tiene EEUU: el impacto de una pérdida de independencia de la Fed, la amenaza de un nuevo cierre de la Administración, la incertidumbre generada por un posible ataque a Irán, entre otros.

Miguel Ángel Valero

La carrera por la presidencia de la Fed sigue más abierta que nunca. El guiño de Christopher Waller a Trump, votando en la reunión de la Fed del 28 de enero a favor de un recorte de 25 puntos básicos (pb), elevó su probabilidad de suceder a Powell hasta el 17% según la casa de apuestas Polymarket, aunque se mantiene por detrás de Kevin Warsh (32%) y Rick Rieder (35%).

Pese a ello, su propuesta solo contó con el apoyo de Stephen Miran. El resto del comité, incluidos cuatro nuevos miembros de las instituciones regionales –entre ellos Lorie Logan y Beth Hammack, ambas con un perfil más 'hawkish'– optó por mantener el rango en 3,5%-3,75%. Que solo haya dos votos disidentes, el de Waller y el de Stephen Miran (el hombre de Trump en la junta de gobernadores), muestra la dificultad que tiene el presidente de EEUU para controlar la Fed.

Los mercados siguen anticipando dos recortes en la segunda mitad del año (ya con el sucesor de Powell al frente de la Fed), aunque señalan los frentes abiertos que tiene EEUU y que penalizan al dólar y a los activos estadounidenses: el impacto de una pérdida de independencia de la Fed, la amenaza de un nuevo cierre de la Administración, la incertidumbre generada por un posible ataque a Irán, entre otros. Y las elecciones de medio mandato son en noviembre.

Trump avisa que atacará a Irán si no acepta negociar un nuevo acuerdo de armas nucleares. Y que el ataque sería mucho más contundente que el llevado a cabo en junio de 2025, cuando EE UU bombardeó tres instalaciones nucleares, sin estar claros sus efectos reales. Y ordena el despliegue de una gran fuerza naval, encabezada por el portaaviones USS Abraham Lincoln.

Por su parte, Irán ha afirmado estar dispuesto a dialogar, pero ha respondido con una advertencia clara: si es atacado, se defenderá y contraatacará contra EEUU (especialmente contra sus bases en la región), Israel y cualquier país que los respalde.

Mediolanum: las bajadas de tipos, con el nuevo presidente de la Fed

En este contexto, Daniel Loughney, Director de Renta Fija de MIFL (Mediolaum International Funds), resalta que la votación en la última reunión de la Fed mostró que siguen existiendo divisiones, ya que tanto Waller como Miran votaron a favor de un nuevo recorte de 25 pb, pero que cualquier cambio significativo en la política monetaria a corto plazo parece remoto, ya que Powell destaca el fuerte consenso existente entre el resto de los miembros del consejo. 

Para el presidente de la Fed, los tipos están cerca de los niveles neutrales, aunque admite que probablemente se situaban en el extremo superior de ese rango, dejando la puerta abierta a una o varias rebajas adicionales a lo largo del año. Pero, claramente, no parece haber perspectivas de ningún cambio adicional en sus dos últimas reuniones como presidente, a menos que se produzcan nuevas presiones sobre el empleo. 

Robeco: las primas de riesgo son demasiado bajas

Antes de la reunión de la Fed, "nuestras carteras se mantuvieron prácticamente neutrales en cuanto a la duración general de los bonos estadounidenses, pero mantuvieron una sobre ponderación en bonos del Tesoro a 2-5 años en comparación con los vencimientos a 7-10 años. Esto refleja nuestra opinión de que las primas de riesgo a plazo real y de inflación en los rendimientos a largo plazo siguen siendo demasiado bajas, especialmente en el contexto de la continua presión política sobre la Reserva Federal y unas perspectivas fiscales aún preocupantes". señalan en Robeco.

Creand: la Fed entra en pausa

"Mucha expectación con la reunión de la Fed ayer, que quedó rápidamente defraudada. Sin cambios de tipos (no se esperaban), sin pistas sobre futuros movimientos, y sin declaraciones al respecto de los diversos ataques que sufre la institución, acosada por el gobierno en diversos frentes. Esto último es seguro lo más importante. Powell rehusó hablar de todo ello, y no quiso responder a preguntas sobre si seguirá en el consejo una vez expire su mandato como presidente (tiene dos años más como miembro del FOMC). Huelga decir que Trump lo quiere fuera, y su insistencia tal vez consiga lo contrario, toda vez que Powell ha demostrado un férreo compromiso con la preservación de la independencia de la Fed", apunta David Macià, Director de Inversiones y Estrategia de Mercados de Creand Asset Management en Andorra.

"No debería extrañar que la Fed entre en “pausa” durante un periodo largo de tiempo. La economía americana está acelerando, el mercado laboral, con alguna grieta, sigue sólido, y la inflación sigue un punto por encima del nivel objetivo. Y están por llegar los efectos de los estímulos fiscales aprobados el año pasado. Eso mientras los ataques de Trump obligan a la institución a reforzar la imagen de independencia – la credibilidad es el mayor activo que tienen, mucho más importante que fijar el nivel de tipos de interés. En ese sentido es buena noticia que la mayoría de los miembros de la Fed estuvieran de acuerdo en la decisión – solo hubo dos votos disidentes, de Miran (sin ninguna intención de ocultar que está sometido a la voluntad de Trump desde su designación) y Waller (aún en la lista para suceder a Powell en mayo)", añade.

DWS recomienda paciencia

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, señala que la Fed mostró una visión algo más positiva del mercado laboral, al omitir referencias previas a riesgos a la baja para el empleo. La evaluación ahora señala que “las ganancias de empleo se han mantenido bajas”, mientras que la tasa de desempleo ha “mostrado algunos signos de estabilización”. La observación de que la inflación “sigue siendo algo elevada” se mantiene sin cambios. Además, los responsables de la política monetaria parecieron más optimistas respecto al impulso económico, al señalar que los datos actuales indican que la actividad “ha estado expandiéndose a un ritmo sólido”.

Powell defiende que los niveles actuales de los tipos son adecuados para promover avances hacia ambos objetivos del mandato de la Fed, subrayando que los responsables de la política monetaria no tienen prisa por reducirlos. Los recortes anteriores respaldaron el mercado laboral, mientras que la desinflación en los servicios parece haber continuado. Al mismo tiempo, la inflación de bienes sigue viéndose afectada por los aranceles, que probablemente aún se consideran temporales. Cuando se le preguntó cuán restrictiva es actualmente la política monetaria, Powell reiteró que los tipos se encuentran en el “extremo superior” de las estimaciones del nivel neutral, y añadió que algunos consideran que ya están en niveles neutrales.

Parece que los responsables de la política monetaria coincidieron en una pausa de tono dovish. La contratación sigue siendo débil, pero el desempleo permanece en niveles relativamente bajos, cercanos a la estimación de pleno empleo. Es probable que la inflación siga estando impulsada por los aranceles, y "nuestro escenario base continúa siendo que converja hacia el objetivo en los próximos mese"s. Una vez más, la dependencia de los datos sigue siendo el modus operandi. Aquí es también donde pueden residir riesgos adicionales. Es probable que los datos actuales aún estén afectados por el anterior cierre del gobierno, y existe un alto riesgo de que esto se repita parcialmente pronto. En un entorno de este tipo —en el que las presiones sobre los precios son probablemente temporales y no están impulsadas por la estrechez del mercado laboral— "la estrategia dominante en el pasado, y aparentemente aún hoy, es la paciencia. Al menos hasta que quede claro que las presiones inflacionarias derivadas de los aranceles efectivamente se disipen, lo que, según el presidente de la Fed, Powell, podría ocurrir hacia mediados de 2026."

UBS: la renta variable de EEUU tiene margen de subida

El UBS CIO Daily subraya que el S&P 500 se mantuvo cerca de máximos históricos después de que la Reserva Federal decidiera mantener sin cambios los tipos: "Seguimos considerando que la renta variable estadounidense tiene margen para seguir subiendo en un contexto macroeconómico favorable, mientras que los sólidos fundamentales de los sectores tecnológico y sanitario continúan respaldando nuestra preferencia por ambos". Además, la política de la Fed debería seguir sosteniendo un entorno macroeconómico favorable. 

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: “Esperamos que la renta variable estadounidense continúe bien respaldada y prevemos que el S&P 500 alcance los 7.700 puntos a cierre de año, con subidas generalizadas. Vemos oportunidades en los sectores tecnológico, sanitario, financiero, de utilities y consumo discrecional, y recomendamos a los inversores con carteras muy concentradas diversificar su exposición”. “Tácticamente, esperamos que la evolución del ciclo de innovación en IA y un sólido contexto económico sigan impulsando una mayor ampliación del rally bursátil”, añade.

“Anticipamos un nuevo recorte de tipos en la primera mitad de 2026 debido al debilitamiento del mercado laboral, aunque aumenta el riesgo de que se retrase hasta más avanzado el verano, en lugar del primer trimestre”, aporta Andrew Dubinsky, economista de UBS Global Wealth Management.

Eurizon: previsiones de beneficios son sólidas

En su último The Globe, los expertos de Eurizon señalan que el escenario base para 2026 apunta a un crecimiento económico global sostenido, aunque a un ritmo más moderado que en fases anteriores del ciclo. EEUU mantendría un crecimiento estable en torno al 2%, mientras que la Eurozona crecería cerca del 1,1 %, con el apoyo del consumo y de los planes de gasto en defensa e infraestructuras. China seguiría actuando como factor estabilizador del ciclo global, con un crecimiento previsto entre el 4,5% y el 5%.

En materia de inflación, no se esperan grandes sorpresas en 2026. En la Eurozona, la inflación volvería a situarse claramente en el entorno del objetivo del BCE, mientras que en EEUU se mantendría algo por encima, en torno al 3%, reflejando un mayor dinamismo económico y el impacto de los aranceles, sin que ello implique un repunte inflacionista significativo. La política monetaria se encamina hacia una fase de estabilidad. El BCE mantendría los tipos sin cambios durante 2026, con una política monetaria neutral.

En renta fija, los mercados descuentan un entorno de estabilidad de tipos, lo que refuerza el atractivo de los bonos por su capacidad para generar cupones y actuar como protección ante un posible deterioro del ciclo.

En renta variable, las previsiones de beneficios son sólidas. Para 2026 y 2027 se espera un crecimiento cercano al 14% tanto en EEUU como en Europa, apoyado en el sector tecnológico y en la mejora del entorno macroeconómico europeo.

Tecnológicas: preocupación por el impacto de la IA en la rentabilidad

Jesse Cohen, analista senior en Investing.com, opina sobre las tecnológicas: "Aunque el fuerte crecimiento publicitario de Meta demuestra que su negocio principal sigue siendo sólido, los inversores están expresando claramente su preocupación por que su agresivo gasto en IA pueda afectar a la rentabilidad. El mercado parece cuestionar si estos enormes aumentos en el gasto de capital generarán suficientes beneficios, especialmente ahora que se reconoce el impacto en los márgenes para 2026. Esto refleja una brecha cada vez mayor entre las ambiciones de las empresas tecnológicas en materia de IA y la paciencia de Wall Street con los ciclos de inversión abiertos. Los inversores a largo plazo pueden considerar que este es un año de transición necesario, ya que el negocio publicitario de Meta sigue generando suficiente flujo de caja para financiar su transformación hacia la IA.".

Su compañero Thomas Monteiro añade: "Aunque pequeño en términos de beneficio por acción, el resultado de Tesla fue un resultado de calidad, con márgenes que muestran signos de que la compresión de precios debida a una mayor competencia y a la disminución de la percepción del valor de la marca está desapareciendo lentamente, sobre todo a medida que se estabiliza la demanda en los mercados con mayor poder adquisitivo. Esto es clave de cara a lo que parece ser un año de mayor gasto: el aumento del margen bruto y del margen operativo reconstruye eficazmente la 'capacidad de fuego' para financiar la agenda de Tesla para 2026, que consiste en duplicar la capacidad informática in situ en Texas, poner en marcha la producción de la Megafábrica de Houston (Megapack 3/Megablock) e instalar las líneas de producción de Optimus de primera generación, sin tener que depender tanto del precio para impulsar el volumen".

"El panorama general sigue siendo débil en comparación con la valoración a largo plazo. Tesla está entrando en una nueva fase de transición en la que pide a los inversores que suscriban un nuevo modelo de ingresos (autonomía/servicios) antes de que se haya estabilizado el modelo tradicional (volúmenes de automóviles), lo que hace que las métricas de lanzamiento, y no las entregas, sean el indicador adelantado más importante a partir de ahora. En última instancia, la próxima revalorización dependerá menos de los incrementos trimestrales y más de sí la autonomía puede traducirse en una economía escalable y repetible antes de que el negocio automovilístico principal se reacelere por completo", explica.

Por su parte, los resultados del segundo trimestre del año fiscal 2026 de Microsoft destacan la continua adopción de la IA en toda la infraestructura, incluido el auge de GitHub gracias al crecimiento de Copilot en medio del incremento de los sistemas agenticos. Las últimas estadísticas de GitHub muestran un crecimiento tanto entre los desarrolladores individuales como entre las empresas: 

  • Las suscripciones a Copilot Pro+ para desarrolladores individuales aumentaron un 77% con respecto al trimestre anterior.
  • GitHub cuenta ahora con más de 4,7 millones de suscriptores de pago a Copilot, lo que supone un aumento del 75 % con respecto al año anterior.
  • Siemens está apostando por GitHub y ha adoptado la plataforma completa para aumentar la productividad de los desarrolladores tras el éxito de la implantación de Copilot en más de 30 000 desarrolladores.

Con nuevas funciones como GitHub Copilot SDK y Agent HQ, GitHub sigue apoyando a los desarrolladores a lo largo de todo el ciclo de vida del desarrollo de software, especialmente ahora que la IA está cada vez más integrada en la forma en que los equipos crean y envían código. 

27Jan

El ruido político reaviva las dudas de los inversores sobre el margen real de actuación de la autoridad monetaria de EEUU. Los analistas esperan dos bajadas de tipos, pero a partir de julio, ya con el nuevo presidente.

Miguel Ángel Valero

Cristina Gavín Moreno, jefa de Renta Fija en Ibercaja Gestión, no espera movimientos de tipos en la reunión de la Fed del miércoles 28 de enero y se mantendrán en el rango 3.5%-3.75%.  Los favorables datos de empleo, consumo y de actividad manufacturera que hemos conocido en el comienzo de año dan margen a la Fed para mantenerse en modo “espera” en el proceso de bajada de tipos.

En cualquier caso, los datos de precios publicados a lo largo de las últimas semanas, en especial, los referidos a cierre de 2025, se han situado por debajo de las expectativas de mercado y esto permite a la Fed mantener un tono acomodaticio en lo que a política monetaria se refiere, lo que está llevando a los inversores a descontar hasta dos bajadas para este 2026.  Estos recortes, se producirían en la segunda parte del año, bajo el paraguas de la nueva presidencia.

"Y es que otro factor a tener en cuenta es el ruido político al que estamos asistiendo desde hace tiempo, que inevitablemente reaviva las dudas existentes entre los inversores en lo que a la independencia de la Reserva Federal se refiere. Hasta qué punto estas presiones pueden marcar la actuación de la principal autoridad monetaria estadounidense en este año está todavía por ver y habrá que seguir atentos en este sentido. El cambio de presidencia de la Fed previsto para mayo puede también cambiar de forma radical las expectativas de tipos", advierte.

Ebury: seguirá la profunda división en el FOMC

"Se espera que la Fed mantenga inalterados los tipos de interés  y los últimos datos económicos sugieren que tendremos que esperar un tiempo hasta que se efectúe la siguiente bajada", señala Matthew Ryan, Head of Market Strategy de Ebury. Aunque en la última reunión del FOMC no se produjo el 'recorte hawkish' que muchos esperaban, el presidente Powell dejó claro que tenía intención de mantener los tipos en la reunión de enero. Además, la división cada vez más profunda entre los 'halcones' y las 'palomas' del Comité también se hizo patente en diciembre. Siete miembros (de un total de 19) se mostraban a favor de no realizar ningún cambio de tipos en 2026, mientras que ocho preveían al menos dos recortes de tipos para este año. 

Desde la última reunión, los datos que han sido publicados no han cambiado significativamente el panorama, pero lo que sí que tenemos claro es que no justifican una flexibilización inmediata de la política monetaria. El mercado laboral sigue en un estado de "baja contratación y pocos despedidos". Si bien la creación de empleo está siendo débil, no hay signos de un aumento de los despidos ni en los datos oficiales de desempleo ni en las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo. El crecimiento sigue siendo sólido, y la segunda estimación del PIB del tercer trimestre apunta a una expansión que supera holgadamente el 4% anualizado.

Los indicadores de inflación en EEUU han sorprendido a la baja en los últimos meses, y no estamos viendo señales claras de un elevado impacto inflacionario por parte de los aranceles, ya que las empresas parecen estar absorbiendo gran parte de los sobrecostes de momento.  Sin embargo, no esperamos que esta situación se vaya a prolongar indefinidamente y cabe señalar que parte de la debilidad inflacionaria se debe al cierre del gobierno federal sufrido a finales del año pasado. De hecho, la Fed espera que la inflación subyacente del PCE, su índice preferido de los precios al consumo, se sitúe claramente por encima del objetivo del 2 % y alcance una media del 2,5 % en 2026. 

En la reunión no se actualizarán las proyecciones económicas ni el gráfico de puntos, por lo que la atención se centrará en el comunicado escrito de la Fed y la rueda de prensa que ofrezca Powell. La Fed volverá a afirmar que está monitorizando los riesgos que acechan a ambos objetivos de su mandato: promover el empleo y mantener una inflación estable. Es probable que Powell haga referencia al reciente enfriamiento del mercado laboral, pero también podría mencionar que la inflación, y los riesgos asociados a ella, siguen siendo elevados. 

En cuanto a los tipos de interés, no creemos que la Fed vea ninguna ventaja en desligarse de su enfoque cauteloso. Tras tres recortes de tipos consecutivos, creemos que Powell no transmitirá ninguna prisa por continuar la flexibilización y esperará a recibir más datos antes de llevar a cabo su próximo movimiento de tipos. 

El aumento de los temores sobre la autonomía de la Fed y la creciente influencia de Trump sobre la política monetaria estadounidense son otro motivo más para que la Fed adopte una postura hawkish, ya que esto reforzaría su credibilidad e imparcialidad. Aparte de las comunicaciones en sí, también prestaremos mucha atención a las votaciones de los miembros del FOMC, para las que seguimos anticipando una falta de unanimidad. Es probable que Miran, partidario de una flexibilización muy agresiva, vuelva a presionar para que se reduzcan los tipos: ha votado a favor de recortes de 50 puntos básicos (pb) en todas las reuniones desde que se incorporó al FOMC en septiembre, pero no nos sorprendería que en esta ocasión opte por un recorte de 25 pb. Los miembros Waller y Bowman podrían seguir su ejemplo. No esperamos que los demás miembros del comité voten a favor de una mayor flexibilización. 

Teniendo en cuenta todos estos factores, creemos que la Fed adoptará un tono relativamente hawkish el miércoles. Es probable que Powell atempere las expectativas de recortes del mercado señalando su preocupación por la inflación y afirmando que el FOMC tendrá que recibir más datos antes de comprometerse a volver a recortar. Esta postura relativamente hawkish podría proporcionar un apoyo puntual y muy necesario al dólar estadounidense. Sin embargo, dado que el mercado de futuros no está descontando el próximo recorte hasta la reunión de julio, creemos que el repunte del dólar será moderado. 

DWS: la política manda

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, considera que tras dos semanas de extensos discursos de la Reserva Federal y numerosas apariciones públicas de los responsables de los bancos centrales, las expectativas sobre una pausa en los recortes de tipos parecen bien afianzadas. La tasa de desempleo actual, del 4,4% en diciembre, sugiere que los mercados laborales se mantienen en pleno empleo o cerca de él, quizá con una ligera tendencia a la baja.

La creación de empleo se situó en una media de alrededor de 50.000 puestos en 2025, lo que supone una ralentización, pero probablemente sigue siendo suficiente, si se tienen en cuenta la demografía y la reducción de la migración. Mientras tanto, la inflación se ha mantenido estable en los últimos meses, en torno al 2,8%. Esto sugiere —si se corrige el probable efecto temporal de 0,5 puntos de los aranceles— que podría estar más cerca del objetivo de lo que se temía hace unos meses.

Las presiones sobre los precios derivadas de los aranceles solo se han trasladado parcialmente a los consumidores, lo que podría explicar la relativa debilidad de los mercados laborales. No obstante, debemos tener en cuenta que los datos siguen viéndose afectados por el cierre del Gobierno. Por lo tanto, sigue pareciendo probable un repunte temporal de la inflación en el primer trimestre de 2026, y un cierto aumento de la actividad manufacturera también podría favorecer la contratación. Sin embargo, esto es una razón más para que los bancos centrales esperen a ver qué dicen los datos que se publiquen una vez que desaparezcan los efectos del cierre.

Sin embargo, la verdadera noticia en materia de política monetaria este mes es otra: la independencia de la Fed vuelve a ser objeto de atención. Tras el intento de destitución de la gobernadora Lisa Cook, a principios de 2025, el presidente de la Fed se ha visto recientemente envuelto en una serie de acusaciones relacionadas con la renovación de las oficinas de la Fed. Sorprendentemente, el presidente de la Fed se sintió obligado a responder en un histórico vídeo de dos minutos publicado en la página web de la Fed. Aunque no esperamos que el presidente Powell responda a preguntas sobre este asunto en la rueda de prensa, nos gustaría recordar que el anuncio de quién será nombrado su sucesor podría estar finalmente cerca. No nos sorprendería que coincidiera con la próxima reunión y trajera algunas sorpresas.

Zürcher Kantonalbank/SwissCanto; infra ponderar dólar, no la Bolsa de EEUU

Nicola Grass, gestor sénior de carteras multiactivo en Zürcher Kantonalbank, la gestora de los fondos de Swisscanto, espera que la Fed mantenga los tipos de interés sin cambios en el 3,75%, en línea con el amplio consenso del mercado, ya que los participantes han estimado la probabilidad de un recorte de tipos en tan solo un 3%. No obstante, seguimos anticipando dos recortes adicionales a lo largo de este año, aunque previsiblemente no hasta la segunda mitad. En la actualidad, los datos económicos siguen siendo demasiado sólidos como para justificar una relajación monetaria, e incluso el mercado laboral, que se había debilitado recientemente, muestra señales de estabilización.

La cuestión de quién sucederá al presidente de la Fed, Jerome Powell, resulta especialmente interesante. Kevin Hassett, considerado anteriormente el principal favorito, parece ahora haber quedado inesperadamente fuera de la carrera. En cualquier caso, la presión política sobre la Fed para bajar los tipos seguirá siendo elevada.

En este contexto, mantenemos una posición infra ponderada en el dólar, al tiempo que seguimos sobre ponderando la renta variable de EEUU.