05Mar

Los mercados temen un escenario de guerra prolongada de desgaste, con el estrecho de Ormuz bloqueado, ya que tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial.

Miguel Ángel Valero

Sexto día de conflicto entre Irán y EEUU-Israel, sin cambios significativos en la situación y con el estrecho de Ormuz aún cerrado de facto, a la espera de que se materialicen las promesas de Trump sobre los seguros y la escolta a los buques. Esas declaraciones moderaron las subidas en los precios de la energía, pero cada jornada adicional con el estrecho bloqueado tensiona la logística: el almacenaje en tierra de los exportadores de petróleo y gas del Golfo Pérsico comienzan a quedarse sin espacio ante la falta de barcos, lo que obligaría a detener, eventualmente, la producción.

En este contexto, China y Japón han optado por limitar las exportaciones de sus refinerías y priorizar el abastecimiento interno de diésel y gasolina ante la posible escasez de crudo en las próximas semanas, aunque por ahora no se han registrado problemas notables en el mercado físico. De hecho, las compañías refinadoras japonesas están en conversaciones con el Gobierno para acceder a las reservas estratégicas en caso de necesidad las próximas semanas.

A pesar del flujo de noticias, los mercados continúan descontando un conflicto breve y un cierre del estrecho limitado en el tiempo. Esta percepción se reflejó en una menor tensión en los precios de la energía, lo que proporcionó cierto alivio a los activos más castigados y permitió avances en las Bolsas globales, lideradas por las regiones que habían sufrido mayores caídas —Asia y Europa—. De igual modo, el sector tecnológico mostró una reacción favorable, impulsado además por los resultados de Broadcom. También destacó el sólido comportamiento de las compañías de ciberseguridad, en un entorno marcado por la habitual guerra informática en la sombra.

En renta fija, las ventas continúan presionando la parte larga de la curva, ante el repunte de los temores inflacionistas. Las expectativas de recortes de tipos en EEUU empiezan a desplazarse hacia finales de año, lo que podría seguir apoyando al dólar en el corto plazo.

"El conflicto no debería prolongarse en exceso y la presión diplomática china junto con las garantías americanas debería provocar una reapertura del estrecho de Ormuz más pronto que tarde. Si esto se materializa, la percepción de riesgo disminuirá; por ello, consideramos que realizar movimientos precipitados en este entorno podría tener efectos negativos sobre la rentabilidad a medio plazo. Un ejemplo reciente fue el fuerte rebote tras el giro de Trump en el Liberation Day: perderse esa sesión habría postergado la recuperación del inversor más de seis meses, y actualmente nos encontramos en un escenario igual de dual", argumentan en Banca March.

China reduce la producción

Mientras, China fijó su objetivo de crecimiento más modesto desde 1991, con una horquilla del 4,5% al 5% para este año, y apenas mostró disposición a impulsar el consumo pese al creciente desequilibrio entre una oferta fuerte y una demanda débil. El Gobierno mantendrá el apoyo fiscal en niveles similares a 2025 y recortará subvenciones para la compra de bienes de consumo, incluida la financiación del programa de renovación de electrodomésticos y vehículos, que caerá de 300.000 millones de yuanes a 250.000 millones ante el menor interés de unas familias presionadas por la inseguridad laboral y el débil crecimiento salarial.

En lugar de desplegar grandes paquetes de gasto general, Pekín centrará sus esfuerzos en los sectores emergentes y fija un aumento medio anual del 7% en I+D hasta finales de la década, priorizando la autosuficiencia tecnológica, la digitalización y la construcción de industrias modernas por encima del impulso a la demanda interna. Mientras tanto, mantuvo su objetivo de inflación en el 2%, después de un 2025 en el que los precios al consumidor permanecieron prácticamente estancados.

Por otro lado, y en pleno contexto del conflicto de Irán, China busca proteger el suministro interno de petróleo y combustibles ante la interrupción de los flujos de crudo procedentes de Oriente Medio. Para ello, ha solicitado a las empresas nacionales que suspendan la firma de nuevos contratos de exportación de combustibles refinados y que intenten cancelar envíos ya acordados. La medida excluye tanto el repostaje de aviones en vuelos internacionales como el abastecimiento de buques en régimen de depósito. Además, al menos dos refinerías —Zhejiang Petrochemical Corp y Fujian— ya han reducido su actividad alrededor de un 20% este mes, y se espera que más plantas apliquen recortes adicionales en la producción.

Mejora la confianza de los empresarios en EEUU y en Europa

La guerra en Oriente Medio contrasta con favorables datos de actividad que apuntan a una aceleración del crecimiento en EEUU: repunta la creación de empleo privado y mejora la confianza de los empresarios de los servicios en febrero. Según la consultora ADP el empleo privado aumentó en 63.000 nuevos puestos de trabajo en febrero, un repunte desde el débil dato del mes previo (en enero solamente se han creado 11.000 puestos de trabajo). Además, también se publicó una importante mejora de la confianza de los empresarios con el ISM de los servicios superando ampliamente las expectativas y escalando en febrero hasta 56,1 desde el 53,8 previo y muy por encima del 53,5 esperado. Una clara mejora de las expectativas, apoyada por el fuerte incremento del subíndice de nuevos pedidos, que subió hasta 58,6 desde el 53,1 anterior, y también la mejora del subíndice de empleo, que escaló hasta 51,8 desde el 50,3 previo. En conjunto cifras que apuntan a una aceleración de la actividad y mayor contratación en los próximos meses.

En la zona euro, también datos positivos con la tasa de paro bajando a nuevos mínimos históricos en la región y con la confianza de los empresarios manteniéndose en terreno expansivo. El paro del conjunto de la zona euro retrocedió en enero más de lo esperado al bajar hasta 6,1% desde el 6,3% anterior. Con ello, superó así las expectativas y alcanzó nuevos mínimos, mostrando que la actividad en la región ha comenzado el año 2026 con fortaleza. 

Por otro lado, la confianza de los empresarios, según el PMI compuesto, subió en febrero hasta 51,9, su mayor nivel desde noviembre. Por países, en Alemania este indicador subió hasta 53,2, muy por encima de la media de la región, mientras que en Francia se situó por debajo del umbral de expansión (49,9 el nivel actual). Entre las dos grandes economías de la región, en Italia subió hasta 52,1 desde el 51,4 previo, frente a ello, se deteriora la confianza en España, con el PMI compuesto bajando hasta 51,5 desde el 52,9 previo.

 The Trader: EEUU no sabe quién manda ahora en Irán

El analista Pablo Gil aporta interesantes reflexiones en The Trader sobre el conflicto de Irán, especialmente sobre el asesinato de Ali Jamenei, que durante más de tres décadas fue el eje alrededor del cual giraba todo el sistema iraní: "La tentación inmediata es pensar que, eliminado el líder, el sistema se desmorona. Pero la historia reciente nos obliga a ser prudentes. En 2003, cuando cayó Saddam Hussein, también parecía que el problema estaba resuelto. El dictador había desaparecido y el aparato militar había sido derrotado. Sin embargo, lo que vino después fue mucho más complejo. La desarticulación del Estado iraquí dejó un vacío que derivó en guerra civil, radicalización sectaria y el nacimiento del Estado Islámico. Derribar fue rápido. Reconstruir resultó casi imposible"

Irán no es Irak. Tiene una estructura de poder más cohesionada y un aparato de seguridad diseñado precisamente para sobrevivir a situaciones extremas. La Guardia Revolucionaria no es solo un brazo militar, es una red política, económica y estratégica profundamente arraigada. Aunque la figura del líder supremo desaparezca, el sistema puede reconfigurarse. De hecho, la Constitución prevé mecanismos de sucesión y el poder puede redistribuirse entre el presidente, la judicatura y la Asamblea de Expertos mientras se designa un nuevo líder, tal y como está ocurriendo en este momento.

Por eso el escenario más probable a corto plazo no es el colapso, sino la continuidad. Un régimen herido, pero cohesionado frente a una agresión exterior. Paradójicamente, los ataques externos suelen fortalecer la narrativa nacionalista. Cuando las bombas caen desde fuera, el resentimiento interno muchas veces se transforma en defensa patriótica. Lo vimos en Irak tras la primera Guerra del Golfo. Lo hemos visto en muchos otros lugares.

El segundo escenario es más inquietante. Si la estructura central se fractura, el vacío puede activar tensiones latentes. Irán es un país multiétnico con regiones kurdas y baluches donde ya existen movimientos armados. La oposición está profundamente fragmentada entre monárquicos, reformistas, grupos étnicos y movimientos en el exilio sin liderazgo unificado. La experiencia iraquí demuestra que cuando no existe una alternativa cohesionada, el vacío no genera democracia automática. Genera competencia por el poder. Y eso suele traducirse en violencia.

El tercer escenario es una guerra prolongada de desgaste. Irán ya ha demostrado capacidad de respuesta rápida contra las bases estadounidenses en el Golfo y contra su archienemigo Israel. El estrecho de Ormuz es una vía crítica, por donde transita cerca del 25% del petróleo y el 20% del gas natural licuado transportado por mar, convirtiéndolo en un cuello de botella energético global. Una escalada que afecte a ese flujo durante semanas tendría consecuencias inmediatas sobre los precios de la energía, la inflación y el crecimiento mundial. En un contexto económico frágil, el impacto sería enorme.

Además, hay un factor estratégico más amplio. Cada recurso militar que Washington concentra en Oriente Próximo es un recurso que no está en el Indo-Pacífico. En 2003, la implicación prolongada en Irak tuvo consecuencias geopolíticas globales. Hoy el tablero incluye a China y a un equilibrio internacional mucho más delicado.

"Por eso el verdadero debate no es si Jamenei debía o no ser eliminado. El debate es si existe un plan sólido para el día después. En Irak no lo hubo. Y el vacío fue ocupado por la violencia. En geopolítica existe una tendencia peligrosa a personalizar los problemas. Creer que eliminando al líder se elimina el sistema. Pero los regímenes autoritarios no se sostienen solo en una persona. Se sostienen en redes, estructuras, intereses y equilibrios de poder. Si esas piezas no se gestionan con precisión, el resultado puede ser peor que el punto de partida", señala este experto.

"Lo inquietante en esta ocasión no es solo la magnitud del golpe, sino la ausencia de un relato coherente sobre el día después. La propia Casa Blanca ha reconocido que no sabe con claridad quién está al mando ahora mismo en Irán", añade. Trump ha alternado en cuestión de horas entre hablar de cambio de régimen, destrucción del programa nuclear, intervención limitada de “cuatro o cinco semanas”, posibilidad de desplegar tropas o búsqueda de un acuerdo. Incluso ha admitido que no saben quién podría asumir el liderazgo en Teherán. Cuando el objetivo político cambia cada día, la estrategia deja de ser estrategia y pasa a ser reacción.

La historia demuestra que el vacío no se llena solo. En Irak se pensó que la caída del líder resolvería el problema. Lo que vino después fue una década de inestabilidad que reconfiguró todo el equilibrio regional. Hoy el riesgo no es únicamente militar. Es estratégico. Si no existe un plan sólido para gestionar la transición, el poder puede fragmentarse, radicalizarse o escaparse del control de quienes iniciaron la operación.
Irán entra ahora en una fase decisiva. Puede reforzar su cohesión interna frente a un enemigo exterior, puede fracturarse en luchas de poder o puede arrastrar a la región a un conflicto prolongado. Pero el verdadero interrogante no está solo en Teherán. Está en Washington. Porque en geopolítica, lo verdaderamente peligroso no es solo derribar un régimen. Es hacerlo sin tener claro qué se construye después.

El verdadero campo de batalla está en Ormuz

Cuando hablamos de tensiones en Oriente Medio, solemos pensar en misiles, portaaviones o amenazas cruzadas. Pero el verdadero campo de batalla, muchas veces, no está en tierra firme. Está en el agua. Y en concreto en un punto muy estrecho del mapa: el estrecho de Ormuz. Por ese paso marítimo, situado entre Irán y Omán, transita aproximadamente el 20% del petróleo que se consume en el mundo, más un 10% de productos derivados y cerca del 20% del gas natural licuado que se comercializa globalmente. En el primer trimestre de 2025, cruzaron por allí una media de 20,1 millones de barriles diarios. Uno de cada cinco barriles del planeta depende de ese embudo de apenas 50 kilómetros de ancho y menos de 60 metros de profundidad.

Pero detrás de ese porcentaje hay nombres propios. Desde el lado de los exportadores, los países más expuestos son Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Catar. Arabia Saudí es el mayor exportador mundial de crudo y una parte esencial de sus envíos sale de terminales del Golfo Pérsico que necesariamente cruzan Ormuz. Irak depende casi por completo de esa vía para colocar su producción en los mercados internacionales. Kuwait y Emiratos tienen también una dependencia crítica. Y en el caso del gas natural licuado, Catar es el actor clave: es uno de los mayores exportadores mundiales de GNL y prácticamente todo su gas debe atravesar el estrecho.

Del lado de los importadores, el impacto sería especialmente severo en Asia. China es el principal comprador del crudo que sale del Golfo y el mayor cliente del GNL catarí. India, Japón y Corea del Sur también dependen en gran medida de esos flujos energéticos. Para ellos, Ormuz no es una variable secundaria, es una arteria vital. Europa recibe un porcentaje mucho menor del crudo que pasa por el estrecho, pero sí depende en parte del gas natural licuado catarí para diversificar su suministro tras la crisis con Rusia. EEUU importa relativamente poco crudo del Golfo en comparación con Asia, pero el precio internacional del petróleo marcaría igualmente su inflación.

Tras los bombardeos de EEUU e Israel sobre instalaciones iraníes, el tránsito marítimo se ha paralizado. No sería la primera vez que Teherán juega la carta de bloquear este acceso como arma. Lo hizo en 2008, en 2012, en 2018 y el pasado junio, cuando incluso su Parlamento aprobó el cierre tras ataques a sus instalaciones nucleares. Nunca llegó a ejecutarlo. Pero esta vez el entorno es distinto: mayor despliegue militar estadounidense, presencia de portaaviones y señales de que Irán habría preparado minas navales en semanas previas.

La clave es entender que no hace falta un cierre total para generar un shock. En un entorno bélico, el simple riesgo eleva las primas de seguro, encarece el transporte y ralentiza los envíos. El petróleo puede seguir fluyendo, pero más caro y con retrasos. Eso basta para tensionar el mercado.

Ahora bien, ¿qué alternativas existen si el estrecho se bloquea o se vuelve impracticable? Aquí es donde el coste económico empieza a ser tangible en términos de tiempo y logística. Tomando como referencia cargamentos que parten del este de Arabia Saudí (lo que implica cruzar Ormuz en condiciones normales), las rutas serían hacia la costa este de Estados Unidos vía canal de Suez, entre 32 y 36 días de tránsito. Si el canal de Suez no fuese viable y hubiera que rodear África por el Cabo de Buena Esperanza, entre 47 y 51 días. Cruzando el Pacífico hacia la costa oeste estadounidense, entre 39 y 43 días. Cada alternativa supone más días en el mar, más combustible, más costes financieros por capital inmovilizado y mayor tensión en las cadenas de suministro. Y eso sin contar posibles cuellos de botella en otros puntos estratégicos.

En el plano terrestre, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos disponen de oleoductos que permiten desviar parte del crudo evitando el estrecho. El gran oleoducto este-oeste saudí puede enviar hasta 5 millones de barriles diarios hacia el mar Rojo. Emiratos cuenta con capacidad adicional hacia el golfo de Omán. Pero, en conjunto, solo podrían sustituir una fracción del volumen total que hoy atraviesa Ormuz. Irak, Kuwait y Catar, en la práctica, no tienen alternativa significativa. Y en el caso del gas natural licuado, la dependencia del tránsito marítimo es prácticamente total.

Por eso el escenario más probable no es un apagón energético global inmediato, sino un encarecimiento progresivo por fricción logística. Más días. Más riesgo. Más coste. Y, por tanto, más presión inflacionista. Y ahí es donde el impacto deja de ser regional y se vuelve global: afecta a las economías asiáticas que importan energía, golpea a Europa vía gas y presiona a Estados Unidos vía precios internacionales. Si el petróleo se disparase de forma sostenida, los bancos centrales que contemplaban recortes de tipos tendrían que replanteárselo. La inflación energética es el impuesto más regresivo que existe: afecta a transporte, alimentos, industria. El crecimiento se resentiría y los mercados, que hoy descuentan cierta estabilidad, tendrían que ajustar expectativas.

No se trata solo de mirar el precio del Brent cada mañana. Se trata de entender que una parte esencial del suministro energético mundial depende de un corredor marítimo extremadamente vulnerable. Los grandes exportadores del Golfo se juegan su principal fuente de ingresos. Las grandes economías asiáticas se juegan su seguridad energética. Y el resto del mundo se juega la estabilidad de precios. En un sistema tan interconectado, el cierre de Ormuz no sería un problema local. Sería un shock global. Y cuando la energía tiembla, la economía siempre termina sintiéndolo.

04Mar

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada.

Miguel Ángel Valero

El 28 de febrero, EEUU e Israel llevaron a cabo ataques militares conjuntos contra Irán, después de que una semana de negociaciones para el cese en el desarrollo de armas nucleares por parte del país de los ayatolás en Suiza terminara sin acuerdo. El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, murió durante la operación y el ejército iraní respondió llevando a cabo ataques contra bases estadounidenses e israelíes en todo Oriente Medio. "Los inversores no esperaban una escalada tan rápida por parte de Estados Unidos, sino más bien una actuación militar quirúrgica como la que lanzó en Venezuela", señala un análisis de Ibercaja Gestión

Aunque la respuesta de Irán podría haber sido peor -de momento las principales plataformas energéticas no han sido atacadas-, la situación en la región es muy tensa. EEUU ya ha declarado que los ataques se prolongarán al menos una semana más. El escenario base por ahora contempla un mes. Trump no quiere una guerra larga, ni pretende entrar de forma terrestre en territorio iraní. La guerra se fraguará desde la distancia, con bombardeos, lanzamientos de misiles y operaciones de inteligencia. El objetivo es desgastar al régimen, no tanto para conseguir la liberación del pueblo iraní, sino con el objetivo de poner fin a los deseos nucleares de Irán.

La región de Irán es especialmente relevante para el comercio de petróleo. A través de sus costas, Irán es capaz de controlar el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 30% del comercio marítimo de crudo y el 20% del gas natural licuado del mundo. Aunque no se han producido ataques contra infraestructuras energéticas, los datos satelitales muestran una pausa en el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz desde el domingo 1 de marzo. El cese de los flujos a través del estrecho y el mayor riesgo de escasez de oferta ha hecho que el precio del barril brent se alce hasta los 80$/barril, un 26% de subida en el año.

Las guerras siempre deben analizarse desde un punto de vista de coste y beneficio, incluso si es Trump el que la inicia. Los beneficios que busca obtener EEUU -e Israel- con la guerra son terminar con el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance de Irán. Para EEUU, que la inestable Irán sea una potencia nuclear, supone una limitación en su dominio de Oriente Medio y, para Israel, una amenaza directa.

Teniendo claros los beneficios, debemos analizar los costes. Para Trump, la guerra tiene un coste electoral muy elevado. Las encuestas más recientes estiman que un 70% de los estadounidenses están en contra de la guerra, y el propio presidente prometió en campaña no adentrarse en ninguna. El coste electoral es un desincentivo claro, más teniendo en cuenta que en noviembre hay elecciones de medio mandato. Otros costes que asume EEUU al entrar en esta guerra son el efecto inflacionario que produce la subida en el precio del crudo y las caídas en Bolsa derivadas del aumento en la incertidumbre. Durante todo el mandato, Trump ha estado muy pendiente a los mercados y gran parte de sus decisiones geopolíticas -aranceles, Venezuela, Groenlandia y, ahora, Irán- se han llevado a cabo durante el fin de semana, con los mercados cerrados.

¿Qué debe ocurrir para que veamos el fin del conflicto? Lo trascendental para EEUU es asegurarse de que Irán no continúa con el desarrollo de armas nucleares. De conseguir eso, probablemente veamos una desescalada rápida. Irán no está en una posición de poder y con su líder supremo fuera de combate podría ceder.

"Teniendo en cuenta costes y beneficios prevemos un conflicto corto, que presumiblemente no se extenderá más allá de dos meses. A su vez, descartamos cualquier escenario de intervención terrestre por parte de EEUU y no creemos que la afectación a los mercados y cadenas de suministro sea excesiva", opinan en Ibercaja Gestión.

Para entender el potencial impacto económico de la guerra es clave entender cómo puede evolucionar el precio del crudo. Existen dos tipos de movimientos en el precio del crudo: 

  • los movimientos a corto plazo: que elevan el precio del crudo por incorporar los riesgos asociados con retrasos en el suministro, el encarecimiento en el coste del transporte y una prima por asegurarse el suministro; 
  • y los movimientos en el largo plazo: derivados de prolongados retrasos en el transporte o el daño causado en infraestructuras energéticas que reducen la oferta a medio plazo.

Por ahora, solo los primeros se estarían viendo materializados. Para que los fundamentales a largo plazo se vean alterados no basta con que el estrecho de Ormuz permanezca cerrado en la práctica unas pocas semanas. Una expectativa de cierre más larga, unida a daños físicos a infraestructuras críticas, o un conflicto interno en Irán que termine con gran parte de su capacidad de producción (3-4% de la oferta mundial), sí que generarían tensiones entre oferta y demanda estructurales.

Sin que los segundos movimientos se materialicen es poco probable que veamos el precio del barril brent alzarse por encima de los 85$/barril, ya que implicaría una prima sobre el precio de equilibrio estimado a dos años de más del 30%.El escenario actual de cierre práctico del estrecho de Ormuz podría ser parcialmente mitigado. Primero, porque recientemente, las exportaciones de la región se habían acelerado ante el riesgo inminente de una escalada, por lo que la cantidad de crudo en camino es más alta de lo normal. Segundo, porque Arabia Saudí cuenta con un baipás, con una capacidad de entre 5-7mb/d, lo que supone cerca de un 20-25% de la cantidad que pasa por el estrecho. Tercero, porque China, que es el mayor importador de la región, cuenta con reservas de crudo para más de 8 meses, y no se espera que vaya a añadir presión en los precios. Y, cuarto, porque la OPEP+ ha anunciado que incrementará la oferta en 206kb/d a partir de abril.

Todo ello, nos hace ser moderadamente positivos con la evolución del precio del crudo. Aunque es clave estar pendiente a la evolución de los hechos para determinar si el escenario base cambia.

Por otro lado, el principal canal de transmisión hacia la economía es sin duda la inflación. Se estima que un aumento del 10% en el precio del brent puede llegar a añadir entre 0,2 y 0,4 puntos a la inflación global. Sin embargo, la traslación no es igual para todos los países, siendo las economías importadoras -zona euro, Reino Unido, Japón o China- las más afectadas.

"No creemos que un incremento temporal en el precio fruto de una prima de riesgo genere grandes tensiones inflacionistas. Sin embargo, la incertidumbre puede hacer que los bancos centrales aplacen cualquier bajada de tipos hasta que se confirme si es un problema estructural. Manteniéndonos en el escenario base donde el barril brent no se va por encima de 85$, el impacto en la economía global se prevé manejable. Tan solo un escenario adverso con precios del crudo por encima de los 100$/barril podrían hacer saltar las alarmas y acrecentar el riesgo de contracción", insisten en la gestora de Ibercaja.

Sobre el impacto a corto plazo en los mercados:

  • Acciones: es de esperar que la reacción inmediata de la renta variable sea negativa bajo este tipo de eventos geopolíticos y posteriormente, dependerá de cómo va evolucionando la situación. En este sentido, la incertidumbre es elevada, pero lo normal es que los precios del crudo sean el principal elemento transmisor de los movimientos que se produzcan. En este contexto, los productores de energía están mejor protegidos que los consumidores de energía. Por tanto, a nivel sectorial, automoción, aerolíneas, transporte marítimo e industrias intensivas en combustibles serían las más afectadas en un entorno de costes energéticos elevados y disrupción logística. Por su parte, energía, defensa, ciberseguridad e infraestructuras críticas se beneficiarían de un aumento del gasto en resiliencia, defensa y seguridad. Mientras tanto, a nivel regional la renta variable europea estaría más expuesta a los shocks en los precios de la energía que la renta variable americana, debido a:
    • una mayor intensidad energética de la industria
    • y mayor dependencia en la importación de hidrocarburos. Esto también aplica a otras economías como la japonesa y a muchos países asiáticos dependientes de las importaciones de Oriente Medio
  • Bonos: el comportamiento de la renta fija soberana como activo refugio podría verse limitado, ya que las rentabilidades de los bonos podrían subir en el corto plazo como reacción a las expectativas de mayor inflación provocadas por el aumento de los precios energéticos, sobre todo si éste se percibe persistente. En este sentido, el papel tradicional de los bonos soberanos como activo refugio puede no resultar efectivo por la combinación de una prima por riesgo geopolítico y riesgo inflacionista persistente. Los bonos americanos tendrían un impacto negativo menor que los europeos y japoneses, dada la mayor independencia energética con la que cuenta EEUU.
  • Divisas: normalmente, cabría esperar que el dólar suba en un escenario inicial de aversión al riesgo, dada su histórica condición de activo refugio. Además, dado que EEUU es exportador neto de energía, podría beneficiarse si los precios de la energía subieran. Por esta misma razón, también podemos esperar que se fortalezcan las monedas de otros países exportadores de energía, como el dólar canadiense, el peso mexicano, la corona noruega y las monedas de Oriente Medio, aunque el efecto sobre estas últimas podría verse atenuado por la proximidad del conflicto.
  • Metales preciosos: tanto el oro como la plata deberían aprovecharse de su condición de activo refugio y verse beneficiados de un escenario como el actual. Su buen comportamiento durante los últimos doce meses responde, en parte, al incremento en el riesgo geopolítico y la fragmentación derivada de los aranceles. La guerra actual no hace más que poner de manifiesto el auge en la tensión en las relaciones entre las distintas potencias y refuerza la tesis del oro. Con la apreciación del oro, las mineras también saldrían beneficiadas de este shock geopolítico.

Coface: riesgo de estanflación en la economía mundial

La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán está ejerciendo una presión extrema sobre los mercados energéticos. Aunque aún no se han registrado interrupciones importantes en el suministro, los riesgos que rodean al estrecho de Ormuz suponen una amenaza para la economía mundial si el conflicto continúa. "Un conflicto limitado a unos pocos días o semanas, el escenario más probable en la actualidad, debería tener un impacto limitado. Sin embargo, si el conflicto continuara, su impacto macroeconómico podría ser significativo y trascender la cuestión de los precios de la energía", avisa Ruben Nizard, director de Investigación Sectorial de Coface.

Los ataques marcan un importante punto de inflexión para los mercados energéticos. Al inicio de la jornada bursátil del lunes 2 de marzo, el Brent subió más de un 10 %, lo que refleja principalmente un aumento dela prima de riesgo geopolítico más que interrupciones inmediatas y concretas del suministro. Antes de esta escalada, los mercados petroleros registraban un amplio superávit. Laabundante oferta, impulsada por los productores no pertenecientes a la OPEP+ y la rápida reposición de existencias, mantenía los precios bajo presión (con una media de 68 libras por barril en 2025). El conflicto cambia las reglas del juego, reintroduciendo una incertidumbre extrema sobre la seguridad del suministro.

Las interrupciones actuales en el estrecho de Ormuz ya están provocando un aumento de los precios. La capacidad para sortear este estrecho es limitada e insuficiente para absorber una crisis importante. Las interrupciones prolongadas o repetidas podrían empujar al Brent a alcanzar los tres dígitos, con la posibilidad de superar el máximo de febrero de 2022 (122$/barril) o incluso el récord de 2008 (147$/barril).

Aunque Irán no es el principal productor de la región, una interrupción de su suministro tendría un impacto inmediato en unos mercados ya frágiles. Con más de 3 millones de barriles diarios producidos y casi 1,5 millones exportados, principalmente a China, una interrupción obligaría a los compradores, especialmente en Asia, a recurrir a alternativas más caras, lo que aumentaría la presión al alza sobre los precios del petróleo.

Más allá del suministro iraní o del posible cierre del estrecho de Ormuz, Irán también podría atacar las infraestructuras petroleras de otros países del Golfo. El impacto dependería entonces de la magnitud de los daños y la duración de la interrupción, en un contexto en el que la capacidad excedentaria de la OPEP+, de entre 4 y 5 millones de barriles diarios, sigue siendo limitada y concentrada, especialmente en Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, donde los flujos logísticos comerciales podríanverse interrumpidos.

Lo que está en juego va mucho más allá del mercado petrolero. El estrecho de Ormuz también es crucial para el transporte de gas natural licuado (GNL), fertilizantes, metales industriales (aluminio) y productos petroquímicos. Además, otros puntos estratégicos, como Bab el-Mandeb 1 o el canal de Suez, también podrían verse afectados en caso de una escalada regional. Esto podría aumentar los costes de transporte y las primas de los seguros marítimos.

Esta interrupción gradual de las cadenas de suministro plantea un riesgo creciente de escasez y presiones inflacionistas, especialmente para las economías más dependientes de las importaciones de energía.

Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100$ por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada. Un aumento prolongado de 15$ en los precios del crudo Brent podría reducir así el crecimiento mundial en alrededor de 0,2 punto y añadir casi 0,5 puntos porcentuales a la inflación. En tal contexto, el riesgo de estanflación —una combinación de crecimiento débil e inflación elevada— volvería a convertirse en una amenaza creíble para la economía mundial, con graves consecuencias para las empresas y el comercio.

Banca March

El conflicto es negativo para las bolsas globales, con las de EEUU las menos afectadas y las asiáticas siguen registrando el peor comportamiento, dado que sus economías son las más impactadas por el cierre del estrecho de Ormuz –ver sección de bolsa–.En el plano militar, los ataques estadounidenses e israelíes continúan centrados en desmantelar la capacidad de lanzamiento de misiles y drones. Además, se ha impedido la reunión de los 88 miembros de la Asamblea de Expertos, lo que retrasa el proceso de sucesión del líder supremo. Este movimiento busca que la ausencia de un liderazgo claro favorezca la caída del régimen. 

Por su parte, Irán sigue enviando misiles y drones a distintos países del Golfo y ha señalado que sus objetivos ya no se limitan a instalaciones militares, incrementando la presión sobre los aliados de EEUU en la región.

En paralelo, Trump ha ofrecido —sin detallar el procedimiento— un seguro para los barcos que cruzan el estrecho de Ormuz e incluso la posibilidad de establecer un servicio de escolta. No obstante, al no haberse asignado recursos ni desplegado capacidades operativas, el alivio no es inmediato y, en consecuencia, el bloqueo de facto persiste. China instó a las partes implicadas a no interrumpir el tránsito por Ormuz, lo que ha contribuido a moderar la tensión en los mercados energéticos, que se estabilizan y registran subidas moderadas. Mientras, Iraq ha comunicado una ralentización en su producción de crudo por la falta de cargueros disponibles.

"Mantenemos la atención en la evolución del conflicto y reiteramos que no se deben acelerar decisiones de inversión en el actual entorno de riesgo. Consideramos que nuestro posicionamiento estratégico sigue siendo adecuado y que los componentes defensivos —salud e infraestructuras— seguirán proporcionando soporte. Además, el dólar ha recuperado su papel como activo refugio, apreciándose en las últimas sesiones y sirviendo de protección a los inversores en euros", insisten en Banca March.

Trump amenaza a España

Por otra parte, Trump amenaza a España con “cortar toda relación” por negarle el uso de las bases militares de Morón (Sevilla) y Rota (Cádiz) para los ataques a Irán. Asegura que  ha dado orden al secretario del Tesoro, Scott Bessent, suspender las relaciones comerciales con España. Pedro Sánchez replica que la ofensiva constituía una actuación al margen del derecho internacional y aseguró que España dispone de los recursos necesarios para apoyar a los sectores que pudieran verse afectados y diversificar las cadenas de suministro.

En el comercio entre ambos países, el déficit comercial de bienes que España mantiene con EEUU se debe principalmente al importante peso de los bienes energéticos sobre nuestras importaciones: el país norteamericano nos provee el 17% del petróleo crudo y el 34% del gas natural. 

Trump también arremetió contra Reino Unido, por el mismo motivo, negarle el uso de sus bases para la ofensiva, aunque posteriormente, sí autorizó su uso defensivo. Otros aliados europeos que han permitido el uso de sus bases con fines estrictamente defensivos son Alemania, Francia y Portugal. 

12Jan

España, gracias al turismo y a la sólida demanda interna, será el país de la Eurozona que más crezca, junto a Portugal, Italia y Grecia.

Miguel Ángel Valero

En el arranque del nuevo año, Crédito y Caución ha elaborado un informe sobre las perspectivas de evolución de la economía global en 2026 y 2027. Aunque el PIB mundial ha resistido mejor de lo esperado a los efectos de la guerra comercial, se prevé que en el próximo ejercicio modere su crecimiento hasta el 2,6% y se recupere ligeramente en 2027 (2,8%). En este contexto, EEUU crecerá por debajo de la media, en el entorno del 2%, mientras que los países emergentes de Asia seguirán liderando (4%), aunque a un ritmo algo menor del que venían registrando. 

Dentro de las economías avanzadas, la zona euro será la que experimentará peor comportamiento, con un repunte moderado del 0,9% en 2026 y del 1,6% en 2027, a medida que los efectos negativos de los aranceles estadounidenses se hagan más pronunciados. Ese crecimiento se producirá a dos velocidades, impulsado por España, Portugal, Italia y Grecia. Entre ellos, el mercado español es el que presenta mejor rendimiento por el empuje del sector servicios, gracias al turismo y a una sólida demanda interna. La previsión es que el consumo se incrementará un 2,6%, debido a una mejora de los niveles de empleo. 

El informe de la aseguradora también incluye una proyección del cuadro macroeconómico europeo con una inflación del 1,6% a cierre de año, un tímido aumento de las exportaciones del 0,3% y una estabilización de la tasa de paro (6,3%). En este sentido, se observa cómo las subidas salariales se están ajustando gradualmente a una menor inflación, lo que repercute en la capacidad de gasto de los consumidores. 

En cuanto al resto de principales mercados mundiales, el PIB de EEUU mantendrá un crecimiento sostenido del 2% en 2026 y 2027, impulsado por la inversión en inteligencia artificial e infraestructuras relacionadas, que compensa las debilidades emergentes de la economía real. Por su parte, el informe de Crédito y Caución espera que el PIB de China se desacelere y se sitúe en el 4,4% en 2026. Uno de los principales motivos es una caída en las exportaciones, que empezaron a perder impulso el pasado año por la anticipación de compras que se produjo antes de la entrada en vigor de los aranceles. 

Dentro de los mercados emergentes, India es la que cuenta con mejores perspectivas, con un 6,3%, impulsada por una demanda interna resistente y unas políticas macroeconómicas favorables. Se espera, además, que siga profundizando en su cooperación con EEUU en determinados sectores estratégicos, como los semiconductores, la ciberseguridad, los minerales críticos y la fabricación de material de defensa.

Los expertos de Crédito y Caución estiman que el crecimiento mundial en 2026 siga sufriendo los efectos positivos de la inversión en inteligencia artificial, especialmente en EEUU, que se inició el pasado año, aunque a un ritmo más lento. A pesar de las continuas tensiones comerciales y la incertidumbre política, los enormes flujos de capital hacia centros de datos, chips y mejoras energéticas están suponiendo un importante impulso para la actividad económica.