06May

Las mastodónticas cifras de inversión destinadas al despliegue de la inteligencia artificial continúan impulsando el crecimiento, no solo dentro del ecosistema de centros de datos, sino también en el conjunto de la economía, un efecto que se refleja claramente en el peso de la inversión en las últimas cifras del PIB estadounidense.

Miguel Ángel Valero

Con una operación de apenas un día de duración, Project Freedom ha servido para que EEUU acuda el árbol iraní. Medios críticos con el régimen señalan que el presidente Masoud Pezeshkian estaría molesto con la decisión del general Ahmad Vahidi de lanzar ataques a buques comerciales con el fin de reafirmar el control del estrecho de Ormuz. Y que los sorpresivos ataques contra Emiratos Árabes Unidos forman parte de los intentos de Vahidi por sabotear las conversaciones con EEUU, incluso a costa de provocar un reinicio de las confrontaciones armadas.

En medio de este escenario de tensiones internas, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, visitó China, precisamente la semana previa a la llegada de Donald Trump, lo que sugiere un posible intento de coordinar posiciones sobre el conflicto iraní.

Mientras tanto, los mercados bursátiles continúan celebrando la temporada de resultados. En EEUU se alcanzaron nuevos máximos y, tras el cierre de la sesión, se publicaron las cifras de AMD, principal competidor de Nvidia en el segmento de las GPU (pieza clave en la construcción de centros de datos para inteligencia artificial). Los resultados confirman la sólida dinámica que viene mostrando el sector de semiconductores. La compañía incrementó sus ingresos un 38%, superando por primera vez los 10.000 millones$ trimestrales, y sus beneficios operativos crecieron un +72%. Además, elevó su previsión de ventas para el segundo trimestre hasta los 11.200 millones$, con unos márgenes brutos que se mantendrán en torno al 56%. La acción reaccionó con una subida del 11% en el after market.

En consecuencia, el movimiento estadounidense parece estar sacudiendo el tablero interno iraní, acentuando las fracturas dentro del régimen y aumentando la presión a medida que el tiempo juega en su contra, especialmente por la limitada capacidad de almacenamiento de petróleo. 

Sin embargo, el verdadero ganador del conflicto está siendo el sector tecnológico. Las mastodónticas cifras de inversión destinadas al despliegue de la inteligencia artificial continúan impulsando el crecimiento, no solo dentro del ecosistema de centros de datos, sino también en el conjunto de la economía, un efecto que se refleja claramente en el peso de la inversión en las últimas cifras del PIB estadounidense.  

La UE trata de frenar los nuevos aranceles de Trump sobre los automóviles

Por otra parte, la Unión Europea ha pedido a EEUU que las principales disposiciones del acuerdo no se apliquen antes de julio. Trump amenazó con elevar los aranceles a los automóviles del 15% –establecido en el pacto comercial– al 25%, una medida que supondría incumplir lo acordado. El presidente estadounidense justificó esta amenaza por la demora del bloque comunitario en ratificar el acuerdo. Sin embargo, la UE sostiene que está siguiendo su procedimiento legislativo y prevé aprobarlo en junio. El retraso se debe a que el proceso se vio temporalmente interrumpido por el Parlamento Europeo, tras las amenazas de Trump de imponer nuevos gravámenes a los aliados europeos que no respaldaran su propuesta de adquisición de Groenlandia.

Noruega busca reforzar su producción futura de petróleo y gas mediante la reapertura de tres yacimientos de gas. En el contexto del esfuerzo europeo por diversificar sus fuentes energéticas y reducir la dependencia de Rusia y Oriente Medio, el país nórdico ha decidido reanudar la producción de estas instalaciones, que comenzará a partir de 2028. Los yacimientos en cuestión –West Ekofisk, Albuskjell y Tommeliten Gamma– situados en la costa sur del país, se cerraron en 1998, y se espera que su reapertura produzca durante dos décadas. Las reservas recuperables se estiman entre 90 y 120 millones de barriles equivalentes de petróleo (mboe), consistiendo principalmente en gas, con volúmenes limitados de condensado. Las exportaciones de gas se dirigirán a Emden (Alemania), mientras que el condensado se enviará a Teesside (Reino Unido). Paralelamente, el Gobierno noruego ha puesto en marcha una nueva ronda de licencias para la exploración de petróleo y gas, con el objetivo de asegurar niveles elevados de suministro energético a largo plazo.

UBS: los mercados sobrevaloran el riesgo de subidas de tipos

Los rendimientos de los bonos gubernamentales se mantienen muy por encima de los niveles previos al conflicto, ya que los elevados precios del petróleo han intensificado las preocupaciones sobre la inflación. "Pero seguimos creyendo que es menos probable que el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra suban los tipos, mientras que la Fed podría incluso recortarlos aún más", señalan en UBS. Mientras las expectativas de inflación a largo plazo permanezcan ancladas a nivel global, una revisión de las expectativas del mercado debería provocar descensos en los rendimientos de los bonos gubernamentales en los próximos meses. Los riesgos para el crecimiento deberían mantener al BCE sin cambios. Es probable que el Banco de Inglaterra también mantenga los tipos estables. La Fed tiene margen para seguir flexibilizando su política.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “Mantenemos la opinión de que los mercados han sobrevalorado el riesgo de que los bancos centrales suban, o no bajen, los tipos de interés. Esto crea una oportunidad potencial para que los inversores ‘fijen rendimientos’ en bonos de calidad a corto y medio plazo en USD, EUR y GBP”. Y añade: “Quienes busquen generar ingresos adicionales en sus carteras también pueden considerar una exposición selectiva a segmentos de mayor beta como mercados emergentes, high yield o deuda subordinada, así como estrategias de renta variable orientadas a ingresos e inversiones estructuradas que generen rentabilidad”.

“Prevemos una subida adicional de 25 puntos básicos, muy probablemente en agosto, y un tipo terminal del 4,6%. A corto plazo, nos mantenemos cautos con el AUDUSD en un contexto de fortaleza continuada del USD. A más largo plazo, sin embargo, unos fundamentos sólidos respaldan nuestra previsión de 0,75, con preferencia por posiciones largas en la divisa frente a ciertos cruces selectivos”, apuntan Wayne Gordon y Teck Leng Tan, estrategas.

Pictet: clima de inversión más favorable

Luca Paolini, estratega jefe de Pictet AM, habla de "un clima de inversión más favorable". Ante la persistencia del conflicto sin resolver en Irán mantenemos una posición global neutral en renta variable, renta fija y liquidez, aunque reintroduciendo cierto riesgo. Sobre ponderamos acciones estadounidenses y de mercados emergentes, los cuales presentan sólidos beneficios empresariales y resistencia a la crisis energética. Preferimos los sectores industrial y tecnológico. También sobre ponderamos deuda en moneda local de mercados emergentes.Aunque persiste mucha incertidumbre, sin que se vislumbre el fin de la guerra en Irán, con barcos atrapados en el estrecho de Ormuz y precios del petróleo en alza, los peores escenarios no se han materializado y el balance de riesgos apunta a un clima más favorable de inversión. En este sentido los inversores pueden volver a centrarse en lo que, en general, son fundamentales positivos: amplia liquidez global, fuerte dinamismo de beneficios empresariales, crecimiento económico, aunque no espectacular, inflación moderada -aunque con riesgos al alza- y valoraciones en muchas clases de activos más atractivas que hace dos meses.

El contexto macroeconómico es en conjunto moderadamente positivo, con indicadores adelantados indicativos de que la actividad se mantiene resiliente en la mayoría de las economías desarrolladas y gran parte de Asia, siendo la transmisión del impacto energético, más allá de encuestas y precios, limitada hasta el momento. Nuestro escenario base es que la economía global crezca 2,8% este año, ligeramente por encima de su potencial, con la inflación alrededor de 3%. 

Pero los precios del petróleo rondan 110-120$/barril con la vía marítima del estrecho de Ormuz cerrada, en comparación con los 70$ previos a la guerra, siendo el valor razonable a largo plazo de unos 80$. Si el cierre se prolonga al verano es probable que desencadene una leve recesión en Europa y algunas economías emergentes, incluso EEUU. De hecho, en EEUU el consumidor es más vulnerable de lo que indica el crecimiento económico: los datos de consumo ya son débiles, el aumento de la renta disponible se ha desacelerado considerablemente, la confianza se encuentra cerca de mínimos históricos y se prevé que el aumento de precios del petróleo reduzca más la renta real, aunque sus productores de petróleo pueden obtener importantes beneficios.

En cambio, en Europa, la crisis del petróleo es negativa, haciendo que las expectativas de recuperación se desvanezcan, con amenaza de estanflación más presente y hemos rebajado la previsión de crecimiento en la euro zona este año a 0,9% desde 1,3% hace dos meses y aumentado la de inflación a 2,7% desde 2 %.

Pero en economías emergentes los exportadores de energía son beneficiarios y otros países se encuentran en posición más sólida que en crisis anteriores, con mayor crecimiento, menor vulnerabilidad externa y mayores reservas de liquidez.

Ante la incertidumbre sobre la duración del impacto inflacionario y posible intervención Gubernamental para mitigar sus efectos, los bancos centrales se han mostrado dispuestos a endurecer la política monetaria, aunque sin prisa. La liquidez global, por la oferta monetaria, reservas de divisas (excluido oro) y activos de los bancos centrales (excluido oro), crece cerca de 7,4 %, 1 % por encima de la tendencia histórica.Por su parte la Reserva Federal ha dejado de recortar tipos de interés y no prevemos más este año, pero la liquidez de su sector privado sigue abundante para protegerse de perturbaciones externas. Creemos que se debe a que los principales prestatarios -Gobierno, empresas relacionadas con inteligencia artificial (IA) y consumidores con mayor poder adquisitivo- no son especialmente sensibles a las variaciones de tipos de interés. 

Además, los balances bancarios gozan de sólida salud, bien protegidos de perturbaciones en los sectores más débiles del mercado crediticio. La liquidez monetaria y crediticia en EEUU aumentará a 2,5 billones$, 8 % de su PIB, frente a 1,7 billones en 2025.

La temporada de presentación de resultados ha sido sólida, especialmente en EEUU y en sectores de tecnología, finanzas y materiales. Las valoraciones en renta variable, a pesar de la fuerte recuperación, no parecen excesivas en precio/beneficio a 12 meses un 10 % inferior al máximo de octubre de 2025.  Los principales índices bursátiles están dominados en gran medida por empresas del sector servicios, siendo poco probable que el aumento del precio del petróleo tenga impacto inmediato en los beneficios agregados. Además, el sentimiento de los inversores se ha recuperado con fuerza hasta terreno alcista, pero sin señales de excesiva euforia: el apalancamiento neto se encuentra por debajo del promedio y los inversores siguen preparados para la volatilidad, como muestran los mercados de opciones.

En este contexto hemos aumentado nuestra recomendación en acciones estadounidenses a sobre ponderar.  Están respaldadas por sólidos resultados empresariales, liquidez y auge de la inversión industrial e IA. El consenso espera en las empresas del índice S&P 500 crecimiento de beneficios de alrededor del 20% este año y el próximo, máximo desde 2021. Además, es destacable el aumento de los márgenes de beneficio, prueba de control de costes y crecimiento nominal. Pero estamos neutrales en mercados desarrollados fuera de EEUU, donde las valoraciones de las acciones siguen ajustadas y persiste la incertidumbre sobre el impacto económico de la guerra.

También sobre ponderamos acciones de mercados emergentes, cuyas empresas experimentan fuerte aumento de beneficios y parecen relativamente protegidas del aumento de costes de la energía. Se prevé que su mayor crecimiento del PIB respecto a economías desarrolladas se amplíe a 2,6 % este año frente a 2,4 % de 2025. Estos países pueden beneficiarse del ciclo de IA, con algunos de los mayores fabricantes de chips del mundo, como la taiwanesa TSMC y coreanas Samsung y SK Hynix, que juntos representan casi una cuarta parte del índice de emergentes MSCI EM. Además, sobre ponderamos acciones chinas, donde un fuerte estímulo monetario y fiscal debe respaldar su demanda interna y el aumento de la producción industrial y exportaciones relacionadas con IA impulsar los beneficios, en un mercado con mayor capacidad que la mayoría para absorber perturbaciones externas.

Por sectores sobre ponderamos acciones industriales, favorecidas por el gasto global en infraestructura y mejora de tendencias manufactureras. La inversión en capital en EE. UU. está en auge, con aumento de 11 % interanual en pedidos de bienes de capital básicos en marzo. También sobre ponderamos acciones tecnológicas, pero preferimos empresas de hardware y semiconductores a las de software. El descuento en valoración con la reciente caída puede ser temporal y los planes de inversión de las grandes tecnológicas para centros de datos de IA e infraestructura digital este año -estimados en 700.000 millones$- justifican una prima.

Estamos neutrales en el sector de salud, por el menor dinamismo y perspectivas de beneficios menos favorables en comparación con otros segmentos e infra ponderamos acciones de consumo discrecional, pues el aumento de la inflación debe afectar negativamente a los ingresos de los hogares.

Mantenemos una posición neutral en bonos de mercados desarrollados. Los inversores que buscan protección frente a la volatilidad pueden verse atraídos por esta deuda, pero las presiones inflacionarias pueden hacer que aumenten sus rentabilidades a vencimiento. El BCE y el Banco de Inglaterra ya han dado señales de que endurecerán su política monetaria y consideramos poco probable que la Reserva Federal -incluso bajo la presidencia de Kevin Warsh, aparentemente más moderado- recorte sus tipos de interés este año. Por otra parte, si el aumento de precios erosiona la confianza de consumidores y empresas aumentarán los riesgos de recesión, con aumento de precios de los bonos. Así que, por ahora, estas fuerzas contrapuestas dejan poco margen para la convicción.Pero sobre ponderamos deuda en moneda local de mercados emergentes, que ofrece una relación riesgo-rentabilidad muy favorable. Su deuda soberana sobre PIB se sitúa en un promedio del 57 %, muy por debajo de 128 % en economías del G-7 y la situación fiscal es más sólida, con la calidad crediticia mejorando desde principios de 2024. Las rentabilidades a vencimiento reales, sobre todo en Latinoamérica, se mantienen muy por encima de la de mercados desarrollados, con sólido colchón de ingresos para los inversores. Además, la apreciación de divisas ofrece una fuente adicional de rentabilidad -la monedas de economías importadoras de petróleo se han comportado mejor que en crisis anteriores de la energía, lo que sugiere mejoras estructurales y demanda de los inversores-.

inAtlas: las empresas necesitan datos para tomar decisiones en comercio exterior

La reconfiguración del comercio internacional ya no es una hipótesis, sino una realidad operativa para miles de empresas. El aumento de los aranceles, la relocalización industrial y las tensiones entre grandes bloques económicos están obligando a revisar estrategias que durante años parecían consolidadas. En este contexto, muchas compañías españolas con fuerte exposición internacional están empezando a diversificar sus mercados. Sectores como el agroalimentario, el químico-farmacéutico, la maquinaria industrial o el textil están explorando nuevas geografías para reducir riesgos y mantener su competitividad en un entorno cada vez más fragmentado.

“Durante años, la internacionalización se ha apoyado en mercados considerados estables. Hoy, esa estabilidad es relativa. Las empresas necesitan identificar alternativas, pero hacerlo con criterio, porque los nuevos mercados también implican mayores niveles de complejidad”, explica Silvia Banchini, Cofundadora y Directora Comercial de inAtlas.

Este cambio de escenario está poniendo en evidencia los límites del análisis macroeconómico tradicional. Indicadores como el crecimiento del PIB o la evolución de la clase media resultan insuficientes para evaluar la viabilidad real de un mercado. La toma de decisiones exige ahora un nivel de precisión mucho mayor: conocer qué empresas operan en un territorio, identificar potenciales socios o distribuidores, evaluar riesgos comerciales específicos o analizar los flujos reales de importación y exportación por categoría de producto.

“Las empresas ya no pueden permitirse tomar decisiones basadas únicamente en tendencias generales. Necesitan entender el mercado a un nivel mucho más detallado, casi quirúrgico, para minimizar la incertidumbre”, añade Banchini.

La diversificación abre oportunidades, pero también introduce nuevos desafíos. Mercados que hasta ahora estaban fuera del radar empresarial, en regiones de Asia, África o América Latina, empiezan a ganar atractivo, aunque con estructuras comerciales más complejas y mayores riesgos asociados. En este contexto, el acceso a datos fiables y actualizados se convierte en un factor diferencial. El uso de herramientas basadas en microdatos permite a las empresas cruzar información empresarial, financiera y comercial para identificar oportunidades reales y tomar decisiones más informadas.

La transformación del comercio global no afecta por igual a todas las empresas. Aquellas que logren anticipar cambios y adaptar su estrategia de internacionalización tendrán una ventaja competitiva clara en los próximos años. En un entorno marcado por la incertidumbre, la capacidad de interpretar datos complejos y convertirlos en decisiones operativas se perfila como uno de los principales factores de éxito para las empresas exportadoras.

25Apr

Cuando el país que sostiene el orden global deja de actuar como su garante, el resto del mundo no se queda esperando. Se protege, se reorganiza

Miguel Ángel Valero

Durante décadas, el mundo ha funcionado sobre una idea muy simple: EEUU no solo era la mayor potencia, sino también el eje de confianza sobre el que giraba todo lo demás. El dólar, los mercados, las alianzas militares, el comercio global… todo descansaba sobre una premisa básica: Washington era predecible. Ahora ese pilar se está resquebrajando.

La vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca no ha sido simplemente un cambio político. Ha sido un cambio de comportamiento. Y lo más preocupante no es lo que hace hacia fuera, sino lo que está provocando hacia dentro: un deterioro progresivo de la confianza en el propio sistema interno. 

Cuando el Tribunal Supremo tiene que frenar decisiones económicas clave del presidente, cuando la política comercial cambia en función del momento o del interés táctico, o cuando la estrategia internacional responde más a impulsos que a una hoja de ruta, la economía deja de ser una brújula para convertirse en un reflejo de la incertidumbre política. Y eso tiene consecuencias.

El ejemplo más reciente es especialmente revelador. Tras el fracaso de las negociaciones con Irán, Trump ha decidido imponer un bloqueo naval sobre el tráfico marítimo que entre o salga de puertos iraníes. Teherán ya ha advertido que, si sus puertos son amenazados, ningún punto del Golfo será seguro. Este conflicto comienza a extenderse más allá del petróleo, y empiezan a aparecer efectos en cadena: suben los costes del transporte marítimo, aumentan las primas de seguros, se tensionan las materias primas y varios países asiáticos estudian medidas de racionamiento energético. 

"Los mercados pueden adaptarse a casi todo… menos a la falta de reglas. La base del poder estadounidense ha sido siempre su red de alianzas. Un entramado global donde Washington ofrecía seguridad a cambio de influencia. Pero ese equilibrio se rompe en el momento en que sus aliados empiezan a dudar de si esa protección sigue existiendo. La pregunta que antes era impensable ahora se formula abiertamente: ¿realmente Estados Unidos va a defender a sus socios si llega el momento?", subraya el analista Pablo Gil en The Trader.

En Europa, esa duda ya no es teórica. Es evidente que el modelo anterior ha dejado de funcionar, de modo que ahora el debate ya no gira en torno a cómo coordinarse con EEUU, sino en cómo reducir la dependencia de él, porque la relación ha dejado de ser entre aliados para convertirse en una relación de conveniencia… cuando no de desconfianza. No se trata solo de declaraciones o de tensiones puntuales, sino de algo mucho más profundo.

EEUU ha empezado a cuestionar los pilares de su propia red: presiona a sus socios, amenaza con retirarse de compromisos históricos, interfiere en la política interna de países aliados y redefine las reglas en función de sus intereses a corto plazo. Todo ello erosiona la cohesión de un sistema que tardó décadas en construirse. Y mientras tanto, el mundo se adapta. El concepto de globalización eficiente está dando paso a un modelo mucho más fragmentado, donde cada país busca asegurarse sus propios recursos, su propia energía y seguridad. Es un sistema más caro, menos eficiente y con mayor riesgo de conflicto. Pero es el sistema que emerge cuando desaparece la confianza.

Europa tiene ahora una oportunidad… pero también un problema. Por un lado, la debilidad relativa del liderazgo estadounidense abre la puerta a reforzar su papel global. Atraer capital, avanzar en la integración financiera, fortalecer el euro como alternativa y construir una mayor autonomía estratégica. Por otro, exige tomar decisiones que durante años se han evitado: invertir en defensa, coordinar políticas fiscales, integrar mercados de capitales y, sobre todo, actuar con unidad.

Porque el verdadero riesgo no es Trump. El verdadero riesgo es que Europa siga paralizada esperando a que todo vuelva a ser como antes. Porque eso no va a pasar. La historia demuestra que los imperios rara vez caen solo por factores externos. Suelen deteriorarse desde dentro, y no desaparecen de golpe, sino que se debilitan poco a poco, erosionando sus propios fundamentos.

EEUU está cambiando. Y ese cambio tiene una consecuencia directa: el mundo deja de girar en torno a certezas y empieza a hacerlo en torno a intereses. Y Europa tiene ahora que decidir qué papel quiere jugar en ese nuevo escenario: seguir siendo un actor secundario dependiente… o empezar a comportarse como una potencia con voz propia. Porque en este nuevo orden, ya no basta con confiar. Hay que posicionarse.

Al final, todo esto va mucho más allá de Trump. Él es el catalizador, pero no el origen del problema. Lo que estamos viendo es cómo EEUU empieza a dejar de creer en el sistema que él mismo creó… y eso es lo realmente peligroso. Porque cuando el país que sostiene el orden global deja de actuar como su garante, el resto del mundo no se queda esperando. Se protege, se reorganiza… y empieza a prepararse para un entorno donde decisiones como un bloqueo naval en Ormuz pueden convertirse en una herramienta más de presión política. Y en ese mundo, la confianza (que es el verdadero pegamento de la economía y la geopolítica) deja paso a la incertidumbre estructural.

Tierras raras, el talón de Aquiles de EEUU

El dominio de China en el mercado de las tierras raras es uno de los grandes desequilibrios estratégicos del mundo actual. No solo porque estos materiales son imprescindibles para la transición energética, la defensa, la inteligencia artificial o los semiconductores, sino porque otorgan a China una palanca de poder enorme en cualquier negociación comercial. China no domina las tierras raras porque tenga muchas más que el resto del mundo. Las tiene, sí, pero la clave está en otra parte. Durante décadas ha construido un ecosistema industrial completo: minería, refinado, procesado, imanes, componentes intermedios y producto final. Todo integrado, todo coordinado, todo bajo una estrategia de Estado.

EEUU, en cambio, llega tarde. Tiene recursos, tiene tecnología y tiene capital, pero le falta justo lo más difícil de replicar: la cadena industrial completa. El ejemplo más claro es la mina de Mountain Pass, en California. Allí se extrae mineral, pero durante años el refinado y el procesado se han hecho… en China. El eslabón crítico sigue fuera.

El debate ya no es si EEUU puede competir, sino cómo hacerlo sin engañarse. Y aquí es donde entra una visión más realista, como la que plantea Heidi Crebo-Rediker desde el Council on Foreign Relations. La clave no está en copiar el modelo chino, sino en diseñar uno propio, apoyado en tres pilares: asegurar el procesado en suelo estadounidense o aliado, invertir en nuevas tecnologías de separación menos contaminantes y utilizar la política industrial sin complejos, incluyendo subsidios, contratos públicos y alianzas estratégicas con países afines.

Éste no es un problema de mercado, sino geopolítico. Si EEUU deja esto solo en manos del sector privado, no llegará a tiempo. China aceptó durante años costes medioambientales y márgenes bajos para dominar el mercado. Occidente no ha querido pagar ese precio… y ahora descubre la factura estratégica. El horizonte temporal es clave. Incluso en el mejor de los escenarios, EEUU necesitaría entre 8 y 12 años para construir una cadena de valor mínimamente comparable: nuevas plantas de procesado, permisos medioambientales, formación de personal especializado y escalado industrial. No es algo que se solucione con una ley o con un par de incentivos fiscales. Es una carrera de fondo.

Las tierras raras son un recordatorio incómodo de algo que solemos olvidar: la globalización no eliminó la geopolítica, solo la escondió. EEUU puede reducir su dependencia de China, pero no rápido ni gratis. El mundo que viene será menos eficiente, más caro y mucho más estratégico. Y en ese mundo, quien controle los cuellos de botella industriales no tendrá solo ventaja económica, tendrá poder.

Franklin Templeton: larga vida al dólar

Por otra parte, Sonal Desai, CIO de Renta Fija de Franklin Templeton, recuerda que la 'necrológica' del dólar estadounidense se ha escrito muchas veces, con una frecuencia cada vez mayor durante el último año, pero la mayoría de los análisis catastrofistas sobre la divisa se centran en un solo lado de la ecuación y pasan por alto el panorama completo. La tesis del 'petrodólar' se sustenta en que el comercio del petróleo está denominado en dólares (USD), y que el desplazamiento de las exportaciones de crudo de Oriente Medio hacia Asia y la localización del gasto en defensa del Golfo señalan el inicio del fin de la hegemonía del dólar. 

"Esta visión es notablemente simplista y, además, invierte parcialmente la relación de causalidad. Los países exportadores de petróleo tienen un fuerte interés propio en recibir pagos en USD por lo que los dólares representan: acceso a los mercados de capital más profundos y líquidos del mundo, respaldados por un marco institucional y legal que protege los derechos de propiedad y hace cumplir los contratos, y apoyados por una economía fuerte, dinámica e innovadora", argumenta.

Tres pilares sostienen este sistema: la escala y dinamismo de la economía estadounidense, la credibilidad institucional y una profundidad de mercado inigualable. Tampoco existe una alternativa creíble; el euro carece de un activo seguro unificado a gran escala; el renminbi opera bajo controles de capital; y las monedas digitales pueden liquidar transacciones, pero no ofrecen la función de reserva de valor que exige el estatus de moneda de reserva. Los datos refuerzan esta idea en ámbitos como las reservas, los pagos, el volumen de operaciones de divisas y la profundidad del mercado de bonos del Tesoro, métricas que no son propias de una moneda en declive. 

"La debilidad del dólar es cíclica, no estructural, aunque su verdadera vulnerabilidad reside en la política fiscal de EEUU. Para los inversores, mantengo una visión constructiva sobre el estatus del dólar como moneda de reserva en el horizonte previsible y recomendaría mantenerse ágiles en los márgenes y centrarse en los fundamentales. Creo que los inversores deberían fijarse en los movimientos de los tipos de cambio bilaterales, en lugar de apostar por el fin del régimen de dominancia del dólar", concluye este experto.

22Apr

“Las rutas marítimas del Ártico están llamando la atención porque acortan las distancias. Sin embargo, el interés comercial —en los próximos años —sigue siendo muy limitado y se concentra principalmente en torno a las materias primas”, señala Eve Barré, economista sectorial de Coface.

Miguel Ángel Valero

Mientras el conflicto en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz perturban el comercio mundial, poniendo de manifiesto la vulnerabilidad de los principales corredores marítimos, las rutas árticas suscitan un interés creciente como posibles alternativas, por su capacidad de reducir entre un 20% y un 40 % las distancias. No obstante, un estudio de Coface muestra que, durante los próximos cinco años, su potencial comercial seguirá siendo limitado a pesar de los cambios en las condiciones de navegación debidos al cambio climático.

Aunque no constituyen una alternativa creíble para el transporte de contenedores, estas rutas pueden, no obstante, ofrecer importantes ventajas para determinados flujos de materias primas (incluidos el petróleo crudo y el gas), en particular las exportaciones de EEUU y del norte de Europa hacia Asia.

El transporte marítimo representa el 80 % del comercio mundial, concentrado entre tres grandes regiones —Asia Oriental, Europa y América del Norte — y estructurado en torno a un número limitado de corredores estratégicos. Esta concentración hace que el comercio mundial sea especialmente vulnerable a las crisis geopolíticas. Las perturbaciones observadas en los últimos meses en el mar Rojo, combinadas  con las tensiones en torno al estrecho de Ormuz y los cambios en la política comercial internacional —en particular , la política estadounidense — ponen de relieve esta vulnerabilidad. 

En este contexto, las rutas árticas parecen ser una alternativa teórica, ya que de usarse reducirían significativamente las distancias—hasta un 40% entre Asia Oriental y el norte de Europa, y alrededor de un 20% hasta la costa este de América del Norte —. Su mayor navegabilidad debido al  cambio climático plantea la cuestión de su viabilidad económica.

Para evaluar la viabilidad económica de estas rutas, Coface ha comparado los costes unitarios de transporte en las rutas árticas y los corredores tradicionales para dos rutas principales —Asia -Europa del Norte y Asia -América del Norte —y para tres categorías principales de buques: petroleros, graneleros y portacontenedores. Los resultados muestran que, en un horizonte de cinco años, las rutas árticas seguirán dedicándose principalmente al transporte de materias primas . El ahorro de costes es especialmente significativo para los graneles líquidos (petróleo crudo, gasóleo, metanol o GNL), con reducciones de hasta un 45% o un 50% en algunos casos. Los graneles sólidos (cereales, minerales, materiales de construcción) también podrían llegar a ser competitivos, pero principalmente cuando los buques puedan operar sin escolta de rompehielos. Por el contrario, el transporte en contenedores sigue sin ser competitivo, a pesar de las distancias más cortas. Las limitaciones operativas, el tamaño limitado de los buques y los costes específicos de la navegación ártica impiden, en esta fase, que compita con las economías de escala de las rutas tradicionales.

Es probable que solo el 3,5% del comercio entre Asia Oriental, el norte de Europa y América del Norte utilice realmente las rutas árticas. Por lo tanto, su impacto global en el panorama comercial mundial seguiría siendo limitado a corto plazo. No obstante, algunos sectores podrían beneficiarse. Éste es especialmente el caso de las industrias relacionadas con los cereales , la energía , los metales y la madera.

Los exportadores de graneles con sede en la costa noreste de EEUU o en el norte de Europa podrían, así, mejorar su competitividad en los mercados asiáticos gracias a unos costes de transporte más bajos y a unos tiempos de tránsito reducidos. Por el contrario, algunos competidores de Sudamérica ( Brasil con el mineral de hierro, Chile con el cobre) o de África (la República Democrática del Congo con ciertos minerales) podrían ver cómo disminuye su competitividad relativa en materia de transporte.

Más allá de los productores, algunos países que dependen en gran medida delas rutas tradicionales también podrían verse en una situación vulnerable. Egipto y Panamá, donde los ingresos procedentes de sus canales representan una parte significativa del PIB, están especialmente expuestos. Algunos de los principales centros portuarios para el comercio entre Asia y Europa, como Singapur o, en menor medida, Jebel Ali, también podrían ver cuestionado su papel estratégico si parte de los flujos comerciales se desplazarán hacia el norte. El riesgo para estos centros portuarios es, sin embargo, a más largo plazo, ya que no se espera que el transporte marítimo por el Ártico se abra al comercio de contenedores antes de 2030.

Si bien las rutas árticas ofrecen una ventaja en cuanto a distancia, su desarrollo se enfrenta, no obstante, a importantes limitaciones. Las ventanas de navegación siguen siendo estacionales, las condiciones del hielo continúan siendo variables e impredecibles, y el uso de rompehielos suele ser esencial. 

Creciente rivalidad estratégica

El Ártico se ha convertido, por tanto, principalmente en un escenario de creciente rivalidad estratégica. La Ruta del Mar del Norte sigue estando controlada en gran medida por Rusia, mientras que China está reforzando gradualmente su presencia y sus capacidades polares. También EEUU busca aumentar su influencia en la región. En este contexto, el desarrollo de las rutas árticas no es meramente una cuestión de sopesar los costes logísticos, sino que también implica cuestiones de soberanía, control de infraestructuras críticas, acceso a los recursos y la reconfiguración del equilibrio de poder.

A corto plazo, el valor de estas rutas parece, por tanto, ser menos comercial que político. Hasta que el transporte de contenedores por esta vía sea económicamente viable a gran escala, es poco probable que alteren radicalmente los principales equilibrios del comercio mundial.

“Las rutas marítimas del Ártico están llamando la atención porque acortan las distancias. Sin embargo, el interés comercial —en los próximos años —sigue siendo muy limitado y se concentra principalmente en torno a las materias primas”, señala Eve Barré, economista sectorial de Coface.

Mientras, ya en la séptima semana de conflicto, Trump extendió de forma indefinida el alto el fuego como gesto para retomar la mesa de negociación. Irán insiste en que el bloqueo estadounidense y las exigencias relativas a la eliminación de su programa nuclear constituyen líneas rojas que hacen inútil sentarse a negociar. Pero afronta una presión creciente, principalmente por el desgaste económico que genera el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz. En este sentido, según datos satelitales de Vortexa, parte del petróleo iraní está logrando atravesar el bloqueo estadounidense, lo que proporciona cierto margen de maniobra al Gobierno de Teherán. En paralelo, Francia y Reino Unido impulsan una conferencia con la participación de 30 países en busca de una solución que permita la reapertura del estrecho.

Columbia Threadneedle: "veremos una volatilidad elevada"

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, destaca que la renta variable ha registrado un sólido rally en las últimas semanas, con valoraciones que reflejan escenarios relativamente positivos. Las subidas han venido impulsadas por una temporada de resultados empresariales que, por el momento, está siendo muy robusta. Las compañías que han ofrecido previsiones no parecen especialmente afectadas por el conflicto en Oriente Medio, lo que favorece una lectura más allá de los titulares a corto plazo.

La dinámica en los mercados de materias primas es, en cambio, significativamente más compleja. El Brent con entrega inmediata empezó a evidenciar tensiones de oferta la semana pasada. Los precios se situaron por encima de los 140$ por barril a comienzos de la semana, para cerrar por debajo de los 100. "Estamos transitando de un problema de precios a uno de disponibilidad efectiva de suministro. La explicación es simple: los cargamentos que abandonaron el Golfo antes del conflicto están llegando ahora a su destino final en refinerías de todo el mundo. Si esos inventarios no se reponen, dado que los buques siguen sin poder atravesar el Estrecho, las tensiones de suministro se intensificarán. De hecho, ya están surgiendo alertas sobre el combustible de aviación en Europa, un problema que previsiblemente se agravará en un plazo de cuatro a seis semanas", resalta.

Los precios de las materias primas continúan reflejando un elevado grado de incertidumbre, mientras que los mercados de renta variable permanecen anclados en escenarios más favorables. "Veremos una volatilidad elevada. Seguiremos de cerca la evolución de los acontecimientos, especialmente en lo relativo a los riesgos sobre el suministro energético. Entre tanto, los beneficios empresariales se perfilan como el principal catalizador de la renta variable", concluye.

UBP: las perspectivas de un acuerdo impulsan las Bolsas

En Perspectiva Semanal de UBP: La estabilidad del flujo de petróleo sigue en entredicho, Michael Lok, CIO del grupo, y Nicolas Laroche, director global de asesoramiento y asignación de activos, señalan que "los inversores reaccionaron positivamente ante una nueva distensión en Oriente Medio la semana pasada. Los mercados de renta variable y de renta fija ampliaron sus ganancias por tercera semana consecutiva, gracias a que el alto el fuego entre EE. UU. e Irán se mantuvo y a que las perspectivas de negociaciones para alcanzar un acuerdo más amplio parecían cobrar impulso. La situación sigue siendo tensa, especialmente en lo que respecta al estrecho de Ormuz".

"Las negociaciones entre EEUU e Irán, junto con los datos preliminares del índice de gestores de compras (PMI) de abril, seguirán siendo el centro de atención en medio de la actual crisis del petróleo y la incertidumbre que rodea al estrecho", añaden.

La moderación de los precios del petróleo, la bajada de los tipos de interés y la resiliencia de los beneficios han impulsado uno de los rebotes más rápidos hacia nuevos máximos. Los retornos de la deuda pública cayeron en los mercados desarrollados la semana pasada, liderados por Alemania y el Reino Unido. Nuevas negociaciones entre EEUU e Irán a corto plazo probablemente respalden los precios del oro.

12Apr

La OTAN ya no inspira confianza mientras Europa llega tarde al rearme provocado por el nuevo escenario geopolítico, en el que Ucrania puede dejar de estar en la agenda. Mientras, hay oportunidades de inversión en el sector de la defensa.

Miguel Ángel Valero

Durante décadas, el mundo vivió con una idea clara: las armas nucleares eran el último recurso. Un equilibrio basado en el miedo que funcionaba porque todos compartían una premisa común: cuanto menos se extendieran, mayor sería la estabilidad. "Ahora ese consenso empieza a romperse. No de forma abrupta, sino a través de un cambio más profundo: la percepción de seguridad. Y cuando cambia la percepción, cambian las decisiones. Durante años, la prioridad fue evitar la proliferación mediante tratados y acuerdos. Pero la experiencia reciente está enviando un mensaje distinto", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Ucrania renunció al tercer mayor arsenal nuclear del mundo a cambio de garantías de seguridad y acabó siendo invadida por Rusia. Libia abandonó su programa nuclear y el régimen de Muammar al‑Gaddafi terminó derrocado. El Irak de Sadam Hussein, acusado de desarrollar armas de destrucción masiva, también fue invadido. Son ejemplos que pesan más que cualquier tratado.

En paralelo, ocurre lo contrario con quienes sí tienen armas nucleares. Corea del Norte, pese a su debilidad, no enfrenta una intervención directa. Pakistán mantiene un equilibrio disuasorio con India. China y Rusia elevan cualquier conflicto potencial a un nivel de riesgo que bloquea la acción directa.

El mensaje que muchos gobiernos están interiorizando es claro: no tener armas nucleares puede dejarte expuesto, mientras que tenerlas cambia el cálculo del adversario. Ese cambio de mentalidad es el verdadero punto de inflexión. El problema es que estas decisiones no se toman en aislamiento. Si un país se plantea desarrollar armas nucleares, sus vecinos hacen lo mismo. Lo que empieza como una medida defensiva acaba generando un efecto en cadena que erosiona la seguridad colectiva.

Este fenómeno es visible en Oriente Medio y Asia, pero ya no se limita a esas regiones. Europa, tradicionalmente protegida por el paraguas nuclear estadounidense, empieza a cuestionarse si ese modelo sigue siendo suficiente.

Aquí surge una paradoja clave. Hoy hay menos armas nucleares que en la Guerra Fría, pero el riesgo percibido es mayor. La razón es sencilla: hay más actores potenciales y menos coordinación. Ya no son dos bloques, sino múltiples países tomando decisiones de forma independiente. A esta nueva realidad hay que añadir que el sistema de control se debilita, los tratados pierden peso y el margen de error se reduce. En este entorno, la estabilidad depende tanto del equilibrio de fuerzas como de la capacidad de interpretar correctamente las intenciones del resto.

Y ahí es donde el riesgo se multiplica. Porque el cambio no es técnico, sino psicológico. Antes la pregunta era cómo evitar la proliferación. Ahora es si un país puede permitirse no tener armas nucleares. Ese giro altera por completo la dinámica global.

El mundo no avanza hacia una nueva Guerra Fría, sino hacia un escenario más fragmentado, con más actores, menos reglas y mayor incertidumbre. En ese contexto, la bomba deja de ser una excepción y pasa a convertirse en una tentación. Cuando demasiados países llegan a la misma conclusión al mismo tiempo, el problema deja de ser individual y pasa a ser sistémico. Y entonces el riesgo ya no crece de forma gradual, sino exponencial. En un entorno donde el margen de error es mínimo, ése es el verdadero peligro.

La OTAN ya no inspira seguridad

Durante décadas, la OTAN ha sido uno de los pilares del orden internacional. Su fuerza no estaba solo en su capacidad militar, sino en una idea muy simple: si atacas a uno, responden todos. Esa promesa ha sido el verdadero elemento disuasorio desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy, esa promesa está en duda. La guerra en Irán ha acelerado una crisis que llevaba tiempo gestándose. Ya no hablamos de discrepancias puntuales entre aliados, sino de una ruptura de confianza mucho más profunda. EEUU, bajo el liderazgo de Donald Trump, ha dejado claro que su compromiso con la Alianza ya no es el mismo. No solo cuestiona su utilidad, sino que ha llegado a plantear abiertamente si merece la pena seguir dentro, sugiriendo incluso que podría abandonar la OTAN si no hay cambios en la implicación del resto de socios.

Y esta vez Europa tampoco responde como antes. España, Francia e Italia han limitado el uso de sus bases para operaciones en Irán. Reino Unido ha restringido el intercambio de inteligencia. Polonia se niega a mover sus sistemas Patriot. Incluso los aliados más cercanos empiezan a marcar distancias.

La OTAN ha superado otras crisis en el pasado, pero siempre bajo una premisa: no había alternativa real. Ahora el problema es distinto. Antes las tensiones eran entre socios; hoy la fractura es entre el socio que más aporta, EEUU, y todos los demás. Europa empieza a asumir que no puede depender indefinidamente de Washington para su seguridad. Y EEUU, por su parte, ya no ve a Europa como una prioridad estratégica frente a China o el Indo-Pacífico.

El resultado es una OTAN que sigue existiendo, pero cuya esencia (la confianza) se está erosionando. Y cuando eso ocurre en una alianza militar, todo lo demás pierde valor. Además, la división también es interna. Países como Hungría se alinean con Rusia, mientras otros refuerzan su defensa ante el miedo a quedarse solos. La cohesión se rompe en ambas direcciones. Y en este contexto surge una pregunta incómoda: ¿qué pasaría si un país miembro es atacado mañana?

Porque la credibilidad de la respuesta ya no está garantizada. Y cuando la disuasión desaparece, el riesgo de conflicto aumenta. Europa empieza a reaccionar con más gasto en defensa y tímidos pasos hacia una mayor autonomía, pero construir una alternativa real llevará años. Por eso, el escenario más probable no es una ruptura inmediata, sino una OTAN más débil, menos cohesionada y mucho más impredecible. Y en un mundo cada vez más inestable, eso es lo más peligroso. La Alianza no desaparecerá de un día para otro, pero puede dejar de ser lo que era. Y cuando una estructura que ha sostenido el equilibrio global pierde credibilidad, las consecuencias suelen ser abruptas.

Lo importante no es si la OTAN desaparece, sino que estamos entrando en una fase en la que las reglas dejan de estar claras. Europa ha vivido durante décadas bajo un paraguas de seguridad que daba por hecho. Hoy ese paraguas empieza a cerrarse. Y cuando eso ocurre, no basta con preocuparse… hay que reaccionar. Porque en geopolítica, como en los mercados, los cambios estructurales no avisan dos veces.

Europa llega tarde

Durante años, Europa vivió instalada en una comodidad estratégica que hoy ha desaparecido. Delegó su seguridad en EEUU, redujo su gasto militar y priorizó el bienestar interno frente a cualquier otra consideración. Ese equilibrio funcionó mientras el mundo era relativamente estable. El problema es que ese mundo ya no existe.

Los datos empiezan a reflejar un cambio de rumbo claro. En 2025, los países europeos de la OTAN junto con Canadá aumentaron su gasto en defensa cerca de un 20% por segundo año consecutivo. Unos 574.000 millones$ adicionales respecto al año anterior. No es un ajuste marginal, es un giro estructural.Y, sin embargo, este movimiento no nace tanto de una convicción propia como de una presión externa. 

Donald Trump ha sido insistente, casi obsesivo, con una idea: Europa debe pagar más por su propia seguridad. Lo que durante años fue una recomendación diplomática se ha convertido ahora en una exigencia directa, con objetivos mucho más ambiciosos. Ya no se trata solo del famoso 2% del PIB, sino de alcanzar el 5%, combinando gasto militar y seguridad ampliada. Algunos países han reaccionado con rapidez. Polonia, los países bálticos o las economías nórdicas ya están por delante incluso de EEUU en términos de esfuerzo relativo sobre el PIB. Son los que más perciben la amenaza directa de Rusia y, por tanto, los que menos margen tienen para el debate.

Pero el cambio no es solo cuantitativo. Es profundamente cualitativo. Europa empieza a despertar de una realidad incómoda: su industria de defensa llevaba décadas prácticamente dormida. El rearme no es simplemente gastar más, es reconstruir capacidades industriales, tecnológicas y logísticas que se habían ido perdiendo desde el final de la Guerra Fría. Y eso lleva tiempo.

Aquí es donde aparece la verdadera fractura. Porque mientras Europa avanza hacia un mayor gasto en defensa con una lógica defensiva (protegerse de Rusia, estabilizar su entorno, evitar conflictos), los EEUU de Trump operan con una lógica completamente distinta. Más transaccional, más unilateral, más orientada al interés inmediato. El caso de Irán lo deja claro. Mientras Washington actúa militarmente y eleva la presión, Europa muestra incomodidad, duda y, sobre todo, reticencia a verse arrastrada a un conflicto que no considera prioritario. Incluso ha rechazado implicarse en operaciones clave como la reapertura del tráfico en el estrecho de Ormuz en pleno conflicto, algo impensable hace solo unos años.

Esto evidencia una divergencia de fondo. Para EEUU, el mundo se interpreta cada vez más en clave de poder y negociación directa. Para Europa, sigue siendo —al menos en parte— un espacio donde la diplomacia, la estabilidad y la gestión del riesgo tienen un peso mayor. El problema es que ambas visiones conviven dentro de la misma alianza. Y eso genera tensiones evidentes. Hasta el punto de que el propio Trump ha llegado a afirmar que EEUU no necesita a la OTAN, un mensaje que habría sido impensable hace apenas una década. Mientras tanto, desde dentro de la Alianza, también crecen las incomodidades con la estrategia de acercamiento y concesiones hacia Washington. Europa se rearma, sí. Pero lo hace en un contexto en el que la relación con su principal aliado está cambiando. Ya no es una relación basada en la confianza implícita, sino en un equilibrio mucho más frágil, donde cada parte empieza a mirar por sus propios intereses.

Y aquí está la clave de todo. Europa ha entendido que necesita invertir más en defensa. Pero lo que todavía no tiene claro es si ese esfuerzo servirá para reforzar la alianza atlántica… o para prepararse ante un escenario en el que esa alianza deje de ser tan sólida como siempre se había dado por hecho .Porque el verdadero cambio no es cuánto gasta Europa. Es que, por primera vez en décadas, empieza a plantearse que quizá no puede depender de nadie más para garantizar su seguridad.

Europa no solo llega tarde al rearme. Llega tarde a entender cómo funciona el mundo en el que estamos entrando. Mientras EEUU se mueve rápido, toma decisiones incómodas y redefine sus prioridades sin mirar atrás, Europa sigue intentando adaptarse sin romper del todo con su pasado. El riesgo no es gastar poco. El riesgo es no tener una estrategia clara. Porque aumentar el presupuesto en defensa sin una visión común, sin autonomía real y sin liderazgo político, puede quedarse en un simple parche. Y en un entorno como el actual, los parches duran muy poco. La pregunta no es si Europa va a gastar más, que ya sabemos que sí. La verdadera pregunta es si va a ser capaz de convertirse en un actor estratégico… o si seguirá siendo un espectador bien armado en un mundo cada vez más duro.

La lección de Ucrania

Durante más de cuatro años, Ucrania ha conseguido sostener su esfuerzo de guerra gracias a un pilar fundamental: el apoyo financiero y militar de sus aliados occidentales. Sin ese respaldo, el conflicto habría tenido un desenlace muy distinto. El problema es que ese pilar empieza a mostrar grietas, y lo hace en el peor momento posible. Hoy, la realidad es incómoda: Ucrania podría quedarse sin fondos para sostener su defensa en apenas dos meses. Las estimaciones apuntan a que el dinero disponible apenas alcanza hasta junio. A partir de ahí, todo depende de que lleguen nuevas ayudas. Y lo preocupante no es solo la falta de liquidez inmediata, sino la acumulación de obstáculos que están bloqueando esa financiación.

Europa, que ha asumido gran parte del esfuerzo tras el repliegue de EEUU, está lejos de mostrar una posición cohesionada. El veto de Hungría a un paquete de ayuda de 90.000 millones€ ha dejado en suspenso una parte clave del apoyo financiero. Y lo más relevante no es solo el veto en sí, sino lo que representa: una creciente fragmentación política dentro de la Unión Europea en un momento crítico.

A esto se suma el desgaste en otras vías de financiación. El programa del Fondo Monetario Internacional avanza con dificultades por tensiones internas en Ucrania, donde las reformas exigidas no terminan de aprobarse. Y en el ámbito militar, el apoyo de la OTAN también muestra señales de fatiga, con cada vez menos países dispuestos a asumir el coste de suministrar armamento de forma recurrente.

Pero si hay un factor que agrava aún más la situación, es el contexto global. La guerra en Oriente Próximo ha cambiado completamente las prioridades. EEUU, que durante años fue el principal sostén de Ucrania, ha desviado su atención, sus recursos y su capacidad militar hacia una región mucho más crítica desde el punto de vista energético y estratégico.

 La consecuencia es clara: Ucrania ha dejado de ser el centro del tablero. Este cambio de foco tiene un doble impacto. Por un lado, reduce el flujo de ayuda directa. Por otro, beneficia indirectamente a Rusia. El repunte de los precios del petróleo, impulsado por el conflicto en Irán, está engrosando los ingresos del Kremlin, dándole más margen para sostener el esfuerzo bélico. Mientras Ucrania se queda sin recursos, Rusia encuentra nuevas fuentes de financiación.

El desequilibrio es evidente. Y ante esa situación, Ucrania se enfrenta a decisiones extremadamente complejas. Si no llega financiación externa, el banco central podría verse obligado a monetizar el déficit, es decir, imprimir dinero para pagar salarios, pensiones y gastos militares. Una medida que, aunque necesaria en el corto plazo, puede generar tensiones inflacionistas y desestabilizar aún más la economía. En paralelo, el país necesita cifras cada vez más elevadas para sostener la guerra. Solo en 2026, las necesidades de financiación externa ascienden a unos 52.000 millones$. Y de ellos, una parte importante depende de decisiones políticas que hoy están bloqueadas o condicionadas por intereses ajenos al propio conflicto.

Aquí es donde se entiende que esta guerra ya no se libra solo en el frente militar. Se libra también en los despachos, en las negociaciones políticas, en los presupuestos nacionales y, sobre todo, en las prioridades geopolíticas de las grandes potencias. Ucrania no solo lucha contra Rusia. Lucha contra el paso del tiempo, contra la fatiga de sus aliados y contra un mundo que empieza a mirar hacia otro lado.Y este es, probablemente, el mayor riesgo de todos. Porque en un entorno donde las crisis se solapan, la atención es un recurso limitado. Y cuando aparece un conflicto más urgente, más visible o más relevante desde el punto de vista económico, el anterior deja de ser prioritario. No desaparece, pero pierde peso.

Ucrania no solo necesita ganar la guerra… necesita seguir siendo importante. Porque en el nuevo orden que se está configurando, no siempre gana el que tiene la razón, ni siquiera el que tiene más capacidad de resistencia. Muchas veces gana el que consigue mantenerse en el centro de la agenda global. Y hoy Ucrania corre el riesgo de dejar de estarlo.

Nordea: oportunidades de inversión en la defensa de Europa

En este contexto, Rene M. Petersen, gestor jefe de la cartera de la estrategia Empower Europe de Nordea AM, resalta que el escenario de seguridad en Europa está cambiando de forma significativa. Lo que antes eran amenazas esporádicas —ya fueran territoriales o digitales— se han transformado en retos estructurales que afectan a la toma de decisiones políticas, la asignación de capital y la estrategia a largo plazo. En un contexto de inestabilidad en Oriente Medio y de renovadas tensiones geopolíticas, la seguridad ya no es una medida puntual ni reactiva; hoy es una realidad permanente del panorama político y económico europeo.

Como respuesta, los gobiernos y las instituciones europeas han comenzado a movilizar inversiones a una escala sin precedentes. Esto incluye los sistemas militares, el sector aeroespacial, las infraestructuras críticas, la protección de datos y las comunicaciones seguras. Las políticas públicas se han convertido en un potente catalizador que acelera la inversión a una escala que no se veía en décadas. El Plan ReArm Europe/Readiness 2030 de la UE está diseñado para movilizar hasta 800.000 millones€ en inversión en defensa, incluyendo alrededor de 650.000 millones de margen fiscal adicional y hasta 150.000 millones de euros a través del instrumento de préstamo SAFE, junto con el apoyo de las instituciones financieras europeas y el capital privado.

Paralelamente, una mayor cooperación entre los Estados miembros de la UE está impulsando el desarrollo de proveedores locales, la ampliación de tecnologías críticas y la creación de ecosistemas europeos más sólidos. El objetivo es claro: reforzar el control de Europa sobre las capacidades críticas en materia de defensa y ciberseguridad, reduciendo la dependencia de socios externos. No se trata de un cambio cíclico, sino de una demanda duradera y recurrente que seguirá marcando el rumbo de la industria europea en los próximos años.

Las prioridades políticas de Europa se traducen cada vez más en proyectos económicos concretos en los ámbitos de la defensa, la ciberseguridad, la capacidad industrial y las infraestructuras. A medida que los gobiernos y las instituciones aumentan la inversión para reforzar la seguridad y la capacidad estratégica, el capital fluye no solo hacia los grandes grupos de defensa, sino también hacia el ecosistema más amplio de empresas que proporcionan tecnologías habilitadoras, componentes especializados, sistemas seguros y servicios esenciales. Todo ello está ampliando el abanico de oportunidades en el mercado europeo.

Esto incluye empresas de pequeña y mediana capitalización, proveedores de tecnología especializada y operadores de infraestructuras que desempeñan un papel importante a la hora de convertir las ambiciones políticas en resultados concretos. Su implicación en las cadenas de suministro locales, sus capacidades especializadas y los programas de inversión nacionales las sitúan en el centro de la agenda de seguridad europea, en constante evolución. Debido a que muchas de estas empresas siguen teniendo una menor presencia en los índices generales del mercado, la oportunidad va más allá de los nombres más conocidos del sector de la defensa.

Al mismo tiempo, el panorama geopolítico sigue siendo impredecible y la política comercial, las relaciones internacionales y las interdependencias transfronterizas continúan determinando el riesgo económico. En este contexto, ofrecen una clara ventaja estratégica aquellas empresas con operaciones en Europa, presencia productiva local y fuentes de ingresos vinculadas a los ciclos de inversión nacionales. Para los inversores, la oportunidad reside en identificar aquellas empresas que están en condiciones de beneficiarse del compromiso de Europa con la seguridad, la resiliencia y la autosuficiencia industrial.

El impulso de Europa hacia la autonomía estratégica está creando un contexto de inversión muy atractivo a largo plazo para las empresas del sector de la defensa, la ciberseguridad y las infraestructuras críticas. A medida que los responsables políticos dan prioridad a la resiliencia, la capacidad industrial y la reducción de la dependencia de proveedores externos, se está acelerando la demanda de capacidades diseñadas, producidas y mantenidas dentro de Europa.

Se trata de una oportunidad estructural, más que de una meramente cíclica. Aunque su aplicación variará según los países y los sectores, la tendencia es clara y se sustenta en con el respaldo de las prioridades políticas, las necesidades de seguridad en constante evolución y la creciente importancia de cadenas de suministro nacionales resilientes. Para los inversores, por lo tanto, no se trata de aprovechar el impulso del mercado a corto plazo, sino de posicionarse en áreas de gasto que cobran cada vez más importancia en la agenda estratégica a largo plazo de Europa.

08Apr

Discrepancias entre los analistas si se aleja o no el riesgo agudo de escalada, a la espera de las negociaciones directas entre Irán y EEUU el viernes. En cualquier caso, pasará tiempo hasta que se recobre la normalidad en el estrecho de Ormuz.

Miguel Ángel Valero

Trump lo vuelve a hacer. Cuando faltaba poco más de una hora para el inicio del supuesto “apocalipsis” en Irán, se alcanzó un acuerdo de alto el fuego de dos semanas con el país de los ayatolás. Más allá del ya habitual giro de guion del presidente estadounidense, el verdadero motivo de optimismo radica en que la aparente inmutabilidad de Teherán comienza a resquebrajarse y se muestra dispuesto a garantizar el paso seguro por el estrecho de Ormuz, algo que apenas unas horas antes parecía impensable.

Los dos países continuarán las negociaciones basándose en una lista de 10 puntos presentados por el régimen iraní, al tiempo que se reestablece el paso por el estrecho de Ormuz. Este giro se produce después de que, en fases previas, ambos países plantearan sus propias condiciones:  EEUU había propuesto 15 puntos, centrados en el desmantelamiento del programa nuclear iraní y la reapertura del estrecho. Por su parte, Irán había presentado inicialmente 5 puntos, entre los que destacaba el reconocimiento de su soberanía sobre el Estrecho. La nueva propuesta de diez puntos representa en realidad una ampliación del plan iraní original, incorporando algunos elementos adicionales. Entre las principales novedades figuran la aceptación del enriquecimiento del programa nuclear iraní –con fines civiles– y la exigencia de un cese de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano. El presidente Donald Trump calificó estos principios como “una base viable sobre la que negociar”. 

Por su parte, el primer ministro de Israel ha respaldado la suspensión de los ataques contra Irán durante un período de dos semanas, aunque no contra el Líbano.

En lo relativo al estrecho de Ormuz, se aplicará un peaje de 2 millones$ por buque, una práctica que ya se venía realizando de forma extraoficial con las escasas embarcaciones que habían logrado cruzar la zona. Estos ingresos se destinarían a financiar la reconstrucción.

El éxito de las conversaciones se explica en gran medida por la intervención de terceros países. China ha desempeñado un papel relevante para facilitar que Irán aceptara la tregua, y Pakistán ha actuado como mediador clave entre las partes. En el anuncio del alto el fuego, el primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, invitó a delegaciones de EEUU y de Irán a reunirse el viernes 10 de abril en Islamabad con el objetivo de negociar un cese definitivo de las hostilidades.

Con esta escenificación y salvo sorpresa mayúscula, queda atrás el momento de máxima tensión de este conflicto, dando paso a una fase de progresiva normalización. En este contexto, Karoline Leavit, portavoz de la Casa Blanca, fue la encargada de presentar en EEUU una narrativa de victoria, afirmando que se habían “alcanzado y superado los principales objetivos militares en 38 días”. Desde el lado iraní, el alto el fuego se presenta igualmente como una victoria histórica frente al enemigo estadounidense, al haberle obligado a sentarse en la mesa de negociación.

La reacción de los mercados ha sido inmediata. El precio del petróleo caía de nuevo por debajo de los 100 $/barril, lo que impulsaba los precios de los bonos –reduciendo la rentabilidad exigida del Bund por debajo del 3%–. Por su lado, las Bolsas europeas apuntan a su mejor sesión desde abril de 2025 mientras los futuros estadounidenses también muestran fuertes repuntes.   

El conflicto entra ahora en una clara fase de desescalada. A partir de aquí, será clave monitorizar la situación en el paso por el estrecho —sea o no de pago— y el ritmo de normalización de los flujos de petróleo y gas. No obstante, parte del encarecimiento energético seguirá presente en las cifras de inflación durante los próximos trimestres, lo que podría generar episodios de volatilidad en un contexto marcado, además, por la llegada de un nuevo gobernador a la Reserva Federal. Todo ello en medio de unas negociaciones entre EEUU e Irán que previsiblemente seguirán tensando a los mercados en las próximas semanas, aunque en un escenario que lo peor del conflicto queda atrás.

Swisscanto: se aleja el riesgo agudo de escalada

El acuerdo sobre un alto el fuego a corto plazo ha desactivado temporalmente el riesgo agudo de escalada en Oriente Medio. El transporte marítimo a través del estratégicamente importante estrecho de Ormuz se ha reanudado, lo que ha provocado que los precios del petróleo caigan por debajo de los 96$ por barril (WTI). Sin embargo, los precios siguen por encima de los niveles previos a la crisis, ya que los conflictos subyacentes siguen sin resolverse. En las negociaciones para una solución a largo plazo, el plan iraní de 10 puntos, que incluye un mayor control del tráfico marítimo y el levantamiento de sanciones, desempeñará un papel central. Queda por ver si se puede alcanzar un acuerdo sostenible. 

Varios índices clave de futuros han superado hoy sus medias móviles de 200 días y sugieren que los mercados esperan una mayor estabilización, aunque persiste la incertidumbre en torno al conflicto.

"Gracias a las compras de acciones del 27 de marzo, entramos en abril con una sobre ponderación del 3% en renta variable que ahora está empezando a dar sus frutos. Incluso las acciones de materiales básicos, que inicialmente fueron fuertemente penalizadas, se han recuperado significativamente y se encuentran entre las ganadoras de las últimas semanas. Un factor clave ha sido la fuerte recuperación del precio del oro desde 4.100$ hasta 4.800; mantener la posición sobre ponderada aquí también ha demostrado ser beneficioso. El aumento de la duración a finales de marzo y la reducción de la posición en dólares estadounidenses también han sido buenas decisiones hasta ahora", explican en Swisscanto

"Como resultado, pudimos recuperar una parte significativa del bajo rendimiento de marzo en la primera semana de abril y ahora estamos aproximadamente de nuevo en línea con el índice de referencia en lo que va de año. Actualmente, no son necesarios ajustes en la cartera; estamos bien posicionados para un escenario de desescalada. Además, es probable que los indicadores fundamentales vuelvan a ocupar el centro de atención. El viernes se espera que los datos de inflación de EEUU aumenten, pero anticipamos solo un incremento moderado del +0,2% intermensual en la inflación subyacente. La próxima semana comenzará la temporada de resultados del primer trimestre, con un aumento de beneficios muy sólido esperado en EEUU de alrededor del 17% en comparación con el año anterior", añaden.

Fidelity: el riesgo de escalada sigue siendo elevado

"El riesgo de una escalada brusca sigue siendo elevado, incluso tras el alto el fuego de dos semanas. Nuestro escenario central sigue siendo que el resultado final más probable será una resolución desordenada, con riesgos de cola que permanecen elevados durante esta fase del conflicto"!, opinan en cambio en Fidelity.

El despliegue de marines estadounidenses en la región mantiene abierta la posibilidad de una mayor escalada, como elemento de presión para lograr una resolución. "Nuestra visión sigue siendo que escalada (pese al alto el fuego) y resolución no son mutuamente excluyentes. Vemos una vía en la que una escalada adicional se utilice para forzar un desenlace, aunque este sea desordenado e incompleto. Los riesgos de cola siguen presentes, ya que estas escaladas conllevan claros riesgos de errores de cálculo", explican. 

El Estrecho de Ormuz ha registrado cierta mejora de los flujos en los días anteriores al alto el fuego, incluida la primera salida del estrecho de un buque propiedad de una gran empresa europea el pasado viernes. No obstante, el nivel de actividad sigue siendo sustancialmente inferior al de antes del conflicto. Además, estos movimientos siguen siendo en gran medida salidas unidireccionales desde Ormuz. Los flujos de entrada continúan dominados por la denominada “flota oscura”. 

Es probable que, tras cualquier resolución de este conflicto, el Estrecho siga siendo en gran medida un espacio disputado, con cualquier reapertura sujeta a los términos de Irán. Es poco probable que Irán renuncie a la influencia que ha ganado, dado el deterioro de su capacidad militar. Irán ha elaborado un protocolo junto con Omán para supervisar el tráfico a través del Estrecho, con un marco para el cobro de peajes a los buques en tránsito. Incluso en el caso de una resolución, es probable que los precios de las materias primas energéticas sigan incorporando una prima de riesgo geopolítico.

Teniendo en cuenta los daños en infraestructuras en toda la región del Golfo, el escenario del “día después” difícilmente supondrá un retorno a la normalidad previa a la guerra. A medida que se prolonga el conflicto, la transmisión macroeconómica también está desplazándose de forma incremental hacia dinámicas más tangibles de restricciones de oferta. Las disrupciones en el transporte marítimo, los seguros y las rutas están afectando cada vez más a la disponibilidad física, y no solo a las expectativas de precios. El Estrecho ha pasado de ser un factor de riesgo a una restricción estructural, y los mercados energéticos reaccionan cada vez más a las disrupciones físicas junto con la señalización geopolítica. Además, es probable que esta disrupción se deje sentir más allá de los mercados energéticos, ya que también se ven afectadas las cadenas de suministro de bienes no energéticos. Aproximadamente un tercio de los envíos de fertilizantes pasa por el Estrecho de Ormuz, y esta disrupción se produce con el inicio de la temporada de siembra en el hemisferio norte. Este shock se dejará sentir en los mercados alimentarios, sin una solución inmediata incluso si se reanudan los flujos por Ormuz estos días. Otros subproductos importantes, como el helio, son insumos clave para la cadena de suministro de semiconductores. Una disrupción prolongada podría provocar impactos más amplios en la cadena de suministro global, más allá del petróleo y el gas. 

En lo que respecta a la transmisión económica más amplia, Asia sigue estando en el epicentro, seguida de Europa, mientras que EEUU se encuentra más aislado de los efectos económicos inmediatos. Las respuestas políticas por parte de las economías asiáticas afectadas también se están intensificando. Algunos gobiernos asiáticos han comenzado a desplegar más medidas fiscales para mitigar el impacto, como la puesta en marcha de presupuestos fiscales suplementarios (Corea), el uso de fondos fiscales adicionales para mantener subvenciones a los combustibles (Filipinas, Malasia) y el establecimiento de comités formales de gestión de crisis más allá de medidas a corto plazo (Singapur, Corea, Malasia y Filipinas). En Europa, las respuestas políticas hasta la fecha se han concentrado principalmente en el coste de la vida, con gobiernos promoviendo medidas para proteger a los consumidores frente a los efectos de los precios. A su vez, los bancos centrales han adoptado un tono más restrictivo, con las lecciones de 2022 muy presentes. 

El papel de los actores externos en la resolución del conflicto sigue siendo determinante. China continúa siendo clave por su exposición a los flujos energéticos del Golfo, lo que pone de manifiesto la interacción de dinámicas de poder internacionales en esta situación. La elevada exposición de China a una recesión global, a pesar de sus colchones energéticos, le incentiva a mediar una solución. Esto se ha ilustrado aún más con su propuesta, junto con Pakistán, del plan de paz presentada a finales de la semana pasada, lo que subraya la naturaleza multiagente de este conflicto. 

"Nuestra visión sigue siendo que el resultado más probable es una resolución desordenada, con primas de riesgo geopolítico que probablemente se mantendrán en los días posteriores a la guerra. Los riesgos de cola siguen siendo elevados, con el riesgo activo de encontrarnos en una situación en la que las partes continúen teniendo incentivos para escalar de nuevo con el objetivo de desescalar, lo que conlleva claros riesgos asimétricos. Aunque probablemente estemos más cerca del final que del inicio de este conflicto, persiste una elevada incertidumbre", insisten en Fidelity. Mientras tanto, el estrés de mercado sigue siendo claramente visible en algunos canales. 

Pese a la bajada del precio del Brent el 8 de abril, es poco probable que los mercados energéticos vuelvan rápidamente a niveles de precios previos al conflicto, ya que probablemente se mantengan primas geopolíticas permanentes. "Trabajamos sobre el supuesto de que el Brent cotizará en torno a los 85$ durante el resto del año, tras cualquier resolución", precisan. 

Además, los riesgos para las cadenas de suministro más allá de los mercados energéticos implican que este shock no desaparecerá de forma inmediata. Este impacto se sentirá con mayor intensidad en Asia, debido a la exposición directa al Estrecho, seguida de Europa. A pesar de estar relativamente aislado del impacto directo de este conflicto, EEUU también sufrirá las consecuencias del shock macroeconómico global y de unos precios energéticos globales más elevados.

En lo que respecta a los bancos centrales, "nuestra visión es que, incluso en caso de una resolución a corto plazo, la Reserva Federal sigue siendo probable que recorte tipos, el Banco Central Europeo podría subirlos, mientras que el Banco de Inglaterra se mantendría en pausa, equilibrando un mercado laboral débil y una inflación persistente. Creemos que el Banco de Japón subirá tipos en dos ocasiones, con un claro margen para adoptar un sesgo más restrictivo incluso en el caso de una resolución a corto plazo".

UBS recomienda mantenerse activos en los mercados

El UBS CIO Daily destaca que los riesgos derivados del conflicto en Oriente Medio siguen presentes a pesar del alto el fuego temporal, y "recientemente hemos reducido nuestro objetivo de cierre de año para el S&P 500 y adoptado una postura más cautelosa en los mercados con alta sensibilidad a las interrupciones energéticas. Sin embargo, los recientes desarrollos positivos en el ámbito corporativo y económico también subrayan por qué los inversores deberían mantenerse activos en los mercados. El crecimiento de los beneficios empresariales debería mantenerse sólido. La política de la Reserva Federal sigue siendo favorable. El aumento de la adopción de la IA continúa siendo clave en el rendimiento de las acciones".

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Seguimos manteniendo la opinión de que los inversores deberían permanecer en el mercado a pesar de la incertidumbre a corto plazo. Los inversores pueden mejorar la resiliencia de sus carteras diversificando más allá de las clases de activos tradicionales, sustituyendo parte de la exposición directa a renta variable por estrategias de preservación de capital y añadiendo exposición al oro y a materias primas amplias como cobertura”.

Ebury: los inversores se mantendrán prudentes

Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, cree que los inversores se mantendrán prudentes hasta que no se dilucide por completo si estamos ante un alto el fuego temporal o definitivo entre EEUU e Irán. “Sospechamos que los participantes del mercado no se comprometerán plenamente con el riesgo en el trading, ni los futuros del petróleo ni el dólar volverán a los niveles previos a la guerra hasta que se cierre un acuerdo definitivo. Tal y como están las cosas, esto sigue siendo solo una pausa temporal en la guerra y, a pesar del alto el fuego, el dólar sigue cotizando alrededor de un 1% más alto que antes del conflicto”, explica Matthew Ryan, jefe de Estrategia de Mercado.

La volatilidad se mantendrá alta en los próximos días, mientras los inversores analizan tanto los detalles de las negociaciones como los datos de tráfico marítimo. “Si las negociaciones flaquean o la actividad en el Estrecho de Ormuz sigue siendo moderada, los precios del petróleo y del dólar podrían cambiar de rumbo bastante rápido”, avisa. Sin embargo, si se reciben noticias de una desescalada total y un alto el fuego a largo plazo en las próximas semanas, “el dólar volverá bastante rápido a los niveles previos a la guerra”. 

El alto el fuego de última hora detendrá los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre Irán y los contraataques iraníes durante un período de dos semanas, bajo la condición principal de que Irán proporcione un paso completo y seguro para los buques a través del estrecho de Ormuz. Las negociaciones para un acuerdo de paz completo comenzarán el viernes en Pakistán, con Trump presentando un conjunto de 10 propuestas de Irán para las conversaciones, que incluyen el levantamiento de las sanciones estadounidenses y la retención del control iraní sobre el estrecho de Ormuz. Los activos de riesgo se han recuperado bruscamente tras la noticia, ya que, aunque los mercados no necesariamente esperaban el peor escenario, tampoco anticipaban un alto el fuego inmediato. Los futuros del petróleo han retrocedido y, en el mercado de divisas, el índice del dólar estadounidense ha caído alrededor de un 1%, con el EUR/USD regresando por encima del nivel de 1.17 por primera vez desde el inicio de la guerra. Los mercados han respirado aliviados tras la noticia, con los inversores agradecidos de que se haya evitado el peor escenario y alentados por la promesa de que el suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz pronto se reanudará. 

Ahora la atención se centra en las próximas negociaciones críticas entre EEUU e Irán. La pregunta clave será si estas conversaciones lograrán una paz duradera o si el alto el fuego del martes solo ha pospuesto el problema.

La incertidumbre también persiste en cuanto al flujo de buques a través de Ormuz, dado que las primas de seguro siguen siendo extremadamente altas, el riesgo elevado de nuevos ataques y los problemas logísticos involucrados en la removilización de los petroleros. Aunque Irán ha prometido coordinar el paso seguro a través del estrecho, los detalles son escasos y los temores sobre ataques anteriores, la presencia de minas y el bloqueo de GPS hacen que muchos propietarios de barcos puedan no estar dispuestos a reanudar los flujos hasta que se pueda garantizar la seguridad de sus tripulaciones. La conclusión aquí es que, si bien el tráfico debería comenzar a reanudarse en los próximos días, probablemente veremos un aumento muy gradual en la actividad en lugar de una reanudación completa de las operaciones de los petroleros. Esto podría mantener elevados los futuros del petróleo, lo que podría mantener una demanda de las monedas de países importadores de petróleo (por ejemplo, USD, CAD, NOK, etc.). 

"Esperamos que la volatilidad siga siendo alta en los próximos días, mientras los inversores analizan tanto los detalles de las negociaciones como los datos de tráfico de buques", señala. "Por ahora adoptamos una visión optimista de que este es el comienzo de una desescalada más permanente", resalta.

Aunque puede ser difícil para Trump presentar este episodio como un "éxito", en este caso, el control de daños probablemente sea una medida más sabia que un espectáculo de victoria.

El futuro podría depender de dos factores principales: 

  • la magnitud de la "prima de riesgo Trump" que los inversores atribuyen al dólar tras otro movimiento político errático;
  • y las expectativas sobre los diferenciales de tasas de interés. Los mercados están volviendo a prever un recorte de tasas de la Reserva Federal para fin de año, mientras que aún se esperan 50 puntos básicos de aumentos en la zona euro. Si vemos un mayor riesgo de presiones inflacionarias persistentes en Europa que en Estados Unidos, eso podría afectar al dólar, ya que los mercados refuerzan las expectativas de una divergencia en las tasas de política de la Fed y el BCE. 

Banor aconseja esperar a los resultados empresariales del primer trimestre

Angelo Meda, gestor de Banor Mistral, fondo de renta variable europea de Banor SICAV, cree que las expectativas de inflación a largo plazo que el mercado ha descontado en marzo, un mes con alta volatilidad y caídas de doble dígito en varios índices bursátiles, no se sostienen. Por ello, es conveniente que los inversores no deshagan posiciones hasta conocer los resultados del primer trimestre, que se han revisado al alza tanto para las empresas que cotizan en EEUU como en las europeas, gracias al impulso del sector energético, que beneficia a otros sectores y compensa el impacto en el consumo de la subida del petróleo.

Marzo ha sido inestable en los mercados de renta variable. Las causas no se explican sólo por la guerra en Irán, pese a que no saber hasta cuándo durará el conflicto alimenta la incertidumbre y la volatilidad. El principal motivo es el alto nivel de liquidez en el sistema financiero. Cientos, si no miles de millones de dólares están fluyendo con mucha rapidez entre diferentes mercados, amplificando las oscilaciones en precios, y provocando en ocasiones situaciones difíciles de justificar por fundamentales.

Angelo Meda indica que es necesario distinguir entre cambios estructurales y temporales para identificar el nivel real de riesgo. Al parecer, el mercado ha interpretado como estructurales lo que en realidad eran circunstancias temporales, aumentando la percepción de riesgo. Así, las preocupaciones por la inflación que refleja el mercado, parecen infundadas. La subida de los precios de la energía y del transporte afectará a los bienes intermedios y a los precios finales al consumidor, con lo cual, la inflación estimada en los próximos dos años por el mercado subirá 1,5 puntos porcentuales por año, algo razonable.

En el largo plazo las perspectivas del mercado no son tan razonables. La inflación provocada por shocks externos —como picos del petróleo o cuellos de botella en las cadenas de suministro— ha sido siempre de corta duración, por lo tanto temporal, no estructural.  La estanflación de los años 70 sólo tiene un rasgo similar a la crisis actual: la subida del precio del petróleo, al igual que sucedió en 1973 por la Guerra de Yom Kipur y en 1979 por la Revolución iraní. Pero los temores de una inflación descontrolada no se sostienen, porque no está sucediendo lo que pasó en las otras crisis: ni la espiral precios-salarios, ni una política monetaria ultraexpansiva, ni la devaluación del dólar tras Bretton Woods.

Pese a que los riesgos descontados por el mercado no son tales, no pueden descartarse algunos factores a vigilar; riesgos como la menor independencia de los bancos centrales (cuando Kevin Warsh sea confirmado como el nuevo presidente de la Fed, el mercado valorará su independencia), y un dólar estructuralmente más débil por la financiación de los déficits y por los salarios más altos que sostienen a los hogares de menores ingresos. Aunque estos factores no parecen lo suficientemente potentes como para mover las expectativas de inflación de largo plazo, o para movilizar a los bancos centrales para que lleven a cabo subidas de tipos relevantes. 

“Si se confirman mejoras de productividad derivadas de un uso más amplio de herramientas tecnológicas y de la inteligencia artificial, no vemos razón para volver al famoso corredor del 2%, que los banqueros centrales consideran el nivel 'natural' para 'lubricar el sistema' y asegurar una transmisión monetaria fluida y la eficacia de las políticas de estabilidad de precios”, explica.

Pese a la alta volatilidad en los mercados en marzo, las estimaciones de crecimiento de los beneficios empresariales no se han revisado a la baja, sino más bien al alza, gracias al sector energético, lo que debería compensar el impacto sobre el consumo. La estimación para el S&P 500 es de subida del 16% respecto a 2025, desde 315 a 323$ por acción. En Europa, la subida esperada es del 10%, más de 3% por encima de lo estimado a principios de año, gracias a que un dólar más fuerte es beneficioso para muchos sectores.

Por tanto, las previsiones de resultados empresariales para 2026 no debe ser el principal indicador a seguir, dada la poca visibilidad que las empresas pueden dar acerca de sus ingresos futuros. Las claves que habrá que tener en cuenta para anticipar el comportamiento de los resultados empresariales este año son las intenciones de inversión de las grandes compañías tecnológicas. Estas empresas han respaldado muchos sectores, manteniendo a la  producción industrial en terreno positivo. Si la inversión se desacelera, se podría debilitar el relato sobre IA y la productividad que ha sostenido al mercado.. Y también las expectativas de costes para los próximos trimestres. Las empresas pueden tener un mayor control sobre esta variable, gracias a su experiencia tras la crisis energética derivada de la invasión de Ucrania y al foco en los márgenes —especialmente en industriales— tras el estancamiento de ingresos que ya dura más de un año.

“Si estos dos elementos se mantienen, el mercado podría sentirse más cómodo con el panorama de beneficios empresariales, aunque aplique un múltiplo de valoración más bajo que en el pasado, a causa de los riesgos latentes y explícitos”, señala este experto, que recomienda esperar a la publicación de los resultados del primer trimestre 2026 para tener una orientación más realista de lo que puede suceder en las Bolsas. 

06Apr

Cuando las dudas empiezan a aparecer al mismo tiempo en el frente fiscal, económico y geopolítico en una economía sólida pero que depende enormemente de la confianza de los inversores y de la credibilidad de su política económica, los mercados suelen tardar muy poco en reaccionar.

Miguel Ángel Valero

Un año después del Día de la Liberación Arancelaria proclamado unilateralmente por Donald Trump, las empresas siguen enfrentándose a un entorno comercial inestable. Según un análisis realizado por Crédito y Caución, EEUU ha entrado en una fase estructuralmente proteccionista que supone una ruptura con décadas de apertura comercial y que persigue objetivos geopolíticos más que eficiencia económica.

Su política ha remodelado los patrones comerciales, pero no ha logrado una mejora duradera en la balanza comercial. El aumento de los aranceles ha alterado las decisiones de abastecimiento, ha acelerado la desvinculación de China y ha reforzado la desviación del comercio hacia otros socios comerciales, especialmente en maquinaria y equipos eléctricos, la categoría de importación más grande y resistente.

Además, los permanentes cambios legales que se han producido en EEUU en materia arancelaria han introducido mayores dosis de inestabilidad en el comercio internacional. Una sentencia del Tribunal Supremo ha invalidado los aranceles impuestos tras el Día de la Liberación en virtud de poderes de emergencia. Sin embargo, la reacción de la administración norteamericana no se hizo esperar. El Gobierno respondió introduciendo un arancel universal del 10% sobre todas las importaciones en virtud de la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974. Se trata de una medida temporal que solo estará en vigor durante 150 días.

Para Dana Bodnar, economista sénior de Atradius, el reajuste del marco arancelario no debe confundirse con un retorno a unas barreras más bajas: "Bajo el nuevo sistema, el tipo arancelario legal se sitúa en el 13,9 %, seis veces más alto que antes de que comenzara la escalada. El carácter temporal del marco legal actual genera un nivel de imprevisibilidad que supone un reto para las empresas globales".

Aunque el nuevo arancel universal es más sencillo al no ser específico para cada región, tendrá un efecto limitado, ya que muchos países habían negociado acuerdos comerciales que situaban sus aranceles cerca de la base de referencia actual. Por otra parte, los importadores estadounidenses siguen absorbiendo la mayor parte de los costes relacionados con los aranceles. En lugar de fomentar la relocalización, estas políticas están acelerando la fragmentación de la cadena de suministro y aumentando las presiones operativas y financieras sobre las empresas.

En este contexto, el análisis de Crédito y Caución adelanta que las empresas deben prepararse para un entorno a largo plazo caracterizado por un aumento de las fricciones comerciales, la imprevisibilidad política y el incremento de los costes. La aseguradora de crédito aconseja a los exportadores y a los líderes de la cadena de suministro que refuercen sus planes de resiliencia, diversifiquen el abastecimiento cuando sea posible y se preparen para una mayor volatilidad política durante 2026. 

The Trader: el problema no son los aranceles, sino las cuentas públicas

Durante buena parte de los últimos dos años se instaló en el mercado la idea de que la economía estadounidense había logrado algo que parecía casi imposible: frenar la inflación sin caer en recesión. El famoso 'soft landing'. Sin embargo, los datos macroeconómicos, las tensiones geopolíticas y el propio frente político interno comienzan a enviar señales de deterioro que conviene observar con atención.

Uno de los elementos más interesantes de esta historia tiene que ver con la política comercial impulsada por Donald Trump. La guerra arancelaria se presentó como una herramienta para reforzar la posición económica de EEUU, reducir el déficit comercial y, al mismo tiempo, aumentar los ingresos fiscales del gobierno federal.

Durante el último año, esos aranceles han generado una cantidad significativa de ingresos para el Tesoro estadounidense. Pero la decisión reciente del Tribunal Supremo de declarar ilegales partes de las tarifas impuestas bajo poderes de emergencia ha abierto un escenario judicial extremadamente complejo. Es muy probable que la batalla legal se prolongue durante mucho tiempo mientras el gobierno intenta mantener, por otras vías, los ingresos derivados de la política comercial.

Pero el verdadero problema no está en los aranceles, sino en las cuentas públicas, subraya el analista Pablo Gil en The Trader.. El déficit federal estadounidense ya alcanza aproximadamente un billón$. A ese ritmo, si no se produce un cambio significativo en la dinámica de gasto o ingresos, el déficit anual podría situarse fácilmente entre 2,2 billones y 2,5 billones al cierre de 2026. Esto ocurre además en un momento en el que el coste de financiar la deuda se ha disparado. Solo en los primeros cinco meses del año fiscal, el pago de intereses de la deuda pública ya supera los 520.000 millones$, una cifra que empieza a competir con algunas de las principales partidas de gasto del presupuesto federal.

La consecuencia es evidente. La deuda pública estadounidense continúa creciendo a gran velocidad. En términos absolutos ya supera los 38 billones$, y en términos relativos se mueve entre el 120% y 125% del PIB, un nivel que ya supera el alcanzado durante la Segunda Guerra Mundial.

Lo llamativo es que este deterioro fiscal se está produciendo en un contexto que, en teoría, no es de crisis económica. Al contrario, Estados Unidos ha mantenido durante los últimos años una política fiscal extraordinariamente expansiva, similar a la que en otras épocas solo se aplicaba en momentos de recesión profunda o en situaciones de emergencia económica. Y, aun así, la economía empieza a mostrar síntomas claros de debilidad.

La revisión del PIB del cuarto trimestre de 2025 ha sido especialmente significativa. El crecimiento ha pasado del 1,4% inicial al 0,7%, muy por debajo de lo que esperaba el consenso del mercado. Además, el consumo (que representa cerca del 70% de la economía estadounidense) también ha sido revisado a la baja, con un crecimiento que pasa del 2,5% al 2%.

La inflación tampoco ayuda. El índice PCE subyacente se mantiene alrededor del 3%, muy por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal. Esto coloca a la Fed en una posición incómoda: el crecimiento se desacelera, pero la inflación sigue siendo demasiado alta como para justificar una relajación rápida de la política monetaria. Y ahora aparece un nuevo factor de riesgo que podría complicar aún más la situación: el petróleo.

La guerra con Irán ha provocado un fuerte repunte en los precios de la energía y ha vuelto a poner en el radar el riesgo de un nuevo shock inflacionario global. Los bancos centrales de las principales economías (la Reserva Federal, el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra) están empezando a reconocer que el conflicto en Oriente Próximo podría obligarles a retrasar las bajadas de tipos de interés previstas para este año o incluso a replantearse su estrategia monetaria si el impacto sobre los precios termina siendo significativo.

El problema es que la política monetaria tiene una capacidad muy limitada para actuar frente a un shock energético. Los bancos centrales pueden subir o bajar los tipos de interés, pero no pueden reabrir el Estrecho de Ormuz ni controlar el precio del petróleo. Y si el conflicto se prolonga, el encarecimiento de la energía podría trasladarse rápidamente al conjunto de la economía a través de la inflación.

Los mercados ya empiezan a contemplar ese escenario. Un bloqueo prolongado del estrecho (por donde transita una parte crucial del comercio energético mundial) podría disparar el precio del crudo muy por encima de los niveles actuales. Si eso ocurriera justo cuando el crecimiento económico empieza a desacelerarse, el resultado sería una combinación especialmente incómoda para los bancos centrales: inflación persistente con una economía perdiendo dinamismo. El riesgo de volver a un escenario de estanflación (crecimiento débil acompañado de presiones inflacionistas) vuelve a aparecer en el horizonte.

Otro foco de preocupación llega desde el mercado laboral. Cuando el empleo empieza a deteriorarse, el impacto sobre el consumo suele aparecer con cierto retraso, pero termina llegando. Y si el consumo se debilita en una economía donde representa la mayor parte de la actividad, el efecto sobre el crecimiento puede ser considerable.

La combinación de todos estos factores (incertidumbre legal sobre los aranceles, deterioro de los datos macroeconómicos, inflación persistente, tensiones geopolíticas y señales de debilidad en el empleo) empieza a dibujar un escenario mucho más frágil para la primera economía del mundo.

El deterioro empieza a aparecer a pesar de que EEUU mantiene una política fiscal extraordinariamente expansiva. Incluso con déficits gigantescos y con niveles de gasto público propios de una economía en crisis (lo cual debería mantener a la economía 'dopada'), lo cierto es que la actividad empieza a perder fuerza.

Al mismo tiempo, el contexto internacional añade nuevas presiones que pueden complicar aún más el panorama. Si el conflicto en Oriente Próximo termina provocando un nuevo repunte duradero del precio del petróleo, los bancos centrales se enfrentarán a un dilema especialmente incómodo: combatir la inflación con tipos de interés altos o apoyar a una economía que ya empieza a desacelerarse.

EEUU sigue siendo la economía más sólida del mundo, pero también es una economía que depende enormemente de la confianza de los inversores y de la credibilidad de su política económica. 

"Y cuando las dudas empiezan a aparecer al mismo tiempo en el frente fiscal, económico y geopolítico, los mercados suelen tardar muy poco en reaccionar", advierte Pablo Gil.

25Mar

El prácticamente mes de conflicto ya se está percibiendo en la industria petroquímica mundial, especialmente en Asia, y amenaza con provocar una crisis en el sector agroalimentario europeo más grave que la generada por la pandemia o por la invasión rusa de Ucrania.

Miguel Ángel Valero

Los efectos negativos de prácticamente un mes de conflicto en Oriente Próximo sobre la economía mundial comienzan a reflejarse en la confianza de los empresarios, que en marzo cayó a ambos lados del Atlántico. Los indicadores adelantados más relevantes decepcionaron tanto en EEUU como en la zona euro, al caer el PMI compuesto en ambas economías lo que apunta a un menor dinamismo de la actividad en los próximos meses.

En la Eurozona, el deterioro de la confianza es mayor dado que se partía de un punto también más bajo. En marzo la confianza de los gestores de compras de las empresas europeas bajó hasta 50,5 desde el 51,9 previo, situándose en su menor nivel desde mayo del año pasado. Por sectores, este retroceso se concentró en los servicios que cayó hasta 50,1 desde el 51,9 previo, mientras que repuntó la confianza en el sector industrial al elevarse hasta 51,4 desde el 50,8 previo. Sin embargo, esta mejora de la confianza industrial tendrá poco margen de continuar dado que probablemente refleja un anticipo de las compras tratando de evitar posibles problemas de suministros futuros. Un factor clave de los datos de marzo fue una marcada aceleración de los costes de los insumos que según señalaron los empresarios estarían subiendo al ritmo más rápido desde febrero de 2023.

En EEUU, la lectura fue similar, aunque la confianza se mantiene en niveles más altos: el PMI compuesto bajó hasta 51,4 desde el 51,9 previo, manteniéndose así cómodamente en terreno de expansión. Por sectores, al igual que en la zona euro, se apreció un mayor deterioro de la confianza de los servicios (51,1 vs. 51,7 previo) mientras que repuntó la confianza en la industria (52,4 vs. 51,6 anterior).

Un mes sin atisbar el final

Una oportuna filtración asegura que EEUU ha enviado un plan de 15 puntos a Irán a través de Pakistán, que ejerce como mediador, lo que supone un paso adicional en la búsqueda de una desescalada. Aunque los detalles no se han hecho públicos, previsiblemente incluirá limitaciones al enriquecimiento de uranio, incluso para usos civiles. Las autoridades iraníes continúan negando estar inmersas en conversaciones con Washington. Sin embargo, Teherán ha emitido un comunicado indicando que permitirá el tránsito por Ormuz a embarcaciones “no hostiles”, sin especificar claramente los criterios y condicionándolo a una coordinación previa con las autoridades locales. Este giro en su postura, frente a las amenazas iniciales, sugiere que Irán también percibe la necesidad de frenar la escalada, presionado diplomáticamente por Pakistán, India y China.

Al mismo tiempo, la lista de actores potencialmente dispuestos a atacar a Irán podría ampliarse, ya que Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos comienzan a mostrarse más proclives a implicarse en el conflicto tras otra jornada de ofensivas. Los estados del Golfo, sometidos a bombardeos constantes por parte de Irán, comienzan a plantearse seriamente participar en la guerra si Teherán ataca infraestructuras críticas como plantas energéticas o desalinizadoras. 

En un conflicto impulsado por EEUU e Israel, los países vecinos están siendo duramente golpeados por los ataques iraníes, pese a que hasta ahora habían optado por mantener la calma. Irán sostiene que los estados del Golfo son objetivos legítimos, alegando que EEUU utiliza su espacio aéreo y sus territorios para atacarlo. Emiratos Árabes Unidos ha recibido 1.806 drones y 372 misiles; Kuwait, Arabia Saudí, Baréin, Jordania y Catar también han sido blanco de ataques. En todos los casos han sido atacadas infraestructuras energéticas, y en Catar llegó a destruirse una parte de la planta de licuefacción, con daños que representan la pérdida del 17% de las capacidades exportadoras de gas del país.

La tolerancia frente a los ataques se está agotando. “La paciencia de Arabia Saudita con los ataques iraníes no es ilimitada”, advirtió el ministro de Exteriores saudí. Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos han empezado a actuar contra activos de propiedad iraní, una medida que amenaza una fuente de ingresos crucial para el régimen de Teherán, al tiempo que debaten si enviar o no a sus fuerzas militares al conflicto.

Sin embargo, atacar directamente a Irán supondría convertirse abiertamente en parte beligerante contra un rival mayor. Además, los estados del Golfo temen quedar expuestos si Trump decidiera poner fin repentinamente a la guerra, dejándolos solos ante las consecuencias de una guerra que no es suya.

Israel tampoco ha reducido su presión, manteniendo los ataques, y extendiendo el conflicto a Líbano.

Las señales de que se están explorando vías de negociación son cada vez más evidentes, y los movimientos concretos, más allá de las declaraciones, serán determinantes. Con la llegada de la cuarta semana de conflicto, los costes para ambas partes empiezan a ser significativos –incluido el anuncio de nuevos despliegues de tropas estadounidenses en la región–, lo que acerca la posibilidad de un acuerdo que probablemente no será formalizado, dado que cada lado necesita proyectar internamente una imagen de victoria, pero sí efectivo en la práctica. Si se confirma que Irán acepta una apertura parcial del estrecho, esto reduciría uno de los principales riesgos actualmente sobre la mesa. Los mercados ya recogen este cambio de percepción con un renovado clima de optimismo.

Coface: impacto en la industria petroquímica mundial

La agitación geopolítica en Oriente Medio, junto con las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, está comenzando a impactar de forma significativa en la industria petroquímica mundial. La región del Golfo suministra una parte esencial de las materias primas clave del sector, como petróleo crudo, nafta, GLP, metanol y otros insumos clave y, como consecuencia a la actual escalada de tensiones, se ha disparado la volatilidad en los mercados de la energía y los productos químicos. En este contexto, Asia, altamente dependiente de materias primas procedentes del Golfo, está sintiendo las primeras repercusiones, enfrentándose a una rápida reducción de existencias y a un fuerte aumento de los precios, tal y como indican los expertos de Coface.

Y es que, para los productores asiáticos, esta dependencia es estructural: entre el 60% y el 70% de su nafta y el 45% de su GLP proceden de Oriente Medio. Como resultado, Asia es la primera región en absorber el impacto, incluso cuando la oferta se reduce y los precios suben rápidamente.

“La crisis ya no se limita al sector energético: se está extendiendo a lo largo de toda la cadena industrial. Dado que entre el 60 % y el 70 % de la nafta asiática pasa por el estrecho de Ormuz, una interrupción prolongada podría redefinir los flujos, los costes y, tal vez, la propia geografía de la industria petroquímica mundial” afirma Joe Douaihy, economista sectorial de Coface.

Las tensiones actuales se producen en un contexto de débil demanda —en los sectores de la construcción y la automoción— y de un exceso de capacidad persistente en China. Además, los productores asiáticos (por ejemplo, los surcoreanos y los japoneses) operan de forma estructural con bajos niveles de existencias de nafta y GLP, suficientes para cubrir solo unas pocas semanas de producción. El resultado: las existencias de nafta se están agotando rápidamente, lo que obliga a reducir la producción.

Oriente Medio desempeña un papel fundamental en la fase inicial de la cadena petroquímica. Más allá del petróleo, los países del Golfo exportan grandes cantidades de nafta y GLP, dos productos esenciales para las unidades de craqueo asiáticas, que alimentan una amplia cadena de derivados: plásticos, materiales compuestos, disolventes, textiles sintéticos y cosméticos. El estrecho de Ormuz canaliza la mayor parte de estos flujos hacia centros como China, Corea del Sur, Japón y Tailandia.

El metanol desempeña un papel igualmente central: Irán y los países del CCG suministran la mayor parte de los volúmenes que utiliza China para sus unidades de MTO (metanol a olefinas), que representan el 20 % de su producción de olefinas. Las olefinas (etileno, propileno, butadieno) son los «bloques de construcción» de la industria química mundial. Para compensar estas pérdidas, China ya está empezando a aumentar su producción de metanol a partir del carbón.

Ya están apareciendo los primeros indicios de perturbación. Varias refinerías asiáticas están reduciendo su volumen de producción petroquímica, mientras que importantes productores —como Yeochun NCC (Corea) y PCS (Singapur)— han invocado la fuerza mayor, alegando circunstancias que están perturbando sus operaciones y les impiden mantener su actividad habitual, en particular en lo que respecta al cumplimiento de sus compromisos con los clientes.

Los pedidos de polietileno y polipropileno se han suspendido en varios mercados, lo que indica una rápida contracción de la oferta. Incluso en el caso de una crisis de corta duración, reiniciar las unidades petroquímicas tras reducir la producción resulta difícil y caro, lo que podría prolongar el impacto mucho más allá del período de hostilidades.

Si la crisis persiste, el panorama del sector podría cambiar:

  • -EEUU: posibles ganadores gracias a los bajísimos costes del etileno, lo que podría permitirles aumentar las exportaciones a Asia. 
    -China: al estar diversificada, puede recurrir al carbón. Esto le permite producir productos químicos directamente (CTO), pero supone una importante fuente de emisiones de CO₂. El carbón también le permite producir metanol. Este alimenta sus unidades de MTO (metanol a olefinas), pero actualmente procede principalmente de Oriente Medio, donde los precios se están disparando. 
  • -Europa: en una posición vulnerable, lastrada por unos costes energéticos más elevados y una capacidad limitada para repercutir las subidas de precios. 
    -India: una posible sorpresa positiva, si logra producir más a partir del crudo ruso, con una ventaja geográfica para abastecer a los mercados asiáticos.

Roland Berger: una crisis agroalimentaria más grave en Europa

Por su parte, Roland Berger alerta de que la guerra de Irán y el consiguiente cierre del Estrecho de Ormuz pueden provocar una crisis potencialmente más grave que la vivida en 2021-2022 -tras el COVID-19 y el inicio del conflicto de Ucrania- en el sector agroalimentario europeo. En su análisis ‘Impacto de la subida de precios de fertilizantes’, la consultora advierte de que la interrupción del suministro amenaza con generar una subida significativa de costes en toda la cadena agroalimentaria, desde la producción agrícola hasta el precio final de frutas y verduras en el lineal del supermercado.

Las exportaciones diarias de fertilizantes a través del Estrecho de Ormuz se han desplomado desde niveles de 100-200 unidades diarias a prácticamente cero en cuestión de semanas. Por este corredor marítimo transita aproximadamente un tercio de las exportaciones globales de urea -el fertilizante nitrogenado más utilizado del mundo- y el 45% de las exportaciones mundiales de azufre, materia prima esencial para la producción de fertilizantes fosfatados.

La interrupción del tránsito por Ormuz introduce un factor diferencial respecto a la crisis anterior: no solo se encarece la producción por el aumento de los costes energéticos, sino que se limita físicamente la disponibilidad de materias primas clave al bloquearse uno de los principales canales del comercio internacional. Durante la crisis de 2021-2022, el precio de la urea se triplicó, el coste del MWh de electricidad se multiplicó por 12 y los precios del transporte marítimo de contenedores se dispararon un 80%. Ahora, esa combinación de factores se ve agravada por la escasez física de producto, sobre una base de precios que nunca regresó a los niveles pre-COVID.

El mercado español de agroinsumos, valorado en aproximadamente 5.600 millones de euros a precios de agricultor en 2025, se descompone en cuatro categorías con niveles de exposición a la crisis muy distintos. La nutrición vegetal (fertilizantes convencionales), que representa el 50% del mercado, será la más afectada al depender directamente de materias primas bloqueadas como la urea y el azufre. Por el contrario, los productos de sanidad vegetal -como bioestimulantes o fertilizantes orgánicos- presentan una exposición mucho menor, al apoyarse en cadenas de suministro más locales. Los fitosanitarios y las semillas registrarán impactos intermedios o limitados.

El análisis contempla distintos escenarios en función del tiempo que se prolongue la interrupción del tránsito en Ormuz. En un escenario de corta duración (1-3 meses), los fertilizantes podrían encarecerse entre un 30% y un 50%, mientras que en un escenario prolongado (más de seis meses) el incremento podría situarse entre el 150% y el 200%, superando los niveles alcanzados en la crisis anterior.

Otros segmentos, como los fitosanitarios o los productos biológicos, experimentarían aumentos más moderados, lo que refuerza su posicionamiento como alternativas más estables en entornos de alta volatilidad.

El encarecimiento se trasladará progresivamente al consumidor de forma desigual según el tipo de cultivo. Los cultivos de invernadero, como tomate, pimiento o pepino, especialmente intensivos en el uso de insumos, podrían registrar incrementos de entre el 15% y el 25%.

Otros productos como las hortalizas de hoja experimentarían subidas de entre el 12% y el 20%, mientras que categorías como el aceite de oliva, frutas frescas o cereales también se verán afectadas, aunque en menor medida. En el caso de los cereales, pese a su menor coste por hectárea, los reducidos márgenes del agricultor harán que el incremento se traslade prácticamente en su totalidad al precio final. Quedará ver el impacto de estos últimos con el acuerdo de Mercosur.

Por otra parte, el impacto será especialmente intenso en los agricultores individuales, que representan la mayor parte del sector y operan con márgenes muy ajustados. Durante la crisis anterior, muchos productores redujeron el uso de insumos para contener costes, una estrategia que previsiblemente se repetirá, con el riesgo añadido de abandono de explotaciones pequeñas.

En paralelo, el mercado de distribución de agroinsumos -con más de 700 operadores en España y altamente fragmentado- experimentará una aceleración de su proceso de consolidación. Los grandes distribuidores, con mayor capacidad financiera, podrán anticiparse a la subida mediante acopio de inventario, mientras que los pequeños afrontarán una fuerte presión sobre márgenes y un mayor riesgo de impago.

En este contexto, el análisis apunta a un cambio estructural en el sector: la aceleración de la adopción de soluciones biológicas como bioestimulantes, fertilizantes orgánicos y productos de biocontrol. Estos productos presentan menor dependencia de materias primas importadas, menor intensidad energética en su producción y márgenes significativamente superiores, lo que los convierte en una alternativa más resiliente y atractiva tanto para fabricantes como para distribuidores. La crisis podría adelantar entre dos y tres años su adopción, especialmente en cultivos de alto valor.

“La crisis puede actuar como catalizador de la transición hacia modelos agrícolas menos dependientes de fertilizantes convencionales. Pero el mensaje va más allá de la coyuntura: cada vez que una crisis geopolítica golpea la cadena de suministro de fertilizantes sintéticos, se refuerza el argumento a favor de sistemas agrícolas más resilientes, con cadenas de suministro más cortas y mayor peso de la innovación biológica. La presión sobre costes está empujando al sector a buscar alternativas más eficientes y sostenibles, y esta vez la transformación puede ser irreversible”, señala Fernando López de los Mozos, senior partner de Roland Berger en Iberia y responsable del sector Agroindustria, Bienes de Consumo y Retail.

Swisscanto: subir tipos es una exageración

Después de que Israel bombardease partes de la infraestructura energética de Irán y de que aún no haya señales de una distensión, los precios del petróleo y el gas han vuelto a subir y llevan más de una semana cotizando en torno a los 100$ por barril (WTI). "Desde el principio habíamos calificado este nivel de precios como crítico", subraya un análisis de Swisscanto.

Como resultado, los temores de inflación se han intensificado una vez más y los mercados están descontando ahora subidas significativas de los tipos de interés en Europa. El mercado espera incluso que el SNB y la Fed suban los tipos de interés," lo que, en nuestra opinión, es una exageración. El nivel de los rendimientos de los bonos también nos parece excesivo: en Europa, se sitúan ahora por encima de los niveles de 2022, pero en aquel momento las expectativas de inflación a medio plazo y los salarios estaban aumentando significativamente, una situación que no vemos hoy en día. Si la guerra en Irán se prolongara, cabría esperar un debilitamiento notable de la economía. Las subidas de tipos de interés en respuesta a los cuellos de botella en el suministro tendrían poco sentido en un entorno así", explican sus expertos. 

No obstante, las expectativas sobre la evolución de los tipos de interés que ya se han descontado están agravando las preocupaciones en torno al mercado crediticio privado, y el reciente aumento de las primas de crédito también está teniendo un impacto notable en las condiciones financieras. Los mercados bursátiles continúan su corrección: el viernes, varios índices rompieron importantes niveles de soporte (media móvil de 200 días) y, con la apertura asiática del lunes, el mercado bursátil mundial se acerca ahora a una corrección de alrededor del 10%.

"La semana pasada aumentamos nuestra posición en renta variable suiza y, a su vez, redujimos nuestra exposición a la renta variable estadounidense —y, por ende, también al dólar estadounidense—. Las valoraciones de la renta variable suiza y de los mercados emergentes se sitúan ahora ligeramente por debajo de su media de los últimos 10 años. En este contexto, nuestras consideraciones de asignación táctica se centran de nuevo en mayor medida en los bonos del Estado de alta calidad. Desde una perspectiva histórica, la pérdida media en los mercados de renta variable se alcanza aproximadamente cuando el VIX supera los 30 puntos, como ocurrió el 6 de marzo", apuntan.

Columbia Threadneedle: la incertidumbre es el principal problema

Anthony Willis, Senior Economist de Columbia Threadneedle Investments, recuerda que la semana pasada estuvo marcada por una intensa ronda de reuniones de política monetaria de los principales bancos centrales, y el tono ha cambiado por completo en relación con la futura trayectoria de los tipos de interés. En cuanto al conflicto, no hay señales de resolución. De hecho, los riesgos de una mayor escalada siguen al alza, dado el ultimátum del presidente Trump para reabrir el estrecho de Ormuz, acompañado de amenazas de ambas partes de nuevos ataques contra infraestructuras energéticas. Irán, por su parte, ha vinculado la reapertura del estrecho al levantamiento de sanciones económicas más amplias. La situación no parece tener una solución a corto plazo.

Mientras tanto, los bancos centrales se encuentran en una posición especialmente delicada. Los cuatro principales se reunieron la semana pasada y, aunque ninguno modificó su política monetaria, el cambio en su lenguaje es evidente. De cara a lo que viene, son plenamente conscientes del riesgo al alza para la inflación derivado de los precios energéticos. Como referencia, el Brent cotizaba el 23 de marzo en torno a los 114$  por barril, tras haberse mantenido por encima de los 100 dólares durante toda la semana pasada. Encadena cinco semanas consecutivas de subidas y acumula un alza del 56% interanual. 

Los bancos centrales han dejado atrás el “buen momento” al que Christine Lagarde se ha referido durante meses: ahora, las subidas de tipos están en el horizonte y los riesgos inflacionarios siguen sesgados al alza. Si se observa la curva de futuros del petróleo, los precios superan los 100$ por barril hasta julio y se sitúan aún entre 85 y 90$ para los contratos de diciembre. A comienzos de año, el consenso situaba el precio del petróleo en torno a los 60$ para 2026, en un contexto de abundante oferta. Ahora, ese escenario ha quedado claramente superado.

Desde la perspectiva de los bancos centrales, las subidas de tipos tienen un impacto limitado sobre un shock energético, pero el recuerdo de lo acontecido en 2022 sigue muy presente. Entonces, reaccionaron con lentitud ante la crisis energética, pese a que ya existían presiones inflacionarias y el contexto era distinto. Sin embargo, el lenguaje actual sugiere que los bancos centrales consideran necesario subir los tipos con relativa rapidez para contener los efectos de segunda ronda de la inflación tras el shock inicial de precios energéticos. También buscan influir en las expectativas de inflación. 

Todo apunta, por tanto, a que los bancos centrales continuarán subiendo tipos mientras persista el conflicto y no se produzca una desescalada en las próximas semanas. Las expectativas del mercado apuntan a que tanto el Banco de Inglaterra como el Banco Central Europeo acometerán tres subidas de tipos este año, un giro notable respecto a hace apenas unas semanas. En EEUU se espera que la Reserva Federal (Fed) no baje tipos este año, aunque podría hacerlo el próximo. 

Con todo, a estas alturas reina la incertidumbre. Como señaló la semana pasada el presidente de la Fed, Jay Powell, “nadie lo sabe”. Y ese es precisamente el problema: ni los bancos centrales, ni los políticos, ni los operadores petroleros… en definitiva, nadie dispone de visibilidad sobre lo que vendrá a continuación.

La historia demuestra que la solución para unos precios del petróleo altos son los propios precios. Con el tiempo, éstos frenan la actividad económica y destruyen demanda, lo que ha permitido en otras ocasiones a los bancos centrales - tras haber subido tipos- proceder a bajarlos. A corto plazo, la liberación de reservas está contribuyendo marginalmente a contener el precio del petróleo, pero no puede prolongarse indefinidamente. También persiste cierta esperanza de que el conflicto no se prolongue en el tiempo. Sin embargo, en el momento actual los escenarios son claramente binarios: es posible avanzar hacia una desescalada, pero también cabe una escalada significativa, en cuyo caso los 150 dólares por barril volverían a dominar los titulares.

Incluso ahora ya se observan riesgos relevantes: los mercados vuelven a registrar caídas y, aunque los movimientos no son especialmente bruscos, el apetito por el riesgo comienza a resentirse ante la posibilidad de un conflicto más prolongado, que implicaría unos precios del petróleo más elevados y unos tipos de interés altos.

19Mar

Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos.

Miguel Ángel Valero

Los ataques a infraestructuras energéticas marcan una nueva fase del conflicto en Oriente Medio. Por primera vez, Israel inició la escalada con un ataque unilateral sobre refinerías iraníes en Pars Sur, un yacimiento de 9.700 km2 cuya explotación se reparte entre Irán (40%) y Catar (60%), y que suministra un 70% del gas doméstico iraní. En represalia, Irán dirigió su respuesta a la zona industrial de Ras Laffan, centro industrial catarí que, antes de paralizar su actividad a principios de mes, representaba un 19% de las exportaciones globales de gas natural licuado (GNL). Como resultado de este cruce, el Brent se dispara por encima de los 110 $/barril  el gas europeo avanza un 23%.

Aunque todavía se desconoce el alcance del daño en Ras Laffan, destacan dos elementos. El primero es el carácter unilateral del ataque israelí, sin el apoyo de EEUU (al menos oficialmente) ni de Catar. Trump asegura que Israel actuó por libre y se compromete a que no se repetirán los ataques sobre Pars Sur, revelando las primeras fisuras en la alianza. 

El segundo es que el golpe a infraestructuras energéticas eleva significativamente el riesgo de un conflicto más extenso y profundo, un escenario no deseado por Trump, quien ya sufre la presión de una gasolina a 3,9 $/galón (+30% desde el inicio de los ataques) a menos de ocho meses para las elecciones.

La prioridad sigue siendo la reapertura del estrecho de Ormuz y la normalización del flujo energético. 

Universidad Carlemany: puede haber una crisis de suministro global

Joan Escuer, profesor de geología en la Universidad Carlemany, explica que el yacimiento de South Pars (la parte iraní) y el de North Dome (la parte catarí, también conocido como Ras Laffan) no son dos yacimientos distintos y distantes. Son, en realidad, el mismo campo de gas, una única estructura geológica submarina compartida por Irán y Catar en medio del Golfo Pérsico. La distancia entre ambos no es un factor relevante ya que la estructura geológica es la misma y continua. La frontera entre ambos países divide lo que la naturaleza creó como un todo. 

Por eso, un ataque a la infraestructura de una de las partes (como el reciente bombardeo israelí a South Pars o el iraní a Ras Laffan) se considera un golpe directo a la integridad y seguridad de la principal fuente de riqueza energética de ambos países. Comprender esta unidad geológica explica por qué las recientes amenazas del presidente Trump de "destruir masivamente todo el yacimiento de South Pars" son tan alarmantes. No es solo una amenaza solo contra Irán. Un daño severo a la integridad del yacimiento del lado iraní podría, en teoría, afectar a la presión y la productividad del lado catarí dado que comparten el mismo sistema. La destrucción de la planta de Ras Laffan en Catar no solo paraliza la producción catarí, sino que también impide el procesamiento del gas de una parte fundamental de este yacimiento compartido, desencadenando una crisis de suministro global.

¿Afectará este ataque a España? "La respuesta corta es que sí", contesta este experto. El suministro de gas proveniente del yacimiento puede ser sustituido parcialmente, pero no completamente a corto plazo. La crisis en Catar ha dejado al descubierto una vulnerabilidad estructural del mercado global de GNL: no hay capacidad de reemplazo inmediato para el 20% de la oferta mundial. 

Para España la situación es compleja pero no catastrófica gracias a su infraestructura diversificada, trabajo realizado durante años y que ahora es una ventaja clave. Según datos de Cores (Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos), la cesta de suministro español incluye el gasoducto de Medgaz (Argelia), que a pesar de las tensiones diplomáticas ha ampliado su capacidad recientemente; EEUU, que se ha convertido en uno de nuestros principales proveedores de GNL en los últimos años; Nigeria, nuestro proveedor tradicional de GNL; Rusia, que aunque con tendencia a la baja por razones políticas, aún nos envía algunos cargamentos.

Pero aún hay más. Un efecto colateral menos conocido pero crítico de estos ataques es el impacto en el mercado del helio. Ras Laffan también es una fuente clave de este gas. De hecho, Catar produce alrededor de un tercio del helio mundial y su producción, ligada al procesamiento de gas, también está paralizada. El principal uso del helio es, sin duda, su aplicación crítica en la industria de alta tecnología, específicamente en la fabricación de semiconductores y chips electrónicos. Por eso esta crisis se puede convertir en una de las gordas.

The Trader: Trump está favoreciendo a sus competidores estratégicos

"La política internacional está llena de paradojas, pero pocas tan evidentes como la que estamos viendo en estos momentos. Algunas de las decisiones adoptadas por Donald Trump con la intención de proteger los intereses de EEUU están teniendo un efecto colateral difícil de ignorar: terminan fortaleciendo a los adversarios de sus propios aliados… y también a sus grandes competidores estratégicos", explica el analista Pablo Gil en The Trader.

La última muestra de esta dinámica se está produciendo en el mercado energético. En medio de la guerra con Irán y de las tensiones que amenazan con bloquear el Estrecho de Ormuz (por donde circula aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial y una parte significativa del gas natural licuado) la Casa Blanca ha decidido flexibilizar temporalmente algunas restricciones sobre el petróleo ruso que ya se encontraba en tránsito por el mercado internacional. El objetivo es evidente: evitar que una interrupción brusca del suministro dispare aún más los precios de la energía y termine trasladando ese impacto a la inflación y al crecimiento económico dentro de Estados Unidos.

Desde un punto de vista táctico, la decisión tiene lógica. Si el suministro global se reduce de forma abrupta en un momento de tensión geopolítica extrema, el precio del petróleo puede dispararse. Permitir que ese petróleo ruso llegue al mercado ayuda a compensar parte de esa pérdida de oferta. Pero la otra cara de la moneda es mucho más incómoda. El propio Kremlin reconoce que esta flexibilización podría permitir a Moscú ingresar hasta 10.000 millones$ adicionales si el precio del crudo se mantiene cerca de los 100$ por barril. En un momento en el que Occidente llevaba años intentando limitar la capacidad financiera de Rusia para sostener su guerra en Ucrania, una decisión adoptada en Washington puede terminar proporcionando a Moscú un inesperado balón de oxígeno. Y Rusia no es el único beneficiado.

El conflicto con Irán está obligando a EEUU a concentrar enormes recursos militares en Oriente Medio. Solo en los primeros días de la campaña se han empleado centenares de misiles de largo alcance y el coste de las operaciones ya supera los 10.000 millones$, lo que sugiere un ritmo de gasto cercano a los 1.000 millones diarios. Pero más allá del coste económico, hay un elemento aún más relevante: parte de esas municiones y capacidades proceden del mismo arsenal estratégico que abastece a otros frentes. Eso implica que, para sostener esta guerra, EEUU no solo está gastando, sino también redistribuyendo recursos militares, debilitando su capacidad operativa en otras regiones clave.

Eso significa que, mientras Washington centra su atención y sus recursos en el Golfo, el frente europeo pierde prioridad… pero también el Indo-Pacífico. Y ahí es donde entra China. Desde Pekín, este conflicto se está observando con enorme atención. No solo porque EEUU está desviando activos militares desde Asia hacia Oriente Próximo (incluyendo unidades, sistemas de defensa y capacidad logística) sino porque la guerra está ofreciendo algo aún más valioso: información.

China está analizando en tiempo real cómo opera el ejército estadounidense, cómo responde ante ataques con drones de bajo coste, cómo consume sus reservas de munición y hasta qué punto su capacidad militar puede verse tensionada en un conflicto prolongado. Cada día de guerra es, en la práctica, un laboratorio estratégico. Además, el simple hecho de que EEUU tenga que repartir sus recursos entre varios frentes altera el equilibrio global. Cuanta más atención y capacidad se destine a Oriente Próximo, menor será la presión efectiva sobre China en su entorno natural.

Rusia gana por los precios del petróleo. China gana por el desgaste estratégico. Y EEUU empieza a enfrentarse a un problema clásico en geopolítica: el riesgo de sobreextensión.

Mientras tanto, la guerra tampoco se está quedando confinada al enfrentamiento directo entre EEUU, Israel e Irán. Como suele ocurrir en Oriente Medio el conflicto está empezando a extenderse a través de una red de actores indirectos. Milicias iraquíes vinculadas a Teherán han intensificado sus ataques contra bases donde permanecen desplegadas fuerzas occidentales en el norte de Irak. La escalada ya está teniendo consecuencias visibles. Algunos países europeos han comenzado a retirar parte de sus tropas ante el deterioro de la seguridad. Italia ha iniciado la salida de parte de su contingente, mientras que Alemania, Noruega o Suecia también han puesto en marcha repliegues temporales. Irak se está convirtiendo, poco a poco, en otro escenario de la guerra indirecta entre EEUU, Israel e Irán.

Este tipo de dinámicas sigue un patrón bastante conocido en geopolítica: el de las guerras por delegación. Las grandes potencias rara vez se enfrentan de manera directa. En su lugar utilizan aliados regionales, milicias o grupos armados para desgastar al adversario y ampliar la presión estratégica sin desencadenar una guerra abierta entre Estados. El problema es que este tipo de conflictos tienen una característica muy peligrosa: una vez que empiezan a multiplicarse los frentes, resulta extremadamente difícil controlar su evolución. Cada ataque genera represalias. Cada represalia abre un nuevo frente. Y cada nuevo frente aumenta el riesgo de errores de cálculo o incidentes que nadie había planeado.

En paralelo, la guerra está empezando a provocar un segundo problema para Washington: el aislamiento diplomático. La Casa Blanca está intentando ahora formar una coalición internacional para garantizar el tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz y escoltar petroleros en la zona. El propio Trump ha pedido públicamente ayuda a varios países (incluidos aliados europeos, Japón, Corea del Sur o incluso China) argumentando que todos ellos dependen de esa ruta energética. Pero la respuesta está siendo, por ahora, fría.

Japón ha dejado claro que no tiene planes de enviar buques de guerra. Australia ha descartado participar con barcos militares. En Europa, países como Reino Unido se muestran reticentes a implicarse directamente en operaciones navales en la zona. Incluso algunos gobiernos del Golfo han expresado en privado su frustración por el hecho de que la guerra se iniciara sin una consulta previa real con los aliados.

Éste es quizá uno de los aspectos más llamativos de la situación actual. La decisión de lanzar la ofensiva militar contra Irán se tomó en Washington sin una coordinación significativa con muchos de los países que ahora se consideran socios estratégicos de EEUU. Sin embargo, cuando el conflicto empieza a generar consecuencias económicas globales (especialmente en el mercado energético) la Casa Blanca pide ahora a esos mismos aliados que se impliquen para estabilizar la situación.

Intentar evitar una crisis energética hoy (una crisis que, en buena medida, ha sido provocada precisamente por la decisión de EEUU de sumarse a Israel en su ofensiva para neutralizar la amenaza militar que representa el régimen de los ayatolas) puede terminar financiando indirectamente la guerra de Rusia mañana… y facilitando el reposicionamiento estratégico de China en el largo plazo.

Abrir un nuevo conflicto en Oriente Próximo no solo desvía recursos. También ofrece información, tiempo y oportunidades a sus principales rivales. Rusia obtiene ingresos. China obtiene aprendizaje y margen de maniobra.

Trump ha demostrado que no necesita consultar a nadie cuando decide iniciar una guerra. Sin embargo, cuando esa guerra empieza a enquistarse, cuando los precios del petróleo se disparan y cuando el impacto económico amenaza con trasladarse a la inflación y al crecimiento global, entonces sí reclama que el resto del mundo se involucre para ayudar a estabilizar la situación.

"En geopolítica, como en los mercados, las decisiones rara vez producen un solo efecto. Cada movimiento en el tablero genera consecuencias que van mucho más allá de la intención inicial. Y en este caso, la paradoja es difícil de ignorar: una guerra diseñada para reforzar la posición de Estados Unidos está terminando por abrir nuevos frentes, tensionar sus alianzas… y fortalecer, al mismo tiempo, a Rusia y China", recalca Pablo Gil.

Columbia Threadneedle: el precio del petrólo es un impuesto efectivo

William Davies, Global Chief Investment Officer de Columbia Threadneedle Investments, avisa que la escalada del conflicto en Oriente Medio ha intensificado la tensión geopolítica y ha provocado fuertes oscilaciones en los mercados energéticos. Dado que el mpacto económico depende del flujo de petróleo, los inversores deben mantenerse disciplinados y centrarse en los fundamentales a largo plazo por encima de titulares cambiantes.

Desde una perspectiva de inversión, la cuestión central es si el conflicto en Oriente Medio permanece contenido o evoluciona hacia una disrupción más prolongada, con implicaciones más amplias para los mercados globales. 

Los precios del petróleo han mostrado una considerable volatilidad a medida que el conflicto ha evolucionado, llegando casi a duplicarse en su punto extremo. Aunque estos movimientos generan titulares llamativos, no siempre reflejan la realidad económica subyacente. Si asumimos que los precios del petróleo más elevados persisten, el efecto inmediato es un aumento de los costes asociados. Esto suele interpretarse como inflacionario, lo que suscita preocupaciones sobre la posibilidad de que los bancos centrales deban endurecer la política monetaria. 

"Sin embargo, creemos que esta interpretación puede resultar engañosa. Consideramos los altos precios del petróleo menos como una fuente de inflación  sostenida y más como un impuesto efectivo sobre la economía global. La demanda de energía tiende a ser bastante inelástica. Hogares y empresas no pueden prescindir fácilmente del combustible y la electricidad. Por ello, cuando los precios de la energía aumentan, una mayor proporción de los ingresos se destina a cubrir estos costes. El resultado es una reducción de la renta disponible", explica.

Desde un punto de vista macroeconómico, esta dinámica reduce la demanda en lugar de generar inflación. Es cierto que los precios más altos del petróleo elevan los niveles generales de precios a corto plazo, pero simultáneamente frenan la actividad económica. Por esta razón, tratar los aumentos del precio dela energía únicamente como inflacionarios supone diagnosticar erróneamente el problema.

Aunque la duración del conflicto importa - especialmente desde una perspectiva humanitaria -, el impacto económico final depende del flujo físico de energía. Oriente Medio es un nodo crítico del sistema energético global, con el Estrecho de Ormuz actuando como un cuello de botella para las exportaciones de la región. Aproximadamente el 20% del crudo mundial, los productos refinados y el gas natural licuado transitan por este estrecho. La economía global puede tolerar un elevado grado de tensión geopolítica siempre que este petróleo continúe llegando a los mercados internacionales. Si así ocurre, podríamos experimentar precios más altos y cierta volatilidad, pero el impacto general podría seguir siendo manejable. Rutas alternativas de exportación, como a través del Mar Rojo, también pueden contribuir a aliviar la presión.

Sin embargo, si los flujos de petróleo se contienen o restringen, la situación sería muy distinta. En ese escenario, el impacto económico sería mucho más acusado. En términos macroeconómicos, el entorno resultante probablemente se asemejaría a la estanflación: niveles de precios más altos impulsados por los costes energéticos, combinados con una actividad económica más débil. Tal combinación complica la labor de los bancos centrales y podría presionar los precios. En última instancia, podría llevar a las autoridades monetarias a adoptar un enfoque más cauteloso, esperando evaluar si los aumentos de los precios dela energía son temporales o persistentes antes de realizar ajustes significativos de política.

Pese a los temores iniciales de que el crecimiento chino se vería gravemente afectado por los aranceles, hasta ahora no se ha observado el impacto negativo previsto. Además, la disposición del presidente Xi Jinping a interactuar con el sector privado, reconociendo su papel esencial en el crecimiento económico de China, ha favorecido una recuperación en los mercados del país. Este desarrollo subraya la importancia de mantenerse atento a las dinámicas geopolíticas y a sus implicaciones económicas.

Los mercados financieros han respondido hasta ahora con cierto grado de resiliencia. A nivel agregado, las principales clases de activos - con la excepción de las materias primas y la energía - no han experimentado desajustes significativos. Sin embargo, bajo la superficie han surgido divergencias. Dentro de los mercados de renta variable, por ejemplo, distintos sectores han estado influidos por fuerzas diferenciadas. Las empresas energéticas se han beneficiado del aumento de los precios del petróleo, mientras que sectores como el software se han visto condicionados por tendencias estructurales como el auge de la inteligencia artificial.

De forma similar, los mercados de renta fija se han mantenido relativamente estables en su conjunto, aunque han aparecido focos de volatilidad. Los diferenciales de crédito se han ampliado de forma moderada, y ciertos segmentos del crédito muestran una mayor sensibilidad que antes. En partes del crédito privado y otros mercados menos líquidos comienzan a observarse señales de tensión.

Ninguno de estos desarrollos es atribuible exclusivamente a la geopolítica, pero ilustran que los mercados podrían estar entrando en una fase más compleja y frágil, en la que la diferenciación adquiere mayor relevancia.

Los periodos de tensión geopolítica suelen fomentar la toma de decisiones reactivas. Los titulares cambian rápidamente, el sentimiento del mercado oscila y los inversores pueden reposicionar sus carteras en respuesta a desarrollos a corto plazo, solo para revertir esas decisiones cuando la situación vuelve a cambiar. "Nuestra experiencia sugiere que estas reacciones a corto plazo rara vez producen buenos resultados. En su lugar, nos centramos en el horizonte de medio a largo plazo y en las áreas donde contamos con mayor convicción. Nuestro posicionamiento ya reflejaba cierto grado de cautela incluso antes del conflicto actua", señala. 

Por ejemplo, las valoraciones en determinadas áreas de los mercados de crédito parecían tensionadas desde hace tiempo, y los riesgos más amplios - incluido el apalancamiento en los balances gubernamentales, la evolución de las dinámicas del crédito y los cambios tecnológicos estructurales - ya eran evidentes. "Por ello, hemos preferido créditos de mayor calidad frente a emisores más débiles y hemos mantenido una postura relativamente conservadora en las carteras. No obstante, cuando existe una convicción clara, estamos dispuestos a reflejarla en las carteras. Y cuando predomina la incertidumbre, tratamos de protegerlas frente a riesgos no intencionados", añade.

Una realidad que los inversores deben afrontar es que el riesgo geopolítico se está convirtiendo en un rasgo cada vez más persistente del entorno global de inversión. En los últimos años, los mercados se han enfrentado repetidamente a eventos geopolíticos - desde tensiones comerciales hasta conflictos-. En muchos casos, los peores temores de los inversores no se han materializado y los mercados han acabado recuperándose. Esta experiencia sirve como un recordatorio importante: rara vez es prudente extrapolar el peor resultado posible de acontecimientos que aún están en desarrollo. Al mismo tiempo, sería complaciente asumir que los shocks geopolíticos siempre serán temporales. En algún momento, un evento puede tener un impacto económico más duradero. El reto para los inversores es que rara vez resulta evidente cuál será el acontecimiento decisivo. Esta realidad refuerza la importancia de la disciplina, la diversificación y la convicción.

En última instancia, los mercados seguirán reaccionando a los acontecimientos en Oriente Medio, especialmente a través del prisma del suministro energético. La duración del conflicto sigue siendo incierta y la situación continuará evolucionando. Sin embargo, la variable económica más relevante sigue siendo clara: si el petróleo puede continuar fluyendo desde el Golfo. Si así ocurre, la economía global puede enfrentarse a precios más altos y a una mayor incertidumbre, pero probablemente absorberá el shock. Si no es así, las implicaciones serán significativamente más graves. "Para los inversores, la respuesta adecuada no es seguir cada titular y cada movimiento del mercado, sino mantenerse centrados en los fundamentales, preservar la disciplina en la construcción de carteras y actuar con decisión allí donde la convicción sea mayor", insiste.

Swisscanto: el oro no se mantiene como activo refugio

Roger Rüegg, responsable de Multi-Asset Solutions en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos Swisscanto, resalta que, desde el estallido del conflicto en Irán, el precio del oro no ha logrado mantener su condición de “activo refugio” ni sostenerse en sus máximos. Por el contrario, ha perdido alrededor de un 10 % de su valor desde comienzos de marzo. Las principales razones de esta caída se explican por tres factores clave:

  • Fortaleza del dólar estadounidense: La continua apreciación del dólar está ejerciendo una presión significativa sobre el precio del oro. Al cotizar en dólares, el oro se encarece para los inversores fuera de Estados Unidos, lo que reduce la demanda.
  • Inflación y evolución de los tipos de interés: El aumento de los precios del petróleo ha intensificado las preocupaciones inflacionistas. Como consecuencia, el mercado ha descartado las bajadas de tipos previamente previstas por los bancos centrales y han aumentado las rentabilidades en los tramos largos de la curva. Dado que el oro no genera intereses, pierde atractivo frente a activos que sí ofrecen rentabilidad.
  • Toma de beneficios: Tras dos años excepcionalmente positivos para el oro, la recogida de beneficios también está influyendo de forma relevante en la evolución reciente del precio y no debe subestimarse. A corto plazo, la toma de beneficios podría seguir presionando al precio del oro hasta que encuentre un suelo sólido. 

"No obstante, mantenemos una visión positiva a medio y largo plazo. En particular, la tendencia hacia la desdolarización, el aumento de los niveles de deuda pública y las continuas compras de oro por parte de los bancos centrales apuntan a un contexto favorable en el futuro", precisa.

18Mar

La Cámara de Comercio Brasil-España acerca el ecosistema europeo a 22 empresas brasileñas.

Miguel Ángel Valero

La Unión Europea (UE) reanuda la ratificación de su acuerdo comercial con EEUU, incorporando una cláusula que impide su entrada en vigor hasta que Washington cumpla los términos pactados. El Comité de Comercio del Parlamento Europeo votará el jueves 19 de marzo el texto, que podría elevarse al pleno para su aprobación en las próximas semanas. El proceso continúa pese a las investigaciones estadounidenses destinadas a introducir nuevos aranceles, abiertas tras la suspensión por el Tribunal Supremo de los denominados “recíprocos”.

Mientras avanza la 'paz' comercial entre la UE y EEUU, crecen las dudas sobre el acuerdo firmado con India. Tras casi veinte años de negociaciones, interrumpidas varias veces desde 2007, la UE e India han culminado uno de los acuerdos de libre comercio (TLC) más ambiciosos de la última década , abriendo sus mercados y protegiendo , a la vez , sectores sensibles.

Este acuerdo pretende estructurar y consolidar una relación comercial que ya se encuentra en rápida expansión, siendo la UE el principal socio comercial de la India desde 2006. En conjunto, ambas economías representan casi una cuarta parte del PIB mundial y un tercio del comercio internacional , subrayando la relevancia global del pacto. 

Las conversaciones sobre el acceso a los mercados automotriz, agrícola y lácteo se habían estancado durante años, hasta que se reanudaron en 2022 y se aceleraron notablemente en 2025, tras el Día de la Liberación Arancelaria proclamado unilateralmente por Trump.

Aunque los beneficios se esperan de forma gradual, el acuerdo ya ofrece perspectivas tangibles para el comercio de bienes, los servicios y las inversiones entre ambas partes.

Pero un análisis de Coface avisa que este pacto conlleva riesgos sustanciales que podrían amortiguar sus efectos económicos. El acuerdo establece un nivel de apertura comercial sin precedentes: la UE está liberalizando el 97% de sus líneas arancelarias para las exportaciones indias (el 91%, de inmediato), mientras que India está reduciendo gradualmente sus aranceles sobre más del 97% de las importaciones europeas , con avances clave en servicios, propiedad intelectual y varios sectores estratégicos, a pesar de las protecciones para los automóviles, la agricultura y el acero. Así, este pacto cubrirá 144subsectores de servicios.

Su firma responde a un entorno geopolítico inestable: desde 2025, EEUU ha impuesto aranceles acumulativos del 50% a las exportaciones indias, la pérdida parcial del SGP (Sistema General de Preferencias) ha debilitado el acceso de India al mercado de la UE, y Nueva Delhi busca asegurar un marco más estable. Para la UE, el acuerdo forma parte de una estrategia de diversificación, autonomía comercial y reafirmación del libre comercio ante las tensiones globales.

“Este acuerdo marca un punto de inflexión para las economías europea e india: redefine el acceso al mercado, asegura cadenas de valor clave y, por primera vez en dos décadas, crea un marco comercial capaz de amortiguar los choques geopolíticos” afirma Markus Kuger, economista para Alemania de Coface.

Si bien el acuerdo abre significativamente los mercados, los economistas de la compañía de gestión integral del riesgo comercial identifican cuatro riesgos claveque podrían reducir los beneficios de este acuerdo: 

  • Riesgos económicos y sectoriales: 
    • En sectores clave como el automóvil , la reducción de los aranceles indios (del 70-110% al 10%) ofrece una apertura real, pero no es suficiente para romper las restricciones estructurales del mercado: predominio de los vehículos de dos ruedas (80% de las ventas), baja tasa de propiedad de automóviles, fuerte concentración de fabricantes locales y cuotas limitadas a 250.000 vehículos al año para las exportaciones europeas. 
    • En los sectores siderúrgico y químico, los productores indios seguirán sujetos a las normas europeas más estrictas, en particular al mecanismo de ajuste en frontera delas emisiones de carbono (CBAM), cuya aplicación podría generar costes adicionales de más de 200€ por tonelada para ciertos aceros. La UE prevé proporcionar 500 millones€ en apoyo a la descarbonización en India, pero estas cantidades no serán suficientes para compensar por completo los efectos de las nuevas restricciones.
  • Riesgos relacionados con la demanda global: En el sector textil y de la confección, los beneficios derivados del acceso libre de impuestos a la UE podrían verse limitados por la persistente debilidad de la demanda europea, así como por la competencia de proveedores que se benefician del acceso preferencial hasta 2029 (Bangladesh en particular).
  • Riesgos políticos y de implementación: El precedente del acuerdo UE-Mercosur, que sigue bloqueado, demuestra que un acuerdo puede permanecer suspendido a pesar de la firma política. Si bien la ausencia de productos agrícolas sensibles reduce la exposición del acuerdo UE-India, no se puede descartar la posibilidad de un revés político. Por parte de la India, los riesgos son menores, pero las medidas paralelas, como la mejora de los visados de negocios, dependen de los Estados miembros y podrían no implementarse con rapidez, lo que genera tensiones y retrasos.
  • Riesgos de tiempo: El alcance de los beneficios dependerá en gran medida del ritmo de implementación. En varios sectores, las reducciones arancelarias se extenderán a lo largo de 5 a 7 años, o incluso más (plásticos). Esto genera un riesgo de decepción para las empresas europeas, que podrían ver los beneficios solo a largo plazo, mientras que ciertas restricciones regulatorias se aplican de inmediato .

España atrae 22 empresas brasileñas hacia Europa

Mientras, la Cámara de Comercio Brasil-España (CCBE) ha participado en la misión empresarial Panco en Madrid. Una iniciativa integrada por 22 empresas brasileñas (Barbosa, Bramil, Pedreira, Cofesa, Mensore, Jaú Serve, Naomi Comercio de AL, Unisuper Uniâo, Shibata, Davo, Super Mercado Sao Roque, Ayumi Supermercados, Piratininga, Nagumo, Negreiros, Higas, Esperança, Parana, Rede Confiança-JAD, Kacula, Redex), y organizada por BBRetail con el objetivo de acercar al ecosistema europeo las últimas innovaciones tecnológicas aplicadas al sector retail. Las 22 empresas que han participado en esta misión en España han contado con la implicación de la CCBE y tres de sus socios, BBRetail como organizador y Telefónica y Sponsorb como colaboradores.

La recepción en Madrid de las compañías brasileñas se ha realizado en las instalaciones de Telefónica, socio protector de la CCBE y entidad que actualmente ostenta su presidencia. Renata Dutra, Senior Manager RI - Desk Brasil de Telefónica, destaca el papel de la Cámara de Comercio Brasil-España como “plataforma clave para la conexión empresarial entre ambos países”. Además, subrayó la relevancia de la CCBE como “un ecosistema que fomenta las relaciones bilaterales, promoviendo oportunidades de negocio y facilitando el intercambio de conocimiento entre empresas brasileñas y españolas”. 

Por su parte, Jéssica Alves, adjunta a dirección de la CCBE, resalta cómo “esta misión refuerza el papel de la Cámara de ComercioBrasil-España como impulsora de iniciativas que conectan ambos mercados, así como su apoyo a proyectos liderados por sus socios, como es el caso de BBRetail, organizador de la misión Panco”.

Igor Paparoto, CEO de BBRetail y socio de la CCBE, subrayó la importancia de este tipo de misiones para acercar soluciones tecnológicas reales al sector del retail. Puso el foco en la necesidad de “integrar innovación, inteligencia artificial y nuevas herramientas digitales en las operaciones comerciales, con el objetivo de mejorar la eficiencia, la experiencia de cliente y la competitividad de las empresas”.

Leonardo Pellegrino, CO-CEO de Sponsorb, presentó un caso práctico centrado en la optimización del rendimiento en tienda. Sue xposición abordó la aplicación de metodologías orientadas a mejorar la agilidad operativa y latoma de decisiones basada en datos, mostrando ejemplos concretos de implementación en elsector.

Como parte central del encuentro, los asistentes participaron en diversas demos del Grupo Telefónica enfocadas en soluciones innovadoras para el retail, entre las que destacaron tecnologías como etiquetas digitales para la gestión eficiente de precios, herramientas de generación de insights sobre el comportamiento del consumidor, programas de reciclaje automatizados orientados a la fidelización del cliente, así como estudios de producción audiovisual aplicados a la creación de contenido y experiencias de marca. Estas demostraciones permitieron visualizar de forma práctica cómo la tecnología puede transformar los espacios comerciales y optimizar su rendimiento.

La jornada concluyó con una visita al Espacio Movistar, flagship de Telefónica en la Gran Vía,un entorno innovador que integra tecnología, entretenimiento y experiencia de cliente. Este espacio, concebido como un hub experiencial, ofreció a los participantes una visión práctica delas nuevas tendencias en retail, donde la digitalización y la interacción con el usuario seconvierten en elementos clave para atraer y fidelizar al consumidor.

Las contradicciones europeas con Rusia

Por otra parte, Ucrania ha accedido finalmente a reparar el oleoducto que transporta petróleo ruso hacia Europa, en medio de la presión ejercida por Hungría, que mantiene su veto al paquete de préstamos de 90.000 millones€ para Kiev. El oleoducto Druzhba, cuya rama norte abastece a Alemania y Polonia y cuyo tramo sur llega a Hungría, Eslovaquia y la República Checa, quedó dañado en enero a raíz del conflicto provocado por la invasión rusa. 

Hungría y Eslovaquia –ambas con fuertes vínculos energéticos con Rusia– habían acusado a Ucrania de retrasar deliberadamente las reparaciones. Budapest elevó el tono al advertir que mantendría el bloqueo a la ayuda financiera europea mientras no se reanudaran los flujos, resumido por la frase de Orbán: “si no hay petróleo, no hay dinero”.

Tras semanas de tensión, Ucrania ha aceptado la asistencia técnica y financiera del bloque comunitario y señaló que el oleoducto podría volver a operar en aproximadamente mes y medio. Una situación paradójica, dado que serán fondos europeos los que financien la reparación de una infraestructura que transporta petróleo ruso, pese a que la UE prohibirá por completo las importaciones de crudo ruso antes de finales de 2027.

11Mar

La mayor amenaza para Donald Trump no es ni Motjaba Jameneí ni los ayatolás sino empecinarse en un conflicto que no es prioritario para EEUU en un momento en el que el ciclo económico ha comenzado a dar alguna primera señal de debilidad.

Miguel Ángel Valero

Tras los ataques de EEUU e Israel, Irán ha decidido ejercer la máxima presión posible sobre el estrecho de Ormuz, enclave por el que circula el 30% del comercio mundial de crudo y el 20% del gas natural licuado, con el fin de provocar un shock en la oferta global de energía que frene bruscamente el crecimiento económico. El régimen iraní, conocedor de aquel viejo proverbio persa que afirma que la paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces, digiere sus enormes pérdidas militares y daños en infraestructuras sabiendo que el impacto económico de un cierre prolongado del estrecho no dejaría indemne ni a la mayor potencia del mundo. 

Con semejante jaque sobre el mayor núcleo de producción de energía de la Tierra –algo que no se veía desde la crisis del petróleo de los años 70–, bien merece cuestionarse si EEUU tiene realmente capacidad para afrontar una victoria pírrica, así como si las razones por las que su Gobierno se ha embarcado en el conflicto son verdaderamente inquebrantables. ¿Qué pretende conseguir Donald Trump con el asedio de Irán? ¿Liberar al país de una teocracia islámica salvaje? ¿Fulminar su programa nuclear? ¿Debilitar a China cortándole los suministros energéticos? Por encima de todo es fundamental tener en cuenta que mientras el régimen de los ayatolás supone un problema existencial para Israel, no lo es para EEUU, y menos a 8 meses de las elecciones legislativas norteamericanas sabiendo que Trump gestiona con pragmatismo y que, cuando la presión aflora, no tiene inconveniente en modificar su postura siempre que pueda seducir a sus votantes con un relato suficientemente triunfalista.

Por el momento, la capacidad militar de respuesta iraní se está viendo fuertemente afectada. Sus lanzamientos de misiles y drones han caído un 90% en comparación con el primer día y han consumido un 40% de su arsenal. Hasta ahora, los ataques no parecen haber afectado de forma significativa a las instalaciones energéticas. No obstante, la velocidad de producción se ha reducido en un 25% debido en buena parte a la falta de capacidad para almacenar combustible tras una semana de ausencia de tránsito en el estrecho.

El bloqueo del estrecho de Ormuz no se debe a un despliegue efectivo de la marina iraní, sino a la negativa de las navieras a circular con seguridad y a la imposibilidad de asegurar los fletes a un coste razonable. En este sentido, la US Development Finance Corporation ya se prepara para ofrecer coberturas de reaseguro por valor de 20.000 millones$ a las aseguradoras. Una medida que, si va acompañada de apoyo militar para escoltar a los petroleros, sentaría las bases de la apertura de Ormuz. 

Aunque la fuerte inestabilidad ha disparado los precios del petróleo violentamente hasta los 119,5 $/barril y del gas un +118%, la parte media y larga de la curva anticipan una reversión del conflicto bastante rápida. En el caso de los futuros del Brent a 6 meses, que son los que fundamentalmente se utilizan en el sector petroquímico, refino o aerolíneas, la subida es bastante más moderada y apenas alcanza los 77$ –un 5,5% más que el promedio de los últimos dos años–. 

Sin embargo, por más que todos estos factores atenuantes de la situación se puedan terminar tornando en contra de Estados Unidos, la mayor amenaza para Donald Trump no es ni Motjaba Jameneí ni los ayatolás sino empecinarse en un conflicto que no es prioritario para EEUU en un momento en el que el ciclo económico ha comenzado a dar alguna primera señal de debilidad. El mercado laboral poco a poco va perdiendo intensidad y se destruyeron 92.000 puestos de trabajo no agrícolas en febrero, la cifra más floja desde octubre con una tasa de paro que aumentó una décima hasta el 4,4%. 

Aunque sin duda atravesamos por un periodo agitado, la historia nos ha demostrado que los tiempos de guerra suelen ser malos momentos para precipitar decisiones en los mercados financieros. Por encima del corto plazo es importante mantener la calma, elevar la visión de largo plazo y tener en cuenta que, en el pasado, los conflictos bélicos han generado buenas oportunidades de compra. Por más volatilidad que se genere en el corto plazo, la revalorización mediana de la Bolsa 12 meses después de los principales conflictos bélicos que han ocurrido en los últimos 50 años es del +7,8%, con un periodo de 27 días hasta alcanzar mínimos y una mediana de 67 días para recuperar el 100% de la caída.

"En días como estos bien merece recurrir al Sang-e Sabur o Piedra de la Paciencia, la roca mágica a la que los persas confiaban sus sufrimientos, secretos y dolores. Ya saben que, según la creencia, la piedra absorbe todas esas sensaciones hasta que termina liberando al individuo de toda su carga emocional. Dejando aparte la enorme tristeza que producen todas las guerras, la lectura para las Bolsas no debería ser tan mala como nos dicta el corazón, particularmente para la norteamericana", reflexiona Joan Bonet, Director de Estrategia de Mercados y Asesoramiento de Banca March.

Tras el bálsamo que supusieron las declaraciones de Trump, en las que aseguraba que el conflicto armado en Irán concluirá pronto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ultima el anuncio de una liberación conjunta de reservas estratégicas, la más ambiciosa de la historia, superando los 182 millones de barriles puestos en el mercado tras el estallido de la guerra en Ucrania. 

La AIE se creó en 1974 tras el choque provocado por el embargo petrolero árabe y su función principal es coordinar la política energética de los países miembros. Entre sus obligaciones destaca mantener reservas mínimas equivalentes a 90 días de importaciones netas de crudo. En total, los miembros disponen de 1.200 millones de barriles en reservas, además de otros 600 millones de carácter obligatorio. En precedentes similares, la liberación de estos inventarios generó cierto alivio temporal en los precios, siendo el ejemplo más representativo el de 1991, cuando se actuó de manera coordinada con EEUU durante los primeros días de la operación Tormenta del Desierto.

En la coyuntura actual, el simple rumor de esta posible intervención mantiene relativamente estables a los precios de la energía, pese al cierre continuado del estrecho de Ormuz y a que varios productores siguen frenando su actividad por la ausencia de salidas marítimas.

En cuanto a la evolución del conflicto, los ataques iraníes aumentaron ligeramente, aunque se mantienen un 87% por debajo de los niveles registrados al inicio de la guerra. Paralelamente, las ofensivas de EEUU e Israel continúan centradas en mermar la capacidad de lanzamiento y fabricación de misiles y drones.

Aunque las palabras de Trump trajeron algo de calma, siguen siendo insuficientes para dar por finalizados los episodios de volatilidad.

En ese sentido, preocupa que retrocede la confianza de las pymes estadounidenses. El índice realizado por el NFIB mostró un retroceso mayor de lo esperado y en febrero la confianza cayó hasta niveles de 98,8 desde el 99,3 previo y por debajo del 99,6 esperado. Con este descenso, el optimismo entre las pymes bajó hasta su menor nivel desde octubre, con apenas un 12% de las encuestadas señalando que pretende ampliar la plantilla en los próximos meses, el menor nivel desde mayo del año pasado y un indicador que apunta a que la contratación se mantendrá contenida.

Con el conflicto en Irán y su posible impacto sobre la inflación, los mercados han pasado de descontar dos recortes de tipos para este año a asignar una probabilidad del 60% a una subida en junio. En este contexto, y con la próxima reunión el próximo 19 de marzo, varios miembros del Banco Central Europeo se han pronunciado:

  • Christine Lagarde, presidenta del BCE, destacó que la Eurozona se encuentra en una posición más sólida y con mayor capacidad para absorber shocks. Reiteró que harán todo lo necesario para mantener la inflación bajo control y que, por ahora, no existe urgencia por modificar los costes de financiación.
  • François Villeroy, gobernador del Banco de Francia, consideró que todavía no es el momento de subir los tipos.
  • Madis Müller, gobernador de Estonia, admitió que han aumentado las probabilidades de un movimiento al alza en los tipos oficiales. No obstante, pidió calma hasta comprobar si el repunte de los precios de la energía es transitorio o persistente.
  • Su homólogo eslovaco, Peter Kažimír, adoptó una postura algo más contundente, sugiriendo que podría producirse una subida en abril o junio.

Retrocede la confianza de las pymes estadounidenses. El índice realizado por el NFIB mostró un retroceso mayor de lo esperado y en febrero la confianza cayó hasta niveles de 98,8 desde el 99,3 previo y por debajo del 99,6 esperado. Con este descenso, el optimismo entre las pymes bajó hasta su menor nivel desde octubre, con apenas un 12% de las encuestadas señalando que pretende ampliar la plantilla en los próximos meses, el menor nivel desde mayo del año pasado y un indicador que apunta a que la contratación se mantendrá contenida.

DWS: la diversificación es una prioridad absoluta

“A pesar de todos los riesgos, la mayoría de las clases de activos deberían seguir mostrando fortaleza este año, siempre y cuando el ciclo económico se mantenga intacto”, asegura Vincenzo Vedda, CIO de DWS. La amplia gama de riesgos hace que la diversificación sea una prioridad absoluta. "En la actualidad, existen muchos riesgos en el panorama mundial y, sin embargo, seguimos siendo optimistas y esperamos obtener rendimientos sólidos en la gran mayoría de las clases de activos en los próximos doce meses. Suponemos que los ataques contra Irán no se intensificarán hasta convertirse en un conflicto más amplio que podría elevar los precios del petróleo a niveles de 90$ por barril o más a largo plazo", señala el análisis de la gestora.

"También tenemos una visión constructiva del auge de la inteligencia artificial, aunque su capacidad para sorprender, tanto positiva como negativamente, quedó demostrada una vez más a principios de año, cuando las preocupaciones sobre el potencial de esta nueva tecnología se convirtieron en el motor de las mayores rotaciones sectoriales en renta variable desde la Gran Crisis Financiera de 2007/08. De hecho, debido a la incertidumbre que rodea a la IA, preferimos los mercados bursátiles europeos y japoneses, menos tecnológicos, al mercado estadounidense. Su descuento de valoración con respecto a EEUU debería reducirse con respecto a los niveles actuales, sobre todo teniendo en cuenta que esperamos que más inversores institucionales busquen una mayor diversificación geográfica", añade.

"No esperamos un repunte global clásico en 2026 y 2027, pero creemos que el crecimiento económico debería proporcionar una base suficientemente sólida para los mercados de capitales. También estamos tranquilos con respecto a la inflación. En Europa, la tasa de inflación debería caer hasta una media anual del 2 % en 2026; esperamos que EEUU alcance ese nivel solo en 2027. Por lo tanto, los tipos de interés oficiales son actualmente más altos en EEUU que en Europa, y esperamos que la Fed realice dos recortes más de tipos antes de marzo de 2027, mientras que es probable que el BCE mantenga los suyos sin cambios. El Banco de Japón sigue un rumbo muy diferente: sus intentos de 'normalización' de la política monetaria pueden implicar dos subidas más de tipos", argumenta.

Este entorno “ni demasiado caliente ni demasiado frío” para el crecimiento, la inflación y los tipos de interés oficiales, conocido como el escenario Goldilocks, es uno en el que las acciones y los bonos pueden obtener buenos resultados, ya que parece improbable que se produzcan pérdidas de precio debido a las subidas de los tipos de interés. "En la mayoría de las categorías de bonos esperamos un movimiento lateral. Los bonos corporativos siguen siendo atractivos, a pesar de los diferenciales de crédito muy bajos, gracias al entorno macroeconómico favorable y a la elevada demanda, aunque preferimos un enfoque selectivo en el segmento de alto rendimiento, donde vemos mayores riesgos idiosincrásicos", apunta.

"Mientras tanto, los mercados de renta variable parecen estar beneficiándose no solo del crecimiento económico y los tipos de interés moderados —el riesgo de que los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años se mantengan por encima del 4,5% es muy bajo y, en cambio, esperamos una tasa de alrededor del 4% en un horizonte de 12 meses—, sino, sobre todo, de los beneficios. Esperamos un vigoroso crecimiento de los beneficios: entre el 6% y el 12 % en los mercados desarrollados y hasta el 20 % en los mercados emergentes. La fortaleza de los mercados de renta variable se ha ampliado recientemente y ya no depende predominantemente del sector tecnológico. Mientras el ciclo económico se mantenga intacto, creemos que el impulso positivo de los mercados de renta variable debería continuar. No obstante, sigue siendo muy probable que se produzcan retrocesos provocados por el nerviosismo en torno a la inteligencia artificial o por las consecuencias de los conflictos militares", insisten en la gestora del Deutsche Bank.

Si bien la geopolítica podría afectar a los mercados bursátiles, debería impulsar el oro y el petróleo. Sin embargo, en el caso del petróleo, "seguimos anticipando un exceso de oferta estructural, en el que el aumento de la demanda solo tendrá un impacto gradual a lo largo del año. No obstante, mantener abierto el estrecho de Ormuz, por el que circula una quinta parte de la demanda diaria de petróleo, es la hipótesis en la que se basa nuestra previsión del precio del petróleo de 66$ por barril en marzo de 2027. No obstante, existe el peligro de que Irán bloquee el estrecho durante un periodo más largo, o de que los buques lo eviten voluntariamente debido a los riesgos para la tripulación y la carga", matizan los expertos de DWS.

Al mismo tiempo,  el dólar ha perdido parcialmente su estatus de refugio seguro y es probable que se debilite con el tiempo.

Los expertos de DWS avisan de tres riesgos principales: 

  • la IA, 
  • la sostenibilidad de la deuda soberana, que podría convertirse en un problema en cualquier momento, pero es imposible predecir cuándo. 
  • la geopolítica, la regla es que la política solo suele tener un impacto duradero en los mercados cuando sus consecuencias se reflejan en los resultados de las empresas. 

"Nuestro escenario principal sigue siendo positivo para los próximos doce meses, ya que el aumento de los beneficios empresariales y la política monetaria acomodaticia deberían ayudar a los mercados", concluyen en DWS.

Lombard Odier: aumento limitado del petróleo, inflación y paro

El CIO Office Flash sobre el impacto económico del conflicto en Oriente Medio por regiones, elaborado por Samy Chaar, Chief Economist y CIO Switzerland de Lombard Odier, subraya que "nuestro escenario central, que prevé un aumento limitado del precio del petróleo, debería mantener mantener contenido el impacto en las principales economías. Este escenario base provocaría un aumento prácticamente insignificante de la inflación general y del desempleo en EEUU con una ligera desaceleración del crecimiento. La inflación en Europa y Asia también aumentaría solo de forma marginal".

En un escenario de riesgo, el crecimiento en EEUU y Europa sería menor, los tipos de interés en EEUU se mantendrían sin cambios y la inflación en Europa superaría el objetivo. El impacto en la economía suiza sería más limitado. Muchas economías asiáticas industrializadas y varios mercados emergentes serían vulnerables en un escenario de riesgo; China podría resistir mejor, aunque su crecimiento también se vería afectado.

10Mar

La creciente autosuficiencia energética de EEUU gracias a la revolución del petróleo de esquisto redujo drásticamente su dependencia del crudo del Golfo y neutralizó la capacidad de Irán de usar el petróleo como arma.

Miguel Ángel Valero

¿Por qué ha tardado 46 años EEUU en atacar Irán? Keenan Yoho, Senior Advisor de Banor, cree que han desaparecido las limitaciones que han frenado la entrada en conflicto de EEUU contra Irán, desde que la revolución islámica triunfó con la toma de rehenes de la embajada USA, que duró 444 días, por la conjunción de tres hechos:

  • El final de la guerra fría.
  • La creciente autosuficiencia energética de EEUU gracias a la revolución del petróleo de esquisto, que redujo drásticamente su dependencia del crudo del Golfo y neutralizó la capacidad de Irán de usar el petróleo como arma.
  • Los grandes avances militares de Estados Unidos en armamento, tecnología, estructura, planificación, y sobre todo eficacia.

El 28 de febrero de 2026, bombardeos estadounidenses e israelíes mataron al líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí. Con él desapareció la última figura de la generación islámica revolucionaria que llegó al poder en 1979. 

"La pregunta no es tanto por qué ocurrió esto, sino por qué tardó tanto en suceder", subraya este experto. La respuesta comienza en 1979. En noviembre de ese año, estudiantes iraníes asaltaron la embajada de EEUU en Teherán y mantuvieron como rehenes a cincuenta y dos diplomáticos durante 444 días. El presidente estadounidense Jimmy Carter intentó responder con la Operación Eagle Claw, una misión de rescate en helicóptero que terminó en catástrofe en el desierto iraní: ocho estadounidenses murieron y los restos quedaron ardiendo en la arena. Irán había impartido su primera lección a EEUU: podía golpear, absorber la respuesta y esperar a que Washington se desgastara.

Durante más de cuatro décadas, dos limitaciones hicieron que la represalia estadounidense contra Irán fuese más costosa que la contención. La primera fue la Guerra Fría, que tenía reglas no escritas: moderación mutua, sólo conflictos indirectos, y ninguna invasión directa de Estados soberanos fuera de las esferas de influencia reconocidas. 

El principio clave era no emprender nunca una acción que dejara a un adversario con armas nucleares sin otra opción que responder. Estos principios ya estaban bajo presión cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en diciembre de 1979, desplegando fuerzas acorazadas en la frontera oriental de Irán. La invasión se produjo dentro de la esfera de influencia reconocida de Moscú y no rompió las reglas de la Guerra Fría, sino que demostró su fuerza vinculante. Como resultado, EEUU se encontró gestionando simultáneamente una crisis de rehenes en Teherán y observando el oportunismo soviético, mientras las fuerzas se posicionaban desde donde podían amenazar las rutas petroleras del Golfo, sin que EEUU tuviera libertad para actuar en la región.

La segunda limitación fue el arma del petróleo. Una quinta parte del suministro mundial de petróleo pasa por el estrecho de Ormuz. Golpear a Irán en 1979 —o en cualquier momento posterior— implicaba el riesgo de cerrar el Estrecho, desencadenando choques de precios y dañando economías aliadas que dependían del petróleo del Golfo mucho más que EEUU.

Juntas, estas dos limitaciones crearon un escudo estructural para Irán y una jaula estratégica para EEUU. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica entendió esto perfectamente, y construyó su red de milicias aliadas, como Hezbolá, Hamás, los hutíes y grupos chiíes armados en Irak y Siria.

Beirut confirmó aún más los límites del modelo estadounidense. El 23 de octubre de 1983, un atacante suicida de Hezbolá, actuando bajo órdenes directas de Irán, destruyó el cuartel de los Marines estadounidenses, matando a 241 estadounidenses: el día más mortífero para el Cuerpo de Marines desde la batalla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial. El presidente Reagan reconoció la mano de Irán en la operación y se retiró del Líbano sin una respuesta militar. La Guardia Revoluciobaria extrajo la conclusión que marcaría su estrategia durante las siguientes cuatro décadas: la guerra por intermediarios funciona, y la combinación de la jaula de la Guerra Fría y el arma del petróleo proporcionaba un escudo estructural para Irán.

Lo que hacía a Irán categóricamente más peligroso que cualquier adversario de la Guerra Fría no era su geografía, sino su ideología islámica radical. Las reglas de la Guerra Fría funcionaban, porque ambas partes compartían una suposición: la supervivencia. Todo adversario al que EEUU se había enfrentado desde 1945, había sido disuadido sobre esta base: la URSS en Cuba, China en Corea y Rusia en Ucrania. 

Ningún soldado soviético eligió jamás la muerte como misión contra civiles estadounidenses. La ideología islámica radical elimina esta suposición. Es maximalista, nihilista y suicida de formas que ningún otro adversario de Estados Unidos ha encarnado en la práctica. Para los estadounidenses, el 11-S  es la prueba empírica: 19 hombres murieron voluntariamente para matar a 3.000 personas. Esto no fue una táctica: fue una teología. Aunque Irán no pilotó los aviones, construyó la arquitectura ideológica y operativa que justificó los ataques suicidas mediante una doctrina del martirio propagada a través de milicias aliadas.  El marco de la Guerra Fría no tenía respuesta para un adversario que eliminaba la supervivencia de la ecuación.

La protección de Irán siempre ha sido una combinación de reglas geopolíticas, palancas económicas y límites militares estadounidenses. Para febrero de 2026, los tres factores se habían derrumbado de forma secuencial. La Guerra Fría terminó en 1991. La revolución del petróleo de esquisto convirtió a EEUU en el mayor productor mundial de petróleo, rompiendo el vínculo entre la estabilidad del Golfo y la seguridad económica estadounidense. 

El control estadounidense de los recursos energéticos venezolanos reforzó aún más esta posición, colocando las mayores reservas de petróleo del mundo bajo control estadounidense. 

El orden basado en reglas colapsó bajo el peso de sus propios ultimátums no aplicados

En 2012, el presidente Obama trazó una línea roja en Siria sobre el uso de armas químicas, pero en 2013 no intervino cuando Asad utilizó gas sarín contra civiles. El presidente ruso Vladímir Putin tomó nota y, un año después, invadió Ucrania, convencido de que EEUU consideraba ahora opcionales sus compromisos. La norma fundacional del orden de posguerra se rompió y nunca fue reconstruida.

Lo que cambió para EEUU no fue sólo la neutralización del arma del petróleo, sino también su capacidad militar, que se había transformado por completo. La distancia entre Eagle Claw en 1979 y la Operación Epic Fury en 2026 no es simplemente de 46 años. Es la distancia entre un país incapaz de rescatar a sus diplomáticos un jueves y otro capaz de eliminar a un líder supremo un sábado. El sistema de caza humana que localizó y mató a Osama bin Laden eliminó al líder del ISIS al Bagdadi y neutralizó al comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Republicana, Qassem Soleimani, en el aeropuerto de Bagdad en 2020, representa la culminación de décadas de desarrollo en armas, tecnologías de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y toma de decisiones industrializada. Soleimani demostró que cualquier barrera psicológica para que Estados Unidos atacara a líderes iraníes había sido superada seis años antes del 28 de febrero de 2026.

El imperio regional revolucionario de Irán —construido durante cuatro décadas mediante sangrientas guerras por intermediarios, capacidades misilísticas y un programa nuclear— descansaba sobre la suposición de que las limitaciones estadounidenses eran características permanentes del paisaje estratégico.  Sin embargo, esas limitaciones eran el producto de un momento histórico específico: la Guerra Fría, la vulnerabilidad petrolera estadounidense, los límites de la tecnología militar de precisión y un orden basado en reglas cuyo garante aún estaba dispuesto a atarse a sus propios procedimientos. Cada una de estas condiciones ha desaparecido ahora. El régimen iraní apostó su supervivencia a la idea de una debilidad estadounidense permanente… y perdió.

09Mar

Trump no puede llegar a las elecciones de medio mandato con unos precios de la energía tan encarecidos. Los precios del petróleo han superado los 110$ por barril, un aumento del 65% en solo 10 días.

Miguel Ángel Valero 

Los mercados tratan de evaluar la posible duración del conflicto desatado hace 10 días por los ataques conjuntos de Israel y EEUU contra Irán, pero, sobre todo, qué herramientas podrán utilizarse para evitar una crisis energética mundial. El objetivo inmediato está claro: liberar el estrecho de Ormuz para reanudar el tráfico marítimo y que vuelva a circular el crudo y el gas. Si bien los últimos acontecimientos no han ayudado a pensar que el conflicto esté cerca de una resolución, el cierre del estrecho no debería extenderse por mucho tiempo debido al enorme impacto que tendría sobre el comercio marítimo de energía.

Los acontecimientos se están precipitando y los mercados financieros globales muestran señales del inicio de un proceso de capitulación donde los inversores tratan de reducir riesgo de forma desordenada: las Bolsas europeas abren con retrocesos cercanos al 3% y también los futuros apuntan a una caída en EEUU(en torno al -2%). Por su parte, la deuda pública no sirve de refugio en el actual escenario de mayores tensiones inflacionistas y se ven también ventas aceleradas en el oro, que lucha por mantenerse por encima de los 5.100$/onza. Frente a ello, el dólar se erige como activo refugio, en particular para los inversores europeos, dado que se aprecia un 0,7% acercándose en su cruce hasta el 1,15€.

Este comportamiento de los activos financieros parece tratar de poner en precio un enquistamiento del cierre del estrecho de Ormuz similar al ocurrido en 2022 con la invasión rusa de Ucrania. Esta subida de los precios de la energía se está trasladando rápidamente a los costes energéticos para el propio consumidor estadounidense y esto llega en un momento clave para Trump: a medida que nos acercamos a las elecciones mid-term de noviembre, sería poco ventajoso afrontar electoralmente unos comicios tan decisivos con unos precios de la energía tan encarecidos. Desde el inicio de la contienda la gasolina ha subido más de un 16%, acercándose a 3,5$/galón, precios que no se veían desde 2024 bajo el mandato de Biden. 

Por otra parte, las demás potencias mundiales también comienzan a reflejar la necesidad de una solución al menos temporal. En este contexto, una reunión de los ministros de Finanzas del G 7 discute sobre la idoneidad de liberar conjuntamente reservas estratégicas de petróleo, una primera respuesta al fuerte repunte de precios del fin de semana. Hay rumores que apuntan a un rango de intervención de entre 300–400 millones de barriles –lo que equivaldría al 25–30% de las reservas conjuntas del G 7–. La propia Agencia Internacional de la Energía afirma que “todas las opciones están sobre la mesa” y surge horas después de la decisión de Japón de librar parte de sus reservas.

China, la otra gran potencia militar global y el principal comprador del petróleo de Irán, también querrá presionar para una apertura del comercio a través del estrecho de Ormuz, dado que importa habitualmente el 11% de sus necesidades energéticas de crudo.

En un movimiento que consolida la continuidad de la línea dura del régimen y con la intención de sostener el conflicto, la Asamblea de Expertos de Irán –compuesta por 88 clérigos– eligió este fin de semana por amplia mayoría a Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo, sucediendo a su padre, el fallecido Alí Jamenei. De perfil bajo y sin apariciones públicas, la elección de Mojtaba –el segundo de los seis hijos del extinto líder– no ha generado sorpresas. Desde hace tiempo se le mencionaba como aspirante al cargo, pese a no haber ocupado oficialmente funciones gubernamentales. Como era previsible, la reacción en EEUU no tardó en llegar. Donald Trump calificó la elección como “inaceptable” y afirmó que “el próximo líder supremo de Irán no durará mucho sin mi aprobación”. 

En paralelo, Trump abrió un nuevo frente de fricción diplomática al arremeter contra el primer ministro británico, Keir Starmer, quien evalúa el envío de dos portaaviones a la región en apoyo a la ofensiva contra Irán. En redes sociales, Trump afirmó: “no necesitamos a gente que se una a las guerras después de que ya hayamos ganado”.

En este clima de tensión creciente, Trump también fue consultado sobre si consideraría el uso de tropas terrestres para asegurar el uranio enriquecido en instalaciones iraníes. Su respuesta fue categórica, aunque abierta: “es una posibilidad, pero no en este momento”.

"En este escenario de elevada volatilidad, mantenemos nuestra recomendación de calma. Aunque es difícil elucubrar el momento exacto de suelo del mercado, cualquier noticia que apuntara hacia una apertura parcial del estrecho provocaría un giro violento al alza de las Bolsas y una relajación de los precios del crudo. Los precios actuales del Brent ya incluyen una elevada prima de riesgo asociada a que de facto no están transitando los buques a través del estrecho de Ormuz, una situación que puede cambiar con rapidez si finalmente como ha propuesto Trump –y como ya ocurrió en el pasado–, la Marina estadounidense comienza a escoltar con efectividad algunos navíos sería suficiente", opinan los expertos de Banca March.

DWS: gran decepción con el dato de empleo en EEUU

Christian Scherrmann, Economista jefe de DWS para EEUU, habla de "gran decepción" en el crecimiento del empleo en febrero: a pesar de las expectativas de un sólido aumento de 55.000 puestos, las nóminas no agrícolas disminuyeron en 92.000 en febrero, tras una importante sorpresa al alza en enero de 126.000 (revisada desde 130.000). Los detalles muestran un cambio de tendencia en la contratación desde la excelente cifra de 129.000 en enero en los servicios de educación y salud, que perdieron 34.000 puestos de trabajo el mes pasado. Probablemente, esto se debió en parte a las huelgas, ya que los médicos perdieron 37.000 puestos de trabajo, mientras que los hospitales siguieron sumando 12.000. El sector del ocio y la hostelería se adentró aún más en territorio negativo, cayendo de 12.000 a 27.000. La industria manufacturera puso fin a su interludio positivo de +5.000 en enero, volviendo a territorio negativo con 12.000 en febrero. Al analizar estas cifras decepcionantes, hay que tener en cuenta que el mes también se vio afectado por condiciones meteorológicas adversas y ajustes estadísticos. 

No obstante, con una contratación débil, la tasa de desempleo subió una décima hasta el 4,4%, lo que se debió a un descenso de la tasa de actividad del 62,1% al 62%, lo que respalda la hipótesis de que el clima pudo haber influido. En general, el informe vuelve a situar a los mercados laborales en una situación de atonía, aunque muy leve. A pesar de la debilidad de febrero, el crecimiento de los salarios sigue siendo sólido, ya que el crecimiento medio de los ingresos semanales subió del 3,7%  al 3,8% interanual, lo que a su vez debería respaldar el consumo. Para la Fed, es probable que los datos no cambien mucho, pero podrían llevar a algunos de los miembros más moderados a mostrar su desacuerdo con una pausa, una decisión cada vez más difícil en un contexto de precios de la energía más altos y volátiles.

Swisscanto: el petróleo se dispara un 65% en 10 días

Nicola Grass, Senior Portfolio Manager en Zürcher Kantonalbank, gestora delegada de los fondos de Swisscanto, destaca que nos encontramos en el décimo día de negociación desde la intervención militar estadounidense-israelí en Irán. Las dificultades persistentes para reabrir el estrecho de Ormuz y la falta de avances hacia un posible cambio de régimen en Teherán están alimentando la incertidumbre. Irán también ha demostrado su capacidad para atacar infraestructuras críticas en países vecinos.

No obstante, hay indicios iniciales de una ligera relajación: el número de ataques con misiles iraníes está disminuyendo, el tráfico aéreo se ha normalizado y los países del G7 están planeando liberar reservas estratégicas adicionales de petróleo. Además, Donald Trump ha declarado que los principales objetivos en Irán ya se han alcanzado, insinuando una posible desescalada.

Las incertidumbres en torno al conflicto han provocado una fuerte turbulencia en los mercados financieros globales. Los precios del petróleo han superado la marca crítica de los 100$ y actualmente se sitúan en 110$ por barril, un aumento del 65% en solo 10 días.

El petróleo (Brent) ha subido un 50,3%, mientras que los precios del gas europeo (TTF) se han disparado un 67%. Esto ha incrementado las preocupaciones sobre la inflación, especialmente en Europa y Asia.

Los mercados bursátiles globales han registrado pérdidas significativas. El MSCI Emerging Markets Future cayó un 10,4%, el Europe Future un 9,6% y el Switzerland Future un 6,9%. Los mercados asiáticos se han visto particularmente afectados, con Japón cayendo un 5% y Corea un 15,9%.

El dólar estadounidense continúa mostrando fortaleza, ganando un 1,5% frente al franco suizo y un 2,3% frente al euro.

Los rendimientos de los bonos gubernamentales han aumentado. El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a 10 años subió 25,3 puntos básicos (pb), mientras que el del Bund alemán a 10 años aumentó 21,7 pb.

El ejército estadounidense sigue enfrentando dificultades para asegurar el estrecho de Ormuz. Sin el despliegue de tropas terrestres en la región costera iraní, la situación de tensión podría prolongarse más de lo previsto inicialmente. Un cambio de régimen en Teherán sigue siendo improbable y un cese de las hostilidades podría percibirse políticamente como una derrota para EEUU, especialmente con las elecciones de mitad de mandato acercándose y con los precios de la gasolina ya un 20% más altos.

"A pesar de estos desafíos, mantenemos nuestra opinión de que el impacto sobre la economía global será temporal. Todas las partes implicadas, así como las regiones altamente dependientes de la energía, como Europa y Asia, tienen fuertes incentivos para desescalar la situación. Seguimos esperando una resolución en las próximas 3–5 semanas", señala.

La actual agitación en Oriente Medio debe analizarse en el contexto de una economía global por lo demás saludable. Aunque los débiles datos del mercado laboral estadounidense del pasado viernes han añadido volatilidad al mercado, los indicadores adelantados apuntan a una aceleración del crecimiento económico mundial. Sin embargo, un periodo prolongado de precios elevados del petróleo podría reducir el PIB de Estados Unidos en un 0,8% y aumentar la inflación estadounidense en un 1,6%. Esto probablemente retrasaría nuevos recortes de tipos, aunque "no prevemos un escenario de estanflación".

"Aunque la incertidumbre en los mercados sigue siendo elevada, creemos que el impacto en los mercados financieros será de corta duración. Actualmente estamos considerando reducir nuestra exposición a materias primas y aumentar nuestras posiciones en renta variable una vez que la situación comience a estabilizarse", concluye este gestor.

UBS

El UBS CIO Daily ve  probable que el dólar estadounidense se mantenga bien respaldado en el corto plazo, ya que los mercados energéticos siguen descontando posibles interrupciones en el suministro. Sin embargo, los factores estructurales en contra del dólar siguen vigentes, y "creemos que es importante que los inversores gestionen sus asignaciones en divisas", porque posibles intervenciones gubernamentales pueden limitar la debilidad de algunas divisas asiáticas, y el gasto fiscal en Alemania debería aportar apoyo adicional al euro.

Mark Haefele, Chief Investment Officer de UBS Global Wealth Management, afirma: “Dado que es probable que la volatilidad en divisas siga siendo elevada a corto plazo, los inversores deberían gestionar sus asignaciones en moneda para reducir el riesgo de que grandes movimientos perjudiquen sus objetivos financieros, incluyendo el uso de herramientas de cobertura. Seguimos viendo con buenos ojos el dólar australiano, el dólar neozelandés, la corona noruega, el yuan chino y algunas otras divisas de mercados emergentes con mayor rentabilidad en nuestras carteras globales”.

"Aunque esperamos que la interrupción del suministro energético sea breve, es poco probable que la volatilidad desaparezca de los mercados a corto plazo, por lo que aumentar la diversificación, en un contexto de creciente inestabilidad geopolítica, sigue siendo una estrategia relevante para las carteras”, aporta Maelle Quillevere, Economist de UBS Global Wealth Management

“Cuanto más tiempo permanezca cerrado el estrecho, mayor será la producción que quede interrumpida, lo que requerirá precios sustancialmente más altos para frenar la demanda. Por el contrario, si los flujos se reanudan, los precios retrocederían, aunque probablemente se mantendrían por encima de los niveles previos al inicio del conflicto”, asegura Giovanni Staunovo, Strategist.

"La diversificación entre distintas clases de activos, incluyendo renta fija y materias primas, sigue siendo clave”, insisten Ulrike Hoffmann-Burchardi, Chief Investment Officer Americas y Global Head of Equities, y Andrew Dubinsky, Economist,

“La relación entre precios más altos del petróleo y el crecimiento global depende en parte de si los ingresos petroleros se gastan o se ahorran”, señala Paul Donovan, Chief Economist de UBS Global Wealth Management.

Ebury: El dólar se dispara ante la huida de los inversores hacia activos refugio 

Las Bolsas y los bonos han caído de forma simultánea, un comportamiento poco habitual y potencialmente preocupante. En el mercado de divisas, el dólar estadounidense ha reafirmado su rol como el activo refugio por excelencia en momentos de tensión geopolítica. En términos más amplios, los activos estadounidenses están rindiendo claramente mejor que los del resto del mundo, revirtiendo la tendencia de 'vender América' que predominó tras las disputas arancelarias del año pasado. El dólar canadiense se ha erigido como otro claro ganador, gracias al aislamiento geográfico de Canadá y su posición como exportador neto de energía. Junto a él, la corona noruega (también impulsada por el petróleo) y el franco suizo (tradicional refugio) han encabezado la tabla de rendimientos cambiarios de la semana pasada.

Esta semana presenta una agenda económica y política muy ligera, por lo que los acontecimientos en Irán deberían acaparar por completo la atención de los inversores. Un conflicto prolongado, con precios de la energía aún más elevados —los futuros del crudo ya superan los 100 dólares por barril— y posibles interrupciones en el suministro golpearían especialmente a los importadores netos de energía, como China y la zona euro. En cambio, los productores alejados del foco bélico —Canadá, Noruega y varios países de América Latina— saldrían beneficiados. Precisamente estos son los patrones que ya estamos observando en los mercados de divisas. 

  • EUR. La inversión de la tendencia 'Sell America', alimentada por la fuerte entrada de flujos hacia el dólar como activo refugio, no ha supuesto ningún alivio para el euro. La moneda única ha cedido terreno hasta aproximarse a los mínimos de su rango de cotización de los últimos meses. Incluso antes del conflicto en Irán, la inflación de febrero sorprendió al alza de manera significativa. Nuestra visión de que la próxima decisión del BCE será una subida de tipos se ha visto confirmada dado que los mercados de swaps ya descuentan casi por completo dos subidas de 25 pb entre ahora y finales de año, como respuesta a esta potencial dinámica inflacionista. Las encuestas empresariales de las próximas semanas serán clave para calibrar el verdadero impacto de la escalada bélica con Irán en la economía real. Una vez más, la estanflación se perfila como un riesgo tangible para la zona euro. La gravedad del daño dependerá, en última instancia, de la duración del conflicto y, sobre todo, de cuánto tiempo permanezca interrumpido el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz. Con los niveles actuales del EUR/USD, el mercado parece estar descontando ya un escenario de confrontación que se podría prolongar varias semanas. Aun así, existe margen para una depreciación adicional del euro si se produce una nueva escalada o una interrupción sostenida del suministro petrolero.
  • USD. Como es habitual en periodos de elevada tensión en los mercados, el dólar se ha consolidado como el activo refugio por excelencia gracias a su profunda liquidez, al tiempo que se ha visto reforzado por el repunte de los precios del petróleo —EEUU es actualmente un exportador neto de energía—. El informe de empleo de febrero, publicado la semana pasada, resultó notablemente débil y contrastó con el sólido dato de enero. Se registró una destrucción neta de puestos de trabajo y un repunte en la tasa de desempleo que anularon las ganancias de enero. Esta debilidad parece chocar con la fortaleza observada en otros indicadores, lo que nos lleva a cuestionar cada vez más la calidad y representatividad de las encuestas recabadas para llegar al dato de nóminas no agrícolas. Sin embargo, los mercados apenas reaccionaron al mal dato de empleo dado que la atención sigue completamente puesta en la escalada bélica con Irán. Por otro lado, hemos observado una revisión mucho menos agresiva de las expectativas de tipos de interés en EEUU que al otro lado del Atlántico. Esto se debe al menor impacto que podría tener el repunte del crudo en la inflación estadounidense en comparación con la europea. Los mercados de futuros siguen descontando con holgura al menos una bajada adicional de tipos por parte de la Reserva Federal antes de finalizar 2026, con una probabilidad de que se produzca en junio que ronda el 50 %. El dato de inflación de febrero, que se conocerá esta semana, aún no incorporará el efecto de la subida abrupta en los precios de la energía. Aun así, reviste especial importancia: con él, el foco de los inversores podría desplazarse del crecimiento hacia las renovadas presiones inflacionistas derivadas del conflicto.
  • GBP. El Reino Unido depende menos de las importaciones energéticas que la zona euro, lo que ha permitido a la libra esterlina ganarle terreno al euro, aunque lo ha perdido frente al dólar estadounidense. No obstante, el país sigue siendo un importador neto de petróleo, por lo que permanece mucho más expuesto a la inflación importada que EEUU. Estos temores inflacionistas han provocado un fuerte desplome en los mercados de bonos soberanos británicos y una notable subida de las expectativas de tipos del Banco de Inglaterra: los mercados de swaps han pasado de descontar prácticamente dos recortes en 2026 a incorporar la posibilidad de una subida de tipos. En nuestra opinión, al menos por el momento, queda completamente descartado que el Comité de Política Monetaria (MPC) aplique nuevos recortes por el momento. A diferencia de la zona euro, la inflación en el Reino Unido ya se encuentra claramente por encima del objetivo, y factores como la liberalización de los mercados energéticos, el declive de la producción nacional de petróleo y la limitada capacidad de almacenamiento aseguran una rápida traslación de las subidas del crudo a las facturas energéticas de los hogares. Si a estos riesgos se añade la gestión vacilante e indecisa del primer ministro Starmer con respecto al conflicto con Irán, podría resultar complicado para la libra conservar sus ganancias frente al euro.