17 Feb
17Feb

Miguel Ángel Valero

Fundación Mapfre ha presentado las exposiciones Anders Zorn. Recorrer el mundo, recordar la tierra y Helen Levitt, que podrán visitarse desde el 19 de febrero hasta el 17 de mayo, en la sede de la Fundación, situada en el Paseo de Recoletos, 23 (Madrid). Además de mostrar a Anders Zorn, el más internacional de los pintores suecos del siglo XIX, y a Helen Lewitt, una de las fotógrafas más célebres de la primera mitad del siglo XX, la Fundación estrena las Cartelas de Autor.

Durante el recorrido de la exposición de Anders Zorn, el visitante se encontrará con una nueva propuesta, una manera diferente de mirar el arte. Los autores invitados (escritores, fotógrafos, historiadores, etc.) comparten sus impresiones al contemplar algunas de las obras expuestas. En esta ocasión, los textos han corrido a cargo de Estrella de Diego, Julio Llamazares, Gloria Oyarzábal y Marta Sanz.

Zorn y Lewitt abordaron con gran interés sus orígenes, el primero en la provincia de Dalecarlia, en su Suecia natal, la segunda en las calles de Nueva York. 

Anders Zorn (1860-1920) fue el pintor sueco más destacado de finales del siglo XIX y principios del XX. Nacido en un entorno rural humilde en la región de Dalecarlia, alcanzó una extraordinaria proyección internacional gracias a su talento y su dominio de distintas técnicas artísticas. Llegó a convertirse en uno de los retratistas más solicitados de su tiempo, y se relacionó con naturalidad con monarcas, aristócratas, banqueros y otras personalidades de la sociedad europea y estadounidense. Sin embargo, nunca olvidó sus raíces, y, además de captar la vida tradicional de su región de origen, participó activamente en la promoción y conservación de sus costumbres y su patrimonio frente a la amenaza que suponía la llegada de la industrialización.

Los inicios de Zorn están ligados a un dominio virtuoso de la acuarela, técnica que perfeccionó a través de sus distintos viajes de juventud, entre los que destacan los realizados a España. Visitó este país en nueve ocasiones, entre 1881 y 1914, lo que demuestra el profundo interés que le despertaba y en el que también estableció importantes relaciones personales.

Si bien su primera visita estuvo motivada por la fascinación que ejercía la imagen romántica de España, tan exitosa en Europa, en viajes posteriores acudió para llevar a cabo encargos de retratos en Madrid o simplemente para conocer mejor su cultura y sus tradiciones y visitar amigos. Zorn solo pintó motivos españoles en sus tres primeros viajes. En estas obras se hace evidente la herencia del estereotipo romántico, en particular a la hora de representar a la mujer española, aunque el artista muestra una mayor libertad y modernidad en sus paisajes y escenas urbanas. Además, mantuvo una estrecha amistad con pintores como Joaquín Sorolla y Ramón Casas, y tuvo en Velázquez a uno de sus principales referentes artísticos.

Establecido en París desde 1888, el artista se consolidó como uno de los protagonistas del triunfo del naturalismo en las exposiciones internacionales junto a artistas como John Singer Sargent o Joaquín Sorolla. Su éxito pronto desbordó las fronteras europeas y llegó a EEUU donde se convirtió en uno de los retratistas predilectos de las grandes fortunas del país.

A pesar de su extraordinario reconocimiento internacional, Zorn siempre mantuvo un profundo vínculo con su país, y en 1896, más de dos décadas después de haber salido de la tierra que le vio nacer, regresó a Mora, donde falleció en 1920.

La amplitud y riqueza de esta trayectoria, cosmopolita y al mismo tiempo profundamente vinculada a sus orígenes, se refleja en una obra en la que la representación de la vida moderna y los retratos de personalidades de numerosos países conviven con escenas de la vida tradicional de su región natal.

La muestra recorre cronológicamente la obra de Zorn a través de más de ciento treinta obras entre acuarelas, pinturas, grabados y esculturas, y la valiosa y original aportación de las Cartelas de Autor.

La fotógrafa de la calle

Helen Levitt (1913–2009) comenzó a fotografiar las calles de Nueva York, su ciudad natal, a finales de la década de 1930, interesándose principalmente por los barrios pobres, como el Harlem hispano o Lower East Side. Documentó escenas íntimas y fugaces de conexión humana, convirtiéndose en una figura esencial de la fotografía del siglo XX.

Su formación comenzó como aprendiz en un estudio del Bronx, y en 1934 adquirió su primera cámara. Poco después se unió a la New York Film and Photo League, donde conoció a Henri Cartier-Bresson, cuya influencia fue decisiva para que Levitt se dedicara a la fotografía de forma independiente.

Entre 1938 y 1942 capturó algunas de sus imágenes más emblemáticas, documentando la vida cotidiana en barrios populares de Nueva York con una mirada espontánea, empática y sin artificios. Su enfoque, centrado especialmente en la infancia y en los gestos fugaces de la vida urbana, rompió con los cánones tradicionales del fotoperiodismo y abrió nuevas vías para la fotografía como medio de expresión poética y social.En 1943, el MoMA le dedicó su primera exposición individual, consolidando su lugar en la historia del arte.

También hizo incursiones en el cine y la fotografía en color. Codirigió con Janice Loeb el documental In the Street (incluido en la exposición) y recibió una beca Guggenheim en 1959 para investigar nuevas técnicas cromáticas. 

Su obra, marcada por la ambigüedad y la emoción contenida, ha sido reconocida por su capacidad para capturar momentos fugaces de conexión humana en entornos urbanos complejos.

La muestra ofrece alrededor de 200 fotografías. Incluye obras inéditas, así como los trabajos realizados en México en 1941 y una proyección de diapositivas en color realizadas por la artista. 

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