Nativos digitales, son la generación que más compara antes de contratar y los que más valoran la inmediatez, la usabilidad, la flexibilidad y el acceso por encima de la propiedad.
Más información"El resultado de las elecciones no fue tanto una victoria aplastante de los demócratas como una derrota aplastante de los republicanos. Básicamente, lo que ocurrió tuvo más que ver con quitar las llaves que con entregar un trofeo", subraya Matt Rowe, director general y gestor sénior de carteras de Solutions en Man Group.
Miguel Ángel Valero
La vuelta de los demócratas a las cámaras legislativas provocó inicialmente cierta inquietud ante posibles reacciones agresivas por parte de los republicanos. Sin embargo, el tono conciliador de Trump, junto con la percepción de que la estrategia más beligerante de los dos últimos años le ha pasado factura, terminó impulsando un rally tanto en las Bolsas como en los bonos. La reacción más evidente fue la caída del precio del petróleo, ante la expectativa de que la nueva presión demócrata desde las cámaras pueda acelerar una solución al conflicto en Irán. Esto, no obstante, está todavía por verse: con las nuevas cámaras sin constituirse hasta enero, Trump conserva una ventana para aprobar la financiación necesaria para prolongar la guerra.
Por otro lado, la brusca reducción de los costes energéticos favoreció a los sectores más ligados al consumo y también a la renta fija, donde la rentabilidad del Treasury a diez años cayó por debajo del 4,9%. El oro aceleró su avance y volvió a situarse por encima de los 4.100$/onza.
Por el lado negativo, las dudas sobre las posibles consecuencias para el ritmo de desarrollo de los centros de datos (como publicó Dinero Seguro el 4 de noviembre) presionaron a los semiconductores, mientras impulsaron a los hiperescaladores. También sufrieron las compañías de defensa, ante la posibilidad de una reducción de sus contratos.
En cualquier caso, se trata de primeras reacciones y las verdaderas consecuencias de la ola demócrata no comenzarán a vislumbrarse hasta el próximo año. Con un conflicto abierto en Irán y las municiones estadounidenses mermadas tras los ataques de principios de año, parece difícil anticipar recortes significativos en defensa.
Por otro lado, el desarrollo de los centros de datos constituye uno de los principales ejes sobre los que está creciendo la inversión estadounidense y ya representa alrededor del 12% de la inversión no residencial. Frenar esta dinámica sería, por tanto, contraproducente. Es más probable que veamos una mayor regulación de los proyectos, acompañada de posibles incrementos de costes y mayores concesiones a las comunidades, con especial atención a Texas, que concentra aproximadamente el 30% de los desarrollos previstos hasta 2028.
Con mucho todavía por definir, el movimiento resulta interesante de analizar, pero difícil de extrapolar. Lo que sí parece evidente es que el Partido Republicano está replanteando parte de su estrategia política. Habrá que observar cómo evoluciona su política exterior, especialmente su acercamiento a Rusia e Israel, mientras comienza una carrera de dos meses para aprovechar sus actuales mayorías en las cámaras y dejar lo más encauzado posible el resto del mandato antes del cambio legislativo.
La actividad sigue sostenida en EEUU: la confianza de los empresarios apunta a expansión económica y los datos confirman que la creación de empleo se mantiene resiliente. La confianza de los empresarios del sector de los servicios bajó ligeramente en octubre, pero sigue siendo acorde con una economía en sólida expansión. El ISM no-manufacturero bajó ligeramente cuatro décimas hasta 54,5, con una lectura mixta de los componentes: cayeron más de lo esperado los nuevos pedidos (55,9 vs. 59,8 anterior), mientras que subió el subíndice de empleo (51,4 vs. 50,1 anterior). La creación de empleo privado según ADP repitió niveles de 86.000 nuevos puestos de trabajo en el mes, manteniéndose así en niveles suficientes para que la tasa de paro siga contenida. Este dato que antecede la cifra oficial de empleo que se conocerá el viernes 6 de noviembre deja una señal alentadora de que la creación de empleo se mantuvo sostenida en el último mes.
The Trader: optimismo generalizado de los mercados
Las elecciones de medio mandato en EEUU han supuesto un importante revés político para Donald Trump. Los demócratas se encaminan a recuperar el control de las dos cámaras del Congreso, dejando al presidente en una posición mucho más complicada para desarrollar su agenda durante los dos años que le quedan de mandato.
Pero lo verdaderamente llamativo ha sido la reacción de los mercados financieros. Lejos de interpretar el resultado como una amenaza, los inversores han respondido con un optimismo generalizado. Han subido las Bolsas estadounidenses y europeas, el oro, la plata, las criptomonedas y los bonos, mientras el petróleo ha sufrido un fuerte desplome.
¿Qué está descontando realmente el mercado? La primera lectura es que los inversores ven con buenos ojos que Trump pierda parte de su capacidad para impulsar unilateralmente nuevas iniciativas legislativas. A partir del 3 de enero de 2027, cuando tomen posesión los nuevos congresistas, cualquier reforma fiscal importante, nuevo programa de gasto o modificación legislativa necesitará negociarse con una oposición que controlará el Congreso. Paradójicamente, lo que desde el punto de vista político supone un debilitamiento del presidente de EEUU puede interpretarse desde el punto de vista financiero como una mayor estabilidad. Los mercados suelen valorar positivamente que se reduzca el riesgo de cambios bruscos en las reglas del juego.
"Pero hay una segunda interpretación que me parece todavía más importante: los inversores podrían estar anticipando un cambio de prioridades en la Casa Blanca", subraya Pablo Gil en The Trader. El resultado electoral refleja un creciente malestar entre los estadounidenses por el encarecimiento de la vida. Aunque la economía continúa creciendo, millones de familias siguen sufriendo las consecuencias de la inflación, los elevados costes de financiación y una pérdida de poder adquisitivo que contrasta con la extraordinaria acumulación de riqueza de los hogares más acomodados.
Y aquí aparece uno de los grandes problemas políticos de Trump. Su política arancelaria ha contribuido a encarecer determinados productos y la guerra con Irán ha provocado una enorme tensión en los mercados energéticos. Dos factores que dificultan precisamente aquello que más necesitan muchos ciudadanos: recuperar capacidad de consumo.
Por eso, una posible interpretación de la reacción de los mercados es que Trump tenga ahora más incentivos para moderar su enfrentamiento comercial con otros países y buscar una salida negociada al conflicto con Irán.
El desplome del petróleo resulta especialmente significativo. Una reducción de las tensiones en Oriente Próximo permitiría eliminar parte de la prima de riesgo geopolítico incorporada al precio del crudo. Y un petróleo más barato significa menores costes de transporte, producción y distribución, lo que ayudaría a contener la inflación. Esa expectativa también puede contribuir a explicar las subidas de los bonos. Si disminuyen las presiones inflacionistas, la Reserva Federal tendría más margen para dejar de subir los tipos de interés o incluso bajarlos en el futuro, favoreciendo la revalorización de la deuda ya emitida.
Las Bolsas, por su parte, podrían beneficiarse de una combinación especialmente favorable: menor incertidumbre política, costes energéticos más bajos y unas condiciones financieras potencialmente menos restrictivas. Europa sería una de las grandes beneficiadas de una reducción sostenida de los precios de la energía, dada su dependencia de las importaciones.
Sin embargo, hay un detalle que invita a ser prudentes. Que suban simultáneamente la Bolsa, los bonos, el oro, la plata y los criptoactivos no significa necesariamente que todos los inversores estén descontando exactamente el mismo escenario. También pueden estar influyendo expectativas de mayor liquidez, movimientos especulativos y reajustes de posiciones después de las elecciones. Y, sobre todo, no debemos confundir las expectativas de los mercados con las decisiones que finalmente adoptará Donald Trump.
El presidente de EEUU ha perdido capacidad legislativa, pero conserva amplias competencias ejecutivas en política comercial, inmigración y, especialmente, política exterior. Un Congreso demócrata podrá supervisar y condicionar muchas de sus actuaciones, pero no podrá impedir automáticamente una nueva escalada militar contra Irán. Ahí reside, precisamente, la mayor incertidumbre. Trump puede interpretar el resultado como una advertencia que le obliga a moderar su política económica y geopolítica, o puede optar por endurecer su posición para demostrar que continúa controlando la agenda política.
Los mercados parecen estar celebrando la posibilidad de un Trump políticamente más limitado y económicamente más pragmático. Un presidente que, tras el castigo electoral, tenga más incentivos para reducir la inflación, rebajar las tensiones comerciales y buscar una salida al conflicto con Irán. Pero esa es, de momento, una expectativa, no una realidad.
"El mensaje más importante de estas elecciones no es solamente que Trump haya perdido el control del Congreso, sino que los estadounidenses están demostrando que el crecimiento económico y las subidas de Wall Street no bastan cuando una parte importante de la población siente que cada vez vive peor. Y para quienes invertimos, la cuestión decisiva no será quién controla el Congreso, sino cómo responde Trump a esta nueva realidad. Porque de esa respuesta dependerá que la euforia inicial de los mercados encuentre fundamentos para mantenerse o termine convirtiéndose en otra decepción", insiste Pablo Gil.
Una economía cada vez más rica, pero con consumidores cada vez más pobres
EEUU sigue siendo la mayor economía del mundo. Sus grandes empresas baten récords de beneficios, Wall Street ha generado una enorme riqueza durante los últimos años y la inteligencia artificial (IA) promete impulsar una nueva revolución tecnológica. Sin embargo, detrás de esa aparente prosperidad se esconde una realidad bastante menos optimista: millones de estadounidenses tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes.
Es lo que los economistas denominan economía en forma de K. Una expresión que describe cómo una parte de la sociedad sigue prosperando mientras otra se queda atrás. Y lo preocupante es que ambas realidades se están distanciando cada vez más.
En el gráfico aportado por The Trader se aprecia perfectamente lo que está sucediendo. Desde finales de los años ochenta, el patrimonio del 1% más rico de EEUU se ha disparado, especialmente durante los últimos años. La revalorización de las acciones, los inmuebles y otros activos financieros ha multiplicado su riqueza. Mientras tanto, el 50% de los hogares situados en la parte inferior de la distribución apenas ha conseguido aumentar su patrimonio.
Pero hay algo todavía más revelador. La mitad inferior de los hogares estadounidenses acumula más deuda que patrimonio neto. Aunque su riqueza neta es positiva, sus obligaciones financieras superan ampliamente el colchón patrimonial del que disponen. Esto no significa que todos esos hogares estén sobreendeudados o que su situación sea insostenible. Sin embargo, sí refleja una enorme desigualdad en su capacidad para afrontar dificultades económicas.
Y aquí es donde aparece el verdadero problema. El consumo privado representa aproximadamente el 68% del PIB estadounidense. Casi siete de cada diez$ que genera la economía dependen del gasto de los consumidores. Por tanto, cuando se analizan las perspectivas de crecimiento de EEUU, no basta con observar lo que ocurre en Wall Street o los beneficios de las grandes tecnológicas. Hay que entender qué está pasando con la capacidad de gasto de las familias. Y no todas están viviendo la misma realidad.
Los hogares de mayor patrimonio disfrutan de lo que se conoce como efecto riqueza. Cuando sube la Bolsa o aumenta el valor de sus propiedades, se sienten más ricos y tienen mayor capacidad para consumir, incluso aunque sus ingresos salariales no hayan aumentado demasiado.
En cambio, para millones de familias que apenas tienen inversiones financieras, la situación es completamente distinta. Su capacidad de consumo depende fundamentalmente de su salario y de cuánto dinero les queda después de pagar la vivienda, la alimentación, los seguros, la sanidad o el transporte. Cuando estos gastos aumentan más deprisa que sus ingresos, solo tienen tres alternativas: reducir su consumo, utilizar sus ahorros o recurrir al endeudamiento. Y ninguna de ellas puede sostener indefinidamente el crecimiento económico.
Una familia con elevados ingresos puede destinar una parte importante de su dinero al ahorro y la inversión. En cambio, una familia con ingresos modestos necesita gastar prácticamente todo lo que gana para cubrir sus necesidades. Por eso, cuando la capacidad adquisitiva de las rentas medias y bajas se deteriora, el impacto potencial sobre el consumo puede ser especialmente importante. Son precisamente estos hogares los que tienen una mayor tendencia a gastar cada dólar adicional que reciben.
Esto ayuda a explicar una aparente contradicción que estamos observando en EEUU: una economía que puede seguir creciendo gracias al gasto de los hogares más acomodados mientras una parte considerable de la población siente que su situación económica empeora.
El problema es que esta divergencia también puede distorsionar la interpretación de los indicadores económicos. Las ventas minoristas pueden mantenerse relativamente sólidas, los restaurantes de lujo seguir llenos y las compañías orientadas a consumidores de alto poder adquisitivo continuar creciendo, mientras otros negocios sufren porque sus clientes empiezan a recortar gastos. El dato agregado puede parecer saludable, pero esconder una fragilidad creciente. Y si los hogares con menos recursos comienzan a depender excesivamente del crédito para mantener su nivel de vida, el problema puede agravarse. Porque endeudarse permite adelantar consumo futuro, pero también obliga a destinar una parte creciente de los ingresos al pago de intereses y amortizaciones. El endeudamiento puede sostener temporalmente el consumo, pero también convertirse en un freno para el crecimiento de mañana.
La gran amenaza para EEUU no es necesariamente que los ricos sigan haciéndose más ricos. El verdadero riesgo económico aparece cuando una parte cada vez mayor de la población deja de participar de esa prosperidad y pierde capacidad para consumir.
Una economía puede mantener buenos indicadores durante bastante tiempo gracias al gasto de sus ciudadanos más acomodados. Pero cuanto más dependa de una minoría, más vulnerable será a una corrección bursátil, una caída del precio de la vivienda o un deterioro del empleo.
Por eso, en los próximos meses será fundamental mirar más allá del crecimiento del PIB y prestar especial atención a la evolución de los salarios reales, la morosidad, el crédito al consumo y las diferencias de gasto entre los distintos niveles de renta. Porque una economía puede seguir creciendo mientras una parte importante de sus ciudadanos se empobrece relativamente. Pero resulta mucho más difícil mantener ese crecimiento cuando quienes sostienen buena parte del consumo empiezan a quedarse sin margen para gastar.

Pictet: más rechazo a MAGA que respaldo al populismo de izquierda
Luca Paolini, estratega jefe en Pictet AM, cree que los resultados resultado de las elecciones de mitad de mandato están en línea con los últimos sondeos, aunque la victoria demócrata es uno de los mayores vuelcos en éstas en 50 años, que aleja el peor escenario de impugnación electoral. "Pero no creemos que vaya a traducirse en cambios significativos de política económica ni una reacción importante de los mercados a corto o medio plazo". Históricamente, los mercados encajan bien los periodos de Gobierno dividido y el S&P 500 llega a registrar rentabilidades ligeramente superiores a la media en estas etapas, cuando es más difícil sacar adelante cambios importantes.
La reacción inicial ha sido bastante previsible: caídas de tecnológicas y bitcoin, aumento del precio de los bonos del Tesoro de EE. UU. y compañías de energías renovables, en línea con las prioridades políticas de los demócratas. Sin embargo, buena parte se ha revertido rápidamente. Hay que tener en cuenta que ya antes de las elecciones los activos más estrechamente vinculados a la agenda de Trump, bitcoin, acciones relacionadas con inteligencia artificial y petróleo, habían corregido alrededor de 10% desde máximos recientes.
Debe interpretarse, sobre todo, como rechazo a la política MAGA (Make America Great Again), más que respaldo a las políticas populistas de la izquierda más radical -los candidatos demócratas más progresistas no han tenido resultados especialmente mejores-. Los resultados también reflejan creciente descontento. En la campaña de 2024, Trump prometió reducir el precio de la gasolina a 2$/galón y los tipos hipotecarios al 3% y ambos están a en más del doble de esos niveles.
El Congreso controlado por los demócratas puede frenar algunas de las principales iniciativas de Trump, como nuevas rebajas fiscales, medidas de desregulación o mayor expansión de la inteligencia artificial y dificultar una nueva escalada del conflicto con Irán. En términos generales, cabe esperar una política menos errática. No obstante, un veto presidencial solo puede ser anulado con una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, un umbral muy elevado, aunque no imposible. El resultado refuerza considerablemente la posición de los demócratas para las elecciones presidenciales de 2028, que, de producirse, puede traducirse en una regulación más estricta y subida del impuesto de Sociedades, limitando el crecimiento de los beneficios y la rentabilidad en renta variable. "De todas formas, ya habíamos adoptado recientemente una postura más prudente respecto a activos de riesgo", precisa este experto.
Man Group: los inversores exigen claridad sobre los centros de datos
Los demócratas se han hecho con el control tanto de la Cámara de Representantes como del Senado, y ahora controlan ambas cámaras por primera vez durante la presidencia de Trump. "Nuestra primera conclusión general es que creemos que EEUU podría beneficiarse a corto plazo de un repunte del valor relativo, a medida que se vuelva avalorar la confianza en el Estado de derecho, la transparencia y el liderazgo, con una reasignación cautelosa hacia inversiones constructivas en EEUU", apunta Matt Rowe, director general y gestor sénior de carteras de Solutions en Man Group.
Ahora, EEUU tiene que ganárselo. Lo que viene a continuación parece que será un gran estancamiento. El presidente Trump podría intentar gobernar mediante el veto, y anular un veto requiere dos tercios de ambas cámaras, lo que normalmente es muy difícil de conseguir. Con todas las miradas puestas en las elecciones presidenciales de 2028 y un presidente en el cargo históricamente impopular, los republicanos podrían tener ahora la motivación para oponerse a él en algunas cuestiones, y las órdenes ejecutivas, como la relativa al gasóleo ruso, deberían encontrar cierta resistencia racional. Por su parte, los demócratas necesitarán una política real sobre cuestiones claramente comunicadas y no solo investigaciones sobre la Administración Trump.
La reacción inicial del mercado puso de manifiesto las principales preocupaciones de los inversores, con una caída de las acciones relacionadas con la IA en Asia y de los futuros estadounidenses. Los rendimientos de los bonos del Tesoro y el dólar cayeron, antes de que se produjera un repunte de las acciones y los bonos. La caída del dólar indica que el mercado está descontando la probabilidad de un aumento de la regulación, lo que considera una posible limitación al crecimiento.
Junto con el coste de la vida, los centros de datos fueron un frente clave en las elecciones y esa oposición ha generado una larga acumulación de proyectos a la espera de aprobación. Los inversores no quieren quedarse atascados en un proyecto estancado sin ingresos, y los costes están empezando a reflejarse en las cifras. Los diferenciales crediticios se están ampliando y se están reevaluando las acciones porque los costes reales son considerablemente más elevados y los plazos son más largos.
Valorar estas estructuras de capital es una ecuación complicada y la falta de claridad, concretamente en torno a los ingresos y la rentabilidad, está costando tiempo y dinero a los inversores. El valor de las garantías reales es otro tema totalmente distinto, cuya culpa probablemente deba atribuirse más a la Ley de Moore que a la política republicana o demócrata.
Entonces, ¿qué repercusiones tendrá la victoria demócrata en el sector de la IA? En general, a los mercados no les han gustado las nuevas regulaciones, pero limitarse a instalar centros de datos en los patios traseros de la gente tampoco ha funcionado, por lo que nos encontramos ante un interesante punto de inflexión. "Los inversores, independientemente de sus ideas políticas, necesitan saber a qué normativa estarán sujetos antes de comprometerse con algo que se prolongará durante décadas. Se trata de una parte sustancial de la estructura de costes. Cualquiera que construya hoy un centro de datos se enfrentará a las normas de este Congreso y, posiblemente, a las de un presidente tras las elecciones de 2028. Saber a grandes rasgos cómo serán esas normas suele ser una forma de gestión del riesgo, y creemos que un marco claro podría resultar más rentable a largo plazo que la incertidumbre actual para las empresas que están detrás de la construcción", explica este experto.
Actualmente, cada estado está abordando esta cuestión de forma diferente, "y el modelo que seguiríamos de cerca es el del gobernador de Pensilvania, Josh Shapiro, del Partido Demócrata". Ha basado su enfoque en lo que su administración denomina las Normas del gobernador para el desarrollo responsable de infraestructuras (GRID, por sus siglasen inglés). Los promotores deben construir, aportar o adquirir la capacidad eléctrica que necesiten, de modo que los hogares no acaben pagándola a través de facturas más elevadas. También deben sufragar ellos mismos el coste de cualquier mejora de la red eléctrica, y deben implicarse con las comunidades desde el principio informando a los gobiernos locales, celebrando reuniones públicas y negociando un acuerdo de beneficios para la comunidad.
Muchos otros demócratas siguen definiendo sus posiciones sobre la marcha, y es posible que acaben alineándose con Shapiro. Luisiana ha optado por una vía más directa. Una ley aprobada este año permite a la parroquia de West Feliciana, sede de un gran proyecto de centro de datos, devolver parte de los ingresos a los residentes mediante desgravaciones en el impuesto sobre bienes inmuebles a partir de 2027, siguiendo el modelo del dividendo petrolero de Alaska. La propuesta de Shapiro es la más orientada a la comunidad de las dos y "el modelo más probable para los demócratas", insiste.
Como era de esperar, una guerra que ha disparado la inflación no ha sentado bien a unos votantes que ya llevan años luchando contra el elevado coste de la vida. La solución más sencilla para la inflación sería eliminar la prima de guerra de los costes energéticos, pero el Congreso tiene un poder limitado sobre la política exterior. Los aranceles también forman parte de la ecuación, ya que muchos votantes consideran que contribuyen al aumento de los precios. Con la vista puesta en 2028, es más probable que los republicanos presten atención a esa preocupación.
El nuevo Congreso podrá afirmar su posición con mayor eficacia a partir de enero, pero esta votación no solucionará todo lo que actualmente molesta a los votantes y a los inversores. Lo que sí hace es cambiar el panorama político. En realidad, en estas elecciones los estadounidenses votaron a favor de los controles y contrapesos, y esto dificultará que cualquier republicano que quiera ganar en 2028 se muestre cómplice o guarde silencio.
El problema a más largo plazo es estructural. La inflación en EEUU se situó en el 3,7% en septiembre, impulsada por la energía, y la enorme deuda y el déficit siguen ahí, lo que contrarresta la postura histórica de los demócratas en materia de impuestos y gasto público, y apunta a un probable escenario de estanflación. El estancamiento político puede ser favorable para los activos de riesgo a corto plazo, pero la necesidad de combatir la inflación no ha desaparecido.
"El resultado de las elecciones no fue tanto una victoria aplastante de los demócratas como una derrota aplastante de los republicanos. Básicamente, lo que ocurrió tuvo más que ver con quitar las llaves que con entregar un trofeo", concluye.
UBS: menos incertidumbre política
El S&P 500 cerró con una subida del 1,6%, revirtiendo la reacción inicial negativa de los mercados de futuros a la victoria de los demócratas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado. La perspectiva de un bloqueo legislativo redujo la probabilidad de cambios radicales de política, mientras que un resultado claro alivió la incertidumbre política. Unos beneficios empresariales resilientes están devolviendo el foco de los inversores a los fundamentales, y las esperanzas de avances diplomáticos entre EEUU e Irán han presionado a la baja los precios del petróleo.
Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: “En general, las elecciones no cambian nuestra opinión de que el crecimiento económico, los beneficios empresariales, la inflación y los tipos de interés deberían seguir siendo los principales factores que muevan los mercados. Los beneficios siguen siendo favorables, y los resultados empresariales recientes aportan nuevas pruebas de una demanda sólida en algunas partes del sector tecnológico y en el conjunto de la economía”.

























































