Un proyecto centrado en apoyar a familias y promover el bienestar infantil en las zonas afectadas por la DANA recibe 249.504€, 3€ por cada uno de los 83.168 accionistas que participaron.
Más informaciónPreocupa la alta exposición de las empresas españolas al riesgo cambiario, ya que el 57,9% de las importaciones son fuera de la zona euro, el 22,3% a Asia, el 11,3% a China, y el 7,5% a América del Norte.
Miguel Ángel Valero
El “Insolvency Outlook” de Crédito y Caución avisa que las tensiones geopolíticas siguen lastrando el crecimiento de las empresas y afectando a sus márgenes operativos en múltiples sectores, y vaticina que los impagos aumenten un 3% en 2026. “Nuestra previsión de insolvencias se ha deteriorado debido a la persistencia de condiciones económicas adversas, entre las que se incluyen las deudas fiscales relacionadas con la COVID-19, el aumento de los costes de los insumos y las tensiones comerciales en curso. La crisis en Oriente Medio, junto con el consiguiente aumento de los precios de la energía, se suma a las presiones existentes. El impacto en las empresas dependerá en gran medida de la duración del conflicto”, argumenta Theo Smid, economista sénior de Atradius.
El escenario base de Crédito y Caución parte de la hipótesis de que el actual cierre del estrecho de Ormuz comenzará a normalizarse a partir de mayo, con daños limitados a la infraestructura del Golfo. Si la interrupción se prolonga, habría que revisar las previsiones de evolución de las insolvencias.
Las perspectivas mejoran en 2027 con un descenso del 6% a medida que la inflación remita, los mercados energéticos se normalicen y los bancos centrales recuperen margen para reducir los tipos de interés.
En el caso de Europa, Crédito y Caución espera que el mayor aumento de las insolvencias se registre en Suiza, Italia y Portugal, mientras que Irlanda, Dinamarca, Noruega y los Países Bajos experimentarán descensos. En toda la zona euro, las empresas seguirán operando bajo una presión considerable en 2026. El aumento de los precios de la energía, impulsado por las perturbaciones en los mercados del gas vinculadas al conflicto en Oriente Medio, se está traduciendo en una inflación generalizada y está lastrando los márgenes comerciales.
Ebury: elevada exposición de las empresas a las divisas asiáticas
Por su parte, Ebury, la fintech global especializada en pagos internacionales e intercambio de divisas, destaca la exposición estructural significativa al riesgo cambiario de las empresas españolas. El 57,9% de las importaciones españolas se realizaron fuera de la zona euro, frente al 46,8% de las exportaciones, lo que confirma una asimetría estructural entre ingresos y costes en divisa. “Esta diferencia implica que el tejido empresarial español en su conjunto está estructuralmente más expuesto al riesgo cambiario por el lado de los costes que por el de los ingresos”, explica Luis Merino, director general de Ebury España.
El comercio exterior español alcanzó en 2025 exportaciones por 387.092 millones€ (+0,7%) e importaciones por 444.146 millones (+4,6%), situando el déficit comercial en 57.055 millones. Asia concentró el 22,3% de las importaciones españolas; solo China supuso el 11,3%; América del Norte representó el 7,5%. Esto pone de manifiesto la elevada exposición que tienen las empresas importadoras españolas no solo al EUR/USD, sino también a determinadas divisas asiáticas.
Para Ebury también resulta significativo el dato del déficit comercial registrado en 2025 y la presión estructural que supone en divisa: “Un déficit elevado implica una necesidad estructural de compra de divisa extranjera, y cuanto mayor es el desequilibrio comercial, mayores la sensibilidad agregada del sistema empresarial a movimientos del tipo de cambio”, explica Merino.
El análisis de Ebury también incide en la fuerte atomización en el número de operadores. De las 127.084 empresas exportadoras registradas en 2025, el 65,7% exporta menos de 50.000€ al año; el 94% exporta menos de 5 millones anuales y solo el 0,9%supera los 50 millones en ventas exteriores. Al mismo tiempo, las 1.000 principales empresas concentran el 65,2% del valor exportado. Para Ebury, “esta dualidad muestra que, aunque el volumen de comercio esté concentrado en grandes compañías, el riesgo cambiario en términos de número de empresas recae mayoritariamente sobre pymes, que suelen contar con menor estructura financiera especializada en cobertura sistemática”.
En este contexto, Ebury recuerda que “la gestión activa del riesgo cambiario deja de ser una práctica reservada a grandes corporaciones y se convierte en una variable estratégica para miles de pequeñas y medianas empresas que operan en mercados internacionales”.
The Trader: el inversor dejar de mirar el relato y centrarse en la realidad
"Hay momentos en los que no cambia tanto la realidad como la forma en la que se cuenta. Y eso es precisamente lo que estamos viendo ahora con la guerra en Irán. Tan pronto se habla del final del conflicto como de un escenario de escalada, con ataques cruzados, nuevos frentes abiertos y un riesgo creciente sobre el estrecho de Ormuz que podría trasladarse directamente a la economía global. Y el mercado, como siempre, reacciona con brusquedad a cada nueva interpretación", opina el analista Pablo Gil en The Trader.
En ese contexto, las declaraciones de Donald Trump se han convertido en un factor en sí mismo. En cuestión de días pasa de proclamarse vencedor y hablar de un cambio de régimen en Teherán, a pedir una coalición internacional para reabrir Ormuz; después sugiere una retirada de EEUU y, poco después, vuelve a la amenaza de destrucción total… para terminar postergando el ataque cuando el plazo está a punto de expirar. No es solo ruido político, sino una forma de actuar que, de momento, le funciona, aunque empieza a generar dudas sobre cuánto tiempo podrá sostenerse sin encontrar límites.
Su método ha sido siempre el mismo: llevar la situación al extremo, observar la reacción del rival y, si el coste aumenta, rectificar sin reconocerlo abiertamente. Es lo que muchos han definido como la doctrina TACO: tensar, presionar… y acabar reculando. Lo vimos en la guerra arancelaria con China, donde elevó el pulso convencido de que Pekín cedería, pero terminó aceptando un acuerdo parcial tras comprobar que el impacto también golpeaba a la economía estadounidense. Lo vimos con Groenlandia, cuando la presión se desinfló en cuanto Europa marcó límites. Y lo vimos incluso en su promesa de acabar con la guerra entre Rusia y Ucrania en 48 horas, que pasó de ser una afirmación rotunda a un progresivo distanciamiento hasta terminar diciendo que no era su guerra.
Hasta ahora, ese enfoque funcionaba porque se movía en terrenos donde había margen para corregir. Pero una guerra no es una negociación comercial. Tiene inercia propia, genera dinámicas difíciles de controlar y no permite rectificaciones sin coste. Aquí no basta con cambiar el discurso. Cada paso condiciona el siguiente. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo con Irán.
Sobre el terreno, la realidad apenas ha cambiado. Israel sigue atacando, Irán responde de forma directa e indirecta y los puntos clave del sistema energético global continúan expuestos. No hay cambio de régimen, no hay rendición y, sobre todo, no hay una salida clara diseñada desde el principio. El riesgo no desaparece, simplemente se transforma.
Además, hay un factor que muchas veces se subestima: la resiliencia del régimen iraní. Décadas de sanciones no lo han debilitado como muchos esperaban, sino que lo han adaptado. Irán ha desarrollado una economía de supervivencia que le permite operar incluso en condiciones extremas. Y, en paralelo, la presión externa refuerza el control interno, desplaza las prioridades hacia la supervivencia y reduce la contestación. En ese entorno, el régimen no solo resiste, sino que se consolida.
Ahí es donde aparece el verdadero problema. Trump necesita una salida, pero no cualquier salida: necesita una que le permita mantener su narrativa de control y éxito. Y cuando esa narrativa empieza a chocar con los hechos, surgen las contradicciones. De ahí los bandazos constantes, entre el triunfo anticipado y la amenaza, entre la retirada y la escalada.El mercado, sin embargo, sigue reaccionando a cada mensaje como si fuera una señal definitiva. Basta una insinuación de calma para ver subidas en las bolsas y caídas en el petróleo. Pero esa reacción puede estar adelantándose a una realidad mucho más frágil. Porque si el conflicto se mantiene, aunque sea en segundo plano, o si persisten las tensiones en puntos clave como Ormuz, el impacto económico seguirá ahí, aunque desaparezca de los titulares.
La clave no está en si EEUU se retira en dos o tres semanas, o si se suspenden las hostilidades durante un tiempo, sino en entender que el mensaje forma parte de la estrategia. Elevar la tensión, sugerir soluciones rápidas y después introducir calma permite influir en mercados, aliados y adversarios. El problema es que, cuando esta dinámica se repite, acaba generando una ilusión de control en un entorno donde el riesgo real sigue creciendo.
Y ahí es donde el inversor debe hacer el ejercicio más importante: dejar de mirar el relato y centrarse en la realidad. Porque, más allá del ruido, lo que terminará marcando la evolución del mercado será si esta guerra afecta de verdad al equilibrio entre oferta y demanda energética… y durante cuánto tiempo.
Hoy da la sensación de que lo único capaz de provocar un cambio real en el sentimiento del inversor no es la amenaza de una guerra abierta, sino su impacto directo en la economía, tanto en términos de inflación como de crecimiento. Y mientras ese impacto no se materialice de forma clara, el mercado seguirá interpretando cada caída como una oportunidad de compra.
Lombard Odier: relajación gradual de las tensiones
El CIO Office Viewpoint, elaborado por Luca Bindelli, Head of Investment Strategy de Lombard Odier, resalta que el alto el fuego de dos semanas entre EEUU e Irán está en línea con "nuestro escenario base de una relajación gradual de las tensiones en Oriente Medio, con efectos limitados sobre el crecimiento y la inflación". "Nuestras carteras mantienen una posición neutral en renta variable y renta fija. Dentro de la renta variable, mantenemos una sobre ponderación en Japón. En renta fija, seguimos infra ponderados en bonos gubernamentales y sobre ponderados en bonos de mercados emergentes denominados en moneda fuerte. Seguimos manteniendo una sobre ponderación en oro", explica.
"Consideramos dos escenarios de riesgo. En el primero, mayores expectativas de tipos de interés máximos pesarían sobre los activos de riesgo. En el segundo, una recesión y menores expectativas de tipos favorecerían a los bonos gubernamentales y al oro. La historia subraya la importancia de mantener carteras resilientes y diversificadas. Favorecemos activos de calidad y el oro", apunta.

Vuelta a la normalidad con elevada volatilidad
El petróleo celebraba la desaparición del escenario más adverso en la guerra de Oriente Medio con el octavo mayor retroceso diario en el precio del Brent desde 1991. Sin embargo, tras el primer impulso positivo, emerge una realidad más fría: pese al acuerdo alcanzado, la vuelta a la normalidad no será lineal y estará marcada por episodios de volatilidad.
En este contexto, ya comienzan a aflorar señales de fricción. Algunos miembros del Parlamento iraní han afirmado que EEUU habría incumplido el alto el fuego; se ha registrado la incursión de un dron iraní cerca del oleoducto que atraviesa Arabia Saudí hasta Yanbu; y, además, Israel no ha detenido su ofensiva en el Líbano, viviendo una de las jornadas más intensas desde el inicio de la invasión.
A ello se suman las incertidumbres en torno a cómo se desarrollará esta “nueva normalidad” en el tránsito marítimo por el estrecho. Algunos buques chinos ya se dirigen a la zona con el objetivo de poner a prueba el paso, mientras que desde Lloyd’s, el mayor mercado asegurador del mundo, se sigue considerando el área como de alto riesgo. Los aseguradores, por tanto, demandan mayores garantías antes de reanudar plenamente las coberturas.
El estrecho de Ormuz, cuestionablemente abierto: peajes que deberán ser pagados en criptomonedas y, de lo contrario, amenazas de ataques. Poco a poco se van revelando más detalles sobre el procedimiento para cruzar el Estrecho en un contexto tan cambiante. Los buques, tras informar previamente de su cargamento, deberán pagar 1$ por barril de petróleo en criptomonedas, de manera que los petroleros vacíos podrán pasar sin costes. En el caso de los petroleros de crudo de gran tamaño (VLCC) se ha estado cobrando 2 millones$ por buque. Sin embargo, en las retransmisiones por radio persisten las amenazas advirtiendo de que aquellos que intenten transitar sin autorización serán destruidos.
Una vez superado el momento de máxima tensión, se inicia un proceso de normalización que previsiblemente será irregular y con altibajos. No obstante, el reconocimiento de que existe una contraparte dispuesta a negociar constituye un elemento clave para que la recuperación se sostenga en el tiempo. Además, los datos macroeconómicos continúan acompañando en EEUU.
Mientras tanto, las actas de la Reserva Federal continúan situando las bajadas de tipos como el escenario central, aunque adoptaron dos visiones distintas según se desarrolle el conflicto: por un lado, un número creciente de miembros considera que podrían ser necesarias subidas de tipos si la inflación se mantiene persistentemente por encima del objetivo. Por otro, la mayoría coincide en que un conflicto prolongado –con un impacto significativo sobre el crecimiento económico–, justificaría recortes adicionales. El documento, correspondiente a la decisión adoptada el 18 de marzo, permite conocer la evolución del debate interno del Comité dieciocho días después del estallido de la guerra. En este sentido resulta clave la jerga comunicativa utilizada por la Fed: cuando se indica que “algunos” miembros están abiertos a una política monetaria más restrictiva, se está aludiendo a un grupo más amplio que cuando en enero se empleó el término “varios”.



























































