Miguel Ángel Valero
Desde el 1 de mayo hasta el 30 de octubre de 2026 (jueves de 19,00 a 23,00 horas; viernes y sábado, de 12,00 a 19,00 horas, inscripción previa) se podrá disfrutar, gracias a los actos del primer centenario de Banca March, de una singular experiencia: siete esculturas de Thomas Houseago en el jardín de la sede madrileña de la entidad fundada en Mallorca por Juan March Ordinas en 1926.
Es la primera muestra del artista británico en España, organizada en colaboración con la firma especializada en venta privada de obras de arte Vande, y con Anne Pontégnie como comisaria de la exposición.
Banca March reafirma así su compromiso histórico con el arte y la cultura, y hace realidad al lema de su centenario Un futuro con historia, que quiere conectar sus valores tradicionales con una mirada hacia el futuro.
Su consejero delegado, José Luis Acea, quiere dejar muy claro que ese compromiso con la cultura "no es marketing", sino una manera de "construir el éxito como un valor compartido" y de mostrar "un negocio de personas para personas". También, de demostrar que "los proyectos con raíces profundas perduran", porque 'Un futuro con historia' implica que "no renegamos de nuestros orígenes".
Anne Pontégnie y un entusiasmado Houseago se esfuerzan en interpretar lo que quieren expresar esas siete esculturas, realizadas por el artista entre 2008 y 2025 utilizando materiales tradicionales (yeso, madera, bronce) y elementos industriales (varillas de hierro y cáñamo) para investigar la figura humana.
Sobresale 'Large Walking Figure I (Leeds)', una monumental escultura de casi cinco metros de altura, justo en el centro del jardín, en el estanque, como vigilando que las demás obras no se escapen.
Janus-Mirror-Figure, uno de los trabajos más recientes de Househago, evidencia el diálogo entre las influencias primitivas y el lenguaje contemporáneo que caracteriza al artista británico.
Desde los inicios de su carrera, hace 30 años, Houseago siempre ha mostrado un interés, casi una obsesión por la figura humana. Pero se aleja de la perfección idealizada de la escultura griega clásica para realizar una exploración más cruda, directa, del cuerpo como la forma más adecuada de expresar la complejidad de la experiencia humana.
El artista recurre a materiales tradicionales, combinados con los industriales, no tanto por su potencial formal, sino por su extraordinaria capacidad de conectar con lo más esencial y primitivo del ser humano, así como con su capacidad de transformación vital. Y también para establecer un diálogo entre pasado y presente, entre lo ancestral y lo contemporáneo, que es lo que define siempre a la obra de Househago.
La exposición permite comprobar también su proceso de trabajo, deliberadamente visible. Modela directamente con las manos o con herramientas sencillas, dejando al descubierto las huellas del gesto, las uniones y las tensiones de la materia. Este enfoque otorga a sus piezas una cualidad casi performativa, en la que el proceso de creación forma parte inseparable del resultado final. Las esculturas, a menudo incompletas, fragmentadas o abiertas, refuerzan esa sensación de fragilidad. A pesar de su escala monumental, transmiten una profunda vulnerabilidad, convirtiéndose en metáforas de la condición humana: cuerpos expuestos, imperfectos y en constante cambio.
El interés de Houseago por el diálogo entre pasado y modernidad no sólo se refleja en su forma de trabajar los materiales, sino también en sus referentes. Su obra está atravesada por influencias que van desde la Antigüedad hasta artistas como Rodin, Brancusi, Giacometti o Picasso, pero también por iconos de la cultura popular como como Ziggy Stardust, de David Bowie, o Darth Vader, de George Lucas.
A través de esta combinación, el artista construye un lenguaje híbrido en el que lo clásico y lo contemporáneo conviven de manera natural. Esta mezcla entre lo antiguo y lo contemporáneo, entre materiales tradicionales e industriales y entre distintas formas de expresión, genera una hibridación característica en la obra de Houseago. Un enfoque que conecta con la condición descrita por la filósofa Donna Haraway en El manifiesto cyborg: “Todos somos quimeras, híbridos teóricos y fabricados de máquina y organismo; en resumen, somos cyborgs”.
Además de una oportunidad de disfrutar de un jardín en medio del caos de Madrid, la exposición de Banca March permite acercarse al trabajo de Houseago (es su primera muestra en España) y comprender de primera mano la amplitud de su lenguaje escultórico. Las siete obras seleccionadas permiten recorrer sus principales líneas de investigación y descubrir así la coherencia de una práctica que integra tradición e innovación.
Prácticamente lo mismo, salvando las distancias, que trata de hacer desde 1926 Banca March en Banca Privada, asesoramiento a empresas, gestión de patrimonios, construyendo relaciones a largo plazo desde un trato cercano.
