Miguel Ángel Valero
A partir del 20 de mayo estará en las librerías León XIV. El Papa de la nueva era, de Juan Vicente Boo, que fue corresponsal de ABC en el Vaticano durante 23 años. También es autor de El Papa de la alegría (Espasa, 2016), 33 claves del Papa Francisco (San Pablo, 2018), Descifrando el Vaticano (Espasa, 2021), 33 miradas del Papa Francisco (San Pablo, 2025), y fue editor de Píldoras para el alma (Espasa, 2017).
En las 311 páginas del libro editado por Espasa el lector no va a encontrar claves secretas o morbosas del cónclave en el que fue elegido Robert Prevost, el primer Papa norteamericano-peruano de la historia de la Iglesia. Pero sí grandes aportaciones del autor: una selección de los tuits de León XIV (páginas 241-266), el primer saludo y bendición urbi et orbi, el 8 de mayo de 2025, nada más ser elegido Papa (273-75), la primera alocución dominical, el 1 1 de marzo (275-77); el primer encuentro con periodistas, en el Aula Pablo VI el 12 de mayo (279-281); y sobre todo el interesantísimo Mensaje sobre IA y Educación Digital para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: Conquistar Voces y Rostros Humanos, el 24 de enero de 2026 (fiesta de Francisco de Sales, patrón de los periodistas), en las páginas 281-290).
Además, Boo retrata al hombre que fue elegido Papa: un agustino formado entre EEUU (el Midwest, Dolton, Illinois, el South Side de Chicago), Perú y Roma; matemático, teólogo, y jurista; misionero, viajero, y profundo conocedor del Vaticano. El resultado es una persona con capacidad de análisis, sentido práctico, hondura espiritual, y una marcada inclinación a escuchar antes de decidir, ya que las matemáticas aportan rigor; la teología, profundidad; y el Derecho, precisión y sentido institucional.
Perú es muy relevante en la vida de Robert Prevost, porque es donde aprende a gobernar desde la cercanía, la escucha (aplicada no como una estrategia de comunicación, sino como un método de gobierno y como una actitud espiritual), y la resolución de problemas concretos.
Como prior general de los agustinos, durante 12 años visita 46 países (entre ellos, China), lo que le proporciona una mirada global. Como prefecto del Dicasterio para los Obispos, no fue solo un estrecho colaborador del Papa Francisco (casi su mano derecha) sino que conoce de primera mano los problemas de la Iglesia.
Para el autor, es "un Papa para tiempos difíciles", "el Pontífice de la nueva era", que afronta el reto de orientar espiritualmente a una humanidad desbordada por la revolución digital (especialmente la inteligencia artificial), las redes sociales ("antisociales", las describe Boo), la bulimia de conexiones, la desinformación, la polarización, las guerras. En definitiva, por la pérdida de sentido.
Cita al antecesor, el Papa Francisco, el primero argentino, y su discurso en la V Conferencia Nacional de la Iglesia Italiana, celebrado en Florencia el 10 de noviembre de 2015: "No vivimos una época de cambio, sino un cambio de época". Una idea que ya expresó, en mayo de 2007, el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, relator general de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe: "Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural".
Con un estilo de liderazgo basado en escuchar, unir, y hacer que las personas se sientan parte de una misión común, León XIV es presentado como una continuidad creativa de sus predecesores al frente de la Iglesia: misionero como Francisco, d quien hereda también el Llamamiento de Roma por la Ética en la IA; intelectual como Benedicto XVI.
Pero Juan Vicente Boo lo enlaza con León XIII, que respondió a la Revolución Industrial con la Rerum Novarum, y la doctrina social de la Iglesia. León XIV está llamado a hacer frente a los desafíos de la revolución digital y de la IA, especialmente a su impacto antropológico, a qué idea de ser humano está construyendo, poniendo el foco en la protección de la dignidad, la libertad, el pensamiento crítico y la capacidad de relación.
Lo presenta como una voz moral que alerta de la sustitución de la realidad por estímulos digitales, de la soledad enmascarada de hiperconexión, de la IA como simulación de vínculos humanos. Como un profeta que denuncia que la tecnología no puede redefinir al ser humano, capturar su atención, manipular sus emociones o condicionar su libertad y su pensamiento, sino que debe seguir siendo un instrumento al servicio de la humanidad. Toda reflexión sobre la tecnología debe centrarse en la persona, en una reivindicación de una "ética de los algoritmos". Debe interpelar sobre qué tipo de humanidad se construye en una sociedad que delega su pensamiento, sus emociones, sus vínculos, su capacidad de discernimiento en sistemas opacos como la IA, que en vez de acompañar encierra a la persona aún más en su soledad, por muy digital que sea.
León XIV reclama alfabetización digital, formación humanística, pensamiento crítico, adultos capaces de acompañar a niños y adolescentes por esos ecosistemas virtuales de forma que puedan usar esas herramientas tecnológicas sin dejarse utilizar por ellas.
También como una voz contra el ruido, la mentira, y la degradación del lenguaje público, contra la debilitación de los vínculos reales, y contra la captación de la atención para extraer datos, dirigir mensajes comerciales, políticos o ideológicos, construyendo modelos de negocio que se alimentan de la adicción, la crispación, la comparación constante, y la vulnerabilidad psicológica.
En "un mundo que arde", el Papa que comenzó su mandato con "¡La paz esté con todos ustedes!" (aludiendo al primer saludo del Resucitado), proclama el dialogo, la diplomacia, el Derecho internacional, y la dignidad humana. Y defiende que la fe se reconoce en la caridad, en la misericordia, la defensa de los más vulnerables, y es incompatible con la exaltación del poder ni en la demonización del enemigo.