14 Jun
14Jun

Miguel Ángel Valero

En el tórrido verano de 2023 se suceden varias muertes consecutivas de mujeres en el paraje de los pantanos de Madrid y alrededores. En torno a sus investigaciones vagan dos protagonistas que buscan al asesino, el periodista Fran G. Landínez y el inspector Silvano, que se complementan de manera un tanto atípica. Dos personajes que se cruzan y que emprenden una búsqueda frenética que acabará desvelando el lado oscuro del ser humano.

Landínez (Libros Indie, 464 páginas) es la primera (y espero que no sea la última) incursión de Santiago Velázquez (La condena de Salomon Koninck, Premio Joven y Brillante de Novela Corta, 2000; La extraña ilusión, Premio Tiflos de Novela, 2012, Viaje de Invierno, 2014; Las fisuras, 2020, demuestran su capacidad de afrontar con éxito diferentes géneros narrativos, además del ensayo -Soñaré en tus manos, 2018, y Escribir en la nieve.Veinte breves biografías de escritores rusos, 2022- y del relato -Huéspedes del olvido, 1999, Todos los hombres que nunca seré, 2016, Culos, 2018- ) en la novela policiaca trasciende claramente al llamado género negro.

En la línea de Stieg Larson, Seicho Matsumoto, Don Winslow, Philip Kerr, Manuel Vázquez Montalbán, Lorenzo Silva, Domingo Villar  y tantos otros (que de alguna manera son homenajeados en 'Landínez'), Santiago Velázquez utiliza el crimen para hacer una exploración de la condición humana en toda su crudeza, aunque sea paliada con una extraordinaria calidad literaria.

Valga una muestra: “El embalse, que cuando él había llegado parecía una lámina acerada bajo la luz de la mañana, ahora mostraba una rojiza intensidad, como de sangre viva. Destilaba brillitos de cobre en las salpicaduras que los niños levantaban en sus juegos infantiles. A Landínez, todas esas gentes retozando en el agua o tumbadas bajo el mar de sombrillas que se desplegaban en la hierba, vistas en la distancia, se le asemejaban a las que el engañoso Bosco pintó en su cuadro El jardín de las delicias”.

En ese sentido, Santiago Velázquez, en la línea del Crimen y Castigo de Fedor Dostoievski, o de 'Plenilunio', de Antonio Muñoz Molina (por poner un ejemplo clásico y otro más contemporáneo), utiliza los recursos del género negro (con demasiada frecuencia despreciados por la autodenominada literatura 'seria') para indagar, explorar, mostrar, profundizar en el lado oscuro, las grietas, las contradicciones, las miserias del ser humano.

Landínez es un periodista antihéroe, que trabaja en la sección de sucesos de un medio sensacionalista, atípico, solitario, que nunca coge vacaciones, obsesionado con Chester Himes, de quien sueña escribir la biografía definitiva. Su figura queda muy bien compensada con la del inspector Silvano (todo un homenaje a Lorenzo Silva, uno de los grandes maestros en la utilización del género negro para reflexionar sobre la condición humana).

Los horrores que han presenciado a lo largo de su vida profesional, uno como periodista, otro como policía, les han marcado profundamente. Ambos viven para desvelar la crueldad y la vileza que hay detrás de cada uno de los crímenes que presencian.

Y a medida que avanza en los casos de las tres mujeres asesinadas, descubren una de las claves de la vida: que a pesar de toda la oscuridad uno aprende a ver entre tinieblas. Lo demuestran especialmente las oáginas 451-452 y 464 de esta magnífica obra de Santiago Velázquez.

Y ése es el secreto de 'Landínez', que la vida nos puede enseñar a ver en la oscuridad.

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