24 Feb
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Miguel Ángel Valero

El 25 de diciembre de 1892 el niño de 6 años Pedrín Bravo y Bravo desapareció en El Escorial, y semanas después fue encontrado muerto en el monte Abantos. Este crimen real ("todo lo demás es ficción") protagoniza Lobos feroces, de Carlos García Miranda y editado por Crossbooks. Cuando estudiaba Comunicación Audiovisual en la Universidad, hace más de 20 años, el autor de El Club de los lectores criminales (el guion de la película de Netflix también es suyo), hizo un documental "bastante malo" sobre el caso y las leyendas generadas en torno a él ("tantas versiones como vecinos había en el pueblo"), que conoció "por una amiga de una amiga".

Fue el germen de esta novela, presentada por el periodista Carlos Cala (que aporta un dato: cada día desaparecen en España 20 menores, la mayoría de forma voluntaria) y que está en las librerías desde el 25 de febrero, y en la que aparece cómo se forman los futuros policías, el satanismo como religión, los impulsos emocionales como mejor pista para resolver un crimen, la construcción del Monasterio de El Escorial y Felipe II, entre otros asuntos. 

El propio autor reconoce la influencia en esta obra de su trabajo como guionista (El Internado, Física o Química: La nueva generación, Los Protegidos: Un nuevo poder, entre otros). Pero también de Tesis, la primera película de Alejandro Amenábar, que aparece con una cita antes de empezar la novela. Y de El nombre de la rosa, de Umberto Eco, de quien toma el protagonismo de los frailes agustinos del Monasterio.

Este "guionista disfrazado de escritor" asume que "es un libro que me ha costado mucho tiempo", pero asegura que "el proceso de documentación ha sido el más satisfactorio". Confiesa que, en este largo tiempo transcurrido desde que comenzó 'Lobos feroces', lo que más ha disfrutado ha sido ese proceso: "Cuando escribo un libro estoy deseando llegar al final. Es cuando más aprendes, la labor más periodística. La prueba es cuando pasan los meses y no te has cansado".

No descarta la idea de que 'Lobos feroces' se convierta en una película o en una serie ("ya he pasado por ahí"), pero "quiero ver también la vida que tiene como libro". Y pretende "seguir por ese camino del crimen y del misterio"

Cuando en 2020 el autor decide emprender esta novela, encuentra un artículo del periodista Sergio C. Fanjul sobre las motivaciones de la asociación Satanistas de España. Carlos García Miranda tuvo una especie de revelación: uno de los personajes centrales de la novela debía ser de esa corriente que asegura crear "una versión más liberada, potente y capaz de cada uno".

¿Por qué nos atrae el mal? "Nos gustan el cine de terror y las novelas oscuras porque lo estás viendo o leyendo con todas las cerraduras echadas. Nos da una falsa sensación de seguridad, aunque el mal nunca queda lejos. Es una contradicción del ser humano, pero el éxito del 'true crimen' habla de eso, también hay morbo, y una mirada perversa, pero hay más de sentirse reconfortado por la seguridad de la vida que tenemos", contesta.

"Los sucesos truculentos suelen ser muy sencillos. Me sorprende que la mayoría de esos casos sean tan cutres", señala. "El propio ser humano puede ser un lobo para sí mismo", "los lobos más feroces siempre son los seres humanos", concluye. tuviera una adaptación audiovisual en forma de serie o película. "Pero quiero ver también la vida que tiene como libro", apunta el autor de El club de los lectores criminales, novela convertida en película para Netflix, en la que también participó en el guion.Carlos García Miranda. Foto: Sofía de JuanAunque el true crime, donde el suspense opera como la principal baza, es el género en el que mejor se desenvuelve, el autor ha reconocido que "los sucesos truculentos suelen ser muy sencillos". "Me sorprende que la mayoría de estos casos sean cutres", ha añadido. Eso sí, "los lobos más feroces son siempre los seres humanos".

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