28 Feb
28Feb

Miguel Ángel Valero

Francia, 1815. Tras 19 años de condena, Jean Valjean queda en libertad. Rechazado por todos, encuentra refugio en casa del obispo Myriel, su hermana y su sirvienta. Sorprendido por una bondad que no comprende, y ante esta mano tendida, Jean Valjean vacila y, en esa noche suspendida e interminable, decidirá en quién quiere convertirse. Deberá elegir entre el odio que lo consume o la posibilidad de redención que se le ofrece

Los miserables. El origen (A Contracorriente Films) es una gran película, dirigida por Éric Besnard (Delicioso, La Primera Escuela)y apoyada en un hábil manejo de la luz sombría de la campiña francesa y del excepcional trabajo de los actores: Grégory Gadebois, como Valjean; Bernard Campan, como Myriel; Alexandra Lamy, como la sirvienta, Madame Magloise; e Isabelle Carré, como la hermana del obispom Baptistine. Es una adaptación de Los miserables, novela de Víctor Hugo publicada en 1862 y considerada una de las grandes obras del siglo XIX, a partir del episodio de los candelabros: Valjean roba la plata del obispo Myriel y, al ser perdonado, se desencadena su transformación moral. Y de Claude Guex, otra novela de Víctor Hugo, mucho menos conocida e inspirada también en un hecho real.

La película muestra sin tapujos, lo mismo que las dos novelas, el drama del hambre: un hombre condenado a trabajos forzados simplemente por robar una hogaza de pan para sus hijas y para su mujer; la dureza de la prisión de Toulon; la miseria de los arrabales de París. Jean Valjean viene a condensar varias figuras de exconvictos y marginados de la época, y sirve a Hugo para denunciar la injusticia social y el sistema penal francés del siglo XIX.

En ese sentido, Besnard es fiel a Víctor Hugo al narrar lo que sucede antes de que Jean Valjean se convirtiera en un benefactor de los desfavorecidos. Harto de no encontrar más que rechazo y desprecio, el expresidiario encuentra refugio en la casa del obispo Myriel, que vive con su hermana y su sirvienta. La bondad de este clérigo le asombra y le coloca en la encrucijada de llevar el odio hasta sus últimas consecuencias o de aprovechar la posibilidad de redención que le ofrece el obispo.

Besnard opta una puesta muy adecuada, intencionadamente teatral, cuyo desarrollo transcurre en invierno, lo que provoca que todo sea más frío, más sombrío, con una notable gama de grises, y que todo se base en el trabajo de los actores, sin menospreciar la enjundia de los diálogos, o el tránsito de un religioso acaudalado a un cura pobre de pueblo, ni la convincente ambientación rural, una fealdad rodeada de una constante oscuridad. Pero convence, impresiona, interpela, cuestiona, hace pensar.

Los miserables. El origen me lleva a una cita de mi blog: "la mayor demostración de inteligencia es la bondad", de José Antonio Marina, en La vacuna contra la insensatez.

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