Miguel Ángel Valero
¿Un libro que denuncia la ausencia de la figura paterna en el cine español cuando las películas más taquilleras de los últimos años en España son las de la saga de Santiago Segura Padre no hay más que uno (ya van cinco)? Pues sí. Pantallas huérfanas: el cine español y la crisis de la paternidad, de José Luis Panero (Ondina Ediciones, 202 páginas) analiza filmes como Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar, y determina que "el padres es quien acepta que toda su vida, toda su persona, tal como es, sea la condición para el crecimiento del otro".
El Pórtico de Miguel Hermoso, director de la película Cómo un relámpago (de 1996 y analizada profusamente en la obra) parte de una cita de El primer hombre, de Albert Camus: "necesito que alguien me señale el camino y me repruebe y me elogie, no en virtud de su poder, sino de su autoridad; necesito a mi padre". Y termina alertando sobre el 'padre jefe', que "más que compartir problemas, suelen imponer soluciones".
En el prólogo, Fernando Alonso Barahona subraya, citando al autor, esa desaparición del rol de la figura paterna: "el padre ha optado por evadirse, por no asumir su función de padre que va más allá de la pura cuestión biológica". Y se centra en dos obras: El desencanto (1976), el documental sobre el poeta Leopoldo Panero Torbado dirigido por Jaime Chávarri, y en el que "la expulsión del padre, que en ocasiones abarca incluso la propia masculinidad, deriva en un vacío existencial de profundas consecuencias antropológicas"; y El Sur, de Víctor Erice, donde se produce una idealización del padre ausente.
Además de una hipervaloración de la figura de la madre (visible en Almodóvar, con 'Todo sobre mi madre', o Volver), películas como las ya mencionadas y El espíritu de la colmena (una de las más analizadas en la obra), Solas, Héctor, El Bola, Martín (Hache) revelan que "la mayoría de los padres sienten una gran indiferencia cuando el hijo llama a su puerta".
Para José Luis Panero existe una "disolución del significado de la paternidad y sobre todo la ausencia real de la figura del padre -más que de la madre- en muchos ámbitos familiares y educativos". "Un hijo necesita conocer sus raíces para saber de dónde viene, quién es su padre, por qué está ausente y qué necesita para su vida. Y mientras no se hallen respuestas el hijo no sabrá qué rumbo tomar para fijar su identidad que, a fin de cuentas, es su deseo más grande".
Al mismo tiempo, "se presenta a un padre que, más que adulto, parece un adolescente atrapado en la inmadurez, incapaz de responder por sus actos".
Interesantes son las páginas 26 a 28, donde se mencionan los tipos de padre: el real, el genético, el social, el excluido, entre otros.
También la cita de Juan Orellana: "en su padre está parte de la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo?". Y la no menos relevante de la psicóloga Vittoria Maioili Sanese: "eliminando al padre hemos eliminado el vínculo de pertenencia" hasta tal punto que "la familia desaparece".
La película 'El Bola', con la que debutó Achero Mañas (en realidad, Juan Mañas Amyach) en el año 2000, muestra cómo un chaval maltratado (una magnífica interpretación de Juan José Ballesta) por su padre va desviando sus vínculos referenciales hacia el padre de su amigo, en el que descubre una paternidad más humana que la que ha conocido en casa.
En El abuelo, de José Luis Garci (1998), el conde de Albrit se convierte en una figura referencial para las niñas, en una paternidad al margen de la relación biológica.
En La flaqueza del bolchevique, debut cinematográfico de Manuel Martín Cuenca (2003), los protagonistas no tienen lazos sanguíneos de ningún tipo (sus respectivos parientes están ausentes, bien porque han muerto, bien porque ignoran a la prole) pero ambos se necesitan para complementarse.
La figura del padre en el cine (universal, no solo en el español) "es un lamento y una elegía, donde se reflejan nuestras heridas y nuestros anhelos ancestrales", escribe David Felipe Arranz en el Epílogo. Hay películas que "nos recuerdan que la paternidad es un acto de fe, un puente entre generaciones que, aun en su fragilidad, sostiene el peso y el paso del tiempo". "En cada fotograma, el cine susurra una verdad: necesitamos al padre, porque en su ausencia, en su lucha o en su abrazo, encontramos, al fin, el reflejo de lo que somos y llegaremos a ser", concluye.