Miguel Ángel Valero
Aunque Malenka Ramos se hizo conocer por el gran público con la trilogía erótica Venganza (La iniciación, Sin compasión, De Rodillas) al rebufo del espectacular e incomprensible éxito de Cincuenta sombras de Grey, no es precisamente una novata en las novelas de misterio: "Lo que habita dentro", "La figura de arcilla", "El que susurra", coganadora del Tabook's del Festival de Sitges de Terror 2019, "Los crímenes de Hamlet", "El asesino de la máscara Noh" y "El juego del lobo".
En Rosas muertas (Contraluz, 416 páginas) el escenario de la trama es Puerto Castro, un pequeño pueblo costero castigado por el invierno, donde nada es tan tranquilo como parece. Cuando el cadáver de Valeria Lucas aparece en un almacén abandonado del puerto, el inspector Kai Vila es enviado desde Barcelona para hacerse cargo de la investigación. Pero pronto descubre que no se enfrenta a un simple asesinato. Allí se ve obligado a trabajar con su exmujer, la inspectora Martina Mencía, y con Rodrigo Aldana, un analista de ciberseguridad.
Entre los tres empiezan a tirar de un hilo que lleva a un patrón inquietante: lo que parecía un crimen aislado se convierte en una serie de muertes 'accidentales': caídas, golpes, escenas domésticas mal explicadas. Todas comparten un detalle: unos pétalos de rosa esparcidos junto a los cuerpos.
Mientras el miedo se extiende por el pueblo, la mafia calabresa, la 'Ndrangheta, maneja los hilos del puerto, el contrabando y buena parte de las instituciones. También, la Policía. Para avanzar en el caso, Kai y Martina tendrán que pactar con los hermanos Rinna: Bernabé, frío, carismático y eficaz; y Marcelo, imprevisible y violento, capaz de convertir cualquier interrogatorio en una amenaza.
Cada nueva pista une a las víctimas de una forma que nadie quiere ver y empuja al equipo a cruzar límites que juraron respetar. En Puerto Castro todos esconden algo, las rosas nunca aparecen por casualidad... y encontrar al responsable puede costar mucho más que la vida.
'Rosas muertas' combina investigación policial, mafia y una fuerte tensión emocional entre sus personajes. Arranca con la aparición de un cadáver y, pese a la resistencia inicial de todas las partes implicadas, enseguida deja claro que no se trata de un crimen aislado, sino de una red de muertes conectadas por unos pétalos de rosa junto a los cuerpos asesinados. Un detalle que no es fácil de detectar pero que funciona como una marca inquietante que refuerza el misterio y da unidad al caso.
La investigación no avanza solo por las pistas, sino también por las relaciones rotas entre los protagonistas: el inspector, su exmujer (también inspectora), el analista (secretamente enamorado de ésta). Esas fricciones personales aportan un componente muy humano que no siempre aparece en este tipo de novelas, y evitan que la trama dependa solo del suspense policial.
Las conexiones con la mafia calabresa (con pasión erótica incluida) enlazan también con la corrupción en la Policía y en las instituciones, y crean un entorno cerrado, hostil y lleno de secretos. Todo eso hace que la novela no solo busque resolver un asesinato, sino mostrar cómo la violencia contamina las relaciones entre las personas y hacen tambalear las lealtades más firmes.
El resultado es una novela con atmósfera opresiva, tensión psicológica, giros constantes, y personajes marcados por heridas del pasado. Y un final inesperado.
La novela de Malenka Ramos nos hace preguntarnos "¿en qué momento dejamos de comportarnos como seres humanos y cometemos esas barbaridades?" (página 367). La respuesta la tenemos una página después: "No podemos erradicar el mal en su totalidad. No podemos coger la parte amable de la vida y borrar todo el horror".