07 Nov
07Nov

Miguel Ángel Valero

Es 1985, Vincent, a punto de cumplir trece años, vive en un suburbio de Paría en una familia de clase media con un hermano mayor distante y unos padres en constante conflicto y en permanente tensión por el trabajo (o la ausencia de él). Atrapado en esa compleja transición en la que ya no se siente un niño pero tampoco un adulto, se enfrenta a sus primeras dudas sobre la identidad, sus primeros impulsos amorosos, el deseo, la amistad y los cambios sociales, como la emancipación femenina. Un relato entrañable sobre el sueño de una juventud decidida a cambiar el mundo y que al mismo tiempo descubre sus pensamientos y dudas sobre la identidad, la amistad, la familia, la religión, el deseo, entre los primeros indicios del amor.

Tiempos de ilusión no es Intocable, que también llegó a las salas españolas de cine de la mano de A Contracorriente Films. Aunque no era su primera película, el éxito de 'Intocable' hizo que Olivier Nakache y Eric Toledano fueran conocidos en España a partir de 2011.

De hecho, a pesar de este estreno y de los anteriores (Samba, C'est la vie!, Especiales, Un año difícil) siguen siendo "los directores de 'Intocable'". En 'Tiempos de ilusión' también se percibe su influencia: sin ser una gran película, funciona a las mil maravillas, siempre mirando el lado positivo de la realidad, y provocando más de una sonrisa. Esa mirada tan amable y cotidiana como encantadora y entrañable puede ser acusada de ligera y superficial. Pero retrata los 80, aquellos maravillosos años donde si bien no todo eran alegrías, nunca se perdía la esperanza.

La película funciona, sobre todo, con un debutante (pero magnífico en su papel) Simon Boublil, que hace de chico procedente de Argelia, judío y francés, con elementos autobiográficos de los propios directores de esta comedia (el 90% de la trama está basada en recuerdos personales, como admitió Olivier Nakache). También destacan Louis Garrel y Camille Cottin, unos padres multiétnicos siempre discutiendo pero desde el amor de un matrimonio que sale adelante con dos hijos en un suburbio de París de 1985 asediado por la crisis económica y el paro. Y en el que se atisbaba ya como una amenaza el auge de la ultraderecha ( el 15 de junio de aquel año se celebró la gran manifestación de la historia de París, la convocada por SOS Racismo). "No duró mucho pero nos gustaría volver a encontrar este momento de unidad", recuerda Nakache.

En ese sentido, 'Tiempos de ilusión' muestra la nostalgia de sus directores por aquella época de mayor integración entre las diferentes culturas, procedencias y religiones, sin caer en la trampa de que antes todo era mejor. Esa nostalgia se concreta en los videoclubes, en las cintas de VHS, las películas X.

En medio de todo esto, en una familia en la que todos discuten con todos, al protagonista le asaltan dudas existenciales y religiosas (justo cuando se prepara para el Bar Mitzvá, el rito judío que marca el paso de la adolescencia a la adultez) cuando se enamora de una chica de su clase y tiene que inventarse una personalidad más atractiva.

Otro que lo borda es  Pierre Lottin, que interpreta al portero habilidoso y listillo de su bloque de pisos, y que parece estar enamorado de la madre del protagonista.

La música, la fotografía, el vestuario y la atmósfera le añaden su cuota de nostalgia al retrato de esos dilemas de la adolescencia entre los problemas de los adultos, que garantiza un rato agradable. La habilidad de los directores es encontrar ternura en personajes que podrían resultar ridículos, y en mostrar, a pesar de todo, la alegría de vivir.

Sin mayores pretensiones, 'Tiempos de ilusión' es una película que puede gustar a todo el mundo, un soplo de frescura frente a una realidad tan abrumadora. 

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