Miguel Ángel Valero
La llamada "primavera de los pueblos", la oleada revolucionaria que agitó Europa en 1848, también llegó a la música. El nacionalismo romántico cristalizó en el Grupo de los Cinco en Rusia, que se extendió a Chequia, Hungría o Polonia para reivindicar con la música su identidad. A España llegó más tarde, impulsado por compositores como Felip Pedrell.
En ese contexto, Tomás Bretón (Salamanca, 1850) optó por ser un músico rebelde, por seguir su propio camino para proclamar la importancia de la música para la salud sociocultural e incluso política de España. Un país dominado en ese momento por la zarzuela, y en el que la música sinfónica apenas tenía oportunidades, y mucho menos la de cámara.
Con 15 años compone un Cuarteto de cuerda en sol mayor, con influencias de Haydn y de Mozart.
Tras una primera etapa como compositor y director de zarzuelas (ha pasado a la historia por La verbena de la Paloma), en 1881 Bretón logra becas de estancia en Roma, Viena (donde conoce las sinfonías de Beethoven y los lieder de Frank Schubert), y París. De vuelta a España, triunfa con Los amantes de Teruel, una propuesta de ópera española que huye de folclorismos (lo que le ganó críticas de Pedrell) y que se enriquece con influencias europeas.
En 1887 lleva los lieder de Schubert a las Seis poesías de Gustavo A. Bécquer, dedicadas a la condesa de Morphy (gran agitadora de la vida musical de Madrid). Luego, a Las golondrinas (también de Bécquer). En 1898 es el momento de Désir, basada en un texto de M. Fragonard y con claras influencias francesas. En 1911 le toca el turno a La castañera, en la que Bretón 'camufla' su música en un envoltorio popular.
Como director musical de la Orquesta de la Sociedad de Conciertos de Madrid, entre 1885 y 1890, divulga a clásicos como Haydn, Beethoven o Mendelssohn, pero también a modernos (Saint-Saëns, Liszt, Chabrier, Wagner), a compatriotas (Ruperto Chapí), y a su propio repertorio, con la colaboración de Pablo Sarasate o Isaac Albéniz, y colocando las bases de la tradición musical madrileña.
En 1889 estrena el Trío en mi mayor para violín, donde se nota la mano de Beethoven, Schubert, Schumann, y Brahms. Ya en la fase final de su carrera compone el Cuarteto de cuerda en re mayor (1902), Quinteto para piano y cuerda (1905), Cuarteto de cuerda en do menor (1907, más conocido como Dramático), el Cuarteto de cuerda en mi mayor (1909).
En 1913 se produce un giro en su trayectoria, con Quatre morceaux espagnols, Trío en mí menor, la ópera Tabaré (con ecos latinoamericanos), consolidando una música española renovada (gracias también a Albéniz y a Enric Granados) y que se agigantaría con Manuel de Falla.
Todo esto se percibe en Tomás Bretón Songs & Piano Trios (IBS Classical), con Natalia Labourdette (soprano), Victoria Guerrero (piano), Carles Civera (violín) y Alejandro Olóriz (cello). En el primer CD, canciones para voz y piano: Seis poesías de Bécquer, Volverán las oscuras golondrinas; Désir, de Fragonard; y La castañera, de Tomás Luceño. En el segundo, música de cámara para violín, cello y piano: Piano Trio, y Quatre Morceaux Espagnols.