08 Sep
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El investigador Ángel Medina ha regresado a España como beneficiario de una nueva edición del Programa de Retorno del Talento que ha puesto en marcha la Fundación Ramón Areces. Durante los próximos cinco años, este doctor en microbiología por la Universidad de Valencia investigará en el IATA-CSIC sobre el ‘Competencia fúngica y riesgo micotoxigénico en viñedos españoles bajo cambio climático: hacia una viticultura sostenible’. El objetivo último es reducir al mínimo la posible contaminación por micotoxinas y así seguir garantizando el alto grado de satisfacción de los vinos.

“Este proyecto abordará directamente el desafío de las micotoxinas en los viñedos españoles, asegurando la calidad de un sector clave para la economía de España”, explica el investigador. Su trabajo se propone ahondar en la afección del cambio climático a la producción de esas toxinas con posible afección en estos productos. “Con ello, contribuiremos a la sostenibilidad de la industria vitivinícola y protegeremos la salud frente a este reto ambiental”, añade.

Ángel Medina se convierte así en el tercer beneficiario del programa de Retorno del Talento de la Fundación Ramón Areces, que en anteriores convocatorias ha permitido el regreso a centros de investigación punteros en nuestro país a otros dos investigadores, cada uno de ellos con una carrera  muy destacada en su campo. Así, el científico especializado en  tumores sólidos Armando del Río (2023) dejó el Imperial College de Londres por la Universidad Carlos III, y la oceanógrafa Nuria Casacuberta (2024) cambió la Escuela Politécnica Federal de Zúrich por el el Institut de Ciències del Mar de Barcelona del CSIC.

Como explica Medina, las micotoxinas son compuestos tóxicos producidos por los hongos (mayoritariamente Aspergillus, Fusarium y Penicillium) y representan un desafío global. “Su persistencia en la cadena alimentaria exige estrategias de prevención”, recuerda. En el caso concreto de los viñedos españoles, objeto de este trabajo, prestará especial atención a la producción de micotoxinas tales como aflatoxinas (AFs) y ocratoxina A (OTA), “cuya presencia en alimentos es muy restrictiva en la regulación de la Unión Europea”.

Adelanta Medina que se empleará un enfoque progresivo: desde ensayos in vitro hasta estudios in planta en uvas. Los resultados beneficiarán a agricultores y viticultores con alertas tempranas e información sobre las especies dominantes. Esto facilitará una mejor protección de los cultivos e higiene en la manipulación de la uva, contribuyendo a la sostenibilidad vitivinícola española.

Como explica Ángel Medina en la memoria de este proyecto de investigación, los resultados que obtenga “beneficiarán directamente al bienestar social y económico a través de la prevención de riesgos sanitarios asociados al consumo de alimentos contaminados por micotoxinas, especialmente aflatoxinas, consideradas cancerígenos humanos”. También garantizará la calidad de la producción y  evitará eventuales pérdidas económicas significativas para cooperativas, bodegas y agricultores. 

Por otro lado, sus esfuerzos también darán apoyo a una agricultura que sigue dando pasos para ser más sostenible y resiliente, al optimizar el uso de fungicidas, promover el biocontrol y reducir la dependencia de productos químicos.

El trabajo de Medina y su equipo se propone reducir la vulnerabilidad de regiones rurales y climáticamente sensibles, como Castilla-La Mancha, Comunidad Valenciana o La Rioja, donde el viñedo constituye una base económica clave. En definitiva, “este proyecto transforma nuevos conocimientos científicos en recomendaciones prácticas para los actores de la cadena de valor del vino”, resume este investigador.

En el ámbito más científico, este proyecto se propone generar conocimiento novedoso y de alto valor aplicado en la interfaz entre la ecología microbiana y el cambio climático. Mediante experimentos con matrices reales, simulación ambiental y análisis a múltiples escalas (crecimiento, metabolómica, transcriptómica), se obtendrá la primera visión integral de cómo la competencia fúngica inducida por el clima afecta al riesgo de micotoxinas en viticultura. “Se generarán conjuntos de datos de acceso abierto sobre resiliencia fúngica, resultados competitivos y producción de toxinas bajo escenarios climáticos definidos. Los resultados impulsarán el conocimiento en biología del estrés fúngico y proporcionarán modelos de referencia para predecir cambios ecológicos, aparición de toxinas y la eficacia de herramientas de control”, explica Medina

.En el plano institucional, el desarrollo de este proyecto en el IATA-CSIC fortalecerá una de las líneas de la acreditación como centro de Excelencia Severo Ochoa en ‘Seguridad Alimentaria’ incluyendo una temática que no se aborda en el centro y diversificará su cartera de investigación en cambio climático, ecología fúngica y seguridad alimentaria. El proyecto aporta un enfoque multidisciplinar que integra fisiología fúngica, tecnologías ómicas, química analítica y simulación climática, en plena sintonía con las prioridades estratégicas del IATA. 

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