Anthony Cusimano, director de soluciones de Object First
Hoy en día, casi todas las empresas utilizan la IA y recurren a sus proveedores de servicios para que les guíen en este proceso. Hasta ahora, no se ha obtenido el retorno de la inversión generalizado que muchos habían pronosticado. Menos de la mitad de las organizaciones afirman que la IA es esencial para su actividad principal, y muchos proveedores de servicios siguen promocionándose como los únicos capaces de salvar esta brecha y sacar verdadero partido a la tecnología.
Ofrecer servicios de IA y disponer de un conjunto de soluciones y conocimientos especializados en IA se ha convertido en un requisito mínimo para los proveedores de servicios. Aunque es necesario para seguir siendo relevantes, no será lo que les diferencie del resto del grupo, sobre todo cuando no genera beneficios para los clientes. Cuando observamos el sector tecnológico actual desde una perspectiva diferente y nos quitamos las gafas teñidas de IA, surge una nueva idea: la ventaja competitiva ya no se define por las promesas de las últimas prestaciones de IA. Se define por la capacidad de los proveedores de servicios para garantizar la recuperación del cliente.
Una nueva moneda de confianza
Permíteme explicarlo. Un panorama de amenazas cada vez más acelerado y unas restricciones de cumplimiento normativo en constante evolución están redefiniendo las expectativas de los clientes más de lo que muchos creen, incluso más que la IA. Los ataques de phishing son cada vez más difíciles de detectar y los autores de las amenazas pueden actuar con mayor rapidez y eficacia que nunca. Más de la mitad (63%) de los CISO creen que, en la actualidad, los atacantes llevan la ventaja gracias a la IA. Para empeorar las cosas, los ciberdelincuentes están atacando a las víctimas donde más les duele: sus datos. Se ha convertido en una práctica habitual entre los autores de amenazas atacar las copias de seguridad durante un ataque, ya que esto puede debilitar a la víctima y obligarla a pagar un rescate. Y con la explosión de datos empresariales, que conduce a una proliferación descontrolada de datos y a estrategias de copia de seguridad inconsistentes, estas se convierten en un blanco fácil.
Incluso normativas como la HIPAA y los procedimientos de aplicación de la Autoridad Reguladora del Sector Financiero están siendo revisadas como respuesta a estas ciberamenazas avanzadas. A medida que las intrusiones se vuelven más habituales y las organizaciones pierden con mayor frecuencia datos críticos a causa de estos ataques, las normativas se están actualizando para exigir a las empresas no solo que dispongan de copias de seguridad de los datos, sino que demuestren que pueden restaurarlos.
Aunque esto pueda parecer sencillo, es más fácil decirlo que hacerlo. Existen muchas formas en las que las copias de seguridad pueden borrarse o corromperse, incluso si se consideran seguras: desde que los atacantes se hagan con las credenciales de administrador que permiten realizar acciones destructivas, hasta que los datos se corrompan durante la transferencia desde la red principal a la copia de seguridad. A medida que estas normativas sigan evolucionando y pasen de ser voluntarias a obligatorias, los clientes van a recurrir en gran medida a sus proveedores de servicios para que les ayuden a cumplir estos requisitos.
Cuando se produce un ataque, si el cliente pierde los datos de copia de seguridad en los que confiaba y que daba por seguros, esto destruirá irrevocablemente su confianza en su proveedor de servicios. Las consecuencias del tiempo de inactividad operativa y la pérdida de datos son enormes –en términos de reputación, legales y financieros– y la situación no hace más que empeorar, ya que la inteligencia artificial agrava las ciberamenazas.
Por lo tanto, los compradores evalúan cada vez más a los proveedores en función de su capacidad para garantizar la resiliencia operativa y el cumplimiento normativo. La ciberresiliencia se ha convertido en la nueva moneda de cambio de la confianza.
Diferenciarse gracias a la preparación para la recuperación
La única forma de garantizar plenamente que los datos no se corrompan y puedan restaurarse de forma segura tras un ciberincidente es mediante el almacenamiento inmutable. Es un concepto sencillo, pero difícil de llevar a la práctica. En esencia, la inmutabilidad significa que,una vez que se ha realizado la copia de seguridad de los datos, nadie –ni el director general, niel administrador de copias de seguridad, ni el proveedor y, desde luego, tampoco un hacker–puede modificar o eliminar los datos de ninguna manera. Lleva el modelo “Zero Trust” a un nivel completamente nuevo: “Zero Access”. Sin embargo, hay una salvedad. Lo único peor que no ofrecer copias de seguridad a prueba de ransomware es decir a tus clientes que sus copias de seguridad son inmutables, cuando eso no es cierto. El término ha caído víctima de las palabras de moda del sector, y algunas soluciones afirman ofrecer inmutabilidad sin cumplir lo prometido. Los proveedores de servicios deben examinar minuciosamente las soluciones antes de ofrecérselas a los clientes y solicitar resultados de pruebas realizadas por terceros que demuestren que una copia de seguridad es impenetrable.
Casi el 90% de los responsables de TI y ciberseguridad afirma que los ciberataques impulsados por la IA les han hecho preocuparse más por la seguridad de los datos de su organización. Abordar esta preocupación supone una oportunidad sin precedentes para los proveedores de servicios. Si pueden ofrecer a sus clientes la tranquilidad de que sus datos están 100% a salvo del ransomware, esto contribuirá en gran medida a desarrollar relaciones duraderas que vayan más allá del bombo publicitario en torno a la IA y generen confianza alargo plazo.