Fad Juventud y el Banco Santander han presentado el ‘I Barómetro Retos y Aprendizajes. Posturas juveniles sobre los desafíos formativos y profesionales’, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud con el apoyo del banco, en la sede de éste en el Paseo de la Castellana de Madrid. Según se desprende del estudio, la juventud española mantiene una mirada positiva hacia el esfuerzo, el aprendizaje y la capacidad de adaptación, aunque convive con una percepción de incertidumbre y precariedad sobre su presente y su futuro laboral.
El esfuerzo sigue ocupando un lugar central: el 67% de jóvenes considera que el éxito depende de no rendirse nunca y el 63,4% cree que el esfuerzo permite conseguir lo que uno se propone. Al mismo tiempo, 6 de cada 10 consideran que existen circunstancias externas que dificultan progresar, incluso esforzándose.
El éxito ya no se vincula únicamente al salario o a la posición profesional. Disfrutar de lo que se hace, contar con estabilidad y poder conciliar con la vida personal aparecen como elementos centrales en las expectativas juveniles. La conciliación y “tener tiempo” ganan peso como indicadores de bienestar y éxito vital.
Por otra parte, las decisiones formativas y laborales aparecen marcadas por la incertidumbre. El 64,7% señala la necesidad de contar con ingresos a corto plazo como uno de los principales condicionantes a la hora de decidir su futuro profesional. Además, muchas personas jóvenes sienten que deben tomar decisiones importantes demasiado pronto y con poco margen para equivocarse o rectificar. La percepción de que los contactos pesan más que el esfuerzo personal aparece de forma recurrente, especialmente entre quienes sienten que parten de una situación de desventaja o cuentan con menos capital social y económico.
En la presentación han participado el vicepresidente de Santander España y director de Comunicación, Marketing y Estudios del banco, Juan Manual Cendoya; el presidente de Fad Juventud, José Ignacio Goirigolzarri; el director de Educación en la OCDE y responsable del Informe PISA, Andreas Schleicher; elcatedrático y exministro de Universidades, Joan Subirats; la directora de Planificación, Innovación y Gestión de la FP del Ministerio de Educación, Ma Paz Sánchez Martínez; la presidenta del Consejo Escolar del Estado, Encarna Cuenca; la directora general de la Fundación CyD, Sonia Martínez; la presidenta de Talento para el Futuro, Elsa Arnáiz; y la directora del Centro Reina Sofía de Fad Juventud, Anna Sanmartín.
Para José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Fad Juventud, “la juventud no está renunciando al esfuerzo ni a progresar; lo que está reclamando son más oportunidades, más orientación y un contexto que les permita construir proyectos de vida con mayor estabilidad y menos incertidumbre”.
Por su parte, Juan Manuel Cendoya, vicepresidente de Santander España, ha añadido que las conclusiones del Barómetro “nos interpelan directamente a todos: instituciones, empresas, sistema educativo y sociedad en general” y ha señalado que “uno de los mayores retos hoy no es solo formar a los jóvenes, sino ayudarles a encontrar su camino con mayor confianza y con más igualdad de oportunidades y ahí las empresas tenemos también una responsabilidad importante”.
Necesidad de orientación y acompañamiento
Una de las principales demandas detectadas es la necesidad de disponer de más tiempo y más apoyo para tomar decisiones sobre el futuro formativo y profesional. La juventud reclama una orientación más práctica, personalizada y flexible, capaz de ayudar a gestionar dudas, inseguridades y presiones asociadas a la elección de itinerarios educativos y laborales.
El 75,7% considera prioritario mejorar el conocimiento sobre aquello que realmente le interesa laboralmente, mientras que el 74% reclama conocer mejor las opciones que se ajustan a sus capacidades y reforzar habilidades relacionadas con la comunicación y la expresión. Además, más del 73% demanda mayor formación financiera sobre cómo gestionar su economía cotidiana y más información sobre derechos laborales y posibilidades reales de los distintos itinerarios formativos y profesionales.
La adaptación se ha convertido en una capacidad central para la juventud, en un contexto percibido como inestable e impredecible. Muchas personas jóvenes asumen que deberán trabajar en aquello que “tienes alidas”, aunque no coincida con sus intereses o vocaciones personales. La presión económica y social aparece como un elemento constante en la toma de decisiones. La familia continúa siendo el principal referente, pero también una fuente de expectativas y presión vinculada a la necesidad de “responder” a la inversión realizada en los estudios o a lograr autonomía económica cuanto antes.
En este contexto, la precariedad favorece discursos de resignación y posibilismo, donde se prioriza lo seguro frente a lo deseable y donde la capacidad de asumir riesgos depende, en gran medida, del respaldo económico, familiar y social con el que cuenta cada joven.
