"¿Qué tiene que ver la temperatura del océano Pacífico con lo que cuesta tu compra diaria? Mucho más de lo que imaginas. Fenómenos climáticos lejanos como El Niño y La Niña influyen en los precios de alimentos que consumimos todos los días, por ejemplo, el pan o el café. Y ahora El Niño está cobrando fuerza de nuevo", explican en el Blog del Banco de España Lucía Cuadro Sáez (Política Monetaria y Economía Internacional) y Corinna Ghirelli (Jefa de División Adjunta, Políticas Europeas y Globales, Política Monetaria y Economía Internacional).
Aunque El Niño y La Niña se producen al otro lado del mundo, sus efectos se acaban sintiendo en tu bolsillo. Las alteraciones que provocan en el clima influyen en la producción de materias primas en los países afectados, algunos de los cuales son grandes proveedores globales de las mismas. Cuando la producción cae, los precios suben; cuando es muy buena, bajan. Estas variaciones se transmiten a través del comercio internacional y terminan afectando a lo que pagamos en Europa por productos tan cotidianos como el pan, la carne o el café. El brote de inflación tras la pandemia ha reavivado el interés por el impacto en precios de estos fenómenos y del cambio climático en general.
Durante un episodio de El Niño, mejoran los rendimientos del trigo en partes de Sudamérica -como Argentina- gracias a lluvias más favorables; en contraste, suele reducirse la cosecha de trigo en Australia por la sequía que este fenómeno genera allí. En conjunto, el efecto positivo suele dominar, de tal modo que aumenta la oferta mundial de trigo y, con ello, se modera su precioAbre en nueva ventana en los mercados internacionales. Esa bajada del precio se traslada primero a las harineras, que compran el cereal como materia prima; después a las panaderías, que ven como se reduce el coste de la harina, y que se traduce en un menor precio del pan.
¿Y qué ocurre con la carne? Durante episodios de El Niño, suelen mejorar las cosechas de soja de Brasil, principal origen de este producto que importa España. También hemos visto que se reducen los precios de los cereales, que son fuente de alimento clave para el ganado. Dado que la alimentación animal es uno de los principales costes de la producción de carne, el precio de esta tiende a moderarse. Este efecto es especialmente visible en producciones de ciclo corto, como el pollo y el cerdo, donde la alimentación representa una parte muy relevante del coste total. Por eso, cuando El Niño abarata cereales y soja, el precio de la carne suele reducirse.
¿Cuál es el impacto de La Niña? El patrón se invierte: mejoran las condiciones de cultivo del trigo en Australia, mientras que en partes de Sudamérica pueden aparecer sequías o desajustes que limitan la producción. La producción mundial de trigo puede reducirse y empujar al alza el precio internacional del cereal. De este modo, La Niña tiende a presionar al alza el coste del cereal y de los piensos, lo que acaba reflejándose en un mayor precio de la harina, del pan y de la carne.
Un ejemplo de aumento de precio por El Niño es el cacao. En los últimos años, Costa de Marfil y Ghana, que juntos producen cerca del 60% de la cosecha mundial de cacao, han sufrido lluvias extremas y las sequías posteriores asociadas a El Niño. Junto con otros factores, estas condiciones han favorecido la aparición de enfermedades en las plantas, han reducido las cosechas y han impulsado alzas históricas de precios que se han trasladado visiblemente al chocolate.
El efecto de El Niño sobre el café depende de la variedad y del origen de esta materia prima. En muestras recientes y para Europa, se observa que el Niño reduce el precio del café en grano, aunque el impacto no es estadísticamente significativo.
En la Eurozona, El Niño tiende a reducir el precio de la cesta de alimentos en aproximadamente un 0,6%-0.7% al cabo de doce meses, mientras que La Niña lo encarece entre un 1-1.1%.

En las décadas de 1970 y 1980, El Niño provocaba fuertes subidas en los precios internacionales de materias primas alimentarias, con incrementos muy superiores al 10% en episodios intensos. En este siglo, su impacto se ha reducido e incluso invertido, como hemos visto en el caso del trigo y productos relacionados. Este cambio responde a distintos factores: la mayor distancia temporal entre episodios extremos, el despliegue de medidas de protección para la producción y el hecho de que Europa importa cada vez más productos alimentarios de países menos expuestos a estos episodios, gracias a políticas específicas.
Todo ello sugiere que la relación entre clima y precios evoluciona con el comercio, la tecnología y las políticas. Y, aunque Europa es hoy menos vulnerable, el riesgo no ha desaparecido y el impacto se sigue trasladando a los precios que pagamos los consumidores.
Estos fenómenos climáticos son un ejemplo de hasta qué punto estamos interconectados económicamente a escala global: episodios remotos que dejan huella en nuestros precios y, poco a poco, en la inflación que nos afecta a todos.
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