23 Mar
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El modelo de hogar en España está sufriendo una transformación silenciosa. Según los últimos datos del INE, cerca del 28% de los hogares españoles ya son unipersonales, una cifra que se proyecta hasta el 33,5% para el año 2039. Sin embargo, el sistema económico, fiscal y el mercado inmobiliario siguen calibrados para familias o parejas, generando lo que los expertos denominan el “impuesto a la soltería”.

Ernesto Campos, profesor del Grado en ADE y del Máster en Dirección y Gestión Financiera de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a Planeta Formación y Universidades, alerta de que vivir solo no es siempre una elección de estilo de vida, sino una variable macroeconómica que condiciona la resiliencia financiera de millones de ciudadanos: “Para quien vive solo, los costes no se dividen: se concentran. Esta ‘economía de la soledad’ limita drásticamente la capacidad de ahorro y el acceso a derechos básicos como la vivienda”.

La desigualdad financiera comienza el primer día de cada mes. Según el análisis de Campos, una persona que vive sola asume entre un 30% y un 40% más de coste efectivo en vivienda y suministros básicos (internet, calefacción o comunidad) respecto a quien comparte hogar: “Imaginemos a dos personas con un sueldo de 2.000€ netos. Mientras quien comparte alquiler puede destinar el 30% de su salario a la vivienda, quien vive solo en un apartamento similar ve cómo su esfuerzo financiero escala hasta el 45% o 50% en grandes ciudades”. Este escenario sitúa a muchos ciudadanos en una “insolvencia latente”, donde cualquier imprevisto, como una avería o una subida de tipos, rompe el equilibrio financiero al no existir una “redundancia” o segundo ingreso que actúe como amortiguador.

Esta concentración de gastos fijos tiene un impacto directo en el futuro patrimonial. El experto de VIU estima que la capacidad de ahorro de un hogar unipersonal es entre un 40% y un 60% inferior a la de una pareja. Esto se traduce en un retraso estructural: mientras una pareja puede reunir el capital necesario para la entrada de una vivienda en varios años, una persona sola puede tardar más de una década en alcanzar el mismo objetivo.

Incluso en el consumo diario existe una “inflación por formato”. Los formatos individuales de la cesta de la compra son entre un 10% y un 20% más caros por unidad que los familiares: “En términos económicos, quien compra menos, paga más por lo mismo. Es un efecto invisible pero constante que penaliza el consumo individual”.

Propuestas para un nuevo paradigma: fiscalidad y vivienda

Ante una realidad donde uno de cada tres hogares vive solo, Campos propone que España siga la estela de países como Finlandia, Suecia o Dinamarca, que destinan hasta un 1% de su PIB a la protección social de la vivienda y cuentan con sistemas fiscales más individualizados. Entre las medidas propuestas por el docente de VIU destacan:

  • Ajuste fiscal: Crear una deducción específica en la cuota del IRPF para contribuyentes unipersonales que reconozca su menor capacidad contributiva real tras afrontar costes fijos no compartibles.
  • Acceso al crédito: Desarrollar productos hipotecarios que ponderen el historial de ahorro y la estabilidad laboral por encima de la exigencia de ingresos combinados.
  • Oferta de vivienda: Diseñar tipologías de vivienda regulada de entre 40 y 55m² adaptadas a la nueva demografía.

Ernesto Campos subraya la necesidad de un cambio de mentalidad: “Durante décadas, la economía se diseñó pensando en hogares familiares con varios ingresos. Pero la sociedad española ya no tiene esa estructura. Cuando uno de cada tres hogares vive solo, ignorar esa realidad genera un efecto inevitable: millones de personas pagando más por lo mismo. La economía de la soledad ya no es una metáfora sociológica. Es una nueva variable económica que condiciona el acceso a la vivienda, la capacidad de ahorro y la estabilidad financiera de millones de ciudadanos”.

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