28 Jun
28Jun

Miguel Ángel Valero

"El ruido no para. Los titulares cambian cada día. Los mercados suben, bajan y vuelven a subir. Y, sin embargo, los principios que determinan el éxito de un inversor a largo plazo permanecen inalterados desde hace décadas. Este decálogo nace con un propósito claro: ofrecer al inversor —con independencia de su experiencia— un marco de referencia sólido, basado en datos recientes. No es una guía de predicciones. Es una guía de comportamiento".

Así comienza Decálogo del inversor a largo plazo. Invertir con sentido común Un marco para pensar con claridad antes de invertir, elaborado por el equipo gestor de Horos Asset Management. No es una reflexión teórica, porque esta gestora ha aplicado estos principios, de los que hoy se benefician más de 20.000 coinversores en 6 vehículos, desde su formación en 2012. Los resultados avalan el enfoque: +12,7% de rentabilidad anualizada (o +425% de rentabilidad acumulada) desde que el equipo gestor iniciara su andadura, pese a que en esos 14 años se han sucedido crisis de deuda, salidas de países de la Unión Europea, pandemias, conflictos bélicos, crisis inflacionarias, guerras comerciales, entre otras situaciones.

Por tanto, no son reglas abstractas. "Son lecciones extraídas de nuestra dilatada experiencia gestionando patrimonio ajeno —y propio— a través de todo tipo de entornos de mercado. No encontrarás aquí predicciones sobre lo que hará la Bolsa el próximo trimestre, ni recomendaciones sobre qué comprar mañana. Lo que sí encontrarás es un marco para pensar con más claridad, actuar con más disciplina y, sobre todo, evitar los errores que, silenciosamente, destruyen más rentabilidad que cualquier crisis de mercado", subrayan los autores de este Decálogo.

"Diez ideas. Ninguna es nueva. Todas, sin excepción, son fáciles de entender y difíciles de aplicar cuando el mercado aprieta. La diferencia entre el inversor que consigue sus objetivos y el que no, rara vez tiene que ver con la inteligencia o el acceso a la información. Tiene que ver con el comportamiento. Con la capacidad de mantenerse fiel a unos principios cuando todo a su alrededor parece indicar que lo sensato es hacer justo lo contrario", insisten.

Porque la historia demuestra que "nadie —ni el mejor gestor del mundo— acierta sistemáticamente cuándo entrar y cuándo salir del mercado". 

Todo necio confunde valor y precio

"El precio de una acción puede oscilar un 30% en cuestión de semanas, incluso de días. El valor intrínseco del negocio que representa, sin embargo, rara vez cambia con tanta violencia. Esta distinción —entre valor y precio— es el fundamento del value investing y el antídoto contra el pánico inversor. Si sabes el valor de las cosas, es mucho más fácil soportar la volatilidad y hacer que juegue a tu favor. Riesgo real es pagar más de lo que un activo realmente vale. La volatilidad, en cambio, es una característica estructural de los mercados de renta variable: inevitable, normal y —para el inversor que sabe aprovecharla— una aliada", explica el Decálogo, que no necesita citar a Antonio Machado para subrayar que "todo necio confunde valor y precio".

Además, "el miedo, la codicia, la mentalidad de rebaño y la aversión a las pérdidas son los verdaderos adversarios del inversor", que con demasiada frecuencia no permanece invertidos "el tiempo que requiere la Bolsa, asumiendo un riesgo excesivo". Por otra parte, no invertir también tiene un precio: "El ciudadano conservador que 'no quiere perder' lleva años perdiendo, solo que no lo ve en el extracto bancario".

"Las caídas no son el problema. Para el inversor con horizonte de largo plazo y método de inversión sólido, son la oportunidad. El mercado ha recompensado siempre a quien tuvo la disciplina de mantenerse invertido —o aumentar la inversión— cuando el pánico reinaba", resalta el Decálogo.

Ese inversor comprueba la única magia que existe en ese mundo, el interés compuesto. "No es un concepto abstracto. Es aritmética pura. Y el tiempo es su principal combustible. El inversor que lo entiende de verdad cambia su relación con la volatilidad, las correcciones y el corto plazo, para siempre. Gracias al interés compuesto, cada euro ganado trabaja para ti obteniendo más euros, lo que permite acumular capitales muy significativos en periodos de tiempo largos".

Porque "invertir de forma regular elimina la tiranía del 'momento perfecto' y convierte la volatilidad en aliada. Al distribuir las compras en el tiempo, el inversor promedia su precio de entrada en un activo, evitando la tentación de tratar de predecir el momento perfecto para invertir". Además, se genera un beneficio conductual: las aportaciones periódicas "transforman una decisión puntual —sujeta al estado de ánimo, al ruido mediático, al miedo del momento— en un hábito automático. Y los hábitos, a diferencia de las decisiones, no se ven alterados por la volatilidad".

¿Pero dónde invertir? Los negocios de calidad se caracterizan por tener una o varias ventajas competitivas sostenibles en el largo plazo, que les permiten proteger sus beneficios de la competencia. El equipo directivo es otra de las variables a tener muy en cuenta, y hay que analizar su historial de éxito, coherencia, decisiones de asignación de capital, integridad, plan de incentivos, entre otros factores. El objetivo es encontrar buenos negocios, con un riesgo financiero bajo y a precios atractivos. 

Hay que invertir asumiendo que no hay situación de mercado perfecta para empezar a hacerlo: "Nunca la ha habido. El inversor que espera el momento ideal termina esperando eternamente, mientras el tiempo — su único recurso no renovable — sigue corriendo en su contra", advierten los expertos de Horos AM. 

Así que ¿a qué está esperando para transformarse en un inversor con sentido común (el menos común de los sentidos?


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