La estrategia y la geopolítica de Occidente han cambiado por completo desde la invasión rusa de Ucrania. En este nuevo contexto, resulta clave entender hacia dónde se dirige la Política Común de Seguridad y Defensa de la Unión Europea. Para analizar este escenario, la Fundación Ramón Areces y la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación han reunido a tres expertos: el embajador Manuel Acerete Gómez, Representante Permanente de España en el Comité Político y de Seguridad de la Unión Europea (2017-2021); Belén Martínez Carbonell, Secretaria General del Servicio de Acción Exterior de la Unión Europea; y Alejandro Rubio, director de la Asesoría Jurídica de Navantia.
Durante esta sesión, moderada por Rosario Silva, académica de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, se han recordado varios hitos como la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO), la regulación del mercado europeo de la defensa, la Estrategia Global, el Fondo Europeo de Defensa, el Fondo Europeo de Apoyo a la Paz y el refuerzo de la base industrial y tecnológica.
El embajador Manuel Acerete ha ofrecido una perspectiva histórica y crítica sobre los avances y límites de la construcción europea en defensa, evocando décadas de intentos, desde la reactivación de la Unión Europea Occidental hasta los compromisos de Saint-Malo y el paso a una dimensión de defensa de la UE centrada en gestión de crisis: La UE ha avanzado poco en defensa, a menudo retrocediendo tras dar pasos adelante, a veces con la idea de reiniciar de una mejor manera. Estas cuestiones de defensa a las que me he dedicado han recordado en cierto modo a las tareas de Sísifo: volver a comenzar una y otra vez”. “Al final, la PESCO no ha prosperado mucho por ser demasiado inclusiva y focalizarse en capacidades sin un núcleo duro de compromisos operativos”, añade.
Ante la redefinición del enfoque de la OTAN y la incertidumbre transatlántica, ha advertido que “todo eso requiere, obviamente, una mayor respuesta de la UE” y ha defendido avanzar en paralelo por tres vías: “El refuerzo del pilar europeo de la OTAN, el progreso decidido hacia una defensa común sin esperar reformas de Tratado y soluciones flexibles e intermedias que permitan actuar cuando no sea posible hacerlo en la OTAN ni aún bajo una defensa común plenamente operativa”.
Sobre los límites jurídicos e institucionales, este experto ha subrayado que “la defensa es competencia nacional” y que la cláusula de defensa mutua del artículo 42.7 debe llevarse a cabo con escenarios creíbles, citando la reciente agresión de Chipre en la guerra de Irán como ejemplo de coordinación fuera del paraguas del Artículo 5 de la OTAN. También ha reclamado potenciar la Agencia Europea de Defensa como embrión de un “auténtico planeamiento europeo de capacidades” coherente con la Alianza, evitando duplicaciones y nuevas estructuras paralelas que desvinculen los avances del marco de los Tratados.
Mayor vulnerabilidad
Por su parte, Belén Martínez Carbonell ha explicado por qué la seguridad y la defensa ocupan hoy un lugar central en la agenda europea: “La agresión rusa contra Ucrania ha cambiado completamente el panorama de la seguridad” y ha hecho “mucho más tangible la vulnerabilidad de todos los ciudadanos de la Unión Europea”.
Destaca el auge de “guerras híbridas” con ataques de drones y ciberataques. La interconexión entre geopolítica y geoeconomía ha quedado patente “en el Estrecho de Ormuz, donde un conflicto militar ha bloqueado rutas comerciales estratégicas, afectando a nuestra soberanía económica”. Tampoco se ha olvidado de China, a la que considera un “desafío económico, pero también militar” dada su “capacidad brutal” desarrollada en los últimos años, en un contexto de “reorientación de la relación transatlántica” que introduce “imprevisibilidad”.
Martínez Carbonell ha subrayado el papel crucial de la UE en el apoyo a Ucrania “militar, financiero y diplomático”, con decisiones de inversión que buscan a la vez disuasión y tracción tecnológica: “Ahora mismo, Ucrania está en la vanguardia de la tecnología. Lo que hoy tiene un objetivo militar mañana tendrá aplicaciones múltiples”. Y ha recordado el respaldo europeo, incluido el préstamo de 90.000 millones€ recientemente aprobado por los Estados miembros. Entre las prioridades de cara al futuro, esta diplomática ha defendido agilizar las decisiones a 27 mediante “más mayorías cualificadas”, cooperaciones reforzadas y coaliciones de los dispuestos, para que “un pequeño país no pueda bloquear a los otros 26”. Ha recalcado que “no se trata solo de gastar más, sino de gastar mejor y de gastar juntos” y que la OTAN “tiene que seguir siendo nuestra primera alianza y nuestro primer socio”, en un marco institucional más coherente y complementario.
Mayor interoperabilidad
Desde la óptica industrial y jurídica, Alejandro Rubio ha mostrado el vínculo entre competencia de la UE y política de defensa. En su análisis, ha explicado que la industria europea está “demasiado fragmentada” y con “falta de estandarización e interoperabilidad”, para lo que ha ofrecido datos comparativos: “Mientras en Europa hay 172 plataformas y sistemas de defensa, en EEUU solo hay 32; en submarinos, la UE opera 15 plataformas frente a 4 tipos nucleares en EEUU”. Así, ha abogado por “agregación y coordinación del gasto público” y “concentración de capacidades” para ganar escala.
En materia presupuestaria, ha alertado del impacto del calendario de entrega de grandes plataformas sobre déficit y respaldó “introducir flexibilidad” en las reglas fiscales, como sugiere el Libro Blanco de la Defensa: “No se trata solo de un problema de concentración; hay que ver en qué se gasta, para qué se gasta y ajustarlas políticas de mercado interior, competencia y ayudas de Estado al objetivo de autonomía estratégica”.
Cierra su intervención con una nota optimista: “A diferencia de la conclusión del informe Draghi, el método comunitario no está agotado y conserva su vigor, respaldado por siete décadas de resultados exitosos”.
