09 Jul
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El título que había elegido para su conferencia en la Fundación Ramón Areces, organizada con el Real Instituto Universitario de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo CEU, ‘La despoblación mundial: estemos preparados o no, ya está aquí' es suficientemente claro. Para el economista Nicholas N. Eberstadt, “el mundo se aproxima al final de la era del crecimiento poblacional y está entrando en una nueva etapa de despoblación”. El profesor de la Cátedra Henry Wendt de Economía Política en el American Enterprise Institute ha asegurado que esta nueva fase de la demografía está siendo impulsada no por catástrofes sanitarias, sino por una caída sostenida en los nacimientos. 

“El pico de la población mundial podría llegar mucho antes de lo que casi cualquiera espera”, pero pese a ese descenso de nacimientos y al envejecimiento, “podemos seguir prosperando, porque los seres humanos somos el animal más adaptable, creativo e ingenioso del planeta”.

Eberstadt ha explicado la noción de tasa neta de reproducción, ese número de hijos que, en promedio, tiene cada cohorte de mujeres, como umbral de la estabilidad de la población. “Si cada mujer tiene menos de un bebé, la población tiende a encogerse”. África sigue por encima del nivel de reemplazo, pero “toda Asia y toda América Latina, no solo Europa y Norteamérica, presentan patrones de fecundidad insuficientes para mantener la estabilidad poblacional a largo plazo”. 

“Cuando era joven, visité Calcuta. Parecía que no había más que niños. Hoy, la India es una sociedad por debajo del reemplazo, quizá un 15% por debajo, y en las grandes ciudades los niveles están muy por debajo. Calcuta tiene una fecundidad más baja que Berlín”, resalta.

La caída de la natalidad es compartida en todas las regiones y civilizaciones, también en el mundo musulmán: “Entre 1980 y 2020, casi todos los países han tenido enormes descensos en sus niveles de nacimientos, y muchos ya están por debajo de la tasa de reemplazo”.

“En 1950, menos del 5% de la población mundial vivía en países con nacimientos por debajo del reemplazo. Hoy, más del 70%, casi tres cuartas partes, vive en países por debajo de ese nivel”, insiste. Y ha subrayado que “el perfil típico de la humanidad hoy es tener menos de dos bebés por mujer”.

El experto ha advertido sobre la magnitud del ‘crash de nacimientos’ y la incertidumbre que esto abre para el futuro: “Estamos viendo la aparición, fuera de Europa y Norteamérica, de niveles súper bajos de fecundidad, y no tenemos una teoría que nos diga hasta dónde pueden caer. Esto es terreno desconocido”. 

“El total anual de nacimientos en China el año pasado probablemente no se veía desde hace tres siglos. En Italia, estamos en niveles de la época de Leonardo da Vinci. Y en España nunca se había registrado un nivel tan bajo como el del año pasado. De hecho, las estadísticas desde 1858 muestran que entonces se duplicaba el nivel actual”, remarca.

Sobre España, Nicholas Eberstadt ha presentado series de la ONU que sitúan al país más cerca de una situación de baja fecundidad que de recuperación moderada: “En el escenario de variante baja, la España de 2050 tendría más personas mayores de 80 que menores de 18”, “muchísimos más mayores, muchísimas menos personas en edad de trabajar y notablemente menos niños”. 

Entre las consecuencias de esta situación, el encogimiento de las poblaciones en edad laboral y el rápido envejecimiento: “Las familias pequeñas son ahora mismo el gran motor”. 

Pero no es pesimista: “No hay que tener miedo. Tras la explosión demográfica, se pronosticaron hambrunas y colapsos. Hoy somos más del doble de habitantes que en 1968, el mundo es más rico, educado y sano, y el coste de los alimentos ajustado por inflación es menor”. En esta línea, ha atribuido el margen de prosperidad a tres fuerzas: la salud, la educación y la creación de conocimiento. Sobre educación, ha comparado pirámides globales de 1970 y 2020 para afirmar que “la porción sin educación se ha reducido en términos absolutos y el segmento de educación superior es el que más crece”. En conocimiento, aunque ha admitido la dificultad de medirlo, ha enfatizado el salto de progreso: “Ahora podemos ir a la Luna y más allá”.

“Ya hemos descifrado cómo fabricar en abundancia y es algo que no vamos a olvidar, salvo catástrofe civilizatoria. Pero un mundo en despoblación no va a responder por sí solo a nuestra búsqueda de significado, valores, amor y verdad. Los desafíos metafísicos pueden resultar más dramáticos que los materiales”, concluye.

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