08 Jan
08Jan

Enero suele llegar con una promesa silenciosa: este año sí. Sí se ahorrará, sí se pondrán las cuentas en orden, sí dejará de vivirse con esa sensación incómoda de que cualquier imprevisto puede descuadrarlo todo. La promesa dura poco. No porque falten ganas, sino porque casi nadie cambia lo que de verdad importa: la forma en que está organizado su dinero.

En España hay millones de personas con empleo estable, ingresos regulares y una relación frágil con sus finanzas. No saben con exactitud cuánto gastan al mes, pagan comisiones bancarias sin ser plenamente conscientes y mantienen deudas caras mientras intentan ahorrar “cuando sobra algo”. La paradoja es evidente: trabajan, cobran y, aun así, no sienten seguridad. “La mayoría de la gente no falla por falta de ganas, falla porque no tiene un método”, explican los expertos del comparador financiero HelpMyCash.

La gestión del dinero en muchos hogares se apoya todavía en la fuerza de voluntad, una herramienta frágil y volátil. “Se cobra, se gasta y, con suerte, se ahorra. Ese orden convierte el ahorro en una casualidad”, advierten los expertos. Cambiarlo —separar primero lo importante y vivir con lo que queda— no es una cuestión de disciplina, sino de diseño. “Cuando todo el dinero está en la misma cuenta, se toman decisiones con información engañosa”, señalan desde HelpMyCash. El saldo parece mayor de lo que realmente es y el ahorro acaba funcionando como un colchón imaginario que se pisa sin darse cuenta.

De ahí la insistencia en separar y automatizar. No por comodidad, sino por protección. “Automatizar el ahorro o el pago de deudas el día de cobro no es un gesto sofisticado, es una forma de evitar que el cansancio, la rutina o un mal mes decidan por nosotros”, añaden los expertos. Reducir decisiones reduce errores. No hace falta saber más de economía; basta con dejar menos margen a la improvisación.

Antes de pensar en invertir el dinero, hay otro paso que suele olvidarse: cerrar las fugas. No las evidentes, sino las discretas. Las comisiones bancarias asumidas como inevitables, las suscripciones que se mantienen por inercia, los pagos aplazados encadenados y, sobre todo, la deuda cara. “No tiene sentido hablar de inversión mientras se pagan intereses del 23%”, advierten los expertos. En ese escenario, cualquier esfuerzo de ahorro queda neutralizado.

El otro gran ausente en muchas economías domésticas es el colchón financiero. No el pensado para grandes catástrofes, sino para lo cotidiano: una avería, una factura inesperada, una urgencia médica. Su función es sencilla y decisiva: evitar que el imprevisto termine en la tarjeta de crédito. “El error más común es querer construirlo de golpe y abandonar”, explican desde HelpMyCash. Por eso recomiendan empezar con objetivos pequeños, alcanzables, que permitan crear el hábito antes que la cifra perfecta. No es un dinero brillante ni productivo, pero cumple una función esencial: estabilidad. “Eso sí, el ahorro siempre debe estar en una cuenta remunerada, de lo contrario estás perdiendo poder adquisitivo”, recuerdan.

Otro punto clave para tener unas finanzas ordenadas es tener un buen presupuesto. “No debe ser un ejercicio teórico, demasiado rígido o desconectado de la vida real. Un presupuesto funciona cuando se asume que se gasta, que hay meses irregulares y que el disfrute también forma parte de la ecuación. Priorizar el ahorro y la reducción de deuda no implica eliminar todo lo demás, sino darle un lugar que no desmonte el conjunto”, explican.

La deuda, especialmente la más cara, es otro de los grandes temas normalizados. En España se ha integrado el pago a plazos en la vida cotidiana: cuotas pequeñas, intereses elevados y una sensación de control que no siempre es real. Reducir esa deuda debería ser una prioridad antes que cualquier otra decisión financiera. La reunificación puede ser útil en algunos casos, pero solo si baja intereses, hace sostenible la cuota y cierra las líneas anteriores. “Eso sí, sin un cambio de comportamiento, no se soluciona el problema, solo se aplaza”, señalan desde HelpMyCash.

Por eso, enero importa más de lo que parece. No como mes de promesas, sino como momento para tomar decisiones estructurales: cuántas cuentas, qué automatizaciones, qué objetivos concretos. Quizá esa sea la clave que suele pasarse por alto. No se trata de hacerlo perfecto ni de hacerlo todo a la vez, sino de dejar de improvisar. Porque, al final, el dinero no pide heroicidades. Pide método.

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