Miguel Ángel Valero
Grit es un término, popularizado por la profesora de Psicología Angela Duckworth, de difícil equivalencia en el castellano. Lo más parecido es determinación, perseverancia, disciplina, aunque es un concepto mucho más amplio, al combinar pasión con objetivos a largo plazo, esfuerzo constante y superación de obstáculos. Viene a medir la capacidad de mantener el enfoque y la motivación, más allá del talento, el compromiso consistente a lo largo del tiempo, frente al entusiasmo pasajero.
La verdad es que después de leer las 379 páginas de Grit. El poder de la pasión y la perseverancia, de Angela Duckworth (Urano, traducción de Núria Martí Pérez) uno no termina de saber exactamente qué quiere decir ese concepto. Pero le queda claro que las claves del triunfo no son el talento ni el coeficiente intelectual, tampoco la suerte, sino un cóctel compuesto por pasión, perseverancia, autocontrol, tesón, capacidad de levantarse después de una caída, tenacidad, determinación.
La autora lo resume en una idea: "nuestro potencial es una cosa. Lo que decidimos hacer con él es otra".
Claro que tampoco es fácil definir el talento: "la suma de las aptitudes de una persona, sus dotes intrínsecas, habilidades, conocimientos, experiencias, inteligencia, juicios de valor, actitudes, carácter e ímpetu. También incluye la capacidad para aprender y crecer", según tres expertos de McKinsey citados por la autora.
El manual de Cómo hacer negocios de JP Morgan Chase recomienda "una firme resolución en todo cuanto hagas", "muestra determinación, fortaleza y tenacidad", "no dejes que los reveses temporales se conviertan en excusas permanentes", "aprovecha los errores y problemas como oportunidades para mejorar y no como razones para desistir".
"Tienes que aprender a superar los baches del camino, los errores y los reveses. Los fracasos ocurren en algún momento de tu vida y lo importante para triunfar es cómo los manejas", asegura su CEO, Jaime Dimon, que habla de "firme resolución", de "asumir responsabilidades", de "fortaleza"
Ilustrativo es el caso de Enron, en su momento la mayor quiebra de una empresa en EEUU: "el hecho de que los empleados se sintieran obligados a demostrar que eran más listos que los demás contribuyó a una cultura narcisista", que además "fomentaba el rendimiento a corto plazo y entorpecía el aprendizaje y el crecimiento a la larga". Su director, Jeff Skilling, un ex McKinsey, creó un sistema de evaluación del rendimiento que suponía despedir al 15% de los supuestamente peores empleados, generando un ambiente que "recompensaba el engaño y entorpecía la integridad".
La autora cita a Nietzsche (Humano, demasiado humano): "Cuando todo es perfecto no nos preguntamos cómo ha llegado a ocurrir. Nos alegramos del hecho presente como si hubiera surgido por arte de magia". "Nuestra vanidad, nuestro amor propio, fomenta el culto a la genialidad. Porque cuando vemos la genialidad como algo mágico, no estamos obligados a compararnos con los demás y a descubrir nuestras propias carencias". De esta forma, ya no hay que competir.
En cualquier caso, el grit tiene mucho que ver con mejorar el mundo, obliga a reflexionar sobre cómo el trabajo que hacemos contribuye o no al progreso de la sociedad. En ese sentido, es un concepto muy vinculado al propósito. Supone encontrar la inspiración en un modelo de conducta que tenga un propósito en la vida.
Angela Duckworth aporta que "no es el sufrimiento lo que lleva a la desesperanza, sino el sufrimiento que creemos no poder controlar". Los pesimistas tienden a sufrir más depresiones y ansiedad que los optimistas. Éstos son más longevos, más sanos, más satisfechos.
El grit también tiene mucho que ver con la cultura, "las normas y los valores que comparte un grupo de personas". Y "crear una cultura es una cuestión de continua experimentación". "Si quieres crear una gran cultura, todos los que la forman deben regirse por una serie de valores esenciales en la vida". Entre ellos, el trabajo en equipo. El respeto ("el gran líder es aquel jefe que respeta a sus subordinados"). El impulso de encajar, de integrarse en el grupo, también es un factor muy poderoso.
La autora compara el grit con el concepto finlandés "sisu", que se compone de arrojo y coraje, de ferocidad y tenacidad, de la fuerza de seguir luchando después de que la mayoría de las personas se hayan dado por vencidas, de luchar con la voluntad de ganar, por parte de una persona obstinada que se cree capaz de sacar lo mejor de la adversidad demostrando que puede con situaciones incluso peores.