24 Mar
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“En unos años, la inteligencia artificial (IA) resolverá los diagnósticos fáciles, por lo que dermatólogos nos vamos a poder centrar en los casos más difíciles, también vamos a tener más tiempo libre y se van a reducir considerablemente las listas de espera”. Es el vaticinio de Pablo Ortiz Romero, jefe de servicio en el Hospital Universitario 12 de Octubre, en una conferencia en la Fundación Ramón Areces sobre el futuro de esta especialidad médica. 

“Se ha demostrado que es mejor que trabajen juntos una máquina y un humano a que trabaje una máquina sola o un humano solo. Y eso probablemente va a ser el futuro de la dermatología”, ha explicado. 

Durante su conferencia -titulada ‘Quo vadis, dermatología?’- este catedrático de la Universidad Complutense ha puesto varios ejemplos de cómo esta tecnología disruptiva ya está cambiando el día a día de estos especialistas. A su juicio, en diagnóstico, el binomio ojo clínico‑biopsia se refuerza perfectamente con la ayuda de la IA. Se ha referido, en concreto, a Pander, un sistema de IA multimodal específico para dermatología entrenado con dos millones de imágenes de 11 hospitales en Australia, que ha demostrado ser un 10% mejor que los dermatólogos en diagnóstico precoz de melanoma y hasta un 16% mejor que los dermatólogos en otras patologías. Su integración con Vectra, otro dispositivo que reconstruye el cuerpo en 3D gracias a 40 cámaras, permitió revisar cerca de 500 pacientes con unas 200.000 lesiones, clasificar con precisión 2.600 lunares y detectar 216 tumores malignos. 

“La máquina les estaba diciendo a los dermatólogos: de estas 200.000 lesiones, estad pendientes de estos lunares que sí son importantes”, optimizando recursos y reduciendo tiempos. “La IA mostró, además, capacidad pronóstica solo con la foto del primer día, superando parámetros como ulceración o grosor y fue un 10% mejor que la media de los humanos y un 3% mejor que el mejor humano”, identificando precozmente tres de cada cuatro lesiones que terminaron siendo melanoma, frente al 30% de exactitud humana.

Durante su intervención, Pablo Ortiz ha recordado que 2.000 millones de personas tienen algún problema dermatológico y que más del 40% de los adultos en Europa presenta al menos una enfermedad cutánea cada año, con el cáncer de piel como el tumor más frecuente en humanos. Ha añadido que la amplitud del campo -dermatología médico‑quirúrgica y venereología, con debate abierto para incorporar oficialmente la estética- obliga a la superespecialización y a consultas monográficas de alta complejidad. También se ha mostrado esperanzado sobre la reducción de los melanomas gracias a las campañas de prevención. 

Sobre el papel creciente que la tecnología va a asumir en su campo, puso otro ejemplo, esta vez del Sistema Nacional de Salud de Reino Unido (NHS) y Skin Analytics. Este utiliza unos cuestionarios y la captura de imágenes para tomar después sus propias decisiones: “Si decide que es benigno, le da el alta al paciente y nunca más le va a ver un médico por esa lesión, logrando una precisión del 99,7%, comparado con equipos de dermatólogos que se quedaron en el 98,9% de acierto. También identificó distintos tipos de cáncer con más del 97% de éxito”. 

Otros avances

Más allá de la IA, el jefe de dermatología del 12 de Octubre se ha referido a otros avances que están revolucionando las consultas: “Las biopsias no invasivas aceleran tiempos y reducen riesgos: el microscopio confocal in vivo ofrece imágenes con resolución cercana al microscopio convencional en cinco minutos para valorar benignidad o malignidad sin anestesia ni puntos; plataformas moleculares como Nanostring agrupan con precisión entidades inflamatorias (psoriasis en el eje TH17 y lupus en el de interferón) con interpretación automatizada; el ‘tape stripping’ permite estudiar ADN, ARN y lípidos sin tener que hacer una herida y alcanza aciertos adecuados en melanoma con 17 genes; la biopsia líquida con microARN plasmáticos también es prometedora; y la espectroscopia de impedancia eléctrica avanza aunque con rendimiento mejorable”. 

Así, en ese futuro que pronostica Ortiz, se harán cada vez menos biopsias y se llevará a cabo una monitorización en tiempo real. Ha recalcado la utilidad de biomarcadores como la interleuquina 6 para detectar reacciones medicamentosas lo antes posible y actuar antes del daño, así como el papel creciente de dispositivos ‘wearables’ o de llevar puestos. 

De cara a la prevención personalizada, ha subrayado que “es muy importante saber qué pacientes van a tener una toxicidad y, si tienen riesgo, podemos indicar un dispositivo ‘wearable’ para detectar un biomarcador de esa toxicidad lo antes posible”. También ha abogado por la promoción de salud basada en estilo de vida y hábitos solares responsables, especialmente en riesgos genéticos de melanoma: “Debemos aprender a mirarnos toda la piel”, ha aconsejado. En terapias avanzadas, ha vaticinado que “muchas enfermedades genéticas se van a poder curar”, y en oncología ha descrito la transición de la talla única a la medicina personalizada y de precisión, con subtipos biológicos de melanoma (mucosa, ocular, acral, cutáneo) y mutaciones específicas. 

“Dentro de una población que tiene una enfermedad determinada, no son todos iguales…”, anticipando ciclos iterativos de biomarcadores clínicos y moleculares apoyados por IA, y la necesidad de individualizar dosis, frecuencia y evaluar posibles toxicidades.

La consulta médica también cambia. “Esto es actual, esto no es el futuro”, dijo sobre el uso de inteligencias artificiales que ya transcriben de forma estructurada la conversación médico‑paciente, sugieren pruebas y preparan informes, permitiendo al clínico “dedicar más tiempo al paciente en lugar de estar todo el rato escribiendo en el ordenador”. 

Sobre la presión asistencial, ha hablado también de la teledermatología asíncrona, con respuestas en menos de 72 horas, que recomendarán directamente intervenciones quirúrgicas ante la sospecha de un melanoma. Ha admitido que la videoconsulta tradicional “no funciona en población mayor por limitaciones técnicas”, pero sí prevé un salto a las comunicaciones domésticas con imágenes de alta definición y entornos casi 3D con realidad mixta, avatares empáticos y guantes hápticos. 

En estética, Pablo Ortiz ha confirmado el crecimiento del gasto hasta 2030 y la ampliación de procedimientos no quirúrgicos (toxina botulínica, rellenos de ácido hialurónico, láser, depilación, peeling químico, reducción no invasiva). Y ha concluido con una advertencia y una llamada a la evidencia: “Pese a su impacto económico, a fecha de hoy, no hay ni un solo ensayo que demuestre que sirven de algo las llamadas cremas epigenéticas”. 

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