12 Sep
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Luis Miguel García, director de iBanFirst (la fintech especializada en gestión financiera y cambio de divisa para pymes internacionales, con más de 10.000 clientes en Europa) habla del efecto arrastre de las inversiones para el Mundial 2030, al ser co-sede, junto a Portugal y Marruecos. Considera que hay dos oportunidades clave para España.

La primera es contemplar el Mundial 2030 como parte integrante de un ciclo de inversión más amplio, y no simplemente como un gran evento deportivo. El Gobierno español, que parte de una posición fiscal relativamente saneada, invertirá de forma significativa en capacidad turística y servicios digitales, dado que gran parte de las infraestructuras están construidas y solo necesitan adaptarse para el evento. Esto generará nuevas oportunidades para que las empresas españolas obtengan contratos públicos o participen en proyectos junto al sector público, ya sea como proveedoras de servicios o potencialmente a través de fórmulas de coinversión.

La segunda oportunidad es exportar la experiencia de las pymes españolas a Marruecos, especialmente en construcción y energías renovables, dos ámbitos en los que España cuenta con una posición consolidada. Esto abre el acceso a un mercado nuevo y de alto potencial de crecimiento, respaldado por los sólidos vínculos comerciales y la proximidad geográfica entre ambos países.

Cómo aprovechar la ola procedente del Mundial 2026

La victoria de España sobre Argentina el 19 de julio le otorga al país su segundo título masculino de la FIFA. Más allá del logro deportivo, el resultado puede generar un dividendo económico real, aunque temporal, sin que España haya sido sede del torneo. Un estudio de Marco Mello, A Kick for the GDP, concluye que los países ganadores del Mundial experimentan un incremento en el crecimiento del PIB real de aproximadamente 0,48 puntos en cada uno de los dos trimestres siguientes. 

Curiosamente, el efecto económico de ganar supera al de ser sede, con las exportaciones y el turismo como principales canales de transmisión. Aplicado a la economía española, valorada en casi 1,7 billones€, este efecto implicaría entre 2.000 millones y 4.000 millones€ de actividad económica adicional en seis meses.

Las exportaciones captarán previsiblemente la mayor parte del dividendo. Las exportaciones de bienes y servicios representaron el 36,6% del PIB en 2025, equivalente a unos 617.000 millones. Un incremento modesto del 0,5% en las ventas al exterior generaría más de 3.000 millones en ingresos adicionales. 

El triunfo en el mayor escenario del fútbol mundial ofrece a España una campaña de marketing global para sus marcas —desde alimentación y moda hasta ingeniería, servicios financieros, energías renovables e industrias digitales — a un coste público prácticamente nulo.

El turismo constituye un segundo canal de transmisión relevante. El sector generó 200.700 millones en actividad económica, equivalente al 12,6% del PIB, y el gasto de visitantes internacionales. Un incremento del 1% en el gasto turístico extranjero añadiría más de 1.000 millones anuales en ingresos. España está especialmente bien posicionada para monetizar esta visibilidad adicional.

El éxito deportivo también puede reforzar la confianza de hogares y empresas. España entró en la segunda mitad de 2026 con un empleo sólido y una demanda interna robusta. Un aumento del 0,1% en el gasto de los hogares impulsado por la confianza sería significativo en una economía donde el consumo privado representa más de la mitad del PIB.

Es demasiado pronto para cuantificar con precisión cuánto se beneficiará la economía española del "efecto Mundial". La experiencia pasada, sin embargo, invita a un optimismo cauteloso. Los ganadores anteriores han disfrutado generalmente de un impulso económico nada despreciable. El contraste con EEUU, sede del torneo con México y Canadá, es especialmente llamativo. Los países anfitriones suelen invertir sumas enormes en organizar un Mundial, para descubrir que los retornos económicos quedan muy por debajo de las expectativas. España, en cambio, no ha incurrido en ninguno de esos costes. Su dividendo potencial no proviene del gasto público, sino del talento de sus jugadores y el apoyo incondicional de sus aficionados. En términos económicos, es prácticamente un regalo caído del cielo.

El Mundial trae dinero extranjero a España. El problema es cobrarlo bien. Se estiman entre 2.000 y 4.000 millones en actividad económica adicional en los próximos seis meses, canalizados principalmente a través de exportaciones y turismo. Eso significa más compradores internacionales, más reservas desde el extranjero, más contratos cerrados en yuanes, dólares y dírhams. Para las grandes corporaciones, gestionar esos cobros en divisas es un proceso automatizado. Para la pyme española — que representa la mayor parte del tejido exportador — sigue siendo, en muchos casos, un proceso manual y expuesto. Un tercio de los equipos financieros que gestionan exposición multidivisa lo hacen sin datos en tiempo real ni cobertura adecuada.

El efecto económico del Mundial de 2026 es una señal de lo que está por venir. En 2030, España, Portugal y Marruecos co-organizan el torneo, lo que convierte el dírham marroquí en una divisa de relevancia estratégica para miles de pymes españolas que aún no la tienen en su radar. Las empresas que empiecen a construir esa infraestructura financiera hoy serán las que capturen la oportunidad cuando llegue.

El Mundial 2026 puede servir como ensayo general para el de 2030. Para las pymes españolas que ya están valorando entrar en EEUU, México o Canadá, el torneo fue una oportunidad de probar productos, estrategias de marketing y alianzas a una escala relativamente acotada. México resulta especialmente interesante por su proximidad cultural y lingüística con España, mientras que EEUU abre el acceso a un mercado de consumo mucho mayor. 

El objetivo no debe ser simplemente generar ventas vinculadas al Mundial. Las empresas deben aprovechar 2026 para captar clientes, identificar distribuidores y establecer una presencia que perdure más allá del torneo. También hay una valiosa oportunidad de aprendizaje: entender qué productos, sectores y estrategias de marketing funcionan bien en 2026 puede ayudar a las pymes españolas a prepararse de forma mucho más eficaz para 2030.

Cómo aprovechar el turismo que generará el Mundial 2030

España ya es uno de los principales destinos turísticos del mundo. El reto en 2030 será por tanto menos atraer turistas y más aumentar el valor económico generado por cada visitante. Las oportunidades se extenderán mucho más allá de hoteles y restaurantes: transporte, comercio, pagos, ocio, experiencias premium, tecnología y otros servicios. 

Existe además una oportunidad transfronteriza singular. Al ser un torneo co-organizado con Portugal y Marruecos, es probable que los visitantes combinen varios destinos en un mismo viaje. Las pymes españolas pueden por tanto desarrollar ofertas, alianzas y servicios ibéricos o España-Marruecos, en lugar de pensar exclusivamente en su mercado doméstico.

Cómo gestionar el riesgo de divisas, el de impago y otros riesgos

Para las pymes españolas que se internacionalizan, la gestión del riesgo de divisa debe comenzar cuando se negocia el contrato comercial, no cuando el tipo de cambio empieza a moverse en su contra.
El objetivo de la cobertura no es especular con las divisas, sino proteger el margen del negocio subyacente. Una empresa debe primero identificar las divisas en las que están denominados sus ingresos y costes, determinar cuánta volatilidad cambiaria puede absorber y cubrir la exposición restante donde corresponda, por ejemplo mediante contratos a plazo.
El riesgo de contraparte es igualmente importante, especialmente al entrar en un nuevo mercado. Las empresas deben evaluar la solvencia de sus clientes, establecer condiciones de pago adecuadas y considerar garantías o seguros de crédito cuando sea necesario.

Qué hacer si el conflicto en Oriente Medio se resuelve, persiste o se agrava

El problema principal no es la exposición directa de las pymes españolas a Oriente Medio, que sigue siendo relativamente limitada. Los riesgos tienen más probabilidades de transmitirse de forma indirecta a través de los precios de la energía, los costes de transporte, la inflación y una mayor volatilidad cambiaria. En iBanFirst no esperamos que la situación se deteriore significativamente desde el punto de vista militar. Sin embargo, eso no significa que las empresas españolas estén aisladas de las consecuencias económicas.

Nuestra principal preocupación es que las reservas europeas de gas están especialmente bajas. Aunque España depende en gran medida de las energías renovables, el gas sigue siendo una parte importante de su mix energético. Esta situación está estrechamente vinculada tanto a la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania como al conflicto que involucra a Irán. Por tanto, no podemos descartar otra crisis energética europea este invierno, que afectaría a todo el continente y podría mantener la inflación elevada durante más tiempo. De ocurrir esto, el BCE también podría verse impulsado a subir de nuevo los tipos de interés en diciembre, elevando los costes de financiación a niveles que pesarían cada vez más sobre la inversión empresarial.

Qué puede hacer una pyme española para captar negocio en Marruecos

Para una pyme española que entra en Marruecos, la primera regla es sencilla: no permitas que la gestión de divisas se convierta en un obstáculo para ganar negocio. Una empresa puede adoptar un enfoque muy práctico. Primero, ofrecer a los clientes marroquíes la posibilidad de pagar en dírhams. Cotizar exclusivamente en euros puede ser más sencillo para la empresa española, pero traslada el riesgo de divisa y la complejidad al cliente marroquí. Ofrecer precios en dírhams puede por tanto hacer a la empresa más competitiva frente a los proveedores locales.

Segundo, calcular el margen en euros antes de acordar el precio. La pyme debe saber exactamente cuánto vale el contrato en euros y cuánto movimiento adverso del tipo de cambio puede absorber antes de que la operación deje de ser atractiva.

Tercero, cubrir en el momento de la firma del contrato. Una vez conocidos el importe y la fecha de pago prevista, la empresa puede utilizar un contrato a plazo, cuando esté disponible y sea apropiado, para fijar un tipo de cambio. El objetivo no es especular con el dírham, sino saber de antemano cuánto valdrá en euros la venta marroquí.

Por último, empezar con poco. Una empresa que entra en Marruecos no necesita una estrategia de divisas sofisticada desde el primer día. Puede comenzar gestionando transacciones individuales e ir introduciendo gradualmente una política de cobertura más sistemática a medida que su negocio en Marruecos crezca.

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