“En el año 1995 solo conocíamos de la existencia de un planeta fuera del sistema solar, ahora tenemos más de 7000 confirmados”, asegura Eva Villaver, subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en la conferencia ‘La Tierra, ¿un planeta más?’, en la Fundación Ramón Areces.
En esa diversidad planetaria inesperada, muy distinta a la del Sistema Solar, hay abundancia de ‘Supertierras’ y ‘mini Neptunos’, categorías que los clasifica por su tamaño, pero “no podemos decir absolutamente nada de nada acerca de cómo es su estructura interior ya que no tenemos análogos en el sistema solar”. Respecto a la eterna pregunta sobre la existencia de vida más allá de la Tierra, añade que “no podemos saber si son aptos o no para la vida”.
Como ha explicado Villaver, la investigación sobre el origen de la vida sugiere que los procesos químicos que dieron lugar a las primeras moléculas autorreplicantes pudieron no ser únicos, sino el resultado de condiciones físico-químicas reproducibles en otros entornos planetarios. Y ha resumido que “en definitiva, somos algo muy simple, somos lo que el tiempo le ha hecho al hidrógeno…”.
Esta investigadora ha explicado la revolución de las últimas dos décadas en detección de exoplanetas y al estudio de lunas potencialmente habitables. “Podemos calcular probabilidades de cosas que hasta hace poquito no sabíamos ni siquiera si existían. ¿Somos simplemente una casualidad química en la superficie de un planeta templado o somos simplemente un imperativo cósmico y, dadas las condiciones, en cualquier lugar del universo se puede formar un planeta como la Tierra?”, se ha preguntado.
Para ella, evaluar la frecuencia de factores como composición química, presencia de agua líquida, estabilidad estelar y tiempo geológico suficiente redefine no solo el origen de la vida, sino “nuestro lugar en el cosmos”. “El Big Bang es el momento conceptual en el que las leyes de la física comienzan a funcionar”, ha recordado. Y se ha referido a la nucleosíntesis primordial de hidrógeno, helio y trazas de litio que se produjo a los tres minutos del inicio del universo y el papel de la gravedad en la construcción de galaxias, estrellas y sistemas planetarios.
Ha subrayado también el potencial de habitabilidad que se desprende de la inmensidad observada: miles de millones de galaxias, cada una con miles de millones de estrellas y centros dominados por agujeros negros supermasivos, y la constatación de que muchos sistemas planetarios acompañan el nacimiento de las estrellas, un hecho desconocido hace apenas 25 años.
Villaver ha dedicado una parte esencial de su conferencia a explicar la química interestelar y el ciclo de vida estelar, mostrando cómo el interior de las estrellas actúa como un reactor nuclear que “transforma materia en energía para detener la gravedad”. Así, el medio interestelar se enriquece con elementos como carbono, nitrógeno y oxígeno cuando expulsan sus capas al final de su vida en forma de nebulosas planetarias. “Si no fuese por estrellas de este tipo, no hubiésemos sido capaces de generar en el universo el carbono del que estamos hechos”, ha afirmado. “El carbono se produce por la muerte de estrellas de baja masa, estrellas como el Sol; el oxígeno, el flúor o el neón se producen en explosiones de supernova; y elementos como el oro o el platino se forjan en la fusión de dos estrellas de neutrones”, ha detallado.
En esa relación entre formación estelar y planetaria, la subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, con sede en Tenerife, ha destacado que “la probabilidad de que se formen planetas es al menos uno por cada estrella que se forma”. Como ha explicado, la formación de planetas se produce en discos protoplanetarios, estructuras que se originan por conservación del momento angular durante el nacimiento de las estrellas. “En la parte externa de ese disco, se queda una reserva de cometas. Ahí hay agua y elementos volátiles. En la parte interna no, porque es donde se evapora. De ahí la hipótesis reforzada sobre el origen del agua terrestre. Creemos que el origen del agua en la Tierra tiene que ver con los cometas”.
Villaver ha insistido en el papel crítico de la atmósfera y el campo magnético para la habitabilidad, al proteger de micrometeoros y radiación, y en la influencia de la actividad estelar. “Una estrella como el Sol consideramos que es la óptima porque no tiene mucha actividad”, ha dicho, advirtiendo que las estrellas rojas pequeñas son abundantes, pero “están sometidas a una actividad muy elevada”. Y ha subrayado las limitaciones actuales: “A día de hoy, no podemos detectar la señal de un planeta como la Tierra alrededor de una estrella como el Sol, no tenemos la capacidad técnica para ello”. “¿Somos algo con muchas posibilidades de ocurrir o no? Esa es la cuestión”, ha resumido Villaver.
Con una mirada humanista sobre la búsqueda de vida extraterrestre, ha concluido: “Si encontramos algún día vida extraterrestre, probablemente nos ayude a identificar qué significa realmente ser humano”.