15 Jan
15Jan

Miguel Ángel Valero

"El entorno global está entrando en una fase distinta del ciclo, marcada por desequilibrios macroeconómicos persistentes, un mayor protagonismo de la política fiscal y un orden geopolítico cada vez más fragmentado. Lejos de un marco homogéneo, los mercados se enfrentan a dinámicas divergentes: ciclos de política monetaria desincronizados, estímulos fiscales selectivos, presiones inflacionarias latentes y un cambio estructural en los flujos de capital, con especial impacto en divisas, materias primas y mercados no estadounidenses", subraya el informe Pensar globalmente, invertir selectivamente Análisis y Estrategias para 2026, presentado por Álvaro Vitorero, CEO de Acacia Inversión, y por Mikel Ochagavía, director de Inversiones.

Ese exigente entorno, "donde la gestión activa y la capacidad de adaptación vuelven a ser determinantes", requiere aportar al inversor "una visión clara y accionable que permita construir carteras robustas y flexibles". En otras palabras, "gestionar la incertidumbre en busca de una rentabilidad atractiva en función del riesgo asumido". Porque “las políticas monetarias, fiscales y geopolíticas van a divergir más que en la última década, y eso cambia profundamente la forma de invertir”.

Estos expertos argumentan que el mundo avanza hacia un ciclo más fragmentado y menos sincronizado, en el que la política monetaria y fiscal vuelven a ser el principal determinante de los precios de los activos. La combinación de desfase de tipos entre regiones, estímulo fiscal selectivo, sesgo inflacionario al alza y debilidad estructural del dólar configura un entorno donde la dispersión entre mercados y sectores debería aumentar. "Para un inversor, esto no es un problema, sino un marco que premia el riguroso análisis fundamental y la selección, la gestión activa y la diversificación real", subrayan.

Ésta es su visión estratégica para este año:

  • Infra ponderados en renta variable de EEUU, porque "está excesivamente concentrado en un puñado de grandes tecnológicas, con valoraciones que descuentan escenarios muy optimistas, que dominan los índices, además de un mayor nivel de incertidumbre institucional y de política económica". "Preferimos exposición a riesgo desde geografías y temáticas con mejor binomio rentabilidad/riesgo".
  • Positivos en metales preciosos y materias primas (sin petróleo, por su elevada volatilidad). Los factores que dieron pie al rally del oro y la plata en 2025, como las compras de bancos centrales o el creciente interés en minerales críticos,  se mantendrán vigentes este año. Los metales preciosos seguirán ofreciendo refugio ante la volatilidad del dólar y la inflación. Además, la demanda estructural asociada a la transición energética e infraestructura para IA refuerza el caso de inversión en metales industriales y energía vinculada a la electrificación. En conjunto, las materias primas vuelven a tener un papel estratégico, no sólo táctico. “No se trata solo de inflación o del dólar; hay una desconfianza creciente hacia la sostenibilidad fiscal y la estabilidad institucional que refuerza el atractivo de los activos reales. La revalorización del oro y la plata refleja un cambio en el sentimiento inversor hacia activos refugio”.
  • Positivos en renta variable europea, emergente y japonesa: “Europa y Japón ofrecen un binomio rentabilidad-riesgo más atractivo que EEUU". En Europa, el giro fiscal liderado por Alemania puede contribuir a sostener el crecimiento y los márgenes en sectores sensibles al ciclo. En Japón, la combinación de reformas, normalización monetaria y potencial de apreciación del yen abre una oportunidad poco habitual. En emergentes, la debilidad del dólar y un nuevo ciclo de inversión en recursos críticos favorecen un enfoque selectivo por países. "En China mantenemos una posición constructiva pero prudente por riesgos inmobiliarios y geopolíticos".
  • Positivos en infraestructuras y real estate. Si el rasgo dominante del año es una inflación más propensa a shocks, los activos reales ganan relevancia por su capacidad de trasladar precios, preservar poder adquisitivo y estabilizar carteras. Lo que refuerza "nuestra preferencia por activos como infraestructuras, real estate y hedge funds diversificados, que históricamente muestran mejor desempeño en escenarios de inflación elevada o volátil.
  • Preferencia sectorial: energía estadounidense, banca europea y salud. La energía es condición necesaria para el desarrollo de IA y la inversión en centros de datos; la banca europea puede beneficiarse de una curva de tipos más empinada; y el sector salud ofrece un perfil defensivo en un entorno donde la volatilidad macro puede reaparecer por episodios.
  • Cautos en crédito estadounidense y duración; positivos en deuda emergente y bonos japoneses largos. "Mantenemos una mirada prudente respecto al crédito, ya que los diferenciales se mantienen muy comprimidos, así como también en la duración en EEUU, considerando el riesgo de repuntes inflacionarios que podrían afectar negativamente los precios de los bonos de largo plazo. Vemos, en cambio, oportunidades en la deuda emergente con la debilidad del dólar, y en Japón la transición de su política monetaria e infravaloración del yen puede redirigir los flujos de capital hacia la deuda japonesa, transformando este activo en una oportunidad interesante", explican.
  • Enfoque cauto sobre la IA: Aunque el desarrollo de la IA promete mejorar la productividad global, persisten riesgos sobre la rentabilidad de las inversiones en centros de datos y la sustitución de puestos de trabajo, lo que hace que la exposición directa a compañías tecnológicas requiera prudencia. “El potencial de productividad es enorme, pero el riesgo de concentración y de sobreinversión es real”. Por ello, "priorizamos la infraestructura subyacente que soportará su implementación, incluyendo metales industriales, redes, y energía, sobre grandes tecnológicas que dominan los índices.".

2026 "no exige adivinar un único escenario, sino construir carteras capaces de funcionar en varios: crecimiento con inflación persistente, episodios de volatilidad política, rotaciones geográficas y shocks de oferta vinculados a geopolítica y materias primas", explican los gestores de Acacia Inversión. "Es la diversificación total. Prevenimos, no predecimos, planteamos diferentes escenarios y asignamos probabilidades, construimos carteras coherentes con esos escenarios y con ideas de inversión sólidas, de forma que si una falla no afecte a toda la cartera", recalcan.

"La oportunidad está en entender qué precios descuentan demasiado optimismo, dónde se infravaloran los cambios estructurales y qué activos aportan resiliencia cuando el entorno se vuelve menos predecible. Gestión activa, diversificación real y rigor analítico para convertir un año complejo en uno de oportunidades de inversión que podamos aprovechar".

Además, la debilidad estructural del dólar, que abre la puerta a una redistribución de flujos de capital a escala global, y "pequeños cambios en la política monetaria de Japón tienen efectos desproporcionados en los flujos globales de capital", remarca Mikel Ochogavía.

Para Álvaro Vitorero, "la gestión de la incertidumbre es lo más importante para el inversor", que "debe ser consciente de que la inflación existe y que cuesta mucho en la protección del valor de su dinero"

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