Miguel Ángel Valero
"Hacen falta empresas con apetito porque, pese al entorno, hay oportunidades. El momento es complicado pero hemos salido de épocas peores", proclama Juli de la Paz, director de Negocio Comex y Tesorería de Banca de Empresas de CaixaBank, en la 29ª edición de la Conferencia de Riesgo País de Madrid de Coface. Este experto destaca "la encomiable" resiliencia de las empresas españolas, pide "aprovechar las fortalezas como país", y estar atentos a las oportunidades que puedan surgir de los acuerdos de la UE con Mercosur, Canadá o India, entre otros.
En 2026, Coface celebra 80 años "ayudando a las empresas a avanzar en entornos complejos", como resalta Guillermo Rodríguez, CEO en España y Portugal. “Vivimos en una economía mucho más global e interconectada, donde cualquier tensión internacional acaba teniendo impacto directo en las empresas. Ya no estamos simplemente ante un entorno incierto, sino ante un contexto en el que la geopolítica marca cada vez más el ritmo de la economía y obliga a las empresas a incorporar el riesgo como una capacidad estratégica. Ante este nuevo contexto, hay que entender que el riesgo ya no consiste solo en protegerse frente a los problemas, sino en tener la capacidad de anticiparse y seguir avanzando incluso en entornos difíciles”, remarca.
Revisión a la baja del crecimiento mundial
Las tensiones en Oriente Medio, el encarecimiento de la energía, la fragmentación geoeconómica o el papel de grandes potencias como EEUU y China están redefiniendo las reglas del comercio internacional y elevando los niveles de riesgo. Todo ello está configurando un escenario más volátil y complejo para empresas e inversores, marcado por una creciente interdependencia entre geopolítica y económica, lo que ha llevado a Coface a rebajar su previsión de crecimiento en 2026 del PIB mundial en tres décimas, hasta el 2,3 %, frente al 2,6 % estimado en febrero. En España también se han reducido las previsiones al 2,2 %, tres décimas menos que hace tres meses (2,5 %).
Bruno de Moura Fernandes, jefe de Macroeconomía de Coface, insiste en que la economía mundial atraviesa una fase de creciente vulnerabilidad, marcada por las tensiones geopolíticas, energéticas y comerciales. Con el estrecho de Ormuz bloqueado desde hace semanas, todavía hay alternativas: el estrecho de Bad-el Mubeb, en el Mar Rojo; el cabo de Buena Esperanza, que alarga el trayecto entre 9 y 13 días, o el canal de Suez. Pero "si vuelven los ataques, Irán abrirá otros frentes y tratará de bloquear el Mar Rojo", avisa.
Un deterioro de la situación en esta zona tendría un impacto mucho más amplio que el energético o el transporte, sino que se irá extendiendo a otros sectores: metales y químicos (1-4 semanas), textil, madera, papel (1-3 meses), agricultura, automoción y construcción (3-6 meses), TIC, farmacéutico, retail (si se alarga hasta finales de año).
Además, “Europa y Asia afrontan la temporada de reposición de reservas de gas natural en un contexto de inventarios bajos y creciente competencia internacional por el suministro, lo que incrementa la presión sobre los precios y la incertidumbre empresarial”.
Bruno de Moura Fernandes también ha alertado del riesgo creciente de estanflación y de una reducción de los márgenes empresariales: “Los precios de los insumos están aumentando a un ritmo considerablemente mayor que los precios de venta, lo que está ejerciendo una presión creciente sobre la rentabilidad de las compañías”. "La cuestión clave es si las empresas tienen tesorería para soportar esa situación", remarca. Además, el repunte de la inflación obligará a los bancos centrales a endurecer la política monetaria.
A esto se suma el impacto de los aranceles, aunque el experto de Coface estima que el 80% del coste lo está asumiendo EEUU, dos tercios mediante disminución de márgenes de sus empresas (al no trasladar los costes a sus clientes)y el resto con una inflación más elevada.
La creciente desconexión comercial entre EEUU y China dispara el riesgo de que Europa se vea "inundada" de productos chinos: "sería un golpe fatal para la industria europea".
"la economía mundial afronta un escenario de crecimiento más débil, más desigual y mucho más expuesto a riesgos geopolíticos, energéticos y comerciales”, y eso terminará afectando a las empresas: “el número de insolvencias empresariales sigue aumentando en todas las regiones y ya se sitúa por encima de los niveles previos a la pandemia, con las cifras más altas de la última década”. Coface estima un crecimiento de los concursos empresariales del 6% este año, 8% en EEUU (por los aranceles) y en Francia; 7% en Japón; 5% en Alemania, Países Bajos; 3% en Reino Unido y Australia, 2% en España (afectará sobre todo a empresas pequeñas, con un impacto bajo en la economía) y en Italia.
Buenos datos macro pero pérdida de competitividad en las empresas
Antonio Bonet, presidente del Club de Exportadores e Inversores Españoles, y Alfredo Echevarría, director de Análisis de Lighthouse (Instituto Español de Analistas), coinciden en el contraste entre la fortaleza de los indicadores macroeconómicos de España y las crecientes dificultades que afrontan muchas empresas en su actividad diaria. “Los buenos datos macroeconómicos de España no deben hacernos perder de vista una realidad estructural: aunque el PIB crece por encima de la media europea, el PIB per cápita permanece prácticamente estancado desde la crisis de 2008”, argumenta Bonet, que coloca el foco en la diferencia de comportamiento entre la exportación de servicios —que continúa mostrando fortaleza— y la exportación de bienes, más condicionada por la debilidad industrial europea, los elevados costes y la pérdida de competitividad. “El sector del comercio exterior ha sido uno de los grandes motores del crecimiento reciente. Sin embargo, la exportación de bienes está prácticamente parada, con un crecimiento del 0,7% en 2025, y donde el 66% de la exportación se concentra en apenas 1.000 empresas”, ha advierte.
Las empresas españolas afrontan una creciente dificultad para trasladar los costes a precios sin perder competitividad, en un contexto en el que “el incremento de los costes laborales, la elevada presión fiscal, la carga burocrática y el aumento del absentismo están reduciendo los márgenes de las empresas, especialmente de las pymes, y limitan su capacidad para crecer e internacionalizarse”, alerta Bonet.
Pero las empresas de pequeña capitalización españolas están mostrando una evolución positiva, con crecimiento de ingresos, mejora de márgenes EBITDA y una menor presión financiera derivada de la deuda, puntualiza Alfredo Echevarría. Aunque ha advertido del riesgo de generalizar en un segmento muy diverso, esta evolución positiva se observa de forma transversal en sectores como industria, consumo o tecnología, y que, de cara a 2026, “no se esperan revisiones significativas a la baja en las estimaciones, lo que evidencia el elevado nivel de competitividad de las pequeñas cotizadas españolas”.
Nuevo orden económico mundial
Carlota García Encina, investigadora principal del Real Instituto Elcano; Antonio Camuñas, presidente de Global Strategies y expresidente de la Cámara de Comercio España-EEUU, y Rafael Pampillón, catedrático de Economía de la Universidad CEU San Pablo y en IE University, coinciden en que la economía mundial atraviesa un cambio estructural marcado por una mayor fragmentación geopolítica, un papel mucho más activo de los Estados en la economía, el auge de tensiones geopolíticas y una creciente competencia tecnológica entre grandes potencias. “Estamos ante un cambio de era. El mundo que se construyó tras la Guerra Fría, basado en energía barata, cadenas de suministro optimizadas y una globalización centrada en la eficiencia, está dando paso a una economía mucho más fragmentada, politizada y estratégica”, alerta Rafael Pampillón.
Carlota García Encina subraya que “la economía y la seguridad están hoy mucho más conectadas” y que conceptos como resiliencia, autonomía estratégica o seguridad económica han dejado de ser debates teóricos para convertirse en prioridades tanto para gobiernos como para empresas. “La guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania, la rivalidad entre EEUU y China o la creciente utilización de aranceles, sanciones y controles tecnológicos muestran que la economía y la seguridad están hoy mucho más conectadas”, explica.
Para Antonio Camuñas "hay que pasar página del régimen multilateral impuesto por EEUU tras la II Guerra Mundial, olvidaos de lo que hemos conocido, porque ya no hay vuelta atrás". Y este nuevo contexto está transformando la toma de decisiones empresariales. “La prioridad ha dejado de ser únicamente la eficiencia para pasar a ser la flexibilidad”, subrayando que los directores financieros deben incorporar a su gestión factores como la incertidumbre geopolítica, la volatilidad energética, la dependencia de proveedores o los riesgos regulatorios. Carlota García Encina añade que “la gestión del riesgo ya no puede centrarse únicamente en variables financieras tradicionales: hoy incluye geopolítica, energía, tecnología, ciberseguridad o cadenas de suministro”.
“El nuevo poder económico mundial reside cada vez más en activos intangibles y tecnológicos y, ahí, Europa afronta un importante reto de competitividad frente a EEUU y China”, alerta Rafael Pampillón. Por su parte, Carlota García Encina advierte que tanto EEUU como China están impulsando modelos económicos “mucho más intervencionistas y estratégicos”, obligando a Europa a reforzar su autonomía sin perder competitividad. “EEUU sigue siendo un socio económico y tecnológico fundamental para Europa, y probablemente la relación transatlántica evolucionará más hacia un reequilibrio que hacia una ruptura”, asegura.
Pampillón cree que "el acuerdo con Mercosur nos permite vender más y comprar más barato. abre un mundo de posibilidades, y beneficia a España porque tiene experiencia en inversiones en Latinoamérica". En esa línea, Antonio Camuñas subraya el papel estratégico que puede desempeñar América Latina para las empresas europeas en un contexto de diversificación de mercados y cadenas de suministro: “Diversificar ya no es solo una cuestión de crecimiento, sino también de capacidad de adaptación y resiliencia”. Para Carlota García Encina, aunque China seguirá siendo un actor central para Europa, “el acuerdo con Mercosur refleja precisamente esa lógica de ampliar alianzas, reducir dependencias y reforzar relaciones con socios con afinidades políticas, regulatorias y culturales”.
Europa afronta el envejecimiento demográfico, la escasez de talento, y la necesidad de una aceleración tecnológica sin precedentes para tratar de ponerse al nivel de EEUU y China. Rafael Pampillón cree que la inteligencia artificial (IA) “puede convertirse en una enorme oportunidad para mejorar productividad y competitividad, pero también exigirá una gran capacidad de adaptación por parte de empresas e instituciones”. Para Antonio Camuñas ha indicado que “el capital humano y el tecnológico serán cada vez más inseparables, y adaptarse rápido marcará la diferencia competitiva”.