Miguel Ángel Valero
2026 marca el paso del anuncio a la ejecución de la financiación pública. Con el Plan de Recuperación en su fase final y el 31 de agosto de 2026 como fecha límite para la aprobación de nuevos hitos, los primeros meses del año todavía concentran un lanzamiento a gran escala de convocatorias y a partir del segundo cuatrimestres e centra en cerrar proyectos con resultados verificables, en un entorno de mayor exigencia en ejecución, subraya la “Radiografía de las ayudas públicas en 2025 y perspectivas clave para 2026”, elaborada por WeGrant, fintech española especializada en tecnologías financieras aplicadas a fondos públicos.
No obstante, 2026 sigue ofreciendo oportunidades relevantes. Tras la Adenda de diciembre de 2025, quedan por activar unos 230 hitos, que permitirán movilizar unos 31.000 millones€ adicionales. Pero esta financiación será más concentrada, dirigida a unos pocos ejes prioritarios:
Al mismo tiempo, España reducirá de forma significativa el uso de préstamos europeos: unos 22.800 millones, frente a los 83.000 millones inicialmente previstos), reforzando el papel del ICO (+13.000 millones) como instrumento de continuidad.
El informe de WeGrant señala las implicaciones de estas decisiones para las empresas:
El escenario postNextGenerationEU
A partir de 2027, Europa cierra una etapa excepcional marcada por los NextGenerationEU y la lógica de estímulo masivo. El nuevo marco no supone un vacío de financiación, sino un cambio profundo de enfoque: menos volumen, mayor selectividad y una exigencia mucho más alta en términos de impacto económico, escalado y valor estratégico. La financiación pública evoluciona desde una política de recuperación hacia una política de competitividad y autonomía estratégica en un contexto global más inestable.
Los principales cambios serán:
"En este nuevo escenario, Europa no deja de invertir, sino que invierte de otra manera, alineando industria, tecnología, startups y seguridad dentro de una misma estrategia de competitividad internacional", subraya el informe.
Desajustes estructurales entre la oferta de ayudas y la demanda de las empresas
“El análisis de 2025 confirma que la financiación pública en España mantiene un elevado nivel de actividad, pero también pone de manifiesto desajustes estructurales entre la oferta de ayudas y la demanda real de las empresas, por territorio, sector y tipo de empresa. A medida que el sistema avanza hacia el escenario post-2027, la financiación pública evoluciona hacia un modelo más selectivo, más concentrado y con una mayor exigencia en ejecución e impacto, donde la capacidad de anticipación y toma de decisiones informada se vuelve crítica”, explica Fran Estevan, CEO de WeGrant.
Aunque el presupuesto medio por comunidad se sitúa en torno a los 540 millones€, las diferencias territoriales son relevantes: Cataluña y Comunidad Valenciana concentran un volumen elevado de ayudas, con importes medios solicitados reducidos lo que refleja un modelo basado en múltiples convocatorias de pequeño tamaño. Galicia y Asturias presentan proyectos empresariales de mayor dimensión, pese a disponer de presupuestos públicos más reducidos, mientras que Madrid combina un presupuesto publicado relativamente bajo con solicitudes medias elevadas, evidenciando un entorno altamente competitivo.
La financiación pública moviliza cada año miles de millones€ y se ha convertido en una palanca clave para la competitividad empresarial. En 2025, se han publicado ayudas por valor de más de 19.000 millones€ a nivel nacional y 6.000 millones en el europeo, en un contexto de elevada actividad y complejidad regulatoria.
El principal reto de la financiación pública en España no reside únicamente en el volumen de recursos disponibles, sino en su distribución territorial y su adecuación al tamaño real de los proyectos empresariales. Un diseño de ayudas más alineado con las dinámicas de cada territorio permitiría mejorar la ejecución y el impacto económico de los fondos públicos.
El análisis sectorial de la financiación pública en 2025 pone de manifiesto diferencias relevantes entre los sectores que concentran las ayudas y aquellos donde las empresas demandan más financiación, lo que evidencia desajustes estructurales en el diseño de las convocatorias:
Los datos indican que el principal reto de la financiación pública por sectores no es aumentar el volumen de ayudas, sino ajustar su orientación a los ámbitos donde existe una demanda empresarial clara y sostenida, con el objetivo de mejorar la eficiencia, la ejecución y el impacto económico de los fondos públicos.
También se produce una clara divergencia entre el perfil de las empresas que demandan financiación y aquel al que se dirigen las ayudas públicas. Aunque la mayoría de las solicitudes proceden de pymes, el reparto de las convocatorias no refleja plenamente esta realidad, según datos del Gobierno:
Los datos indican que el diseño de las ayudas públicas por tipo de empresa no está plenamente alineado con la estructura real del tejido empresarial, dominado por pymes. Una mayor focalización de las convocatorias en este perfil permitiría mejorarla eficacia, la absorción de fondos y el impacto económico de la financiación pública.
Por otra parte, la comparación entre presupuesto asignado y peso real de las empresas permite identificar alineaciones sólidas y cuellos de botella estructurales:
En cualquier caso, la Unión Europea continúa marcando las grandes líneas estratégicas de la financiación pública, centradas en la transición verde, la transformación digital y el impulso industrial. En 2025 se han convocado más de 900 ayudas europeas, concentradas principalmente en cinco grandes programas: Horizonte Europa, Erasmus, Europa Digital, Fondo Europeo de Defensa, Programa para el Medio Ambiente y la Acción Climática.