15 Jun
15Jun

Miguel Ángel Valero

Casi cuatro meses después de los primeros ataques, EEUU e Irán han anunciado un acuerdo para frenar las hostilidades y alcanzar la ansiada reapertura de Ormuz. Este pacto pendiente de firma prevista para el viernes 19 de junio y anunciado en la víspera del 80º cumpleaños del presidente Trump, abre una ventana de 60 días para negociar los asuntos más espinosos como el programa nuclear iraní, pero permitiría iniciar cuanto antes un proceso de normalización del tráfico marítimo por el estrecho.

A pesar de la incertidumbre, se acerca cada vez más el escenario de un pacto para devolver la normalidad al estrecho de Ormuz y, de paso, a los precios del petróleo y de otras materias primas, aunque no esté tan claro que vaya a producirse un acuerdo permanente de paz. La presión económica era elevada para ambas partes y más pronto que tarde iba a producirse un entendimiento, una desescalada.

The Trader: Trump no logra la gran coalición en Oriente Medio por culpa de Israel

Para el analista Pablo Gil, empieza a quedar claro que Donald Trump no quiere presentar este pacto simplemente como el final de una guerra. Lo que parece buscar es algo muchísimo más ambicioso: utilizar el conflicto para intentar redibujar todo el mapa político de Oriente Medio. La gran novedad es que Trump está exigiendo a buena parte de los países árabes y musulmanes de la región que normalicen relaciones con Israel como condición para formar parte del acuerdo de paz con Irán. Arabia Saudí, Qatar, Turquía, Pakistán, Egipto o Jordania habrían recibido fuertes presiones para adherirse a los Acuerdos de Abraham impulsados durante el primer mandato de Trump. Y aquí aparece probablemente el verdadero objetivo estratégico de Washington.

Porque el acuerdo ya no sería únicamente un pacto para estabilizar Ormuz o reducir tensiones nucleares. Lo que Trump parece intentar construir es una gran coalición regional liderada por EEUU e Israel que deje a Irán cada vez más aislado políticamente dentro de Oriente Medio.

El problema es que la realidad regional es muchísimo más compleja. Antes del estallido de la guerra de Gaza ya existían negociaciones avanzadas para que Arabia Saudí normalizara relaciones con Israel. Pero todo aquello quedó prácticamente congelado tras la ofensiva israelí en Gaza y la extensión posterior del conflicto al Líbano, Siria, Yemen o Irán. Y precisamente por eso muchos países de la región ven ahora extremadamente difícil aceptar públicamente las exigencias de Trump sin asumir un enorme coste político interno. De hecho, el silencio incómodo sobre la conversación mantenida por Trump con varios líderes árabes refleja bastante bien hasta qué punto esta propuesta genera tensiones incluso entre aliados tradicionales de Estados Unidos.

Mientras tanto, Irán también parece haber logrado algo importante en esta guerra. Militarmente, EEUU e Israel han demostrado una superioridad enorme. Pero estratégicamente, Teherán ha conseguido recordar al mundo que sigue teniendo capacidad para alterar seriamente el funcionamiento de la economía global. El simple bloqueo parcial del Estrecho de Ormuz disparó el petróleo, elevó el miedo a una nueva ola inflacionaria y volvió a poner nerviosos a gobiernos, bancos centrales y mercados financieros de todo el planeta. Y probablemente ahí es donde EEUUha descubierto el verdadero límite de este conflicto.

Porque una cosa es mantener una posición de fuerza militar sobre el papel… y otra muy distinta sostener una guerra prolongada cuando empieza a afectar al precio de la gasolina, a la inflación y al bolsillo de millones de estadounidenses en pleno año electoral.

El mercado, de hecho, parece haber entendido perfectamente cuál es ahora la prioridad real de Washington. El petróleo ha caído con fuerza simplemente ante la posibilidad de un acuerdo, reflejando que el principal objetivo inmediato ya no parece ser destruir completamente el programa nuclear iraní, sino estabilizar cuanto antes el suministro energético mundial.

"Lo más interesante de toda esta crisis es que probablemente estamos viendo cómo las guerras modernas ya no se ganan únicamente en el campo militar. Hoy también se ganan (o se pierden) en los mercados financieros, en la energía, en la inflación y en la capacidad de soportar el desgaste económico más tiempo que el rival. Y precisamente por eso Irán, pese a ser muchísimo más débil militarmente que EEUU, sigue conservando una enorme capacidad de influencia global gracias a algo tan simple y tan poderoso como controlar uno de los mayores cuellos de botella energéticos del planeta", subraya este experto en The Trader.

Cuando los mercados escuchan que Irán y EEUU están negociando un acuerdo, muchos inversores tienden a pensar que se trata simplemente de alcanzar un alto el fuego, reabrir el Estrecho de Ormuz y volver a la normalidad. Pero la realidad es mucho más compleja. Lo que se está negociando actualmente no es un único acuerdo. Son varios acuerdos simultáneos que afectan a numerosos países, intereses estratégicos y equilibrios de poder en Oriente Próximo.

El primer gran frente es el propio Estrecho de Ormuz. Irán pretende obtener algún tipo de reconocimiento de su papel en la gestión de uno de los pasos marítimos más importantes del planeta. Durante las negociaciones llegó incluso a plantearse la posibilidad de establecer mecanismos de control e incluso peajes para determinados tráficos marítimos. EEUU se ha opuesto frontalmente a cualquier fórmula que pueda interpretarse como una limitación a la libertad de navegación internacional. Qatar, Omán y el resto de los países del Golfo también han mostrado importantes reservas ante cualquier sistema que otorgue a Teherán capacidad para influir sobre el comercio energético mundial.

Pero Ormuz es solo una pieza del puzle. Al mismo tiempo, Washington intenta aprovechar la negociación para abordar el programa nuclear iraní. La cuestión del uranio enriquecido sigue siendo uno de los puntos más delicados de toda la discusión. EEUU quiere garantías sólidas de que Irán no podrá avanzar hacia capacidades nucleares militares, mientras que Teherán considera muchas de esas exigencias incompatibles con su soberanía. Precisamente por eso varios mediadores regionales están intentando separar temporalmente la reapertura del estrecho de las negociaciones nucleares para evitar que todo el proceso descarrile.

A esto se suma un tercer frente todavía más ambicioso. La Administración Trump estaría intentando utilizar este momento para redibujar parte del mapa diplomático de Oriente Próximo impulsando nuevas adhesiones a los Acuerdos de Abraham. Aprovechar el final del conflicto para ampliar la normalización de relaciones entre Israel y varios países árabes. El problema es que cada uno de esos países tiene intereses propios, líneas rojas distintas y sensibilidades internas muy diferentes.

Mientras tanto, Qatar, Omán y Pakistán actúan como mediadores. China observa atentamente porque gran parte de su suministro energético depende del Golfo Pérsico. Los países productores de petróleo quieren recuperar la normalidad comercial cuanto antes. Las compañías navieras y las aseguradoras siguen exigiendo garantías de seguridad antes de volver a operar con total normalidad. Y los mercados financieros intentan interpretar si estamos ante una paz duradera o simplemente ante una pausa temporal.

No se trata únicamente de que Estados Unidos e Irán se pongan de acuerdo. Se trata de construir un equilibrio que resulte aceptable para una enorme cantidad de actores que, aunque comparten el objetivo de evitar una nueva guerra, tienen visiones muy distintas sobre cómo debería ser el nuevo orden regional.

"Quizá la principal lección de todo este proceso es que las guerras modernas rara vez terminan cuando dejan de dispararse los misiles. Lo realmente difícil empieza después. Reabrir el Estrecho de Ormuz, contener el programa nuclear iraní, garantizar la seguridad energética mundial, tranquilizar a los aliados regionales y redefinir las relaciones diplomáticas de Oriente Próximo son objetivos enormes por separado. Intentar resolverlos todos a la vez explica perfectamente por qué estas negociaciones avanzan entre aparentes acercamientos y continuos desacuerdos. Y también explica por qué los mercados siguen reaccionando con tanta cautela a cada nuevo titular", concluye Pablo Gil.

Gescooperativo: la geopolítica afecta también al que no invierte

Cuando los informativos hablan de caídas bursátiles provocadas por un conflicto internacional, resulta fácil pensar que el problema afecta únicamente a los inversores. Sin embargo, las tensiones geopolíticas tienen implicaciones mucho más amplias. En una economía globalizada, un conflicto puede alterar variables tan importantes como la inflación, los tipos de interés, el crecimiento económico, el empleo o el valor de las divisas. Y todas ellas terminan influyendo en la vida cotidiana de los ciudadanos.

Gescooperativo, la sociedad de inversión colectiva del Grupo Caja Rural, dentro de su iniciativa de impulsar la cultura financiera, clarifica cómo afectan las tensiones geopolíticas a la capacidad de compra y ahorro de millones de familias, aunque no inviertan nunca en Bolsa, fondos de inversión u otros activos financieros: "Es un error bastante común creer que son aquellos que están invirtiendo los que se  levan el golpe de las crisis internacionales. Pensar que por no estar invertido estás libre de sufrir las consecuencias, suele ser un error; pues puede darse el caso de que, incluso, estés menos protegido y más expuesto".

Muchas personas consideran que mantener sus ahorros en una cuenta corriente o en un depósito bancario es suficiente para protegerse frente a la incertidumbre económica. Sin embargo, la realidad es más compleja. Aunque estos productos aportan estabilidad y liquidez, no siempre preservan el valor real del dinero rente a la inflación: "Puedes estar ganando un 2% en un depósito, pero si la inflación es del 3%, estás perdiendo un 1%. Seguramente, es mejor que no hacer nada, pero pensar que ya estamos protegidos es un error".

Las tensiones geopolíticas suelen alimentar precisamente el fenómeno de la inflación. Eventos adversos, como las interrupciones en las cadenas de suministro, las restricciones comerciales, la imposición de aranceles o el encarecimiento de materias primas, entre ellas los hidrocarburos, generan presiones generalizadas en los precios que terminan repercutiendo en el coste de la vida: “Por eso, aunque los ahorros permanezcan aparentemente seguros en el banco, su capacidad para comprar bienes y servicios puede verse reducida con el paso del tiempo”.

Ahora bien, no solo el aumento del precio de la energía es el canal por el que las tensiones geopolíticas llegan a los hogares; también las dificultades para transportar mercancías, la escasez de determinados insumos o el incremento de los costes logísticos pueden provocar importantes subidas de precios en productos básicos.

Otros efectos pueden llegar a través de los tipos de interés: “Cuando la inflación se mantiene elevada, los bancos centrales pueden verse obligados a endurecer su política monetaria para intentar contenerla. Esto suele traducirse en un encarecimiento de la financiación para familias y empresas y, como consecuencia, las hipotecas pueden resultar más costosas y el acceso al crédito más difícil”. 

A ello habría que sumar el impacto que la incertidumbre económica tiene sobre la actividad empresarial: “Algunos sectores reducen inversiones, retrasan proyectos o frenan contrataciones, afectando a la creación de empleo y a las expectativas económicas de muchas familias”.

La evolución de los indicadores macroeconómicos puede afectar al valor de una divisa y, en determinados escenarios, provocar su devaluación frente a otras. Cuando esto ocurre, disminuye la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, ya que se encarecen tanto los viajes al extranjero como muchos bienes y servicios importados. Además, las empresas afrontan mayores costes de compra en el exterior, un incremento que a menudo termina trasladándose a los precios.

"El impacto nos viene por todos los frentes”, subrayan los expertos de Gescooperativo, que insisten en "el coste invisible de no invertir". Mientras las oscilaciones de los mercados suelen captar la atención mediática, existe un riesgo mucho menos visible que afecta a millones de ahorradores, y es la pérdida progresiva de poder adquisitivo.

"Uno de los errores más habituales entre quienes mantienen sus ahorros en cuentas corrientes o depósitos es centrarse en cuánto dinero tienen en términos nominales, sin tener en cuenta cuánto pueden comprar realmente con él. Si la inflación apareciera como un cargo visible en la cuenta corriente, probablemente seríamos mucho más conscientes de su impacto sobre el poder adquisitivo de nuestros ahorros", argumentan.

Por ello, insisten en la necesidad de entender la inversión desde una perspectiva más amplia, concibiéndola como “una herramienta para proteger el poder adquisitivo, participar en el crecimiento económico y diversificar riesgos". En este sentido, se trata de concebir la inversión no como una actividad especulativa ni como un juego en el que unos ganan a costa de las pérdidas de otros, sino como una función esencial en la economía que consiste en canalizar el ahorro hacia proyectos y empresas capaces de generar valor. “Cuando este proceso funciona correctamente, tanto los inversores como las empresas obtienen un beneficio, contribuyendo además al desarrollo económico general”, explican.

Por tanto, los expertos de Gescooperativo recomiendan invertir siempre el dinero que no se vaya a necesitar a corto y medio plazo; diversificar, ya que “concentrar todo el patrimonio en un único activo -incluida la liquidez- supone asumir muchos riesgos”; adoptar una visión a largo plazo y aprender a pensar en términos reales, pues “más allá del saldo que refleja una cuenta bancaria, lo importante es la capacidad que ese dinero tendrá para mantener nuestro nivel de vida en el futuro”.

Si se tienen en cuenta estas recomendaciones y, a pesar de todo, las tensiones internacionales vapulean los mercados, los expertos de Gescooperativo aconsejan mantener la calma y evitar decisiones impulsivas: "Los momentos de incertidumbre generan ruido y cambiar la estrategia por miedo suele ser un error".

Las tensiones geopolíticas no distinguen entre inversores y no inversores: “Antes o después, sus efectos terminan llegando a la economía real y al bolsillo de los ciudadanos”. Por eso, subrayan la importancia de comprender cómo se produce esa conexión para tomar decisiones financieras más informadas y proteger mejor el patrimonio.

Ebury: el dólar ha demostrado una notable resiliencia

Los inversores ya anticipaban que el acuerdo estaba al alcance de la mano y las noticias del fin de semana lo confirmaron. Los precios del petróleo se han desplomado, los bonos han repuntado, las Bolsas se han disparado y el debut bursátil de SpaceX ha transcurrido sin incidentes. Casi todas las principales divisas del mundo se han apreciado frente al dólar, con las monedas de los mercados emergentes a la cabeza. Sin embargo, el dólar ha demostrado una notable resiliencia de forma general. El buen tono de la economía estadounidense y la sensación de que el deterioro institucional ha ido a menos han devuelto parte de su atractivo al dólar, que solo ha cedido una pequeña fracción de las ganancias acumuladas durante el conflicto frente a las divisas europeas. Las divisas de los mercados emergentes, por el contrario, han tenido un rendimiento claramente superior durante la fase de las negociaciones y tras el anuncio del acuerdo.

Aunque la reunión del BCE de la semana pasada transcurrió sin pena ni gloria, la reunión de la Reserva Federal de esta semana promete ser mucho más interesante. Con casi total seguridad el FOMC mantendrá los tipos inalterados el miércoles 17 de junio. Por ello, la atención se centrará en las discrepancias entre los miembros con derecho a voto sobre cuál debe ser el próximo paso. También será una semana clave en el Reino Unido: el miércoles se publicarán los datos de inflación de mayo, seguidos de la reunión del Banco de Inglaterra del jueves y las elecciones parciales que decidirán si Andy Burnham puede disputarle a Keir Starmer el liderazgo del Partido Laborista. Así, las decisiones de los bancos centrales y la reacción al acuerdo entre EE. UU. e Irán serán el foco de esta semana.

  • EUR: El BCE subió los tipos de interés y consiguió no comprometerse a una senda monetaria concreta. Sus declaraciones fueron bastante hawkish, pero el acuerdo entre EEUU e Irán y la consiguiente caída de los precios del petróleo llevaron a los mercados a revisar a la baja sus expectativas de dos subidas adicionales para este año. El acuerdo supone un factor claramente positivo tanto para la economía de la eurozona como para la moneda única, aunque la reacción del euro hasta ahora ha sido decepcionante. Esta semana hay pocas novedades relevantes, aunque podrían revisarse los datos de inflación de junio y la encuesta ZEW podría registrar su primer repunte gracias al optimismo generado por las noticias de paz. Esperamos que el euro se mantenga en la parte alta de su rango reciente, impulsado por el acuerdo y por el renovado optimismo de los inversores.
  • USD: Aunque la inflación general subió hasta el 4,2% por el repunte de los precios de la energía, el componente subyacente ofreció mejores noticias a la Reserva Federal al mantenerse justo por debajo del 3% y sin mostrar efectos de segunda ronda generalizados. No obstante, los precios al productor siguen indicando que las presiones inflacionistas se están extendiendo a lo largo de la cadena de suministro. La elevada inflación y la fortaleza de los datos económicos darán argumentos a los halcones en la reunión del FOMC de esta semana. Las palomas, en cambio, se verán alentadas por el acuerdo de paz y por la fuerte caída de los precios del crudo, que revertirá mecánicamente gran parte del repunte de los precios. Creemos que el dólar retomará su tendencia gradual a la baja, a medida que el apoyo de los flujos hacia activos refugio se pierde, al menos parcialmente. No obstante, las próximas salidas a Bolsa de empresas de inteligencia artificial y la persistente emisión de deuda del Tesoro ampliarán la oferta de activos denominados en dólares disponibles para el inversor.
  • GBP: La reciente tendencia alcista de la libra esterlina frente a las divisas europeas se someterá a una prueba exigente esta semana, con importantes novedades en los frentes económico, monetario y político. El informe de inflación de mayo, que se publicará el miércoles, marcará el tono de la crucial reunión del Banco de Inglaterra del día siguiente. Aunque no se esperan cambios en los tipos, el número de votos disidentes hawkish en el Comité de Política Monetaria proporcionará información clave sobre la probabilidad de subidas de tipos este año. Por último, aunque Andy Burnham parte como claro favorito, su victoria en las elecciones parciales de Makerfield del jueves está lejos de estar asegurada. Una derrota inesperada del rival de Starmer probablemente provocaría un rápido repunte de la libra. En definitiva, esta será una de las semanas más intensas para la libra esterlina en 2026.

UBS: repunte del apetito por el riesgo

El acuerdo entre EEUU e Irán para reabrir el Estrecho de Ormuz impulsa un repunte del apetito por el riesgo en los mercados asiáticos y empuja al alza los futuros de renta variable estadounidense y europea en torno al 1-2%, destacan en UBS.

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