21Feb

La inteligencia artificial promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles.

Miguel Ángel Valero

Elon Musk ha dado uno de los pasos corporativos más agresivos (y menos convencionales) de los últimos años: SpaceX ha adquirido xAI, su empresa de inteligencia artificial. No se trata de una compra al uso. Es una reorganización interna de poder, capital y narrativa. La operación eleva la valoración del grupo por encima del billón$ y consolida a Musk como el mayor empresario privado del planeta. Pero más allá del titular, lo relevante es por qué lo hace ahora… y qué riesgos asume.

xAI llega tarde a la carrera de la inteligencia artificial. Ha tenido que gastar miles de millones para intentar alcanzar a competidores muy consolidados, con un modelo de ingresos todavía débil. La fusión con SpaceX es, en la práctica, un rescate financiero. SpaceX no es una empresa cualquiera: es un contratista clave de gobiernos, con flujos de ingresos relativamente estables y una reputación tecnológica sólida. Al absorber xAI, importa riesgos financieros, regulatorios y reputacionales que antes no tenía.

Y aquí aparece la primera gran pregunta estratégica de ese movimiento, ¿cuál es el verdadero plan?  Porque sinceramente hace falta un auténtico acto de fe para entender cómo una empresa que combina redes sociales con un chatbot de IA ayudará a SpaceX a lograr lo que Musk ha descrito durante años como su objetivo último: llevar seres humanos a Marte.

Desde el punto de vista del inversor, el intercambio es claro:

  • más ambición
  • más complejidad
  • más incertidumbre

El punto más revelador no es Grok, ni los chatbots, ni las redes sociales. Es esto: Musk quiere llevar centros de datos al espacio. El verdadero plan es infraestructura, no el software. Sin restricciones de suelo. Con acceso directo a energía solar. Y bajo una estructura privada, poco transparente y altamente centralizada.

No es ciencia ficción: es una apuesta a largo plazo por controlar la infraestructura crítica del futuro… como el lenguaje de Musk (como en el de Trump) todo es grandilocuente, no se descarta una posible IPO o salida a Bolsa en 2026, con el objetivo de levantar decenas de miles de millones.  

"La lógica es conocida: crecer primero, explicar después. Esto no va de IA. No va de Marte. No va de redes sociales. Va de algo mucho más clásico: control, escala y poder financiero. El problema es que cuando demasiadas piezas críticas (tecnología, datos, contratos públicos, narrativa y capital) se concentran en una sola estructura, el margen de error se vuelve peligrosamente pequeño", advierte el analista Pablo Gil en The Trader.

Una fase completamente nueva para las grandes tecnológicas

Pero no es solo Elon Musk, SpaceX y xAI. Las grandes tecnológicas han entrado en una fase completamente nueva. Ya no compiten solo con software, talento o cuota de mercado. Ahora compiten a base de hormigón, electricidad, chips y cientos de miles de millones de dólares en inversión física.

Amazon, Microsoft, Alphabet y Meta prevén invertir conjuntamente cerca de 650.000 millones$ este año. Una cifra sin precedentes en este siglo, comparable solo con grandes episodios históricos de construcción de capacidad: la burbuja de las telecomunicaciones de los 90, el ferrocarril del siglo XIX o el New Deal estadounidense.

El destino de ese capital es claro: centros de datos, redes eléctricas, generación de energía, sistemas de refrigeración, infraestructuras de red y chips de alto rendimiento. La carrera por dominar el cómputo necesario para la IA se ha convertido en un mercado de “el ganador se lo lleva casi todo”. Y nadie quiere quedarse atrás.

Cada una de estas compañías va a gastar en un solo año más que cualquier gran corporación estadounidense en la última década. Amazon apunta a cerca de 200.000 millones$. Alphabet hasta 185.000 millones. Meta podría elevar su “capex” cerca de un 90 % interanual. Microsoft ya ha incrementado su inversión más de un 60 %. Todo para sostener modelos de IA que requieren miles de chips fabricados por Nvidia y producidos por Taiwan Semiconductor Manufacturing Company. 

Pero el problema ya no es solo el tamaño del gasto, sino cómo se financia y qué efectos secundarios está empezando a generar. Una parte creciente de esta inversión se está financiando a través del mercado de bonos corporativos de alta calidad. Gigantes como Oracle o Microsoft están aumentando de forma significativa sus emisiones de deuda para sostener esta carrera. El resultado es una presión creciente sobre un mercado que ya cotiza con diferenciales históricamente estrechos, muy cerca de los niveles de finales de los 90.

El mercado empieza a lanzar señales de advertencia. Las nuevas emisiones tecnológicas ya muestran un peor comportamiento relativo frente a los bonos del Tesoro. Los spreads se amplían tímidamente, pero desde niveles tan ajustados que dejan muy poco margen para errores. No hace falta una crisis: basta con una decepción en retornos, retrasos en monetización o una desaceleración inesperada.

Al mismo tiempo, la disrupción que promete la IA está empezando a reflejarse en el crédito. Los préstamos apalancados de empresas de software caen, los modelos tradicionales empiezan a ponerse en cuestión y sectores enteros ven cómo el mercado descuenta que parte de sus ingresos pueden quedar obsoletos. La IA no solo crea ganadores: también acelera la destrucción de modelos de negocio.

Todo esto está transformando la esencia de estas compañías. Durante años fueron negocios ligeros en activos físicos. Hoy, Meta ya gasta más en infraestructura que en ingenieros. Su balance en propiedades y equipamiento se ha multiplicado por cinco desde 2019. La tecnología se está volviendo intensiva en capital… y eso cambia radicalmente las reglas del juego.

Los inversores lo han entendido. A pesar de que los ingresos siguen creciendo y los negocios principales se mantienen sólidos, el mercado ha empezado a castigar los anuncios de gasto. No por dudar del potencial de la IA, sino por cuestionar el ritmo, el retorno y la rentabilidad real de esta inversión colosal. La historia demuestra que las grandes oleadas de inversión suelen ser potentes catalizadores económicos… pero no siempre buenos negocios para todos los accionistas ni para todos los acreedores.

La IA promete transformar la economía, pero el mercado ya no compra el relato sin mirar la factura… ni el balance. A partir de ahora, el foco no estará en quién invierte más, sino en quién convierte antes ese gasto masivo en beneficios reales y sostenibles. Y en paralelo, en cómo esa carrera se filtra al mercado de crédito, donde los precios dejan poco margen para decepciones. La verdadera criba bursátil —y crediticia— acaba de empezar.

El mensaje estratégico de Alphabet: un bono a 100 años

Por eso hay movimientos financieros que, más allá de la cifra, envían un mensaje estratégico muy potente. Alphabet ha emitido deuda por valor de 5.500 millones de libras (unos 7.530 millones$) dentro de un programa más amplio que también incluye 3.055 millones en francos suizos y hasta 20.000 millones con vencimiento en 2066. Pero el titular que realmente destaca es otro: un bono a 100 años por 1.000 millones de libras con un cupón del 6,125 % anual.

Ese 6,125% es el interés que la compañía pagará cada año a los inversores que han comprado ese bono. Durante un siglo. Y en 2126, además, devolverá el principal. No es una cifra menor. Supone fijar hoy el coste del dinero durante cien años, algo que solo pueden permitirse empresas con enorme fortaleza financiera y credibilidad en los mercados.

Ahora bien, la pregunta interesante no es por qué Alphabet emite ese bono. Es porque alguien lo compra. Ningún inversor particular adquiere un bono a 100 años pensando en esperar al vencimiento. Los compradores son grandes instituciones, fondos de pensiones y aseguradoras que necesitan activos capaces de generar flujos estables durante décadas. Tienen obligaciones futuras muy largas y necesitan emparejar esos compromisos con ingresos previsibles. Para ellos, un 6,125% anual en una compañía como Alphabet puede resultar atractivo dentro de una estrategia de largo plazo. Además, estos bonos cotizan en mercado secundario, por lo que no es necesario mantenerlos hasta el vencimiento.

Conviene también distinguir entre un bono a 100 años y un bono perpetuo. En el bono centenario existe una fecha concreta de devolución del principal, aunque esté muy lejana. El inversor sabe que, además de los cupones, hay una amortización final. En un bono perpetuo no hay vencimiento: el emisor paga intereses indefinidamente y no tiene obligación de devolver el principal. Desde el punto de vista del comprador, eso implica que toda la rentabilidad depende exclusivamente de los cupones futuros y que la sensibilidad a los tipos suele ser todavía mayor.

Pero lo verdaderamente relevante es el destino del dinero. La carrera por la IA se ha convertido en una competición de capital intensivo. Centros de datos, chips especializados, energía, talento, adquisiciones estratégicas… Todo exige miles de millones. Y las grandes tecnológicas han entendido que esto no va de pequeñas mejoras incrementales, sino de dominar infraestructuras críticas para la próxima década.

Si una empresa decide endeudarse a 100 años es porque percibe que el retorno esperado de esa inversión es superior al coste de la deuda durante un siglo. Es una apuesta implícita sobre el crecimiento futuro de la demanda de servicios basados en IA, sobre la monetización de modelos avanzados y sobre su capacidad para mantener márgenes elevados en un entorno cada vez más competitivo. Estamos viendo cómo la IA no solo transforma modelos de negocio, sino también estructuras financieras. Las tecnológicas ya no compiten solo con código y talento, sino con balances capaces de absorber inversiones históricas.

"Cuando una compañía es capaz de comprometerse financieramente durante cien años para acelerar su apuesta tecnológica, no está pensando en el próximo trimestre. Está construyendo una posición estructural para dominar el siguiente ciclo económico. Y como inversores deberíamos preguntarnos si estamos valorando estas decisiones con la profundidad temporal que realmente merecen", apunta Pablo Gil.

Quién define las reglas del juego

Durante años, los grandes líderes de la inteligencia artificial han repetido el mismo mensaje: Queremos regulación”. Pero cuando la regulación empieza a tomar forma, el discurso se vuelve más complejo. En EEUU se está librando una batalla poco visible pero muy relevante para el futuro del sector: una guerra de influencia política entre las propias empresas de IA, una batalla silenciosa por regular la inteligencia artificial.

Dos grandes actores del sector, OpenAI y Anthropic, están apoyando —directa o indirectamente— organizaciones políticas con visiones muy distintas sobre cómo debe regularse la inteligencia artificial. Por un lado, está OpenAI, creadora de ChatGPT y probablemente la empresa más reconocida del sector. Nació como organización sin ánimo de lucro con la misión de desarrollar una IA “segura y beneficiosa para la humanidad”, pero hoy opera bajo un modelo híbrido con fuertes alianzas estratégicas, especialmente con Microsoft. Es uno de los grandes impulsores de la adopción masiva de la IA generativa.

En el otro lado está Anthropic, fundada por antiguos investigadores de OpenAI y centrada desde el inicio en el desarrollo de modelos con fuertes mecanismos de seguridad. Su modelo Claude compite directamente con ChatGPT, pero su posicionamiento público ha sido más prudente y orientado al control de riesgos. Ambas compiten en el mismo mercado. Pero no comparten la misma visión regulatoria.

Anthropic ha anunciado estos días una aportación de 20 millones$ a un PAC o grupo que defiende reglas más estrictas en materia de seguridad y control de la IA. En paralelo, otro PAC respaldado por figuras cercanas a OpenAI ha reunido más de 100 millones para promover una regulación federal más uniforme y evitar un mosaico de leyes estatales que frene la innovación. No es solo una discusión técnica. Es una disputa estratégica sobre quién define las reglas del juego.

En EEUU, un PAC (Political Action Committee) es una organización que recauda dinero para influir en elecciones o en políticas públicas. Un 'super PAC' puede recaudar cantidades ilimitadas de dinero de empresas, inversores o particulares para financiar campañas publicitarias y apoyar candidatos o causas concretas. Aunque no pueden coordinar directamente con los políticos, su capacidad de influencia es enorme. En la práctica, son una herramienta clave para moldear el entorno regulatorio, o ganar elecciones.

Todo esto es relevante porque la regulación que se diseñe en EEUUU marcará el estándar global. La IA ya no es solo una cuestión tecnológica. Es una cuestión geopolítica, económica y laboral. Mientras algunas empresas apuestan por menos restricciones para acelerar la innovación, otras temen que el desarrollo sin límites genere riesgos sistémicos: desde pérdida masiva de empleo hasta problemas de seguridad o de concentración de poder.

"Y aquí está la clave: la discusión ya no es si habrá regulación. La discusión es quién va a ser quien la escriba", resalta Pablo Gil.

06Feb

""En el caso de apostar por una recuperación del sector creemos que hay que ser muy selectivo en la elección de valores. Pese a la tendencia bajista, todavía existen modelos de negocio resistentes, cuyos fundamentales no se ven tan impactados por la disrupción de la IA", señalan en Ibercaja Gestión.

Miguel Ángel Valero

Toda disrupción tecnológica termina produciendo cambios en la forma en la que vivimos y trabajamos. Como en todo proceso de cambio, aparecen modelos de negocio ganadores, que impulsan la nueva tecnología y se aprovechan de ella para crecer, y perdedores, que terminan desapareciendo o pasando a un segundo plano. En este sentido, la inteligencia artificial (IA) y el desarrollo de agentes está impulsando una narrativa que prevé el fin de los negocios de servicios de Software (SaaS), destaca un análisis de Ibercaja Gestión.

La creciente penetración de la IA, su continua mejora y la previsión de que sea capaz de reemplazar a un elevado número de trabajadores ha provocado un cambio en las expectativas de los inversores. La preocupación se ha acrecentado en los últimos seis meses, provocando grandes caídas en buena parte de los valores cotizados que cuentan con un modelo de negocio centrado en el SaaS.

Los inversores que tienen una visión negativa del sector cuentan con múltiples argumentos que la avalan. En 2024 el sector ha pasado de vivir en un entorno con incontables vientos de cola (nula competencia, expectativa de bajadas de tipos de interés, elevados márgenes e inversores centrados en el largo plazo) a un escenario completamente opuesto, con expectativas de entrada de nuevos competidores, necesidad de sacrificar márgenes para competir con la IA y un cambio en las expectativas de los inversores acerca del valor terminal.

Todo esto se ha visto reflejado en cifras de crecimiento de los ingresos por debajo de lo habitual, con escasas revisiones y una compresión en el múltiplo derivada de la menor seguridad y visibilidad en el crecimiento de los ingresos y la estabilidad de los márgenes.

La lista de riesgos antes no contemplados -ya sea por su baja probabilidad de producirse o porque no existían-,es material. El inversor no solo tiene la obligación de conocerlos, sino que además debe contar con una respuesta definida ante ellos. Dentro de esta lista se incluye:

  • La diferenciación de las plataformas tiende a cero, con aceleración en la tendencia de que toda plataforma es capaz de ofrecer múltiples soluciones.
  • Las empresas que nacen en este nuevo ecosistema con IA ofrecerán un valor enorme a precios más bajos, reduciendo la cuota de mercado de los SaaS actuales.
  • A medida que los agentes de IA realizan más trabajos, el modelo de ingresos basado en el cobro por licencia/trabajador pierde atractivo.
  • Los SaaS actuales se enfrentan a complejidades para evolucionar a un modelo de ingresos distinto y su adopción de la IA es más lenta.
  • Los márgenes se deterioran por una degradación en el poder de fijación de precios y por el mayor coste computacional que necesitan los agentes.
  • El coste de adquisición de los clientes (CAC) se incrementará por un cambio en los usos de internet, a medida que crece el uso de los LLM.

El mercado es un agregador de expectativas que pone en precio los riesgos al alza y a la baja de forma veloz. De este modo, la negatividad de los inversores se ha trasladado a una caída de los múltiplos de valoración. La valoración por múltiplos suele ser el reflejo de dos factores:

  • las expectativas acerca de la capacidad decrecimiento
  • y la incertidumbre -o el riesgo- a la que se expone el inversor.

La compresión actual del múltiplo promedio de las compañías del sector refleja los riesgos. En los últimos meses, se ha producido una convergencia entre el múltiplo del promedio de las compañías de SaaS y el resto del índice SPX. En el gráfico se observa como el SaaS ha vuelto a su promedio histórico de x24 veces los beneficios de los próximos 12 meses, mientras que el mercado en su conjunto se encuentra en máximos, cotizando a x21 veces.

El cambio de narrativa ha afectado negativamente a las empresas de SaaS, pero ha fortalecido las valoraciones del sector de semiconductores. Históricamente el sector del software ha cotizado con una prima de valoración frente a los semiconductores, por las mayores fortalezas y expectativas de crecimiento. Desde el lanzamiento de Chat GPT, esta prima ha pasado a ser negativa y se encuentra en mínimos de los últimos 20 años.

"Es pronto para ver una recuperación, pero buen momento para tomar posiciones en compañías sólidas cuyos fundamentales no se han visto tan deteriorados. Tras las caídas experimentadas durante los últimos meses muchos inversores se preguntan si hemos tocado mínimos. Por valoraciones ya hemos visto que los niveles actuales son atractivos, pero también es cierto que el paradigma actual es diferente. Por ahora, es difícil saber si estamos ante una equivocación del mercado en la valoración o ante una trampa de valor. El sentimiento de los inversores se mantiene en mínimos, pero un cambio de narrativa -como el que vimos con Google a mediados de 2025- podría resultar en una revalorización rápida de estas compañías", explican en Ibercaja Gestión.

"En el caso de apostar por una recuperación del sector creemos que hay que ser muy selectivo en la elección de valores. Pese a la tendencia bajista, todavía existen modelos de negocio resistentes, cuyos fundamentales no se ven tan impactados por la disrupción de la IA. En este sentido, creemos que tiene más sentido analizar las empresas desde una visión bottom-up (de la micro a la macro) para llegar a detectar las oportunidades. Ante la amenaza actual, preferimos estar expuestos a esos SaaS que se dirigen a sectores regulados, con un alto coste de error para el cliente y con un ciclo de adopción largo. Estas características aumentan la defensividad delos negocios y ralentizan una posible caída en las ventas. Por otro lado, preferimos aquellos Software con una complejidad técnica elevada, que ofrecen beneficios de estar integrados en una única plataforma y tienen la propiedad de los datos", concluyen.

Banca March: la  IA como motor de crecimiento económico

Los avances tecnológicos son una fuente de disrupción, pero también el principal motor del crecimiento económico. Así ocurrió durante la revolución industrial, la electrificación de los años 20 – llegando al 68% de los hogares estadounidenses en tan solo una década–, o el desarrollo de internet, periodos en los que la enorme inversión supuso un destacado impulso de la productividad. A pesar de las fortísimas inversiones que actualmente se están llevando a cabo, equivalentes a un 7% del PIB norteamericano, "no nos encontramos en niveles desproporcionados si tenemos en cuenta la tendencia histórica de inversión en tecnología e I+D. De hecho, la variación de la inversión como porcentaje del PIB fue mucho mayor en otros ciclos previos de progreso tecnológico, como la minería en Australia a comienzos del milenio (+5,1 puntos desde 2005 a 2012), o el petróleo en EE.UU. en los 70’ (+1,5 puntos)", señala el House View de Banca March.

Hoy en día, la inversión agregada supone un 27% del flujo de caja mientras que, en el año 2000, llegó a alcanzar el 90%. Es fundamental tener en cuenta que las actuales inversiones se están abordando con mucha menos deuda que en el pasado. Dentro de los hiperescaladores –grandes proveedores globales de servicios y computación en la nube– hay compañías como Alphabet que, aunque están destinando a inversión la mitad de su flujo de caja, no tienen deuda neta. Otros, como Microsoft, Meta o incluso Amazon, tienen una deuda neta contenida respecto a sus beneficios que se sitúa ampliamente por debajo de las 1,6x del promedio de compañías que componen el S&P 500.

En cualquier caso, por más que se vayan a extender las inversiones en IA y que la deuda esté contenida, la visión de los expertos de Banca March para 2026 es que hay que continuar “ampliando el espectro de inversión”. No debemos limitarnos exclusivamente a los hiperescaladores, los desarrolladores de código o a las compañías de semiconductores porque la ola de destrucción creativa generará ganadores adicionales en esta revolución tecnológica. 

Como ejemplo, los centros de datos necesarios para ofrecer más capacidad de computación necesitarán grandes redes de conexión, compañías de infraestructuras, energía y agua. Simplemente por tener una referencia del tipo de cambio al que nos enfrentamos, la demanda de electricidad para abastecer a los centros de datos en EE.UU. en el año 2030 supondrá un 20% del total estadounidense y a nivel mundial alcanzará consumos equivalentes a los que actualmente soporta la India –tercer mayor consumidor del mundo con más de 1.500 millones de habitantes–. En conclusión, la evidencia es clara: la inversión asociada a la ola tecnológica, lejos de agotarse, está entrando en una frase más profunda y transversal con implicaciones estructurales para un número creciente de sectores. 

Tras los resultados presentados por Amazon el 5 de febrero, es evidente que las grandes tecnológicas volverán a acelerar su inversión en centros de datos e inteligencia artificial en 2026. En esta ocasión, el gigante del comercio electrónico anticipó que destinará 200.000 millones$ a infraestructura de centros de datos, chips y equipamiento, abarcando no solo proyectos vinculados con la IA, sino también otras áreas como su división aeroespacial o la robótica aplicada a la logística. La compañía espera que este esfuerzo inversor le permita consolidar su liderazgo en el mercado de servicios en la nube a través de Amazon Web Services (AWS), cuyos ingresos crecieron un 24%, el mayor avance de los últimos tres años.

Al igual que los directivos de Microsoft y Alphabet, el CEO Andy Jassy considera que el actual escenario representa una oportunidad excepcional y observa una demanda de capacidad computacional que continúa estando por encima de la oferta disponible. Este contexto explica el incremento de la inversión en un 50% con respecto al año anterior.

Si agregamos las inversiones previstas para este ejercicio por los cinco principales hiperescaladores —Meta, Amazon, Alphabet, Microsoft y Oracle—, la cifra asciende a 670.000 millones$, frente a los algo más de 500.000 millones estimados antes de las presentaciones de resultados. En definitiva, el volumen de inversión sigue creciendo ante una demanda de computación que no da muestras de desaceleración. Las grandes tecnológicas mantienen una estrategia alineada y un objetivo claro: no quedarse atrás en el desarrollo, despliegue y soporte de la inteligencia artificial. Sin embargo, el mercado sigue escéptico en la capacidad de rentabilizar estas inversiones y continuó castigando al sector tecnológico. 

The Trader: la IA ya no es Software, es infraestructura

En el Foro de Davos se dijo en voz alta algo que los mercados empiezan a asumir en silencio: la IA ya no es Sofware, la IA es infraestructura. La inteligencia artificial no es una moda tecnológica, sino el mayor despliegue de infraestructuras de la historia moderna. La frase la pronunciaba el CEO de Nvidia, Jensen Huang, quien puso cifra al fenómeno: 85 billones$ en 15 años destinados a energía, chips, centros de datos y fábricas de IA. No lo hizo como previsión o visión futurista, sino como confirmación de lo que ya está en marcha. El mercado reaccionó con fuerza porque esta vez el relato es tangible.

La IA no empieza en una app ni en un modelo matemático. Empieza mucho antes:

  • Energía y generación eléctrica
  • Redes y capacidad de transporte
  • Chips y fabricación avanzada
  • Centros de datos, suelo, refrigeración
  • Infraestructura cloud
  • Y solo al final, la capa de aplicaciones

Cuando todo ese 'pastel de capas' tiene que construirse y operarse, lo que aparece no es un ciclo tecnológico, sino un cambio de régimen económico. Si el capital sigue comprometiéndose a esta escala, la IA deja de ser una historia de productividad digital y pasa a convertirse en infraestructura básica, al nivel de la electricidad, las carreteras o las telecomunicaciones.

Este despliegue, explicaban en el Foro de Davos, no destruye empleo: elimina tareas. La IA libera tiempo y amplía capacidades en sanidad, industria o servicios financieros, desplazando el trabajo desde la ejecución mecánica hacia el propósito, o dicho de otro modo, la automatización libera tiempo para que las personas hagan mejor aquello que realmente aporta valor.

Este despliegue está teniendo, además, una consecuencia poco comentada: la IA está impulsando una reindustrialización silenciosa. La demanda ya no es solo de ingenieros de software, es de electricistas, técnicos de redes, obreros de construcción, fontaneros, diseñadores industriales, arquitectos y operadores de centros de datos entre otros. La economía digital vuelve a necesitar mundo físico. Y eso explica por qué los grandes inversores no están tratando este momento como una burbuja, sino como una fase larga, desigual y estructural de construcción.

Si hay una idea clave que se repite en todo el discurso del Foro de Davos es que el mayor beneficio económico llegará en la capa de aplicaciones: sanidad, industria, servicios financieros, logística, robótica, educación, donde por primera vez los modelos son lo suficientemente buenos como para construir negocios encima. No es casualidad que el capital riesgo esté fluyendo de forma masiva hacia empresas nativas de IA.

"La pregunta incómoda hoy no es si hay una burbuja. La pregunta es otra: ¿y si el riesgo es quedarse fuera de la mayor inversión estructural de las próximas décadas? Nadie duda de si cambiará el mundo. Eso ya está ocurriendo. Lo que ahora inquieta a los expertos el momento en el que una tecnología deja de ser una herramienta y se convierte en infraestructura (como la energía o las finanzas), también se convierte en poder. Y el poder, si no se regula, no desaparece: se concentra", señala en The Trader  el analista Pablo Gil

Mustafa Suleyman: una ola de poder sin precedentes

En The Coming Wave, la Ola que viene, Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, aborda el gran dilema tecnológico del siglo XXI: la inteligencia artificial y la biología sintética avanzan más rápido que nuestra capacidad para gobernarlas. El libro publicado por Debate sostiene que no estamos ante una innovación más, sino ante una ola de poder sin precedentes, comparable a la Revolución Industrial, pero mucho más rápida y difícil de contener. La tecnología ya no solo impulsa productividad: redistribuye poder, amplificando lo que individuos, empresas y Estados pueden hacer.

Suleyman no adopta un tono apocalíptico ni optimista. Reconoce el enorme potencial económico y social de la IA, pero advierte que, sin reglas claras, coordinación global y responsabilidad institucional, el riesgo no es el colapso tecnológico, sino la desestabilización política, económica y social. Es un libro incómodo con una conclusión clave, la ola no se puede detener, pero sí gobernarse. 

Morgan Stanley: las empresas británicas han  perdido el 8% del empleo por la IA

En este sentido, el Reino Unido se ha convertido en el primer gran laboratorio donde la inteligencia artificial empieza a mostrar su cara más incómoda. No por falta de avances tecnológicos, sino por la velocidad a la que esos avances se están traduciendo en destrucción neta de empleo.

Según un estudio de Morgan Stanley, las empresas británicas han registrado en los últimos doce meses una pérdida neta de empleo del 8% atribuible directamente a la adopción de IA. Es la cifra más elevada entre las principales economías desarrolladas y duplica la media internacional. Alemania, EEUU, Japón o Australia están lejos de ese impacto.

Lo llamativo es que el problema no es la productividad. Las empresas británicas que han incorporado IA reconocen mejoras medias del 11,5%, prácticamente idénticas a las observadas en EEUU. La diferencia está en la reacción empresarial. Mientras en EEUU la ganancia de eficiencia se ha acompañado de creación de nuevos puestos, en Reino Unido se ha optado por recortar plantilla o no reemplazar vacantes.

Este fenómeno no llega en un buen momento. La economía británica ya venía lastrada por bajo crecimiento, costes laborales al alza, subidas del salario mínimo y mayores cotizaciones sociales. El resultado es un mercado laboral tensionado, con despidos al ritmo más rápido desde 2020 y una tasa de paro en máximos de casi cinco años.

La IA está afectando especialmente a empleos de 'cuello blanco' y perfiles cualificados. Desde el lanzamiento de ChatGPT en 2022, las vacantes en ocupaciones expuestas a la automatización (desarrolladores, consultores, servicios profesionales o IT) han caído un 37%, frente a un 26% en el resto de los sectores. No hablamos de trabajos precarios, sino de la base tradicional de la clase media urbana.

El impacto es aún más duro entre los jóvenes. Muchos de los puestos recortados son empleos de entrada, aquellos que permiten acumular experiencia y progresar dentro de una empresa. La tasa de paro juvenil ha subido hasta el 13,7%, el nivel más alto desde la pandemia, y crece más rápido que el desempleo general. La IA está cerrando la puerta de acceso antes incluso de que los trabajadores puedan demostrar su valor.

La paradoja es evidente. Instituciones como el Banco de Inglaterra y la oficina presupuestaria británica señalan que la IA podría elevar el crecimiento de la productividad hasta 0,8 puntos en la próxima década, mejorando el nivel de vida y las cuentas públicas. El potencial está ahí. El problema es el reparto de sus beneficios… y de sus costes.

El caso británico es una advertencia para Europa. La IA no destruye empleo por sí sola. Lo hace cuando se introduce en economías con bajo crecimiento, márgenes estrechos y empresas más preocupadas por sobrevivir que por reinventar su modelo productivo. Si la eficiencia solo sirve para recortar costes y no para crear nuevas oportunidades, la tecnología deja de ser progreso y se convierte en un acelerador de desigualdad. La pregunta ya no es si la IA cambiará el mercado laboral, sino qué países sabrán convertirla en crecimiento inclusivo y cuáles pagarán el precio de hacerlo mal y deprisa.

investing.com: Amazon deberá hacer más hincapié en la eficiencia

Thomas Monteiro, analista senior en investing.com, señala: "Los últimos resultados financieros de Amazon ponen de relieve la rapidez con la que el ciclo de inversión en IA está poniendo a prueba los balances de las grandes empresas tecnológicas. Si bien la decepcionante reacción general del mercado no es una sorpresa en sí misma, especialmente en un mercado que se ha mostrado implacable con los grandes errores tecnológicos, el alcance de las pérdidas en ambos lados del balance sin duda es motivo de alarma".

Para Amazon, este trimestre deja claro que la escala de la IA ya no es una cuestión de ambición, sino de resistencia del balance. Por un lado, la combinación del debilitamiento de la demanda de los consumidores, principalmente en los segmentos de ingresos bajos y medios, y las presiones sobre los precios derivadas de las continuas repercusiones de los aranceles ha creado una situación difícil para el negocio tradicional de Amazon de cara al resto de 2026, especialmente en lo que respecta a los márgenes.

Por otro lado, los continuos retos competitivos en el ámbito de la nube, observados a lo largo de esta temporada de resultados, están empezando a sembrar dudas sobre la suposición del mercado de que Amazon podrá seguir ampliando masivamente el crecimiento de AWS gracias a unos vientos favorables en gran medida incrementales. Aunque la trayectoria a largo plazo sigue siendo alcista para AWS, estas cifras indican que la empresa tendrá que realizar un gran gasto en infraestructura. 

Mantener un crecimiento trimestral del 20% no será barato. A medida que la competencia sigue aumentando tanto el CapEx como el OpEx, duplicando lo que ahora parece ser un ciclo sostenido de inflación a largo plazo de la infraestructura de IA en lugar de una fase de aceleración temporal, la capacidad de generar un flujo de caja libre creciente a partir de ofertas ya monetizadas y operativas se ha convertido en el campo de batalla clave para las grandes tecnológicas. "En este contexto, es posible que Amazon tenga que hacer mayor hincapié en la eficiencia. También es posible que tenga que recurrir a sus sustanciales reservas de efectivo más pronto que tarde", añade.

UBS: las tendencias estructurales de la IA siguen intactas

El UBS CIO Daily subraya que la volatilidad del mercado no descarrila las tendencias estructurales: "Los inversores que se centran en los movimientos de valores individuales pueden sentirse inquietos ante la avalancha de resultados empresariales publicada en los últimos días. Creemos que esta volatilidad en el comportamiento de las acciones pone de relieve la necesidad de diversificación. Igualmente importante es que los detalles de estos resultados recientes sugieren que las tendencias estructurales de la inteligencia artificial, el envejecimiento demográfico y la electrificación siguen intactas. Seguimos esperando que la innovación transformacional sea un motor clave de la rentabilidad de los mercados de renta variable en los próximos años":

  • Los mercados están premiando a las compañías que pueden demostrar beneficios financieros tangibles derivados de la IA.
  • Los productos y servicios que favorecen vidas más largas, más sanas y más activas deberían beneficiarse de los cambios demográficos globales.
  • El aumento de la demanda mundial de energía y de infraestructuras de red debería impulsar un gasto sostenido.

Mark Haefele, Chief Investment Officer en UBS Global Wealth Management, afirma: "Mantenemos la visión de que los cambios estructurales en la IA, las infraestructuras energéticas y la atención sanitaria transformarán industrias y ampliarán los beneficios globales, y esperamos que las oportunidades alineadas con estas temáticas ofrezcan un crecimiento estructural sólido y duradero, que vaya mucho más allá de la volatilidad de corto plazo de los mercados".

19Nov

Las caídas en Bolsa de las tecnológicas pueden ser una oportunidad de comprar con visión de largo plazo. Mientras, el dólar se deprecia un 7% pero acapara el 90% de las transacciones. Y sigue el temor al impacto de una pérdida de independencia de la Fed.

Miguel Ángel Valero

La volatilidad en los mercados bursátiles globales continúa en aumento, impulsada por las dudas en torno a la intensa inversión en centros de datos por parte de las principales compañías tecnológicas, así como sobre el potencial alto en el camino de bajada de tipos de la Reserva Federal. En cuanto a las fuertes inversiones, el incremento en los diferenciales de crédito en la emisión de bonos corporativos de las grandes tecnológicas ofrece un punto de preocupación, pues hasta ahora las inversiones se habían financiado sin necesidad de grandes emisiones. 

Amazon colocó una emisión de 15.000 millones$, con primas de crédito superiores a las que cotizan otros bonos de la compañía, lo que —al igual que en la emisión de Meta del 31 de octubre— sugiere un aumento en la percepción de riesgo crediticio. No obstante, podría repetirse el comportamiento observado en los bonos del gigante de las redes sociales, que salieron con una prima sobre los bonos soberanos de 100 puntos básicos (pb), pero que en las dos semanas siguientes se redujo hasta los 70 pb, convergiendo con la curva cotizada. 

Este movimiento indica que los bancos de inversión que participan en la colocación fijan precios de salida atractivos, permitiendo que los inversores que compran en el mercado primario obtengan una rentabilidad adicional y no reflejan un deterioro en el riesgo de crédito. Las preocupaciones sobre el apalancamiento derivado de las inversiones de los cuatro principales “hyperscalers” —Alphabet, Meta, Amazon y Microsoft— siguen teniendo un tono alarmista y poco fundamento. Las previsiones indican que no se espera que el elevado nivel de inversión consuma la totalidad de la caja operativa, por lo que no se anticipan aumentos desproporcionados en los niveles de endeudamiento. Por ejemplo, Amazon ha generado en promedio unos 37.500 millones$ trimestrales en caja operativa en los últimos cuatro periodos, más del doble del importe de su reciente emisión.

Nvidia gana el 94% más en el tercer trimestre

En este contexto, los resultados de la compañía más valiosa del mundo, Nvidia, toman un cariz macroeconómico en el actual contexto de despliegue de la inteligencia artificial. Sus cuatro principales clientes –Microsoft, Meta, Alphabet y Amazon– representan alrededor de un 40% de las ventas de la compañía, alentadas por las fuertes inversiones en centros de datos. 

El dato clave es que por cada euro que vende Nvidia se queda con más de la mitad –3,5 veces más que el agregado del S&P500–. Nvidia genera más ventas que Ford este trimestre –multiplicando por 10 veces sus ingresos trimestrales en tres años– y se espera que sus beneficios anuales este año superen la barrera de los 100.000 millones$, dejándolos por encima de todos los beneficios agregados del sector energético americano, por ejemplo. 

Sus cuatro principales clientes planean invertir 450.000 millones$ el próximo año, principalmente en nueva capacidad computacional, lo que continuará impulsando las ventas. La ratio precio sobre beneficios es de 29 veces, por debajo del promedio de los últimos 5 años (38 veces). Estos resultados llegan, además, tras la salida del capital de inversores de gran relevancia como Peter Thiel o SoftBank, quienes anunciaron recientemente la liquidación de sus posiciones en la compañía. A esto se suma la revelación de una posición corta por parte del legendario inversor Michael Burry.

Nvidia reportó ingresos de 57.0006millones$ en el tercer trimestre fiscal de 2025 (entre agosto y octubre), lo que representa un aumento interanual del 62,5%. El beneficio es de 31.910 millones, el 65,2% más. En los nueve primeros meses son 147.811 millones$ en ingresos (+62%) y 77.107 millones en beneficios (+51,8%).

Para el cuarto trimestre fiscal de 2026, se proyectan ingresos cercanos a 61.980 millones con un margen bruto ajustado del 74.6%. Además, se espera que el beneficio por acción ajustado sea de aproximadamente 1,26$, con gastos operativos ajustados alrededor de 4.220 millones de dólares y una inversión en I+D de 4.660 millones.

El segmento de centros de datos sigue siendo el núcleo del negocio de Nvidia, generando casi el 90% de los ingresos y impulsando un fuerte crecimiento, especialmente con la nueva arquitectura Blackwell, que mejora significativamente el rendimiento y eficiencia energética. Los resultados reflejan una sólida demanda en IA y tecnología de semiconductores, con expectativas de continuar un fuerte crecimiento en ingresos y beneficios operativos.

“La demanda de computación sigue acelerándose y multiplicándose tanto en entrenamiento como en inferencia, creciendo exponencialmente en ambos casos. Hemos entrado en el círculo virtuoso de la IA. El ecosistema de IA está escalando rápidamente, con más creadores de modelos básicos, más startups de IA, en más sectores y en más países. La IA está presente en todas partes, haciendo de todo, simultáneamente”, señala el consejero delegado, Jensen Huang

"Aunque las valoraciones agregadas son exigentes —con un PER medio de 22 veces—, van acompañadas de unos fundamentales excepcionalmente sólidos. Se espera que el S&P 500 alcance el próximo año los márgenes más elevados de su historia. Asimismo, a pesar del buen desempeño del índice este año (+16%), los múltiplos apenas han variado respecto al año anterior, y no se observan excesos en la mayoría de los indicadores financieros", señalan los analistas de Banca March.

Mientras tanto, Alphabet se aleja de la corrección y bate su máximo histórico en Bolsa por el respaldo de Warren Buffett y su nueva IA. La matriz de Google se beneficia de la entrada de Berkshire Hathaway y del estreno de la nueva versión de Gemini, con la que responde a Meta, Anthropic y OpenAI.

El debate sobre la bajada de tipos sigue en la Fed

Por otro lado, el debate dentro de la Reserva Federal continúa. Las actas de la última reunión de la Fed muestran una profunda división interna y anticipan una tregua en la bajadas de tipos, porque persisten los riesgos de inflación por los aranceles.

Tras varios comentarios prudentes sobre la posible bajada de tipos en diciembre, ha surgido una voz disidente con peso dentro del organismo: el gobernador Waller. Según su criterio, respaldado por la debilidad observada en los datos privados de empleo, en diciembre debería continuar la senda de reducción de tipos oficiales. La primera oleada de datos oficiales no será suficiente para obtener una visión clara del mercado laboral, y no será hasta las primeras semanas de diciembre cuando se disponga de cifras más actualizadas, aunque éstas seguirán afectadas por la falta de recolección derivada del cierre del Gobierno. Por tanto, el debate continuará, ya que es posible que estos datos no estén disponibles para la reunión del 10 de diciembre. 

"A pesar de ello, mantenemos nuestra previsión de tres bajadas de tipos hasta 2026, lo que situaría los tipos oficiales en torno a la neutralidad el próximo año. Ante las actuales incertidumbres del mercado, mantenemos una postura cautelosamente optimista, como hemos señalado en los últimos días. Consideramos que los temores actuales son transitorios y no creemos que vayan a interrumpir el ciclo económico. Desde esta perspectiva, vemos las caídas bursátiles como una oportunidad de compra con una visión a medio plazo", insisten en Banca March.

Mejoran los datos económicos en EEUU

Además, mejoran las cifras económicas en EEUU: repunta la construcción y aumenta la confianza en las manufacturas. Los datos fueron alentadores con un crecimiento mensual del +0,2% de la actividad en el sector de la construcción en agosto, donde además se revisaron al alza los meses previos. Éste es uno de los primeros indicadores macroeconómicos aplazados que se han publicado y mirando el desglose esta mejora de la actividad de la construcción se explicó por la actividad de mejoras de las viviendas que avanzó un 2,3% mensual, mientras que la construcción de viviendas unifamiliares cayó un 0,4% y las viviendas multifamiliares apenas creció un 0,2%. 

Por otro lado, dentro de la construcción no-residencial los centros de datos han frenado su incremento al avanzar un +0,1% mensual lo que no ensombrece el notable avance del +25,7% frente al mismo mes del año pasado. 

También superó las expectativas fue el Empire de confianza de las manufacturas en Nueva York, que escaló en noviembre hasta 18,7 desde el 10,7 anterior, situándose ampliamente por encima de lo previsto (5,8). Esta mejora de la confianza elevó este indicador a su nivel más alto en el último año y apuntaría a una reactivación de la actividad de cara a los próximos meses. 

Los pedidos a fábrica crecieron en agosto el 1,4%. Y los de bienes duraderos, el 2,9%. El índice de confianza de los constructores superó expectativas en noviembre al repuntar un punto hasta 38, su mayor nivel desde abril. 

Y las cifras semanales de la consultora ADP apuntan a la cautela y muestran que en promedio la economía perdió 2.500 empleos en las últimas cuatro semanas a cierre del 1 de noviembre, un indicador que mostraría una pérdida de dinamismo del empleo en las últimas semanas. Las cifras oficiales muestran que los despidos siguen contenidos y con ello las peticiones de subsidios de desempleo relativos a la semana del 18 de octubre totalizaron 232.000, un dato que sigue siendo bajo en términos históricos. Pero el dato de solicitudes continuas, un indicador del número de personas que reciben beneficios, se situaron en 1,96 millones, ligeramente por encima de los 1,95 de la semana previa

DWS: el dólar ha perdido el 7% de su valor en 2025

Desde principios de año, el dólar ha perdido alrededor del 7% de su valor, lo que ha suscitado especulaciones sobre una posible “desdolarización” de la economía global. Sin embargo, estas preocupaciones parecen exageradas. A pesar de su reciente debilidad, el dólar sigue siendo la columna vertebral del sistema financiero mundial. Según la Fed, interviene en casi el 90% de todas las transacciones de divisas, y el Fondo Monetario Internacional confirma que la cuota del dólar en las reservas internacionales se mantiene estable en torno al 57%. No obstante, los recientes movimientos del mercado parecen reflejar un ajuste a un entorno cambiante para el dólar.

La marcada debilidad del dólar en la primavera del 2025 fue, más que el reflejo de una fuga estructural de capitales, una consecuencia de factores técnicos. Según el Banco de Pagos Internacionales (BPI), el elemento determinante fue la cobertura de divisas por parte de inversores no estadounidenses. Éstos redujeron sus riesgos cambiarios mediante swaps y contratos a plazo sin vender activos estadounidenses a gran escala. En ocasiones, el dólar, los bonos del Tesoro estadounidense y las acciones norteamericanas cayeron al mismo tiempo. Este comportamiento pone de relieve el carácter cíclico de la debilidad observada, que no se basaba en una pérdida fundamental de confianza ni en una salida estructural del dólar.

Al mismo tiempo, parece que los players del mercado no están cuestionando al dólar de forma generalizada, sino que están reaccionando de manera diferenciada. Las expectativas de recortes en los tipos de interés en EEUU han provocado ajustes tácticos, incluyendo una mayor preferencia por activos percibidos como más independientes de la política monetaria, como el oro y los criptoactivos. Esta dinámica podría reflejar más de una fase de incertidumbre a corto plazo que un cambio de paradigma estructural. "La credibilidad de la Fed se mantiene intacta y continúa siendo un factor clave en las perspectivas del dólar", subraya un análisis de DWS.

A largo plazo, la liquidez que ofrece el dólar y la estabilidad institucional de EEUU podrían seguir respaldando su papel como moneda de reserva internacional. Mientras no existía una alternativa que ofrezca al mismo grado de funcionalidad, liquidez y seguridad jurídica, es probable quela primacía del dólar se mantenga intacta. El debate sobre las stablecoins apenas modifica este escenario; más bien refleja la creciente demanda de liquidez digital, antes que un sustituto estructural del dólar.

El denominado “comercio de devaluación”, la búsqueda de activos escasos y políticamente independientes para cubrirse frente a los riesgos de inflación, credibilidad política económica y riesgos fiscales y de deuda en EEUU, se ha convertido en una estrategia habitual. El oro parece cumplir eficazmente esta función, mientras que los criptoactivos continúan siendo una incorporación de elevada volatilidad al conjunto de las carteras.

“No estamos asistiendo a un colapso del sistema del dólar, sino más bien a una prima de valoración dentro del sistema fiduciario existente. El dólar muestra una vulnerabilidad cíclica, pero consideramos que permanece anclado estructuralmente”, señala Xueming Song, estratega de divisas de DWS. En la actualidad, factores de corto y medio plazo, como los costes de cobertura y los riesgos políticos, parecen estar influyendo en la dirección de la divisa sin llegar a erosionar sus fundamentos estructurales.

La apuesta por el deterioro del dólar parece una reacción a los riesgos asociados a los tipos de interés, al déficit fiscal y a la credibilidad de EEUU. Sin embargo, el réquiem por el dólar resulta prematuro. Mientras las instituciones estadounidenses se mantengan sólidas, es probable que el dólar continúe siendo la unidad de liquidación más líquida y el principal activo de referencia para los flujos financieros globales.

Ofi Invest: cuánto costaría la pérdida de independencia de la Fed

Ombretta Signori, Head of Macro Research, y Yannick López, jefe de Renta Fija y Soluciones de Tesorería en Ofi Invest Asset Management, han elaborado un informe sobre el impacto que tendría en la economía de EEUU la pérdida de independencia de la Fed.

El control de la Fed por Trump impulsaría la inflación hasta el 4% (el doble del objetivo), y generaría un crecimiento más débil: apenas +1,2% en 2028. Además, la prima de riesgo se elevaría, provocando subidas de los rendimientos de los bonos a largo plazo, y un repunte brusco de la curva de tipos en los tramos más largos. Un anticipo de ello ya ha sucedido entre abril y mayo y en verano, tras las amenazas de Trump de despedir a Jerome Powell, y el despido (luego anulado por un juez federal) de la gobernadora Lisa Cook.

La economía de EEUU se mantuvo sólida en el tercer trimestre, y probablemente rendirá por debajo de su potencial en los próximos meses, porque el consumo de los hogares se ha visto afectado por los aranceles,  Es probable un aterrizaje suave de la economía, ya que la demanda interna debería recibir un impulso en 2026 por la reforma fiscal firmada por Trump en julio (que incluye recortes de impuestos, gastos en defensa, y reducción de gasto social), el relajamiento de la política monetaria, la próxima desregulación, y una mayor claridad sobre los aranceles. 

El impacto de los aranceles en la inflación es probable que continúe en los próximos meses, porque las tarifas efectivas seguirán aumentando, y se acercarán al nivel teórico del 18%, aunque dicho impacto parece que será temporal. En este contexto, la Fed está más preocupada por los riesgos de un mayor desempleo que por los riesgos de inflación. Dado que la política monetaria sigue siendo moderadamente restrictiva, es probable que la Fed continúe bajando sus tipos, dos veces más este año, y hasta el 3,25% a finales de 2026, según Ofi Invest AM.

Los bonos del Tesoro se habían visto afectados tanto por los temores sobre el crecimiento a corto plazo, como por el posible impacto inflacionario del proteccionismo y los riesgos para la credibilidad de la Fed.  En cualquier caso, desde Ofi Invest AM mantienen una visión táctica, para aprovechar repuntes coyunturales en la curva de tipos, ya que cualquier subida puede ser una oportunidad para ampliar la duración en la cartera.

Controlar la Fed para Trump es vital para actuar sobre los tipos clave, porque tendría la opción de bajarlos para estimular la economía, reduciendo el coste del servicio de la deuda, algo prioritario. Además, Trump tiene otras motivaciones: sobre todo, tener un mayor control sobre el balance, cuyo volumen es de 6,6 billones$, el 22% del PIB, y un tercio se compone de MBS (Mortgage-Backed Securities), titulos respaldados por hipotecas. 

Una menor independencia de la Fed también permitiría a Trump influir indirectamente en su análisis, e intentar suavizar la regulación financiera de la Ley Dodd-Frank que está en vigor desde la crisis financiera. La Ley Dodd-Frank otorgó a la Fed mayores poderes de supervision sobre los bancos. Trump tendría mayor control sobre esta regulación; de hecho, su reforma ya está en el Congreso. 

Controlar la Fed puede suponer llevar a la práctica las ideas del acuerdo de Mar-a-Lago, que fueron recogidas en un artículo de Stephen Miran publicado en 2024. El actual presidente del Consejo de Asesores Económicos, nombrado por Trump, sugirió que la sobrevaloración del dólar podría mitigarse mediante una política monetaria más acomodaticia, la necesidad de una mayor coordinación entre la Fed y el Tesoro en materia de políticas cambiarias.

Si hubiera un episodio de volatilidad provocada por las políticas arancelarias o de tipos de cambio, la Fed podría aportar la liquidez necesaria a través de swaps, y/o utilizar sus orientaciones que siempre son seguidas para la gestión de las expectativas por parte de los mercados.

La independencia de la Fed es una estrategia eficaz para garantizar la estabilidad de precios sin perjudicar el crecimiento, dada la clara y negativa correlación entre su independencia y la inflación. Esta ventaja inspiró la definición del estatus del BCE y la reforma del Banco de Inglaterra en 1997. Mario Draghi afirmó que la credibilidad de un banco central proviene de su independencia, y el FMI reiteró que la independencia del banco central es fundamental. 

Un índice que mide el grado de independencia de los 192 bancos centrales en el mundo muestra que Japón, India y Australia no tienen instituciones legalmente “independientes”, la Fed tiene un grado de independencia medio, y el BCE es uno de los bancos centrales más independientes. 

En el caso de la Fed, su independencia procede de no depender de las tres agencias del gobierno ni del presupuesto del Congreso. Sus líderes tienen mandatos de 14 años renovables, por lo que están al margen de los ciclos electorales.

El principal riesgo es que una pérdida de independencia de la Fed socave su credibilidad en la lucha contra la inflación, lo que ha sido uno de sus principales logros desde los 1990. El Peterson Institute for International Economics muestra que, aunque el crecimiento de EEUU podría superar temporalmente las previsiones a corto plazo, en un escenario extremo de pérdida de independencia para 2028, el PIB estadounidense se ralentizaría hasta un 1,2%, por debajo del escenario de referencia y se mantendría también lejos de su potencial a largo plazo. La inflación, se estabilizaría en torno al 4 %, el doble del objetivo actual de la Fed. T. Drechsel, en su informe “Presiones políticas sobre la Fed”, muestra que un aumento de la presión política equivalente a la mitad de la ejercida por Nixon durante seis meses, provocaría una subida de precios superior al 8%.

Según Ombretta Signori y Yannicl López la pérdida de independencia de la Fed generaría presión política para mantener los tipos de interés oficiales demasiado bajos. Ello aumentaría las expectativas de inflación, y socavaría la credibilidad de la política monetaria, Y además, alimentaría la demanda y provocaría tensiones inflacionistas, con subidas de salarios y precios.  Otra consecuencia sería la mayor incertidumbre sobre la trayectoria futura de los tipos y la inflación, y el aumento de las primas de riesgo que exigen los inversores. Todo esto ralentizaría la inversión privada y el crédito y, a la  postre, reduciría el crecimiento potencial. En consecuencia, se produciría una combinación de mayor inflación y menor crecimiento a largo plazo. Más allá de ello, la credibilidad de las instituciones estadounidenses quedaría en entredicho, lo que tendría repercusiones en los mercados mundiales y el sistema financiero internacional

En 2025 ya se ha vivido un anticipo de lo que supondría esta situación. Entre abril y mayo, y en verano, los mercados percibieron el peligro de la pérdida de independencia de la Fed tras los ataques de Trump a Jerome Powell, al que acusaba de no tener capacidad de respuesta por no cambiar los tipos, mientras el BCE continuaba relajando su política monetaria.

Sin un gran impacto inicial en el mercado, el escenario ganó tracción cuando Trump declaró públicamente que podría despedir al presidente de la Fed, al principio del verano. Con una economía fuerte, y una política monetaria expansiva “proactiva” que incrementaría la inflación. La prima del riesgo que corre un inversor al tener un título a largo plazo subió, así como los rendimientos de los bonos a largo plazo. El bono referencia a 30 años volvió a superar el 5% y la pendiente entre 5 y 30 años alcanzó un nuevo máximo anual de 100 pb.

El anuncio a finales de agosto del despido de Lisa Cook, anulado por un juez federal, volvió a impulsar la subida del bono a a 30 años hasta el 5 % y provocó un abrupto aumento de la pendiente de la curva hasta 125 puntos básicos.

El aumento de las presiones para recortar los tipos provocó una amplia desconfianza hacia los activos estadounidenses, con caídas en los precios de las acciones, mayores rendimientos de los bonos del Estado, un aumento de la pendiente de la curva estadounidense, y un debilitamiento del dólar.

El escenario de pérdida de independencia de la Fed sigue siendo un "riesgo extremo” para los mercados, y su reacción ha sido coherente con los datos macroeconómicos. La fuerte caída de los rendimientos de los bonos USA en septiembre, y el aplanamiento de la curva, se produjeron como reacción al  debilitamiento del mercado laboral.

Las expectativas de los mercados sobre el tipo terminal en este ciclo (es decir, alrededor del 3 %) son agresivas en comparación con las proyecciones medias del FOMC, pero no incompatibles con un empeoramiento del mercado laboral y la tendencia de la inflación a medio plazo. El debilitamiento del dólar es coherente con la reducción del diferencial entre los tipos reales estadounidenses y europeos observado este año.

Mientras tanto, las expectativas a largo plazo de la volatilidad de la inflación siguen siendo bajas, y se encuentran ancladas a nivel global en un rango del 2,3%-2,4% desde el Día de la Liberación a principios de abril. Los acontecimientos empujaron brevemente estas expectativas hasta el 2,45 %. En caso de que el escenario de pérdida de independencia de la Fed se consolidase, estas expectativas pueden subir más.

El presidente de EEUU nombra a los gobernadores de la Fed por un período de 14 años, sujeto a la confirmación del Senado, y también nombra al presidente de la Fed por un período de cuatro años (renovable), elegido entre los gobernadores. La Junta está compuesta por siete gobernadores, y es donde Trump tiene mayor influencia. Sólo puede destituir a un miembro de la Junta, y "por una razón válida", Por tanto, sólo puede nombrar gobernador cuando expira el mandato de otro. En 2026, sólo expira el mandato de Stephan Miran, a finales de enero. El mandato de Powell como presidente termina en mayo de 2026, pero como gobernador no lo hace hasta enero de 2028. Puede no renunciar a su cargo de gobernador y permanecer en la Junta, en cuyo caso Trump sólo podría nombrar un gobernador de su cuerda cuando termine el mandato de Miran. De los gobernadores actuales, Christopher Waller parece tener más posibilidades que Michelle Bowman, y  fuera de la Junta, los candidatos favoritos son Kevin Walsh (antiguo gobernador de la Fed) y Kevin Hassett (actual presidente del Consejo Económico Nacional). 

Respecto a Lisa Cook, es posible que siga en la Junta hasta enero, pero podría marcharse en 2026, dando la oportunidad a Trump de nombrar un gobernador de su agrado. Si esto sucede y Powell dimite, Trump podría nombrar hasta tres gobernadores en 2026, alcanzando una posición de influencia en el FOMC, que está compuesto por los siete miembros de la Junta, el presidente del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, y cuatro de los otros 11 presidentes regionales de la Fed, que actúan como miembros con derecho a voto según un sistema de rotación anual, lo que da un total de 12 miembros con derecho a voto.

Los 12 presidentes regionales de la Fed deberán ser reelegidos o sustituidos antes de finales de febrero de 2026. La Junta de la Fed tiene la última palabra al respecto, tras la decisión de la Fed regional. Rara vez se ha dado el caso de que un presidente regional de la Fed no haya sido reelegido, y la Junta nunca ha rechazado la reelección de un presidente.  Sin embargo, si Trump logra un cambio radical en la Junta, teóricamente podría aumentar su control sobre la Fed, con el riesgo de comprometer su independencia.

Entre el statu quo actual con independencia institucional y  continuidad, y la pérdida de independencia de la Fed, que estaría alineada con el gobierno, existen muchos escenarios intermedios. Escenarios que supondrían menor independencia, compromisos políticos e interferencias, lo que podría ofrecer puntos de aterrizaje más realistas. La Fed funciona por consenso. El presidente sólo tiene un voto en el FOMC, pero ejerce una gran influencia, porque su labor es también buscar el consenso en el comité. En todo caso, como indican Ombretta Signori y Yannick López, existen contrapesos que pueden obligar a Trump a reducir la presión sobre la Fed. El principal son los mercados, que podrían evolucionar al contrario de lo que quiere Trump, la bajada de los tipos de interés.

31Oct

Se sugiere una estrategia más ambiciosa a largo plazo, en la que se sacrifica parte del crecimiento inmediato para situarse como líderes en el efervescente mercado global de la inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

A falta de Nvidia, que los presenta el 19 de noviembre, las grandes tecnológicas de EEUU han hecho públicos sus resultados en los nueve primeros meses de 2025 y sus previsiones para el próximo ejercicio. Tanto Microsoft como Meta superaron las expectativas, pero decepcionaron con sus expectativas para 2026. 

Ambas compañías comienzan a reflejar en sus cuentas el impacto de sus apuestas por la inteligencia artificial (IA) y los costes asociados que se esperan para los próximos ejercicios. Amy Hood, directora financiera de Microsoft, reconoce que, a pesar del fuerte incremento en la inversión, no están logrando satisfacer la demanda de capacidad para IA. Los ingresos de la división Azure mantienen un ritmo de crecimiento de doble dígito (+27%). 

Por su parte, Meta anticipó un aumento sustancial de los gastos en 2026 y, además de algunos costes extraordinarios, no ofreció cifras claras sobre cómo la inversión en IA está impulsando sus ingresos. Y su línea de gafas inteligentes continúa generando pérdidas, esta vez por valor de 4.400 millones$ en el trimestre, aunque según Mark Zuckerberg, CEO y fundador de la empresa, se trata de una gran oportunidad. Admite que podría producirse una sobreinversión en capacidad computacional, en cuyo caso se plantearían venderla a terceros, aunque aclara que aún no se ha dado esa situación.

Alphabet, que indicó que su asistente Gemini tiene ya 650 millones (+44% desde el último trimestre) de usuarios activos al mes –frente a los más de 3.000 millones que se estiman para Chat GPT– y ofreció cifras mejores a las esperadas en su negocio de computación en la nube.

Google (Alphabet) está reabriendo una central nuclear en Iowa para alimentar sus centros de datos.

Entre las tres compañías, han gastado 78.000 millones$ en inversión de capital este trimestre, un 89% más que el año pasado. Esta tendencia continuará en los próximos meses.

Por su parte, Amazon superó ampliamente las expectativas, con una sorpresa positiva del +25%. Sus cifras reflejan que la demanda de capacidad computacional sigue siendo sólida: el negocio en la nube continúa creciendo a un ritmo interanual superior al 20%. De hecho, Andy Jassy, CEO de la compañía, destacó que la demanda actual es la más fuerte desde 2022.

Precisamente, Amazon ha anunciado que reducirá alrededor de 14.000 puestos corporativos (el 4% de su plantilla) en una decisión que, "lejos de reflejar debilidad, simboliza la nueva fase de la revolución de la inteligencia artificial", opina el analista Pablo Gil en The Trader. El ajuste afectará a un máximo de 1.200 trabajadores de sus oficinas corporativas en España (Madrid y Barcelona), pero no a empleados de entregas o de los centros logísticos.

El movimiento encaja con el mensaje que su CEO, Andy Jassy, lleva meses repitiendo: la IA permitirá a Amazon operar con menos personas y más productividad. Menos gasto en salarios, más inversión en algoritmos. Y deja muy claro que no será el último ajuste: la compañía planea seguir “eliminando capas” en 2026.

Aunque el despido masivo previo a Navidad pueda parecer impopular, el mensaje subyacente es claro: las tecnológicas siguen priorizando la eficiencia y el capital intensivo en IA sobre el empleo humano. Esto sugiere que el ciclo de inversión en inteligencia artificial aún está en plena expansión, y que la 'burbuja' que muchos temen no muestra señales de pincharse. Lejos de entenderse como debilidad, Amazon está reconfigurando su estructura para alimentar el mayor cambio tecnológico de las próximas décadas y adelantarse siempre gusta a los mercados.

Apple —una de las tecnológicas más alejadas de la ola de inversión en inteligencia artificial— presentó unos resultados que convencieron a los mercados, registrando el mejor tercer trimestre de su historia en términos de ventas, al superar la barrera de los 100.000 millones$. Su segmento más rentable, el de servicios, creció a una tasa interanual del 15%. Tim Cook, CEO de la empresa, anunció que se incrementarán los gastos operativos relacionados con el desarrollo de IA, aunque serán apenas 1.500 millones$, una cifra significativamente inferior a la de otras compañías del sector.

Además, Apple recibió buenas noticias en el ámbito comercial: el único arancel que paga actualmente —relacionado con el fentanilo y China— se reducirá a la mitad. La obligación de pago del resto de aranceles fue eliminada tras el compromiso de aumentar la inversión doméstica. En este trimestre, la compañía abonó 1.100 millones en aranceles, y estima que esta cifra podría ascender a 1.400 millones en el último trimestre del año.

 No obstante, la nota negativa vino precisamente de China, donde la demanda sigue siendo débil debido al aumento de la competencia local. En los últimos tres años, la participación de China en las ventas de Apple ha descendido del 20% al 14%.Llama la atención la diferente evolución en Bolsa tras presentar resultados: Alphabet (+2,5%), frente a los retrocesos de Microsoft (-2,9%) y sobre todo Meta (-11,3%). 

En el caso de la propietaria de Facebook, los mercados censuran sobre todo la decisión de Mark Zuckerberg de emitir deuda por 30.000 millones$, en una petición al mercado para seguir impulsando la inversión en IA, que tuvo en cualquier caso una demanda récord cercana a los 110.000 millones.

OpenAI pide a EEUU duplicar su capacidad energética anual (100 GW/año) para sostener el boom computacional. Y Qualcomm entra en el negocio de chips para servidores de IA, llegando a subir un 11% en Bolsa.

Todo esto apunta a un patrón: las grandes tecnológicas están reorientando su gasto hacia infraestructura, chips y energía para sostener el crecimiento del sector. Según estimaciones de analistas, el capex de las grandes nubes (Amazon, Microsoft, Google) crecerá más del 50% este año. En 2026, ese crecimiento bajaría al 20%, y ahí llegará el examen real: demostrar retornos tangibles de la inversión.

Las grandes tecnológicas han superado con creces las expectativas de crecimiento trimestral. Sin embargo, los cuatro principales “hiperscalers” —Amazon, Meta, Microsoft y Alphabet— comienzan a mostrar señales de que los costes operativos y la fuerte inversión en inteligencia artificial podrían empezar a limitar la expansión de márgenes que han disfrutado en los últimos años. Esto sugiere una estrategia más ambiciosa a largo plazo, en la que se sacrifica parte del crecimiento inmediato para posicionarse como líderes en el efervescente mercado global de la IA.

Puede que las cifras trimestrales recientes de las grandes tecnológicas generen ciertas dudas, pero la carrera por el dominio de la IA sigue su curso, en un entorno geopolítico más estable y con una Reserva Federal menos restrictiva. Estos tres factores, junto con la buena estacionalidad de los últimos meses del año, permitirán a estas empresas y a las Bolsas seguir avanzando.