11Oct

"Una economía no se hace verdaderamente más rica porque tenga cada vez más trabajadores. Se hace más rica cuando esos trabajadores son capaces de producir más valor, cobrar más en términos reales y acumular patrimonio a lo largo de su vida", explica Pablo Gil en The Trader.

Miguel Ángel Valero

"España es rica, y sus ciudadanos, pobres", asegura Pablo Gil en The Trader. Hay una aparente contradicción en la economía española que, según este analista, merece ser explicada. España crece más que buena parte de Europa. El empleo está en máximos históricos, la población aumenta y los organismos internacionales siguen situando nuestro crecimiento claramente por encima del de la zona euro. Entonces, ¿por qué tantos ciudadanos no reconocen esa prosperidad cuando miran su cuenta corriente? "Quizá porque estamos confundiendo que crezca el país con que se enriquezcan sus habitantes", responde.

El PIB mide cuánto produce una economía en conjunto. Pero una economía también puede crecer porque tiene más trabajadores y más población, sin que cada trabajador produzca mucho más ni cada ciudadano viva necesariamente mejor. Y ahí aparece una de las claves del modelo español. Una parte importante del crecimiento reciente ha venido acompañada de un fuerte aumento del empleo y de las horas trabajadas, mientras la productividad continúa siendo uno de nuestros grandes problemas estructurales.

Estamos creciendo en buena medida porque somos más trabajando, no porque cada trabajador produzca mucho más. Y la inmigración ha sido fundamental para ello. El crecimiento de la población extranjera ha aumentado la población activa, el empleo, el consumo y el tamaño de nuestra economía. Eso es positivo.

El problema es transformar ese aumento de población y empleo en actividades de mayor valor añadido y aumentos sostenidos de productividad. Porque si el PIB crece, pero también aumenta considerablemente la población, la mejora por habitante es mucho menor. 
Y ahora llegamos al dato que probablemente mejor explica el análisis: ¿Cuánto cobra realmente un español? Según el INE, en 2024 el salario medio mensual bruto del empleo principal fue de 2.385,6€. Pero la media está condicionada por los salarios más altos. El salario mediano, mucho más representativo, fue de apenas 2.001€ brutos mensuales.

La mitad de los asalariados españoles cobraba menos de unos 2.000€ brutos al mes, incluyendo a quienes trabajan a jornada parcial. Además, el 30% cobraba menos de 1.582€ y otro 40% se encontraba entre 1.582 y 2.660. Eso quiere decir que siete de cada diez asalariados no alcanzaban los 2.660 euros brutos mensuales.

Mientras tanto, las rentas situadas en la parte inferior de la distribución han mejorado considerablemente. El salario mínimo alcanza en 2026 los 1.221€ mensuales en 14 pagas, mientras la pensión media del sistema se sitúa en septiembre en 1.374,6 mensuales y la de jubilación en 1.576,1.

Que mejoren las rentas más bajas es positivo. El problema aparece cuando las rentas intermedias no avanzan al mismo ritmo. El suelo salarial sube, las pensiones se actualizan y una enorme masa de trabajadores permanece concentrada en una franja salarial relativamente estrecha.

Pero es que, además, sobre esa “clase media” golpea con más fuerza la fiscalidad.
Imaginemos que alguien pasa de ganar 30.000€ a 33.000 mientras el coste de la vida ha aumentado aproximadamente un 10%. Aunque sobre el papel (incremento nominal) gana más, realmente apenas ha mejorado su poder adquisitivo. Sin embargo, si los tramos, mínimos y deducciones del IRPF no se actualizan completamente con la inflación, puede terminar pagando más impuestos. Es lo que se conoce como progresividad en frío o “fiscal drag”. No hace falta subir los tipos del IRPF para aumentar la presión fiscal efectiva. La inflación puede hacerlo por ti.

A ello hay que sumar las cotizaciones sociales. La OCDE calcula que la cuña fiscal de un trabajador soltero y sin hijos con salario medio en España alcanzó el 41,4% del coste laboral en 2025, frente al 35,1% de media de la OCDE.

¿Y qué significa eso de la cuña fiscal? Pues es la diferencia entre lo que le cuesta un trabajador a la empresa y lo que finalmente llega a su bolsillo, teniendo en cuenta impuestos y cotizaciones. Si contratar a una persona cuesta 100€, una cuña fiscal del 41,4% significa que 41,4€ se destinan a impuestos y cotizaciones, y solo 58,6 llegan como salario neto al trabajador.

El resultado empieza a parecerse a un embudo. Por abajo, elevamos el salario mínimo y protegemos las pensiones frente a la inflación. En el centro, millones de trabajadores permanecen en salarios relativamente modestos mientras soportan impuestos, cotizaciones y un coste de la vida creciente. Y por arriba, quienes poseen patrimonio —especialmente vivienda y activos financieros— cuentan además con una vía de creación de riqueza que no tiene quien depende exclusivamente de su nómina.

"No creo que sea riguroso decir que la clase media española haya desaparecido. Pero sí podemos hablar de una clase media cada vez más comprimida. Porque tener un salario de 2.000€ o 2.500 brutos mensuales puede parecer razonable sobre el papel. Hasta que pagas impuestos y cotizaciones. Hasta que intentas comprar o alquilar una vivienda. Hasta que tienes hijos. Hasta que intentas ahorrar. Y entonces se entiende por qué alguien puede escuchar que España atraviesa uno de sus mejores momentos económicos y preguntarse: ¿Dónde está mi parte?", argumenta este experto.

España ha tenido probablemente una de las mayores oportunidades de su historia reciente para transformar nuestro modelo productivo. El Plan de Recuperación español, financiado a través de los fondos europeos NextGenerationEU, ha quedado finalmente configurado en algo más de 102.000 millones€: casi 80.000 millones en transferencias no reembolsables y unos 23.000 millones en préstamos que tendremos que devolver.

Ahora que nos acercamos al final de esa inmensa fuente de apoyo, la pregunta ya no debería ser cuánto dinero hemos conseguido, sino qué economía hemos construido con él. Después de semejante inyección de recursos es obligatorio hacerse la siguiente pregunta: ¿Hemos conseguido transformar sustancialmente nuestro modelo productivo y elevar nuestra productividad potencial?

Porque, además, no todo ese dinero era gratis. Unos 23.000 millones son préstamos que España tendrá que devolver. Endeudarse para construir una economía mucho más productiva puede ser una magnífica inversión. Endeudarse sin elevar suficientemente su capacidad de crecimiento significa trasladar parte de la factura que habrá que pagar hacia el futuro.

Dentro de unos años nadie debería juzgar Next Generation por cuántos miles de millones conseguimos gastar, sino por cuánto aumentaron gracias a ellos nuestra productividad, nuestra inversión privada y nuestra capacidad para generar salarios reales más altos. Porque esa es la verdadera medida de la prosperidad.

"Una economía no se hace verdaderamente más rica porque tenga cada vez más trabajadores. Se hace más rica cuando esos trabajadores son capaces de producir más valor, cobrar más en términos reales y acumular patrimonio a lo largo de su vida.  Quizá por eso la aparente contradicción de la que partíamos no sea tan contradictoria como parece. España puede ser cada vez más rica mientras una gran parte de sus ciudadanos continúa sintiéndose pobre.