Europa sigue centrándose en la fabricación de chips industriales y para la automoción, una estrategia coherente con su estructura económica pero que que la deja rezagada en materia de inteligencia artificial.
Miguel Ángel Valero
La producción de productos electrónicos y de tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) mantendrá este año los mismos niveles de crecimiento que en 2025, en el entorno del 10,3% y sufrirá un descenso en 2027 (6,5%), según un estudio de Crédito y Caución. Estas sólidas tasas de crecimiento se deben principalmente al auge actual de la inteligencia artificial, tanto por su importancia para las empresas como para las estrategias geopolíticas.
Todo ello está generando grandes inversiones en este sector. Sin embargo, la imposición de aranceles a los productos electrónicos importados sin exenciones sigue siendo un escenario negativo. Además, un deterioro de las relaciones entre China y EEUU puede afectar negativamente a las cadenas de suministro mundiales de TIC y electrónica.
Por el momento, se espera que las ventas mundiales de semiconductores crezcan un 18,8% este año, tras un 22,8% en 2025, impulsadas por los chips de última generación para centros de datos de inteligencia artificial.
Europa, sin embargo, se sitúa a la cola del crecimiento de este sector, con unas previsiones para 2026 de 1,3%, frente al 10,3% de la media global. La zona euro está perdiendo competitividad ya que no está especializada en la producción de chips de alta gama utilizados para la IA, ni existe un fuerte auge de la inversión en ello hasta ahora.
La región sigue centrándose en la fabricación de chips industriales y para la automoción, una estrategia coherente con su estructura económica pero que podría dejar a Europa rezagada en materia de inteligencia artificial, a pesar de los esfuerzos que se están haciendo por parte de las autoridades europeas. La Ley de Chips de la Unión Europea prevé invertir 43.000 millones€ en la producción y la investigación locales de semiconductores, con el objetivo de reducir la dependencia de las importaciones procedentes de Asia y alcanzar una cuota del 20% de la producción mundial de chips para 2030. Sin embargo, las estimaciones actuales sugieren que ese objetivo sea muy difícil de conseguir.
A largo plazo, el aumento del gasto militar en la región debería contribuir al crecimiento del sector. Este es especialmente el caso de Alemania, donde un cambio en las normas fiscales está proporcionando margen para ampliar el gasto.
