29Apr

Las personas de entre 65 y 74 años acumulan de media más de 425.000€, frente a unos 83.000 en los menores de 35.

Miguel Ángel Valero

La riqueza de las familias en España se ha duplicado en los últimos 20 años, pero este crecimiento no ha sido equitativo: la brecha generacional en patrimonio superaba en 2022 los 340.000€ entre mayores y jóvenes -en 2024 apenas se incrementa un 3%-, según el informe “Evolución de la riqueza de las familias en España (2002–2022)”, publicado por el Instituto Santalucía, órgano de reflexión del grupo asegurador. El estudio, elaborado por José Ignacio Conde-Ruiz (FEDEA y Universidad Complutense) y Francisco García-Rodríguez (Universidad de Alcalá y Equalitas), revela que las personas de entre 65 y 74 años acumulan de media más de 425.000 euros, frente a unos 83.000 en los menores de 35.

El análisis, basado en los microdatos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España, constata un crecimiento significativo de la riqueza, pero advierte de un aumento de la desigualdad, especialmente entre generaciones. En este sentido, la riqueza neta de los hogares españoles ha aumentado un 80,9% entre 2002 y 2022, impulsada principalmente por el valor de la vivienda y, más recientemente, por el crecimiento de los activos financieros. Sin embargo, este crecimiento se ha visto interrumpido por la crisis financiera de 2008 y la pandemia, y no ha beneficiado por igual a todos los hogares. 

Uno de los principales hallazgos del informe es la creciente fractura generacional en la acumulación de riqueza. En 2022, las personas de entre 65 y 74 años concentran los mayores niveles de patrimonio, mientras que los menores de 35 parten de niveles de patrimonio mucho más bajos. Además, los jóvenes han visto reducirse drásticamente su capacidad de acceso a la vivienda. La tasa de propiedad entre menores de 35 años ha caído de forma acusada desde 2008, consolidando una barrera estructural para la acumulación de riqueza desde edades tempranas. A ello se suma una fuerte caída de su patrimonio, ya que la riqueza mediana de los menores de 35 años se ha reducido un 76,7% desde 2008, reflejando tanto las dificultades para acceder a la vivienda como una menor capacidad de ahorro.

Como consecuencia, los jóvenes no solo acumulan menos activos, sino que una proporción creciente carece de patrimonio significativo, lo que limita su estabilidad financiera y su capacidad de afrontar proyectos vitales a largo plazo.En paralelo, la participación de los jóvenes en la riqueza neta total se ha reducido de forma notable, pasando de representar en torno al 8,2 % en 2002 a apenas el 2,1 % en 2022, mientras que los mayores de 75 años han incrementado su peso desde el 8,3 % hasta el 18,3 %, lo que refleja una creciente concentración del patrimonio en las generaciones de mayor edad. 

El 1% más rico acapara el 21% del volumen total

El informe confirma que el aumento del patrimonio en España ha ido acompañado de una mayor concentración. El 1 % más rico concentra en torno al 21% de la riqueza total, mientras que la mitad más pobre apenas alcanza el 7 %, evidenciando una distribución muy desigual. Esta tendencia también se refleja en el incremento del índice de Gini de la riqueza, que ha pasado de 0,57 en 2002 a 0,69 en 2022, consolidando un patrón de creciente desigualdad patrimonial.

El informe también pone de manifiesto importantes diferencias en la composición del patrimonio según el nivel de riqueza. Los hogares con mayor riqueza presentan carteras más diversificadas, con mayor peso de activos financieros y bajos niveles de deuda, mientras que los hogares con menos recursos concentran su patrimonio en la vivienda habitual y soportan mayores niveles de endeudamiento relativo.

En este contexto, el modelo patrimonial español —fuertemente basado en la vivienda, que representa más del 80 % de los activos— ha favorecido especialmente a las generaciones que accedieron al mercado inmobiliario en condiciones más favorables. Por el contrario, las generaciones más jóvenes afrontan mayores barreras estructurales, como el encarecimiento de la vivienda o la precariedad laboral, lo que limita su capacidad de ahorro.Esta evolución apunta a un modelo cada vez más desigual, con implicaciones relevantes para la equidad intergeneracional y el diseño de políticas públicas en materia de vivienda, ahorro y redistribución.

23Dec

El envejecimiento de la población trabajadora se está produciendo simultáneamente con la Revolución Industrial 4.0 por el avance de la robótica y de la inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

La disminución de la natalidad y el aumento de la longevidad están provocando un cambio drástico en la población. No solo se anticipan disminuciones del tamaño de las poblaciones de la mayoría de los países, sino que el peso de la población en edad de trabajar en la población total también está disminuyendo y lo seguirá haciendo en las próximas décadas, advierte el informe Demografía y productividad: cómo el envejecimiento de la población condiciona el crecimiento económico, elaborado por Juan Francisco Jimeno, presidente del Consejo de la Productividad de España, para el Instituto Santalucía.

Además, la edad media de la fuerza laboral está aumentando, a medida que el peso en la población en edad de trabajar de la población de 50-70 años aumenta y el de la población de 16-39 años disminuye. Las consecuencias económicas y sociales de estos cambios demográficos son profundas y extensas. Se suelen destacar las que se refieren al sostenimiento del Estado del Bienestar tradicional en un contexto demográfico en el que las transferencias hacia la población de mayor edad necesariamente tendrán que aumentar, por los programas de gastos públicos asociados a los sistemas de pensiones, sanidad y dependencia. Sin embargo, los cambios demográficos afectan a todas aquellas dimensiones que determinan la demanda y a la oferta de bienes y servicios de una economía: consumo, inversión, exportaciones netas y producción. 

La disminución de la población trabajadora supone un lastre para el crecimiento de la renta per cápita. El envejecimiento de la población trabajadora también tiene consecuencias sobre el crecimiento de la productividad por varias razones: 

  • un efecto composición negativo (la productividad crece más al inicio de la vida laboral que al final), por lo que el envejecimiento de la población trabajadora hace que la productividad crezca menos, 
  • y cambios derivados en la productividad de los trabajadores de cada grupo de edad como consecuencia de que trabajadores de otros grupos de edad tienen más o menos peso dentro de la fuerza laboral. 

Estos cambios demográficos se están produciendo simultáneamente con cambios tecnológicos profundos (la llamada Revolución Industrial 4.0 por el avance de la robótica y de la inteligencia artificial) y una nueva ola inmigratoria.

Las consecuencias económicas y sociales de los cambios demográficos son muy extensas y profundas y van mucho más allá de las implicaciones para la sostenibilidad del Estado del Bienestar por el consiguiente aumento en los gastos en pensiones y sanidad. El inevitable aumento del peso de la población de mayor edad, asociado a la disminución de la natalidad y al crecimiento de la longevidad, provoca cambios en las decisiones individuales que afectan a la demanda y a la oferta de bienes y servicios. Como resultado, los crecimientos de la tasa de empleo y de la productividad pueden verse afectados negativamente por varios canales. 

Revertir la disminución de la natalidad parece improbable. No hay razones para esperar aumentos de la tasa de fecundidad, pero aunque tuvieran lugar, con el descenso de la población femenina en edad fértil, aumentos de esa tasa (dentro de valores razonables) no supondrían un repunte significativo del número de nacimientos. Y la longevidad seguirá aumentando e, incluso, es posible que lo haga a un ritmo más rápido que en décadas pasadas. 

"Así pues, es la inmigración la única fuente de crecimiento demográfico y de rejuvenecimiento de la población trabajadora. En este contexto, las políticas de selección y de integración laboral de los inmigrantes adquieren una importancia capital", subraya Juan Francisco Jimeno. 

Junto con los cambios demográficos se está tan produciendo cambios tecnológicos, derivados del desarrollo de la robótica y de la inteligencia artificial. Ambos se relacionan entre sí. El envejecimiento de la población y la escasez de oferta de trabajo en determinadas tareas y segmentos del mercado de trabajo incentivan la inversión en nuevas tecnologías y la adopción de estas alteran la demanda relativa de trabajadores de distintas edades. Esta innovación tecnológica cambiará la manera en la que la demografía condiciona el crecimiento económico por sus efectos sobre la demanda y la productividad del trabajo, en toda la distribución sectorial y ocupacional del empleo. Prepararse para dichos cambios mediante las políticas educativas y de empleo apropiadas es el gran reto al que se enfrentan los responsables de las políticas económicas. 

El peor dato de natalidad de la serie histórica

En este sentido, las últimas estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre los nacimientos en España durante 2024 evidencian que solo han nacido 318.005 niños en todo el año pasado, registrando la peor cifra desde que se inició la serie histórica del INE en 1941 y cayendo más de de un 25% en la última década. También es impactante el aumento de la edad media a la que las mujeres tienen hijos ya que, como alerta el equipo de Instituto Bernabeu, el 39,7% de los nacimientos registrados son de madres que superan los 35 años, una edad marcada como el límite de la fertilidad, ya que a partir de ahí las posibilidades de concebir disminuyen significativamente para la mujer. 

"El retraso de la maternidad es uno de los principales desencadenantes de la caída de la natalidad debido a que la edad es uno de los principales obstáculos para lograr el embarazo. Con 30 años la mujer tiene la mitad de probabilidad de ser madre que a los 20-24 años. Y después de los 35 años disminuye considerablemente. Este retraso conlleva no únicamente una dificultad en la consecución de la gestación y aumento del riesgo de aborto, sino también embarazos de mayor riesgo tanto para la madre como para el bebé", explica la doctora Andrea Bernabeu, codirectora médica de Instituto Bernabeu. 

Analizando por edades, ya se producen más partos de madres de 40 años o más (el 10,4% del total), que de mujeres menores de 25 años (un 9,8%) El número de nacimientos de madres de 40 o más años ha crecido en los 10 últimos años pasando de representar el 7,2% del total de nacimientos en 2014 al porcentaje actual, que se eleva hasta el10,4%. Además, hay que tener en cuenta que, mientras que en 1980 las españolas tenían su primer hijo a los 25,6 años, actualmente ese primer bebé nace de una mujer que tiene 32,6 años (33,2 años de las madres españolas, si se saca de la ecuación a la población extranjera). 

La fecundidad presenta notables diferencias entre las mujeres españolas y las extranjeras. Mientras que las españolas tienen una media de 1,07 hijos, entre las extranjeras la cifra asciende a 1,27. "Retrasar la edad del primer hijo, supone en muchas ocasiones, una mayor dificultad en conseguir el embarazo del siguiente hijo; es lo que denominamos infertilidad secundaria, es decir, la dificultad de gestar de forma natural tras el nacimiento del primer hijo. Esto en ocasiones, determina recurrir a un tratamiento de reproducción asistida cuando previamente se había conseguido el embarazo de forma natural”, detalla Andrea Bernabeu

Este contexto deriva en que cada vez haya más parejas españolas que tienen problemas para tener hijos en España (cerca del 20%) y que las clínicas de fertilidad asistida atiendan un mayor volumen de casos. Actualmente 1 de cada 6 niños en el mundo nace mediante reproducción asistida y, en mujeres que superan los 41 años, el 50% de nacimientos es por donación de óvulos. La media de edad de las pacientes que acuden a las clínicas de Instituto Bernabeu ha ido creciendo en los últimos 40 años y ahora es de 39,6 años. Si tenemos en cuenta aquellas que necesitan recurrir a la ovodonación, la edad supera los 42,2.

Sin embargo, en esta crisis de natalidad también influye que tanto la calidad como la concentración de esperma se han reducido drásticamente en un 51% a nivel mundial. El ritmo de descenso es enorme: desde 1973 la concentración de esperma ha disminuido a un ritmo anual de 1,16% y, con el cambio de siglo, a una velocidad de 2,64%. De acuerdo con los rangos de la OMS, se considera un hombre subfértil a una concentración de espermatozoides inferior a 40 millones por mililitro e infértil cuando está por debajo de 15 millones por mililitro. La media obtenida en las muestras recogidas por Instituto Bernabeu muestra una concentración de 33,5 millones de espermatozoides por mililitro.

Novedades en jubilación en 2026

El principal cambio de la edad de jubilación en 2026 es que sube a 66 años y 10 meses, aunque se podrá optar también con 65. Como viene produciéndose desde la reforma de las pensiones de 2013, la edad de jubilación se va retrasando de forma progresiva desde los 65 años hasta los 67 de edad, en que se situará en 2027. La edad de jubilación en 2025 se elevará dos meses, situándose en 66 años y 10 meses para aquellos trabajadores que hayan cotizado menos de 38 años y 3 meses.

Sin embargo, para los cotizantes que vidas laborales largas, superiores a 38 años y 3 meses de cotización, la edad de jubilación puede ser dos años y seis meses antes, se mantienen los 65 años.

En 2026 es posible jubilarse dos años antes de la edad de jubilación ordinaria. La norma permite optar a la jubilación anticipada voluntaria a quienes hayan cotizado al menos 35 años, dos de ellos en los 15 años anteriores a la fecha de jubilación, y cuya pensión no supere la pensión mínima. Opción que es compatible con un trabajador autónomo. De tal manera que quienes cumplan con los requisitos anteriores podrán retirarse del mercado laboral anticipadamente en 2025 a los 64 años y 10 meses si cuentan con menos de 38 años y 3 meses de cotización y a los 63 años si superan esta barrera.

El acceso a esta modalidad de jubilación implica percibir una pensión menor ya que se aplican coeficientes reductores que van en una horquilla de entre el 2,81% y 21%, en función de los meses de adelanto y de los años cotizados.

Por su parte, aquellos trabajadores que se vean inmersos en un despido colectivo por causas económicas, extinción de contrato por resolución judicial, fallecimiento, jubilación o incapacidad del empresario, procedimiento concursal, víctima de violencia de género o una discapacidad, pueden adelantar el retiro laboral cuatro años a la edad legal. Si se han cotizado menos de 38 años y 3 meses, la edad de jubilación en 2026 en caso de ser una jubilación anticipada involuntaria será a los 62 años y 10 meses; si se han cotizado por encima, a los 61 años.  En este caso, los coeficientes reductores van desde el 30% al 0,50%. Los autónomos no pueden acceder a esta modalidad.

La edad mínima para acceder a la jubilación parcial con contrato de relevo se retrasa a los 64 años si se disponen de 33 años o más cotizados o a los 62 años y 6 meses en caso de disponer 36 años o más cotizados en el momento de acceso. La edad de jubilación parcial sin contrato de relevo será la misma que la edad legal de jubilación ordinaria.

Desde 2022, el periodo de cómputo de años para calcular la pensión queda situado en 25 años tras su incremento progresivo desde los 15 años a partir de 2013, a razón de un año por ejercicio. A partir de 2026 se irá incrementando de forma progresiva para situarlo en 27 años (29 años, pero se descartan los dos peores).

La subida de las pensiones contributivas en 2026 será del 2,7% según el dato adelantado del IPC de noviembre, que es el que se utiliza para determinar la prestación, haciendo una media con la cifra de cierre de la inflación de los últimos 12 meses. De este modo, la pensión contributiva de jubilación aumentará en 572€ anuales (1.552,85 al mes, 40,8 más, teniendo en cuenta la pensión media de noviembre). La pensión máxima se situará en 3.359€ al mes. Por su parte, la subida de las pensiones mínimas fue del 6%.

En 2025 se aumentó de forma adicional el complemento de brecha de género en un 8,1%, situándose en 35,9€ al mes (502,6 al año, 14 pagas), con el límite máximo de cuatro hijos.

En 2023, entró un vigor un nuevo sistema que aumentaba de forma progresiva las bases de cotización para trabajadores autónomos hasta 2025.