Solo el 10% de las empresas que forman parte de ese índice hacen reuniones exclusivamente virtuales, frente al 75% del S&P o el 65% del DAX alemán. En el Reino Unido, menos del 5% del FTSE 100 opta por esa fórmula.
Miguel Ángel Valero
Las juntas generales de accionistas celebradas exclusivamente de forma virtual siguen siendo una práctica minoritaria en España. En 2025, menos del 10% de las compañías del Ibex 35 implementaron este formato, que no ha conseguido consolidarse hasta la fecha como estándar de mercado, según el informe Desarrollo internacional de las juntas generales de accionistas exclusivamente virtuales, elaborado por el proxy solicitor y consultor Sodali & Co.
El informe analiza la evolución de este modelo en distintos mercados internacionales y muestra que, aunque el marco legal permite celebrar juntas exclusivamente por medios telemáticos en varias jurisdicciones, su adopción en los países occidentales sigue siendo desigual. En España, la gran mayoría de los emisores del Ibex-35 continúa optando por formatos híbridos, que combinan la asistencia física con la participación remota de los accionistas.
Esta situación contrasta con la evolución en otros países, que han avanzado hacia una transición decidida hacia las juntas generales de accionistas exclusivamente virtuales, al considerar que facilitan la logística, reducen los costes y acortan la duración de las reuniones. En Estados Unidos, caracterizado por una elevada dispersión accionarial, cerca del 75% de las compañías del S&P 500 celebran juntas exclusivamente virtuales, mientras que en Canadá este formato representa aproximadamente la mitad de los emisores del índice S&P/TSX. En Alemania, alrededor del 65% de las empresas del DAX también utilizan esta modalidad.
En la mayor parte de Europa, sin embargo, su implantación sigue siendo limitada. En Reino Unido, menos del 5% de las empresas del FTSE 100 celebran juntas exclusivamente virtuales, y en Portugal la cifra ronda el 15% de los emisores del PSI. En Francia, este formato no está permitido por el marco regulatorio doméstico para las empresas cotizadas. En otros países como Italia, Suiza o Finlandia, aunque la legislación permite su celebración, en la práctica las empresas no organizan esta tipología de reunión. En el caso de Países Bajos, la normativa permite este formato únicamente para juntas extraordinarias de accionistas.
El informe apunta a que esta adopción desigual responde en gran medida a las preocupaciones de inversores y otros grupos de interés sobre la protección de los derechos de los accionistas y la calidad de la interacción con los órganos de gobierno. Entre los principales riesgos asociados a este formato se encuentran posibles limitaciones en la participación durante la junta, fallos tecnológicos o problemas de transparencia en la gestión de las preguntas planteadas por los accionistas.
“El debate sobre las juntas exclusivamente virtuales no es solo tecnológico, sino de gobernanza. Las compañías deben valorar cuidadosamente cómo garantizar los derechos de los accionistas y mantener un diálogo constructivo con sus inversores. Un mal paso puede repercutir en las elecciones del Consejo en las juntas futuras”, señala Eduardo Sancho, gerente de Gobierno Corporativo y Sostenibilidad de Sodali & Co.
De acuerdo con el informe de Sodali & Co, las juntas generales de accionistas híbridas, que permiten tanto la asistencia presencial como la participación telemática, se están consolidando como la práctica más extendida a nivel internacional, así como la más recomendable, dado que combinan las ventajas de la digitalización con la preservación de los derechos de participación de los accionistas.
Robeco: fatiga de empresas e inversores sobre las cuestiones ASG
Durante la última década, los temas relacionados con el ASG (criterios ambientales, sociales y de gobernanza) se han convertido en un elemento habitual en el orden del día de las juntas generales de accionistas, alimentando tanto el activismo como la protesta. Sin embargo, en los dos últimos años, la etiqueta ASG se ha topado con una resistencia creciente a medida que cambiaban las corrientes políticas y se intensificaban las tensiones geopolíticas. Aunque los riesgos de sostenibilidad siguen estando en la base de la mayoría de las resoluciones, los inversores se han vuelto más selectivos y menos dispuestos a defender sus argumentos en términos ASG. Las propuestas audaces y amplias, con tintes ideológicos, están siendo sustituidas por el pragmatismo, el foco y un relato orientado a la inversión, destaca un análisis de Robeco.
Aun así, las cuestiones de fondo no han cambiado y siguen ancladas en los fundamentos de la sostenibilidad: desde el cambio climático y el gobierno corporativo hasta la retribución de los directivos y la disrupción tecnológica. Todos ellos son riesgos ESG persistentes que, se reconozcan explícita o implícitamente, continúan moldeando la creación de valor a largo plazo.
Aunque la intensidad se ha moderado, la fatiga ASG persiste entre empresas e inversores, especialmente en torno al clima. El apoyo a las resoluciones sobre objetivos climáticos se ha estancado, y los accionistas están cambiando de táctica. En lugar de exigir reducciones de emisiones, inversores en grandes petroleras están empleando un lenguaje financiero y piden claridad sobre cómo el “peak oil” afectará al valor para el accionista. Independientemente de la terminología, el cambio climático sigue siendo una amenaza sistémica de largo plazo, con riesgos para la estabilidad financiera.
La inteligencia artificial (IA) se está abordando con un pragmatismo similar. A diferencia de etapas anteriores, cuando las propuestas sobre IA se centraban en el impacto social, hoy aparece rodeada de preocupaciones sobre la supervisión del consejo, las directrices éticas y la gestión de riesgos. Esto encaja con el énfasis histórico de los inversores en la competencia y la rendición de cuentas.
Los “moonshot awards” (bonificaciones extraordinarias por hitos excepcionales) son otra tendencia bajo escrutinio. Estos pagos muy elevados por un desempeño extraordinario (a menudo ligado a un único KPI) plantean varias preocupaciones: ofrecen pocas garantías de un rendimiento consistente a largo plazo, pueden incentivar una asunción excesiva de riesgos —ya que los directivos capturan el alza mientras los accionistas soportan la baja— y socavan las estructuras retributivas tradicionales que premian el éxito sostenido en objetivos diversos.
"En EEUU, esperamos menos propuestas de accionistas, pero más focalizadas. Las batallas de voto (proxy fights), las campañas vinculadas a fusiones y adquisiciones (M&A) y las intervenciones a nivel de consejo seguirán siendo destacadas, pero el volumen total de propuestas está disminuyendo. Esto se debe en gran medida a resoluciones regulatorias y cambios en los procedimientos de voto que influyen en quién puede presentar una resolución y qué propuestas llegan realmente a la papeleta. Las nuevas normas de la SEC están dificultando que los pequeños accionistas tengan voz al limitar el uso de EDGAR a inversores que mantengan al menos 5 millones$ en acciones de la compañía. Al mismo tiempo, el menor uso por parte de la SEC de las “no-action letters” (cartas de no actuación) ha desplazado poder hacia las empresas, al dejar en sus manos decidir qué propuestas llegan a la votación de la AGM. Hasta ahora, las respuestas corporativas han sido dispares: algunas mantienen las propuestas en el orden del día, mientras que otras lo utilizan como herramienta para eliminar de la papeleta propuestas no deseadas y presión externa", explican los expertos de Robeco.
Mientras tanto, en Asia el poder se está descentralizando, ya que las reformas de gobierno corporativo redistribuyen la influencia desde los conglomerados y las complejas estructuras de participaciones cruzadas hacia grupos más amplios de accionistas. Ejemplos ilustrativos incluyen las iniciativas “Value Up” de Corea del Sur y las reformas estructurales en curso en Japón, que buscan mejorar la calidad del gobierno corporativo, reducir riesgos, liberar capital y aumentar el valor para el accionista a largo plazo. Y aunque las expectativas son moderadas, también están surgiendo señales positivas desde China.
A medida que arranca la proxy season de 2026, lo relevante es el volumen de presentaciones y, sobre todo, su contenido. Los inversores están eliminando el envoltorio ideológico y volviendo a los principios fundamentales: riesgo, resiliencia, gobernanza y creación de valor a largo plazo. El poder de la stewardship (implicación activa del inversor) no está disminuyendo; simplemente está cambiando de forma.