16Oct

Tanto empresas como trabajadores deben mirar de forma positiva la IA, ya que esta tecnología "ayuda a los empleados de forma positiva, porque la IA va a hacer las tareas más repetitivas", traduciéndose en horas ganadas para la eficiencia y el ocio, destaca Cristina Mateo, autora de 'From The Office to industry'.

Miguel Ángel Valero

El Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) del 16 de octubre publica la Decisión de Ejecución (UE) 2026/2308 de la Comisión de 6 de octubre de 2026 sobre la solicitud de registro, con arreglo al Reglamento (UE) 2019/788 del Parlamento Europeo y del Consejo, de la iniciativa ciudadana europea Creación del Distrito Digital Europeo (.IA) para la Gobernanza de la IA Soberana, impulsada por Eloy López Sánchez y Aristeidis Tsitiridis.

Esta iniciativa ciudadana se presentó el 19 de agosto de 2026 se presentó a la Comisión para la solicitud de registro. El propósito de la iniciativa expresado por los organizadores es "instar a la Comisión a proponer un marco para espacios digitales de alta confianza y ejercer la iniciativa europea ante la ISO y la ICANN para salvaguardar el dominio .IA». Los organizadores han establecido tres objetivos:

  • 1. Proponer un marco comunitario que promueva “Distritos Digitales de Alta Confianza” y entornos de prueba (sandbox) para IA ética en la UE
  • 2. Ejercer competencias de representación exterior para negociar ante la ISO (Agencia 3166) y la ICANN/IANA la reserva, protección y asignación del espacio de nombres .IA como activo de soberanía digital europea [vía Reglamento (UE) 2019/517]; 
  • 3. Establecer que el registro y resolución del dominio .IA integren la Identidad Digital Soberana (eI DAS 2.0), la auditoría algorítmica transparente (AI Act) y la protección de datos personales (GDPR), creando un estándar ético y legal global.

La Comisión considera que podría adoptar propuestas de actos jurídicos para regular el espacio y la infraestructura de datos, incluidos los dominios, sobre la base de los artículos 16, 114, 172 o 173 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea. Y que ninguna de las partes de la iniciativa queda manifiestamente fuera del marco de las atribuciones de la Comisión para presentar una propuesta de acto jurídico de la Unión, sin perjuicio de la evaluación del cumplimiento o no, en este caso, de las condiciones sustantivas concretas necesarias para que la Comisión actúe, como son la observancia de los principios de proporcionalidad y subsidiariedad y la compatibilidad con los derechos fundamentales.

"La iniciativa no es manifiestamente abusiva, frívola o vejatoria, ni manifiestamente contraria a los valores de la Unión según se establecen en el artículo 2 del Tratado de la Unión Europea ni a los derechos consagrados en la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea. Procede, por tanto, registrar la iniciativa titulada Creación del Distrito Digital Europeo (.IA) para la Gobernanza de la IA Soberana".

La Fed asegura que la IA impulsará la productividad y el crecimiento

Las preocupaciones en torno a la IA comenzaron a disiparse ayer tras las palabras del presidente de la Fed, Kevin Warsh, quien mostró su confianza en que la nueva tecnología contribuya a impulsar la productividad y el crecimiento de la economía estadounidense. 

Ante el aumento de la presión sobre la deuda de CoreWeave, convertida en uno de los nuevos focos de inquietud en torno al desarrollo de la IA, Jensen Huang, CEO de Nvidia, la segunda mayor accionista de la compañía de infraestructura de IA, asegura que no contempla un impago inminente y que tampoco considera necesario ningún rescate, aunque sus declaraciones ponen de manifiesto que el mercado ya concede cierta probabilidad a ese escenario. Las acciones de CoreWeave cerraron con un +6% tras sus palabras. No obstante, el seguro de impago sobre el bono con vencimiento llegó a alcanzar los 1.000 puntos básicos intradía, un nivel que indica que los mercados ponen una probabilidad de impago cercana al 60% en los próximos cinco años.

Por otro lado, dentro de la segunda línea de inversión en centros de datos, la compañía europea especializada en sistemas y componentes eléctricos, Schneider Electric, ha elevado sus previsiones de crecimiento de los ingresos para este año hasta un rango del 12%-14%, frente al 10%-13% anterior. La demanda procedente de los centros de datos está siendo el principal motor de esta expansión, lo que junto con la demanda saludable del resto de sus segmentos les permitirá alcanzar los 50.000 millones de ingresos en 2028. Además, la demanda en China ha sorprendido positivamente, apoyada también por el aumento de la inversión en centros de datos.

Agentes IA descontrolados

Pero sigue la preocupación sobre la IA. Un grupo de investigadores llamado Swarmchasers ha publicado un informe sobre una flota de agentes de IA salida de un entorno de pruebas de Tencent Cloud. Entre el 18 de septiembre y el 8 de octubre, esos agentes intentaron sacar datos de Amap, el Google Maps de Alibaba, saltándose sus protecciones contra bots. Los investigadores consiguieron incluso conversar con ellos, en lo que consideran el primer contacto con agentes descontrolados en internet.

Mientras, ocho estados de EEUU demandan a OpenAI por vender ChatGPT como seguro para menores y porque el chatbot animó a autolesiones y violencia. Piden indemnizaciones por daños y cambios en sus medidas de seguridad.

Ramp ha abierto al público Glass, el espacio de trabajo con IA que usaba por dentro. Es un sistema compartido por todos los equipos que va recordando cómo funciona la empresa. 

Google amplía la detección de estafas con Gemini en la app de Mensajes de Android con Protección Mejorada. Cuando al usuario le llega un número que no está en tus contactos, Gemini puede leer la conversación desde la nube para decidir si es una estafa. Google Play abre la puerta a las apps hechas con IA. Los usuarios de EEUU ya pueden usar en privado las apps que crean describiéndolas en AI Studio.

Claude Code se renueva para manejar varios agentes a la vez. Llega con más de 5 cambios visuales pensados para lanzar y seguir varios agentes en paralelo desde la misma pantalla.

Anglo American confirma que las tecnológicas quieren comprar acciones de mineras para asegurarse cobre. La empresa, que se fusiona con Teck por 50.000 millones$, admite que le han tanteado. Su jefe, Duncan Wanblad, habla de "interés profundo", aunque no hay compras cerradas. BHP también negocia con las grandes nubes y Amazon ya compra cobre a Rio Tinto con la tonelada a 14.329$ ¿Por qué una mina y no un contrato? Porque un centro de datos devora cobre, aluminio y acero, y no hay metal para todos. "Es el restaurante que se compra la granja para no quedarse sin tomates", pone como ejemplo Zumitow. Con las big tech de socias, las mineras pasan de negocio cíclico a proveedor estratégico de la IA, y eso cotiza al alza en Bolsa. También evidencia que al cobre le queda camino alcista.

Rocket Lab vuelve a retrasar el estreno del cohete Neutron, su gran argumento para competir contra SpaceX, hasta 2027. Los ingenieros han encontrado burbujas microscópicas entre las capas de fibra de carbono de un tanque y toca fabricar la pieza de nuevo. 

Cristina Mateo: 'From The Office to industry'

Por otra parte, From The Office to industry, de Cristina Mateo y publicado por LID Editorial, analiza cómo afecta la revolución de la IA al futuro del trabajo, y lo hace "a través de un instrumento que todo el mundo conoce, las series", explica Juan Ignacio Entrecanales. Las series son un reflejo social de cómo quiere trabajar la gente, "son una reivindicación y podemos aprender mucho de ellas", señala la autora, que analiza 14 (entre ellas, Mad Men, Succession, The Office, Industry, Separación, El Oso, Borgen, The Morning Show, Hacks o Silicon Valley) anticipando las transformaciones que están redefiniendo la forma de trabajar y de convivir. 

La revolución a la que nos enfrentamos no es tecnológica, es social. La combinación de la tecnología con la convivencia de hasta seis generaciones en un mismo entorno laboral "nos lleva a pensar en el trabajo como una actividad relacional y social, no meramente económica", insiste Cristina Mateo, lo que desemboca en "Custodia relacional", un término para afrontar la avalancha tecnológica donde la atención, la memoria, el juicio y la responsabilidad se convierten en los valores fundamentales del trabajo humano.

Tanto empresas como trabajadores deben mirar de forma positiva la IA, ya que esta tecnología "ayuda a los empleados de forma positiva, porque la IA va a hacer las tareas más repetitivas", traduciéndose en horas ganadas para la eficiencia y el ocio, destaca Cristina Mateo. La diferencia se encuentra entre las personas que utilizan la tecnología y las que no, la IA "no es una tecnología para técnicos, es una tecnología para todos que hay que aplicar de forma responsable", subraya Victoria Medina. 

"Es fundamental trabajar con los equipos porque eso forma parte de la experiencia de cliente… Cuidar a las personas, saber de sus vidas, es muy importante para conseguir esa experiencia, apunta Pilar León. Sobre teletrabajo y presencialidad, "lo ideal es permitir cierta flexibilidad de tal forma que sénior y júnior coincidan en el espacio de trabajo y puedan retroalimentarse", considera Mark Chown. "Esta realidad queda reflejada en la arquitectura de los espacios de trabajo, en las aulas… Se ha pasado a un entorno donde se combina lo real con lo virtual creando espacios de socialización", señala Santiago Íñiguez. 

"Pensar en qué espacios físicos, pero también conceptuales, necesitamos para que las cualidades de la custodia relacional se puedan ejercer es importante. La atención, la memoria, el juicio y la responsabilidad no suceden por osmosis, necesitamos espacios donde se puedan practicar, espacios para deliberar, espacios para intercambiar", recalca Cristina Mateo.

La cultura organizativa, el liderazgo, la convivencia entre generaciones, el trabajo híbrido, el burnout, el diseño de los espacios de trabajo o el impacto de la IA son los aspectos que se abordan en 'From the Office to Industry', una mirada original que ayuda a comprender los grandes retos del mundo laboral y a anticipar hacia dónde evolucionarán las organizaciones del siglo XXI.

07Apr

Las economías más ricas y las más orientadas a los servicios cognitivos son las más expuestas a la automatización, mientras que los países en los que el empleo sigue estando más orientado al comercio, servicios personales, construcción, o transporte muestran una exposición más moderada.

Miguel Ángel Valero

Más de tres años después del lanzamiento de ChatGPT, el impacto de la inteligencia artificial (IA) en el empleo sigue siendo, en gran medida, invisible en las estadísticas agregadas. Sin embargo, está empezando a manifestarse de forma marginal en determinados segmentos del mercado laboral, especialmente en puestos de nivel inicial dentro de los sectores más vulnerables. En este contexto, España presenta una exposición a la automatización impulsada por la IA ligeramente inferior a la media europea.

En el escenario Special Agent, un 15,2% del contenido de las tareas en la población activa española se encuentra en riesgo, situando al país dentro de un grupo de economías del sur de Europa —junto a Portugal e Italia y, de forma más difusa, Grecia, Bulgaria, Rumanía y Turquía— con niveles de exposición moderados, según el estudio ‘La próxima frontera de la automatización: un mapa de escenarios sobre la exposición laboral a la IA’, elaborado por Coface y el Observatorio de Empleos Amenazados y Emergentes (OEM), con el objetivo de analizar a nivel internacional qué tareas y profesiones están más expuestas a la automatización por IA y anticipar su impacto en el mercado laboral.

Y es que, al ofrecer un análisis único de la exposición a la automatización impulsada por la IA de las tareas que componen las diferentes profesiones, este análisis pone en relieve un cambio en la frontera de la automatización: con la IA, son ahora las tareas cognitivas, complejas y cualificadas las que parecen estar cada vez más en peligro, lo que plantea un riesgo de trastorno en la estructura del empleo.

De esta forma, la posición de España en el mapa global refleja tanto la estructura económica como la del empleo del país, donde sectores como el comercio minorista, el transporte, los servicios de alojamiento y restauración, la construcción y el sector inmobiliario desempeñan un papel más importante que en la media europea. Por el contrario, la industria manufacturera, la información y comunicación, los servicios profesionales y científicos, y el amplio bloque de los servicios públicos tienen una presencia relativamente menor. 

Como consecuencia, el empleo está menos concentrado en ocupaciones corporativas y digitales altamente expuestas —más predominantes en el noroeste de Europa— y más orientado hacia funciones de atención al cliente y administrativas propias de la economía de servicios. En esta configuración, la exposición a la IA se ve impulsada principalmente por profesionales de ventas y atención al cliente, empleados administrativos generales, y puestos empresariales y administrativos, así como determinadas ocupaciones de ingeniería y técnicas aplicadas; mientras que el menor peso de los segmentos corporativos de gama alta y con un uso intensivo de las TIC actúa como factor moderador de la exposición global.

El estudio destaca una ruptura importante con las oleadas de automatización anteriores: la IA no representa una continuación de tecnologías como la robótica o el software, sino que desplaza el foco hacia tareas cognitivas que son complejas y no repetitivas. Su impacto es muy variado: se percibe primero a nivel de tarea, antes de tener un impacto desigual en las profesiones, los grupos profesionales y, más allá de eso, en los sectores en los que se concentran.

En el escenario principal estudiado, relativo al despliegue de la IA basada en agentes, aproximadamente una de cada ocho profesiones a nivel mundial supera el umbral del 30% de tareas automatizables, lo que el estudio identifica como un umbral para una profunda transformación de la profesión, allanando el camino para una redistribución potencialmente significativa del personal, sin que ello signifique necesariamente su desaparición. Las profesiones más expuestas se concentran en campos altamente cognitivos y con un uso intensivo de la información: ingeniería, TI, funciones administrativas, finanzas, derecho y ciertas profesiones creativas y analíticas.

Por el contrario, las ocupaciones menos vulnerables siguen siendo en gran medida manuales o implican interacciones humanas difíciles de estandarizar: la industria manufacturera, la construcción, el mantenimiento, el transporte, la restauración, la limpieza y determinadas actividades de cuidados y asistencia.

El estudio también mide el contenido real del trabajo en riesgo en cada mercado laboral examinado, comparando la proporción de tareas automatizables en cada una de las 923 ocupaciones con su volumen de empleo. Al agruparlas en ocho categorías amplias, identifica los grupos ocupacionales con mayor riesgo.

Las conclusiones son claras: más de una cuarta parte del contenido del trabajo podría automatizarse en los sectores de gestión y administración, profesiones creativas, derecho y finanzas, así como en ingeniería y tecnologías de la información. Por el contrario, los servicios presenciales y las ocupaciones técnicas, artesanales y de producción industrial se mantienen por debajo del umbral del 10 %. Los empleos en el ámbito de los cuidados, la educación, las ventas y, en términos más generales, las profesiones de cara al público ocupan una posición intermedia: algunas de sus tareas están en riesgo, pero su dimensión humana sigue actuando como factor protector.

El estudio destaca que la exposición de los países a la automatización impulsada por la IA varía significativamente, oscilando entre alrededor del 12% del contenido laboral expuesto a la automatización (definido como la proporción de tareas automatizables en relación con el empleo total) en Turquía y casi el 20% en el Reino Unido. Estas diferencias se explican en gran medida por la estructura de las economías, que determina en gran parte la estructura del empleo y, en consecuencia, la proporción de tareas que pueden automatizarse potencialmente.

Las economías más ricas y las más orientadas a los servicios cognitivos parecen, por tanto, ser las más expuestas a la automatización. Además del Reino Unido, los Países Bajos, Irlanda y Luxemburgo presentan una mayor concentración de ocupaciones intensivas en información, mientras que los países en los que el empleo sigue estando más orientado al comercio, los servicios personales, la construcción, el transporte u otras actividades más intensivas físicamente muestran una exposición más moderada. El estudio identifica cinco grupos de países con perfiles similares.

Dado que afecta a profesiones cualificadas y bien remuneradas, la implantación de la IA podría acabar alterando los equilibrios económicos y sociales. Al automatizar algunas de las tareas que se realizan en las profesiones más cualificadas, podría desplazar de manera notable una parte significativa del valor añadido del trabajo hacia el capital. Para los países cuyos sistemas fiscales dependen en gran medida de la tributación directa o indirecta del trabajo, esta evolución plantearía un doble desafío presupuestario, al reducir los ingresos fiscales (cotizaciones a la seguridad social, impuesto sobre la renta, IVA, etc.) y, al mismo tiempo, aumentar el gasto público (seguro de paro, formación).

El estudio también nos invita a considerar de manera más amplia el valor de la educación y las titulaciones que se otorgan actualmente al final de diversos itinerarios educativos. Si algunas de las tareas para las que preparan los estudios de larga duración se vuelven más fácilmente automatizables, el vínculo entre el nivel educativo, la remuneración y la seguridad laboral podría debilitarse. Sin llegar (todavía) a la conclusión de que la educación superior ya no es necesaria, estos hallazgos sugieren que los empleadores podrían dar menos importancia a las titulaciones por sí solas y centrarse, en cambio, en habilidades que sigan siendo complementarias a la IA, como el criterio, la adaptabilidad o la capacidad de supervisar su uso.

El auge de la IA podría dar lugar a nuevas vulnerabilidades geopolíticas, logísticas y operativas debido a la concentración de sus activos más críticos (semiconductores, modelos de lenguaje, centros de datos) en un número limitado de empresas y países que controlan las tecnologías.

Aunque la trayectoria exacta de estas transformaciones sigue siendo incierta, y la transición de la exposición técnica de las tareas a sus efectos netos sobre el empleo no es automática, hay un punto que destaca claramente: la IA no se está implementando en los márgenes del trabajo, sino en una parte de sus funciones cognitivas, no rutinarias y cualificadas, percibidas desde hace tiempo como las más seguras. Dado que estas funciones forman parte de ocupaciones que desempeñan un papel fundamental en la generación de ingresos, valor añadido y recaudación fiscal, parece poco probable que tal transformación pueda tener lugar sin remodelar, en mayor o menor medida, la naturaleza de los puestos de trabajo y los equilibrios que los sustentan.

Claves para gobernar la IA 

Por su parte, Millán Berzosa, autor de Gobernar con lo que viene. Tecnología y liderazgo estratégico para CEOs y consejeros (LID Editorial), comenta que "si hablamos de inteligencia artificial, esta puede llevarnos rápido a muchos lugares, pero difícilmente lo hará en la dirección correcta y al destino deseado sin orden práctico y la guía adecuada de las instancias de decisión. Es por ello que, para gobernar con lo que viene, debemos entender qué tecnologías importan, liderar para propiciar un cambio real y positivo, tener  criterio anticipativo, idear para construir el mejor futuro posible y ampliar nuestra mirada":

  • 1. Entender qué tecnologías importan y por qué. Hay que poner orden en todo: desde los agentes, los sistemas multiagente, o los retos de los entornos de pruebas, a las implicaciones para los equipos y la cultura corporativa. Los líderes tienen el reto de conectar la realidad con el valor que tiene la tecnología, y poner el énfasis en tomar decisiones informadas, sin dejarse arrastrar solo por los elementos de novedad.
  • 2. Qué cambio queremos liderar. Es momento de aprovechar herramientas con enorme capacidad de procesamiento para aligerar tareas y ganar en eficiencia en términos de tiempo, capacidades y optimización del talento. Pero a la vez, en estos tiempos de aceleración y de estrés por no quedarse atrás, evitar sucumbir al FOMO (Fear of Missing Out, miedo a quedarse fuera) y acabar en una suerte de seguidismo irreflexivo, ante sistemas que muchas veces predicen un conjunto de variables típicas y lo hacen con un resultado que tienen toda la apariencia de ser verosímil, pero que sin buenas riendas pueden tumbar nuestros objetivos por las imprecisiones.
  • 3. Qué riesgos deben ser anticipados. Para establecer un marco claro, lo primero es empezar por visualizar qué operaciones y decisiones se están ya produciendo de una manera en la que la clave está en los automatismos. Deberemos observar y brindar la asistencia adecuada a quienes validan los diferentes modelos, con énfasis en si hay trazabilidad clara de todos los procesos, revisiones significativas e, incluso, margen para el sentido común, algo tan humano como necesario.
  • 4. Qué sistemas conviene robustecer. Implementar un sistema de inteligencia artificial no debe ser una cuestión de todo o nada, y es importante entender qué sistema, o mejor, qué sistemas, son los más convenientes para nuestra empresa y para nuestros equipos, sin monodependencia en lo posible de un único proveedor y con los niveles de supervisión deseables. La inteligencia artificial puede ayudar en multitud de operaciones, desde apoyo en el filtrado de solicitudes para una posición a reducir tiempo en gestión de grandes cantidades de información, pero es importante entender cómo funciona y tener un cierto conocimiento de las potenciales aristas desde todos los puntos de vista, desde nuestros valores a la propia regulación que resulte de aplicación.
  • 5. Qué decisiones requieren una mirada más profunda. En inteligencia artificial se liga al concepto de deep learning o aprendizaje profundo, con sistemas basados en modelos complejos y que, al ser difíciles de interpretar, acaban en lo que popularmente se conoce como caja negra, con el reto de trazabilidad en las variables empleadas. Cada palabra, cada símbolo, cada elemento ligado a conocimiento, es convertido a una unidad digital o token, como ficha que concede acceso o permiso a diferentes tipos de recursos. Los modelos de inteligencia artificial traducen ese lenguaje de unidades de significado, de tokens, gracias a diferentes modelos aplicados y que anticipan qué elemento tiene sentido que venga de seguido, basándose en cómo se aglutinan de manera típica. Desde la base, de lo general a lo particular, los procesos de inteligencia artificial están diseñados para, ante una misma pregunta, generar respuestas diferentes pero plausibles. Para mantener las riendas, conviene remarcar el valor único del criterio humano en las decisiones más sensibles.