06Jun

La cuestión central ya no gira tanto en torno a los movimientos de precios de las materias primas a corto plazo, sino sobre dónde la escasez se vuelve realmente limitante a lo largo de la cadena de valor.

Miguel Ángel Valero

Los minerales críticos han pasado de ocupar una posición periférica en los mercados de materias primas a situarse en el centro de la estrategia económica, industrial y geopolítica. A diferencia de las materias primas tradicionales, se definen menos por el volumen o los ciclos de precios y más por su carácter funcionalmente irremplazable. Son componentes indispensables para tecnologías clave que sustentan la electrificación, la infraestructura digital y los sistemas de defensa modernos. "Esto los convierte en una temática estructural más que cíclica", subraya un análisis de DWS.

Lo que distingue a los minerales críticos de las materias primas clásicas es la naturaleza de su oferta y demanda. La demanda está impulsada simultáneamente por tres fuerzas en gran medida independientes: la transición energética, el rápido despliegue de infraestructuras digitales y basadas en inteligencia artificial, y el aumento de las necesidades de seguridad y defensa. Cada una de estas tendencias cuenta con respaldo político, una orientación de largo plazo y una sensibilidad relativamente baja a las desaceleraciones económicas de corto plazo. En conjunto, generan un perfil de demanda persistente que difícilmente puede verse compensado por debilidad cíclica en mercados finales individuales.

Por el lado de la oferta, sin embargo, la capacidad de respuesta es limitada. Aunque muchos minerales críticos son geológicamente abundantes, los yacimientos económicamente viables y, sobre todo, las capacidades de procesamiento son escasos y están altamente concentrados. Los principales cuellos de botella no se encuentran tanto en la extracción minera, sino en las etapas posteriores de la cadena: refinado, separación, metalización y producción de bienes intermedios sofisticados, como imanes permanentes o productos químicos para baterías.

Estas fases requieren una elevada inversión de capital, son tecnológicamente complejas, sensibles desde el punto de vista medioambiental y lentas de escalar. Décadas de política industrial han dado lugar a un elevado grado de concentración geográfica y tecnológica, especialmente en China, que actualmente domina gran parte de las actividades de refinado y producción de imanes.

Esta concentración otorga a los minerales críticos una relevancia geopolítica que va mucho más allá de las dependencias comerciales tradicionales. El control sobre las etapas de procesamiento se traduce directamente en capacidad de influencia estratégica. Los controles a la exportación, los regímenes de licencias y las restricciones tecnológicas han convertido a determinados minerales en instrumentos de poder, con efectos que a menudo se extienden mucho más allá de las fronteras nacionales.

Para Europa y EEUU, esto genera vulnerabilidades estructurales que no pueden resolverse rápidamente, incluso con políticas industriales y de materias primas ambiciosas. Estas características también ayudan a explicar por qué los precios suelen ofrecer señales engañosas. Los mercados de minerales críticos tienden a ser pequeños, opacos y fuertemente influenciados por la intervención política. Precios bajos o volátiles no indican necesariamente una oferta suficiente ni un bajo valor estratégico. Al mismo tiempo, los precios incentivadores necesarios para desarrollar cadenas de suministro alternativas fuera de los actuales centros de control suelen ser significativamente más altos de lo que sugieren los precios spot actuales.

Para los inversores, esto implica un cambio de perspectiva. La cuestión central ya no gira tanto en torno a los movimientos de precios de las materias primas a corto plazo, sino sobre dónde la escasez se vuelve realmente limitante a lo largo de la cadena de valor. Las compañías posicionadas en segmentos estructuralmente restringidos —especialmente en procesamiento y aplicaciones downstream— podrían beneficiarse de una demanda duradera, capacidad de fijación de precios y apoyo político, incluso si la volatilidad sigue siendo elevada.Por ello, una exposición amplia al denominado “beta de materias primas” resulta menos informativa que un análisis granular basado en la cadena de valor.

En conjunto, los minerales críticos no señalan el inicio de un nuevo superciclo de materias primas. Más bien reflejan una transformación duradera del orden económico global, en la que la resiliencia, la seguridad de suministro y el control estratégico están adquiriendo cada vez más importancia frente a la eficiencia de costes. Comprender este cambio es esencial para interpretar tanto la evolución geopolítica como las dinámicas de inversión a largo plazo.


El cacao registra la 5ª mayor subida del siglo XXI

El cacao se disparó el 27 de mayo de 2026 casi un 10%, la quinta mayor ganancia diaria en lo que llevamos de siglo XXI, por los problemas de cosecha en Costa de Marfil que se suman a una demanda estacional que no afloja. El impacto llega directo a las grandes chocolateras del mundo. Lindt, Mondelez y Barry Callebaut, entre otras, no pueden trasladar estos precios al consumidor tan rápido como el mercado de futuros se mueve. Sus márgenes lo van a notar.

Oriente Medio deja a Europa sin aluminio

Mientras, la guerra provocada por los ataques de Israel y de EEUU a Irán tiene un efecto colateral que nadie esperaba en las Bolsas europeas y es que Europa se está quedando sin aluminio de Oriente Medio. El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha cortado los flujos de metal que antes llegaban del Golfo, y el déficit acumulado ya supera los 5,6 millones de toneladas según el análisis de Bank of America

Canadá aprovecha la oportunidad. Las exportaciones canadienses de aluminio hacia la Unión Europea se dispararon un 276% el año pasado. El motivo adicional es que Trump impuso aranceles del 50% al metal canadiense, así que los productores de ese país redirigen su producción hacia el comprador con más apetito y sin aranceles. Europa, encantada de tener proveedor. Pero el aluminio canadiense es más caro de transportar y el precio en el continente sube. Los sectores que lo notan primero son los más expuestos al metal: fabricantes de coches (Volkswagen, Stellantis), industria aeronáutica (Airbus) y packaging. Todo lo que usa latas, chasis o fuselajes va a pagar más. Y las empresas que no puedan repercutir ese coste al cliente final van a ver sus márgenes comprimirse.

24May

"Al mantener las materias primas críticas dentro del sistema, la economía circular puede desempeñar un papel clave en la estabilidad del suministro y la independencia económica", argumentan en Swisscanto.

Miguel Ángel Valero

Cezara Lozneanu, co-gestora de carteras, y Yohann Terry, gestor jefe de carteras de Inversiones Temáticas en Swisscanto Asset Management International, la gestora de activos de Zürcher Kantonalbank, hablan del "amanecer de una nueva era" para la economía circular. Se basan en tres claves que garantizan la estabilidad de suministro, la gran obsesión del mundo tras la situación generada por los ataques de Israel y de EEUU a Irán, y el bloque del estrecho de Ormuz desde hace muchas semanas:

  • Los nuevos bloques políticos y la desglobalización continúan transformando el panorama de la economía circular.
  • La escasez de materias primas críticas podría agravarse de forma significativa, impulsada además por tendencias sostenibles como la transición energética y la electrificación.
  • Al mantener los recursos esenciales dentro del sistema, la economía circular puede contribuir de forma notable a la seguridad de suministro ya la independencia económica. Por ello, "esperamos un fuerte crecimiento de los modelos de negocio circulares".

En el conflicto con Irán, el paso de materias primas por el estrecho de Ormuz se ha situado en el centro del escenario geopolítico. No solo está en juego cerca del 20 % de la producción mundial de petróleo y gas natural, el bloqueo de esta ruta marítima también afecta gravemente al suministro global de materiales como el cobre, el helio o el azufre para fertilizantes. Las consecuencias de esta escasez ya han provocado una elevada volatilidad en los mercados tanto de materias primas como financieros.

Al mismo tiempo, los expertos de la gestora suiza detecta que las inversiones vinculadas a la economía circular están registrando una evolución especialmente sólida en algunos segmentos. Y resulta lógico: siguiendo el principio de las “4R” - Reducir, Reciclar, Reutilizar y Reemplazar - esta temática de inversión sostenible permite desvincular el crecimiento económico del consumo de recursos. "Ya no se trata únicamente de proteger el medioambiente y los recursos naturales. Al mantener las materias primas críticas dentro del sistema, la economía circular puede desempeñar un papel clave en la estabilidad del suministro y la independencia económica", argumentan.

La economía circular está experimentando un cambio de paradigma, al dejar atrás una etapa en la que la regulación era el principal factor impulsor. Las leyes medioambientales y los incentivos públicos actuaban como motores estructurales del crecimiento y la rentabilidad: las compañías que abordaban retos de sostenibilidad a través de sus productos y servicios se beneficiaban de incentivos fiscales o subvenciones, mientras que aquellas con menor compromiso asumían impuestos sobre emisiones de CO2 o sanciones. Todo ello en un entorno marcado por la globalización y la cooperación internacional.

La regulación sigue siendo un factor relevante, especialmente en Europa. Sin embargo, la geopolítica está adquiriendo cada vez más protagonismo como fuerza impulsora a nivel global. Al mismo tiempo, el libre comercio se enfrenta a crecientes tendencias proteccionistas y alas tensiones arancelarias impulsadas por EEUU. 

Entre las consecuencias directas, destacan la elevada volatilidad de los mercados financieros y la escasez de materias primas estratégicas, en muchos casos provocada deliberadamente y no limitada únicamente al estrecho de Ormuz. En este sentido, estudios de la OCDE muestran que las restricciones a la exportación de materias primas críticas se multiplicaron por diez entre 2009 y 2023. Los minerales y las menas han sido los más afectados. Además, la organización estima que la mitad de estas barreras comerciales fueron impuestas por países con importantes reservas de materias primas, especialmente China (que domina el mercado de tierras raras y concentra alrededor del 90% de la capacidad de refinado, según la Agencia Internacional de la Energía), así como India, Vietnam y Argentina. La competencia geopolítica por las materias primas ya es una realidad.

Ante este escenario, gobiernos, empresas e inversores tienen pocas alternativas: deben reforzar su atención sobre la independencia económica y la estabilidad del suministro. En este contexto, la economía circular, al mantener los recursos esenciales dentro del sistema y reducir el agotamiento de materias primas, se presenta como una solución especialmente atractiva y con una creciente relevancia desde el punto de vista de la sostenibilidad. Además, este giro hacia la geopolítica coincide con otras dos grandes tendencias estructurales, ambas caracterizadas por una elevada demanda de materias primas.

Una de estas tendencias es la transición energética desde los combustibles fósiles hacia fuentes de energía bajas en carbono. Este proceso avanza a gran velocidad. Según la Agencia Internacional de la Energía, las inversiones globales en tecnologías limpias alcanzaron aproximadamente los 2,2 billones$ entre 2015 y2025. En el mismo periodo, la inversión en combustibles fósiles se redujo un 20%, hasta situarse en torno a 1,1 billones. El conflicto en Oriente Medio probablemente reforzará aún más la tendencia hacia la descarbonización: al fin y al cabo, ni el viento puede bloquearse ni la luz solar puede bombardearse.

La transición energética va además de la mano de otra gran tendencia sostenible: la electrificación. También en este ámbito se espera un fuerte crecimiento. Según la IEA, (Link) la demanda mundial de electricidad podría duplicarse o incluso triplicarse de aquí a 2050, impulsada en parte por el elevado consumo energético de los centros de datos que están proliferando en todo el mundo debido al auge de la inteligencia artificial (IA).

Es evidente que ni la transición energética ni la electrificación pueden avanzar sin materias primas críticas. Las redes eléctricas requieren grandes cantidades de cobre y aluminio, y materiales como el litio, el níquel, el cobalto, el manganeso o el grafito son esenciales para el rendimiento de las baterías. Además, las instalaciones fotovoltaicas, los parques eólicos y los vehículos eléctricos suelen necesitar más materias primas críticas que sus equivalentes basados en combustibles fósiles. Por ello, la rápida expansión de las tecnologías limpias y renovables podría generar una demanda sin precedentes de estos materiales. Y la actual economía lineal, basada en el agotamiento progresivo de los recursos, no está preparada para responder a este desafío.

Los inversores con foco en sostenibilidad también pueden interpretar la seguridad de suministro y la independencia económica desde la perspectiva dela protección medioambiental y climática. Una gestión responsable de los recursos naturales puede generar un impacto positivo directo y resulta cada vez más necesaria ante la creciente escasez de recursos. Según la Global Footprint Network, en 2024 hubieran sido necesarios alrededor de 1,7 planetas Tierra para sostener el actual nivel de consumo.

"Aunque en algunos países las cuestiones medioambientales hayan perdido protagonismo de forma temporal, las tecnologías limpias y la economía circular - con su enfoque basado en las “4R”-continúan siendo fundamentales para hacer frente a la escasez de recursos", insisten en Swisscanto. La reciente volatilidad en los mercados del petróleo y el gas no hace más que reforzar esta tendencia. Con el objetivo de proteger el medioambiente y reforzar la estabilidad del suministro, "consideramos lógico apostar por inversiones dirigidas a los cuatro subsectores de la economía circular. Además, creemos que el potencial decrecimiento es significativo: si la implantación de procesos circulares en la economía aumenta del 7% actual al 14% en la próxima década, la economía circular podría crecer al doble de ritmo que el PIB mundial". 

Estas son las áreas que consideramos más prometedoras dentro de la Economía circular: 

  • Reducir: Entre las áreas con mayor potencial destacan el uso eficiente de materiales en el diseño de productos y la ampliación de su vida útil. También cobran relevancia los enfoques “zero waste” y las soluciones orientadas a fomentar un consumo más sostenible.
  • Reemplazar: El foco está en la transición hacia materiales de embalaje reutilizables y más eficientes, como el papel o el aluminio, así como en el desarrollo de plásticos biodegradables y la sustitución de productos químicos nocivos.
  • Reutilizar: Las oportunidades incluyen modelos de negocio vinculados a la economía de segunda mano y al alquiler, además del mercado de reciclaje de vehículos, que permite recuperar metales valiosos procedentes de automóviles al final de su vida útil.
  • Reciclar: Nos centramos en sistemas de circuito cerrado para materiales y recursos naturales como el agua, así como en el denominado bioreciclaje, basado en la reutilización de residuos biológicos.

"La economía circular, basada en una gestión eficiente y responsable de los recursos, puede desempeñar un papel clave en la estabilidad del suministro y la independencia económica. Por ello, consideramos que esta temática de inversión ofrece un importante potencial para los inversores centrados en sostenibilidad en un entorno cada vez más marcado por la geopolítica. Además, la protección medioambiental y la lucha contra la crisis climática continúan actuando como motores estructurales de crecimiento", concluyen los expertos de Swisscanto.

17May

Un sistema tan endeudado tiene enormes dificultades para convivir durante años con tipos reales elevados. Pero bajar tipos demasiado pronto podría alimentar una segunda ola inflacionaria justo cuando las materias primas, los costes empresariales y las expectativas empiezan a girar nuevamente al alza.

Miguel Ángel Valero

El aumento de los precios energéticos ha empezado a materializarse en la inflación a ambos lados del Atlántico. Las tasas generales reflejan ya esta primera ronda de transmisión tanto en EEUU (+3,3% interanual en marzo frente al +2,4% anterior) como en la Eurozona (+3% el dato ya de abril frente al +1,9% previo al conflicto). En el caso estadounidense, el repunte del IPC estuvo impulsado por el componente energético, que escaló un 12,5%, y el encarecimiento de los billetes de avión (+14,9%). Por el momento, no se observa una propagación significativa al resto de categorías: en el desglose por componentes, la contribución al aumento de la inflación provino prácticamente en su totalidad por la energía, que aportó +0,8 puntos, mientras que el IPC subyacente – excluye precios de la energía y alimentos – se mantuvo en niveles similares al mes previo. La Eurozona presentó el mismo patrón, con el componente de la energía aportando +1 punto como responsable íntegro del aumento en la tasa general, sin que se aprecien efectos de arrastre sobre el resto de los componentes. El caso de Europa en 2022 resulta ilustrativo para comprender el ritmo de transmisión de los shocks energéticos sobre la inflación. Cuando el precio del gas alcanzó máximos, el IPC general lo hizo de manera más inmediata, 2 meses después. En cambio, la tasa subyacente, al recoger los efectos indirectos, lo hizo con un decalaje de 7 meses. 

El episodio actual responde a una particularidad clave en esta fase inicial del shock: dentro del componente energético, el encarecimiento durante el primer mes se ha concentrado en los combustibles, sin haberse trasladado todavía ni a la electricidad ni a los alimentos. Este comportamiento contrasta con lo ocurrido durante el inicio de la guerra provocada por la invasión rusa de Ucrania, cuando la transmisión hacia los precios de la electricidad se produjo a mayor velocidad. 

De hecho, si se considera el promedio de los componentes del IPC en China, la Eurozona y EEUU, los precios de los combustibles han aumentado en un solo mes más que en los tres primeros meses posteriores al inicio de la guerra de Ucrania. En cambio, la electricidad apenas ha registrado un incremento medio del 0,9% en este primer mes, frente al +4,2% observado en el episodio pasado. 

En cuanto a los alimentos, que por ahora no muestran señales de contagio, además del impacto derivado del encarecimiento energético, podrían verse afectados por posibles disrupciones en el mercado de fertilizantes, dado que una parte significativa de componentes clave procede de países del Golfo, como la urea (35%) y el azufre (48%).

Por tanto, de cara a los próximos meses es previsible que empiecen a observarse repuntes tanto en la electricidad como en los alimentos, derivados de los efectos de segunda ronda, así como cierto incremento sobre la tasa subyacente, si bien estas presiones inflacionistas podrían mantenerse moderadas siempre que el conflicto no se prolongue en el tiempo. 

El conflicto en Oriente Medio, junto con el consiguiente desvío de buques y el fuerte aumento de los costes de los fletes –han crecido un 708 % interanual en la ruta del Golfo Pérsico al Reino Unido–, ha empezado a evidenciar disrupciones en las cadenas de suministro globales. Estas tensiones se reflejan en el aumento de los retrasos en los plazos de entrega reportados por las encuestas PMI. En términos generales, las presiones siguen siendo contenidas y están lejos de episodios de disrupción severa como los observados durante la pandemia o tras el estallido de la guerra en Ucrania, no obstante, el impacto es desigual entre regiones. Las grandes economías, como EEUU y la zona euro, han experimentado hasta ahora efectos moderados, mientras que el impacto ha sido más intenso en economías pequeñas y abiertas, como Reino Unido y Japón.

The Trader

Durante los últimos meses el mercado ha ido comprando una narrativa muy concreta: la inflación está controlada, la Reserva Federal terminará bajando tipos y el gran riesgo económico volverá a ser el crecimiento. Pero quizá el problema es que muchas señales empiezan a apuntar en dirección contraria. El gráfico superior izquierdo que aporta The Trader es especialmente interesante. La línea amarilla representa la evolución del índice de materias primas “S&P GSCI Equal Weight Commodity Sector”, mientras que la línea azul muestra el “Trimmed Mean CPI”, una de las medidas de inflación subyacente más vigiladas por la Reserva Federal porque elimina los componentes más volátiles y permite observar mejor la tendencia estructural de los precios.

Lo importante aquí no es solo que las materias primas estén disparándose. Lo verdaderamente relevante es la enorme divergencia que empieza a abrirse entre ambas curvas. Históricamente, cuando las 'commodities' han registrado movimientos tan violentos, tarde o temprano han terminado trasladándose a la inflación subyacente. Energía, transporte, metales, alimentos o componentes industriales acaban filtrándose al coste de producción y finalmente al consumidor. 

Y eso encaja perfectamente con lo que muestra el gráfico superior derecha: el “ISM Manufacturing Prices Index” mide la evolución de los precios que pagan las empresas manufactureras estadounidenses por sus insumos. Es, en cierto modo, un termómetro adelantado de presiones inflacionarias dentro de la economía real. Cuando este indicador se dispara, normalmente significa que las compañías están sufriendo un incremento importante de costes y que, tarde o temprano, intentarán trasladarlo a los precios finales.

El movimiento reciente es difícil de ignorar. Tras varios trimestres relativamente estables, el índice ha vuelto a dispararse hacia niveles históricamente asociados a fuertes tensiones inflacionarias. Y el contexto actual añade un elemento adicional de preocupación: tensiones geopolíticas, fragmentación comercial, relocalización industrial, incremento del gasto fiscal y nuevas barreras arancelarias en distintas partes del mundo.

Pero quizá el gráfico más importante sea el inferior, que refleja las expectativas de inflación a largo plazo en EEUU a través del “10-Year Breakeven Inflation Rate”. Muestra qué inflación espera el mercado para los próximos diez años. Y esto es clave porque las expectativas son uno de los elementos más vigilados por la Reserva Federal.

Mientras la inflación baja, la Fed puede mantener cierta tranquilidad. Pero cuando empiezan a subir las expectativas de inflación futura, el problema cambia completamente de dimensión. "Porque la inflación no es solo monetaria. También es psicológica. En el momento en que consumidores, empresas e inversores empiezan a asumir que los precios seguirán subiendo, el proceso se retroalimenta. Y aquí aparece el riesgo técnico que empieza a preocupar", subraya el analista Pablo Gil.

Como puede verse en el gráfico inferior, el indicador está acercándose a niveles extremadamente importantes que han actuado como techo desde principios de 2023. Si esas resistencias terminasen rompiéndose de forma clara, el movimiento podría proyectarse hacia cotas bastante más elevadas, devolviendo al mercado a un escenario muy parecido al que vivimos tras el inicio de la guerra por la invasión rusa de Ucrania, cuando el miedo a una inflación persistente se convirtió en el principal problema macroeconómico global.

Aquí es donde aparece el verdadero dilema para la Reserva Federal. Si las materias primas siguen subiendo, los costes manufactureros continúan acelerándose y las expectativas de inflación terminan desanclándose, la Fed solo tendría dos caminos posibles. Mantener tipos elevados durante mucho más tiempo para intentar frenar las presiones inflacionarias, aunque eso genere daños importantes sobre crecimiento, empleo y estabilidad financiera. O terminar tolerando una inflación más alta de lo deseado para evitar que el enorme nivel de deuda global termine provocando tensiones aún mayores dentro del sistema.

La elección de cómo enfrentar la inflación dejará de ser un debate ideológico y pasará a ser matemática pura. Porque un sistema tan endeudado como el actual tiene enormes dificultades para convivir durante años con tipos reales elevados. Pero al mismo tiempo, bajar tipos demasiado pronto podría alimentar una segunda ola inflacionaria justo cuando las materias primas, los costes empresariales y las expectativas empiezan a girar nuevamente al alza.

Quizá el mercado todavía siga esperando volver al viejo mundo del 2% de inflación estable y tipos bajos permanentes. El problema es que cada vez hay más señales apuntando hacia un mundo muy distinto.

03May

La prosperidad mundial depende de que "exista un acceso fiable a materias primas críticas para el crecimiento económico, la innovación y la seguridad energética”, advierte la OCDE.

Miguel Ángel Valero

Las materias primas críticas encaran un aumento de las restricciones a la exportación que intensifica los riesgos para las cadenas mundiales de suministro, avisa la OCDE. La actualización anual del informe Inventory of Export Restrictions on Critical Raw Materials  de la OCDE concluye que diversos minerales fundamentales, que son insumos esenciales de las tecnologías utilizadas en el ámbito digital y de las energías renovables, corren un elevado riesgo de soportar restricciones a la exportación, y el número de medidas restrictivas sigue en aumento.

El informe analiza las restricciones a la exportación de materias primas críticas aplicadas hasta el final de 2024, y muestra que este tipo de medidas no ha dejado de incrementarse en los últimos 15 años, hasta alcanzar un máximo histórico. Pese a que la tasa de crecimiento de las nuevas restricciones a la exportación se ralentizó, al pasar del 3,4% en 2023 al 0,6% en 2024, un buen número de países, en particular de África y Asia, introdujo nuevas restricciones.

Algunos minerales esenciales para los sistemas energéticos, como el cobalto, el manganeso, el grafito y elementos de las tierras raras, corren un riesgo especialmente alto de soportar restricciones a la exportación. Cerca del 70% de las exportaciones mundiales de cobalto y manganeso experimentaron, como mínimo, una restricción a la exportación entre 2022 y 2024. El 16% del comercio de las materias primas críticas a las que da seguimiento la OCDE enfrentó al menos una restricción a la exportación durante ese mismo periodo.

Según declaró el Secretario General de la OCDE, Mathias Cormann, en el Foro de los Minerales Críticos de Estambul, “países de todo el mundo dependen de que exista un acceso fiable a materias primas críticas para el crecimiento económico, la innovación y la seguridad energética”.  “Las restricciones a la exportación pueden incrementar las vulnerabilidades de aquellas cadenas de suministro que presentan una gran concentración, al limitar los volúmenes de exportación e impulsar los precios al alza. Mejorar la transparencia de estas medidas resulta fundamental para promover mercados más abiertos y diversificados para los minerales críticos, incentivando una inversión sumamente necesaria para intensificar la producción y promover colaboraciones con los países productores que generen beneficios mutuos", argumenta.

Pese al rápido aumento de la demanda de materias primas críticas, el suministro sigue estando muy concentrado y los ajustes en el mismo se realizan con lentitud. Aunque existen diferencias entre los mayores productores según el material, los tres principales países productores de cobalto, litio y níquel respectivamente representan más de dos tercios de la producción mundial, una proporción que se eleva a cerca del 90% en el caso de los elementos de las tierras raras. También existe concentración en las medidas adoptadas en materia de políticas, pues más de la mitad del total de nuevas medidas aplicadas entre 2009 y 2024 corresponden a la India (9%), China (17%), Argentina (6%), Vietnam (5%) y Burundi (4%). 

Los materiales de desecho y los residuos siguieron constituyendo en 2024 la categoría de materias primas críticas a la que se imponen restricciones con mayor frecuencia, un reflejo de las preocupaciones de carácter medioambiental y del creciente interés por la economía circular como fuente de metales y minerales. Por otra parte, las restricciones a la exportación impuestas a las cadenas de suministro upstream, entre ellas las de menas y otros minerales, aumentaron de forma notable entre 2009 y 2024, al multiplicarse por diez durante dicho período.

Las medidas enormemente restrictivas, entre otras la prohibición de las exportaciones y los contingentes, son cada vez más predominantes, ya que representan más de un tercio de las nuevas medidas introducidas en 2024. La generación de ingresos ha sido el argumento declarado para justificar las restricciones a la exportación que más rápido ha aumentado desde el inicio de la década de 2010 y se ha convertido en la motivación más nombrada en 2024, en relación prácticamente con la mitad de las medidas. 

The Trader: la oferta no está preparada para tanta demanda

"Hay momentos en los mercados que solo se entienden con perspectiva histórica. Y el gráfico que tienes delante es uno de ellos. Muestra más de dos siglos de comportamiento de las materias primas, señalando los grandes picos inflacionarios y los grandes suelos. No es ruido. Es un patrón", explica el analista Pablo Gil en The Trader.

Cada gran ciclo alcista en commodities ha coincidido con momentos de ruptura estructural: guerras, reconstrucciones, cambios de modelo económico o transformaciones tecnológicas profundas. No han sido movimientos aislados. Han sido consecuencia directa de una necesidad masiva de recursos en un contexto donde la oferta no podía responder con la misma rapidez.

El mundo está intentando hacer demasiadas cosas al mismo tiempo. Rearmarse tras años de infra-inversión en defensa. Construir la infraestructura necesaria para sostener la inteligencia artificial, que implica centros de datos con un consumo energético brutal. Electrificar la economía, desde los coches hasta la industria. Acelerar la transición energética. Reconfigurar cadenas de suministro en clave geopolítica.

Todo eso tiene algo en común: depende de materias primas. No de forma marginal, sino crítica. El cobre, litio, níquel, plata, tierras raras… no son activos financieros. No se pueden imprimir. No aparecen de la nada porque suba la demanda. Requieren años de inversión, exploración, desarrollo y capacidad productiva. Y ahí es donde está el problema: La oferta no está preparada.

Durante más de una década, el sector ha sufrido una clara falta de inversión motivada por bajos precios, presión regulatoria, incertidumbre política y un exceso de complacencia que ha frenado el desarrollo de nuevos proyectos. El resultado es que, justo cuando la demanda empieza a dispararse, la capacidad de respuesta es limitada.

A este desequilibrio entre oferta y demanda hay que sumarle otro factor clave: el entorno monetario. Estamos en una de las mayores etapas de expansión fiscal y monetaria de la historia reciente. Déficits estructurales, deuda creciente y monedas Fiat (dinero físico) que, poco a poco, pierden poder adquisitivo.

Cuando combinas escasez física con abundancia monetaria, el resultado suele ser el mismo: subidas sostenidas de precios. Y eso es, en esencia, lo que define un superciclo. 

El gráfico simplemente refuerza esta idea: Tras largos periodos de debilidad (como el que culminó durante la pandemia, con una fase de depresión relativa en commodities) suelen iniciarse movimientos prolongados al alza, que no son puntuales, sino tendencias de años o incluso décadas. Y lo más interesante es que estos ciclos no suelen ser evidentes al principio. Empiezan con escepticismo, con el mercado mirando hacia otro lado, centrado en otras narrativas. Exactamente como ahora.

Hoy la atención está en la tecnología, en la inteligencia artificial, en los mercados financieros. Pero pocos están poniendo el foco en lo que hace posible todo eso: los recursos físicos.

La paradoja es evidente. Queremos un mundo más digital, más eléctrico, más automatizado… pero sin materias primas eso simplemente no es posible. La historia nos dice que cuando esta desconexión se corrige, lo hace con fuerza. Y por eso, más allá del ruido de corto plazo, lo relevante es entender el contexto. No estamos ante un simple rebote cíclico. Estamos ante un posible cambio estructural en el mercado de materias primas.

"Mi sensación es que tal vez estamos en la fase intermedia de algo mucho más grande de lo que la mayoría imagina. Y como suele ocurrir en estos casos, cuando el consenso lo vea, probablemente ya será tarde para posicionarse con comodidad", advierte Pablo Gil.