02Apr

Seis usuarios del mercado de predicciones Polymarket, con cuentas creadas 24 horas antes, lograron 1,2 millones$ por predecir los ataques contra Irán el 28 de febrero. Otro ganó 400.000$ al apostar por la captura de Nicolás Maduro en enero.

Miguel Ángel Valero

Hay movimientos que invitan a la sospecha. Minutos antes de que el 23 de marzo de 2026 Donald Trump hablara de "conversaciones productivas" con Irán -desmentidas por el régimen de los ayatolás- se movieron 560 millones€ (ocho veces más de lo habitual) en derivados que apostaban por una caída del precio del crudo. Ésta efectivamente se produjo: 10%, hasta 100$ el barril de Brent., 90$ el de West Texas.

Ese día, a las 6:49 de la mañana en Nueva York (11:49 en la España peninsular), ebn dos minutos se firmaron contratos de futuros sobre crudo por seis millones de barriles, frente al promedio de 700.000 para un intervalo similar. A las 7:05 (12:05 en España), Trump  hizo el anuncio a través de un mensaje en Truth Social.

También se registró un inusual incremento de los derivados sobre el principal índice de la Bolsa estadounidense, el S&P 500, con apuestas a una subida que, tras el anuncio de Trump, se concretó en un alza del 1%. 

Frente a los habituales desmentidos de la Casa Blanca sobre el uso de información privilegiada, movimientos inusuales en los mercados de futuros y en las Bolsas parecen anticiparse a decisiones sobre ataques militares de EEUU en el extranjero. Así, seis usuarios del principal mercado de predicciones del mundo, Polymarket, con cuentas creadas 24 horas antes, lograron 1,2 millones$ por predecir los ataques de Israel y de EEUU contra Irán el 28 de febrero. Uno de ellos había apostado más de 60.000 dólares, lo que resultó en casi medio millón de ganancias. Desde que cobraron sus beneficios, las cuentas han desaparecido de la plataforma. Con 2026 dando sus primeros pasos, un usuario de Polymarket ganó 400.000$ tras apostar que el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, sería capturado por tropas de EEUU. Su predicción se cumplió pocas horas después.

The Trader: esas plataformas han venido para quedarse

El analista Pablo Gil subraya en The Trader que "durante años hablamos de la 'sabiduría de las masas' como un concepto teórico. Hoy se ha convertido en un mercado. Literalmente". Plataformas como Kalshi y Polymarket permiten apostar a casi cualquier cosa: si la Reserva Federal bajará tipos, si habrá un cierre del Gobierno, si una palabra concreta saldrá de la boca de Jerome Powell en una rueda de prensa, si el petróleo alcanzará sus máximos históricos o si determinada celebridad asistirá a un evento deportivo. No es una metáfora. Compras un contrato que paga un dólar si el evento ocurre y cero si no ocurre. Si cotiza a 0,20, el mercado está diciendo que la probabilidad es del 20%. Precio igual a probabilidad. "La propuesta es potente. Convertir opinión en precio. Y el precio, en estimación colectiva de la verdad", recalca.

Sus defensores sostienen que estos mercados generan información más fiable que encuestas o tertulias. Si tienes dinero en juego, pensarás mejor. Apostar sería, según sus fundadores, una forma de disciplinar el discurso. Si realmente crees algo, demuéstralo arriesgando capital. El argumento no es absurdo. En los mercados financieros llevamos décadas aceptando que los precios agregan información dispersa. Cada inversor tiene un trozo del puzle. Al comprar o vender, todo se sintetiza en una cifra. ¿Por qué no iba a funcionar igual con eventos políticos, económicos o sociales?

El problema es que la frontera entre información y entretenimiento se vuelve cada vez más difusa. Gran parte del volumen ya está vinculado a deporte y cultura. Y proliferan mercados anecdóticos: palabras concretas en discursos, duración de ruedas de prensa, viralidad en redes sociales. La realidad empieza a fragmentarse en microeventos cuantificables. No analizas la intervención de Powell por su contenido, sino por si dirá “recesión” o “inflación”.

La atención se desplaza del significado al marcador. Además, surgen riesgos evidentes. Manipulación, información privilegiada, reglas ambiguas o incentivos perversos. Cuando alguien puede ganar dinero con que algo ocurra, aparece la tentación de influir en que ocurra. Y eso cambia la naturaleza del propio evento.

Más allá del debate regulatorio (si esto es un derivado financiero o un simple juego), hay una cuestión más profunda. Estamos asistiendo a la financialización de la realidad. Cada diferencia de opinión puede convertirse en un activo negociable. Cada duda, en un contrato. Cada incertidumbre, en una oportunidad de trading.

Eso tiene un lado positivo. Mucha gente reconoce que ahora sigue la política y la macroeconomía con más atención porque tiene dinero en juego. El incentivo es poderoso. Obliga a informarse.

Pero también tiene un coste. Cuando todo se mide en probabilidades y retornos, la experiencia se transforma. Ya no escuchas un discurso, lo monitorizas. Ya no ves un partido, lo fragmentas en apuestas. Ya no consumes información, la arbitras.

"Estos mercados han llegado para quedarse. La tecnología, la regulación más flexible y el cambio cultural juegan a su favor. Pero la pregunta relevante no es si sobrevivirán, sino qué impacto tendrán en nuestra forma de entender el mundo.  Porque si convertimos cada hecho en una posición financiera, podemos ganar eficiencia informativa. Pero también corremos el riesgo de perder profundidad, contexto y criterio. Y eso, aunque no cotice en ninguna plataforma, también tiene un valor enorme", advierte este experto.