07Jul

El debut de SpaceX en el Nasdaq 100 intensifica el debate sobre si el S&P500 representa adecuadamente a la economía de EEUU al dejar fuera a las empresas que no obtengan beneficios en los 12 meses anteriores.

Miguel Ángel Valero

El día que SpaceX entra en el Nasdaq 100, Morgan Stanley lanza una advertencia: el dinero de la IA dejará de premiar a los fabricantes de chips y se irá a los grandes de la 'nube'. Michael Wilson, el estratega jefe del banco de inversión norteamericano, calcula que en 2026 el gasto en infraestructura de IA irá casi todo a centros de datos, energía y refrigeración; a los chips solo les toca en torno al 25%.

Los hiperescaladores, los dueños de la nube que levantan esos centros, planean gastar entre 635.000 millones$ y 690.000 millones este año: 200.000 millones Amazon; entre 175.000 millones y 185.000 millones. Alphabet, y Meta, entre 115.000 millones y 135.000 millones. 

El índice de semiconductores viene flojo tras las últimas subidas, algunas espectaculares, mientras las grandes de la nube recuperan terreno. Wilson pone el S&P 500 en unos 8.000 puntos para fin de año, un 7% arriba, y ve rebote también en consumo, transporte y biotecnología.

En Zumitow aconsejan vigilar la evolución de Nvidia o Broadcom, ya que puede llegar el momento del relevo, lo que beneficia a Microsoft, Amazon, Alphabet y Meta. Pero también  los capex que anuncien los grandes de la nube en resultados, porque el que no consiga mostrar retorno a esa inversión, sufrirá un castigo en su cotización.

Precisamente, Broadcom y Apple amplían hasta 2031 su acuerdo de chips a medida. Apple aporta cerca del 20% de los ingresos de Broadcom, cuya acción subió un 4% con la noticia. Le da a Broadcom visibilidad de ingresos para años y deja claro que Apple todavía depende de terceros pese a su empeño en fabricar chips en casa.

Pero hay más movimientos en torno a la IA. Menos de un año después de salir de Honeywell, Solstice, su escisión de materiales avanzados, compra Element Solutions por 14.500 millones$ en efectivo y acciones, deuda incluida. Nace un gigante de materiales especializados y químicos electrónicos. Prima jugosa para el accionista de Element y señal de que las escisiones industriales y el private equity siguen calientes.

AXT se dispara un 20% en el Nasdaq tras firmar un acuerdo maestro de desarrollo y suministro con Coherent, que la llevará a ampliar capacidad en su planta de Pekín hasta 2028. Coherent también subió más de un 3%. 

TeraWulf sube un 10% tras firmar con Anthropic un contrato de arrendamiento de 20 años para usar su centro de datos en Kentucky. La operación garantiza unos 19.000 millones$ en ingresos.

La cotización de AMD sube un 4% tras elevar Goldman Sachs su precio objetivo de 450$ a 640 y mantenerla en compra. El apetito por los chips no afloja pese a las advertencias de Morgan Stalney y el mercado premia. El ETF SOXX de semiconductores subió más de un 3%. 

Teradyne también sube un 4% gracias a Goldman Sachs, que  eleva el precio objetivo de 350$ a 465$ y la pone en compra. La ola de los semiconductores sigue arrastrando a los proveedores de equipos de test.️ 

Por su parte, Dell Technologies sube en Bolsa un 4% tras promocionar Trump (ya había comprado en febrero hasta 5 millones de títulos de la empresa) sus ordenadores desde la Casa Blanca y tocar la campana de apertura.

Los resultados preliminares de la coreana Samsung Electronics se han convertido en uno de los primeros puntos de referencia en una temporada de resultados que centrará su atención en la sostenibilidad de la inversión en IA A pesar de unas expectativas muy elevadas, las cifras anticipadas por uno de los tres principales fabricantes de chips de memoria han superado las previsiones en un 6%. Sin embargo, no han logrado impresionar al mercado, que ha reaccionado con una intensa toma de beneficios, reflejada en una caída del 8% en la cotización de la empresa coreana y en un comportamiento similar en el conjunto del sector. La compañía espera unos beneficios que se multiplican por 19 respecto al trimestre anterior. En términos agregados, el beneficio acumulado en el segundo trimestre de 2026 equivale al obtenido en los dos años previos combinados. Los resultados definitivos se publicarán el 30 de julio.

El debut de SpaceX en el Nasdaq 100

Tras salir a Bolsa en la mayor OPV de la historia (75.000 millones$), SpaceX entró hace una semana en los principales índices de FTSE Russell, incluido el Russell 1000, y el martes 7 de julio, festividad de San Fermín, da el chupinazo en Nasdaq 100. Estar en los índices no es una cuestión menor, ya que garantiza hasta 6.000 millones$ en compras.

Los fondos indexados de gestión pasiva, que manejan más 800.000 millones$, replican el Nasdaq 100, el segundo más importante de EEUU después del S&P 500. Aunque SpaceX es una de las mayores empresas del mundo por capitalización bursátil, su ponderación en el índice (y, por lo tanto, las acciones que deberán comprar los gestores para replicarlo) está condicionada por el escaso capital flotante, ya que el 95% del capital sigue en manos de sus poseedores iniciales (entre ellos, Elon Musk). 

Como las normas del Nasdaq 100 regulan que una empresa solo puede ponderar por el triple de su capital flotante, el peso final de SpaceX en el índice se situará entre el 0,5% y el 0,8%. la gestión pasiva deberá dedicar entre 4.000 millones y 6.000 millones a comprar acciones de SpaceX.

La empresa de Elon Musk pesa el 0,136% en el Russell 1000, lo que se traduce en que los fondos indexados a éste deberán comprar unos 500 millones$ en acciones de SpaceX. 

Todo esto añade presión sobre el S&P 500, que mantiene sus normas (no como el Russell 1000 o el Nasdaq 100, que permitieron la admisión acelerada), por lo que SpaceX tendrá que esperar, al menos, un año, para entrar en el índice más importante de EEUU.

The Trader: S&P opta por la prudencia, Nasdaq, por la nueva economía

Durante décadas, entrar en el S&P 500 ha sido una especie de sello de calidad empresarial. El índice reúne a las mayores compañías cotizadas de EEUU y se ha convertido en el principal referente de la economía norteamericana y, probablemente, del mercado bursátil mundial. Sin embargo, una decisión del comité que gestiona el S&P 500 abre un debate muy interesante sobre si las reglas que hicieron grande al índice siguen siendo adecuadas para el mundo que viene. Ha decidido mantener uno de sus requisitos históricos más importantes: para formar parte del índice, una empresa debe haber generado beneficios netos positivos durante los últimos doce meses, incluyendo el trimestre más reciente.

A primera vista parece una exigencia razonable. Si una compañía quiere representar a la economía estadounidense, lo lógico es que sea capaz de ganar dinero. El problema es que algunas de las empresas más revolucionarias y valiosas del planeta ya no encajan necesariamente en ese modelo. El mejor ejemplo es SpaceX. La compañía de Elon Musk debutó en Bolsa con una valoración cercana a los 1,8 billones de dólares, una cifra que la situaría entre las mayores empresas del mundo desde el primer día. Y, sin embargo, podría tardar hasta 2028 en entrar en el S&P 500.

La razón es sencilla. Aunque SpaceX genera enormes ingresos y domina sectores estratégicos como los lanzamientos espaciales, los satélites, las comunicaciones globales, la defensa y la IA, sigue reinvirtiendo cantidades gigantescas de dinero para acelerar su crecimiento. Las estimaciones apuntan a que sus inversiones podrían superar los 360.000 millones$ anuales hacia el final de la década.

Y no es un caso aislado. Anthropic y OpenAI, dos de los grandes protagonistas de la revolución de la IA, podrían salir a Bolsa con valoraciones superiores al billón$ y enfrentarse al mismo problema. OpenAI, de hecho, ni siquiera espera alcanzar beneficios durante los próximos años.

Y aquí aparece la pregunta importante: ¿qué representa realmente el S&P 500? Si el objetivo es reflejar la economía estadounidense, excluir durante años a algunas de las empresas más innovadoras, influyentes y valiosas del país parece extraño. Pero si el objetivo es proteger la calidad y estabilidad del índice, exigir beneficios sigue teniendo mucho sentido.

La historia ofrece argumentos para ambas posiciones. Amazon pasó años sacrificando beneficios para crecer y Uber tardó mucho tiempo en alcanzar rentabilidad. Hoy nadie discute su relevancia económica. Pero también existen numerosos ejemplos de compañías que prometían cambiar el mundo, consumieron enormes cantidades de capital y nunca llegaron a cumplir sus expectativas. Por eso el S&P 500 ha decidido mantener la prudencia. 

Sin embargo, el Nasdaq 100 ha optado por una aproximación diferente. Mientras el S&P sigue exigiendo rentabilidad, el Nasdaq ha flexibilizado sus criterios y SpaceX se incorpora apenas unas semanas después de comenzar a cotizar.

Puede parecer un matiz técnico, pero sus implicaciones son enormes. Durante décadas, ambos índices han mantenido una elevada correlación porque compartían gran parte de las compañías que lideraban la economía estadounidense. Sin embargo, si las futuras megaempresas tecnológicas y de IA comienzan a incorporarse rápidamente al Nasdaq mientras permanecen excluidas del S&P 500, las diferencias entre ambos índices podrían ampliarse de forma significativa.

"Imaginemos un escenario en el que SpaceX, OpenAI, Anthropic y otras compañías similares alcanzan valoraciones de varios billones$ sin cumplir todavía los requisitos de rentabilidad exigidos por el S&P. En ese caso, una parte muy importante del crecimiento económico y tecnológico estadounidense estaría reflejada en el Nasdaq, pero no en el principal índice utilizado por millones de inversores para representar la economía de Estados Unidos. Quizá la correlación entre ambos índices siga siendo elevada. Pero la distancia entre lo que cada uno representa podría empezar a aumentar", argumenta el analista Pablo Gil en The Trader.

No es un detalle menor. La entrada o no en los grandes índices ya no es solo una cuestión de prestigio. Los billones$ que gestionan los fondos pasivos convierten esa decisión en un factor capaz de alterar la demanda de una acción durante años. Bloomberg Intelligence estima que una entrada inmediata de SpaceX en el S&P 500 habría generado más de 14.000 millones$ de compras automáticas por parte de fondos indexados y ETF. OpenAI y Anthropic habrían provocado flujos similares. La cuestión, por tanto, ya no es únicamente si una empresa forma parte o no de un índice. La cuestión es quién recibe esos enormes flujos de capital pasivo y quién se queda temporalmente fuera de ellos. "El S&P ha elegido la prudencia. El Nasdaq ha elegido adaptarse antes a la nueva economía. Los próximos años nos dirán cuál de los dos enfoques termina representando mejor el mundo que viene", concluye Pablo Gil.

UBS: perspectiva positiva sobre la inversión en IA, pero con enfoque activo

Las acciones de semiconductores han seguido mostrando volatilidad en las últimas semanas, en medio de la preocupación de los inversores por la sostenibilidad del crecimiento del capex en IA. El índice Philadelphia Semiconductor subió un 2,2% el lunes 6 de julio, aunque se mantiene casi un 12% por debajo de su máximo histórico de junio.

Es probable que la volatilidad tecnológica siga siendo elevada, mientras los inversores sopesan la sólida adopción de la IA agéntica frente al creciente riesgo de una desaceleración en el crecimiento del capex. "Mantenemos una perspectiva positiva sobre la temática de inversión en IA, ya que la historia de la demanda sigue intacta, pero también consideramos que conviene adoptar un enfoque activo para gestionar los riesgos emergentes. Las tendencias de adopción de la IA han sido sólidas. Las valoraciones de los semiconductores siguen lejos de terreno de burbuja. Un ciclo de gasto adelantado implica que la creación de valor podría seguir desplazándose a lo largo de la cadena de valor de la IA", explican en UBS.

Mark Haefele, Director de Inversiones (CIO) de UBS Global Wealth Management, afirma: "Con el relato de inversión desplazándose gradualmente del crecimiento a corto plazo hacia la sostenibilidad del gasto más allá de 2027, creemos que la diversificación y la selectividad son claves. Dentro de los 'picos y palas' de la construcción de la IA, favorecemos los equipos de semiconductores, las fundiciones, la infraestructura de cómputo relacionada con CPU y la memoria, aunque también vemos valor en áreas defensivas como las redes de pago y los REIT de centros de datos. Los inversores también pueden considerar otras tendencias estructurales como la energía y los recursos, y la longevidad, o sustituir una parte de la exposición directa en renta variable por estrategias de preservación de capital".

"Los inversores buscarán señales de que la volatilidad del sector tecnológico se está estabilizando. Mantenemos una postura constructiva sobre la renta variable, con énfasis en una exposición diversificada a lo largo de la cadena de valor de la IA", insiste.

04Jun

Anthropic es valorada en 965.000 millones$; SpaceX, en más de 1,5 billones. La cuestión ya no es si la IA transformará la economía, sino si las expectativas que hoy descuentan los mercados son realistas o si estamos asistiendo al nacimiento de una nueva burbuja tecnológica de dimensiones épicas.

Miguel Ángel Valero

"La revolución de la inteligencia artificial (IA) está provocando algo que rara vez ocurre en los mercados financieros: la creación de gigantes empresariales de tamaño colosal antes incluso de que los inversores puedan comprarlos en Bolsa", opina el analista Pablo Gil en The Trader. Durante décadas, las compañías alcanzaban valoraciones multimillonarias después de años cotizando públicamente. Primero crecían, después salían a Bolsa y, con el tiempo, algunas lograban convertirse en gigantes globales. Hoy el proceso se está invirtiendo. La nueva generación de líderes de la IA está alcanzando valoraciones históricas mientras todavía permanece en manos de fondos de capital riesgo, grandes instituciones financieras y algunos inversores privados privilegiados.

El mejor ejemplo acaba de protagonizarlo Anthropic. La compañía creadora de Claude ha cerrado una ronda de financiación que la valora en 965.000 millones$. Una cifra que ya supera la valoración de OpenAI. Si Anthropic cotizara hoy en Bolsa estaría entre las compañías más valiosas del planeta. Más grande que la inmensa mayoría de empresas del S&P 500 y compitiendo directamente con algunos de los gigantes tecnológicos tradicionales.

Pero quizás lo más llamativo no es la valoración. Lo verdaderamente espectacular es la velocidad a la que está creciendo. La compañía afirma haber alcanzado una tasa anualizada de ingresos cercana a los 47.000 millones$, impulsada por la enorme demanda empresarial de sus modelos de IA.

Y la fiebre inversora no termina ahí. Anthropic está negociando una operación de financiación mediante deuda por valor de 36.000 millones$ liderada por gigantes como Apollo y Blackstone. El objetivo es adquirir enormes cantidades de chips especializados de Google para seguir ampliando su capacidad de computación. 

"Estamos hablando de una situación extraordinaria. No se trata de una empresa pidiendo financiación para sobrevivir. Se trata de algunos de los mayores fondos del mundo compitiendo por financiar la infraestructura necesaria para alimentar la próxima generación IA", subraya este experto.

Anthropic ha presentado de forma confidencial la documentación para salir a Bolsa. Y aunque OpenAI podría seguir el mismo camino en las próximas semanas, el mensaje que envía el mercado es mucho más importante que la carrera entre ambas compañías.  Por primera vez, los grandes líderes de la IA parecen preparados para abrir sus puertas al inversor minorista. Anthropic, OpenAI e incluso SpaceX podrían protagonizar algunas de las mayores salidas a Bolsa de la historia, con valoraciones que ya rondan o superan el billón de dólares.

La pregunta es inevitable: ¿estamos ante el comienzo de una nueva fase de crecimiento o ante los últimos compases de la euforia? Hay un detalle especialmente interesante. Hace apenas un año, muchos de los principales referentes de la IA advertían sobre los riesgos existenciales de esta tecnología, el impacto sobre el empleo o incluso posibles amenazas para la sociedad. Hoy el discurso ha cambiado radicalmente. Sam Altman y Dario Amodei hablan mucho más de productividad, crecimiento y oportunidades que de riesgos.

No es casualidad. Cuando una empresa se prepara para cotizar, necesita atraer capital, generar confianza y construir una narrativa de crecimiento sostenible. Pero la salida a Bolsa tiene implicaciones que van mucho más allá de la valoración de la compañía. Para las empresas que ya utilizan Claude o que están valorando integrar soluciones de Anthropic, una compañía cotizada aporta mayor estabilidad, transparencia financiera y acceso a los mercados de capitales para seguir financiando la investigación y el desarrollo de nuevos modelos.

Al mismo tiempo, los inversores tendrán por fin la posibilidad de obtener exposición directa a una de las empresas más avanzadas del sector, algo que hasta ahora estaba reservado a fondos de capital riesgo y grandes inversores privados.

Además, la carrera entre Anthropic y OpenAI por conquistar los mercados públicos podría intensificar aún más la competencia. Más inversión, más presión por crecer y más necesidad de diferenciarse suelen traducirse en ciclos de innovación más rápidos, mejoras continuas en los productos y, potencialmente, una reducción de precios para los usuarios finales.

Por primera vez en muchos años, los mercados podrían enfrentarse a una oleada de salidas a Bolsa protagonizadas por empresas que ya nacen con valoraciones equivalentes a las mayores multinacionales del planeta. Anthropic, OpenAI y SpaceX podrían debutar directamente entre las compañías más grandes de Wall Street.

La IA ya no es una simple tendencia tecnológica. Se está convirtiendo en una carrera global por controlar la infraestructura, los datos, la potencia de cálculo y los modelos que podrían definir la próxima etapa del crecimiento económico mundial. Y cuando fondos soberanos, bancos de inversión, firmas de capital privado y grandes tecnológicas compiten por invertir cientos de miles de millones en el mismo sector, normalmente no estamos ante una moda pasajera.

La cuestión ya no es si la IA transformará la economía, sino si las expectativas que hoy descuentan los mercados son realistas o si estamos asistiendo al nacimiento de una nueva burbuja tecnológica de dimensiones épicas. Porque cuando empresas privadas empiezan a acercarse al billón de dólares antes siquiera de salir a Bolsa, la euforia ya no es una hipótesis. Es una realidad.

La historia de la IA está empezando a parecerse a la de Internet en los años noventa, pero a una velocidad mucho mayor y con cantidades de capital nunca vistas. La diferencia es que esta vez los ganadores potenciales ya están valorados como gigantes globales antes de que el inversor medio pueda acceder a ellos. Quizá estemos ante una revolución tecnológica que justifique estas cifras. O quizá estemos contemplando una nueva fase de exuberancia financiera. Lo más probable es que haya algo de ambas cosas. Lo que parece indiscutible es que la IA se ha convertido en el principal imán de capital del planeta y que esta historia aún está lejos de terminar.

La historia de los mercados nos enseña que las grandes oleadas de salidas a Bolsa suelen coincidir con momentos de enorme optimismo inversor. Ocurrió durante la burbuja tecnológica de finales de los noventa, sucedió en distintos episodios de fuerte expansión bursátil y ahora podría estar ocurriendo de nuevo con la IA. 

"Esto no significa necesariamente que el ciclo haya terminado. De hecho, la IA probablemente seguirá transformando sectores enteros durante la próxima década. Pero sí conviene recordar que las mejores tecnologías no siempre generan las mejores inversiones cuando las expectativas alcanzan niveles excesivamente elevados. Por eso, más que preguntarnos quién llegará primero a Wall Street, quizá deberíamos preguntarnos qué nos está diciendo Wall Street sobre el momento actual del ciclo", insiste Pablo Gil.

Respiro para las Bolsas

Después de diez sesiones ininterrumpidas de revalorizaciones llega el respiro a las Bolsas – MSCI AC World bajó un 0,6% el 3 de junio y sigue la corrección en Asia. Si bien el ruido geopolítico ganó protagonismo y tensionó los precios del crudo, el verdadero detonante se encuentra en el sector estrella de los últimos meses, donde crece el debate entre las brillantes perspectivas de crecimiento y el riesgo de ejecución. Y es que, en las últimas horas, dos actores fundamentales del sector volvieron a ocupar los titulares: por un lado, el máximo responsable de Taiwan Semiconductor (TSMC) proyectó que en los próximos años la oferta global de chips seguirá siendo insuficiente para satisfacer la demanda impulsada por la IA, lo que augura un crecimiento sostenido de los ingresos para la firma y reafirma sus objetivos de incremento del 30% de las ventas este ejercicio.

Sin embargo, la otra cara de la moneda fueron las esperadas cifras de la empresa de semiconductores americana Broadcom, aspirante a competir con Nvidia, que  no lograron cumplir con las elevadas expectativas del mercado. Sus ingresos por la venta de chips han quedado por debajo de lo esperado, empujando también una rebaja de las previsiones anuales que se quedan ahora en 56.000 millones$ frente a los 57.600 millones anteriores. En este contexto, compañías como TSMC reafirman su confianza en que el déficit de oferta estructural de chips sostendrá el fuerte crecimiento de sus ingresos, mientras que el caso de Broadcom evidencia que la ejecución, la competencia y la capacidad para satisfacer unas expectativas exigentes serán un desafío constante en los próximos trimestres.

SpaceX recaudará en Bolsa 75.000 millones$

Y mientras todo esto ocurre, otro gigante privado se prepara para entrar en escena: SpaceX, que ya se mueve en valoraciones cercanas a 1,5 billones$ y algunos analistas incluso contemplan cifras superiores en una futura salida a bolsa. Lo interesante es que la compañía ya no se presenta únicamente como una empresa espacial. Cada vez más se posiciona como una pieza clave de la futura infraestructura de IA gracias a Starlink, los centros de datos distribuidos y su capacidad para construir redes globales de comunicaciones.

Por su parte, SpaceX ha fijado el precio de su salida a Bolsa en 135 $/acción y ofrecerá alrededor de 555,6 millones de títulos, lo que le permitiría recaudar unos 75.000 millones$. La colocación está prevista para el 11 de junio y se espera que empiece a cotizar en el Nasdaq el 12. Con una valoración de unos 1,8 billones, la operación supondría emitir aproximadamente el 4% del valor de la empresa, y aun así, la salida de 75.000 millones marcaría un récord histórico, superando ampliamente los 29.400 millones de dólares recaudados en 2019 por Aramc(petrolera saudí). 

De materializarse, SpaceX se situaría entre las siete empresas americanas de mayor capitalización, por delante de compañías como Tesla y Meta. Aunque SpaceX ya genera un flujo de caja significativo –principalmente gracias a Starlink, su servicio de internet por satélite–, la compañía necesita más capital para financiar sus ambiciosos planes de crecimiento. Entre ellos, destacan la expansión de su infraestructura de computación en IA, la mejora de sus capacidades espaciales y de lanzamiento de cohetes, y el aumento de sus constelaciones de satélites.

Estas necesidades de financiación se han incrementado tras la adquisición de xAI en febrero, una empresa que consume en torno a 1.000 millones$ mensuales en costes relacionados con infraestructura y entrenamiento de modelos de IA.

Sin embargo, a pesar de la OPV, Elon Musk mantendrá un control casi exclusivo sobre SpaceX. Conservará alrededor del 84,4% de los derechos de voto (frente al 85 % actual), gracias a las acciones de clase B, que otorgan diez votos cada una frente a un único voto de las acciones de clase A. Además, su posesión del 93,6 % de las acciones de clase B le permite nombrar al 51% del consejo de administración y decidir sobre su propia destitución, lo que en la práctica impide que sea despedido contra su voluntad. 

Por otro lado, aproximadamente 7.800 millones de acciones estarán sujetas a restricciones de venta durante al menos seis meses tras la salida a Bolsa. 

A pesar del gran tamaño de esta operación y de otras potenciales emisiones relevantes previstas en el mercado (ampliaciones de capital de Alphabet y futuras OPV de Anthropic y OpenIA), en el corto plazo no se espera un impacto significativo en el mercado, dado que, en conjunto, representarían un 0,5% del S&P 500. 

Y hay más movimientos:

  • CrowdStrike nombra a Bartley Richardson, exejecutivo de Nvdia, Chief AI Officer. Cuando la empresa de ciberseguridad más relevante del mercado le roba talento directo a Nvidia, el mensaje está claro: la próxima generación de ciberdefensa va a correr en GPU.
  • Meta apuesta por agentes de IA dentro de WhatsApp para monetizar 3.000 millones de usuarios. La idea es que las empresas puedan atender, vender y cobrar dentro del chat, con publicidad nativa y servicios empresariales que hasta ahora no existían en la plataforma. Si funciona en India y Brasil, escala al resto del mundo. El mercado potencial es gigantesco. WeChat en China lleva años haciendo exactamente esto y es el núcleo del ecosistema de pagos del país. Meta quiere ese modelo para 3.000 millones de personas. WhatsApp era el activo más inframonetizado del sector tech. Si los agentes IA permiten transacciones y publicidad dentro del chat, el múltiplo de Meta cambia radicalmente. Presión directa sobre Snap  y todo el ecosistema de mensajería.
  • Morgan Stanley va a dar acceso a agentes de IA a su canal de gestión de patrimonio de $1,2 billones en activos. De esta forma, Wall Street tiene un nuevo empleado que no cobra, no duerme, y no se equivoca en los cálculos. Morgan Stanley abrirá su plataforma de gestión de patrimonio, que mueve 1,2 billones$ en activos, a agentes de IA. Los clientes de Banca Privada podrán interactuar con agentes que gestionan carteras, responden consultas y ejecutan operaciones. Es el movimiento más significativo de la banca privada hacia la IA del año. Si Morgan Stanley lo escala, el resto del sector no tiene opción. Seguirán o quedarán fuera. Porque el wealth management cambia de era. Presión sobre los asesores humanos y oportunidad para los proveedores de modelos de IA. Charles Schwab también en el radar.
  • La IA tiene un problema de electricidad. Y el mercado acaba de encontrar su solución favorita. Constellation Energy y NuScale suben con fuerza mientras el gobierno americano anuncia planes de expansión nuclear y el principal productor de uranio de EEUU decide aumentar capacidad. Los centros de datos de IA consumen electricidad como nunca antes. El carbón y el gas no son solución políticamente viable. La nuclear combina alta densidad energética, bajas emisiones y suministro constante. Las grandes tech ya están firmando contratos directamente con centrales nucleares. "Si eres un inversor largo en IA, piensa también en la electricidad que consumen esos data centers·, recomienda Zumitow. Constellation Energy, NuScale, URA y NLR son los vehículos naturales. Riesgo real: los plazos de construcción nuclear son eternos y los costes, impredecibles.
  • Rigetti Computing (-10%) sufre una resaca brutal tras el rally en el sector quantum. Sin earnings detrás, solo momentum especulativo. Cuando algo sube fuerte sin catalizador sólido, la corrección llega puntual.
  • Palo Alto Networks: sus beneficios deberían gustar: BPA ajustado de 85 centavos vs 80 esperados, ingresos de 3.000 millones vs 2.940 millones esperados, objetiivos por encima del consenso. Y aun así cae casi un 6%. "Clásico de las cyber cuando la expectativa ya estaba en precio", señalan en Zumitow.

Eastspring: sigue habiendo dudas sobre la rentabilidad de la inversión en IA

Choon Keong Ong, Portfolio Manager de  Eastspring Investments en Singapur, resalta la capacidad del sector tecnológico asiático para generar ingresos por dividendos, lo que ofrece una forma aún más atractiva de aumentar la exposición a estas tendencias de crecimiento estructural. Pero ¿estamos ante una burbuja de la inteligencia artificial?, ¿por qué los hiperescaladores siguen invirtiendo tanto en infraestructura de IAl, en un momento en el que los precios del hardware están en máximos, y cuándo dejarán de hacerlo? "Los más escépticos podrían pensar que nos encontramos ante otra posible burbuja, pero yo creo que este ciclo es diferente". señala.

A diferencia de lo que ha ocurrido en otros ciclos tecnológicos, la fuerza disruptiva de la IA es real. La monetización de los grandes modelos lingüísticos resulta cada vez más visible, la demanda de tókenes está creciendo de manera exponencial, y lo cierto es que no hay suficiente capacidad de computación para atenderla. Este desequilibrio se ve agravado además por el paso del entrenamiento de la IA a la inferencia. A diferencia del entrenamiento, la demanda de inferencia es continua, aumenta con la adopción por parte de los usuarios, y no puede programarse o distribuirse en el tiempo como ocurre con las tareas de entrenamiento.

En lo que respecta a los hyperscalers,  la idea que subyace a todo ello es el deseo de acceder a las ventajas de las que se benefician los primeros en actuar. Los que se queden atrás podrían perder un terreno que luego resultaría muy difícil recuperar. Por eso el gasto de capital sigue aumentando, aun cuando sigue habiendo ciertas dudas sobre la rentabilidad de la inversión.

El aumento del gasto de capital con el que los hyperscalers desean consolidar su posición en el ámbito de la inteligencia artificial está beneficiando directamente a la cadena de suministro tecnológica asiática.

"La pregunta ya no es si la demanda de inteligencia artificial es real, sino quién tiene capacidad para responder a ella. Los clientes compiten por asegurarse acceso a capacidad de computación para inteligencia artificial, y la rapidez de ejecución pesa más que el precio", subraya .

Lo que destaca especialmente en este ciclo es el ritmo sin precedentes que está adoptando el cambio tecnológico. Los planes de desarrollo de los productos cambian constantemente, lo que exige un diálogo continuo con las compañías, así como la capacidad de anticipar cambios estructurales.

La capacidad de fundición de semiconductores de última generación es el principal cuello de botella, y las tensiones de oferta se están trasladando a toda la cadena de suministro, desde la memoria y las técnicas avanzadas de encapsulado a las placas de circuito impreso de alta densidad. Más que la debilidad de la demanda, lo que define el entorno de suministro son las restricciones de disponibilidad. Los proveedores de primer nivel que tienen capacidad para suministrar a escala están muy bien posicionados en un contexto como el actual, y también hay un grupo creciente de empresas que están demostrando su capacidad para generar crecimiento compuesto estructural dentro de este ecosistema.

En lo que respecta a la demanda de hardware, ha habido dos cuestiones especialmente relevantes. La primera se refiere al auge de los chips conocidos como "circuitos integrados para aplicaciones específicas" (ASIC), diseñados a medida como alternativa creíble a las unidades de procesamiento gráfico (GPU).

La segunda es la aparición de la óptica integrada en el encapsulado (CPO), una nueva tecnología que integra componentes ópticos directamente en un único encapsulado y reduce el consumo energético de los centros de datos. Aunque no parece probable que esta nueva tecnología vaya a generalizarse antes de 2027, ya está influyendo en el crecimiento del contenido de hardware y generando nuevas ideas de inversión.

En lo que respecta a la memoria, el debate se ha centrado en la sostenibilidad de los beneficios empresariales, tras un ciclo alcista sin precedentes desde 2024 y el fuerte aumento de los precios de la memoria convencional en los últimos seis a nueve meses.

Los fabricantes de memoria han recurrido a los llamados "acuerdos a largo plazo" (LTA) para lograr la estabilidad de sus ingresos, en virtud de los cuales los clientes se comprometen de forma flexible a adquirir determinados volúmenes. Los nuevos acuerdos a largo plazo están adoptando un carácter más contractual, e incluyen la negociación de compromisos de precio y volumen y, en algunos casos, pagos anticipados por parte de los clientes. Aún no se sabe si estas condiciones más estrictas pasarán a ser la norma, más que la excepción, pero eso será lo que determine la solidez de los beneficios empresariales a medida que el ciclo vaya perdiendo impulso.

Este tipo de innovaciones reducen la intensidad de capital, pero también disminuyen el coste de prestación del servicio y pueden impulsar la demanda de tókenes. Habrá que prestar atención a las próximas salidas a bolsa de los principales desarrolladores de inteligencia artificial, ya que pueden proporcionar una valiosa información sobre la rentabilidad económica de los grandes modelos lingüísticos. El segundo riesgo es el exceso de oferta de componentes, ya que se prevé una importante expansión de la capacidad en los próximos años.