31Aug

Tras el caso Aur0ra, aseguradoras como MSIG, QBE y Beazley están revisando sus ciberseguros, ya que casi todas las pólizas de estas características asumen un evento de seguridad concreto (alguien entra sin permiso, un servidor cae), no la acción de un agente de inteligencia artificial.

Miguel Ángel Valero

Aur0ra, un grupo ruso de ransomware convenció al agente de inteligencia artificial (IA) de Cursor (empresa del grupo SpaceX, de Elon Musk) tras 28 sesiones de chat de que estaba trabajando en un entorno de pruebas, lo que facilitó ciberataques a varias empresas (la fabricante belga de productos de higiene y limpieza Christeyns; la empresa alemana Teckentrup, que fabrica puertas de garaje; la escocesa Helideck Certification Agency (Escocia), un distribuidor farmacéutico argentino, un fabricante italiano; Bayou Title, aseguradora de títulos de Luisiana, entre ellas) entre el 8 de abril y el 21 de mayo de 2026, según análisis de las firmas de ciberseguridad Gambit Security y CloudSek.

Los ciberdelincuentes ejecutaron cientos de operaciones maliciosas (robo de credenciales, toma de cuentas de alto valor), apoyándose en que el agente de IA de Cursor les ayudaba a ir hasta un 50% más rápido.

El caso se hace público la misma semana en que OpenAI, Anthropic y Meta admitieron que sus propios agentes de IA se salieron de entornos controlados y ejecutaron acciones ofensivas sin que nadie se lo pidiera, y en la que 116 empresas han firmado una carta abierta pidiendo defensa coordinada ante los ciberataques asistidos por IA.

Reacción de las aseguradoras

Las aseguradoras también reaccionan: MSIG, QBE y Beazley están revisando sus ciberseguros, ya que casi todas las pólizas de estas características asumen un evento de seguridad concreto (alguien entra sin permiso, un servidor cae). Un agente de IA puede causar la pérdida usando exactamente los accesos que la empresa le dio a propósito, sin que haya hacker ni acceso no autorizado en el origen.

El mercado global de ciberseguro asciende a 15.000 millones$ en 2025,  pasado y Munich Re vaticina 28.000 millones para 2030. Aon calcula que cerca del 20% de los ciberataques llevarán IA generativa en 2027. 

Y del sector tecnológico

OpenAI, Anthropic, Google, Microsoft, las firmas de ciberseguridad CrowdStrike, Okta y Fortinet, figuran entre las 116 empresas que han hecho una llamada conjunta alertando de que los ciberataques habilitados por IA "serán mucho más generalizados y sofisticados", y reclamando colaboración público-privada a todos los niveles (local, nacional, internacional) y alianzas para elevar estándares de seguridad. Reconocen que el riesgo no en el usuario final, sino en los sistemas que sostienen pagos y conectividad.

También avisan que un ciberatacante humano elige objetivos porque su tiempo es limitado: investiga una empresa, prueba unas cuantas vías y pasa a la siguiente. Un agente de IA puede hacer ese trabajo en paralelo sobre miles de objetivos a la vez, y el coste de añadir uno más tiende a 0, por lo que tiene incentivos para realizar ciberataques masivos.


30Jul

Europa es el continente que se calienta más rápido, haciéndolo a más del doble del ritmo promedio global. Por cada diez días adicionales con temperaturas superiores a los 35 °C, la productividad laboral anual cae una media del 0,3%. Esto equivale aproximadamente al impacto de un aumento del 5% en los precios de la energía.

Un 'Súper El Niño' amenaza con fenómenos meteorológicos extremos en numerosas regiones del mundo. Y llueve sobre mojado. En los primeros seis meses del año, los desastres naturales provocaron pérdidas en todo el mundo estimadas en casi 112.000 millones$, de los que solo 44.000 millones estaban asegurados, lo que representa una brecha de cobertura del 60%. Las pérdidas se situaron ligeramente por debajo de la media ajustada a la inflación del primer semestre de los últimos diez años (pérdidas totales: 113.000 millones; pérdidas aseguradas: 50.000 millones), pero significativamente por debajo de la media de los últimos 5 años (pérdidas totales: 136.000 millones; pérdidas aseguradas: 66.000 millones), según un estudio de Munich Re.

El desastre natural más destructivo fue un terremoto doble registrado en Venezuela el 24 de junio. En cuestión de minutos, dos potentes sismos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron la zona situada a unos 200 km al oeste de la capital, Caracas, cerca de la localidad de Morón. Según el Servicio Geológico de los EEUU (USGS), fue el seísmo más potente en golpear esta zona de altísima actividad sísmica desde 1900. Miles de personas perdieron la vida. Según estimaciones preliminares, se prevé que las pérdidas totales alcancen los 30.000 millones,  con unas pérdidas aseguradas inferiores a los 1.000 millones. 

Para las aseguradoras, las fuertes tormentas eléctricas en EEUU fueron el principal factor de pérdidas en el primer semestre. Sin embargo, con unas pérdidas totales de unos 30.000 millones y unas pérdidas aseguradas de 22.000 millones, los daños causados por estas tormentas estuvieron por debajo del promedio de los últimos diez años (pérdidas totales: 34.000 millones; pérdidas aseguradas: 26.000 millones de USD). Aun así, el hecho de que los episodios de tornados y granizo se mantuvieran dentro de los rangos esperados habría indicado normalmente mayores pérdidas. 

Thomas Blunck, del Board of Management de Munich Re, avisa: "El cambio climático y la creciente exposición persisten, lo que aumenta el riesgo de sufrir pérdidas aún mayores en el futuro. La mejor manera de que la sociedad reduzca estas pérdidas es dejar de construir en zonas de alto riesgo y continuar invirtiendo en prevención".

En Europa, las catástrofes naturales en el continente superaron la media de la última década. Aparte de las olas de calor, las intensas borrascas invernales causaron cuantiosos daños en toda Europa. A principios de año, en poco más de un mes, nueve borrascas afectaron a Portugal y España, incluida Kristin, la más devastadora de todas, a finales de enero. Inusualmente virulenta para la península ibérica, Kristin azotó la región con rachas de viento de hasta 170 km/h y fuertes precipitaciones, provocando graves pérdidas por valor de unos 7.700 millones$, de los cuales alrededor de 1.800 millones estaban asegurados. A finales del primer semestre, las pérdidas en Portugal ya habían superado las pérdidas totales anuales y aseguradas más altas registradas en el país desde 1980, período que abarca la base de datos NatCatSERVICE de Munich Re.

En conjunto, las nueve borrascas de invierno representaron alrededor del 80% de las pérdidas totales y el 70% de las pérdidas aseguradas en Europa por desastres naturales en el primer semestre. Las pérdidas totales por catástrofes naturales, de unos 22.000 millones$, y las pérdidas aseguradas, de algo más de 7.000 millones, superaron las cifras medias de los últimos diez años (18.000 millones y 6.600 millones, respectivamente, ajustadas a la inflación). 

OIas de calor que pulverizan récords

Las olas de calor sin precedentes dominaron la primera mitad del año en Norteamérica y Europa. La comunidad científica habla ya de "temperaturas que pulverizan récords", ya que en muchos lugares los nuevos máximos superaron con creces los registros anteriores. Esto afectó especialmente a amplias zonas de Europa central y occidental durante el mes de junio. Por ejemplo, en la localidad de Möckern, al este de Alemania, se registró una temperatura de 41,8 °C, es decir, 0,6 °C por encima del anterior récord nacional fijado en 2019. Junio no suele ser el mes más caluroso del año. Los récords mensuales de temperatura ya se habían batido en Europa durante una primera ola de calor en mayo. Los estudios muestran un vínculo claro entre las olas de calor y el cambio climático. En el caso de Europa, una investigación reveló que la ola de calor más reciente habría sido unos 3,5 °C más fresca de haberse producido hace 50 años. Europa es el continente que se calienta más rápido, haciéndolo a más del doble del ritmo promedio global. 

Durante una ola de calor en EE. UU. en junio, la combinación de temperatura y humedad alcanzó niveles que habrían sido prácticamente imposibles sin el cambio climático. El calor sofocante se considera especialmente estresante y peligroso tanto para las personas como para los animales. En muchas localidades de los estados del este de EEUU, la temperatura apenas bajó de los 27 °C (unos 80 °F), incluso durante la noche. 

En la actualidad, las olas de calor se consideran el desastre natural que más vidas se cobra. Solo en Alemania, el Instituto Robert Koch estima que las muertes vinculadas al calor superaron las 5.000 entre abril y junio. Es difícil cuantificar el impacto financiero de las olas de calor, ya que normalmente no provocan daños materiales directos. En su lugar, los perjuicios se deben principalmente a la caída de la productividad y los parones de producción, así como a los daños en infraestructuras, interrupciones en el transporte y pérdidas de cosechas. Un estudio de la OCDE basado en datos empresariales de 23 economías desarrolladas concluyó que la productividad laboral disminuye notablemente durante las olas de calor y en días de calor extremo. Por cada diez días adicionales con temperaturas superiores a los 35 °C, la productividad laboral anual cae una media del 0,3%. Esto equivale aproximadamente al impacto de un aumento del 5% en los precios de la energía.  Y el estrés térmico aumenta todavía más cuando la humedad es elevada. 

El Niño será más potente y provocará fenómenos extremos

Se prevé que un Súper El Niño altere los fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo Se espera que la segunda mitad de 2026 esté marcada por el fenómeno climático de El Niño, el cual tiende a provocar temperaturas aún más elevadas e influye en eventos meteorológicos extremos en muchas regiones del planeta. El Niño forma parte de un ciclo climático natural conocido como ENOS (El Niño-Oscilación del Sur). Este ciclo implica cambios periódicos en las temperaturas y en las condiciones atmosféricas del Pacífico, los cuales pueden alterar los patrones meteorológicos en todo el globo. En muchas regiones —como Australia, América Central y el suroeste de África—, El Niño está aumentando el riesgo de sequías e incendios forestales. 

Por otro lado, en el oeste de América del Sur, partes de Brasil y el suroeste de Estados Unidos, puede provocar un incremento de las lluvias torrenciales acompañadas de inundaciones repentinas. Aunque El Niño atenúa la temporada de huracanes en el Atlántico Norte, intensifica la actividad de ciclones tropicales en todas las zonas del Pacífico Norte, incluido el Pacífico Noroeste. 

El Niño tiende a provocar un aumento en las temperaturas medias globales, sumándose a las elevadas temperaturas causadas por el cambio climático. Las temperaturas medias mundiales de la superficie del mar ya se encuentran en niveles récord. En términos de temperatura media global, 2024 ostenta actualmente el récord, situándose unos 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales, influenciado en parte por El Niño. Al igual que ocurre ahora, en aquel entonces El Niño comenzó en el transcurso de 2023 y siguió teniendo un impacto significativo hasta bien entrado el año siguiente. Las previsiones actuales apuntan a que se alcanzarán condiciones récord de El Niño hacia finales de año. Las fases de El Niño suelen durar entre seis meses y un año, alcanzando a menudo su punto máximo hacia finales del año natural.

Tobias Grimm, científico jefe especializado en clima de Munich Re, advierte: "Es una combinación peligrosa: mientras el calentamiento global continúa, el mundo se encamina además hacia un Súper El Niño, lo que elevará aún más las temperaturas. Es muy probable que sus efectos se sientan con claridad en la segunda mitad del año. Tomar medidas de precaución a tiempo salva vidas y limita los daños económicos causados por los desastres".