15Jan

La selección, la calidad y la gestión activa marcarán la diferencia en un año marcado por un crecimiento global débil, condicionado por elevados niveles de deuda, un entorno fiscal exigente y un escenario monetario acomodaticio.

Miguel Ángel Valero

2026 estará marcado por un crecimiento global débil, sin recesión, pero condicionado por elevados niveles de deuda, un entorno fiscal exigente y un escenario monetario que seguirá siendo acomodaticio, según la Visión Estratégica de Tressis, presentada por José Miguel Maté, consejero delegado, y Daniel Lacalle, economista jefe. Por tanto, recomienda una estrategia de prudencia activa, basada en la selección, la calidad y la flexibilidad en la inversión.

“El mundo entra en una fase de crecimiento estructuralmente más pobre, en el que la abundancia de liquidez convive con una inflación que no termina de desaparecer y con niveles de deuda que limitan el margen de actuación de gobiernos y bancos centrales”, advierte Maté, que precisa: “No es un escenario de recesión, pero sí exige una gestión mucho más selectiva y disciplinada”, ha asegurado.

EEUU seguirá liderando el crecimiento entre las economías desarrolladas, apoyado en su dinamismo empresarial y su capacidad de generación de beneficios. Europa mantiene un escenario frágil, marcado por tensiones fiscales y políticas en algunos países clave, mientras que en mercados emergentes el dinamismo se concentra en Asia, con un enfoque más selectivo.

Uno de los conceptos centrales de los gestores de Tressis es el  “tsunami monetario”: años de políticas expansivas, déficits elevados y balances públicos sobredimensionados que siguen condicionando el entorno financiero. Una combinación que prolonga un ciclo de liquidez abundante y tipos reales contenidos, pero mantiene vivo el riesgo de inflación persistente, especialmente en el sector servicios. “La inflación ha bajado, pero no ha desaparecido como riesgo. Mientras el gasto público siga creciendo y los compromisos de deuda futura no financiada continúen acumulándose, los bancos centrales tendrán un margen muy limitado para aplicar políticas realmente restrictivas”, subraya Lacalle.

En este contexto, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo afrontan 2026 con un sesgo acomodaticio, aunque sin capacidad para repetir las políticas ultraexpansivas del pasado. Tressis asume un aumento de la masa monetaria por encima del crecimiento del PIB nominal, lo que seguirá apoyando las valoraciones de los activos financieros, aunque con mayor volatilidad y divergencias.

La renta fija vuelve a ocupar un papel relevante en las carteras, si bien en un entorno más complejo. La creciente preocupación por la sostenibilidad fiscal ha elevado la volatilidad de la deuda soberana y ha incrementado las rentabilidades exigidas en los tramos largos. Por ello, Tressis recomienda duraciones medias, entre tres y cinco años, y alta calidad crediticia. En deuda privada, las perspectivas son más favorables gracias a la solidez de los balances empresariales y a unas rentabilidades a vencimiento que siguen siendo atractivas, especialmente en Europa.

En renta variable: calidad y prudencia, porque los retornos han sido mucho más dispares de lo que muestran los índices, con apenas un 25% de las industrias logrando batir las referencias. Tecnología en EE. UU. y bancos en Europa han capitalizado parte de las subidas, mientras el resto se ha quedado rezagado. Los expertos de Tressis sobre ponderan EEUU y Europa frente a los índices globales, pero se muestran cautos con las valoraciones y apuestan por salud, tras confirmar una mejora en los resultados; tecnología y comunicaciones con beneficios, haciendo mucho hincapié en compañías rentables; industriales, se estima una recuperación de las manufacturas a nivel global; y muy selectivos en consumo, dadas las correcciones en algunos segmentos.

Tressis también favorece las economías desarrolladas frente emergentes, aunque la debilidad del dólar abre oportunidades interesantes. Prudencia con la inversión en materiales y en bienes raíces, al menos hasta que se disipen los riesgos de inflación; y con algunos actores relacionados con inteligencia artificial, por el peligro del exceso de endeudamiento.

Los metales preciosos —oro y plata— continúan ganando protagonismo como activos de protección frente a desequilibrios monetarios y geopolíticos, apoyados por las compras de bancos centrales. Los metales industriales, especialmente el cobre, se benefician de la inteligencia artificial y la transición energética, aunque son sensibles a la evolución de la economía china.

El petróleo afronta 2026 en un entorno de precios contenidos y de equilibrio entre oferta y demanda, lo que contribuirá a la estabilidad macroeconómica, aunque siempre está expuesto a episodios de volatilidad derivados de riesgos geopolíticos.

Por tanto, Tressis afronta 2026 con una visión constructiva pero prudente, la liquidez seguirá siendo un soporte clave de los mercados, pero la selección, la calidad y la gestión activa marcarán la diferencia.