17Jun

El acuerdo entre Irán y EEUU "no cambia el fondo de nuestra estrategia: seguimos en un entorno de liquidez abundante, crecimiento débil e inflación persistente, en el que la selección y la calidad seguirán marcando la diferencia”.

Miguel Ángel Valero

 “Crecimiento y beneficios frente al riesgo geopolítico”. Es el significativo título de las perspectivas de Tressis para el segundo semestre de 2026. Su consejero delegado, José Miguel Maté, cree que se aleja definitivamente el fantasma de la recesión y se reduce la incertidumbre geopolítica, lo que refuerza las perspectivas de crecimiento global, que se apoyan también en unos resultados empresariales muy por encima de las expectativas, que sitúan a la renta variable en máximos.

Esto justifica una "visión moderadamente optimista". “La economía global ha demostrado ser mucho más resistente de lo que se temía a comienzos de año”, insiste Maté, para quien el acuerdo entre Irán y EEUU "es una excelente noticia que despeja parte de la incertidumbre que ha condicionado los mercados en los últimos meses, aunque no cambia el fondo de nuestra estrategia: seguimos en un entorno de liquidez abundante, crecimiento débil e inflación persistente, en el que la selección y la calidad seguirán marcando la diferencia”.

El shock energético derivado del conflicto ha tenido, en conjunto, un impacto menor del temido, y en Europa no ha desembocado en una paralización generalizada de la actividad. No obstante, mayo dejó un balance más pobre, con el PMI compuesto adentrándose en zona contractiva, lo que apunta a una debilidad de la demanda interna y del consumo. En EEUU, en cambio, los indicadores de actividad del sector servicios muestran una aceleración del ritmo de expansión.

En cuanto a los precios, la desinflación no ha desaparecido, pero tampoco puede hablarse de una victoria definitiva: La inflación se moderará con relativa rapidez, en buena medida gracias a la corrección de los precios de la energía tras el acuerdo entre EEUU e Irán”, explica Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis. “Sin embargo, la inflación subyacente y el llamado tsunami monetario –años de políticas expansivas, déficits elevados y balances públicos sobredimensionados– siguen siendo factores esenciales que limitan el margen de los bancos centrales para aplicar políticas verdaderamente restrictivas”, argumenta.

Para Tressis, la última subida de tipos del Banco Central Europeo no ha sido una decisión acertada, ya que llega en un momento en que el sector servicios es el componente más débil de la Eurozona, y buena parte del repunte inflacionario procede de la energía importada, un factor sobre el que los tipos de interés tienen escasa capacidad de corrección. El BCE puede enfriar el crédito, el consumo y la inversión, pero no abaratar el precio del petróleo ni reabrir las cadenas logísticas.

Para Lacalle "se ha exagerado el impacto de la guerra, llegándose a vaticinar un petróleo a 200$ y a crearse posiciones apalancadas especulativas que ahora se tienen que deshacer con severas correcciones". "Pero el sistema ha demostrado su flexibilidad y resiliencia, con cadenas de suministros más potentes", subraya.

En este contexto, la nueva Fed de Kevin Warsh se va a centrar más en la reducción de su balance que en la bajada de tipos. El BCE no tendrá más remedio que revertir una decisión "irracional" como es subir tipos, "perjudicando a empresas y familias al encarecer el crédito".

Buenas expectativas para los resultados empresariales

El análisis de Tressis destaca una temporada de resultados excepcional. En EEUU, los beneficios de las compañías del S&P 500 crecieron un 28%, en uno de los mejores trimestres de los últimos años. Sectores como tecnología, comunicación y materiales registraron crecimientos de beneficios cercanos o superiores al 40%, apoyados en el fuerte gasto vinculado a la inteligencia artificial –semiconductores, servicios en la nube y centros de datos– y en el aumento de los precios de las materias primas. Las previsiones que las propias compañías ofrecen para los próximos meses también muestran un tono optimista.

En Europa, el crecimiento de los beneficios por acción se situó en un más moderado 8,8%, en buena parte gracias al sector energético. “Estos resultados son el principal soporte del mercado y respaldan mantener las carteras invertidas, aunque dado el nivel de las valoraciones, será necesario que se confirmen las buenas expectativas de los resultados empresariales para mantener el tono del mercado”, advierte Maté, consejero delegado de Tressis.

En ese contexto de OPV (tras la pertinaz sequía de los últimos años), fusiones y adquisiciones, sólidos resultados empresariales y entusiasmo en torno a las inversiones relacionadas con la IA, Tressis mantiene una visión positiva en renta variable global, con preferencia relativa por EEUU, aunque siendo perfectamente consciente de que el mercado continúa mostrando un liderazgo extremadamente estrecho a nivel sectorial. También gustan mucho los mercados emergentes.

La actividad corporativa mantiene además un tono muy dinámico en 2026. Las operaciones de fusiones y adquisiciones recuperan protagonismo, impulsadas por la abundante liquidez, la normalización de los tipos de interés y la necesidad de las compañías de ganar escala en sectores estratégicos como la IA, la defensa o la tecnología. A ello se suma la reapertura del mercado de salidas a Bolsa, con operaciones de tamaño histórico: la cotización de SpaceX, valorada en más de 1,7 billones de dólares, y la posibilidad de que compañías como Anthropic y OpenAI sigan el mismo camino, apuntan a un mercado dispuesto a financiar proyectos de crecimiento de enorme dimensión.

"Hay una ingente cantidad de liquidez en todo el mundo", subraya el CEO de Tressis, que recomienda fijarse en todos los que se benefician del auge de la IA, entre ellos los bancos (que dan un salto en gestión de riesgos y cumplimiento normativo, pero también en ingresos por comisiones en OPV y fusiones y adquisiciones), semiconductores ("es un factor crítico"), infraestructuras, tecnología (siempre selectivos e invirtiendo en empresas con beneficios). Pero también en energía, ciberseguridad, defensa.

En renta fija, el tono ya no es tan positivo, ya que el potencial de revalorización es escaso. Las rentabilidades de la deuda pública se mantienen en niveles elevados en las principales economías desarrolladas tras el repunte registrado en los últimos meses. El crédito de grado de inversión, sin embargo, ha mostrado una notable resistencia, con diferenciales que se han estrechado hasta niveles previos al conflicto en Oriente Medio.

Existe cierta presión sobre la renta fija reforzada por las limitaciones de reembolsos detectadas en varios fondos de crédito privado, en plena escalada de las emisiones vinculadas a la inversión en IA y centros de datos. Ante este escenario, Tressis mantiene en renta fija un posicionamiento defensivo, con exposición a deuda entre tres y cinco años y estrategias flexibles que permitan aprovechar la volatilidad derivada de la evolución de las expectativas de inflación, y con un peso equilibrado entre la deuda pública y la privada. "En private equity, muchos van a defraudar en rentabilidad, por lo que hay que ser muy selectivos", recomienda Maté.

En materias primas, el oro y la plata mantienen su atractivo como activos refugio frente al deterioro fiscal de las principales economías desarrolladas. “El mundo no está sustituyendo el dólar por otra divisa, sino reduciendo su confianza en la deuda emitida por gobiernos con déficits crónicos y balances deteriorados”, explica Daniel Lacalle Este soporte estructural se refleja en la actividad de los bancos centrales: el World Gold Council estima compras netas de 244 toneladas de oro en el primer trimestre de 2026, un 17% más que en el trimestre anterior, y China ha elevado sus reservas de oro durante diecinueve meses consecutivos. El dólar, por su parte, conserva su papel como activo refugio y moneda de reserva, aunque podría moderarse de forma táctica si se reduce la prima de riesgo energético.

15Jan

La selección, la calidad y la gestión activa marcarán la diferencia en un año marcado por un crecimiento global débil, condicionado por elevados niveles de deuda, un entorno fiscal exigente y un escenario monetario acomodaticio.

Miguel Ángel Valero

2026 estará marcado por un crecimiento global débil, sin recesión, pero condicionado por elevados niveles de deuda, un entorno fiscal exigente y un escenario monetario que seguirá siendo acomodaticio, según la Visión Estratégica de Tressis, presentada por José Miguel Maté, consejero delegado, y Daniel Lacalle, economista jefe. Por tanto, recomienda una estrategia de prudencia activa, basada en la selección, la calidad y la flexibilidad en la inversión.

“El mundo entra en una fase de crecimiento estructuralmente más pobre, en el que la abundancia de liquidez convive con una inflación que no termina de desaparecer y con niveles de deuda que limitan el margen de actuación de gobiernos y bancos centrales”, advierte Maté, que precisa: “No es un escenario de recesión, pero sí exige una gestión mucho más selectiva y disciplinada”, ha asegurado.

EEUU seguirá liderando el crecimiento entre las economías desarrolladas, apoyado en su dinamismo empresarial y su capacidad de generación de beneficios. Europa mantiene un escenario frágil, marcado por tensiones fiscales y políticas en algunos países clave, mientras que en mercados emergentes el dinamismo se concentra en Asia, con un enfoque más selectivo.

Uno de los conceptos centrales de los gestores de Tressis es el  “tsunami monetario”: años de políticas expansivas, déficits elevados y balances públicos sobredimensionados que siguen condicionando el entorno financiero. Una combinación que prolonga un ciclo de liquidez abundante y tipos reales contenidos, pero mantiene vivo el riesgo de inflación persistente, especialmente en el sector servicios. “La inflación ha bajado, pero no ha desaparecido como riesgo. Mientras el gasto público siga creciendo y los compromisos de deuda futura no financiada continúen acumulándose, los bancos centrales tendrán un margen muy limitado para aplicar políticas realmente restrictivas”, subraya Lacalle.

En este contexto, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo afrontan 2026 con un sesgo acomodaticio, aunque sin capacidad para repetir las políticas ultraexpansivas del pasado. Tressis asume un aumento de la masa monetaria por encima del crecimiento del PIB nominal, lo que seguirá apoyando las valoraciones de los activos financieros, aunque con mayor volatilidad y divergencias.

La renta fija vuelve a ocupar un papel relevante en las carteras, si bien en un entorno más complejo. La creciente preocupación por la sostenibilidad fiscal ha elevado la volatilidad de la deuda soberana y ha incrementado las rentabilidades exigidas en los tramos largos. Por ello, Tressis recomienda duraciones medias, entre tres y cinco años, y alta calidad crediticia. En deuda privada, las perspectivas son más favorables gracias a la solidez de los balances empresariales y a unas rentabilidades a vencimiento que siguen siendo atractivas, especialmente en Europa.

En renta variable: calidad y prudencia, porque los retornos han sido mucho más dispares de lo que muestran los índices, con apenas un 25% de las industrias logrando batir las referencias. Tecnología en EE. UU. y bancos en Europa han capitalizado parte de las subidas, mientras el resto se ha quedado rezagado. Los expertos de Tressis sobre ponderan EEUU y Europa frente a los índices globales, pero se muestran cautos con las valoraciones y apuestan por salud, tras confirmar una mejora en los resultados; tecnología y comunicaciones con beneficios, haciendo mucho hincapié en compañías rentables; industriales, se estima una recuperación de las manufacturas a nivel global; y muy selectivos en consumo, dadas las correcciones en algunos segmentos.

Tressis también favorece las economías desarrolladas frente emergentes, aunque la debilidad del dólar abre oportunidades interesantes. Prudencia con la inversión en materiales y en bienes raíces, al menos hasta que se disipen los riesgos de inflación; y con algunos actores relacionados con inteligencia artificial, por el peligro del exceso de endeudamiento.

Los metales preciosos —oro y plata— continúan ganando protagonismo como activos de protección frente a desequilibrios monetarios y geopolíticos, apoyados por las compras de bancos centrales. Los metales industriales, especialmente el cobre, se benefician de la inteligencia artificial y la transición energética, aunque son sensibles a la evolución de la economía china.

El petróleo afronta 2026 en un entorno de precios contenidos y de equilibrio entre oferta y demanda, lo que contribuirá a la estabilidad macroeconómica, aunque siempre está expuesto a episodios de volatilidad derivados de riesgos geopolíticos.

Por tanto, Tressis afronta 2026 con una visión constructiva pero prudente, la liquidez seguirá siendo un soporte clave de los mercados, pero la selección, la calidad y la gestión activa marcarán la diferencia.