05Apr

La mayoría de las familias construyen su patrimonio a través de la vivienda. Los ultrarricos, en cambio, lo hacen a través de acciones, fondos y empresas.

Miguel Ángel Valero

En 2016 se produjo la publicación de los Papeles de Panamá, un conjunto de documentos que demostraban cómo políticos, empresarios, famosos y criminales se apoyaban en sociedades de territorios con ventajas y opacidad fiscales ('offshore', en la jerga financiera) para ocultar su patrimonio, evadir impuestos o 'lavar' dinero. Esta revelación desató la indignación de los ciudadanos y provocó un endurecimiento de las normas de intercambio de información bancaria entre países, lo que ha reducido, al menos oficialmente, el volumen de dinero 'negro' en sociedades offshore.

Diez años después, todavía quedan unos 3,55 billones$ (cerca de 3,1 billones€) en territorios offshore. Dos veces el PIB de España. Y el 80% de ese dinero está en manos del 0,1% más rico del planeta, 2,84 billones$, según estima la ONG Oxfam Internacional. Y el 0,01% acapara la mitad de toda esa fortuna oculta, lo que supone 1,77 billones en cuentas y activos sin tributar.

Gabriel Zucman, director del Observatorio Internacional de la Fiscalidad, propuso en la reunión del G-20 en Brasil tasar con un 2% los patrimonios superiores a los 100 millones. Una medida que aplicada en España supondría unos 5.000 millones adicionales de recaudación fiscal. Pero la idea del economista francés no se ha implantado todavía.

Auge de los ultrarricos

En The Trader, el analista Pablo Gil considera que "la economía ya no la mueve la clase media". Durante décadas, la idea dominante era clara: la economía crecía impulsada por la clase media. Su consumo, su capacidad de ahorro, su estabilidad. Pero los datos empiezan a contar otra historia. En EEUU está emergiendo (y consolidándose) un grupo cada vez más numeroso de ultrarricos que no son multimillonarios, pero que tienen patrimonios de decenas o cientos de millones de dólares. Ya hay más de 430.000 hogares con más de 30 millones$, y dentro de ellos, unos 74.000 superan los 100 millones. No es solo una cifra elevada: es un grupo que crece más rápido que la población.

Lo relevante no es solo cuántos son, sino cómo han construido su riqueza. En los últimos 50 años, el 0,1% más rico ha multiplicado su patrimonio por más de 13 veces. Mientras tanto, el 50% inferior ha tenido enormes dificultades para generar riqueza y solo recientemente ha logrado volver a terreno positivo tras décadas marcadas por crisis y estancamiento.

La diferencia está en los activos. La mayoría de las familias construyen su patrimonio a través de la vivienda. Los ultrarricos, en cambio, lo hacen a través de acciones, fondos y empresas. De hecho, cerca del 72% de su riqueza está en este tipo de activos. Y eso cambia completamente el resultado, porque en la última década el S&P 500 se ha triplicado y muchas empresas privadas también han disparado su valoración. No es solo una cuestión de ingresos. Es una cuestión de posicionamiento.

Esto tiene una consecuencia directa: la economía empieza a polarizarse. El consumo vinculado al lujo está creciendo con fuerza (desde viviendas de más de 10 millones hasta viajes y marcas premium) mientras que el consumo de la clase media-alta empieza a mostrar signos de debilidad.

"Cada vez importa menos el consumidor medio… y más quién concentra el capital. Y aquí está la idea clave para el inversor: si quieres entender hacia dónde va el mercado, no basta con mirar el crecimiento económico general. Hay que entender quién tiene el dinero y en qué activos está invertido. Porque hoy, más que nunca, la economía no se mueve desde el centro. Se mueve desde arriba", advierte este experto.