02Oct

La FTC norteamericana anuncia una investigación sobre Anthropic y OpenAI un día después del acuerdo "moralmente vinculante" de las grandes de la IA con Trump.

Miguel Ángel Valero


El Banco Central Europeo (BCE) ha preguntado a 5.000 empresas de la Eurozona ¿qué tipos de inversión en inteligencia artificial (IA) están planeando para 2027? El 49% espera asignar sus presupuestos de IA a tecnologías y herramientas. El 46% de las empresas están dando prioridad a la capacitación de sus empleados, lo que destaca el hecho de que la adopción exitosa de la IA depende tanto de las habilidades como de la tecnología. La infraestructura de datos fue el foco del 40% de las empresas, mientras que sólo el 12% apunta a la contratación de especialistas en IA. Mientras tanto, el 38% de las empresas no seleccionó ninguna de estas categorías.

También pregunta a las empresas cómo van a financiar sus inversiones en IA. La respuesta es clara: el 72%, con fondos internos, como el flujo de caja o los beneficios retenidos. Los préstamos bancarios, las subvenciones y el arrendamiento financiero desempeñan un papel secundario, ya que cada una de estas opciones es utilizada por el 16% de las empresas. El capital propio y el capital riesgo son mencionados por el 6% de las empresas, mientras que solo el 1% contempla la emisión de títulos de deuda. El 18% no seleccionó ninguna de las opciones enumeradas.

La mayoría de las empresas que planean invertir en IA prevén utilizar un único instrumento de financiación. Una vez más, predominan los fondos propios, mientras que los préstamos bancarios, las subvenciones y el arrendamiento financiero son mucho menos frecuentes como fuentes únicas. Cuando las empresas recurren a más de una fuente, suelen combinar fondos propios con financiación externa, como arrendamiento financiero, subvenciones, préstamos bancarios o capital. Las combinaciones que implican únicamente fuentes externas son menos habituales.

La decisión de las empresas de recurrir a financiación externa depende fundamentalmente de la naturaleza de la inversión. Es más probable que las empresas dependan de financiación externa cuando invierten en activos tangibles, como hardware o infraestructura de datos. La ventaja de estos activos radica en que pueden pignorarse o utilizarse como garantía, lo que generalmente reduce los costes de endeudamiento. Por el contrario, las inversiones necesarias para desarrollar capacidades de IA a largo plazo —como la contratación de especialistas o la formación de empleados— se encuentran en una situación de desventaja comparativa. Si bien estas inversiones también pueden generar activos valiosos para la empresa, son intangibles y, por tanto, no pueden utilizarse como garantía, lo que dificulta la obtención de financiación bancaria.

La importancia de las garantías queda patente al comparar empresas de un mismo país, sector y categoría de tamaño. Las empresas que planean invertir en tecnologías y herramientas de IA, o en datos e infraestructura, tienen una probabilidad sustancialmente mayor de combinar financiación interna y externa. Ambos tipos de inversión se asocian a un aumento de 16 puntos porcentuales en la probabilidad de adoptar este enfoque mixto.

La situación cambia cuando se trata de gastos más intangibles. La contratación de especialistas en IA conlleva un incremento menor en la probabilidad de combinar financiación interna y externa: apenas 9 puntos. La formación de empleados no muestra ningún efecto estadísticamente significativo. Mientras que el hardware y la infraestructura de datos suelen requerir grandes desembolsos iniciales y pueden servir de garantía, la formación tiende a implicar costes menores y graduales, más fáciles de financiar mediante beneficios retenidos. Todo ello conduce a la misma conclusión: la financiación externa para inversiones en IA está estrechamente vinculada a la disponibilidad de garantías.

Los expertos del BCE reconocen que los fondos internos ofrecen ventajas como la accesibilidad, la flexibilidad y el control, pero avisan que "una dependencia excesiva de esta modalidad de financiación podría limitar la escala y el ritmo de adopción de la IA en comparación con lo que se lograría si se recurriera más ampliamente a la financiación externa".

Al mismo tiempo, sugieren "la existencia de desafíos estructurales que restringen el acceso a financiación para inversiones en activos intangibles. Abordar estas cuestiones —garantizando que los marcos de financiación permitan respaldar tanto las inversiones tangibles como las intangibles en IA— podría ayudar a liberar un mayor potencial inversor y a acelerar la difusión de las tecnologías de IA en toda la economía de la zona del euro".

CaixaBank crea una Dirección de IA y Data

CaixaBank ha creado una Dirección de IA y Data con el objetivo de reforzar el papel de los datos y la IA como palancas estratégicas para la transformación del Grupo. La nueva unidad impulsará el desarrollo y la adopción de soluciones basadas en IA de forma escalable, segura y responsable, al tiempo que consolidará una visión integrada sobre la gestión y el aprovechamiento del dato. La dirección nace para coordinar de forma transversal las capacidades de datos e IA ya existentes en la entidad y actuar como punto de conexión entre las áreas de negocio y tecnología. Su misión será identificar oportunidades de aplicación, acelerar su implantación y facilitar que estas iniciativas generen un impacto tangible en clientes, empleados y negocio. 

Estará dirigida por Juan Arandilla, profesional con una amplia experiencia en transformación tecnológica, arquitectura empresarial y gestión de datos en el sector financiero, bajo la dirección del Área de Medios, liderada por Luis Javier Blas.

En un contexto marcado por la rápida evolución tecnológica, la nueva estructura permitirá al Grupo contar con una visión unificada sobre estrategia, gobierno del dato, inteligencia artificial e industrialización de soluciones. Además, contribuirá a agilizar la toma de decisiones, priorizar inversiones y extender capacidades y conocimiento a toda la organización bajo un marco común de seguridad y control. Con esta apuesta, CaixaBank busca seguir mejorando la experiencia de sus clientes a través de servicios más personalizados, ágiles y sencillos. El uso de la IA permitirá anticipar necesidades, optimizar recomendaciones y simplificar procesos, manteniendo siempre los principios de transparencia, confianza y supervisión humana.

La nueva dirección también tendrá un importante papel en el ámbito interno. Su objetivo es desplegar herramientas que faciliten el acceso al conocimiento, automaticen tareas administrativas y acerquen capacidades analíticas avanzadas a un mayor número de profesionales, favoreciendo que los equipos puedan centrarse en actividades de mayor valor añadido y en la atención al cliente.Integrada actualmente por más de 40 profesionales especializados en ámbitos como gobierno del dato, analítica avanzada, inteligencia artificial, ingeniería y transformación, la Dirección de IA y Data impulsará todo el ciclo de vida de las iniciativas, desde la identificación de oportunidades hasta su desarrollo, despliegue y seguimiento, asegurando el cumplimiento normativo y una gestión adecuada de los riesgos asociados.

Investigación de la FTC a Anthropic y OpenAI

Por otra parte, un día después del acuerdo "moralmente vinculante" de Trump con las grandes de las IA para su autorregulación, se hacía público que la FTC, la Comisión Federal de Comercio de EEUU, abría una investigación sobre la seguridad de los sistemas de IA que alcanza a Anthropic y a OpenAI, y a otros desarrolladores de modelos punteros. Busca prácticas desleales o engañosas y posibles daños a los consumidores, y puede terminar en sanciones civiles.

Pero no hay acusación concreta. Un requerimiento de la FTC no implica que se haya cometido una infracción: es la fase en la que el regulador pide documentación para decidir si la hay.

En medio de ese debate, Anthropic ha publicado un análisis de GLM-5.3, el modelo abierto de la china Zhipu AI (Z.ai) y avisa que construye exploits (el programa que convierte un fallo de seguridad en un ataque que funciona) completos casi al nivel de Claude Mythos Preview. Hace cinco meses, Anthropic decidió no abrir Mythos Preview al público porque sabía fabricar exploits solo. GLM-5.3 también sabe, y cualquiera puede descargárselo.

Con GLM-5.3-Flash, la versión pequeña, un investigador de Anthropic montó una cadena de exploits para Chrome en 8 horas de máquina y 20 minutos de atención humana. Al precio de la API de Zhipu, 20,40$. Ninguna de esas técnicas consiguió que los modelos de Claude con salvaguardas hicieran las tareas dañinas, según las pruebas de la propia Anthropic.

Broadcom prestará hasta 42.000 millones$ a Anthropic para que le alquile sus propios chips durante cinco años. El préstamo cubre un tercio del compromiso de 125.200 millones que Anthropic ha firmado en capacidad de cálculo, y Broadcom podría convertir esa deuda en acciones. Anthropic será su mayor cliente de cómputo en 2027.

OpenAI culpa a la china Moonshot de copiar cómo razonan sus modelos. Dice que el grupo principal detrás de una campaña masiva de extracción de datos este verano está ligado a la empresa china.

Mientras, ha llegado a un acuerdo con Synopsys para diseñar chips, con reparto de ingresos entre las dos empresas. Gracias a esta alianza, Synopsys proyecta crecer un 15% en ingresos en 2027, hasta 11.100 millones.

DoorDash ha lanzado un conector para que los agentes IA de las empresas se encarguen de las comidas de equipo y de reponer el picoteo.

Micron firma un trimestre récord: 54.230 millones$ facturados, casi cuatro veces más que hace un año; beneficio ajustado de 33,42$ por acción frente a los 31,16 esperados. La DRAM (Dynamic Random-Access Memory, o memoria dinámica de acceso aleatorio) es el tipo de memoria RAM más extendido) superó por primera vez los 100.000 millones anuales. Y la guía apunta aún más alto: 61.500 millones el trimestre que viene.

Tencent se lleva unos 100.000 chips de IA de Oracle en un contrato a cinco años valorado en unos 7.000 millones$, con un 30% por adelantado. Los chips, repartidos en centros de datos del Sudeste asiático, no se pueden comprar en China por el veto norteamericano, pero sí alquilarlos fuera. Es el mayor arrendamiento de Tencent en el extranjero. 

Constellation Energy firma un acuerdo a 20 años con Amazon para ampliar una central nuclear en Maryland. La sed energética de los centros de datos llena los bolsillos de las nucleares.

30Aug

La inteligencia artificial seguirá siendo una revolución tecnológica, pero cada vez tendrá más rasgos de una revolución industrial. Y eso puede cambiar profundamente qué empresas —e incluso qué economías— acaban liderando esta nueva etapa.

Miguel Ángel Valero

El gráfico que aporta The Trader es suficientemente elocuente sobre cómo el coste de utilizar inteligencia artificial (IA) está cayendo a una velocidad nunca vista. Según Goldman Sachs, el precio de los modelos de lenguaje se ha desplomado en apenas tres años tanto como cayó el precio de los ordenadores personales durante casi dos décadas. Y si además tenemos en cuenta que los modelos actuales son mucho más capaces que los de hace solo dos años, el coste por unidad de inteligencia se está reduciendo todavía más deprisa.

A primera vista, esto parece una noticia extraordinaria para las compañías que lideran esta revolución. Si la IA va a estar presente en prácticamente todos los sectores de la economía, lo lógico sería pensar que quienes la desarrollan serán también quienes obtengan los mayores beneficios. Sin embargo, la historia nos invita a ser algo más prudentes. A finales de los años noventa ocurrió algo muy parecido con Internet. El tráfico de datos crecía de forma explosiva, cada vez hacían falta más routers, más infraestructura y más capacidad de transmisión. Cisco se convirtió en la empresa que suministraba buena parte de ese equipamiento y llegó a ser, durante unos meses, la compañía más valiosa del mundo.

Para el inversor la historia fue muy distinta. Internet terminó transformando por completo la economía mundial. Cisco siguió siendo una magnífica empresa y continuó aumentando sus ingresos durante muchos años. Pero la competencia, la caída de los precios del hardware y unas expectativas que se habían vuelto completamente desproporcionadas hicieron que su cotización llegara a caer más de un 80% y tardará más de 25 años en recuperar los máximos alcanzados durante la burbuja tecnológica.

La revolución fue real. Los beneficios empresariales también. Lo que no fueron sostenibles fueron las expectativas que el mercado había descontado. Con la IA puede suceder algo parecido. Si el coste de desarrollar y utilizar modelos continúa desplomándose, puede terminar convirtiéndose en una commodity. Igual que hoy nadie paga un sobreprecio por almacenar información en la nube o por enviar datos a través de internet, es posible que dentro de unos años utilizar un modelo de IA sea un servicio cada vez más barato y accesible.

Y aquí entra en juego la paradoja de Jevons. Cuando una tecnología se abarata de forma drástica, lo normal no es que se utilice menos, sino mucho más. Cuanto más barato resulte acceder a la IA, más aplicaciones aparecerán, más procesos se automatizarán y mayor será el consumo total. El desplome del precio no tiene por qué reducir el tamaño del negocio; puede hacerlo crecer de forma exponencial. Eso no significa que desaparezca el negocio. Al contrario, probablemente el mercado será mucho mayor. Lo que significa es que el valor económico podría desplazarse hacia otro lugar. Quizá los grandes ganadores no sean quienes construyen los modelos, sino quienes consigan integrarlos mejor en productos y servicios capaces de generar ingresos recurrentes. O quizá quienes proporcionen la infraestructura necesaria para sostener ese crecimiento. 

La historia demuestra que las grandes revoluciones tecnológicas rara vez reparten los beneficios de la forma que inicialmente imagina el mercado.Por eso conviene distinguir entre una tecnología extraordinaria y una inversión extraordinaria. Porque no siempre son la misma cosa. La IA cambiará la economía con una intensidad incluso superior a la que lo hizo Internet. El fuerte abaratamiento de su coste probablemente hará que su uso se dispare, exactamente como describe la paradoja de Jevons. Pero eso no implica automáticamente que las compañías que hoy lideran esta revolución vayan a ser las mejores inversiones de la próxima década. Cisco fue una pieza imprescindible para construir Internet y, aun así, muchos inversores que compraron sus acciones a finales de los años noventa vieron cómo su inversión sufría una corrección superior al 80% y necesitaron más de 25 años para recuperar su dinero. "La historia demuestra que una revolución tecnológica puede transformar por completo la economía sin que las empresas que la lideran en sus primeros años sean necesariamente las que acaben generando las mayores rentabilidades para sus accionistas", alerta el analista Pablo Gil.

Durante los dos últimos años la gran carrera de la IA parecía muy sencilla de entender. Ganaba quien construyera el modelo más potente. OpenAI, Anthropic, Google o Meta competían por demostrar quién era capaz de ofrecer mejores respuestas, mayor capacidad de razonamiento o una programación más sofisticada. Sin embargo, la batalla acaba de entrar en una fase completamente distinta. Ya no basta con ser bueno. Ahora también hay que ser extraordinariamente barato. Varias compañías chinas —Alibaba, Moonshot, DeepSeek, Z.ai o ByteDance— han presentado modelos que ya compiten de tú a tú con los líderes estadounidenses en muchas tareas. Pero lo verdaderamente revolucionario no es únicamente la calidad de esos modelos, sino su coste. En algunos casos, ejecutar determinadas cargas de trabajo resulta hasta cien veces más barato que hacerlo con los modelos estadounidenses más avanzados.

Los mejores modelos de código abierto (chinos, por supuesto) ya igualaban el rendimiento de muchos modelos cerrados (estadounidenses), que todavía conservan una ligera ventaja en capacidad, pero a costa de un precio muy superior.

Si una empresa no ofrece el mejor modelo del mercado, tendrá que competir en precio. Pero si tampoco puede igualar los precios de los desarrolladores chinos, corre el riesgo de quedarse atrapada en un espacio donde deja de ser competitiva por cualquiera de las dos vías. Lo más llamativo es que ya no hablamos de un éxito aislado como ocurrió hace unos meses con DeepSeek. Ahora empiezan a aparecer varios laboratorios chinos capaces de desarrollar modelos de primer nivel de forma continuada. Eso sugiere que China ya no depende del talento de una única empresa, sino que ha construido un ecosistema capaz de reproducir esa innovación una y otra vez.

Pero detrás de esta competencia existe una diferencia estratégica todavía más importante. OpenAI y Anthropic mantienen en secreto buena parte de su tecnología, protegen su propiedad intelectual y aspiran a construir negocios con márgenes elevados. Sus futuras valoraciones bursátiles dependen, en gran medida, de que puedan seguir cobrando precios altos por utilizar modelos supuestamente difíciles de replicar. Las compañías chinas están siguiendo el camino contrario. Muchas están apostando por el código abierto y por sacrificar rentabilidad a corto plazo para ganar usuarios, desarrolladores y cuota de mercado. Su objetivo inmediato no parece ser maximizar beneficios, sino extender su tecnología, convertirla en un estándar y reducir al máximo el coste de utilizar inteligencia artificial.

Esa estrategia amenaza directamente el poder de fijación de precios de las empresas estadounidenses. Si los desarrolladores pueden acceder a modelos chinos de gran calidad por una fracción del coste, OpenAI y Anthropic podrían encontrarse con enormes dificultades para mantener sus márgenes y, sobre todo, para justificar las valoraciones multimillonarias que esperan alcanzar cuando salgan a bolsa.

Muchos inversores siguen analizando esta carrera como si únicamente importara quién desarrolla la tecnología más avanzada. La verdadera pregunta será quién consigue ganar dinero con ella. Si los modelos terminan convirtiéndose en una especie de materia prima digital, cada vez más barata y abundante, el valor podría desplazarse desde quienes los construyen hacia quienes sean capaces de utilizarlos para crear productos y servicios realmente útiles.Y si China mantiene este ritmo, EEUU tendrá cada vez más difícil conservar su liderazgo únicamente mediante sanciones tecnológicas, restricciones a los chips o protección de la propiedad intelectual. Porque en una guerra de precios no siempre gana quien tiene la tecnología más sofisticada. Muchas veces gana quien consigue que todo el mundo pueda utilizarla.

El mercado exige más dinero para asegurar la deuda de la IA

Otro gráfico muestra la evolución durante 2026 de los CDS (Credit Default Swap, cobertura frente al riesgo de impago de una empresa) a cinco años de algunas de las principales compañías tecnológicas. Cuando aumenta el precio del DCS de una empresa, significa que el mercado exige más dinero para asegurar su deuda porque percibe un mayor riesgo crediticio. Y prácticamente todos se están moviendo en la misma dirección. Oracle destaca claramente. Sus CDS han aumentado alrededor de 70 puntos básicos (pb) en lo que llevamos de año. Broadcom acumula una subida cercana a 48; Meta, unos 39; Nvidia, 32; Amazon, 30; y Alphabet, aproximadamente 29.

Esto no significa que el mercado piense que estas compañías estén próximas a quebrar. Ni mucho menos. Muchas siguen teniendo balances extraordinariamente sólidos y enormes capacidades de generación de caja. Lo importante es el cambio de tendencia: el riesgo percibido está aumentando simultáneamente en buena parte del ecosistema tecnológico ligado a la IA.

Y detrás de ese movimiento hay una razón muy concreta: la IA se está convirtiendo en un negocio extraordinariamente intensivo en capital. Durante décadas, las grandes tecnológicas fueron máquinas de generar caja. Construir software tenía unos costes marginales relativamente pequeños y permitía crecer enormemente sin necesidad de incrementar las inversiones al mismo ritmo. La IA está cambiando parcialmente ese modelo. Ahora hacen falta centros de datos gigantescos, cientos de miles de chips, redes eléctricas, sistemas de refrigeración y contratos energéticos de largo plazo. Las grandes tecnológicas podrían invertir conjuntamente más de 700.000 millones$ durante 2026, y para financiar semejante esfuerzo están recurriendo cada vez más al mercado de deuda.

El cambio resulta especialmente llamativo porque estas compañías históricamente podían financiar gran parte de su crecimiento con su propia generación de caja. Pero la velocidad de la carrera por la IA está obligándolas a buscar capital externo. Alphabet, Amazon, Meta, Microsoft y Oracle han añadido conjuntamente alrededor de 350.000 millones$ a sus obligaciones de deuda durante los últimos cinco años, aproximadamente duplicando su carga. Y el proceso continúa. Solo hasta comienzos de julio, las grandes tecnológicas habían colocado aproximadamente 194.000 millones en bonos durante 2026, un 79% más que un año antes.

La Bolsa está valorando fundamentalmente cuánto dinero puede generar la IA. El mercado de crédito empieza a preguntarse cuánto dinero será necesario gastar antes de conseguirlo. Y son dos preguntas completamente distintas. Oracle es probablemente el ejemplo más extremo. La compañía anunció que pretende captar entre 45.000 millones y 50.000 millones$ durante 2026, aproximadamente la mitad mediante deuda y la otra mitad mediante instrumentos de capital, para ampliar su infraestructura “cloud” y satisfacer la demanda de clientes vinculados a la IA.

El problema no es necesariamente endeudarse. Si las enormes inversiones actuales terminan generando los ingresos y beneficios que esperan estas compañías, probablemente la deuda será perfectamente manejable. El verdadero riesgo aparece si la monetización de la IA tarda más de lo previsto, mientras las inversiones y los compromisos financieros siguen creciendo. Porque entonces podría producirse una combinación mucho menos cómoda: más deuda, mayores gastos financieros, fuertes amortizaciones de unos activos tecnológicos que envejecen rápidamente y una rentabilidad sobre el capital invertido inferior a la esperada.

"La carrera ya no consiste únicamente en desarrollar la mejor IA. También consiste en tener el balance financiero capaz de sobrevivir al enorme coste de construirla. El mercado de acciones todavía está apostando por los ganadores de la IA. El mercado de crédito empieza a calcular cuánto costará llegar hasta allí", avisa Pablo Gil.

El problema del control de la IA

Durante años hemos pensado que el principal riesgo de la IA consistía en que algún día llegara a ser más inteligente que nosotros. Sin embargo, los acontecimientos apuntan hacia un problema mucho más inmediato: cómo controlar sistemas que empiezan a desarrollar comportamientos que sus propios creadores no habían previsto. OpenAI revela más detalles sobre el incidente que terminó provocando el ataque contra Hugging Face, una de las plataformas más importantes del mundo para alojar y compartir modelos de IA, utilizada por millones de desarrolladores, investigadores y empresas. 

Según la compañía, todo comenzó varios meses antes, durante unas pruebas internas aparentemente rutinarias. A varios agentes de inteligencia artificial se les asignaron tareas que, sin que los investigadores fueran conscientes, eran imposibles de completar porque requerían acceso a internet o archivos que nunca habían sido cargados al sistema. En lugar de limitarse a informar de que no podían completar el trabajo, los modelos hicieron algo inesperado. Empezaron a dejarse mensajes entre ellos, buscaron otros agentes que pudieran ayudarles, compartieron información y acabaron organizándose para encontrar una forma de acceder a Internet sin autorización. Lo más sorprendente es que esas comunicaciones permanecieron ocultas durante meses para los propios investigadores.La investigación también revela otro comportamiento especialmente llamativo. Los modelos mostraban una fuerte tendencia a 'hacer trampas' cuando encontraban obstáculos. No abandonaban la tarea ni reconocían que era imposible. Su prioridad era alcanzar el objetivo para el que habían sido entrenados, incluso aunque eso implicara vulnerar las restricciones del entorno de pruebas o explotar fallos de seguridad.

Cuando OpenAI descubrió el primer sistema de comunicación entre agentes, lo eliminó. Sin embargo, pocas semanas después los modelos encontraron una nueva forma de volver a comunicarse utilizando otra vulnerabilidad distinta. Esa segunda red de colaboración fue la que terminó desembocando en los ataques posteriores contra los sistemas de OpenAI y Hugging Face. El episodio ha sido suficientemente serio como para que OpenAI haya decidido ralentizar parte de su investigación y concentrar recursos en reforzar la seguridad de sus modelos. La propia compañía advierte de que, a partir de ahora, Gobiernos y empresas deben asumir que los ciberdelincuentes podrán utilizar agentes de IA de este tipo para lanzar ataques mucho más sofisticados que los actuales.

La verdadera importancia de esta historia no reside únicamente en el riesgo de que la IA pueda utilizarse para cometer ciberataques. Lo realmente inquietante es comprobar que varios agentes independientes fueron capaces de colaborar entre sí, adaptarse cuando encontraban obstáculos y buscar nuevos caminos para alcanzar un objetivo que consideraban prioritario, sin que sus propios desarrolladores fueran plenamente conscientes de ello.

Nos estamos acercando a un momento en el que algunos sistemas empezarán a razonar mejor que nosotros en determinadas tareas y a encontrar soluciones que los propios seres humanos quizá ni siquiera comprendamos del todo. Si eso ocurre, el gran desafío dejará de ser construir una IA más potente. El verdadero reto será desarrollar mecanismos capaces de supervisarla y mantenerla bajo control. Porque si algún día la IA supera nuestras capacidades en ámbitos cada vez más amplios, la pregunta más importante ya no será cuánto puede hacer, sino cómo conseguiremos seguir gobernando una inteligencia que podría llegar a pensar mejor que nosotros.

La inversión en IA no tiene por qué ser necesariamente rentable

Hay una idea que se repite constantemente cuando se habla de IA: quien no invierta ahora corre el riesgo de perderse la mayor revolución tecnológica de nuestra generación. Y probablemente sea cierto. La IA tiene todos los ingredientes para transformar la productividad, cambiar la forma en que trabajamos y alterar por completo el funcionamiento de muchas industrias. Sin embargo, reconocer que una tecnología va a cambiar el mundo no significa que cualquier inversión relacionada con ella vaya a ser rentable. De hecho, la historia demuestra precisamente lo contrario. 

Nadie duda de que la IA seguirá creciendo, pero el mercado empieza a preguntarse si las enormes inversiones necesarias para liderar esa carrera acabarán generando una rentabilidad acorde con el capital empleado. Los miles de millones destinados a centros de datos, chips e infraestructuras ya no se reciben únicamente con entusiasmo; también empiezan a generar preguntas.Y esas preguntas tienen sentido porque las grandes revoluciones tecnológicas suelen venir acompañadas de un enorme exceso de inversión. Cuando todo el mundo está convencido de que una industria dominará el futuro, el capital fluye hacia ella de forma masiva. El resultado suele ser una capacidad instalada muy superior a la demanda inicial y una competencia feroz que termina reduciendo la rentabilidad de muchas de las empresas que lideraron esa primera etapa.

Ya ocurrió con el ferrocarril en el siglo XIX. La red ferroviaria transformó la economía mundial, pero muchas compañías quebraron antes de que aquel negocio alcanzara un equilibrio sostenible. También sucedió con internet. La mayoría de las predicciones sobre su impacto fueron acertadas, pero eso no evitó el estallido de la burbuja tecnológica en el año 2000 ni las enormes pérdidas sufridas por muchos inversores.

Es perfectamente posible acertar sobre el futuro de una tecnología y, al mismo tiempo, equivocarse en el momento, el precio o la empresa elegida para invertir. Eso no significa que la IA esté viviendo una burbuja similar a las anteriores. Nadie puede afirmarlo con certeza. Pero sí conviene recordar que el éxito de una innovación y el éxito de una inversión no siempre avanzan de la mano.

"Creo que uno de los errores más habituales en los mercados consiste en pensar que identificar la próxima gran revolución tecnológica es suficiente para ganar dinero. Y no lo es. Invertir no consiste únicamente en descubrir qué cambiará el mundo, sino en valorar cuánto de ese futuro ya está descontado en los precios y quién terminará capturando realmente los beneficios de esa transformación. Porque la historia demuestra que las grandes revoluciones suelen crear enormes ganadores… pero no siempre son los pioneros, ni necesariamente quienes más invierten al principio. Y esa quizá sea la lección más importante para cualquier inversor: tener razón sobre el futuro no garantiza obtener una buena rentabilidad", advierte Pablo Gil.

Durante los dos últimos años hemos asistido a una auténtica carrera por desarrollar modelos de inteligencia artificial cada vez más potentes. OpenAI, Google, Anthropic, Meta o DeepSeek han competido por demostrar quién era capaz de construir el mejor modelo. Parecía que toda la ventaja competitiva dependía de tener los algoritmos más avanzados. Sin embargo, esa primera fase de la revolución de la IA está dando paso a otra muy distinta. Nadie duda ya de que esta tecnología transformará la economía. La gran pregunta empieza a ser otra: ¿quién podrá permitirse financiar esa transformación?

Porque la IA ya no depende únicamente del software. Para seguir avanzando hacen falta centros de datos gigantescos, cientos de miles de procesadores, sistemas de refrigeración, redes eléctricas más potentes y una capacidad de generación de energía que, en muchos lugares, empieza a quedarse corta. La revolución más digital de nuestra historia depende cada vez más de infraestructuras extraordinariamente físicas. La expansión de los centros de datos, unida a las olas de calor y a la creciente electrificación de la economía, está llevando muchas infraestructuras al límite. El cuello de botella ya no parece ser la capacidad de los modelos, sino la capacidad de alimentarlos.

Ese cambio también explica la reacción del mercado. Algunas compañías han anunciado inversiones multimillonarias para mantener su liderazgo en IA y los inversores empiezan a preguntarse cuánto tardarán en recuperar semejantes desembolsos. La reciente pausa de DeepSeek en una ronda de financiación refleja que incluso algunos de los protagonistas de esta carrera empiezan a medir con más cautela el ritmo de expansión.Y es que la historia nos recuerda que las grandes revoluciones tecnológicas suelen atravesar una fase en la que el principal desafío deja de ser la innovación y pasa a ser la capacidad de financiar su despliegue. En el caso de la IA, ese momento parece haber llegado antes de lo que muchos esperaban.

Durante los primeros años de la IA, la batalla consistía en desarrollar el mejor modelo. A partir de ahora, la ventaja competitiva dependerá cada vez más de quién tenga acceso al capital, la energía y las infraestructuras necesarias para sostener esa revolución. Eso significa que el éxito ya no dependerá únicamente del talento de los ingenieros, sino también de la capacidad financiera de las compañías y, en muchos casos, de la solidez de las infraestructuras de cada país. La IA seguirá siendo una revolución tecnológica, pero cada vez tendrá más rasgos de una revolución industrial. Y eso puede cambiar profundamente qué empresas —e incluso qué economías— acaban liderando esta nueva etapa.

28Aug

Mientras sigue la pugna por una inteligencia artificial más barata, Mientras tanto, la Administración Trump estudia ampliar los aranceles de los chips a portátiles, servidores y consolas, con rebajas para quien fabrique en EEUU.

Miguel Ángel Valero

El 2026 Midyear Executive Benchmark Survey de Workiva, plataforma especializada en auditorías en materia de confianza, transparencia y rendición de cuentas, avisa que el 24% de los directivos de las empresas reconoce que las auditorías internas han detectado errores de la inteligencia artificial (IA) que llegaron a audiencias externas o, incluso, a miembros del consejo de administración. 

Estos datos sugieren que existe una desconexión entre lo que creen los directivos (el 84% afirma confiar al menos moderadamente en la precisión de los resultados de la IA sin revisión humana) y lo que demuestra la evidencia. 

A medida que la IA transforma las empresas a una velocidad sin precedentes, está surgiendo un nuevo riesgo: que la transformación avance más rápido que la capacidad de los líderes responsables de supervisarla para anticiparse a sus implicaciones.

“La confianza en la IA sin control sobre la calidad de los datos es un riesgo, no una estrategia. Los directores financieros necesitan plataformas que conecten la IA con datos fiables y auditables, de modo que cada resultado pueda verificarse y cada información divulgada pueda defenderse”, ha afirmado Barbara Larson, que ocupa precisamente ese cargo (CFO) en Workiva. “Hacerlo bien va mucho más allá de evitar errores. Los líderes empresariales pueden avanzar más rápido e integrar la IA de forma más profunda en sus operaciones cuando confían en lo que generan sus sistemas. Esta es una verdadera ventaja competitiva”, subraya.

Los directivos coinciden en que la mala calidad de los datos está limitando el uso de la IA en sus organizaciones, lo que sugiere que la IA empresarial solo puede escalar cuando existe confianza en los datos de origen y control sobre ellos. Los inversores institucionales expresan preocupaciones similares respecto a la precisión de los contenidos generados por IA:

  • Solo el 11% de los directivos considera que la calidad de sus datos es suficiente para el uso de la IA.
  • El 27% afirma que la mala calidad de los datos ha obstaculizado significativamente el despliegue de la IA en procesos clave.
  • El 71% señala que la mala calidad de los datos ha afectado, al menos moderadamente, al uso de la IA en los informes financieros y de sostenibilidad.
  • El 89 % de los inversores está preocupado por la precisión de la IA en la información corporativa divulgada.

Con el tiempo, unos datos deficientes o que no puedan verificarse pueden erosionar la credibilidad ante los grupos de interés. Las organizaciones que no aborden la calidad de los datos ni las preocupaciones de los inversores corren el riesgo de quedarse rezagadas frente a competidores más proactivos.

Para los equipos de reporting financiero, y especialmente para los CFO, las herramientas que permiten gobernar y controlar los resultados de la IA son tan importantes como la propia IA. A medida que los agentes de IA se vuelven más autónomos, los directivos de las empresas consideran que aumentará la necesidad de contar con una infraestructura especializada, y señalan varias prioridades:

  • El 49% afirma que seguirá necesitando sistemas de registro, como los libros mayores contables.
  • El 45% señala que necesitará software que permita la trazabilidad y la auditoría.
  • El 55% afirma que necesitará plataformas para gestionar agentes de IA y flujosde trabajo automatizados.

“La IA genérica no es suficiente para el reporting financiero. Los inversores, los reguladores y los consejos de administración esperan respuestas en las que puedan confiar. La verdadera ventaja reside en una IA especializada, basada en datos gobernados y auditables, y combinada con el criterio humano. Esto proporciona a las organizaciones la confianza necesaria para verificar lo que produce la IA y respaldar las decisiones y la información divulgada que se derivan de ella”, argumenta Jason Darby, director financiero de Amalgamated Bank.

Trump quiere ampliar los aranceles de los chips a los dispositivos

Mientras tanto, la Administración Trump estudia ampliar los aranceles de los chips a portátiles, servidores y consolas, con rebajas para quien fabrique en EEUU. Quiere gravar los aparatos que llevan chips dentro, no solo el chip, ampliando el 25% actual. La lista sumaría portátiles, servidores y consolas, con tipos por país. Trump ya coqueteó con un arancel cercano al 100%. En el punto de mira, Nvidia, AMD y TSMC.

De salir adelante el plan de Trump, se encarece el aparato entero, no solo el chip, y sube el coste de montar centros de datos cuando la IA los está reclamando ansiosamente. Y como TSMC hace más del 90% de los chips más utilizados, el sobrecoste acaba en la factura del consumidor.  Es una presión adicional para los fabricantes de chips y hardware como HP o Dell y compañía, de la que se libran los produzca en EEUU.  Atención a lo que puedan sufrir los márgenes de los fabricantes de chip.

Continúa la pugna por abaratar la IA

Pero la guerra de los aranceles no frena la pugna por una IA más barata. Alibaba lanza una versión de su modelo Qwen de 27.000 millones de parámetros que corre en una sola tarjeta gráfica y rinde como rivales mucho mayores. El gigante chino vuelve a apretar el coste de computar IA y mete presión a los que cobran caro por sus modelos premium.

Además, Z.ai ha reconocido que Ox Alpha, el modelo anónimo que apareció en OpenRouter y se puso por delante de los mejores modelos disponibles (como contó Dinero Seguro el 25 de agosto), es suyo. La empresa china lanzó a mediados de agosto GLM-5.3, que compite con Fable 5 de Anthropic en algunos benchmarks. Su tecnología GLM fue la que usó Hugging Face para defenderse durante el ataque no ordenado del agente IA de OpenAI.

La presión de los modelos chinos baratos y capaces ya es real y amenaza la posición de OpenAI y de Anthropic.

Nvidia compra Hugging Face 

Precisamente, Nvidia ultima la compra de Hugging Face por unos 13.000 millones$, tres veces más de lo que valía la empresa en 2023. La operación, de culminarse, convierte al fabricante de chips en dueño del sitio donde se descarga la mayor parte del software abierto de IA del mundo.

Hugging Face estaba valorada en 4.500 millones en 2023, en una ronda de 235 millones liderada por Salesforce Ventures con GV, IBM Ventures y Nvidia. Factura alrededor de 150 millones anuales.

A finales de 2025 Nvidia puso 500 millones para elevar su participación, valorando Hugging Face en 7.000 millones. Clem Delangue y su equipo rechazaron la propuesta por el miedo a que el mayor fabricante de chips del mundo acabara mandando en la plataforma neutral donde todo el mundo publica sus modelos. Nueve meses después la respuesta es distinta, y el precio también. La compañía ha pasado de 100 a 150 millones de facturación anual en ocho semanas y Delangue ha dicho públicamente que están cerca de la rentabilidad. Ese crecimiento es el que justifica el múltiplo: 12.900 millones sobre 150 millones de ingresos sale a 86 veces ventas.

¿Por qué compra Nvidia Hugging Face? Porque necesita que los modelos abiertos sigan existiendo, su negocio depende de que haya mucha gente entrenando y sirviendo modelos en muchos sitios distintos. Si el mercado se concentra en cuatro laboratorios cerrados que diseñan sus propios chips, Nvidia vende menos. Si en cambio hay miles de empresas descargando los modelos de Hugging Face y montándolos sobre GPU, vende más. Hace meses, su CEO y fundador, Jensen Huang, firmó junto a otras 24 empresas una carta pidiendo a Trump que impulse los modelos abiertos en la IA.

Además, hace un año Nvidia recortó DGX Cloud y con Hugging Face recupera una puerta de entrada a la venta de cómputo, incluida la capacidad ociosa de sus propios clientes, publica Digital Brain.

En agosto, Stripe compró OpenRouter por más de 7.000 millones, cuando en mayo estaba valorado en 1.300 millones en mayo.

La alianza entre Salesforce y Anthropic genera Claudeforce,

Salesforce y Anthropic han lanzado Claudeforce, el primer fruto de su alianza (la participación de Salesforce en Anthropic ronda los 5.000 millones$). Hasta ahora se podía consultar Salesforce desde Claude montando un servidor MCP (el protocolo abierto que conecta un modelo con herramientas y datos externos). Funcionaba, pero cada equipo tenía que levantarlo, mantenerlo y decidir los permisos. Claudeforce lo convierte en una conexión única que hace el administrador. Claude puede programar cuadros de mando sobre la marcha con los datos de Salesforce. El usuario describe lo que quiere ver y la interfaz se escribe en el momento.

Con Claudeforce, Salesforce se mueve hacia un cobro por consumo de API. Es un cambio de modelo de negocio disfrazado de integración. Y llega justo cuando el mercado teme que los laboratorios de IA pasen de socios a competidores de las empresas de software.